En el mundo genial de las cosas que dices – Maldita Nerea.
Ginny Potter.
En el mundo genial de las cosas que dices,
hay historias de buenos y malos felices,
ceremonias de vivas, sonrisas al verte
como diablos se puede tener tanta suerte
Que Harry y Ginny tuvieran unos días de vacaciones a la vez era genial, sobre todo porque ambos querían pasar más tiempo con el pequeñísimo James Sirius Potter. Podían dormir hasta tarde y lo disfrutaban. James no era un bebé madrugador, le gustaba dormir, como a sus padres. El matrimonio Potter dormía abrazado, Ginny le daba la espalda y Harry dormía sobre su hombro. Esta vez fue la pelirroja la que se despertó primero. Su primer pensamiento desde hacía seis meses y cuatro días era: James. Así que se deshizo del brazo de Harry sobre su cintura y se fue a buscar a su bebé. Entró en la habitación empapada de ese olor tan específico a bebé y sonrió. Se acercó a la cuna y vio a la copia de su marido durmiendo profundamente.
-James... Jimmy... -le dijo Ginny, acariciándole la barriga. El niño frunció la cara y se movió incómodo. Fue entonces cuando su madre lo cogió en brazos y lo abrazó. El niño se quedó dormido en sus brazos y Ginny sonrió.- Tienes razón, mejor volvemos a la cama.
Pero en vez de dejar al bebé en su cuna y marcharse, se lo llevó con él. Entró en su cuarto y vio a Harry dormido boca abajo. Se sentó a su lado, con James y luego acostó al bebé entre ellos dos. Se tumbó mirándolos y acariciando la barriguita de su hijo. Cuando Harry se giró y vio a James allí, sonrió.
-¿Qué haces, Gin? -le preguntó Harry, volviendo a cerrar los ojos.
-James estaba durmiendo. -le dijo a su marido que se rió. Y ella le dio una patada por debajo de las sábanas.- Soy una madre primeriza, déjame en paz.
En el mundo genial de las cosas que dices,
hay tesoros de nadas, planetas en grises
con millones de estrellas que llenan mi mente
yo no sé si se puede quererte más fuerte
En el salón del número 12 de Grimmauld Place dos mujeres y sus barrigas de embarazadas le leen un cuento a un niño de un año, que lo único que quiere es probar el sabor de ese libro que su madre y su madrina le están leyendo. Hasta que el pequeño azabache se pone en pie sobre el tapizado del sillón y se apoya en la barriga de su madre y ésta recibe una patada del niño que lleva dentro.
-Mira, Jimmy, es tu hermano. -le dice su madre, señalando su barriga. Su hijo no parece escucharla.
Y adelante, hacia la luna, donde quiera que este
Que somos dos, y es solo una, y yo ya estuve una vez
Ven dime: no, no, se duerme a mi lado, he vuelto a caer y sigue:
tres, seis te llevo a mi lado, ya no te puedo perder
Sus dos hijos juegan sentados en la alfombra de su casa. Ella acaba de llegar del trabajo y -después de llenar de besos a sus niños- se prepara un café. Se sienta en el sillón a mirarlos. James juega con esos muñecos con forma de ciervo, perro y lobo que su madrina le regaló. Y Albus, abrazado a su fénix de juguete, mira a su hermano con adoración. Ginny sonríe.
Y a ese mundo genial de las cosas que dices,
no le falta ni amor, ni verdad ni matices
tu secreto ha entendido el calor de tenerte,
no me faltes mi vida, no puedo perderte
-¿Por qué ella tiene el pelo naranja y nosotros no? -le pregunta James a Harry. James y Albus están colgados de los barrotes de la cuna de Lily, Harry los sujeta por la espalda y Ginny los mira a escondidas desde la puerta.
-No lo sé. -le contesta Harry.
-Yo no quiero tener el pelo naranja. -dice James. Harry asiente.- ¿Se va a quedar en casa?
-Sí, James, para siempre, es tu hermana.
-¿Tengo que compartir mis juguetes con ella también?
-Claro.
Mientras aquella conversación entre el primogénito y su padre transcurre, Albus se cuelga de la cuna para acercarse más a Lily con su dedo índice estirado hacia el ojo de su hermana. Harry lo para a tiempo y se ríe.
-Albus no le puedes meter el dedo en el ojo. Le va a doler. Su ojo es igual al mío y al tuyo. -le explica Harry a su hijo. Él lo mire y sin previo aviso mete el dedo en el ojo a su padre.- ¡Merlín!
-¡Ginny! ¡Harry está llorando! -grita James, colgado de la cuna de su hermana, sin prestarles mucha atención. Ginny se ríe y entra al rescate.
Y adelante, hacia la luna, donde quiera que este,
que somos dos, y es solo una, y yo ya estuve una vez, y sigue:
no, no, se duerme a mi lado, he vuelto a caer y sigue:
tres, seis, te llevo en mis manos, ya no te puedo perder.
-Papi, me duele la barriga... -dice Albus, despertándolos, en la puerta de su dormitorio. Harry lo coge y lo tumba a su lado.
-Ginny... -interrumpe James, dos minutos más tarde.- Tengo miedo.
-Ven... -su madre le hace un hueco en su lado de la cama.
-¡Yo también quiero! -grita Lily entrando corriendo en la habitación de sus padres y tirándose entre ellos dos.- Mira, pa, tengo los pies fríos.
-¡Lily! -se queja Harry.
Ginny se ríe a carcajadas hasta que su hija decide que ella también quiere probar sus congelados pies en la espalda. Cuando los tres pequeños al fin se calman y se quedan dormidos, Harry y Ginny se miran.
-Te quiero. -le dice Harry a su mujer.- Y gracias.
-Yo también te quiero, Harry Potter. -dice Ginny, antes de acomodarse bien entre sus hijos y quedarse dormida como ellos.
¡A mi no me podía faltar Maldita Nerea! Los adoro, en serio. Y más esta canción que me llena de ternura. Por eso quise hacer algo con los tres Potter y su rara y divertida familia. Siguiente en llegar: Severus Snape.
