Hola a todos y todas! ¿Como estáis? Siento mucho la tardanza, pero las clases me quitan mucho tiempo para escribir. Sin embargo, no me olvido de vosotros y de la historia, así que aquí tenéis otro episodio más! Muchas gracias por seguir mi historia y por el apoyo que me dais, sois los mejores! Espero que os guste y no seáis timidos, dejadme algún review! Besitos
VIII
Temor
Harry y yo bajamos las grandes hileras de escaleras del castillo, con las varitas en alto y preparados para lo que pudiesemos encontrarnos.
Sentía el pulso de mi corazón acelerado y mi cerebro parecía querer estallar, pero debía de mantenerme en calma si quería estar en perfectas condiciones para la lucha.
-¡Hermione! - escuché tras nosotros. Se trataba de Draco, quien también había escuchado el fuerte estruendo y tenía su varita alzada, mientras bajaba corriendo las escaleras hasta llegar a nuestro encuentro. - La Profesora McGonagall dice que se trata de un dragón envíado por los alemanes para amedrentarnos. ¡Los franceses han caído ante Voldemort! Beauxbatons ha sido conquistado por Voldemort y sus secuaces y ya no podemos contar con ellos.
-¡Pero qué demonios estás diciendo! - le espetó Harry, mirándolo con fiereza - Teníamos un acuerdo con los aurores franceses, ¡no han podido caer!
-Pues lo han hecho - replicó Draco, con la misma fiereza con la que el moreno le había hablado. - Y ahora no podemos contar con ellos para ninguna misión más. La profesora McGonagall está intentando ponerse de acuerdo con Ilvermorny.
Ilvermorny era la escuela de magia y hechicería de los Estados Unidos de América. Siempre se habían llevado bien con Hogwarts y con Albus Dumbledore y recé por que aquella vez no nos fallaran y se unieran a nuestras filas.
-¡Vamos! - dije yo, instándoles a continuar - no hay tiempo que perder. Tendremos que luchar contra ese dragón antes de que se cometa una tragedia.
Llegamos al vestíbulo de Hogwarts y nos encontramos con la terrible escena. Un dragón de tres metros de alto, robusto y de color azul añil lanzaba unas enormes llamas de fuego a todo aquel que se le acercase demasiado. Pero hubo algo que me llamó la atención, más allá de la magnitud del ser mágico: la Marca Tenebrosa se encontraba allí, reluciente, en el costado del dragón. No cabía duda de que había sido envíado por Lord Voldemort y sus secuaces.
-¡Preparaos! - dijo Harry, poniéndose a mi lado. Lo mismo hizo Draco.
Entonces, como si estuviésemos coordinados, los tres alzamos nuestras varitas y comenzamos a lanzar hechizos congelantes para intentar frenar al gran dragón. Sin embargo, parecía como disparar al aire, pues al dragón ni siquiera le hacían cosquillas nuestros encantamientos.
De repente, el dragón se alzó imponente contra nosotros y nos miró con furia en sus ojos amarillentos. Un temblor recorrió todo mi cuerpo y sentí como el temor se apoderaba de mí. Sin embargo, debía de ser valiente y no flaquear ante aquella inhóspita situación, de lo contrario, estaríamos perdidos para siempre.
No obstante, el corazón se me paró en un latido cuando vi como el dragón azul levantaba sus garras e intentaba apresar a Draco y Harry a la vez. Pero mis impulsos fueron más fuertes y me abalancé sobre el moreno para intentar protegerlo de la que sería una terrible embestida por parte del ser mágico.
En aquel momento, se escuchó un terrible y ensordecedor grito de dolor y Harry y yo, que nos encontrábamos abrazados, protegiéndonos de los ataques de la bestia, miramos hacia la dirección de la que provenía tal aullido.
-Draco - susurré yo.
Mientras yo había protegido a Harry, la bestia se había abalanzado sobre Draco con sus garras, provocándole una profunda herida en un costado que lo había dejado desmayado.
-¡Draco! - chillé yo, con lágrimas en los ojos e intenté correr hacia él, pero Harry me lo impidió.
-¡No es seguro, Hermione! El dragón podría volver a atacarlo - decía él, intentando detenerme mientras yo me revolvía entre sus brazos.
-¡Tengo que ayudarlo, Harry! ¡Podría morir! - contesté yo, intentando escabullirme de su agarre, pero él apretaba más fuerte.
Entonces, unos hombres armados con sus varitas que habían estado contemplando la escena apartaron a Draco hacia un lugar más seguro y uno de ellos se acercó hasta nosotros.
-Lo llevaremos a un lugar seguro. La herida parece bastante grave y… no sabemos cual será su destino. Encargaos del dragón, está mal herido. Él consiguió lanzarle un poderoso hechizo que contrarrestó sus fuerzas - explicó el hombre, de pelo castaño y profundos ojos azules.
Ambos asentimos con la cabeza y nos dispusimos a levantar nuestras varitas nuevamente. Tras mirarnos fijamente a los ojos, ambos unimos las varitas y lanzamos un poderoso conjuro que dejó al dragón desmayado.
De repente, todo se quedó en un terrible silencio, mientras observábamos a la criatura, que yacía con los ojos cerrados.
En aquel momento, Harry y yo nos miramos y, sin pensarlo, nos abrazamos, fundiéndonos en un cálido beso. Pero, al separarnos, la ilusión se esfumó de entre nosotros.
-Lo siento, Harry…pero tengo que ver como está.
Harry no respondió nada más, se limitó a mirarme con una infinita tristeza en su mirada. Ni siquiera aquel beso había conseguido que me olvidase de la terrible situación que estábamos atravesando, aunque si lo había logrado por unos momentos.
Llevándome la mano a los labios, salí corriendo hacia la enfermería sin dirigir una última mirada a Harry, aunque aún sentía sus ojos clavados en mí.
Cuando llegué a la enfermería, Draco tenía el torso desnudo y la herida había dejado de sangrar y comenzaba a cerrarse, lentamente, mientras una varita que flotaba, encantada, iba cosiendo la herida. El rubio estaba consciente, aunque su rostro parecía profundamente cansado, mientras la señora Pomfrey, la enfermera de Hogwarts, iba de allá para acá, tomando nota de las evoluciones de Draco.
Al hacerme notar, Draco me miró. En sus ojos pude ver tristeza y dolor, sobre todo dolor. Y sabía que no se trataba de dolor por la herida de su costado, que también, sino por algo más profundo aún.
Me acerqué a él y me senté a su lado, en la camilla de la enfermería. La señora Pomfrey me miró con ojos tiernos y dijo:
-Ha sido muy valiente lo que habéis hecho ahí afuera. Os dejaré solos - y tras eso, se marchó hacia su despacho.
Draco se mantuvo en silencio, esquivando mi mirada.
-…¿Cómo estás? - susurré yo, pasando una mano por sus pálidos y blanquecinos cabellos. Seguía sin mirarme.
Tras un largo silencio, se atrevió a contestar.
-Supongo que bien… la señora Pomfrey me ha curado. Aún me duele un poco. - todavía no se atrevía a mirarme y me sentí culpable.
-Me asusté mucho por tí. Pensé que…-comencé a decir yo, con ternura, pero Draco me silenció.
-No hace falta que finjas, Hermione. Lo vi todo… vi cuando el dragón se abalanzó, sobre él y sobre mi. Y sé que tu primer impulso fue saltar hacia él. Protegerlo a él. -enfatizó Draco, con todo el dolor de su alma reflejado en sus palabras.
En aquel instante, se forjó un nudo en mi garganta y las lágrimas se agolparon en mis ojos, queriendo salir mientras yo lo impedía. Lo cierto era que me había ganado la batalla el corazón y me había lanzado a salvar a Harry, la persona a la que amaba. Pero Draco, aquel hombre que tanto había hecho por mí, lo había dejado abandonado a su suerte. Me pregunté a mi misma si tendría que haber sido al revés, si tendría que haber hecho las cosas de distinta manera, pero lo cierto era que en aquel momento no había una respuesta concisa para mis preguntas.
-Draco, yo… lo siento - fue lo único que tenía capacidad de decir.
Entonces Draco clavó sus ojos grises en mí, sin entender.
-No es necesario que te disculpes, Hermione… Pero si quiero que sepas una cosa. Yo estaría dispuesto a perder todo por tí. Por que seas feliz. Y sé que no puedo obligarte a que sigas esta batalla a mi lado. No puedo obligarte a que me ames, a que sientas lo mismo que yo siento por tí. No puedo permitir que obligues a tu amistad a convertirse en amor. No puedo obligarte a que estés aquí.
Miré a Draco sin entender lo que quería decir y en ese momento, vi como una lágrima caía por su mejilla, haciendo que yo también soltase las mías.
-Draco, no sé que es lo que quieres decir - susurré yo, con tristeza.
Él tomó aire y continuó su discurso.
-Ve con él, Hermione. Sé que es lo que necesitas. Sé que yo no puedo hacerte feliz, aunque lo desee con toda mi alma. Tu lugar no está aquí conmigo y eso…es algo que he aprendido hoy. No quiero que sigas sufriendo a mi lado. Y por que te amo… sé que debo dejarte ir. - dijo él, con resignación, mientras las lágrimas seguían apoderándose de sus ojos.
Me quedé mirándolo, pérdida en todas aquellas palabras que acababa de decirme. Draco…¿estaba pidiéndome que lo abandonara en una situación así? Me fijé en como lloraba, en como se desmoronaba frente a mi ante tal decisión.
Ahora sólo estaba en mi mente y en mi corazón el hacerle caso y marchar junto a Harry o quedarme a su lado y librar aquella batalla con Draco.
