Canción: Endlessly ft. The Cab.
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El mágico viaje de Tai y Sora.
«Y no hay garantía de que eso será fácil. No soy un ángel, pero [...] Alas no es lo que necesitas, me necesitas a mí»
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(Segunda parte).
VII
Sora despertó levantando los brazos, desperezándose, bostezó largo. Los rayos claros del nuevo día filtrados por su ventana le golpeaban la vista. Volvía a pasar una mala noche. Esta vez ni siquiera logró recordar el sueño, sin embargo, la sensación de desagrado brincaba dentro del pecho. Solo podía ser una pesadilla. Se dio dos palmadas en las mejillas y se obligó a poner una mejor cara. No podía parecer cansada, porque Taichi no merecía saber que seguía con los malos sueños. Se había esforzado en acompañarle las horas de descanso, se hubo gastado dinero en amuletos que cumplen cualquier deseo y en bolsas de té que servían para dormir. Nada funcionaba. No podía desanimarle después de todo lo que había intentado hacer por ella.
VIII
Lo miró caminar por su calle cuando se detuvo al frente de su ventana. Sora corrió a la cocina y esperó que el intercomunicador sonara. Taichi no tardó en marcar el número de su apartamento.
«Estoy abajo» le dijo.
Sora le abrió el portal y corrió a ponerse una mejor muda de ropa.
IX
—¿Taichi-kun viene hoy? —La mamá le tomó por sorpresa cuando la muchacha salió de la habitación.
—Está subiendo al apartamento. No sabía que habíamos quedado en reunirnos este sábado.
La mamá no dijo más palabras. A Sora le inquietó su silencio.
—¿Qué sucede? ¿Está mal que venga a visitarme?
Toshiko le miró fijo, sin titubeos en su semblante o voz.
—¿No tienes deberes para hacer? —le preguntó.
El timbre sonó cuando Sora abrió la boca para responder. Toshiko la invitó a atender el llamado, era mala educación hacer esperar a las visitas. Sora tomó el gesto como una ofrenda de paz momentánea.
X
Sentados el uno al frente de la otra, no decían nada. La muchacha tomaba su desayuno, Taichi había dejado el café y el panecillo prácticamente intactos desde que se lo sirvieron. Toshiko ya no estaba en la cocina.
—¿Qué te sucede? —preguntó Sora.
El otro se sobaba la nuca, miraba para a un lado por el rabillo del ojo, taconeaba su pie incesante, miraba para el otro lado. Titubeaba.
—Me preguntaba si vas... a ir... Si tu... —Aclaró la garganta. Las palabras se atoraban en su cuello—. Si vas a ir al río Sumida esta noche a ver los fuegos artificiales. [1]
—¿Uh? —Una tonta pregunta, a Sora le pareció. Habían quedado en reunirse todos en el festival de verano. Él estuvo presente cuando se acordó aquello—. Sí. Iré con Mimi y los demás muchachos. ¿Tu no vas?
Taichi bajó la cara, miraba sus rodillas.
—No —dijo en un casi susurro—. Sí voy. Yo... No me refería a eso. Ya sé que vamos todos. Lo que quería decir, eto... Te quería preguntar si tu... Si querías venir conmigo... En una cita... del tipo chico y chica, ya sabes... —Costó mucho decir lo que le llevó horas de ensayo practicar en casa.
XI
Se creó un silencio inquietante que permitió a Taichi contar unas setenta veces el tic-tac que dictaban las manecillas del reloj en la pared. Levantó la cara y observó a Sora mirándole.
—¿Me estás invitando a salir? —inquirió, incrédula.
El otro miró nuevamente hacia un lado. Ya no tan tenso. Se le notaba desilusionado. No debió haber hablado, se decía.
—Ya te dije que si te parece raro no tienes que-... —Calló cuando volvieron al contacto visual. Lo rompieron de inmediato. Sora estaba roja y él sentía explotar sus tímpanos.
No podía creer que se acababa de invitar a una cita a su mejor amiga.
XII
Taichi tapó sus ojos con una mano, la otra llevaba hacia atrás el flequillo de su frente. El acto demandaba timidez, timidez que Sora no había conocido por parte de él en todos los años que les acreditaba su amistad.
—Di algo, por favor. No te quedes tan callada —Necesitaba una respuesta.
Takenouchi respondió desde el corazón.
—¡Sí! —dijo animada. Taichi destapó sus ojos. Sora contemplaba el sándwich a medio comer de su plato, la cara sonrosada—. Sí quiero.
El muchacho sonrió amplio. Estaba feliz... y asustado.
XIII
El rio Sumida estaba lleno de personas que iban de aquí para allá. Puestos de comidas y juegos. Sora se sentí ridícula. Había decidido ir en yukata y desde que pisó el lugar, se hubo arrepentido de su elección. ¿Y si a Taichi le parecía demasiado?
El celular vibró dentro de su bolso.
«¿En dónde estás?» había enviado en un mensaje Taichi.
XIV
Por primera vez en muchos años no sabían de qué hablar. Los temas de conversación se daban espontáneamente desde el primer «hola» que se dijeron. Tampoco nunca fueron incómodos los silencios, cuando los había. Taichi estaba distraído, como aquella vez en el templo. Sora tampoco estaba completamente atenta al otro, realmente esperó que su acompañante le dijera que estaba guapa pero este nunca reparó en su aspecto.
XV
—¿Quieres comer algo? —preguntó él.
Sora asintió.
—Sí —Las frases no salían completas.
¿Cómo podía acabar con el silencio que se postró en medio de los dos sin intenciones de marcharse?
Caminaron por los puestos de comida. Se detuvieron a comprar unas empanadas de cerdo.
El vapor de la empanada recién salida del sartén quemó la lengua de Taichi. Sora se acercó para mirar si estaba bien.
Una vez sus ojos se fijaron en los del otro, desviaron la atención hacia cualquier lugar.
XVI
Apretó sus dedos con la otra mano. Doce centímetros le separaba del cuerpo de Yagami. Iban a encontrarse con sus amigos para ver los fuegos artificiales. En el camino hacia ellos jugaba con sus dedos para poder tener mejor manejo de sus emociones. ¿Por qué estaba nerviosa? No sabía cómo sentirse. Taichi siempre fue Taichi y de un momento a otro era su cita.
A varios metros de distancia, Daisuke y los demás estaban platicando. Se les notaba el entusiasmo, Miyako muy rabiosa discutía con el muchacho mientras Yamato y los otros se reían del pleito.
—Ya los encontré —dijo Sora. Levantó la mano y apuró el paso, aspiró hondo para poder llamarles desde la distancia—: ¡Oi, mucha-...!
Taichi detuvo su caminar. Taichi le tomó de la mano. Sora miró sin saber qué ocurría. Taichi le pidió que esperara.
XVII
Se dieron una segunda oportunidad. En el puesto de yoyo sukui [2] Taichi se agachó, con el anzuelo intentó pescar varios globos de colores. Pero se irritó al segundo intento. No tenía paciencia, ni habilidad para atrapar ni siquiera un resfriado. Sora se puso en cuclillas y le tomó de la mano, quitándole el anzuelo.
—Si no puedes atrapar uno de los globos, Taichi, es porque has perdido a tu niño interior.
—Mi niño interior sigue intacto, Sora. Pero pasa que ni yo ni él sabemos atrapar estas bolas del demonio.
Al primer intento, Sora tomó uno de los globos. Victoriosa, levantó los brazos al aire, riendo. El ego de Taichi se pudo haber visto afectado, de no ser porque por primera vez en la noche comenzaban a actuar como ellos mismos.
XVIII
Apuntó al oso de felpa. Aguantó la respiración. Frunció el ceño y apretó del gatillo. El muñeco cayó al suelo. Había ganado un premio para Sora.
—No sabía de tus cualidades de francotirador.
—Dale las gracias a Koushirou. Él me persuadió de jugar online un juego de armas. Aprendí algunos trucos.
Sora se puso a reír. Taichi le sonrió de vuelta, estaba conmovido, Sora era hermosa... cuando se divertía aún más.
IX
La noche se fue en medio de una ola de fuegos artificiales que llenaron de luces y colores el cielo nocturno. Mientras observaban a la distancia, sus manos se mantuvieron enlazadas. Ninguno de los dos dijo nada. Ninguno de los dos se dio por aludido. Ignoraron el hecho de que los amigos no se toman de las manos cuando sienten el pecho arder.
Y de esta manera caminaron a casa.
Fue tan natural como respirar.
X
La dejó al frente del portal del edificio. Ella no quería soltarle. Tampoco entrar. Él no quería dejarle ir. Tampoco marcharse. Los silencios ya no eran un problema. Los segundos que morían sí. Fue Sora la que quiso despedirse, se hacía ya tarde. Taichi apretó el agarre, ella se detuvo. Sus ojos brillaban y la sonrisa se ensombrecía. Sora relamió sus labios y esperó impaciente lo que tenía que decir.
—Esta noche... —Taichi habló—. El yukata. Tú... —No podía decirle cuán hermosa le parecía. Nada era suficiente. Todo lo que pensaba era poco.
Sora expectante. Taichi le soltó la mano.
—Yo también me divertí —le dijo con falso entusiasmo. No era lo que realmente quería decir ni cómo quería actuar, pero las palabras de Taichi tampoco fueron las que ansió haber escuchado. Estuvo esperando. ¿Qué? No había logrado descubrirlo. Sin embargo, esperaba. Y lo que obtuvo como respuesta le hizo retorcer las entrañas—. Se hace tarde y ya debería haber llegado a casa. Aunque técnicamente ya estoy en casa, pero...
¿Por qué hablaba tanto? ¿Por qué no se callaba ya? En serio, ¿por qué él no decía nada mientras a ella le daba diarrea verbal?
XI
Dos moños que dividían su cabello, adornado por una flor amarilla a juego con la yukata en tonos pasteles. Taichi tomó una coleta. Sora se volvió chiquita ante la acción. Dejó de respirar, no sabía qué debía hacer.
—Me gustas en yukata —le dijo, serio.
XII
Apretó la manga del suéter que Taichi llevaba. Escondió el rubor que delataba sus inseguridades detrás del flequillo. Contuvo el aliento, le palpitaba el alma y se le encogía el corazón.
Sora dio un paso y enterró su frente en el pecho de Taichi.
Parecía que no logró reaccionar de inmediato. Las apariencias engañan. Todo Taichi se estremecía al grado de no saber qué hacer.
Le tomó por las caderas. Le abrazó. Esa fue su conclusión.
XIII
—¡Sora! —Toshiko le llamó desde adentro del edificio.
La muchacha giró, rompiendo el vinculo físico que había formado con Taichi.
—¿Mamá? —soltó sorprendida.
—Se supone que debías de haber llegado a casa hace más de una hora.
Sora se volvió hacia Taichi.
—Debo entrar.
Él asintió.
—Quiero verte mañana —Ella se sonrojó—. Bah. Quiero verte dentro de cinco minutos, pero no quiero que pienses que estoy ansioso.
—Entonces... Mañana —Takenouchi corrió hasta donde su madre se encontraba.
Yagami siguió mirando incluso cuando ya había desaparecido de su campo de visión.
—Mañana —repitió.
1. En el festival de verano, muchos japoneses van al rio Sumida a las ferias. Pero su principal atracción es la competencia de fuegos artificiales.
2. Yoyo sukui: Es un juego en donde debes de atrapar con un anzuelo un globo lleno de agua que está dentro de una pequeña piscina.
Aclaraciones: Esta es una colección. Clasifiqué este capitulo como "segunda parte" porque utilicé la misma canción, no porque es el final del fic.
¡Gracias por sus favs y por leer!
