Inspirado en Little Girl Blue de Janis Joplin.
Personajes: Sora y Hikari, Takari de fondo.
Es mejor contar las gotas.
—No sé qué hacer, Sora.
—Hikari, no te preocupes, todo va a salir más que bien.
—Sabes que no será así.
Llovía afuera. A cántaros. Las gotas golpeaban contra la ventana, como si lloraran acompañando a Hikari. Como siempre, mantenía su actitud optimista. Si pasó, por algo sería. Pero no sabía cómo sentirse realmente al respecto. No sabía qué hacer, eso tenía que reconocerlo. Plop, plop, plop, así golpeaban las gotas, una atrás de otra. Y Sora la miraba, con lágrimas en los ojos. Plop, plop, plop, así aparecían las lágrimas en los ojos de Sora.
Hacía dos meses que se habían enterado, y no habían dicho a nadie. Sólo tres personas lo sabí por cada mes. Al primero, lo supo Hikari. Al segundo, Takeru. Al empezar el tercero, Sora. Y ahora ya nadie más podría enterarse de nada. En un baño, había pasado. Fue cuestión de segundos. Plop, plop, plop, y ya no estaba. Hikari no sabía qué hacer al respecto. ¿Cómo decirle a Takeru?
La lluvia se intensificaba y amainaba con un ritmo propio, como si nada le importaba. No llegaban a tapar los lamentos que a veces salían de la boca de Hikari, pero sí hacían que, por lo menos, el mundo entero llorara. Hikari se miraba las manos, doblaba los dedos, los volvía a estirar. Sora la miraba, a ella y también a las manos de ella, y no la abrazaba. Porque desde que Hikari se había enterado, no quería que nadie la tocara. Pero se miraba las manos, que eran capaces de abrazar, que eran capaces de tocar. Se las podría arrancar, así tampoco tocar a nadie. Plop, plop, plop, cada sonido un duro corte, y después a la otra mano. Ya vería cómo cortar la segunda. Y Sora seguía mirándola.
—Hikari, ya verás que todo va a estar bien.
Sora sabía que eran las peores palabras para decirle. Y Hikari sabía que Sora sabía, por eso no dijo nada, y siguió doblando y estirando los dedos. Contando uno, dos, tres, cuatro... y así hasta llegar a diez, para después hacer una cuenta regresiva. Se miraba las manos porque no quería mirar a nada más. Y Sora la miraba a Hikari porque temía lo que podría hacer.
—Tendré que dedicarme a contar mis dedos por el resto de mi vida, ¿no te parece? —soltó de repente la menor, y Sora no entendió por qué ella diríaalgo así. ¿Contar los dedos?
—Deberías contarle a Takeru lo más rápido posible.
—Lo sé, lo sé.
Y se quedó sentada, intentando contar cada plop, plop, plop que podía escucharse de la lluvia. Pero resultaba ser inútil. Totalmente inútil. No se podían contar las gotas de lluvia. Y supo que, así como contar las gotas de lluvia, igual de imposible sería superar lo que le había pasado hacía unas horas. No estaba sola, pero sí se sentía un poco sola. ahí sentada, sin sacar sus ojos de sus manos, de sus dedos, de sus uñas.
—Estoy un poco azul, no te parece —dijo Hikari. Había escuchado una vez a algún extranjero en la calle decir esa expresión, pero en inglés. Más tarde, la había leído en algún libro para el liceo. Nunca había pensado que podría ser demasiado cierta. Eso Sora sí lo entendió.
—Todos estamos azules a veces, Hikari.
—Lo sé, lo sé.
Y plop, plop, plop, las gotas de lluvia seguían cayendo. Parecía que nunca iban a frenar. Y Hikari siempre contaría cada gota, para acordarse qué tan imposible era lo que pretendía olvidar. Y en silencio se quedaron, y después se miraron la una a la otra. No siempre la vida les sonreía. Y no todo momento debía terminar siendo feliz.
Cualquier error, y siempre lo repito, avísenme por favor.
¡Saludos!
