Disclaimer: Nada del universo Harry Potter y de su autora, J. me pertenecen.
Muy buenas a todos! He querido actualizar pronto como compensación por mi ausencia durante las semanas pasadas. Espero que os guste mucho este episodio! Y quiero agradecer a todos los que seguís esta historia y los comentarios, muchas gracias de verdad! Un besito (L)
VI
Cambio
Harry clavó sus ojos en mi. Parecía como si entre nosotros, hubiesen pasado décadas de vida, cuando tan sólo habían transcurrido unos meses. Se dispuso a acercarse a mi, abriéndose paso entre la multitud, pero en ese momento, una mano agarró mi cintura.
-Al fin te encuentro - dijo Draco, con una pequeña sonrisa - la ceremonia esta a punto de empezar, ¿nos sentamos?
Sonreí levemente y asentí con la cabeza mientras Draco me llevaba hasta los asientos, donde todo el mundo comenzaba a tomar un sitio y esperaban ansiosos la llegada de la futura esposa de Ron. Por el rabillo del ojo, vi como Harry se había detenido y nos miraba, con un semblante que no parecía comprender lo que estaba sucediendo ante sus ojos.
Empecé a temblar y a sentir nervios en mi interior. Harry estaba allí. Si había acudido a la ceremonia, era porque había recibido la invitación de Ron y Luna y la había leído. Entonces, ¿por qué mis cartas las había guardado en el fondo de cualquier cajón? Quizá tenía razón mi madre con lo que decía sobre Harry: que yo era una más de sus admiradoras, alguien por quien perdía el interés al paso de los días y que no iba a llegar a ser nada en su vida. Pero una parte de mi se negaba a creer eso, dadas las palabras de amor que él destilaba en cada una de sus cartas.
Sentí la mirada de Draco sobre mi, quien me observaba preocupado.
-¿Te encuentras bien, Hermione? - dijo - Te noto algo nerviosa.
Evitando que percibiera algo más en mi, le dediqué una sonrisa y apreté su mano, en un intento de transmitirle tranquilidad.
-Si, estoy bien, no te preocupes. Sólo son nervios, quiero que todo le salga bien a Luna.
-Comprendo - dijo y, sin más, volvió a mirar al frente. Entonces sentí que alguien se sentaba tras nosotros y percibí su aliento en mi cuello.
-Hermione - dijo, en un susurro. Su voz no había cambiado ni un ápice desde la última vez que la había escuchado. Seguía siendo plena y pura, como él era realmente. Abrí mucho los ojos, sobresaltada, pero recordé que Draco estaba cerca y no quería que se diera cuenta de lo que estaba pasando. Ladeé un poco la cabeza para que Harry supiera que lo estaba escuchando. - Necesito hablar contigo.
¿Qué necesitaba hablar conmigo? ¿Después de haber ignorado cada una de mis últimas cartas, necesitaba hablar conmigo?
-No hay nada de que hablar, Harry - susurré yo, mientras mantenía vigilado a Draco, quien parecía no prestar atención sobre lo que estaba pasando justo a su lado.
-¿Cómo? - dijo él, que parecía no entender - yo creo que si tenemos que hablar. Cuando termine la ceremonia, te espero en el porche.
Cerré los ojos y fruncí los labios. Me sentí en una encrucijada en aquellos momentos. Realmente quería hablar con Harry, saber que era lo que había pasado y tratar de buscar una respuesta a su silencio continuado durante los últimos meses. Pero, por otra parte, no sabía que excusa iba a ponerle a Draco para desaparecer por un momento de la escena.
Pero mis pensamientos quedaron apagados por la música nupcial, que empezó a sonar en el recinto. Todas las cabezas se giraron hacia la entrada y enfocaron sus ojos en Luna, quien acompañada del brazo de su padre, comenzó a caminar hacia al altar.
A medida que se acercaba hacia su futuro esposo, Ron enrojecía cada vez más. Parecía bastante nervioso con la situación que se presentaba ante sus ojos, pero cuando Luna estuvo a su altura y tomó su mano, todo miedo pareció desaparecer.
La ceremonia transcurrió tranquila y agradable. Luna y Ron se dieron el si quiero y se besaron tímidamente delante de una multitud que aplaudía con brío y alegría. A la salida de la ceremonia, comenzó el brindis y todos empezaron a comer y beber, disfrutando de la felicidad del momento. Todo parecía en calma, hasta que recordé las palabras de Harry. Miré a mi alrededor y vi que Draco estaba enfundado en una conversación, al parecer, bastante interesante con un par de aurores, así que esa era mi oportunidad para desaparecer de la escena.
Caminé rápidamente hacia el porche donde Harry ya me esperaba, con una copa ligeramente vacía de vino en sus manos. Cuando escuchó los pasos, levantó la cabeza y me miró.
-Espero que seas breve - dije yo - alguien me espera dentro.
Intenté infundir frialdad en mi voz, aunque lo único que conseguí fue transmitir miedo y temblor.
Harry clavó sus ojos en mi, con un rostro que denotaba avidez por conseguir respuestas a todas las preguntas que en aquel momento estaban cruzando su mente.
-No he podido … evitar fijarme en tu alianza. - comenzó él, con voz ligeramente quebrada, mientras uno de sus dedos señalaba el discreto anillo con un pequeño diamante que Draco me había regalado como muestra de nuestro compromiso.
Se estableció un silencio profundo entre nosotros, roto simplemente por el lejano tumulto de la música orquestal de la ceremonia.
-¿Qué significa todo esto, Hermione? - dijo él, con cierto tono inquisitivo en su voz.
-Me he prometido.
-¿Con quién? - repuso él, mientras los ojos le brillaban.
-Eso no es de tu incumbencia, Harry. - dije yo, evitando su mirada.
-¿Cómo…? Claro que es…
-No, no lo es. - le corté yo, esta vez mirándole con rabia y resignación. - Si lo hubiera sido, te habrías preocupado en responder alguna de mis cartas. Una al menos, de tantas que te envié. Pero no lo hiciste Harry, preferiste callar e ignorarme. ¿Sabes cuantas noches pasé sin dormir pensando que podrías estar muerto? ¿Sabes durante cuanto tiempo he sufrido tu ausencia? - dije yo, mientras me temblaban los labios y se formaba un nudo en mi garganta. Necesitaba soltar todo lo que tenía en mi interior, todo aquello que había callado durante tanto tiempo y que no había podido decir a nadie.
-¿Qué cartas? ¿De qué me estás hablando? - repuso él, frunciendo el ceño. -La última carta que recibí de ti fue aquella en la que me contabas que ibas a prepararte para tus exámenes en Docentia. Y yo te respondí. - afirmó el.
En aquel momento, miré a Harry con los ojos muy abiertos, intentando asimilar lo que acababa de decirme. La respuesta que según él había proferido a mi carta, nunca me había llegado. Su lechuza nunca volvió y la mía tampoco regresó. No lograba comprender que era lo que estaba pasando en aquellos momentos, no entendía que era lo que intentaba decirme Harry.
-Nunca me llegó tu respuesta - susurré yo, mientras comenzaba a temblar.
-Hermione, juro por lo más sagrado que yo contesté a tu carta. Y te envié muchas más. Cartas que tu tampoco respondiste. - dijo él, con cierto reproche.
Entonces se acercó más a mi y tomo mis manos entre las suyas. Una parte de mi me decía que tenía que apartarme, pero por otra parte quería seguir ahí. Su tacto hacía que mi corazón latiese con fuerza, como llevaba tiempo sin latir. Me sentí viva en aquellos instantes, porque volví a revivir los momentos que había vivido con Harry y mi vida anterior. Pero ese sentimiento ya no podía tener cabida en mi, puesto que yo había prometido a mi padre algo que debía cumplir.
-De todas formas - comenzó él - no importa el pasado. Importa el ahora.
-Ya no hay nada que hacer, Harry. Yo he hecho mi vida. Y tú deberás hacer la tuya. - dije yo, mintiendo en cada una de las palabras que le decía.
-Hermione … - dijo él, pero de repente una voz masculina se escuchó tras nosotros.
-¿Hermione? ¿Va todo…bien? - se trataba de Draco, que al parecer me había estado buscando por toda la ceremonia sin éxito. Solté bruscamente mis manos de las de Harry y miré al rubio, intentando componer una sonrisa en mi triste rostro.
-Si, todo va bien. - dije yo, acercándome a él.
-Vaya, Potter. No esperaba verte aquí. - dijo Draco, aunque su tono de voz sonaba neutral, ambos se miraban con cierta dureza.
-Yo a ti tampoco. - contestó Harry, mientras contemplaba la escena. En su rostro parecía entender lo que estaba pasando ante él.
-Veo que conoces a mi prometida, Hermione - comentó Draco, con una ligera sonrisa.
-Si, bastante bien - dijo Harry, con una mueca.
-Ojalá pudieras asistir a nuestra boda, Potter. Sería un honor tener una celebridad como tú entre nosotros.
-Me temo que no podrá ser - repuso Harry - mucho trabajo en Hogwarts, aunque me imagino que tu debes estar al tanto de todo.
En ese momento miré a Draco, cuyo semblante cambió por completo, tornándose serio. ¿Saber qué? Draco apenas me hablaba de Hogwarts y de lo que estaba pasando en el mundo mágico y ahora parecía que sabía más cosas de las que yo podía imaginar.
-Los tiempos están cambiando, Potter - contestó Draco, con misterio - Mantén tu varita alerta, nunca se sabe cuando vas a tener que luchar para proteger lo que amas.
-Tienes razón. Bueno, me despido. Suficiente ceremonia por hoy - dijo Harry, soltando una pequeña risa. Draco también rió, aligerando la tensión que se había establecido en el ambiente. Estrechó la mano de Draco y tomó mi mano, dandole un beso. En ese momento, se inclinó un poco y susurró en mi oído.
-Te espero mañana en el Café Vita. A las diez.
Giré la cabeza, mientras sentía que la confusión se iba abriendo paso en mí. Una vez que Harry se hubo marchado, Draco rodeó mi cintura con sus manos.
-No sabía que conocieras al "niño que sobrevivió" - dijo él, con cierta condescendencia.
-Y yo tampoco sabía que estabas al tanto de lo que estaba ocurriendo en Hogwarts. - repuse yo, reprochándole que se hubiera mantenido en silencio al tanto de ese tema.
-Perdóname, Hermione. - dijo él, con sinceridad en su voz - Con todo lo que te ha pasado, no quería preocuparte aún más.
-¿Qué es lo que está pasando, Draco? - dije yo. Quería saber todo lo que estaba aconteciendo en el mundo mágico, aquello que se estaba manteniendo oculto por el bien de todos y que Draco no había querido contarme. Tras un silencio en el que Draco pareció dudar acerca de querer contarme la verdad, comenzó a hablar.
-Han aparecido ciertas personas muertas en sus casas, sin motivo aparente. Personas relacionadas de alguna u otra forma con Dumbledore. Hasta ahora, las escuelas de magia se han mantenido al margen y han sido pacifistas con Voldemort y sus secuaces. Pero saben que en el momento en que Dumbledore caiga, se iniciará la guerra.
-¿Dumbledore va a ser asesinado? - susurré yo, con temor.
-No sabemos todavía si Voldemort sería capaz. Pero es el límite que han establecido. Dumbledore está preparado para su destino. Y nosotros deberíamos estar preparados para luchar.
Me mantuve en silencio y apoyé mi cabeza en el hombro de Draco. Albus Dumbledore era el mago más legendario de todos los tiempos y era el director de Hogwarts cuando yo estudié allí. Para mi era como un segundo padre, como mi mentor. No podía creer como tenía tanta templanza como para asumir que su muerte podía estar cerca y afrontarlo.
Y por otra parte, tenía miedo de luchar. Miedo de no ser suficientemente fuerte, de a la hora de la verdad no ser valiente y flaquear. Pero tenía que luchar por la gente que amaba, por la gente a la que quería proteger y por la libertad de mi mundo.
Tras marcharnos de la ceremonia por la noche, regresé a mi casa. Draco se despidió de mi con un abrazo, pero cuando se separó de mi se mantuvo cerca, mirándome fijamente a los ojos. Pasó una mano por mi mejilla y sonrió ligeramente.
-¿Ocurre algo? - pregunté yo, mientras observaba sus movimientos.
-¿Sabes? Vas a ser mi esposa en unos meses y nunca te he besado. - dijo él.
Entonces se inclinó hacia mi y depositó un suave beso en mis labios, ciertamente tímido. Me dejé llevar por la situación y correspondí su beso. Cuando se separó de mi, me miró con ojos brillantes.
-Gracias, Hermione. - dijo él. Antes de que pudiera decirle nada más, se separó de mi y se marchó.
Me senté en la cocina con un té caliente entre mis manos, intentando asimilar todo lo que había ocurrido en aquel día que terminó siendo bastante largo. Harry y sus palabras no paraban de rondar por mi mente, de aparecer y desaparecer súbitamente, dejándome desconcertada.
En ese momento, sentí que una mano tocaba mi hombro. Se trataba de mi madre, la cual se había desvelado.
-Pensaba que estaba dormida, madre - dije yo, con una pequeña sonrisa.
-Te sentí llegar, cielo. ¿Qué tal la boda? Tuve que volver antes, la cabeza me estaba matando - dijo ella, mientras se sentaba a mi lado en la pequeña mesa de la cocina.
-Todo bien madre. - contesté yo. Sin embargo, mi madre no parecía creerme, porque me miró con cierta incredulidad en sus ojos.
-Tus ojos y tu boca nunca han sabido coordinarse bien, hija. - comentó ella, con una ligera sonrisa en sus labios. - ¿Ocurrió algo?
Tomé aire. Aunque sabía que a mi madre no le hacía mucha ilusión que yo pensase en Harry ni que le escribiera cartas, debía ser sincera con ella.
-Madre… hoy vi a Harry. En la ceremonia. - hice un silencio, evitando mirarla - Después de tanto tiempo… sin saber de él. Sin que respondiera a mis cartas… ahora aparece como si nada hubiese pasado. Como si esas cartas nunca hubiesen existido.
-Es que para él nunca existieron. - sentenció mi madre. En ese momento, clavé mis ojos en ella, sin saber que había querido decir con aquellas palabras.
-¿Cómo…? - entonces ella me miró y entendí lo que quiso decir - No puede ser que…
-Pensé que era lo mejor para ti, hija. Que nunca volvieras a saber de él, ni el de ti.
-¿Está diciendo que…?
-Si, hija, pero lo hice por tí. Por tu bien. Él te escribía constantemente, pero tú no debías saberlo.
-¿Como pudo ocultarme sus cartas? ¿Por qué interceptó las mías?
-¡Porque no quiero que estés cerca de Harry Potter! - gritó ella, levantándose de un brinco. Yo hice lo mismo, poniéndome a su altura, mientras las lágrimas se agolpaban en mis ojos. -¿Es que no lo ves? El es el niño que sobrevivió. Si el Señor Oscuro ataca de nuevo, va a hacer daño a todas las personas que lo rodeen. Entiéndeme, cariño, no quiero perderte - dijo, mientras intentaba rodearme con sus brazos, pero me zafé de ellos, furiosa.
-¡No tenía ningún derecho a hacer eso! - exclamé yo, mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.
-Lo hice por tu bien - dijo ella, también comenzando a llorar.
-¡Ha destrozado mi vida! - grité yo, llorando - ¡Todo, lo ha roto!
Salí corriendo de la cocina y me encerré en mi habitación, sollozando y sintiendo la pena y la consternación recorriendo mi cuerpo. No podía ser que mi propia madre hubiera destrozado por completo el que había sido, durante meses, el motivo de mi felicidad.
Después de llorar durante un buen rato, terminé quedándome dormida. A la mañana siguiente, desperté con un terrible dolor de cabeza, pero recordé la cita con Harry y decidí ir, pese al sentimiento de culpabilidad que recorría mi cuerpo. Una parte de mi me decía que tenía que ir, hablar con Harry y contarle la verdad que había descubierto, pero otra parte de mi me decía que tenía que quedarme y no hacerle ese feo a Draco.
Pero terminó ganando mi curiosidad. Me vestí con un traje azul marino y un tocado con redecilla, adornado con unos guantes. Salí de mi casa sin dirigirle la palabra a mi madre, la cual estaba sentada en el salón, esperando tener una conversación conmigo.
El Café Vita se encontraba a dos calles de mi hogar y era el punto de encuentro de los jóvenes de Londres, además de ser un sitio emblemático, pues era de los pocos edificios que había sobrevivido a la Primera Guerra Mágica. La leyenda urbana decía que ahí se habían reunido algunos magos de Hogwarts para trazar una estrategia de manera clandestina, huyendo del terror.
Cuando llegué, Harry ya esperaba allí, con un sobrio traje de chaqueta color gris oscuro y un sombrero ladeado. Entramos y nos sentamos en una mesa apartada de las demás.
-Hermione - comenzó él - no quiero creer que te he perdido para siempre. - susurró él, tomando mi mano. No la retiré, pero sentí como temblaba ante su tacto.
-Han pasado muchas cosas, Harry. No puedes cambiarlo. Aunque quieras.
-¿Estás enamorada de él? - inquirió él, clavando sus ojos en mi.
Aquella pregunta era algo que nunca me había planteado a mi misma. Era cierto que Draco había conseguido que yo sintiese un cariño especial por él, pero no sabía si era amor. No sabía si ese cariño se estaba convirtiendo en amor. Draco había sido mi máximo apoyo y poco a poco, había sabido ganarse mi confianza, a base de perseverar mucho.
-Veo que no vas a responderme - dijo Harry, sin soltar mi mano.
-Harry…deberías entender que tu destino y el mío son distintos.
-Me niego a creer que el sentimiento entre nosotros no fuera mutuo.
Lo miré fijamente. Aquel hombre sabía como meterse en mis pensamientos, parecía leer a través de mis ojos.
-Sabes que el mundo está en peligro - comencé yo - y el pasado no se puede cambiar. Es mejor que sigamos así. Antes de seguir sufriendo aún más.
Empecé a levantarme, pero Harry me detuvo.
-Hermione, yo te quiero. Y sé que tú también. Por favor, vámonos juntos a cualquier parte. Disfrutemos antes de que las cosas cambien.
-No, Harry, las cosas no son tan fáciles. - dije yo.
Entonces, sin dilación, Harry se acercó a mi y me besó lentamente. Sentí que en mi corazón estallaban mil fuegos artificiales y mis mejillas se sonrojaban. Pero entonces recordé a Draco y mi promesa a mi padre, la cual no podía romper. Si lo hacía, me sentiría culpable por el resto de mis días. Me separé bruscamente de él y Harry me miró, sin comprender.
-Lo siento, Harry. Todo ha cambiado. - dije yo. Me levanté de la mesa y liberé lentamente mi mano de su agarre. Él se quedó agazapado, en silencio, mirándome fijamente. - Adiós. - culminé yo, y salí corriendo sin mirar atrás, dejando sentado en aquella cafetería al hombre al que quería de verdad.
Los meses pasaron rápidamente. Mi boda con Draco llegó, una ceremonia sencilla a la que solo acudieron las familias, Luna y Ron y algunos amigos más.
Draco seguía trabajando en el Ministerio y yo comencé a acudir a Hogwarts para enseñar a mis nuevos alumnos, los cuales se mostraban contentos con mis lecciones.
Con el paso del tiempo, aprendí a querer a Draco, aunque mientras yo aprendía, él estaba profundamente enamorado de mí. Sin embargo, en la oscuridad de la noche, en nuestra nueva casa, en mis sueños seguía recordando a Harry y nuestro beso en la cafetería. Nuestra despedida…
Sabía de Harry gracias a los periódicos y a Luna, quien de vez en cuando me contaba cosas sobre él. Al parecer, todo se había calmado y Harry y los autores franceses habían conseguido contrarrestar los efectos de Voldemort debido a la meticulosa estrategia que el niño que sobrevivió había trazado.
Cuando estaba sola, observaba una fotografía que Luna me había dejado de Harry. Era una fotografía en la que Harry sostenía su copa del Torneo de los Tres Magos, que había ganado cuando tenía apenas 14 años. Era un muchacho sonriente que lograba contagiarme su alegría incluso a través de una fotografía.
Tan rápido como pasaron los meses, pasaron los años y 1939 irrumpió con fuerza en nuestras vidas. Mi relación con mi madre parecía haber mejorado y la visitaba a menudo para que no se sintiera tan sola. Draco era bueno y cariñoso conmigo, pero empezábamos a considerar la idea de tener hijos.
Septiembre de 1939 llegó aparentemente tranquilo. El día 1 era un día como cualquier otro en Hogwarts, mientras yo impartía a los alumnos de cuarto curso como transformar plantas en objetos punzantes.
De repente, irrumpió en el aula un joven profesor, Neville Longbottom, que enseñaba Herbología. Parecía bastante exasperado mientras gritaba.
-¡Voldemort lo ha asesinado! ¡Lo ha asesinado! ¡Albus Dumbledore ha caído!
De repente, todo mi mundo se detuvo.
