Disclaimer: Nada del Universo Harry Potter ni de su autora J.K Rowling me pertenece.

¡Buenas! Aquí estoy con un nuevo episodio. Ante todo quisiera pedir disculpas por la enorme tardanza, pero estaba en época de exámenes y tenía que darle prioridad a los estudios. ^^Muchas gracias a todos! (K) (K) (K) y no olvidéis dejarme un review para saber vuestra opinión que es 100% importante para mi! un beso (K)

V

Tiempo

Los días seguían pasando cada vez más rápido sin saber de Harry. Al menos tres meses habían pasado desde la última carta que le había enviado. Tres meses sin saber absolutamente nada de él, desconociendo si se encontraba bien o si por el contrario había caído en desgracia.

Sin embargo, no era mucho el tiempo que tenía para pensar en él, aunque lo recordaba cada noche antes de cerrar mis ojos, puesto que mi padre en los últimos días había sufrido una terrible recaída del tifus, la enfermedad que padecía, y lo había mantenido postrado en la cama del dormitorio de mis padres, sin poder moverse de allí.

Lo cierto era que me dolía el corazón cada vez que pensaba en mi padre, puesto que su estado de salud empeoraba por momentos y la pérdida podía ser inminente, algo que yo no quería por nada del mundo. Recordaba lo doloroso que había sido conocer la muerte de mí abuelo tras la Primera Guerra Mágica en 1914 y las lágrimas que mi abuela había derramado durante tanto tiempo. Incluso años después no había logrado despertar del letargo que había supuesto para ella separarse del que había sido el gran amor de su vida, su compañero de aventuras y de alegrías, así como también de tristezas.

Así que imaginaba el terrible sufrimiento que mi madre podía padecer a raíz de perder a mi padre, el cual era su máximo pilar y su apoyo fundamental en su existencia. Era su confidente, aquella persona en la que confiaba por encima de todo y a la que le contaba hasta sus más íntimos secretos, cosas que yo, aun siendo su hija, desconocía.

Sin embargo, mi padre nos pedía que fuéramos fuertes y tenía plena confianza en su fortaleza física, pues decía que algún día se recuperaría y se levantaría de aquella cama para continuar con su vida normal.

Por mi parte, había conseguido convertirme en Profesora de Transformaciones y podría empezar a trabajar en Hogwarts pasado un año. Estaba ansiosa por impartir mi primera clase, por volver a atravesar los muros del castillo, aquellos que, por tantos años, me habían cobijado y protegido. Tenía ganas de conocer a los que serían mis alumnos, aquellos sobre los que yo vertería todos mis conocimientos y que se convertirían, con el paso de los años, en mi segunda familia.

Hogwarts siempre había sido la opción única y definitiva para mí. A pesar de que había opciones laborales más llamativas como la de ser Auror, la docencia era algo que llevaba impreso en el alma desde que había nacido, algo que se había convertido en mi devoción.

Los meses transcurridos sin saber de Harry habían hecho que las cosas evolucionasen para todos: Ronald y Luna preparaban su boda, que estaba muy cercana y se encontraban en su máximo auge de felicidad. Y mientras tanto, a mi seguía frecuentándome Draco Malfoy, el cual no desaprovechaba ninguna oportunidad para mostrarme su interés.

A pesar de una primera impresión fría y angosta que había recibido de él, Draco resultaba ser un hombre sensible y apaciguado, apasionado de las artes y de los hechizos. Solía pasarse tardes enteras hablando de los mil y un hechizos que su abuelo le había enseñado cuando era niño. Aunque el tema principal de conversación de Draco era siempre la gran influencia que su padre ejercía sobre él.

Era una tarde tranquila aquel día que Draco me había visitado, con un pequeño pero bonito ramo de flores, las cuales dejé reposar en un jarrón para que se mantuviesen frescas. Decidimos dar un paseo juntos para ver el atardecer y sentarnos en un parque cercano a mi casa.

-Nunca podré ser como él - dijo Draco, tras un profundo y largo silencio. Entonces, por primera vez desde que nos habíamos sentado en aquel banco, lo miré.

-¿Cómo él? - pregunté yo, tratando de entender a quién se refería. Draco no me miraba, parecía consternado, envuelto en sus propios pensamientos que solamente el podía descifrar. Esbozó una pequeña mueca y, mirando a la nada, tomó aire.

-Sí, a él. A mi padre. Lucius Malfoy siempre ha sido ese caballero privilegiado al que todos temen y le deben respeto. Conoce el manejo de las artes oscuras mejor que nadie. Y por supuesto, desea que su único retoño sea como él. - disminuyó el volumen de su voz conforme las palabras iban saliendo de su boca, una tras otra, con cierto temor y tristeza.

Lo cierto era que Draco siempre tenía ese tono de tristeza en su voz, la amargura solía bañar sus palabras. A pesar de ser tan joven, tenía un alma antigua, nostálgica e incluso, en ocasiones, algo bohemia.

En ese momento, sentí cierta ternura hacía él. Aunque lo intentaba, Draco no terminaba de parecerse a su padre y eso era lo que lo hacía único. Sin saber por qué, entrelacé mi mano con la suya y le sonreí. Draco me miró con la total profundidad de sus ojos grises, intentando comprender mi forma de actuar.

-Todos somos diferentes - le dije - no puedes ser alguien que ya existe. Porque tú eres tú y tu padre es él mismo. Habéis vivido épocas distintas y circunstancias diferentes. Por eso no puedes ser como él. Y deberías dejar de intentarlo.

Draco pareció reflexionar un poco sobre mis palabras, pero no mostraba total convicción.

-Sé que lo defraudaré si no soy como él. Si no consigo lo que él.

-Creo que lo defraudarías más sino fueras tú mismo. Alguien con tanto carácter como Lucius Malfoy querría un hijo, no una imitación.

-Es complicado, Hermione. - dijo, volviendo a mirar al frente, pero sin soltar mi mano, manteniéndola cogida durante un tiempo.

Realmente Draco había conseguido hacer que mis días fueran más amenos en muchos sentidos, pues siempre me ofrecía compañía y un tema de conversación, pero todavía no había conseguido hacer que mi corazón se encogiese como lo hacía frente a la presencia de Harry.

Harry… un Harry que se había olvidado de mi por completo, puesto que no respondía a mi carta.

Aquella noche, decidí sacar la pluma del tintero nuevamente y comencé a escribir otra nueva carta, ya que el hecho de que no me respondiese me hacía sentir preocupada.

Querido Harry,

Soy yo otra vez. Sé que esta es mi segunda carta de la que no recibo respuesta, pero no puedo evitar preocuparme por ti cada día más, ya que sé la difícil misión que te han encomendado. Aunque confío en que eres un hombre valiente y que estarás bien. Las cosas por aquí siguen igual, todos estamos bien, aunque mi padre ha enfermado en los últimos meses, pero bueno, no quiero preocuparte. Por cierto, Luna y Ronald se casarán pronto y dando por sentado que estarás invitado, considero que sería una gran oportunidad para volver a vernos de nuevo. Te extraño tantísimo… por favor, solo dime si estás bien.

Te quiere,

Hermione.

Envié la carta, nuevamente con la esperanza, aunque cada vez más moribunda, de recibir una respuesta por parte de Harry.

Sin embargo, los días pasaron y la lechuza no volvió. Si Harry estaba evitándome, era algo que le estaba saliendo muy bien, aunque me dolía pensar así de él, ya que en todas sus cartas, siempre era amable y cariñoso conmigo. Incluso en algunas se empezaba a desprender algunos retazos de amor, algo que me ilusionaba cada vez más. Pero como si del paso de una estación a otra se tratase, mis ilusiones estaban empezando a congelarse, cada día con más ahínco.

Al mes siguiente de enviarle la carta a Harry, mi padre entró en un estado terminal. Apenas abría los ojos, los sudores fríos eran constantes y el dolor se reflejaba en su rostro. No podía evitar llorar cada vez que lo veía así, se me helaba el corazón y mis sentidos parecían desconectar del resto de mi cuerpo.

Una de las noches en las que cuidaba de mi padre, tomó mi mano repentinamente.

-Hermione…-susurró, con voz quebrada.

-¿Sí, padre? - dije yo, mirándole fijamente por si necesitaba cualquier cosa.

-Quiero pedirte algo muy importante para mí. -dijo, entre jadeos - es algo que quiero que hagas, aunque yo no esté presente para ese momento. Pero por favor, hazlo…

Me quedé mirando a mi padre sin entender. Aunque él había asumido que el final de su vida era cercano, yo aún no podía asimilar algo así. Tomé aire profundamente y cerré los ojos.

-¿De qué se trata? - pregunté yo, apretando su mano con fuerza, una mano que nunca querría soltar.

-Hija, yo quiero que seas una mujer feliz. Que consigas una estabilidad emocional y que no estés sola ante lo que viene - susurró, aún con los ojos cerrados.

-¿Ante lo que viene? - pregunté yo, comenzando a temblar y sintiendo el miedo recorrer mi cuerpo.

-Vienen tiempos difíciles, Hermione. Voldemort está acumulando cada vez más poder. Y aunque sé que eres la mejor bruja de tu tiempo, me gustaría que no estuvieras sola ante esta adversidad. Porque eres mi más grande tesoro, y aunque a mi ya no me quede más tiempo en este mundo, sé que tu todavía puedes vivir algo más.

Las lágrimas se agolparon en mis ojos con fuerza y el nudo en la garganta parecía cortarme por dentro. No podía ser que mi padre estuviese diciendo aquellas cosas que decía, no ahora.

-¿Qué quiere decir? - pregunté, con voz temblorosa.

Mi padre respiró profundamente, haciendo un gran esfuerzo por continuar hablando.

-Sé que Draco Malfoy te quiere. Lo notaba cuando yo todavía no era un despojo viejo y falto de vida - torció levemente la boca, como una sonrisa - y sé que no va a haber nadie que te proteja mejor que él. Hermione…lo que quiero decir, lo que te pido por favor que hagas es que te cases con él. Que seas su esposa. Juntos formareis … un equipo estable y fuerte. Y él te quiere de verdad.

Derramé una lágrima, que corrió presta por mi mejilla. Aquello no era justo. Mi padre no podía utilizar su desfallecimiento como chantaje para hacer que yo me casara con Draco sin sentir amor real por él. Era cierto que en los últimos meses había desarrollado un cariño especial por él, pero distaba mucho del amor, amor que por ejemplo si sentía por Harry. Harry… dolía tanto pensar en él en aquellos instantes…

Me mantuve en silencio durante un tiempo. Mi cabeza era un torbellino, repleto de mil sensaciones distintas que ninguna sabía manejar bien la situación del momento. Pero mi padre había sacrificado en su vida mil cosas por mi. Me había protegido y querido, había confiado en mí y había apostado por mi y por mi inteligencia. Ahora era el momento de agradecerle años de intensa devoción y cuidados hacia mi. Y aquella parecía ser la única forma de hacerlo tangible.

-Está bien… lo haré.

Tras aquella conversación, mi padre no pareció mejorar. Su estado de salud evolucionaba negativamente, hasta tal punto que casi le costaba respirar. Mi madre pasaba los días enteros sentada al pie de su cama, sosteniendo su mano y esperando un final que resultaba casi inminente.

Yo lloraba en silencio, cada noche, en mi habitación. Antes de dormir, se había convertido en una especie de rutina. ¿Cómo se habían torcido tanto las cosas? Forzada a un matrimonio con un hombre por el que solo sentía cariño, sin saber nada del hombre al que quería y con mi padre al filo de la muerte. Todo lo que en su día tenía luz y color, había ennegrecido.

Ahora Draco venía cada día a mi casa. Pasaba horas y horas sentado a mi lado, intentando reconfortarme. Él ya conocía las intenciones de mi padre para conmigo, pero todavía no había pedido mi mano formalmente, casi ni mencionaba el tema. Últimamente hablábamos mucho más sobre mi y mi estado de ánimo. Draco se preocupaba porque yo estuviera bien, porque intentase encontrar mi felicidad entre tanta penuria. Aunque a veces lo conseguía, otras veces no lograba ni siquiera que yo esbozase una sonrisa.

Pero finalmente, el día de la pedida de mano llegó. Fue una escena un tanto abrupta, pero no había otra forma de hacerlo. Draco se reunió con mis padres en la habitación donde mi padre descansaba y pidió mi mano. Tras el consentimiento de mis padres, se arrodilló ante mi.

-¿Quieres ser mi esposa? - dijo, clavando sus ojos grises en mi. Asentí con la cabeza, mientras trataba de evitar que el nudo de lágrimas aflorase.

Fijamos la fecha de la boda para después de la de Luna, esperanzados porque mi padre pudiese aguantar para aquel entonces. En mi mano ya lucía un discreto anillo de compromiso, pues Draco y yo nos habíamos prometido hasta que llegase el momento de casarnos.

Sin embargo, una semana después de mi pedida de mano, mi padre no pudo aguantar más en su agonía y falleció.

Cuando vi su cuerpo decaer, mi mundo pareció quebrarse en dos. Aquel había sido el hombre que me había dado la vida y ahora estaba allí, postrado en aquella cama, con los ojos cerrados, sin respirar. Quería pensar que estaba dormido, que despertaría y se levantaría de aquella cama diciendo que todo había sido un sueño. Que me llevaría a la Fiesta de Verano como cuando era una niña y me dejaría montarme en la noria, sentada en su regazo. Que me acompañaría por un paseo por el parque o que me compraría mi primer libro de magia, pero el hombre que fue ya no estaba. Se había ido y había dejado mi corazón hecho mil pedazos irreparables que buscaban un poco de aliento.

Tras el entierro, al que Luna y Ronald acudieron y me acompañaron calurosamente, Draco se asentó en mi casa por unos días, haciéndonos compañía a mi madre, que estaba devastada y a mí, que había perdido cierto sentido en mi vida.

Me abrazaba a Draco y las horas pasaban en silencio. Él nunca decía nada, pero tampoco necesitaba unas palabras, sino una compañía. Poco a poco, había mitigado mi dolor. Cuando se marchaba por las noches, el dolor volvía a aparecer, pero con el paso de los días y de los meses, fue desapareciendo poco a poco, aunque insuperable.

Había pensado muchas veces en escribirle una nueva carta a Harry explicándole mi situación, pero me detenía al pensar que eso realmente no serviría de nada, pues si no había obtenido respuesta en seis largos meses a mis anteriores cartas, tampoco iba a recibirla ahora. Harry se había esfumado del mundo, había desaparecido para siempre de la faz de la tierra, aunque no terminaba de hacerlo de mi corazón.

No obstante, la presencia de Draco y el paso del tiempo habían hecho que el recuerdo de Harry cada vez fuese más borroso. De vez en cuando solía cruzar por mi mente su mirada verde, llena de esperanza y hacía mi corazón rebotar. Pero se habían convertido en pocas las ocasiones en que eso pasaba.

Un tiempo después, la alegría pareció llegar de nuevo a nuestras vidas, ya que era el día en que la boda de Luna y Ron se celebraba.

Me había levantado temprano aquella mañana para ayudar a la futura novia a prepararse para el que sería el día más especial de su vida. Mi madre no se encontraba con muchos ánimos y aunque había prometido a Luna ayudarla con los preparativos, finalmente iría solo al evento.

Mientras peinaba los cabellos de Luna, ella me miraba a través del espejo, pensativa.

-Queda poco para tu matrimonio también, ¿verdad? - preguntó ella, sonriéndome con dulzura. Evité su mirada y tras un silencio, contesté.

-Sí. Será en noviembre, finalmente.

-Estoy segura de que pase lo que pase, serás feliz. Él te quiere de verdad, Hermione. Te has convertido en su escape vital, en su oxígeno. - comentó Luna - Estoy segura de que hará cualquier cosa que se proponga por ti.

Seguí peinando el pelo de Luna, sin mirarla y sin responder a nada.

-¿Sabes? - dijo ella, tras un silencio - Siempre me lo he preguntado, desde que lo conociste. Pero si algún día se produjese la Guerra Mágica de nuevo… estará de tu lado, ¿verdad? Luchará contigo, quiero decir.

Miré a Luna. Nunca me había planteado aquella pregunta, más que nada porque no quería que ninguna Guerra Mágica se produjese, puesto que en todas las guerras nadie sale vencedor, todos pierden y ese era mi mayor miedo, seguir perdiendo.

-Cuando llegue ese momento, todos sabremos por qué luchar. - contesté yo, pasando una mano por su hombro. Ella me sonrió y yo le devolví la sonrisa.

Terminé de ayudarla a vestirla junto con su madre, que llegó un rato después. El vestido de novia de Luna era de un blanco perlado, largo y sencillo, con pocos detalles, propio de la década de los treinta. El velo era semitransparente y tenía unos ligeros bordados, pero la hacía verse completamente hermosa. Aunque yo siempre había pensado que Luna era una de las mujeres más bonitas sobre la tierra, por dentro y por fuera.

La madre de Luna le tendió el ramo de rosas y violetas y ella no pudo evitar una pequeña lágrima al ver a su retoño convertida en una novia. Ambas se abrazaron y yo me uní a su abrazo. Acto seguido, todas hechizamos nuestros vestidos y peinado y dejamos a Luna sola a la espera de que su padre llegase para acompañarla al altar. Mientras tanto, la madre de Luna y yo fuimos hacia el lugar donde se iba a celebrar la ceremonia.

Estaba decorado con flores blancas y azules y con pequeños farolillos mágicos que flotaban por el aire, dando un ambiente cálido a la par que romántico. La gente hablaba entre sí, ensimismada y alegre, mientras que un nervioso Ron esperaba al fondo acompañado de varios pelirrojos, los cuales supuse que eran su familia. Ronald fijó su vista en mi y le sonreí, a lo que el respondió con una sonrisa y un gesto nervioso.

Entonces, busqué a Draco con la mirada para sentarme a su lado, mientras esperábamos que llegase la novia, pero no lo encontraba. Había tantas personas en la ceremonia que resultaba fácil perderse en la multitud.

Pero, de repente, mis ojos enfocaron una figura que hizo que mi corazón se congelase en medio de un latido. Sus ojos también se clavaron en mí.

Harry Potter estaba allí.