Gray: ¡Por dios! Jamás dejaran de molestarme.
Makoto: Oh vamos no fue tan malo, la mayoría se veían felices por ti. Solo una chica se puso a llorar como histérica y algunos tardaron un poco en absorber la información.
Gray: Sabia que Juvia lloraría pero no creí que tanto, y claro que fue malo, Gajeel y Loke no dejaron de reír por horas y él idiota de Natsu siguió molestándome con su "serás mami y esposa" "eres toda una princesita de hielo" "tienes las tetas más grandes que Levi" ¡Enserio que es un idiota!
Makoto: Bueno pero se preocupan por ti, la chica de armadura incluso me amenazó de muerte.
Gray: ¿Y lo dices tan tranquilamente?
Makoto: Bueno, me pareció un gesto adorable.
Gray: Erza es todo menos adorable cuando se enoja…. bueno al menos todo termino bien y te recuerdo que me prometiste dejar que los visitara seguido.
Makoto: Claro, pero te recuerdo a ti que iras con escolta.
Gray: De acuerdo p-pero sólo es por qué me preocupa la seguridad del bebé, no es como si yo los necesitara…
Ambos siguieron conversando amenamente mientras regresaban en un carruaje al castillo de Makoto que por primera vez Gray observaba a detalle, y pensar que llevaba ahí dentro unos 5 meses…
El lugar era majestuoso y ciertamente gigantesco, tendría que dar un par de vueltas por ahí ahora que volvieran ya que Makoto había prometido dejarlo andar libremente por los pasillos.
En cuanto volvieron a su habitación Gray sintió su sonrojo volver de improviso al sentir un par de labios sobre los suyos y unos fuertes brazos sostenerlo por la cintura.
Makoto: Esta vez quiero intentar algo nuevo, quiero hacerte el amor, realmente hacerte mío.
Gray enrojeció aún más al escuchar esas palabras y simplemente se dejó guiar por el pelirrojo que lo recostó con suavidad en la cama posicionándose con cuidado sobre él.
Makoto deshizo el nudo del kimono de Gray y lo abrió dejándolo únicamente en ropa interior, misma que no tardo mucho tiempo en desaparecer.
Los labios del pelirrojo se posicionaron primero en los labios del azabache, que rápidamente los abrió para permitirle un mayor acceso. La lengua del mayor no tardo en unirse a la suya y siguieron con el apasionado beso mientras con sus manos comenzaba a acariciar el cuerpo del azabache.
El mago de hielo no pudo hacer más que suspirar entre besos al sentir tan hábiles manos tocando cada centímetro de su piel haciéndolo sentir una agradable calidez con cada caricia.
Las manos del pelirrojo entonces se posicionaron sobre los pequeños pechos del azabache y con suavidad comenzó a masajearlos con sus dígitos provocando pequeños gemidos en el menor.
Makoto entonces dejo sus labios y comenzó a recorrer entre besos el cuerpo del menor comenzando con su barbilla, bajando a su cuello, donde dejo pequeñas marcas al succionar un poco en este entre besos y siguiendo el camino.
Cuando llego a su pecho hizo un espacio entre sus dedos que masajeaban constantemente el pecho del azabache y con sumo deleite comenzó a probar sus pequeños y rosados botones de los cuales escurrían pequeñas gotas de dulce leche.
Gray suspiró y gimió con más fuerza al sentir la cálida boca del otro cerrándose en uno de sus expuestos pezones y sintió que enloquecía cuando la lengua de este comenzó a formar círculos rodeando su tetilla.
Makoto por su parte se sentía extasiado por probar el dulce sabor que tenían los botoncitos que con tanto deleite probaba cambiando cada tanto de uno a otro.
Pocos momentos después siguió con su camino de besos bajando por el medianamente abultado vientre del mago de hielo y repartiendo varios besos alrededor de este además de tiernas palabras cariñosas para el pequeño o pequeña que se encontraba ahí.
Entonces se detuvo llegando al destino deseado. El ya bastante despierto miembro del azabache, el cual tomó con cuidado entre sus manos antes de comenzar a probarlo con suavidad.
Gray se sintió en el cielo cuando los labios de Makoto se posaron sobre su virilidad y gimió con locura cuando la lengua del mismo comenzó a recorrer pausadamente la longitud de su miembro.
Por supuesto que con tantas atenciones hacia su persona no tardo mucho antes de que el azabache terminara por correrse en la boca del otro, quien por supuesto se alegró de probar tan delicioso manjar, todo lo que el menor producía le parecía exquisito y no pensaba desperdiciarlo.
Continuando sus atenciones hacia el miembro del menor, el pelirrojo comenzó un suave y tortuoso vaivén subiendo y bajando su mano por la longitud de su miembro mientras comenzaba a introducir uno de sus dedos a la estrecha cavidad.
Makoto con sumo cuidado y ayudándose de la ahora natural lubricación del mago de hielo comenzó a preparar su entrada con sus dedos introduciendo uno por uno pausadamente y simulando pequeñas embestidas con los mismos.
Gray al sentirlo comenzó a chillar de placer, era demasiado, sentía ese placentero cosquilleo formándose en su vientre pero a diferencia de las otras ocasiones esta vez todo su cuerpo se sentía en completo éxtasis.
El azabache apenas y podía coordinar su respiración entre tantas sensaciones y moría por sentir al otro tomando su cuerpo como nunca antes.
Estando satisfecho con el nivel de lubricación y seguro de que no lastimaría al menor Makoto sacó lentamente los tres dedos que jugueteaban en el interior del menor y los sustituyo con su extensa virilidad.
Con movimientos pausados pero seguros se introdujo por completo en el azabache, compartiendo gemidos con él mismo al sentir la estreches del menor rodeándole deliciosamente.
Estando ambos completamente excitados comenzaron con la danza de embestidas que a diferencia de las otras ocasiones estaban llenas de pasión y fuerza.
Makoto siguió masajeando con su mano la extensión palpitante de Gray mientras que con sus caderas se impulsaba para aumentar el ritmo de las embestidas. Ambos gemían y el cuerpo de Gray temblaba y sudaba de placer nublando su vista y obligándolo a apretar entre sus dedos las sabanas bajo él.
Con su mano libre Makoto recorrió el cuerpo del azabache acariciando primero su mejilla después su pecho y terminando en su vientre.
Continúo con las cariñosas y suaves caricias por unos momentos antes de pasar su mano a la cadera del menor y utilizarla como soporte para aumentar la velocidad y fuerza de las embestidas.
No tardo mucho antes de que ambos terminaran derramándose, Gray en la mano del pelirrojo y Makoto en el interior del azabache.
Con la respiración de ambos agitada y sus cuerpos bañados en sudor el mayor salió cuidadosamente del azabache para proceder a recostarse a su lado, tomando su mano en el proceso.
Makoto: Creo que me he enamorado de ti.
Gray: Si te sirve de consuelo, creo que yo también te amo.
Y compartiendo algunas risitas Makoto le dio otro suave beso en los labios antes de cubrir a ambos con la sábana y dejarse llevar por el cansancio.
Así transcurrieron rápidamente los últimos 4 meses del embarazo de Gray. En ese tiempo el azabache visito un par de veces a sus amigos y tuvo la oportunidad de conocer a los padres de su ahora prometido.
Por supuesto que en ese tiempo Gray también hizo muchas cosas de provecho, entre ellas terminar de tejer algunas prendas para su hijo y mejorar sus dotes artísticas en la pintura.
El parto sobra decir que fue la experiencia más dolorosa que haya vivido en su vida pero también fue la más maravillosa. Gray no pudo contener el llanto al mirar a su pareja cargando a su pequeño bebé recién nacido mientras se lo acercaba.
Tuvieron un varón, uno muy hermoso si podía decirlo. El pequeño había sacado el rojizo cabello de su padre y los expresivos y azul profundo ojos de su "madre".
El pequeño Ren, como lo habían nombrado, era el centro de atención en todas partes. En el gremio las chicas se habían derretido de ternura al conocerlo y en el reino todos lo habían celebrado.
La vida de Gray dio un enorme cambio en ese año pero por supuesto que no se arrepentía de nada y mucho menos al ver el rostro sonriente de su pequeño hijo.
Cuando su bebé tenía unos meses de nacido se realizó la boda de casamiento de ambos y así se hizo completamente oficial el reinado de Makoto.
Por supuesto que el hermano de este no lo había tomado tan bien, pero había terminado por tener que aceptarlo y hasta se había encariñado con el pequeño Ren.
Y así pasaron dos años y medio en los que Gray creyó que no podía ser más feliz hasta que recibió la noticia que completo su cuadro de felicidad.
¡Estaba nuevamente embarazado! Makoto tampoco pudo contener la alegría al enterarse y cuido de él con el mismo cuidado que la primera vez hasta que nació la pequeña Mei una hermosa niña de cabello azabache y ojos dorados.
Gray decidió dedicarse por completo a sus pequeños aunque claro que nunca dejó de lado a sus amigos que gustosamente lo recibían varias veces al año.
Esa noche cuando observo al hombre que dormía a su lado y el anillo en su dedo, cuando contemplo los hermosos rostros de sus pequeños, recordando toda la felicidad que lo rodeaba fue cuando Gray finalmente le susurro a las estrellas. -"No hay nada más perfecto que esto."
