Gray despertó y nuevamente se encontró en esa lujosa habitación, no estaba seguro de cuánto tiempo llevaba ahí pero estaba seguro de que al menos habría pasado ya una semana o un poco más.

En ese tiempo ya había tenido la oportunidad de terminar de leer uno de los libros, trataba sobre un mundo post apocalíptico donde un demente hacia juegos de muerte con las personas de unos poblados.

Makoto le había contado que el presidente de ese libro de alguna manera le recordaba a Ryuto, el sujeto que quería tomar su reino y estaba seguro de que haría cosas incluso peores que el hombre del libro.

Gray al pensarlo comprendió completamente al pelirrojo, si alguien amenazara con destruir a sus amigos y conocidos el también haría todo lo posible para evitarlo. Y a decir verdad él ya conocía cómo era perder a todos tus seres amados en segundos así que entendía la desesperación del otro.

Con todo aquello había llegado a comprenderlo y de cierta manera perdonarlo aunque aún no estaba seguro de que quería hacer, esa mañana le habían tomado un poco de sangre para saber si realmente había quedado en estado.

Gray aún no estaba seguro de que eso fuera posible pero de así serlo aún no sabía cómo lo tomaría o que haría. Si tenía un hijo de ese hombre, en caso de que eso fuera algo posible, ¿qué pasaría después?

El chico parecía ser buena persona y hasta ahora lo había tratado bastante bien incluso había comenzado a agradarle un poco pero no estaba seguro de que haría. Tendría al hijo, el no mataría a alguien de su sangre pero, ¿podría simplemente entregárselo a Makoto y volver a su vida normal?

¿Tendría que quedarse con él y criar a su hijo? En ese caso, ¿jamás volvería a ver a sus amigos? Se sentía tan confundido y perdido además de que comenzaba a sentir su cuerpo un poco extraño, y más con la sola idea de que todo lo que había dicho el pelirrojo resultara ser cierto.

Él seguía sin creerlo del todo por supuesto, era absurdo, imposible, una locura. Y aún así sonaba tan cierto que un escalofrió recorría su espalda al escucharlo.

Continúo leyendo la segunda parte del libro que recién había terminado, valla que estaba interesante, moría por leer cuando le dieran su merecido al presidente que había llegado a odiar.

Estaba tan entretenido en su lectura que no se dio cuenta de que en momento alguien entró a la habitación hasta que sintió un peso extra hundiendo la cama a su derecha.

Al girar su rostro se encontró con un muy alegre y animado pelirrojo con una hoja en su mano. El mayor le sonrió sinceramente y sin previo aviso se lanzó a abrazarlo fuertemente.

Makoto: Aún no puedo creerlo pero es seguro, estas esperando un bebé

Gray: ¿S-Seguro que es seguro?

Makoto: Si, te hemos hecho un análisis de sangre y ha salido positivo.

Gray: D-De acuerdo… ¿ahora qué?

Makoto: Bueno yo entiendo que es algo, un cambio muy drástico en tu vida pero en verdad no sabes cuan feliz me haría que lo tuvieras.

Gray: ¿Me estás preguntando ahora si quiero tenerlo?

Makoto: Bueno supongo que sí, me he sentido bastante mal por haberte forzado a embarazarte y ahora que te lo explique todo quisiera que aceptaras tenerlo pero tampoco voy a obligarte.

Gray: Y que harías si me niego.

El chico puso una mirada triste y bajo el rostro provocando que Gray se sintiera extrañamente culpable a pesar de no haber hecho nada malo.

Makoto: No lo sé, realmente no lo sé, supongo que tendría que pensar en algo pero ya tengo menos de un año para evitar que el trono pase a manos de Yamato. Te entenderé si no quieres es una gran responsabilidad pero no solo lo necesito, realmente me ilusiona la idea de ser padre.

Gray: ¿En verdad? ¿Entonces no lo haces solo para recuperar tu trono?

Makoto: ¡Por supuesto que no! Jamás traería a este mundo una vida que no estuviera dispuesto a amar y cuidar. Realmente lo deseo.

Gray: Entonces espero que tengas mucho por darle.

Makoto: ¿Vas a tenerlo?

Gray: Bueno no pensaba matar a alguien de mi propia sangre además ya te tomaste la molestia de embarazarme supongo que puedo tenerlo, sólo porque no lo mataría.

Makoto sonrió nuevamente con aún más emoción y lo abrazó nuevamente estrujándolo fuertemente pero con cuidado para no lastimarlo. El pelirrojo le agradeció varias veces y lo volvió a abrazar otras más antes de irse, no sin antes prometerle todas las comodidades y cuidados para el embarazo.

Así pasaron varias semanas en las que Gray siguió encerrado en esa habitación, ciertamente no podía quejarse tenia comida gourmet servida en cama, todo lo necesario para vivir y si se le antojaba algo o necesitaba cualquier cosa se la daban en segundos.

Ya había pedido un par de cosas para entretenerse ya que aunque los libros eran buenos a ratos se aburría. Había comenzado a pintar, al inicio no era muy bueno pero a su pensar estaba mejorando, al menos ahora si parecía una playa y no un conjunto de manchas.

También estaba aprendiendo a tejer, aunque en principio le había parecido actividad de niñas la idea que le había dado Makoto de hacerle algo al bebé lo había motivado para aprender a hacerlo, aunque no es como si fuera a ser una madre de hogar o algo así, sólo era por aburrimiento.

En esas semanas había empezado a presentar muy ligeramente un par de síntomas que el médico que lo visitaba dos veces por semana aseguraba eran normales del embarazo.

El primero habían sido los mareos, no eran muy fuertes ni tampoco frecuentes pero en una que otra ocasión se habían presentado, el otro síntoma si era un poco más molesto, las náuseas.

Si, las malditas nauseas, por fortuna aún no se presentaban demasiado pero realmente había sentido más de una vez que realmente vomitaría.

Y así continuaron pasando las semanas sin demasiados contratiempos, Gray cada vez sentía más hambre y un pequeño bultito comenzaba a querer asomarse en su vientre.

Si aún tenía dudas, después de la treceava semana su pancita había decidido mostrarse y además había venido acompañada de pequeños y redondeados pechos, oh sí.

A Gray le había aterrado la idea desde la primera vez que le había molestado su pecho cuando el médico le explicó que el dolor que sentía era a causa del lento crecimiento de su pecho.

Al parecer le crecerían debido a que ahí se almacenaría leche que más tarde le daría a su bebé, a Gray por supuesto no le había agradado nada la idea pero ya no había como arrepentirse.

Así que para su treceava semana de embarazo, sin que el supiera con seguridad cuantas habían pasado claro está, Gray ya se había convencido por completo de que estaba esperando un bebé.

Makoto y él se habían vuelto un poco más cercanos esas semanas, el mayor lo visitaba seguido siempre que no tenía trabajo que hacer y se la pasaban conversando para conocerse mejor.

El pelirrojo le había platicado como era el reino donde había crecido, quienes eran sus mejores amigos, sus cosas favoritas, todas las mascotas que tenía, al parecer el chico tenía debilidad por los animalitos sin casa así que siempre que encontraba uno en sus viajes lo lleva a su reino.

Ambos tenían cosas en común sobre todo los hobbies y uno que otro gusto por lo que Gray no había tardado en ganarle cierto aprecio al pelirrojo. Estaba seguro de que podrían ser buenos amigos y llevarse bien.

El pelirrojo ya le había comprado un par de cosas al bebé según le había dicho a Gray le preparaba una hermosa habitación para su llegada pero se reusaba a mostrársela hasta que estuviera lista.

También le había dado ya varios regalos al propio azabache, varias golosinas que en su vida jamás había conocido y que de ese momento en adelante jamás podría dejar de comer y algunas cosas con que entretenerse.

Unos de sus favoritos era un cubo con varios cuadritos de colores que debías mover para que las caras de cubo quedaran de distintos colores, se había tardado pero había logrado completarlo y era uno de los juguetes que más tenía entre sus manos durante el día.

Pero había un par de cosas que molestaban a Gray. La primera es que se sentía bastante femenino, no solo por el hecho de estar embarazado, su recamara por ejemplo no era la más varonil del mundo y sus ropas mucho menos.

También solía sonrojase sin poder evitarlo como un idiota cada vez que Makoto le tomaba la mano, o le daba un obsequio, un abrazo, una caricia o cuando estaba presente en sus chequeos médicos.

¡Era una estupidez! ¿Cómo podía sonrojarse por esas boberías? Seguro era culpa del embarazo, esa era la única explicación lógica.

Otra cosa que le molestaba era el hecho de no ver a sus amigos, ni siquiera sabía si lo buscaban, quería creer que si lo estaban haciendo aunque ya habían tardado en encontrarle.

No es que quisiera realmente irse, porque se sentía extrañamente a gusto ahí pero Fairy Tail era su familia y claro que como tal los extrañaba.

Se preguntaba como estarían y qué pensarían de él si lo vieran así, quizás si lo pensaba mejor no era buena idea que lo encontraran.

No volvió a pensar en ello hasta dos meses después cuando algo inesperado para el azabache sucedió.