Título: Bad Blood / Mala Sangre

Personajes Principales: Tim Drake, Dick Grayson, Stephanie Brown, Wally West

Extra: Roy Harper

Género: AU, Romance, Drama, Violencia, Misterio, etc.

Clasificación: M

Palabras: 1.842

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a DC Comics.

Resumen: AU! Todo el mundo de Tim Drake se pone de cabeza cuando comienza a ver que su vida de estudiante ordinario da un giro de 180° al conocer ciertas personas, ciertos seres. Bien y maldad, mezclándose y siendo solo uno. ¿Algún bando a elegir? No lo sabe.

Autor(a): J.P. Haywood


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II

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Inicialmente no había mostrado interés en las insistencias por parte de la rubia, aun así, cuando decía no estar interesado en ir a aquel lugar con semejante nombre tan… llamativo. No logro evitar que precisamente al finalizar sus horas de estudios, Dick y Wally tuvieran el placer de ir a "recogerle". Y sí, en la patrulla.

Aun contaba con escapar por otra dirección sino fuese por Stephanie y su fuerte Crush con su hermano, y sus nalgas. Dios, hasta decirlo era un maldito desafío. Como sea, su amiga abrió la boca, Wally sonó más que emocionado, Dick solo sonreía… como siempre. Él, bueno él, solo podía estar seguro de que tendría un tic nervioso justo sobre su ojo, tal vez. Pero todos habían parecido ignorar el hecho de que tuviera una cara de haber chupado un limón, uno agrio.

Claro, era mayor. Y sí, había hecho bastantes cosas 'ilegales' antes de llegar a esa edad. Pero había decidido, por cosa suya, ponerse más al pendiente de sus cosas por hacer. Tenía que estudiar, tenía que buscar un trabajo y conseguir dinero, dinero para pagar sus propias cuentas. No deseaba depender de Dick.

Porque claro, el mayor solía ser quien le llevaba comida, mejor dicho, viveres. Iba con la excusa de que ambos lavaran sus ropas, siempre llevaba su detergente. Grayson estaba por encima de lo llamado: 'sobreproteger' a su 'hermano menor' hasta cuando este había decidido alejarse de su cuerpo de koala o saco de mamá canguro y buscar otros rumbos.

Adoraba a Richard.

Pero odiaba el hecho de verse como aun un niño al cual cuidar.

No lo era.

Pero lamentablemente no podía evitarlo. — ¿Estás listo?

No, enserio. ¿Cómo se le había ocurrido darle la copia de la llave de su departamento?

Evito parecer asustado cuando el gran cuerpo de Richard, envuelto en una camisa negra, pantalones azules –Ignoro los zapatos porque no le interesaba mirar hacia abajo– y el cabello arreglado aunque con unos pocos mechones fuera de su lugar, entro como Pedro por su casa –La cual si parecía– y tomo asiento en su cama.

Suspiro, iba lo más casual posible. Ósea, llevando lo de siempre. Pantalones oscuros, camisa roja con un logo en negro que asemejaban figuras geométricas y un par de zapatillas. Nada más. No tenía ánimos de pasar la noche fuera pero no tenía de otra. —Supongo que sí. ¿Cómo me veo? —Se giró, dejando a sus espaldas el espejo de cuerpo completo que tenía allí mismo.

Richard lo detallo de arriba abajo, elevando luego su puño en un gesto afirmativo —Estamos listos.

— ¿Y Wally?

—Esta abajo, esperándonos en el auto.

—Debemos de pasar por Stephanie.

Ambos azabaches salieron del cuarto y Tim fue por sus llaves, agarrándolas de un cajón que tenía cerca de la puerta principal. Salir de allí en silencio era algo calmoso y a la vez le ponía nervioso, pues solo significaba que hablarían en el trayecto por el ascensor.

¿Por qué conocía tan bien las costumbres de su hermano?

—Así que…. ¿Razón en especial por la que va Stephanie?

Tú.

—No lo sé, quiere divertirse.

—Pienso que algo más… —Y allí estaban esos azules clavándose en su nuca. Tosió.

—Eso ya pasó, ahora somos amigos.

— ¿Cómo tú con Barbara?

El silencio reino por un momento. —Buen golpe bajo, Timmy.

Sonrió de medio lado.

—Aun así, dijeron tener cinco pases. Uno para ti, Wally, ella, yo. ¿Para quién es el último? —Se elevó de hombros.

—Si supiera, te lo diría. Y no tenemos cinco. Solo dijeron que llamáramos a alguien… —Aunque seguía pareciéndole extraño.

— ¿Cómo? —Bendito fue el momento en el que las puertas se abrieron y salió disparado, con un Grayson tras suyo ansioso de alcanzarle.


La noche era condenadamente fría, pero eso no impedía que tanto el pelirrojo como el azabache mayor, cantaran a viva voz con las ventanas abajo. Por lo menos no era la patrulla. Era el auto de Wally.

La casa de los Brown se hizo presente en sus narices una vez aparcaron. El de pecas hizo sonar el claxon. En menos de cinco segundos la cabellera rubia de su amiga junto con un vestido purpura y botas oscuras se hicieron presente. Llevaba el cabello suelto y poco maquillaje.

Debía de admitirlo. Aun cuando su relación había terminado, seguía viéndola como una de las chicas más guapas del universo.

Barbara siempre ocuparía el primer puesto.

— ¡Chicos! —Dijo ella de manera estridente en lo que cerraba la puerta y corría en dirección al auto. Se encargó de abrir la puerta desde su lugar y vio como entraba de golpe y cerraba con rudeza.

— ¡Ten más cuidado! —Se quejó el conductor pero fue callado cuando la fémina se lanzó hacia los puestos de adelante y besaba sonoramente su mejilla.

—Hey guapo #3 —Dijo ella y en ello giro el rostro para dejar otro en la mejilla de Richard —Guapo #2 —Y en ello regreso a la parte trasera y se abrazó a él, besando sus dos cachetes — Y nuestro guapo #1 y cumpleañero.

— ¿Por qué soy el guapo #3? —Se quejó de nuevo West y solo hizo que los demás rieran.

—Steph, ¿No iba a venir alguien contigo? —Ppregunto su hermano una vez el auto volvió a tomar camino. Ella asintió.

—Nos va a ver allí. —Contesto, pasando sus manos por un par de mallas que llevaba de bajo, apenas y las había notado.

Por un momento se hizo la idea de que este fuese una nueva conquista para la rubia.

No le agradaba.


Pudo haber sido peor, se dijo para sus adentros una vez el letrero rojo neón brillo sobre su rostro. Las grandes letras resplandecían, cubriendo casi la mitad de la calle. La fila era sin duda larga, logrando pasar dos calles. Maldición. No quería mal gastar su noche esperando para entrar.

Hasta la que llevaba vestido se había acurrucado a su lado una vez bajaron del auto. Wally había confirmado lo de la gran cola, hasta donde terminaba. Era rápido, por lo cual se había ofrecido como voluntario. Dick se había cruzado de brazos, formando una mueca.

—Regalar pases para que ocurra esto.

—Si seguimos aquí será peor. —Comentó mirando de momento a los dos adultos y luego regresando la vista al lugar. Era amplio, sin duda alguna lo habían remodelado en el exterior. Se veía incluso, elegante, aunque las letras junto con varios dibujos extraños y algo… aterradores se alzaban en las paredes oscuras como una segunda piel.

En ello bajo la mirada y vio en la entrada como un hombre enorme revisaba cada entrada y les dejaba pasar. De manera lenta. Pues revisaban hasta lo que llevaban las personas en cada una de sus pertenencias. Vaya cosas.

Lo que llamo su atención fue una gorra, la reconocía. Fue mucho más obvio cuando la figura salió de allí, como si buscara aire y sacaba una caja de cigarros del bolsillo de su pantalón. Era el mismo patrocinador que había ido a su universidad.

Pudo haberlo ignorado, pero… — ¡Hey! —Hizo que el gran hombre elevara la cabeza con cigarro en boca y mechera en mano.

Dudo por un momento que fuera a reconocerlo, habían sido muchos los que habían ido hasta él. Pero fue impresionante verlo dibujar aquella misma sonrisa de cazador y acercarse a ellos con los ánimos bien puestos. Stephanie jalo su brazo. — ¿Ese es…?

—Miren nada más, ¡Han venido! En hora buena. —Ese fue su saludo, fijándose primero en ellos y luego elevando la mirada hacía los otros dos presentes. La sonrisa no se borró, pero si disminuyo —Y mira lo que la marea trajo…

Tim parpadeó y miro de aquel pelirrojo a los otros dos. También se habían quedado en silencio, observándolo. Dick tenía el ceño fruncido y Wally una mueca.

—Creo que están aburridos de esperar, ¿No? —Volvió a dirigirse a ellos —Podría ayudarlos a entrar, hay bastante gente pero tenemos sitio suficiente para todos. Acompáñenme.

—Espera, es que… aun no veo a mi acompañante. Ya sabes, lo que hablamos…

—Oh ya veo, si deseas le dejas los datos a nuestro gorila y que solo se acerque a él y le diga quién es. Con esas ropas dudo que dudes sin volverte una paleta helada aquí.

—Bueno, así funcionaria.

El pelirrojo le guiño a ella y les dio la espalda, haciendo un movimiento con su mano para que les siguiera. Stephanie le jalo del brazo y el no tardo en dejarse llevar. Dándole una rápida mirada a los otros dos que habían estado unos minutos en el mismo lugar, siguiéndoles con lentitud. A travesar las puertas y ver como la gente les observaba, solo hicieron que tragar saliva. El pasillo era un poco largo, no demasiado pero lo suficiente como para ver algunas parejitas hablando en cotilleos entre sí, alejadas unas de otras. La luz esta vez era de un color azulino que acentuaba con las paredes negras. Había dos caminos, pero el pelirrojo había tomado el de la derecha. Por lo visto nadie pasara por el de la izquierda, pues se encontraba vacío.

La música llego a sus oídos como un eco y entonces una cortina roja se dio a ver frente suyo. —Por cierto, mi nombre es Roy. Dejo los modales al final. —El hombre de largos cabellos río y corrió la cortina. Un montón de gente bailando había tras ella, varias barras de licor, algunas jaulas que colgaban –Unas más abajo que las otras–, el rojo y negro predominaba allí.

—Vaya… —No pudo evitar decirlo.

—Lo sé, nuestro jefe quería que todo se viera sensacional. El primer piso, como ven, tres barras y una pista completa de baile, central, el puesto de DJ y ah, algunos asientos. Segundo piso, asientos amueblados para mejor comodidad, cuatro barras y claro, allí pueden bailar pero no sentir como se frotan contra ustedes. Tercer piso… Creo que es más para parejas o reuniones más… ya saben.

—Placer. —Intervino Dick por primera vez y Roy, solo le sonrió de medio lado.

—Exacto. Como sea, el cuarto piso esta fuera de su alcance, solo para quienes trabajan aquí o son invitados del jefe.

—No es que nos intere–

—Lo sé, pero es solo precaución. Como sea, los dejare seguir.

—Espera, estamos celebrando el cumpleaños de —Fue señalado por una de las finas uñas de la rubia.

Roy parpadeo un par de segundos y asintió rápido —Vale, mandaré un mensaje de texto. ¿Qué les parece si van al segundo o tercer piso? El primero es para los del común.

Wally bufó pero aquello no molesto al otro taheño, quien solo guiño y se alejó de ellos por el mismo camino. — ¿-se puede saber que les pasa? —Cuestiono una vez estuvieron solos y caminaron por en medio de algunas personas. Buscaban las escaleras.

—Hoy venimos a celebrar, hermanito. Estaremos de mejor ánimo. Lo verás. —Ese era un claro: Hablamos después.

— Allí están. —Sintió de nuevo el tirón en su extremidad, por lo visto Stephanie tenía pocas intenciones de saber de lo que había sucedido minutos atrás.

Él no podía estar más de acuerdo.


To be continued...