"Cuando todo parece estar perdido, siempre hay una pequeña luz. Tú debes elegir si levantarte para ir a ella o quedarte con la cabeza escondida"
—¡Harry no, Harry no, por favor, Harry no!— chillé aferrándome con fuerza a los barrotes de la cuna de mi hijo.
Voldemort, enfrente de mi, se rió como un loco. Alzó su varita y me apuntó al pecho.
—¡Apártate, muchacha estúpida... hazte a un lado, ahora!— exclamó.
No lo hice. No podía dejar a mi hijo solo. Tenía que protegerlo con mi vida, si así era necesario. Sentía como si estuvieran estrujando mi corazón, doliéndome un horror.
James... algo le había pasado...
—¡Harry no! ¡Por favor… ten misericordia… ten misericordia!
—¡Ésta es mi última advertencia...!— dijo dando un paso hacia mí. Sus ojos negros como la noche se habían clavado en los míos, con ferozidad, pero yo no le tenía miedo.
—¡Harry no! ¡Harry no! ¡haré cualquier cosa! Mátame... mátame a mí en su lugar...— dije como última baza.
James... James, cariño. Este es nuestro final. Sé que te ha pasado algo. Sé que ya no estás aquí, lo siento, ¿sabes? Aquí, el vacío de mi corazón me dice que hiciste lo que siempre me prometías: "Te protegeré con mi vida, a los dos. Son lo mas valioso que tengo"... y lo hiciste. Luchaste hasta el final para salvar nuestras vidas y ahora yo...
James Potter, arrogante merodeador... Te amo...
—¡Avada Kedavra!
Un grito desgarrador salió de mis labios de pura agonía y dolor, pero no me aparté. Protegería a Harry con mi vida, igual que hizo James.
Nuestro hijo debía vivir.
Lo último que pude ver ante de que todo se volviera oscuro, fue una luz verde que iba directo hacia mi.
—Oh, no. ¡Lily! Dime que es mentira, por favor, dime que esto no ha pasado... Lily... cariño... Lily abre los ojos, por favor, ábrelos...—escuché como me hablaba una voz. Sentía mi cuerpo ligero, como si estuviera flotando en medio de la nada.
Una caricia en mi rostro me alertó. Era como la caricia de una pluma.
—No, no, no puedes estar aquí. No, por favor... Harry...— seguía diciendo mientras se aferraba a mi, abrazándome mientras estaba tumbada. Como si una corriente eléctrica me hubiera recorrido por completo, algo hizo click en mi mente.
Esa voz...
¡No era posible! ¡James!
—Ja...James...— intenté llamarlo en un susurro. Mi corazón martilleó con fuerza en mi pecho, incapaz de creerme lo que estaba pasando. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacíamos aquí? ¿No había... muerto? ¿Y James? ¿Estábamos... en el cielo?
Su caricia se paró y me lo imaginé mirándome con asombro a través de sus gafas negras.
—Lily... ¡Lily, abre los ojos, cariño! ¡Vamos, déjame verlos!— me pidió con la voz temblorosa.
Cogiendo la fuerza de todas partes de mi cuerpo, lentamente abrí los ojos. Mi primera visión fue la cara de James justo encima de mi. Sus ojos marrones acuosos me miraban con amor, dolor y preocupación.
Al verme con los ojos abiertos, un suspiro de alivio salió de sus labios y se agachó para apoyar su frente en la mía, con una pequeña sonrisa mientras murmuraba:
—Menos mal... gracias a Circe... estás bien...
Tuve que hacer varios intentos, pero finalmente conseguí un poco de voz para hablar.
—¿James? Oh, James... ¿qué pasó? ¿Dónde estamos? Yo creía que... yo... tu estabas... y yo pensé que...—empecé a balbucear sin saber muy que decir. Montones de pensamientos se habían acumulado en mi mente, no dejándome definirlo muy bien. Rodeé con mis brazos su cintura, aferrándome a algo entre tanta locura— Harry...
—Shhhhh, cálmate, ¿vale?— me pidió dándome un beso en mi sien— Lo siento mucho, Lily. No sé lo que pasó. Lo último que me acuerdo era que me enfrentaba a Voldemort, después está todo negro. Oh, lo siento, perdóname, mi vida, no pude cumplir mi promesa...
—¡James, ni se te ocurra volver a decir eso!— espeté con dureza. ¿Cómo podía pensar eso? ¡Había dado la vida por nosotros! Me alejé un poco de él y lo miré fijamente a los ojos— Hiciste lo que pudiste. Voldermort era muy fuerte...
—¡Pero yo tenía que haber sido mucho más! ¡Tenía que haberos protegido a ti y a...!— pero no llegó a terminar su frase. Sus ojos se abrieron de repente, a la misma vez que sentí como mi corazón dejaba de latir. ¡HARRY!
Si James y yo estábamos aquí... ¿DÓNDE ESTABA ÉL?
—Vuestro hijo está bien— escuchamos de pronto una voz grave a nuestra espalda.
Rápidamente nos giramos y James se colocó delante en posición protectora.
Allí se encontraba una figura enfundada con una capa y capucha color grisáceo oscuro, que lo tapaba entera. Su complexión era delgada y alta.
—¿Quién eres y qué quieres?— preguntó James con voz tensa, mirándo fijamente al encapuchado.
—No tiene ninguna relevancia que os diga quién soy. Y sobre lo que quiero, bueno, es fácil: a vosotros— respondió con voz indiferente. Se acercó un paso mas a nosotros y mi mano rápidamente fue a buscar la de James, la cual la cogió con mimo y protección.
—No te acerque ni un paso mas. ¿Eres tú quién nos ha traído aquí?— espetó James sin apartar su mirada. Por el rabillo del ojos observé como su mano libre vagaba hasta los bolsillos de su pantalón, pero al darse cuenta que no tenía la varita, cerró la mano en un puño.
—Podía decirse que sí— dijo la figura y, de pronto, en su mano apareció una varita.
—¿Qué...? ¿Qué es lo que hacemos aquí? ¿Para qué nos quieres?— pregunté, intentando que mi voz pareciera firme.
La figura empezó a juguetear con la varita, sin siquiera mirarnos. Bueno, colocar su cabeza en dirección nuestra, puesto que no podía ver sus ojos.
—Fue algo de último momentos, no debería de haber pasado— explicó escuetamente. Sentí un nudo en mi estómago y me apretujé aún mas contra James.
—¿Qué...?—empezó a preguntar James, pero se calló cuando la figura le chistó y lo mandó a callar, mientras levantaba la mano de la varita como pidiendo un momento.
No sabíamos donde estábamos, qué querían de nosotros, qué había pasado con nuestro querido Harry, no teníamos la varitas... así que hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento. Esperar, acatar órdenes aunque deseáramos con todas nuestras ganas saber las respuestas.
—James...—lo llamé en un susurro. Como respuesta sentí como me apretaba la mano que me tenía agarrada. Entendí su mensaje.
No tenía que preocuparme, James estaba aquí, conmigo y juntos saldríamos de esta.
—Oh... ¿ya? —murmuró la figura a la nada, mirando por un segundo a su espalda— Genial, entonces empecemos.
Alzó una de sus manos hacia arriba y ante ese gesto su manga cayó hacia su muñeca, revelando así una mano de piel morena y casi esquelética. Mi corazón saltó cuando chasqueó sus dedos.
De pronto, todo a nuestro alrededor empezó a temblar. Inconscientemente cerré los ojos y noté como los brazos de James me rodeaban. Pasaron pocos segundos de temblor y cuando terminó, un extraño sonido llegó a mis oídos. Poco a poco abrí los ojos y, para mi sorpresa, me fijé en mi alrededor.
Nos encontrábamos en la estación de King Cross.
Mi boca se abrió varios centímetros de la impresión y un cosquilleo se formó en mi estómago. ¿Qué era esto? ¿Qué estaba pasando?
La estación estaba llena de gente, yendo de un lado para otro, charlando, despidiéndose entre ellos... Era un día 1 de Septiembre. Para mi ratificación, ahí, magestuoso, me encontré a el Expreso Hogwarts.
—¿Qué...? ¿Cómo...?— masculló James a mi lado, mirando a todos los lados como yo, sin poder creérselo. Hace poco nos encontrábamos en Grodric Hollow, después nos vimos en una especia de nada y ahora estábamos en King Cross.
¿Qué clase de magia era esta?
—¡Guau, mamá, mira eso! ¡Es enorme!— escuché de pronto una voz infantil a mi lado. Esa voz... no podía ser... Rápidamente me di la vuelta para quedarme de cara a la portavoz de la foto y mi corazón dejó de latir cuando visioné a la niña.
La niña no dejaba de mirar a todos lo sitios fascinada, agarrada fuertemente de la mano de su madre para no perderse. Sus ojos verdes brillaban con emoción y con su mano libre no dejaba de juguetear con un mechón de su pelo pelirrojo.
Era... era... era yo con once años.
—Imposible... ¡mira!— me dijo con apremio James, mirando justo a mi espalda. Aún conmocionada, lo hice y miré a donde me señalaba James. Era un chico con un pelo moreno alborotado, que tanto me sonaba, que reía junto a un chico moreno de pelo rizado.
Eran... James y Sirius.
—¿Cómo puede ser? ¿Dónde estamos? ¿Qué es esto?—susurré. James me miró y noté la sorpresa, la incertidumbre y la confusión en sus ojos.
—Estamos viendo cuando entramos a Hogwarts, esa fue la primera vez que vi a Canuto...—comentó James incrédulo y, entonces, una sonrisa se plantó en sus labios— Si es así, eso significa qué...
No tuvo que terminar la frase. Le lancé una mirada entre enfadada y resignada. Sabía que venía ahora...
Y pasó.
Mi yo pasado había visto por primera vez a James Potter y a Sirius Black, sus peores pesadillas durante 5 años.
—No pude evitar pensar lo bonita que te veías, esa primera vez que te vi. Aunque, claro, no aguantamos ni un minuto de charla civilizada— dijo James riendo viendo la escena— Recuerdo perfectamente tu primer insulto hacia mi: "Idiota babeante"— intentó imitar mi vocecilla de 11 años.
Sentí como mi rostro se coloreaba y, furiosa, le pegué en el hombro.
—¡James, por Melín, pongámonos serios!— exclamé, apartando con algo de esfuerzo la mirada de esa escena que me traía tantos recuerdos e inspeccioné mi alrededor.
¿Qué hacíamos aquí? ¿Habíamos vuelto al pasado? ¿Por qué? ¿Quién era esa figura encapuchada? ¿Qué quería de nosotros?
La gente andaba a nuestro lado sin hacernos casos. Era como si no existiéramos... e, incluso a veces, era como si nos traspasara... como si no estuviéramos allí.
En ese momento, el sonido de la alarma que anunciaba la próxima salida del tren, nos alertó. Miré hacia el Expreso y mis ojos se toparon conmigo que se despedía de sus padres y hermana con lágrimas en los ojos, pidiendo que le escribieran muchas cartas. Una pequeña sonrisa se formó en mis labios y esta aumentó cuando, al subir la Lily pequeña, tuvo que entrar en el mismo compartimento que estaban James y Sirius. Menudo camino me dieron...
Cuando el tren ya solo fue un punto a lo lejos casi invisibles, las personas que se encontraban en la estación, se empezaron a marchar. Al final, James y yo acabamos solos allí en medio.
—Seguro que os preguntaréis que hacéis aquí— escuchamos de pronto la misma voz de la figura encapuchada a nuestras espaldas. Rápidamente nos dimos la vuelta y nos encontramos a un hombre sentado tranquilamente en uno de los bancos mientras leía un periódico.
El hombre tenía el pelo canoso y sus ojos eran de un color negro opaco. Al igual que sus manos, tenía el cuerpo esquelético.
—Te lo vuelvo a preguntar, ¿quién eres?— espetó James dando un paso hacia delante.
El hombre miró a James impasible por unos segundos. Después, esbozó una tensa sonrisa, como si le costara mucho sonreír.
—No tienes que ponerte así, chaval. No te va a pasar nada. Ni a ti, ni a tu mujer. Deja de estar tan tenso .
—¡¿Dónde esta nuestro hijo?! ¡¿Dónde está Harry?!— exclamé con los nervios a flor de piel. ¿Nos pedía que nos tranquilizáramos, en serio?
—Harry ahora mismo se encuentra en buenas manos—respondió el hombre con voz tranquila, mirándome ahora a mi— Lo tiene un tal Rubeus Hagrid
Cuando escuchamos esa última frase, James y yo nos aliviamos. Estaba a salvo. Aunque, entonces, algo captó mi atención. Si Harry estaba salvo y James y yo estábamos aquí...
—¿Qué pasó con Voldemort?— preguntó James haciendo eco a mis pensamientos, al parecer dándole vueltas a lo mismo que yo— Estaba en nuestra casa y quería matar a nuestro hijo, ¿qué pasó con él?
Mi cuerpo se tensó y esperé expectante la respuesta del hombre.
—Sabeis que Voldemort quería matar a vuestro hijo y esta noche estuvo a punto de conseguirlo— respondió después de soltar un suspiro. Sentí como me oprimían el corazón y con consternación, llevé mis manos a la boca— Después de matar a James Potter, subió a la habitación dispuesto a hacer lo mismo con el hijo pero tú, Lily Evans (o Potter) te impusiste en su camino y moriste con tal de salvar a tu hijo. Eso hizo que tu hijo tuviera una barrera de protección y cuando Voldermort lanzó la maldición asesina, esta rebotó y le dio a Voldemort, haciendo que este perdiera todos sus poderes. Rubeus Hagrid lo sacó de entre las ruinas y ahora está a salvo.
—Mi niño...—murmuré sin saber que pensar. Entonces era verdad. Habíamos muertos... Vordemort nos había matado, para así llegar a Harry pero él sobrevivió... Y ahora estaba bien... Y Voldermort perdió todos sus poderes...
—Está bien, Lily, Harry se ha salvado— me dijo abrazándome con fuerza a su pecho. En ese momento me di cuenta de que estaba llorando. Me aferré a él con fuerzas y sus brazos me cogieron con cariño.
—Pero, entonces, ¿qué hacemos aquí?— preguntó James por encima de mi cabeza. Su mano había empezado a acariciar mi pelo para tranquilizarme— Es que... ¿estamos en el cielo? ¿Esto es el cielo?
—No exactamente— respondió el hombre y escuché el sonido de pasar página del periódico— ¿Conoces el limbo? Pues mas o menos eso.
—Y si ya estamos muertos... — ante esa palabra, me apreté aún mas contra James— ¿qué hacemos aquí?
Interesada con la respuesta, me separé un poco de James y miré al hombre. Con rabia, me quité el rastro de lágrimas que se había quedado en mi mejilla.
De pronto había dejado el periódico olvidado a su lado y se había levantado. Su rostro había dejado la indiferencia para mostrar la seriedad y furia.
—Hay un problema... Y es que no deberíais estar muertos.
Un silencio se instaló a nuestro alrededor, mientras intentábamos digerir esas palabras.
—¿Qué... qué quieres decir?— susurré inaudible. ¿No deberíamos estar muertos? ¿Qué?
El hombre soltó un suspiro frustrado.
—Hubo una decisión de último momento que cambió todos los planes. Vosotros deberíais estar vivos, tenían grandes cosas que hacer, pero los otros son muy graciosos e hicieron trampas.
Con cada palabra que salía de sus labios, mas estupefacta me quedaba. ¿QUÉ ESTABA DICIENDO?
—Ahora mismo no hay tiempo para contaros toda la historia, pero estoy seguro que habéis escuchado ese famoso mito de la balanza del bien y del mal, ¿no?— explicó cruzándose de brazos. No me moví, pensando en lo que decía, pero James tuvo que asentir porque prosiguió— Pues ahora resulta que los Hedos (como se le dice aquí al mal) han hecho trampa y ha matado a dos personas antes de tiempo.
—Si no deberíamos estar muertos... entonces... ¿podría revivirnos? Como dice, no es nuestro tiempo...— dijo James con la esperanza e incredulidad reflejada en su voz.
El hombre negó con la cabeza.
—Lo siento, chaval, reglas de la magia.
Fue como si me hubiera estampado en ese momento con el suelo después de volar varios metros.
—¿Y como es que han hecho trampa? ¿Fuero ellos los que le dijeron a Voldemort donde estábamos para que nos matara?— pregunté tensa.
—No estás muy desencaminada. No fuero ellos, pero por su voluntad si lo hizo alguien. Era alguien muy especial para ustedes, que sabía donde vivíais. Pet...
Pero no pudo terminar lo que dijo. Un fuerte estruendo lo interrumpió.
Pegué un salto del susto y mi corazón aumentó de velocidad. ¿Qué era eso?
—Maldición— masculló el hombre entre dientes mientras miraba al cielo. A los pocos segundos nos miró con firmeza— Debéis iros— nos ordenó.
—¿Cómo que irnos? ¡No sabemos si quiera cómo vinimos!— exclamó James apretándome contra él. Por Merlín, esto era una locura...
—¡Por eso no te preocupes, de eso me encargo yo!— espetó— ¡Ahora despedíos!
No supe que si lo había oído bien.
—¡¿QUÉ?!
—¡Lo que habéis oído, maldición! ¡Ahora debéis separaros si queréis que no os pillen!
—¡No me pienso separar de Lily!
—¡Deja de hacerte el héroe, chaval! ¡Si quieres salir con vida de esto tienes que dejarla!
—¡Que no! ¡Ni se te ocurra separarnos!
El hombre nos miró con ferocidad, mientras de lejos se volvía a escuchar el estruendo, como si quisieran tirar algo.
—No puedo reviviros en este mundo, va en contra de las reglas, pero... pero si encontráis las Tres Esferas Cenires podréis. Y para eso tenéis que separaros. Cuando despertéis estaréis en un mundo distinto. ¡Allí, tendréis que encontraros y recordadlo todo! ¡Si lo hacéis y conseguís las Esferas volveréis solos! ¡AHORA DEBÉIS IROS!— gritó con sus ojos relucientes.
No, no, no quería separarme de James... Mi rostro reflejando todo el miedo que sentía en ese momento, se giró hacia él en el mismo momento que él lo hacía. No hizo falta decir nada. Nuestros labios se unieron con dolor y desespero. No quería...
Cuando nos separamos, James juntó nuestras frentes.
—No te preocupes, mi amor. Lo conseguiremos, ¿vale? Te encontraré donde quiera que estés y no te volveré a dejar, nada ni nadie nos separará. Por mi, por ti, por Harry... No me olvidaré de ti. Volveremos a nuestro hijo, ¿me oyes? Es una promesa— susurró con ferocidad y vehemencia.
Las lágrimas salían de mis ojos sin impedimento, dificultandome la visión.
—Te quiero, te amo...—le susurré con voz rota.
—Te amo con toda mi alma— me respondió antes de volver a juntar sus labios con los míos.
—¡Lo siento, no puedo daros mas tiempo!— nos gritó el hombre interrumpiéndonos.
Antes de que una nube de humo gris me rodeara y me separa de James, pude deslumbrar como, de la nada, aparecían muchas figuras con capuchas color negra.
Jamás pude superar la muerte de Lily y James Potter. Aunque no salieran en los libros y/o películas, siempre estuvieron presentes en esencia o por lo recuerdos y palabras de los personajes de primera generación: Sirius, Remus, Severus, Dumbledore, Minerva... Es por eso que yo creo que ellos merecen una historia suya, ya sea en sus años de estudiantes, después de Hogwarts o, incluso, los UA.
Y, siendo tan fanática como soy, me pude a darle la vueltas. Y pensé: Si mueren en Harry Potter... ¿qué pasa si tiene una historia en un mundo completamente diferente? No podía, simplemente, dejar que murieran y ya. Además, tampoco me podía entrar en la cabeza... que esa... rata de Peter los hubiera traicionados. POR MERLÍN, ERA UN MERODEADOR. Así que decidí... darle un cambio pequeño, pues, ¿no dicen... Nada es lo que parece?
¿Qué tal? ¿Os ha gustado? ¿Qué pensáis? Es mi primer fics de más de un capítulo de ellos.
Muchas ranas de chocolates y grageas de todos los sabores ^^
¡Nos vemos!
