Inspirado en Chandelier de Sia.

Personaje: Sora.


Perchas de sueños rotos.

Su madre nunca sacaba las notas que dejaba en la heladera. Y hacía tiempo que Sora había dejado de hacerlo. Por eso se amontonaban tantos papeles, todos pegados con imanes. 'Vuelvo tarde' 'Cuando puedas ven que necesito tu ayuda' 'Hoy la cena se la hace cada una' eran las más recurrentes. De hecho, pocas eran diferentes a esas tres, o a variantes de las mismas.

Toshiko se había ido a jugar cartas con unas amigas, como hacía cada sábado a las nueve de la noche. Sora no tenía nada planeado, aunque, conociendo a Taichi, era probable que recibiera un mensaje a eso de las once para ir a su departamento a ver películas, y de seguro se desvelarían hasta las cuatro de la mañana, como casi todos los sábados por la noche. Mientras tanto, fue al armario de su madre. Siempre se fijaba si había ropa que le gustara, y que le podría pedir en algún momento. Siempre sacaba las mismas cosas, como si fuera la primera vez que las veía. Siempre terminaba enojándose cada vez más.

A veces pensaba que ella no tendría que ser Sora Takenouchi. Sora Takenouchi era demasiado para ella. Debería ser una de esas chicas a las que el teléfono no para de sonarles, las que se dedican a ser el centro de atención en todas las fiestas, las que se mueven por todas las pistas. Las que viven como si no existiera un día siguiente. Vuelan, eso es lo que hacen. Son más libres, al menos de lo que ella siempre sería. Le gustaría poder mantener un vaso lleno durante toda una noche, sin tener que preocuparse hasta la mañana siguiente.

¿De qué le servía ser Sora Takenouchi si la vergüenza que sentía todas las mañanas por tener que levantarse siempre era la misma que la que sentiría de ser una de esas chicas? Por eso se enojaba. Porque no entendía lo bueno que tenía su asquerosa rutina. Porque a veces prefería la miseria a su comodidad, y eso hacía que se enojara consigo misma por tener semejante pensamiento. Y no podía dejarlo salir.

Hasta que respiraba, lento. Decidía calmarse, se decía que era lo mejor, y respiraba. Y así como todo había surgido, desaparecía, quedaba tapado en capas de sí misma. Normalmente era entonces cuando recibía el mensaje de Taichi.


Bueno, después de esta seguidilla, me despido. Espero hayan disfrutado las tres, o cualquiera de las tres que hayan leído.

¡Saludos!