Inspirado en Little Talks de Of Monsters and Men.
Personajes: Taichi y Hikari.
Anhelos compartidos.
—Nunca pensé que lo diría, pero tendrías que escucharme menos —dijo Taichi.
—A veces lo pienso, pero no creo que sea cierto.
—Perdón por lo que dije de la casa.
—No te preocupes, es cierto —dijo Hikari, tratando de restarle importancia.
—No lo es.
—Espero que la casa nueva tenga el piso crujiente también.
—¿Para qué? ¿Para hacer ruido cuando llegas?
—Para que suene que hay alguien —replicó Hikari, algo indignada.
—Era de esperarse, no íbamos a quedarnos para siempre acá —dijo Taichi, sonando despreocupado.
—Sí, pero los muebles tapados no se ven nada bien.
—Eso es señal de que vayas a dormir Hikari, va a ser mejor.
—Mañana hay que levantarse temprano, sí —dijo ella, como afirmando.
—Supéralo, ¿por qué te preocupas por algo como esto ahora? ¡No tiene importancia! —gritó Taichi, fuera de sí.
—Siempre me preocupé, y tú también, lo noto.
—Yo no, sé cuándo algo es causa perdida.
—Esto no es causa perdida.
—Hikari, eres una ilusa, ya lo es.
—No llores Kari —dijo él usando el apodo que casi nunca ya usaba.
—No puedo evitarlo, sé que parezco una idiota.
—No lo pareces, no te preocupes.
—Tenías razón, con lo de la casa, digo.
—No la tenía, no pienses en eso, sabes que tu hermano es algo tonto a veces.
—Pero a veces no, como esa.
—Sea lo que sea, vamos a estar juntos Hikari, tú, yo, mamá, papá. No importa a dónde vayamos.
—Ya le dije a Sora.
—¿Y? ¿Se frustró al enterarse de que su novio ya no va a vivir tan cerca?
—En realidad, no sé —dijo Taichi, rascándose la cabeza—, parecía triste, pero no porque nos mudáramos. Más bien… no sé.
—No te entiendo, a veces hablas confuso hermano.
—Ya sé, ya sé. Pero no entendí su reacción. No lloró, pero parecía peor que cuando lo hace.
—No es tan fácil despedirse de todo esto, Tai.
—Me dijo algo parecido, ¿no habrán estado hablando ustedes dos?
—Hablamos siempre, pero justo de esto no. Quería que fueras el primero en contarle, no iba a ir con el chisme yo.
—Gracias.
—No llores Tai —dijo Hikari, algo preocupada.
—No puedo evitarlo. Tenías razón.
—¿En qué?
—En todo.
—Hermano, no te preocupes, vamos a estar bien los cuatro, ya lo dijiste mientras veníamos hasta acá.
—Sí, eso lo sé. Pero es difícil despedirse de todo eso.
—Por lo menos estamos con los que nos entienden mejor.
