Muy buenas a tod s! Aquí estoy, con un nuevo episodio. Como siempre, espero que os encante leerlo al igual que a mi escribirlo. Muchas gracias por seguir mi historia, hacéis que sea una experiencia muy bonita para mi. Agradezco también los comentarios positivos que me dejáis y os invito a que me escribáis algún review para conocer vuestras reacciones y opiniones, que para mi son muy importantes! Muchas gracias de nuevo, un besito! (K)

Disclaimer: Nada del Universo Harry Potter o de su autora J. K . Rowling me pertenece.

VII

Conflicto

Un haz de luz blanco se alzó vigoroso sobre nosotros. Vibrante, comenzó a transmitir su mensaje.

"La guerra ha comenzado. Magos del mundo, posicionaros en el bando que creáis más leal a vuestros ideales, pero recordad que cuando uno es fiel al corazón, no debe traicionarlo bajo ningún concepto. Alzad vuestras varitas y defended lo que es vuestro."

Dicho esto, la luz se esfumó como polvo en la estancia y Neville Longbottom clavó sus ojos en mi, esperando que dijese algo que ayudase a orientar su camino, que parecía haberse desvanecido como la luz mensajera.

Me mordí el labio, intentando encontrar una opción que resultase la más beneficiosa para todos en aquellos momentos mientras todos mis sentidos se encontraban abrumados y exasperados ante la nueva noticia, pero no tuve mucho tiempo para poder pensar en nada más, ya que en aquel momento la profesora Minerva McGonagall irrumpió en el aula.

-¡Todos los alumnos, al Gran Comedor, rápido! - dijo ella, intentando dirigir la situación. De repente, los treinta alumnos de mi aula salieron disparados y al trote hacia la puerta, comentando desesperadamente que era lo que estaba sucediendo. Algunos parecían bastante asustados y temerosos con el porvenir, mientras que otros intentaban calmarse mutuamente. Una vez que todos hubieron abandonado la estancia, la profesora McGonagall se acercó a mi con gesto apesadumbrado.

-Harry Potter nos espera a todos en el Gran Comedor - anunció ella, observando mi rostro que parecía haber perdido todo rastro de vitalidad. En aquel momento, mi corazón se detuvo. ¿Harry? Llevaba tres años sin verle, sin oír su voz.

-¿Harry? - musité, evitando la mirada de la mujer.

-Sí, querida… ahora que Albus…que Dumbledore ha caído, él es quien guiará toda esta misión.

La miré sin comprender, a lo que ella tomó aire y volvió a explicar.

-Harry y Albus trabajaron conjuntamente con los aurores de Francia y algunos alumnos de la escuela Beauxbatons, para frenar los avances del Señor Oscuro - su voz pareció teñirse de miedo al pronunciar ese nombre - Dumbledore le encomendó a Harry encabezar el Bando de la Armonía en caso de su caída y él aceptó esa propuesta. Ahora estamos a la espera de que nos guíe.

No podía imaginar como Harry había sido capaz de asumir semejante responsabilidad sobre sus hombros, pero algo en mi interior me hacia sentir que no podía haber un mejor líder para el Bando de la Armonía que alguien que había enfrentado cara a cara la muerte de manos de Lord Voldemort.

-Los aliados a Voldemort representan el Bando de la Discordia. Así se hacen llamar… Pero ya no hay mas tiempo que perder - dijo la profesora McGonagall, mirándonos a Neville y a mi - Confío plenamente en vuestras capacidades mágicas, sobre todo en su inteligencia, Granger. Así que ha llegado el momento de luchar.

Neville y yo asentimos y, junto con la profesora McGonagall bajamos hacia el Gran Comedor, donde una horda de estudiantes esperaban ansiosos a recibir respuesta a todas aquellas incógnitas que solapaban sus mentes en aquellos instantes de incertidumbre.

De repente, una mano cogió la mía entre tanta multitud. Alcé los ojos y me encontré frente a frente con Draco.

-Draco, ¿qué…haces aquí? - dije yo, entre susurros. Entonces Draco apretó mi mano con fuerza, intentando transmitirme seguridad, una seguridad que se había esfumado hacia unos minutos.

-Yo ya he elegido en que bando estar. No me importa mi familia, mis padres… tú eres mi familia, Hermione. Y como dijo la Luz, alzaré mi varita para defender lo que yo creo importante.

Entendí todas y cada una de las palabras que Draco acababa de decir. Le sonreí. Si eso era lo que el quería, juntos lucharíamos para defender nuestras vidas y de aquellos a los que amábamos.

De repente, todas las voces que inundaban el Gran Comedor se silenciaron, como sincronizadas, al unísono. Harry Potter se situó en el estrado desde donde Albus Dumbledore se dirigía cada año a sus estimados alumnos para darle su bienvenida y sus útiles consejos. Todos miraban a Harry expectantes, ávidos por saber cuales eran sus palabras, mientras que yo sentía mi corazón bombear cada latido con la fuerza de un gigante.

-Sé que todos estáis asustados ahora mismo. Yo también lo estoy - comenzó Harry -. Pero no debemos flaquear, ni ahora, ni nunca. Nuestros corazones deben de estar unidos en estos momentos, ser uno sólo. Lo que él quiere, lo que Lord Voldemort quiere - un escalofrío recorrió la sala - es que sintamos pavor, que sintamos que estamos perdidos en el abismo. Pero no lo estamos. Todos sabemos encontrar nuestra propia luz dentro de la más oscura soledad. Luchad, luchad por lo que de verdad queréis en la vida: vuestros padres, vuestros hermanos, amigos o incluso por vuestra propia libertad, que no nos será arrebatada. Una vez me enfrenté a Lord Voldemort y perdí aquello que he amado toda mi vida: mis padres. Pero esta vez será distinta. Esta vez todos somos uno y no nos dejaremos vencer ni engañar. Si no sabéis luchar no os preocupeis: la defensa, el apoyo, el animo y la amistad también son buenas armas de lucha. El amor también lo es - de repente, recorriendo la sala, su mirada se clavó en la mía - No hay nada más doloroso para un alma vacía que la existencia de amor a su alrededor. Debemos estar preparados para la batalla y para el porvenir.

Dicho esto, Harry terminó su discurso y el Gran Comedor se llenó de aplausos y vítores para el que se había convertido en el líder del Bando de la Armonía.

-¡Lucharemos! - dijo un joven.

-¡Lucharemos! - corearon muchos más.

Tras bajar del estrado, Harry se acercó a nosotros. De cerca pude percibir que realmente tenía miedo, lo llevaba escrito en su mirada, que no era tan fuerte y calmada como lo era siempre. Estaba realmente intranquilo.

-Los profesores y yo nos reuniremos en el despacho de Dumbledore ahora. Por favor, Hermione, necesito que estés allí. - me dijo, mirándome fijamente. Asentí con la cabeza. De repente recordé a Draco, pero Harry parecía haberlo hecho también, ya que centró la mirada en el rubio - Lo siento, Draco, como comprenderás, es para gente de nuestro bando.

-Yo pertenezco a vuestro bando - dijo Draco, repentinamente enfurecido, pero también dolido. Conocía a Draco perfectamente, y sabía que le había dolido que Harry no confiase en el como uno más.

-¿Ah sí? - dijo Harry, quien parecía incrédulo. - Tu padre no parece pensar lo mismo. Se ha unido a Voldemort y ya es un secuaz más.

-Lo que haga mi padre es solamente asunto suyo. Yo ya no soy un Malfoy.

-¿Serás capaz de distinguir tu bando cuando empiece la verdadera contienda? - lo retó Harry. Ambos se encararon mientras se miraban con suma fiereza.

-Harry, Draco ha demostrado ser diferente. - dije yo, interviniendo en la vehemente situación. - Te pido que le des un voto de confianza. - susurré, implorando a Harry con la mirada.

Tras dudarlo unos instantes, Harry aceptó ligeramente con la cabeza.

-Está bien. Despacho de Dumbledore. Diez minutos. - dijo, marchándose rápidamente de la estancia, sin dirigirme una última mirada. Sentí una punzada atravesar lentamente mi corazón. Harry ni siquiera había dedicado un último vistazo hacia mi persona. Aunque, supuestamente, ¿qué me importaba a mi? Yo ya había escogido cual sería mi vida… y en aquellos instantes, había cosas mucho más importantes en las que pensar.

Pasado un rato, nos encontrábamos todos reunidos en el despacho de Dumbledore, incluso el temeroso Neville. Harry, en el centro de la situación, examinaba un gran mapa.

-Por lo que sabemos - comenzó Harry, señalando Alemania en el mapa - Voldemort ha establecido una especie de reinado en Alemania, ayudándose del apoyo de la escuela de magia Zauberkunst. Sus intenciones son expandir la magia oscura en un radio de kilómetros lo más amplio posible y deshacerse de todo aquel que no sea un mago puro. O como el los llama… los sangre sucia…

Cerré los ojos con fuerza ante aquel concepto. Los "sangre sucia"… aquellos que no eran magos puros, bien podían ser mestizos o hijos de muggles. Yo era considerada una "sangre sucia" para aquellos magos que sentían pavor y odio hacia los magos no puros. Así que en aquel momento yo estaba amenazada. Sentí mi cuerpo temblar y no pude evitar que se formara un nudo en mi garganta y que las lágrimas se agolparan en mis ojos. Todo estaba siendo demasiado intenso como para ser real y a todas aquellas emociones fuertes se le sumaba el hecho de estar bajo amenaza por lo que los magos consideraban el rídiculo "linaje". Dejé de escuchar todas las cosas que Harry estaba diciendo, dejé de ver todas las líneas que estaba trazando sobre aquel mapa. Salí corriendo del despacho de Albus Dumbledore, que tan amplio era, pero que para mi se había convertido en un auténtico agujero.

Me senté en unas escaleras cercanas al despacho, algo mareada. Me llevé las manos a la cabeza y cerré los ojos. En aquel momento, tan sólo quería desaparecer, desaparecer para siempre. Me sentía como una pluma, minúscula, indefensa y débil. Sabía que tenía que ser fuerte y luchar contra las adversidades que ahora se estaban anteponiendo en mi camino, pero simplemente no encontraba mi fuerza interior.

Entonces, una mano se posó sobre mi hombro, una mano cálida. Ni siquiera alcé la vista ante su contacto, sabía perfectamente como era su forma de tocarme.

-Hermione… - dijo, en un susurro, mientras se sentaba a mi lado. No respondí. La voz de Draco inundó mis pensamientos - Sé por qué has salido corriendo del despacho de Dumbledore. Pero quiero que sepas que para mi, no importa lo que seas. Sólo me importa cómo tú eres. Y pienso luchar a tu lado hasta el final.

Lo miré con lágrimas en los ojos, mientras mi cuerpo temblaba. Sus ojos grises permanecían serenos aunque con cierto halo de tristeza.

-¿Aunque eso suponga separarte de tus padres para siempre?

-Sí. Aunque eso suponga dejar de ser yo mismo, incluso. - afirmó, con total seguridad. Cerré los ojos y me abracé a él, mientras me reconfortaba en sus brazos, cálidos.

Tiempo después, me quedé a solas. Me preocupaba mi madre, estar lejos de ella en aquellos momentos. Quería saber como se encontraba y como había asumido la noticia, así que le envié una lechuza, esperando con ansias su respuesta. Me apoyé en el alféizar de uno de los grandes ventanales de Hogwarts, intentando dejar la cabeza en blanco por unos instantes, aunque me resultaba una tarea realmente dificil.

-Hermione - era la voz de Harry tras de mi, pero ni siquiera me atreví a mirarlo, aunque mi corazón estaba sobresaltado - Pase lo que pase… quiero que sepas que cuentas con mi apoyo. Espero poder contar con la inteligencia de una gran bruja como tú. - no me hizo falta mirarlo para saber que sonreía.

-Gracias … - musité yo. Entonces, sentí que su mano rozaba la mía, pero la retiré rápidamente. Sin embargo, el volvió a tomar mi mano entre las suyas, como si nada más le importase.

-No estás sola, Hermione. He seguido en tu corazón siempre - susurró tras de mi - al igual que tu en el mío. Y aunque no quieras, lucharé por ti. Por todos, pero por ti, porque eres lo que más he…

Sin embargo, la voz de Harry enmudeció cuando se escuchó un fuerte estruendo en uno de los lados del castillo. Un estruendo que hizo temblar los muros de Hogwarts.

-¿Qué ha sido eso? - dije yo, esta vez girándome para mirarlo.

-No lo sé - contestó él - pero sea lo que sea, prepárate para luchar. - dijo Harry, alzando su varita.