Disclaimer: Nada del universo Harry Potter o de su autora J.K. Rowling me pertenece.
Bueno! Aquí estoy con otro episodio. Antes de comenzar, quisiera dar las gracias a AnneLilithHealen y a FaoHHr por vuestros reviews, que me han animado a subir otro capítulo más. Me alegra muchísimo que os haya gustado y os agradezco enormemente y de todo corazón que hayáis ocupado un ratito de vuestro tiempo para escribirme un review, ¡sois geniales! Y animo a todos aquellos que quieran a dejarme un review, ya que me animaría muchísimo y me serviría para aprender.
Un beso y gracias! Disfrutad del episodio. (K)
II
Preocupación
Me senté en un banco de piedra y mármol que se encontraba fuera del recinto, demasiado mareada como para seguir corriendo. Todo había pasado demasiado rápido: de estar sólos, habíamos pasado a estar rodeados por muchísimas personas que se habían percatado de la presencia de Harry Potter. Y todas aquellas personas habían pinchado con el alfiler de la curiosidad la burbuja de intensidad que se había creado alrededor de nosotros dos. También nuestra conversación había sucedido de manera muy repentina, pero, para mi, todo había surgido de manera muy natural, como si nos conociesemos de toda una vida, como si fuésemos uno, como si nuestras mentes y nuestras almas hubiesen estado sentenciadas a intercambiar esas palabras desde que nacimos.
Nunca había hablado así con un hombre. Había intercambiado opiniones, compartido palabras, pero muchas veces con un muro sentimental llamado amistad que se ubicaba siempre como mero intermediario y que no dejaba caminar más allá a cada corazón. Pero lo que había sentido cuando él puso una mano en mi espalda, cuando él me miró, cuando él me había halagado, eso jamás lo había imaginado mi corazón. Fue tan intenso como real.
Pero huí de la peor de las maneras: corriendo, intentando alejarme del tumulto, de las voces, de las preguntas sin sentido, de las miradas evaluativas de las mujeres, de arriba a abajo, curiosas, y de los hombres, que intentaban visualizar mi rostro más allá de la multitud. Sin embargo, entre tantas miradas, la única que se había quedado clavada en mí y en mi alma había sido la de Harry. Una mirada de perdón, de súplica, de que lo comprendiese. Pero si no me comprendía a mi misma, difícilmente iba a poder comprenderlo a él.
Una voz suave y femenina me sacó de mis más profundos pensamientos.
-¿Hermione? - me di la vuelta y era Luna. Me miraba con pena y comprensión, seguramente ya se habría percatado de lo que había sucedido en la pista de baile. Pasó una mano por mi hombro y se sentó a mi lado en el banco de piedra y mármol. Tomó mi mano y me miró. - Harry me ha contado lo que ha sucedido… Imagino que debe de haber sido todo…demasiado impresionante para ti. Tranquila, ya estás conmigo.
Sin poder evitarlo, una lágrima rodó por mi mejilla. Era increíble que ese aluvión de sentimientos tuviera lugar dentro de mi, pero en efecto, así estaba pasando. Rápidamente, Luna limpió mi lágrima y esperó pacientemente a que yo tuviera la fuerza suficiente como para contarle lo que estaba pasando en mi interior, la lucha que mi corazón y mi mente estaban teniendo. Sabía que podía confiar en ella.
-No sé que es lo que ha pasado - dije, entre susurros - de pronto, lo vi y … sentí que todo mi mundo temblaba y no entiendo por qué, Luna, ¿qué está pasando conmigo? Y todas esas personas, acosándonos y…
-Tranquila, Hermione, calma - me dijo, pasando una mano por mi pelo, que seguía intacto gracias a su hechizo - ahora no vas a poder llegar a ninguna conclusión y yo tampoco, la verdad. Creo…que será mejor que volvamos a casa. Ha sido una noche muy intensa para ti.
-Pero, ¿tú? Deseabas ver a Ron con todas tus fuerzas y ahora yo… - me sentía culpable. No quería estropear la noche a Luna, no a ella, que apenas podía ver a su pareja y que aprovechaba esas pequeñas oportunidades que la vida (y el trabajo de Ronald) le regalaban para verlo y estar con él, convirtiendo horas en ratos felices y auténticos. Pero Luna negó con la cabeza y trató de calmarme nuevamente.
-Puedo ver a Ron otro día. Además, el sabe que tú ahora necesitas mi ayuda. Será mejor que nos vayamos ya, antes de que más metiches quieran investigar cosas que no son.
Me ayudó a levantar y juntas fuimos caminando hasta un paraje cerca del río, donde esperaban los coches y alguna que otra pareja indiscreta coqueteaba y se besuqueaba sin importarle las opiniones de la gente que pasaba por allí. Fuimos hasta el coche, donde el chofer esperaba fuera.
-Una larga noche, ¿verdad? No se preocupe, ya volvemos a casa.
Durante el camino de vuelta, miré por la ventanilla del coche, sin pensar en nada. Quizá mi reacción había sido desmesurada, o quizá no, quien sabía. Lo cierto era que tendría que haberme despedido de Harry o tratarlo de otra manera, pero ya era tarde para remordimientos o para arrepentirse absurdamente, pues ya nada se podía hacer. Ya había actuado y no podía volver atrás.
Sin embargo, resonaban en mi cabeza sus palabras, su halago y su forma de mirar. Pero tendría que olvidarme de eso para siempre, porque no era seguro que el destino volviera a unirnos ni mucho menos a permitirnos mantener una conversación de nuevo.
Al llegar a mi casa, Luna se bajó del coche para acompañarme hasta la puerta. Me dio un fuerte abrazo y cogiendo mis manos, dijo:
-Ron va a quedarse unos días más, aprovechando que comienza septiembre y le pueden dar unos días de descanso en su trabajo. Teníamos planeado un picnic en la pradera, por si te apetece venir. Ya sabes que sería un honor para mi - dijo ella, sonriéndome.
-Me encantaría - contesté yo, sonriéndole también, aunque en mi caso, la sonrisa no me llegaba a los ojos. Es más, casi no aparecía dibujada en mi boca.
-Ahora descansa, lo necesitas. Ya hablaremos sobre lo del picnic. - dijo Luna y tras una última sonrisa, volvió al coche y se marcharon, desdibujandose entre la penumbra del horizonte.
Entré a mi casa y rápidamente me desvestí y lavé mi rostro. El peinado seguía intacto cuando fui a dormir, aunque decidí recoger mi pelo en una trenza. No sabía por qué, pero cuando estaba triste, me gustaba hacerme trenzas, de alguna forma me relajaban. Apagué el candil de mi habitación y me recosté en la cama, dejando que entrase la pálida luz de la luna por la ventana. Aunque pensé que tardaría mucho más en dormirme, una vez que estaba acostada me di cuenta de cuan agotada estaba, así que me dormí enseguida.
A la mañana siguiente, escuché un ligero toque de dedos en la puerta de mi dormitorio.
-¿Hermione? ¿Puedo pasar? - era la voz de mi madre.
-Sí, claro, pase madre - dije, mientras me ponía encima del camisón la bata de dormir. Mi madre entró con una bandeja de desayuno, que traía un zumo de naranja y unas galletas, además de un poco de pan. Dejó la bandeja encima del tocador y se sentó frente a mi en la cama, sonriéndome.
-¿Qué tal anoche? - me preguntó, con alegría. En aquel momento, me debatí entre contarle la verdad o fingir haciéndole creer que nada había pasado. No quería preocupar a mi madre demasiado y sabía que si le contaba todo lo que me había sucedido ayer, terminaría preocupándola más de lo debido, así que mi batalla interna la ganó la mentira.
Nunca había mentido a mi madre, es más, sabía que no debía de hacerlo, pero en aquel momento, la situación lo apremiaba y no podía decir otra cosa. Si le decía la verdad… no sabía como podía reaccionar. Y no era que yo desconfiase de mi propia madre, ni mucho menos, pero hay ciertas cosas que una no sabe como explicar.
-Todo muy bien, madre. La verdad es que fue una fiesta fantástica - respondí, intentando crear una sonrisa en mi rostro y una situación de aparente armonía conmigo misma.
-Ayer te sentí llegar muy pronto. Apenas eran las doce. ¿No llegaste a ver los fuegos artificiales? - preguntó. Había olvidado por completo los fuegos artificiales que se tiraban en la Fiesta de Verano, que despedían la estación y daban la bienvenida al otoño.
-Verá madre es que me dolía mucho la cabeza - inventé, rápidamente - Usted sabe, no estoy muy acostumbrada a esos eventos y había mucha gente.
Mi madre soltó una pequeña risa, muy suave. Parecía haber creído en mi mentira, y algo me reconcomió por dentro. No me gustaba inventar tantas cosas y no era bueno, pero en aquel momento, era lo justo.
-Lo sé, hija, lo sé. Bueno, no te preocupes por nada. ¿Por qué no desayunas y descansas un poco más? Y no te preocupes por las tareas del hogar, ya de eso me encargo yo. Un día es un día.
Decidí hacer caso a mi madre. Cuando ella se disponía a marcharse de mi dormitorio, recordé todas las sensaciones que habían tenido lugar en mi interior cuando había visto a Harry por primera vez, y la sensación de inquietud y pavor que me absorbió. Decidí que tenía que preguntarle a mi madre acerca de todas aquellas emociones que ella vivió en su tiempo, y comprobar si era normal sentir miedo o nerviosisimo.
-Madre - dije, deteniéndola en su intento de abandonar mi cuarto - necesito preguntarle una cosa.
Se giró hacia mi. En su rostro maternal había total tranquilidad y ningún gesto de preocupación, así que supe que podía preguntarle todo lo que necesitase saber acerca de mi misma y aquel nuevo sentimiento.
-¿Recuerda la conversación que tuvimos hace un tiempo? Sobre lo que se siente cuando ve por primera vez una mujer a su amor verdadero.
-Ah, sí, la recuerdo - dijo ella, sonriendo y volviendo a acercarse a mí. Se sento de nuevo en la cama y tomó mi mano - ¿Qué es lo que te preocupa sobre eso?
-Quisiera saber…si cuando usted conoció a mi padre sintió miedo.
Mi madre me miró sin entender. La interrogación se reflejó en su cara, no parecía comprender por qué motivo el amor tenía que estar relacionado con el miedo y lo cierto es que yo tampoco. Tras unos minutos en silencio, mi madre, quién parecía ausente repentinamente, pareció tener una respuesta a mis dudas.
-¿Sabes, hija? A veces, cuando los sentimientos son muy grandes, tenemos miedo. Son sensaciones que no sabemos controlar, o eso creemos, y que nos asusta el resultado que podamos obtener de ellas si las dejamos libres, como el viento. - acarició mi mano y sonrió - Es más que evidente que para amar a alguien es necesario conocerle en profundidad - repuso - pero no es necesario conocer a alguien para que nuestro corazón sepa que es la persona. - finalizó, con misterio.
Me quedé un tiempo en silencio, intentando dosificar las palabras que mi madre acababa de decir. Quizá era cierto que la impresión al ver a Harry, sin saber que era propiamente Harry Potter, había sido enorme y en aquel momento no comprendía por qué, aunque tras pensarlo fríamente, podría deberse a la señal que tu corazón te envía cuando él reconoce a su alma gemela, pero no quería terminar de creer en esa teoría.
-De todas formas - dijo mi madre de nuevo, sacándome de mis más profundos pensamientos - el corazón no se equivoca. Si esa persona a la cual estoy segura viste ayer …-alcé la mirada con miedo, como el niño al que su madre pilla con las manos en la masa tras haber roto un jarrón. ¿Cómo se había dado cuenta mi madre de que había conocido a alguien? - … es la persona que estará a tu lado siempre, volverá. Te lo aseguro.
Tras decir esas palabras, se volvió a levantar de la cama y se marchó de mi dormitorio, dejándome a solas conmigo misma y mis pensamientos. "Volverá". Entonces Harry no era "la persona", porque seguramente estaría en esos momentos tomando un tren para marcharse donde sea que viviese, tras haber conocido a otra mujer bellísima durante la Fiesta de Verano y ni siquiera se acordaba de mi nombre. Sí, eso era lo más probable, lo que podía estar sucediendo en aquellos instantes, motivo por el cual yo tendría que olvidarme de aquellos pensamientos alocados (y por ende, de la Fiesta de Verano) y retomar mi vida justo en aquel pequeño punto donde la había dejado: alrededor de libros, docencia, magia y una única gran amistad, Luna, y el cariño de mis padres.
No había nada más para mi más allá. Tendría que sacar con agua caliente todos los pensamientos que tuviese sobre Harry Potter y comprender que yo solo sería una admiradora entre tantas, una de esas que le envíaban postales con fotos de lugares exóticos, como Marruecos, y que él no leía, puesto que recibía tantas que no tenía tiempo. Una de tantas mujeres que pensaban en él cada noche, en la soledad de su dormitorio, deseando ser y estar enamoradas.
Cuando terminé de desayunar, me levanté y me di un baño. Luego, me vestí con una falda de raso y una blusa marrón y bajé las escaleras, dispuesta a reunirme con mi madre nuevamente. Sin embargo, el timbre sonó y desvié mi camino hacia la puerta del recibidor. Seguramente sería Luna, que querría saber como me encontraba después de la fatídica noche anterior o quizá el cartero, o el panadero, o quizá alguien que se había equivocado.
Podían ser tantas personas…pero nunca esperé que fuera él.
Cuando abrí la puerta de mi casa, me encontré al otro lado con un enorme ramo de rosas rojas y blancas, unidas por un lazo azul. No se veía a la persona que las portaba, debido a la gran magnitud del ramo. Me quedé sorprendida por tan inmenso ramo de flores y lo tomé en mis manos, para luego ver la persona que me lo había regalado.
Harry Potter estaba en la puerta de mi hogar con un inmenso ramo de flores.
-Señorita Hermione - dijo, con una sonrisa. Una sonrisa. Como si nada hubiese sucedido la noche anterior, como si todo hubiese sido felicidad cuando la realidad era que lo sucedido se había convertido en un perfecto caos. - Me alegro de haber dado con su casa a la primera.
Mis ojos estaban abiertos de par en par y mis manos temblaban mientras sostenía el ramo de rosas rojas y blancas. No podía ser. Aquello no podía estar pasando, debía de ser un sueño, producto de mi imaginación o quizá había bebido el champagne muy rápido como Luna me había dicho la noche anterior y estaba empezando a ver imágenes de fantasía a mi alrededor. ¿Cómo era posible que se acordase de mi nombre? ¿Por qué estaba allí, con un ramo de flores, contento de verme? Más que alegría, sentía de nuevo aquel horrible pavor que me había invadido la noche anterior y que me hacía enmudecer.
-No va… ¿a decir nada? - preguntó, mientras juntaba sus manos por delante de su torso y me miraba con expectación. En sus ojos había un leve brillo jovial, parecía una persona que a pesar de las desavenencias que le había tocado vivir seguía teniendo un espíritu alegre y luchador. Y ahí estaba, esperando por una respuesta mía. Finalmente, decidí que no podía pasarse todo el día ahí, frente a mi, contemplandome y esperando a que yo dijese algo. Así que tomé aire profundamente.
-Señor Potter yo… le agradezco mucho este ramo, pero no era necesario. - susurré. No sabía (o no quería saber) por qué aquel hombre se llevaba consigo mi voz, como si de un hechizo se tratase. Apagaba todas mis fuerzas, me dejaba débil, como una pluma frente a una llama de fuego.
-Por supuesto que era necesario - dijo, con energía - Mire… sé que anoche se quedó bastante consternada por lo sucedido. Usted solamente era una muchacha que quería divertirse en la Fiesta de Verano y yo hice de su celebración un completo funeral.
Lo miré profundamente. En su rostro había culpa y desolación. Parecía realmente afectado por el gran tumulto de gente que se había agolpado a nuestro alrededor la noche anterior.
-De verdad, no tiene de qué preocuparse. Yo también exageré las cosas. Soy yo quién debe de disculparse, me fui sin despedirme y … dejándolo sólo.
-Creame que la entiendo - dijo, cortesmente. - Y si no es mucho pedir, me gustaría enmendar mi culpa e invitarla a …
-¿Hermione? ¿Qué sucede? - era la voz de mi madre, que apareció repentinamente tras de mí. Su rostro no parecía contento, sino más bien inquieto y ávido de respuestas. Miraba con desaprobación el enorme ramo de flores y también a Harry, como si hubiese algo en él que no terminaba de gustarle, algo que no le encajaba en la situación o en su perfecto mundo completamente estructurado. Antes de que yo pudiera decir nada, Harry se me adelantó. No pude evitar lo que sucedió después.
-Buenos días, señora y disculpe que haya venido a su casa así, sin avisar primero. Pero anoche me quedé muy preocupado por su hija y quise venir a ver como estaba. Verá - comenzó a explicar, puesto que mi madre lo miraba sin entender. Miré a Harry con súplica, intentando que comprendiese en mi mirada que no tenía que seguir diciendo nada más, pero él no me devolvía la mirada - anoche conocí a su hija gracias a unos amigos, Luna y Ronald. Mientras bailábamos, una multitud de gente se agolpó a nuestro alrededor y su hija se sintió agobiada y se marchó, no pude volver a verla en toda la noche para disculparme. Por eso estoy aquí, yo soy…
-Sí, sé quien es usted, perfectamente. - le cortó mi madre, con cierto deje despectivo en su voz. La miré sin comprender. Ella nunca había hablado así a nadie, y menos a una persona no tan desconocida como Harry. Aunque quizá su carácter se había tornado a enfadado debido a que había descubierto mi mentira. - Pero no se preocupe más, yo cuidaré de mi hija. Le agradezco mucho su visita, pero tome sus flores - dijo mi madre, cogiendo las flores de mis brazos y devolviéndoselas a Harry, el cual miraba estupefacto la escena. - Adiós, buen día.
Antes de que Harry pudiera despedirse, mi madre cerró la puerta con fuerza y se mantuvo de cara a la misma durante unos minutos, mientras yo la miraba, temblando de miedo. Mi madre nunca se habría comportado de esa manera y temía lo que pudiera pasar conmigo en ese instante.
-Madre…yo…¿por qué ha hecho eso? - dije, pero no pude decir nada más, porque en el momento en que se giró, su mano ya estaba golpeando mi cara con fuerza. Era la primera vez que mi madre me daba una cachetada, la primera vez que me levantaba la mano. Había estado mal que yo le mintiese, eso lo sabía y me arrepentía por ello, pero no entendía por qué ese cambio de actitud.
-No no, ¿por qué has hecho eso tú? - me dijo ella, mirándome con furia. - ¡Me has mentido, Hermione! Estuviste con un hombre anoche en la Fiesta y no fuiste capaz de contármelo. ¡Por eso tu pregunta sobre el amor verdadero! - dijo, con cierta burla. Se me hizo un nudo en la garganta que, de un momento a otro, se desataría en lágrimas si no me controlaba. - ¿Qué es lo que pensaste en el momento en que te acercaste a él, Hermione? ¿Ser la querida de él? ¿Una más entre tantas admiradoras? ¡Debiste dejarte respetar!
En aquel momento consideré que mi madre estaba excediendo los límites. Harry y yo simplemente habíamos compartido un baile y yo me había marchado, agobiada por el exceso de gente que se había agrupado alrededor de nosotros. Y él había tenido el bonito, pero errante gesto de venir hasta mi casa con unas flores a disculparse. Pero yo no era ni la "querida" ni la "admiradora", simplemente era una mujer que había sentido su corazón encoger ante la presencia de un hombre y que no había sabido manejar sus sentimientos.
-¡Se equivoca, madre! - dije, anteponiendome a ella con fuerza - Yo… yo no soy la querida de nadie. Harry y yo sólo bailamos, como lo pudo hacer mi padre y usted en su tiempo, nada más. No me juzgue de esta manera, por favor… - susurré, intentando no llorar delante de ella.
Mi madre me miró. En su cara no había gesto alguno de compasión, más bien parecía cada vez más enfadada y más terca que nunca. Tras un gran rato de silencio, dijo:
-No quiero volver a verte cerca de él. Ni que él vuelva a rondar esta casa.
Entonces se marchó, dejándome sola en el recibidor. De repente, el aluvión de lágrimas que había intentado contener en mi interior salieron disparadas hacia fuera a través de mis ojos y rodando por mis mejillas, desbordándose, corriendo con la misma desesperación de quien intenta huir de un grave peligro. No comprendía por qué mi madre había reaccionado de esa manera, pero si había entendido su terrible mensaje : lo mas probable era que Harry Potter fuese así con cada mujer que conocía y que yo no era la única en su vida.
Me senté en el suelo y abracé mis rodillas, hundiendo mi cara entre las piernas. Tenía un debate interno, una lucha entre el recuerdo mágico, vivo e intenso de Harry y sus flores, y la pesadumbre, la tristeza y el dolor de mi madre golpeando mi cara con fuerza.
Tras varias horas llorando sin descanso en el recibidor y sin recibir ningún gesto de consuelo, recibí una carta acompañada de una lechuza. Cuando cogí la carta, vi la letra desenfadada de Luna. Abrí el sobre y vi que se trataba de una postal, con una foto de una parque muy famoso de la ciudad de Londres, el Holland Park, conocido por su gran tranquilidad y por ser el sitio donde surgen todas las relaciones de amor. Para mí, era un parque hermoso a la par que majestuoso. Giré la postal y ví el pequeño mensaje que Luna había escrito para mí:
Hermione, espero que estés mejor. ¿Recuerdas el picnic que te comenté? Ronald y yo esperamos que vengas. Te recogeremos el domingo a las 11:30 en tu casa. No te preocupes por llevar nada, ya nos encargamos nosotros de todo.
Te quiere, Luna.
Lo cierto era que se me había olvidado por completo la idea del picnic, pero resurgió en mi interior como un aliciente de esperanza para escapar por un momento del profundo pozo en que se había convertido mi casa. Deseaba ver a Luna de nuevo y explicarle en persona lo que Harry había hecho, quería estar frente a frente con ella y ver su rostro escuchando cada una de mis palabras, contemplando sus reacciones ante cada palabra.
Los días hasta que llegó el domingo se hicieron largos y funestos. En mi hogar se había instalado cierto aire de desventura, un ambiente apagado y hostil en el que se compartían pocas palabras. Ni siquiera mi padre hablaba mucho al volver del trabajo, algo poco habitual en él, que solía contar todos los casos que había tenido que curar durante el día: dientes torcidos, muelas sacadas de sitio, dolores mandibulares…siempre nos deleitaba a la hora de la cena con distintas experiencias sobre su trabajo que dejaban poco espacio para la imaginación. Pero en aquella semana, durante la hora de la cena (la única que compartíamos todos juntos en familia) no se escuchaba ni el zumbido de una mosca, ni el ulular de un búho y el silencio y la tensión se podían cortar con un cuchillo.
Antes del domingo, apareció por mi casa el muchacho que, con su bicicleta, llevaba los periódicos para magos a todos los hogares de la zona. Aquella mañana del sábado yo me encontraba sóla en mi casa, pues mis padres habían aprovechado para dar un paseo juntos por la ciudad, como hacían muchas parejas de su edad en aquel tiempo: tras el trabajo y los hijos, disfrutaban de la vida que la edad adulta les había proporcionado, deleitándose con los más bellos parajes de la ciudad y reflexionando sobre lo que había sido su vida hasta ahora. El joven paró su bicicleta frente a mi, y me sonrió.
-¡Buenos días, señorita! Buenos días tenga usted. Es bueno estar informada siempre de lo que acontece en nuestro mundo ¿no cree? Aquí tiene. - me tendió el periódico y se marchó sin siquiera esperar la propina. Desdoblé el papel y me encontré en primera plana con la fotografía del único hombre que me hacía temblar. Harry Potter aparecía en primicia en el periódico El Profeta del fin de semana. Sobre su fotografía, aparecía el titular y la noticia, firmada por una mujer, cuyo nombre era Rita Skeeter:
A 9 de Septiembre de 1935. HARRY POTTER, EL MÁS GRANDE MAGO DE NUESTRO SIGLO, VISTO EN LA FIESTA DE VERANO DE LONDRES.
Con mucha dicha y alegría, la Fiesta de Verano de Londres congrega a jóvenes de todas partes del Reino de las Islas Británicas. Esta maravillosa fiesta resulta atractiva para muchos magos, y no fue excepción para el grandísimo, el inigualable, Harry Potter, el niño que vivió.
El que sobrevivió fue visto muy elegante en la fiesta, acompañado de unos amigos y también de una bella y sorprendente muchacha, la cual desconocemos su nombre y su origen, pero con la que bailó durante toda la noche. Sin embargo, la joven desapareció sin dejar rastro…
Dejé de leer y rompí el periódico por la mitad. No quise saber nada más. Ahora todo Londres mágico sabía que una joven había bailado con Harry Potter y esa joven era yo. La pesadumbre cayó sobre mis hombros nuevamente, además de recordarme mi mente las palabras acusadoras de mi madre, ordenándome que no volviese a juntarme con el señor Potter.
Finalmente, el domingo llegó y a las 11:30 Luna ya esperaba por mí en la puerta, acompañada de Ron y con un coche Ford Chevrolet rojo del año 1934, distinto al que nos había llevado a la Fiesta de Verano. Seguramente sería de Ron. Luna me sonrió amablemente.
-¿Estás lista para el picnic? - me preguntó, con ternura. Le devolví la sonrisa y me dispuse a salir, pero mi madre apareció tras de mi, mirándome con severidad.
-Hermione - me llamó y con señas me pidió que me acercase a ella. Cuando estuve a su lado, noté la mirada curiosa de Luna, pero la evité - Espero que no hagas nada de lo que puedas arrepentirte y que pueda dañar…tu imagen. - me advirtió mi madre.
-Descuide - dije yo, sacudiendo la cabeza. Mi madre nunca había sido tan estricta, pero quizá ese era el precio de la mentira. Tras darme un beso en la mejilla y despedirnos, me subí al coche con Ron y Luna, y él arrancó la marcha. Luna se sentó delante, en el puesto de copiloto y yo detrás, observando el paisaje. Durante el camino, ella se giró hacia mi y no pudo evitar preguntarme la duda que yo sabía que le rondaba la cabeza desde hacía unos minutos.
-¿Ocurre algo con tu madre? Otras veces es más alegre - comentó. Aunque me daba algo de pudor la presencia de Ron para explicarle mis problemas sentimentales a Luna, no iba a tener otra oportunidad de hacerlo, así que comencé a contarle todo, desde la visita fortuita de Harry, el detalle de las flores y sus palabras, hasta la discusión con mi madre y su terrible reacción al saber que había conocido a Harry Potter.
-Compréndela, tiene preocupaciones propias de una madre. Harry es un gran hombre y dudo mucho que haya hecho todo esto sin tener un verdadero interés - cuando Luna pronunció esas palabras, sentí que mi corazón vibraba instantáneamente - pero estoy segura que ella se comporta así porque quiere que tengas una vida tranquila, una calma que quizá Harry no pueda ofrecerte.
-Ni siquiera estaré con Harry - dije yo, rápidamente - no seré su esposa, ni su prometida, ni su amiga. Esto ha sido un error y así debe quedarse. - finalicé yo, evitando cualquier tipo de pensamiento o sueño que rondase por mi cabeza. Reafirmé las palabras que había dicho en mi cabeza. Eso era Harry, un personaje de la época y así debería seguir siendo para mí, nada más que eso.
-Eso dices ahora - dijo Luna con sorna - pero cuando reaparezca en tu vida, te darás cuenta de que es demasiado tarde para echarla de ella.
Llegamos al Holland Park, el lugar donde haríamos el picnic. Era un parque precioso: los grandes árboles frondosos bordeaban un camino de hierba que desembocaba en un lago, donde la gente, a su alrededor, ya había colocado sus mantas y había empezado a comer. Había muchas familias con niños y muchas parejas, tomadas de la mano. Nos sentamos en un huequecito que había libre, justo a la sombra de un ciprés enorme y al lado del lago. Luna sacó de su bolsa toda la comida y Ron hizo aparecer discretamente un tocadiscos portátil.
-¿Qué sería de la vida sin música? - comentó él, entre risas. En el tocadiscos empezó a sonar música de charleston y alguna que otra canción con letra. Respiré hondo y me recosté en la manta. El ambiente era tranquilo y se respiraba tanta paz en él que quería quedarme a vivir allí para siempre.
Empezamos a hablar de todo un poco: de nuestras preocupaciones en la vida, de nuestro futuro, del trabajo y de nuestro pasado. Sin embargo, Ron dijo algo que me llamó mucho la atención.
-Ojalá esta paz fuera para siempre.
-¿Qué quieres decir? - dije yo, sentándome en la manta. Por supuesto que la paz sería para siempre. La Primera Guerra Mágica, iniciada en 1914, había terminado hacía 17 años, y desde entonces el mundo mágico respiraba armonía y tranquilidad. Las gentes iban de un lado para otro, disfrutando de la segunda oportunidad que les había brindado la vida, de las fiestas, de las reuniones sociales, traían d hijos al mundo, por si acaso, paseaban bajo el atardecer y disfrutaban sentados al porche. Nada podía rasgar esa felicidad, a pesar de la grave crisis económica que se estaba viviendo, ya que al menos, no había violencia en las calles, y el hijo podía salir por la noche y volver horas después sin preocupar a sus padres.
-Oh, ¿no te has enterado? - dijo Luna - bueno, lo cierto es que yo me entero de muchas cosas gracias al trabajo de Ron como auror. Verás…parece ser que el Señor Oscuro ha regresado y se ha apoderado de la escuela Zauberkunst de magia, en Alemania. Quiere… restablecer un nuevo orden mundial a raíz de la magia oscura y terribles encantamientos y por supuesto, el quiere ser quien gobierne ese mundo.
-Hogwarts y Beauxbatons han sido conciliadores con él hasta el momento, porque no ha atacado a nadie aún y lo que tiene son meras ideas. Pero si se le ocurriese derramar la sangre de cualquier mago o bruja inocente, atacarían y comenzaría otra… Guerra Mágica.
Miré a ambos con sumo terror. ¿Otra Guerra Mágica? A pesar de los años transcurridos, el mundo mágico todavía no estaba preparado para otra contienda como la Primera Guerra Mágica. El mundo no podía resquebrajarse otra vez, no podía volver a florecer el odio de nuevo en los corazones de los seres humanos. Además, se creía que el Señor Oscuro, o Lord Voldemort, había desaparecido tras la gran hazaña de Harry Potter, una hazaña que nadie sabía como había sucedido y que no tendría fuerzas…
Harry… su nombre resonó en mi cabeza y en mi corazón a la vez. Si Lord Voldemort había vuelto, entonces no dudaría en reencontrarse con Harry de nuevo, para intentar acabar lo que una vez comenzó… No, no eso no podía ser posible…aunque lo que había dicho Ron… derramar sangre de alguien inocente…
Sentí que mi corazón se encogía hasta rozar mi espalda y bombeaba nuevamente hasta casi salirseme del pecho, muy dolorosamente. No podía ser que todo eso fuera a pasar, estaba sintiendo verdadero pavor de sólo pensar en todo lo que el mundo podría perder si volviese a haber una guerra mágica.
-Hermione… ¿estás bien? Quizá ha sido mucha información de repente para ti, querida. - me dijo Luna, pasando una mano por mi hombro.
-Estoy… bien, no os preocupeís … -dije, intentando sonreír, pero no me salía la sonrisa. Estaba profundamente atemorizada y me costaba respirar. Realmente, no sabía que era lo que más miedo me daba, si el destino del mundo o el destino de Harry.
De repente, Ron levantó la vista con una sonrisa.
-¡Ah, ya viene! Por favor, cambiemos de tema, no me gustaría agobiarle más con esto… - dijo el pelirrojo, mientras se levantaba de la manta. ¿Ya viene? Pregunté para mi misma. Entonces vi a Luna sonreir y saludar con la mano y me giré lentamente.
Allí estaba de nuevo, Harry Potter, con un enorme ramo de rosas rojas y blancas.
