Parte 4.- Emociones desconocidas

Terminó de darle una forma ligeramente despeinada a su cabello frente al espejo. Acomodó su chaleco negro para hacer más notorio el supuesto zarpazo que cruzaba la zona del pecho. Se enfundó las botas negras sobre los ceñidos pantalones del mismo color y enganchó la cola de hombre lobo del cinturón. Se miró durante un instante y decidió arremangar las mangas de la camisa descuidadamente para agregar más realismo al vestuario.

Volvió a revisar que el disfraz estuviera en orden. Se veía bastante bien, pero sentía que algo estaba faltando. Claro, las orejas. Rebuscó en un cajón de su cómoda lleno de clips, carpetas viejas y una linterna de emergencia hasta dar con el lobuno accesorio al fondo del cajón.

Quitó algunos clips que se habían prendido a las peludas orejas falsas y las acomodó cuidadosamente en su lugar, camuflaban perfectamente con el tono castaño de su cabello.

Escuchó un auto estacionarse frente a su casa y revisó la hora en el reloj digital que había en la mesita de noche a su derecha. Los números en verde fosforescente anunciaban las siete cincuenta y nueve, el caballo era malditamente puntual.

Se asomó por la ventana y lo miró desde arriba sin que este se diera cuenta, pudo ver cómo revisaba su reloj de pulsera y Eren lanzó una mirada rápida al reloj. En cuanto marcó las ocho en punto, Jean se dignó a tocar la puerta. Dejó escapar una risita débil. Esta clase de comportamientos rayando en lo ridículo eran una de las cosas que le agradaban (y fastidiaban) de él.

Bajo las escaleras saltando de dos en dos y abrió la puerta dejando entrar al chico de piel verduzca disfrazado de zombie. Este lo recorrió con la mirada con una sonrisita burlona. Eren se preparó para devolver el golpe que obviamente vendría a continuación.

—¿Qué supone que eres? ¿Un gato? ¿Has estado leyendo a Dr. Seuss otra vez?

Eren torció los ojos cruzando los brazos sobre el pecho.

—Mira quien lo dice. Nunca había visto un pony con lepra.

Abrió la boca apuntando a Eren con un dedo, listo para pelear. Pero había que admitir que el comentario había tenido gracia y terminó por reír a carcajadas a las que el castaño, después de resistirse un poco, terminó uniéndose.

—Bueno—. Dijo limpiándose una lágrima de la risa—. Ya que has podido tener tu culo a tiempo, te perdonaré esta—. El más bajo soltó un bufido y volvió torcer los ojos al tiempo que Jean le abría la puerta, señalando hacia el exterior con un movimiento de cabeza.

—¿Las damas primero? —Preguntó con voz pomposa, mirándolo burlonamente.

—Cierra la boca, yegua—. Respondió Jaeger, y, sin embargo, le dio el placer de salir primero y lo escuchó soltar una risita.

Eren cerró con llave y se subió al auto de Jean del lado del pasajero, un momento después, el asiento del conductor fue ocupado y el auto, puesto en marcha. El más alto se apresuró a poner música en el pequeño estéreo del auto, Eren creía imposible que el artefacto aún sirviera.

Ambos compartían el mismo gusto musical, sin mencionar la misma banda favorita, que era la que sonaba en ese momento, aunque de los dos, Eren era más fanático.

Durante el camino, Jaeger se concentró en mirar el paisaje que fugazmente pasaba a su lado. La zona urbana en la que vivía fue rápidamente dejada atrás para dar paso a un pequeño bosque oscurecido por la noche.

Súbitamente una idea pasó por su cabeza, y se volteó hacia Jean con una sonrisa maliciosa, dispuesto a incomodar a su amigo:

—¿Marco no se enojará porque me lleves al baile?

El rostro de Jean adquirió rápidamente un ligero tono escarlata, su ceño se frunció notoriamente y apretó el agarre del volante con ambas manos. El auto inclinó ligeramente su trayectoria a un lado para después volver al camino como si nada hubiera pasado. Eren por su parte disfrutaba la visión del avergonzado chico que, incomodo, se revolvía en el asiento junto al suyo.

—Ya te he dicho que Marco y yo no somos nada—. La idea parecía dolerle mientras se deslizaba de sus labios. El castaño no se detuvo ahí:

—Bueno, yo no he dicho que lo fueran—. Respondió con gracia. Jean se sobresaltó adquiriendo un rojo vivo en ambas mejillas, había sido descubierto y Eren no lo dejaría olvidarlo.

—¿Por qué no solo se lo dices?

Un silencio se produjo entre ambos mientras el más alto pensaba una respuesta y la canción que acababa de terminar era rápidamente reemplazada por otra más tranquila.

—No... No es tan... fácil—. Dijo por fin. No apartó la mirada del camino, como si quisiera concentrarse intensamente en el asfalto que alcanzaban a iluminar las luces del auto.

Eren frunció el ceño ante esa respuesta. No entendía ese tipo de cosas de amor, y para ser honestos, tampoco quería entenderlas, había pasado toda su vida sin enamorarse y le parecía que con eso estaba perfectamente bien. Bastaba con ver a Jean para darse cuenta la clase de cosas que podía producir un sentimiento tan ajeno para él.

—¿Entonces te quedarás como idiota esperando a que alguien más le diga lo que siente?

La expresión de Jean experimentó un gran revoltijo de sentimientos, como una pintura abstracta llena de manchones de cólera y angustia. Pero estos sentimientos no iban dirigidos a Eren, irracionalmente se dirigían al imaginario idiota que tuviera más valor que él para declarársele al pecoso chico.

Se mordió la lengua intentando despejar la cabeza de tan incómodos pensamientos.

—¿A qué le tienes miedo?

Jean mordió su lengua con mayor fuerza, la conversación estaba tomando un rumbo cada vez más peligroso y Eren no parecía tener la intención de callarse.

—A perderlo. —Respondió finalmente. Su tono bajo le dio a entender a Eren que tal vez había ido demasiado lejos.

Reflexionando un poco, Eren se preguntaba por qué la gente hablaba del amor de manera tan entusiasta. Lo más cercano que había sentido alguna vez fue ese extraño escalofrío en la columna vertebral la primera vez que escuchó la voz del vocalista de su banda favorita. Y, sin embargo, muy a pesar del nostálgico tono grave de su voz, Eren no había sentido más que anhelo al escucharle, como si hubiera escuchado esa misma voz en algún lado, tal vez... en otra vida.

En resumen, no tenía experiencia en temas amorosos como para molestar a Jean al respecto, sin embargo, ya estaba un poco cansado de la repentina actitud empalagosa que tomaba el chico cada vez que Marco se aparecía cerca. Actitud que Jean continuaba negándose a reconocer. Tampoco parecía que fuera a hacer algo al respecto.

Y era precisamente eso lo que molestaba a Eren Jaeger, la incapacidad de Jean para demostrar sus sentimientos. Problema que, por supuesto, Eren no poseía en lo absoluto. Esto se hacía notar en su manera de meterse en problemas por ser tan brutalmente honesto con su opinión. O como el resto de sus amigos decían: su incapacidad para cerrar la boca cuando era conveniente.

—¿Y nunca te has preguntado si Marco siente lo mismo? —La pregunta se deslizo vacilante, mientras Eren pensaba cada palabra cuidadosamente.

Las comisuras de los labios de Jean se arquearon muy ligeramente y un pequeño brillo se posó sobre sus ojos. Pero lentamente su sonrisa se tornó melancólica.

—No creo que a Marco le gusten los hombres—.Sin embargo, el ligero brillo continuaba en su mirada, como si deseara con todas sus fuerzas que las palabras dichas fueran solo una mentira.

Eren pudo darse cuenta del repentino cambio de su voz y se apresuró a decir:

—Eso tú no lo sabes, podría estar pensando que el estúpido caballo que le gusta nunca le haría caso porque es un hombre. Pero no lo sabrás porque te da miedo.

—¿Y si deja de hablarme? — Soltó Jean con timidez.

—Pfff. Vamos, yegua. Es Marco, podrías matar a su maldito hámster y seguiría hablándote.

Jean se río ante el comentario imaginando la cara que pondría Marco si le dijera que había prendido en llamas a esa horrible bola de pelo. En su mente se proyectó una extraña y cómica versión de Marco como "El Grito".

—¿Podrías dejar por un momento los apodos de caballos? —Eren torció los ojos en un claro gesto que gritaba "ya quisieras". Jean suspiro resignado. —De cualquier forma ¿Desde cuándo eres mi Doctor Corazón?

—Llevas dos años sin hablar de otra maldita cosa que de Marco, necesito pensar maneras para deshacerme de tu empalagosidad antes de que me de diabetes. Además, hablas tanto de pecas que comienzo a deprimirme también.

—Algo me decía que esto era por tu bienestar propio—. escupió Jean entre dientes.

—Lo hago por el bien propio y el del resto del planeta—. La frente en alto junto con el tono de noble responsabilidad le daban un toque de gracia a su voz, pero algo se escondía abajo de la voz traviesa del joven, algo de lo que Jean no fue consciente en ese momento.

—Pff, cómo si tú fueras a hacerle un favor a cualquiera.— Jean recordaba perfectamente lo que le había costado el favor actual.

—De cualquier forma, si te la vas a pasar sufriendo por algo que aún no te ha dicho ¿no sería más fácil preguntarle de una buena vez? Tal vez te diga que sí. Y si te dice que no, puedes seguir sufriendo. No cambiaría mucho. Así de simple.

—Tú no puedes darme consejos de amor, bastardo—. El tono de burla estaba implícito en el comentario. Pero de cierto modo, el maldito castaño tenía un punto, y uno bueno para variar; aunque, claro, Jean no lo admitiría frente a él. Y pensándolo mejor, frente a nadie.

Pasó un buen rato sin que nadie dijera nada. Ante la falta de respuesta de Jaeger, los ojos de Jean se movieron por fin del camino para mirarlo inquisitivamente esperando un gesto vulgar o el saludo de un dedo por parte del castaño, pero lo que lo recibió al verle fue nada menos que un Eren con gesto frustrado, mirando con pesadez por la ventana.

Observaba el paisaje que velozmente se escurría como agua por la ventanilla derecha, una mano sosteniendo su barbilla con cansancio y las ráfagas de aire le hacían entrecerrar los ojos mientras le despeinaban el ya alborotado cabello, con furia. Parecía preocupado.

—Oye, bastardo. Tienes cara de que te mal-cogieron anoche.—El tono de burla dejaba traspasar casi imperceptiblemente un dejo de preocupación por parte del chico de cabello bicolor.

La postura de Eren no cambió pero sus ojos contemplaron a Jean con aburrimiento y respondió con voz monótona:

—Tú debes ser experto en hacer esa clase de caras entonces ¿No, caballo?

Un suspiro cansado escapó de los labios del más alto. No era el momento adecuado para hablar de este tipo de temas. Generalmente Eren terminaba con un aura de melancolía rodeándolo.

Jean sabía perfectamente que en ocaciónes el bastardo castaño se sentía solo, pero Eren no era la clase de chicos que buscaría una pareja solo para llenar el vacío cuando simplemente no sentía nada.

Por supuesto que Eren había intentado una que otra vez el tener una relación sin ningún sentimiento de por medio, pero las cosas nunca terminaban en buenos términos y dejaban una desagradable sensación de culpa en la boca de su estomago, por lo que, después de varios intentos fallidos, el chico había dejado el tema del amor por la paz.

El camino se volvía poco a poco más pronunciado, la vegetación se hizo cada vez mas escasa y un enorme cuerpo de agua se dejaba ver a ratos entre los árboles, el lago de Sina; de este modo, no pasó mucho tiempo antes de poder vislumbrar a lo lejos la silueta del enorme castillo, bañado por la luz de la luna.

Ante la visión de la inmensa estructura, Jean recordó el motivo por el que se encontraban ahí. Un baile. Un baile al que él había insistido al chico castaño en acompañarle.

—Hey, ¿vamos a una fiesta o no? Deberías dejar a un lado tu cara de estreñido. No te arrastré hasta aquí para nada.

Eren resopló ante el intento de Jean de animarlo, sin embargo, una brillante sonrisa se hizo presente en su rostro; y si bien la sonrisa no llegaba en su totalidad a los orbes alejandrita, resultaba ser una sonrisa auténtica.

—Tranquilo, yegua. Nadie va a notar mi cara teniendo a alguien como tú a lado.

—¿Ah? ¿Qué dijiste, imbesil?

Acto seguido, Eren largó una estruendosa risa. Por segunda vez en la noche, Jean no pudo evitar seguirla.

Finalmente los árboles dieron paso a una gigantesca verja de hierro con una "R" grabada en ella, abierta de par en par, para dar paso a los invitados de la fiesta de Halloween.

Al traspasar la entrada, Jean siguió el camino de piedra que llevaba a la entrada principal, tanto él como Eren se hallaban absortos en los terrenos del castillo. Hermosos arbustos con extravagantes formas poblaban el camino hacia la entrada, de la que salía musica y el bullicio que formaba la multitud de gente en la fiesta.

Prometía ser una noche inolvidable.

Y lo sería, pero curiosamente, la fiesta no fue lo mas impresionante de la noche.

Nota de la autora:

Diablos, no saben cuantas veces me estanqué con esta parte. No planeaba todo el royo de Jean pero una vez comencé a escribir no pude detenerme, y tal vez se me fue un poco de las manos. Pero milagrosamente logré resolverlo, me siento feliz por ello.

En este capítulo podemos comprender un poco más la vida que lleva Eren y como se siente respecto a los temas empalagosos.

A partir de aquí no podré subir lo que sigue tan seguido porque ya estamos al día con la historia. Tal vez el siguiente cap tendrá que volver a ser de Eren, no lo se, aun no está comenzado. Pero no se preocupen, porque Levi vuelve pronto. Haré un gran esfuerzo por traer la siguiente parte lo mas pronto posible.

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-WOLLKAT


Gracias Mo Brown, la autora se puso muy contenta por recibir tu aceptación y apoyo :)