Disclaimer: Nada del universo Harry Potter o de su autora J.K. Rowling me pertenecen.

Muy buenas! Aquí os dejo con otro episodio más, un poco antes de lo esperado. No quisiera comenzarlo sin antes agradecer los reviews que he recibido durante la semana, sois un verdadero encanto (K). Además, quisiera dar las gracias también a aquellos followers que siguen mi historia, un besito enorme! Me encantaría conocer vuestra opinión, de corazón, así que dejadme algún review si os apetece ^^

Ahora, sin más dilación, os dejo con este nuevo episodio. Que lo disfruteis! (K)

III

Sentimiento

Harry Potter se acercó sonriente hacia nosotros y nuestro mantel cuando nos localizó con su mirada, de un verde profundo, siempre adornada por unas gafas redondas. Consideraba que Harry era un hombre bastante apuesto y su rostro, firme, reflejaba las crudas batallas por las que había tenido que pasar durante toda su vida. Sin embargo, aquellas gafas contrarrestaban cualquier tipo de actitud dura, puesto que le aportaban cierta niñez, a la par que la calidez de sus mejillas, siempre sonrosadas, mostraban ternura.

En la profundidad de sus ojos se podía ver, o al menos, observar, la plenitud de su alma. Un alma que dejaba entrever cierta nostalgia, quizá por aquello que más añoraba en su vida: la calidez de los brazos maternos o el consejo de un padre en el momento más apropiado. Imaginé que debía haber sido demasiado duro para Harry crecer en solitario y aún más con la carga que solamente su persona implicaba.

-Buenos días a todos - dijo, con una amplia sonrisa. Luego, miró directamente hacia mí y tendiendome el ramo de rosas rojas y blancas, me comentó - Señorita Hermione, esto es para usted. El otro día, cuando la ví, no pudo quedárselo… deseo que lo tenga.

Sostuvo el ramo de flores frente a mí mientras los pensamientos se agolpaban en mi cabeza. Recordé lo que mi madre me había dicho antes de salir, que no hiciese nada de lo que pudiera arrepentirme y quizá aceptar las flores de Harry era hacer precisamente algo de lo que pudiera arrepentirme. Pero sin saber por qué, mandó sobre mí el corazón aquella vez y mi mano tomó las flores.

-Gracias, señor Potter - susurré. Mis mejillas se tiñeron rápidamente de un rojo intenso. No podía evitar que mis nervios se trastocaran cada vez que Harry aparecía o me dirigía la palabra, como tampoco podía evadir el latido de mi corazón que resonaba tan fuerte como los pasos de un gigante sobre un suelo de piedra. Miré para otro lado mientras me embriagaba suavemente el dulce olor de las rosas, que se notaban frescas. Las gotas de agua rodaban por los pétalos y las hojas y se abrían ante mis ojos con la alegría y la vida propia de las plantas. Me sorprendió ver lo mucho que brillaban aquellas flores y Harry debió de percibir mi sorpresa, puesto que intervino.

-Figura Florem - susurró, con alegría - es un hechizo que permite que brillen de esa forma. Además se mantendrán intactas y no marchitarán…sólo hasta que usted lo decida - concluyó, con misterio.

Sonreí levemente. Unas flores que durarían toda una vida si yo lo quisiese, a no ser que utilizase Finite Incantatem y terminase con el encantamiento. Pero en el fondo, mi corazón no quería terminar con aquel hechizo, sino conservar aquellas flores por siempre.

Pero, ¿qué haría al volver a casa? Cuando mi madre viese el regalo de Harry, se tornaría aún más enfadada y severa de lo que estaba desde hacía varios días atrás. Algo dentro de mí influyó tristeza a mi cuerpo. Quería disfrutar de la visión de aquellas flores sobre mi mesa cada mañana, acariciar sus pétalos, admirar su belleza y su brillo cada día, no quería desprenderme de ellas ni del recuerdo de Harry.

-¿Cuándo tienes pensado volver a Liverpool, Ron? - preguntó Luna, rompiendo el silencio que se había establecido desde hacía unos segundos. Ron, que en aquel momento tenía una patata en la boca, tragó rápidamente y se puso un poco más colorado de lo normal.

-Este mismo martes, cariño - contestó él, con cierta pesadumbre. Luna también lo observaba, cabizbaja. - Ya sabes que no me gustaría volver tan pronto y dejar de vernos…pero será sólo un tiempo. Quizá consiga que me dejen trabajar aquí, en Londres. Y podremos vivir juntos.

-¿De verdad? - dijo Luna, con una gran sonrisa que iluminaba completamente su pálido rostro. Áquel era el sueño de Luna desde que había conocido a Ron y se habían enamorado, irse a vivir con él y formar una familia.

-Por supuesto, siempre y cuando…tus padres estén de acuerdo en darme su aprobación.

-Hablaré con ellos - comentó Luna, mientras se servía un poco de zumo - intentaré convencerles… ¡se trata de mi felicidad! - concluyó, entre risas. Ron también sonrió, al igual que Harry, que contemplaba la escena con ternura.

Mientras Ron y Luna hablaban de los miles de viajes que harían cuando estuviesen juntos y la de cosas que descubrirían en cada destino, reflexioné sobre las palabras de Luna. Su felicidad…sus padres debían comprenderlo y aceptarlo porque se trataba de su felicidad…Entonces, ¿por qué mi madre había reaccionado así? A pesar de que la fama que recaía sobre los hombros de Harry era bastante extensa, según Luna, parecía un gran hombre. ¿Por qué mi madre no era capaz de ver más allá de las habladurías, de los sobrenombres, de la fama? ¿Por qué no podía ver al hombre y ver lo que yo podía ver en él?

-Hermione - dijo Harry de repente, mirándome con profundidad. Su voz me sobresaltó, sacándome de mis pensamientos, pero intenté disimularlo rápidamente - ¿Le gustaría dar un paseo por el parque, conmigo?

Mi corazón volvió a latir de nuevo con fuerza. Dar un paseo por el parque suponía estar solos, lo que significaba que tendríamos que hablar de algo a solas. Por una parte, quería dar ese paseo, ver hasta donde era capaz de llevarme el destino y sus avenencias, pero por otra parte, se reflejaba en mi mente la imagen de mi madre, a la que no quería traicionar de nuevo una vez más. Sin embargo, deseaba con todas mis fuerzas estar con él un rato más, aunque fuese pequeño, aunque no fuese suficiente, así que acepté.

Nos levantamos de la manta y comenzamos a caminar un poco, a través del frondoso paseo de hierba y flores que conducía al lago. Caminamos durante un cierto tiempo, dejando atrás a las familias y parejas que llenaban el parque áquel domingo, hasta que llegamos a un paraje completamente solitario, que daba a una cascada y una laguna. Era un paisaje precioso y muy tranquilo, en el que sólamente se escuchaba el ligero cantar de los pájaros. Nos sentamos a los pies de un enorme árbol que proyectaba su gran sombra alrededor de si mismo.

Tras un pequeño silencio en el que no me atreví a mirar a Harry ni por una milésima de segundo, él habló.

-Quisiera disculparme - lo miré súbitamente, con los ojos muy abiertos, sin entender. - El otro día aparecí por su casa, sin avisar y … por lo que veo, le ocasionó un grave problema con su madre. Creáme que lo siento. - clavó sus ojos verdes en los míos, marrones y me sentí estremecer.

-No se preocupe…-susurré yo - y discúlpeme usted a mi también… Mi madre, yo…

-No diga nada más -repuso Harry, silenciándome - Eso ya es pasado - dijo, intentando tranquilizarme. - Ahora solo quiero saber sobre usted.

-¿Sobre mí? - dije yo, sorprendida. ¿Qué quería saber sobre mí? Yo no era una persona interesante o que tuviese un pasado de leyenda, como el de Harry. Había vivido cosas, por supuesto, pero no tantas como para ser contadas, ni tan importantes como para presumir de ellas.

-Sí. Quiero saber cómo es la joven con la que estoy hablando. Por lo que veo, muy introvertida - comentó, con cierto tono burlón, pero que no dejaba de tener un deje cariñoso y amable. Me sonrojé nuevamente.

-Sólo soy eso…introvertida. Pero por lo que veo, usted tiene mucha más historia que yo. - dije, intentando zanjar cualquier tema de conversación sobre mi.

Harry apoyó su cabeza en el tronco del árbol y miró hacia el cielo. Tras un largo suspiro, comenzó a hablar de nuevo.

-¿Yo? Solamente soy "el niño que sobrevivió" - dijo, restándole toda la importancia que, por supuesto, tenía ser "el niño que sobrevivió". Había derrotado al Señor Oscuro, al mago a quienes todos temían, siendo casi un recién nacido, mientras que muchos otros magos y brujas que se habían atrevido a hacerle frente a Lord Voldemort habían fallecido en el intento, conociendo todos los hechizos habidos y por haber que podrían destruir al más fuerte de los centauros.

-¿Sólo el niño que sobrevivió? Usted es más que eso. Es… leyenda. - dije yo, sin entender.

Harry realizó en aquel momento una mueca, en la que mezclaba amargura con cierto pesar.

-Ojalá pudiera no ser leyenda. Ojalá pudiera ser simplemente Harry. Como le dije el otro día…ser invisible.

-¿Lo dice por lo que va a pasar? ¿Por el regreso del Señor Oscuro? - pregunté, con curiosidad. Pero rápidamente, deseé no haber dicho nada y me maldije a mi misma, pues Ron había dicho antes que Harry estaba demasiado agobiado con todos los acontecimientos que estaban sucediendo al mismo tiempo en el mundo mágico, fuera del control de cualquier ser humano y condicionados al yugo del destino.

-Voldemort - repuso Harry - es su nombre. No le tema, Hermione. El mundo…ya no será más un lugar tranquilo. Podría evitar toda una guerra entre magos, entre familias, entre amigos… solamente si me entregase. Estoy seguro de que eso es lo que el quiere.

-¡Pero no puede hacer eso! - dije yo, con miedo. Según Ron, Voldemort no parecía estar buscando solamente a Harry, sino que tenía ansias de poder, ansias de controlar el mundo. Quizá para Voldemort, Harry solamente era…

-¿Por qué no? Podría evitar muchas cosas. - repuso, mirándome fijamente.

Bajé la mirada.

-Eso sería un sacrificio, Voldemort…está tratando de imponer sus ideales. - susurré yo, con miedo.

-Ideales que yo puedo impedir que se impongan. - dijo Harry, con valor. Lentamente, bajé la mirada hacia mis manos, que estaban temblorosas en aquel momento. De repente, vi como la mano de Harry se deslizaba hasta tocar la mía, la cual no retiré en ningún momento. Tenía unas manos cálidas y suaves, pero el toque no solo me transmitió eso. Hizo que toda mi piel se erizase y mis mejillas volvieran a enrojecerse. Aunque mi mente me pedía a gritos apartar mi mano del contacto de la suya, ésta hizo caso omiso. -Hermione - me llamó, y levanté la vista hasta encontrarme directamente con sus ojos, los cuales me miraban profundamente. - Voy a luchar. Eso es algo que tengo decidido. La muerte de mis padres no será en vano. Y es algo que tengo que enfrentar, no puedo seguir escondiéndome.

Tomé aire y lo solté lentamente. Luchar… luchar no tenía por qué ser siempre la opción definitiva. Quizá había algo más, quizá se podría dialogar, intentar hacer razonar a Voldemort de que las cosas en el mundo mágico estaban cambiando y que la gente no estaba dispuesta a recibir, por imposición, un nuevo dictamen.

-¿Qué está pasando exactamente? - pregunté yo, ávida de curiosidad. Necesitaba saberlo directamente, por su propia palabra.

Harry, sin dejar de coger mi mano, comenzó a explicarme.

-Hasta hace unos años, se creía que Voldemort no tenía el poder suficiente como para, por así decirlo, renacer de sus cenizas. - hizo una pequeña pausa - Sin embargo, volvió, cuando menos lo esperabamos. Creíamos que cualquier escuela lo rechazaría, dada su historia, pero Zauberkunst lo acogió en Alemania como uno más. En un principio, su director, Baumeister, le había dado asilo, pero Voldemort lo asesinó y se apoderó de su cargo. Confíamos en un primer momento, en que los alumnos y profesores de Zauberkunst lo echarían, pero lo que hicieron fue unirse a él y a su causa: liderar un mundo basado en las Artes Oscuras en el que él sería el principal gobernador.

-¿Y qué relación tiene usted con todo eso? - pregunté yo, con voz temblorosa.

-Es sencillo…Voldemort quiere terminar lo que empezó, hace 25 años. Nunca deja una tarea a medias. Y yo no seré la excepción. Además de querer ser una especie de…Dios, quiere acabar conmigo. Para siempre.

Cerré los ojos con fuerza mientras sentía un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Por supuesto que le tenía mucho miedo a Voldemort. Era un asesino en serie que era capaz de manipular las mentes de todo aquel que quisiera y de matar a sangre fría, sin importarle destruir familias enteras con tal de conseguir saciar su sed de sangre y de desprecio por la vida humana.

-Pero no se preocupe - dijo Harry, de repente, esta vez cogiendo con sus dos manos las mías - no será ahora, ni mañana. No digo que sea en mucho tiempo. Pero necesita prepararlo todo, a la par que nosotros también necesitamos hacerlo. Todos debemos estar preparados para luchar.

Me sentí congelada de repente, como si hubiese caído sobre mi un pesado cubo de agua repleto de hielo. No podía ser que volviesen a repetirse los errores del pasado, que se desencadenase una Guerra Mágica por el puro placer de Voldemort. Mucha gente sufriría, los niños, los mestizos, los hijos de muggles, los ancianos, los hombres y las mujeres y todo aquel que estuviese dispuesto a levantar su varita en un leve intento de salvaguardar la vida de aquellos a los que amaba.

Todo por la ambición, por el ansia de poder, por el estigma, por la venganza, por la maldad de un ser despreciable que se había convertido en la pesadilla de todo mago o bruja que existiese.

-Hermione… tenemos tiempo de ser nosotros mismos. - dijo de repente Harry. Lo miré sin comprender. ¿Qué había querido decir con aquellas palabras? ¿Qué significaba para él ser "nosotros mismos"?

-¿Qué quiere decir…? - susurré yo, todavía con mis manos entre las suyas, mirándole fijamente mientras trataba de ver en su rostro algún atisbo de lo que intentaba decirme.

Tras un largo silencio en el que solo se cruzaban nuestras miradas y nuestras manos, Harry respondió.

-No he podido parar de pensar en usted desde que la conocí, Hermione. - abrí mucho los ojos, intentando asimilar cada palabra de lo que había dicho. - Cuando la vi por primera vez en la fiesta supe que usted era diferente. Cada mirada suya, cada gesto, noté que era pura, distinta, que escondía un mar de pensamientos y de sentimientos en su interior. Quise evitar cada pensamiento, sus ojos o su voz, pero me di cuenta que no pude, que no podía luchar contra su recuerdo. Me di cuenta de que verla se estaba convirtiendo en una necesidad para mi, era y es una necesidad estar con usted, saber…de ti. - cambió repentinamente el trato formal por el tuteo, mirándome fijamente.

Me quedé mirándole mientras respiraba entrecortadamente, intentando comprender lo que estaba sucediendo. No podía ser cierto que aquel hombre que estaba frente a mis ojos estuviese diciendo que necesitaba estar a mi lado, que necesitaba verme y que no había podido apartar sus ojos de mi. Que mi recuerdo estaba en su mente constantemente. Mi corazón latía con la rapidez de un rayo y mis mejillas se sonrojaban cada vez más por momentos. Mi piel estaba erizada y mis pulmones no parecían recoger todo el aire suficiente para poder seguir viviendo, o al menos eso pensaba yo.

Yo también había sentido mi corazón pararse en un segundo cuando lo había visto por primera vez en la fiesta, cuando había sentido su mano en mi espalda, mientras bailábamos, o cada vez que me miraba. Sentir sus ojos en los míos se convertía en una caricia a cada momento que lo hacía, una caricia de la cual tenía miedo de recibir.

No había instante, no había día, ni noche, en la que Harry no apareciese en mis pensamientos, en la que su voz no quebrase mi corazón y rompiese la tranquilidad de mi sueño. Él estaba ahí, siempre ahí, a cada hora, a cada minuto, cada segundo de mi día a día era un constante recuerdo sobre él, un deseo que aumentaba con el paso de las horas y que no parecía querer abandonarme, jamás.

-Yo… - comencé a decir. Pero Harry me silenció.

-No digas nada, por favor. - dijo él. Entonces, soltó una mano de la mía y la pasó por mi pelo, apartándolo de mi frente y de mi cara. Luego, cerrando sus ojos, con su nariz acarició mis mejillas, primero una y después la otra, con la suavidad de una pluma. Cerré los ojos mientras sentía su caricia, y fue entonces cuando sucedió.

Fue entonces cuando, con lentitud, puso sus labios sobre los míos, dandome un lento y pequeño beso. Sentí escalofríos por todo mi cuerpo. Aquel era mi primer beso, la primera vez que mis labios rozaban otros labios. Percibí la suavidad y calidez de los suyos, como recorrían mi boca con calma, como cuando el poeta escribe líneas de amor, deslizando la pluma sobre el papel, dejando que la tinta fluya. Mi mente estaba en blanco, pero mi corazón estaba lleno de color. Era como estar flotando, como si nada existiese, como si en el mundo solo estuviesemos nosotros dos, sin importar nada más. Sin embargo, recordé todo de golpe, las advertencias de mi madre, lo que Harry me había contado, a Voldemort y que el mundo seguía rotando sobre si mismo. Me separé de él.

-Lo siento… - susurré yo, mientras el tenía su frente apoyada en la mía. Ambos teníamos los ojos cerrados, no parecía que nos atreviésemos a mirarnos el uno al otro después de lo ocurrido.

-Discúlpame tu a mi. No debí…haber sido así. Lo siento. - dijo, esta vez clavando sus ojos en mí.

-No es tu culpa. Es sólo que… aún no. - dije yo, mientras se formaba un nudo en mi garganta, pues un pensamiento recorrió mi mente. Quizá ese sería el primer y único beso que podría darle a Harry, dado todo aquello que podría suceder en un futuro, si llegaba a suceder.

-Comprendo - dijo él, volviendo a pasar una mano por mi mejilla. - Te buscaré - concluyó él, con aquellas enigmáticas palabras.

Nos levantamos de la hierba y abandonamos el cobijo que la sombra de aquel árbol nos había dado durante todo aquel tiempo y caminamos de vuelta al mantel en el que Ron y Luna nos esperaban, acarameladamente. En el tocadiscos portátil, cuando regresamos, sonaba una suave música de jazz, muy relajante. Ambos parecían risueños, hablando de la de cosas que podrían hacer en un futuro. Para ellos, nada parecía castigar el sueño de amor que existía entre ambos, ninguna fuerza iba a ser capaz de destruirlo por muy duros que fuesen los acontecimientos venideros.

Atardecía y comenzamos a recoger las cosas para marcharnos. Luna recogió el ramo de flores de la hierba y se acercó a mi, mientras Harry y Ron hablaban entre ellos animadamente.

-Creo que será mejor que lo tenga yo, imagino que sabes por qué… - dijo Luna, tristemente.

-Sí… -susurré yo, clavando mis ojos en las rosas. - será lo mejor.

-Pero siempre que quieras podrás venir a verlo. Lo cuidaré. - me aseguró, con una sonrisa tierna en su rostro, joven.

-Gracias - dije yo, abrazándola fuertemente.

-Algún día me contarás lo que pasó mientras estabais solos, ¿verdad? - dijo ella, con una ligera sonrisa que denotaba que se había dado cuenta de que algo había sucedido.

-Por supuesto - dije yo, con otra sonrisa.

Al volver a casa tras el picnic, me encerré en mi cuarto. Apoyándome en la puerta, pasé mi mano por mis labios, cerrando los ojos y recordando el beso que Harry me había dado. Había sido real, tan dulce como intenso. Pero quizá se había convertido en el sello de nuestra historia, en el final de la misma, porque nadie nos auguraba nuestro futuro destino. Nadie sabía que iba a pasar con nosotros el día de mañana, ni siquiera si volveríamos a vernos.

De repente, una lechuza toqueteó con sus patas mi ventana. Traía un sobre consigo, de un color blanco impoluto, pero que no tenía ningún remitente ni nada escrito por ninguno de sus lados. Abrí el sobre y de él cayó algo de color rojo. Cuando lo recogí, vi que era uno de los brillantes pétalos pertenecientes a las flores que Harry me había regalado. Cerré mi mano, guardando en ella el pétalo con todas mis fuerzas. Áquel sería el recuerdo que tendría de Harry, hasta que lo volviese a ver. No importaba que pasasen meses, que pasasen años. Tras ver el pétalo, todos mis pensamientos negativos se disiparon y tuve la certeza de que algún día, nuestros caminos se volverían a cruzar.

Desde aquel día, las semanas comenzaron a pasar rápido, al igual que los meses. El suave otoño dejó paso al invierno. Los árboles marrones se tiñeron del blanco de la nieve y la gente comenzaba a abrigarse. Las navidades de 1935 pasaron fugaces, apenas me dio tiempo a disfrutar de los villancicos, de los hechizos que recreaban los cielos nevados dentro de los hogares o de los regalos.

La relación con mi madre volvía a estar como al principio: cálida y sin asperezas. Parecía haber desconsiderado la idea de que Harry era una amenaza para mi o para mi integridad. Ni siquiera ella pensaba ya en Harry. Yo, sin embargo, seguía teniéndolo en mi mente y en mi corazón, cada día.

Sabía, gracias a las numerosas cartas que, en secreto, nos escribíamos, que él estaba en París ayudando a un grupo de aurores franceses a determinar ciertas estrategias para defender a los pueblos de magos, todo "por si algún día era necesario", según me especificaba en sus escritos.

Yo le contaba, por mi parte, que había retomado mis estudios en Docentia y que me preparaba para los exámenes, que ese año tendrían lugar en enero.

Todas las cartas de Harry terminaban siempre con el dibujo de un pétalo y debajo, mi nombre. Siempre ponía mi nombre para finalizar cada relato suyo, pues según me había confesado en una postal anterior, le encantaba la sonoridad del mismo. Y yo siempre me sonrojaba cuando Hedwig, su lechuza, aparecía en mi ventana.

Diciembre se fue veloz, dejando paso a enero. Los exámenes llegaron y aprobé todos con excelentes calificaciones, al igual que las pruebas prácticas, en las que tenía que transformar cosas muy dispares, como un elefante en una nube y un carruaje en un candil. Luna también había sacado muy buenas calificaciones y esperaba impaciente que Ron regresase de Liverpool de nuevo para volver a verlo. Según me había contado ella, esta vez Ron volvía para quedarse, pues había conseguido que lo trasladasen como auror a Londres. Los padres de Luna habían accedido a que viviesen juntos, no sin antes casarse, ya que era lo más correcto.

1936 entraba con fuerza para mi, que había logrado superar mis metas. Tan sólo me faltaban unos meses más para conseguir convertirme en Profesora de Transformaciones y si la suerte me sonreía, podría ejercer mi profesión en la escuela que tanto me había dado durante toda mi vida: Hogwarts.

La mañana siguiente de conocer mis calificaciones en la escuela Docentia, mi madre irrumpió en mi habitación con una gran sonrisa en su rostro. Me había dado la enhorabuena la noche anterior, al igual que mi padre, que últimamente había contraído una extraña enfermedad, pero que, como él decía, "no era muy importante".

-Hija - dijo mi madre, pasando una mano por mi cabello. Me encontraba sentada leyendo algunos libros sobre transformaciones y diversos hechizos que tendría que poner en práctica algún día mientras enseñaba a mis futuros alumnos. - Tu padre y yo hemos pensado en hacer una pequeña cena para celebrar tus calificaciones. ¿Qué te parece?

-Madre - dije yo, sonriéndole - no es necesario, de verdad. No se moleste. Podemos hacer algo discreto en casa, si quiere, e invitar a Luna…

-Ah, no hija. - dijo mi madre. La miré sin entender. Luna era como una hermana para mí y si había algo que celebrar me encantaba la idea de que estuviese a mi lado. - Tu padre y yo ya hemos pensado en los invitados.

-¿Qué invitados? - dije yo, sin entender.

-Verás hija… se trata de los señores Malfoy y su hijo. Ambas familias hemos establecido un contacto más íntimo en los últimos meses, y tanto a ellos como a nosotros nos gustaría que ambos, su hijo y tú, os conocieseis.

Evité la mirada de mi madre por un momento. ¿De qué se trataba aquella inventiva? ¿Se había convertido mi madre en una especie de casamentera? Entendía a qué se debían ese tipo de citas entre familias. Todo funcionaba para que los hijos de ambas familias se conociesen y tratasen de entablar algo más que una simple amistad, casi siempre por motivos de conveniencia para las dos familias.

-¿Qué te parece? - dijo mi madre, tras el largo silencio que se había establecido en mi dormitorio.

-No sé madre… no conozco al hijo de los Malfoy y quizá no sea una buena idea que…

-Ya están invitados hija. Así que no seas terca. - finalizó mi madre, dando por terminada la discusión. Se dispuso a irse de mi habitación y antes de marcharse, miró hacia mi. Sin decir ninguna palabra, retomó su camino y se marchó.

Me quedé estupefacta pensando en todo lo que mi madre acababa de decir. No tenía ningún interés en conocer al hijo de los Malfoy ni mucho menos a su familia. La curiosidad rondaba por mi mente en aquellos momentos. ¿Qué tendría esa familia que mi madre quería estrechar los lazos con ellos?

Sin duda, lo más probable era que mi madre consideraba al hijo de los Malfoy un perfecto partido para mi, alguien con quien asentar mi vida y formar una familia, pero nada más lejos de la realidad, porque la persona de la que estaba enamorada se encontraba lejos de mi en aquellos instantes y no podía estar a mi lado debido a los acontecimientos que podían darse en cualquier momento, de no extremar las precauciones necesarias.

Cerré los libros, cansada y hundí mi cabeza entre mis brazos, intentando encontrar respuestas a tantas preguntas que tenía en mi mente, pero no logré encontrar ninguna.