—¿Está la mesa puesta ya?— me preguntó la Maestra. Rápidamente asentí mientras cogía la bandeja con las últimas copas que quedaban por poner.

—Solo esto— respondí. La Maestra, con ambas manos en su cintura, también asintió y se giró para dirigirse a Jane, Dave y Ashley (una chica de la cocina) con el rostro serio.

—Muy bien, chicos. Esta noche es la fiesta que lleva preparando nuestra ama desde hace varios meses. Todo tiene que salir perfecto, ¿me habéis oído?— habló en voz alta y clara. Todos asentimos serios. No tenía que salir como nosotros creíamos perfecto, si no como la señora lo hacía. Dio una palmada y todo entendimos la orden: todo el mundo en marcha.

Salí de la cocina y veloz, me dirigí al Gran Salón, donde habían estado las señoras ayer. Con mi espalda, abrí la puerta ya que tenía las manos ocupadas y cuando entré, coloqué las copas en una gran mesa a un lado de la sala. En la mesa había muchos platos llenos de aperitivos, jarras con distintas bebidas y jarrones con hermosas orquídeas decorando. Terminé de acomodar unas últimas flores en su lugar justo antes de que la puerta se abriera y de ella entrara Jane.

—¿Todo terminado?—preguntó cerrando la puerta tras ella, trayendo el último jarrón.

—Si—respondí mientras la observaba acercarse a la mesa. Para mi asombro, me fijé en como sus manos temblaban. A punto estuvo de caer el jarrón, pero tuve buenos reflejos antes de que empapara el mantel. Si eso llegara a pasar, la señora nos mataría.

La miré inquisitivamente.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué estás nerviosa?—cuestioné cruzándome de brazos. Jane entrelazó sus dedos y apartó la mirada para posarla en el suelo.

—N-nada— musitó esquiva. Me acerqué a ella y cogiendo sus manos, le di un apretón para que me mirara. Lo hizo después de soltar un suspiro. Sus ojos no brillaban como de costumbre y noté la preocupación en ellos.

—Dime, anda— la alenté con una sonrisa— Sabes que puedes confiar en mi.

Pasó unos segundos en silencio, donde estaba ordenando sus ideas, hasta que finalmente conectó sus orbes marrones con las mías.

—Le escuché a la señora decir que la familia Daewood venía— explicó en un tono bajo. Me costó un momento entender lo que decía.

—¿Com-completa?

Jane asintió.

—Yo... yo no quiero, Lily. No quiero volver a verlo—musitó con voz temblorosa. Al verla en ese estado: con sus ojos oscuros, hombros encorvados... simplemente me dejé llevar y la rodeé con mis brazos. Ella se apretó contra mi fuertemente— No lo he vuelto a ver desde ese día en el claro... Solamente a su madre, y esta jamás habló de él. Lily, no quiero. No quiero verlo de nuevo— balbuceaba.

—Shhhh—musitaba intentando tranquilizarla— No, Jane, no te pongas así. Ya verás como no te encontrarás. Mira, la señora ha subido a Danesse, a Helen y a Jhon. Si quieres pueden ellos encargarse del salón y tú te quedarás fuera, ¿vale?— pregunté para subirle un poco el ánimo. Aunque, de todas formas, habría un momento en el que yo saldría. La petición de Sirius.

Casi imperceptiblemente, Jane aceptó mi propuesta con la cabeza.

—Sí.

—Muy bien, pues entonces vamos. Debemos irnos, ya pronto vendrán las señoras— la apremié. Jane se apartó mientras se quitaba una lágrima que había salido de uno de sus ojos. En sus labios había una pequeña sonrisa.

—¿Mira, escucha y calla?— preguntó. Una sonrisa se formó en mis labios.

—Mira, escucha y calla— acepté la frase que nos dijo una vez la Maestra.

·

—¡Lily, necesito ahora mismo una jarra con vino!— me pidió Helen. La miré y asentí, antes de que se marchara de nuevo entre la gente.

Un suspiro salió de mis labios, mientras me despegaba de la pared donde debía permanecer todo el tiempo hasta que me necesitaran, como momentos como aquellos. Intenté pasar entre las personas distinguidas que había en el Gran Salón. Señoras con vestidos pomposos, caballeros con traje de gala y jóvenes iguales que sus progenitores. En un principio, (según me dijeron ya que en ese momento no estaba aquí), la fiesta sería una fiesta privada. Pero cuando la señora fijó la fecha y advirtiendo que se acercaba a la fecha del cumpleaños de su hijo pequeño, Regulus, decidió hacer una fiesta a lo grande. Estaba segura que Regulus no conocía ni a la mitad de la gente que había aquí.

Decidí escabullirme cerca del lugar de la pared para así no tener un encontronazo con alguien, y fue así hasta que llegué a la puerta. Justo antes de llegar me encontré a Sirius, junto con unos cuantos chicos de más o menos su edad, buscando a alguien. A pocos pasos de él, me ubicó y una enorme sonrisa surcó sus labios. Sin decir nada, rápidamente se acercó a mi.

Bajé mi rostro cuando llegó a mi lado.

—Ha habido un ligero cambio de planes—me dijo en voz baja intentando que no se enterara mi alrededor.

Por una milésima de segundo alcé la mirada para observarlo interrogativa. Cuando me di cuenta, rápidamente la posé en el suelo.

—¿Qué ocurre?

—No es mucho. Mi madre acaba de llamarme y dice que debo dar un pequeño discurso en conmemoración al cumpleaños de mi hermanito. No podré acompañar a Frank, pero será solo eso— me explicó— Deberás llevar ahora, o bueno, en cuanto puedas, a Alice a la estatua del ángel como acordamos, ¿sí?

Asentí comprendiendo.

Sirius se separó de mi con una sonrisa satisfecha.

—Muy bien, querida Lily. ¿Nos vemos luego?— comentó guiñándome un ojo de forma coqueta. Solté un suspiro mientras sentía un poco de calor en mis mejillas.

Asentí de nuevo y cuando él se dio la vuelta yo salí de la sala. Estaba tan empeñada en no mirar a mi alrededor, que no me di cuenta cuando me choqué con alguien.

—Lo siento— musité a la persona que iba saliendo como yo. Me paré e hice una reverencia, igual a como nos enseñó la Maestra.

—No pasa nada, la culpa es mía— respondió una voz grave con sinceridad. Junto a los pares de zapatos marrones del chico, aparecieron unos negros.

—Hey, vamos o llegaremos tarde a tu cita— le dijo otro chico. Su voz áspera, grave y varonil por unos momentos me dejó atontada.

—Eeh, sí, claro— dijo con voz nerviosa. Los dos empezaron a alejarse sin siquiera decirme nada más.

Cuando estuve segura que estaban lo bastante alejados, alcé la cabeza y me encontré a dos chicos. Uno de ellos, un joven de pelo muy corto negro andaba en una postura tensa, como si no estuviera seguro de hacer algo, mientras su acompañante, un chico también como el pelo revuelto moreno, bromeaba de su postura.

Al desaparecer por la esquina del pasillo, fue como si mi mente hiciera click de nuevo y volviera a estar en mi cuerpo. Rápidamente, y mascullando para mi, me giré y me dirigí a las cocinas.

Cuando entré, descubrí que era un hervidero, mucha gente trabajando, yendo de un lado a otro. Me escabullí entre las personas y me dirigí al lugar de la cocina que se encontraba Alice. Por el camino me acordé de la jarra que me pidió Helen. A Fabia, una chica de las cocinas, le dejé el encargo de Helen. Ésta asintió y lo hizo.

Me posicioné al lado de Alice y vi cómo se llevaba un trozo de pan a la boca.

—¡Hola, Lily!— me saludó nada más verme con una sonrisa que fue correspondida— Me has pillado en mi ratito de descanso, he cogido algunas sobras, ¿quieres?— me explicó cuando advirtió mi mirada en la comida.

Negué.

—No, gracias, Alice

La observé unos segundos más pensando cómo decirlo. Pero si estaba en su descanso... pues nada.

—Alice, necesito que vengas un momento conmigo— le pedí. Alice dejó de comer y me miró curiosa.

—¿Por qué?— preguntó.

Hice una mueca.

—Quiero... mostrarte algo—respondí algo escueto. Era una sorpresa, ¿qué cara pondría cuando lo viera?

Alice me miró no muy segura de mis palabras, pero finalmente, tras unos segundos en silencio, asintió. Se levantó de la silla y me sonrió.

—Vamos.

Le correspondí la sonrisa.

—No te arrepentirás

O eso esperaba.

Cogí su mano y la llevé hacia la puerta trasera, lugar donde yo había entrado por primera vez a esta casa. Con cuidado, abrí la puerta y cuando Alice salió tras de mi, volví a cerrarla. Era una noche cerrada en donde algunas nubes, tapaban a veces una luna casi inexistente, que estaba en estado creciente. Había también muchas estrellas en el cielo, aunque también algunas eran tapadas. Todavía había nieve en el suelo y una brisa fresca nos envolvió.

Sabiendo que no serviría, estiré un poco el final de mis mangas para poder taparme un poco más. Hacía frío.

Tampoco iba muy destapada, no como el vestido de las cocinas de Alice (el cual yo había llevado un tiempo). El mío y el de Jane era negro también, con las mangas largas y una falda lisa que llegaba hasta abajo, tapándome así todas la piernas. Lo único malo era la parte de arriba. Tenía más escote que el de Alice y tenía los hombros al descubierto.

—¿Justo aquí?— me preguntó abrazándose a sí misma por el frío. Hice una mueca, no había caído en eso.

—Uhh... sí. Ven, vamos a la parte de delante, junto a los setos altos— la guié. Allí se podía decir que estábamos un poco más resguardadas del fríos. Las plantas eran altas, eso ayudaba, ¿no?

Frunciendo el ceño, Alice me siguió. El único sonido que se podía escuchar era el de nuestras pisadas. Nos dirigimos a la parte de los grandes setos en los jardines. Cuando llegamos a la entrada de ese pequeño laberinto, me paré y ella hizo lo mismo. Me giré a mirarla.

—Ahora debes ir tu sola— le dije mirándole a los ojos. Los suyos se abrieron con sorpresa y confusión.

—¿Eh?— musitó.

Le di una pequeña sonrisa.

—Sabes dónde está la estatua del ángel, ¿no?— como respuesta obtuve un asentimiento de Alice— Pues tienes que ir allí— le indiqué.

El ceño de Alice se hizo más pronunciado y estuve segura que por un momento, se estuvo cuestionando mi cordura.

—¿Y qué habrá o pasará allí?— me preguntó no muy confiada. Solté todo el aire acumulado en mis pulmones de un tirón.

¿Cómo hacías para no decirle nada?

—Alice—la llamé acercándome a ella. Cogí ambas manos y la miré con una sonrisa— Te lo digo como amiga, ¿si? He estado escuchando por ahí algunas cosillas y algunos contactos míos me han ayudado... Bueno—rectifiqué con una pequeña mueca—, mejor dicho me dijeron que te trajera para una sorpresa. Solo soy la intermediaria, y estoy segura que te gustará— le expliqué. Se quedó un momento en silencio, procesando mis palabras.

—¿Es algo bueno?— preguntó finalmente.

—¡Por supuesto, te gustará!— la alenté. Volvió a quedarse en silencio mirándome fijamente, hasta que asintió.

—Bien, vale. Dime que hago— aceptó.

Sonreí ampliamente.

—Tienes que ir ahora hacia la estatua del ángel. Allí está tu sorpresa.

—¿De verdad?

—Si— asentí con una sonrisa confiada. Su manos por un momento apretaron firmemente las mías, y después se separó.

—Muy bien—asintió ella también. Cogió aire profundamente y se giró para la entrada del pequeño laberinto de los arbustos. Miró la entrada por unos segundos y, de pronto, empezó a andar.

Se dio la vuelta para mirarme solo una vez antes de girar unas de las primeras curvas y desapareció de mi vista.

Un fuerte suspiro salió de mis labios. Ya está. Ya estaba hecho.

¿Cómo terminaría todo eso? ¿Sería el joven Logbottom el caballero de brillante armadura del cual se enamoraría la doncella Alice, al igual que los cuentos que me contaba mi madre cuando era pequeña? Y, bueno, aunque me hubiera mostrado segura frente ella, no podía dejar de lado esa pequeña parte de mi que estaba preocupada de Alice. ¿Había hecho bien? ¿Y si era todo una broma?

Un estremecimiento me recorrió entera y no estuve segura si fue por mi último pensamiento y por el frío que hacía. Parecía que el viento se había levantado.

¿Y ahora que hacía? ¿Me quedaba aquí? ¿La esperaba? No me había parado a pensar en esta parte tampoco... ¡Vaya planeadora estaba hecha! Como un acto reflejo, mis manos se alzaron y me rodeé mis brazos para entrar un poco en calor. ¿Cuánto tardaría?

—Es muy tarde para que una joven se encuentre por estos lugares— dijo, de pronto, una voz a mi espalda. Mi corazón saltó en mi pecho del susto y rápidamente me di la vuelta. Sin darme si quiera tiempo a bajar la mirada como mandaba el protocolo, mis ojos se enfocaron en él.

Me resultaba conocido...

Era alto y delgado, y llevaba puesto unos pantalones de vestir negros junto con una camisa con los primero botones desabrochados y la corbata algo suelta. Su chaqueta, también negra, la tenía desabrochada. Sus ojos marrones avellanas me miraba fijamente junto con una sonrisa ladeada, pareciéndoseme mucho a la de Sirius... pero con un matiz diferente. Su pelo moreno estaba desordenado, con una punta mirando a un lado diferente.

Una sensación extraña se apoderó de mi. Noté como mi boca se abría ligeramente, unos centímetros.

Cuando el chico se pasó la mano por el pelo, mi mente despertó de su ensoñación y sintiendo como mis mejillas se coloreaba, veloz miré al suelo mientras me maldecía por dentro.

—¿Qué haces aquí?, si se puede preguntar— volvió a decir. Al escuchar su voz grave y al ver su pelo, la imagen del chico que estaba con el que me había choca antes, me llegó a la mente. Era él.

—Órdenes del señor— me limité a responder. ¿Qué le interesaba a él? No tenía que interponerse en mis asuntos. Aunque, claro, al ver su ropa y su porte, supe que era uno de los invitados de la fiesta, un noble. Por eso, mi respuesta fue educada que si no...

—Oh, vaya, ¿tú eres la que venía a acompañar a la joven Alice?— me preguntó con verdadera sorpresa. Por un momento quise alzar la mirada, pero retuve las ganas.

—¿Y usted es Frank Logbottom?

Su risa me cogió con la guardia baja. Era tan ronca y... libre, que una sonrisa involuntaria se formó en mi rostro. ¿Motivo? Ni yo misma lo sabía. Solo era que... jamás me había reído yo así, tan... liberada. Involuntariamente subí mi mirada y mis ojos verdes se conectaron con los suyos.

—No, no soy el idiota enamorado de Frank— me respondió sonriéndome— Soy James Potter— se presentó con un guiño de ojos.

Mi mente se quedó en blanco. Noté como millones de chispas saltaban alocadas en mi pecho, poniéndome los pelos de puntas. ¿Qué me pasaba? ¿A qué venía esto? ¿Por qué me ponía así? Un estremecimiento me recorrió todo el cuerpo.

—¿Tienes frío?— me preguntó con su voz grave y, de nuevo, me quedé embobada escuchándolo. No esperó mi respuesta. Se quitó la chaqueta y después de andar los pocos pasos que nos separaban, de pronto, sentí un peso en mis hombros.

Mis ojos, aún sin apartarse de los suyos, lo miraron confusa, sorprendida y ¿agradecida?

—Señor...—musité sin saber muy bien que decir. ¿Por qué se comportaba así? Solo era una... sangre sucia.

James Potter hizo una mueca.

—No hace falta que me trates así. Si Sirius me comentó bien, tenemos la misma edad, ¿no?— me dijo con una ceja alzada. La estúpida de mí se había quedado muda, y no tenía ni idea del motivo.

—No... debería... yo...— musité en voz baja.

Sacudió su mano quitándole hierro al asunto.

—Te lo digo, ni señor ni nada, llámame James— me volvió a decir. Ag, igual que Sirius.

Con mis manos me apretujé aún más en la chaqueta del chico sintiendo la calidez que me transmitía.

—Si eso es lo que quiere...—murmuré en voz baja.

Chasqueó la lengua y una sonrisa se formó en sus labios.

—Si te digo que me llames por mi nombre significa que puedes tutearme, vamos— me dijo de forma jovial. Por dios... ¿qué tenían estos chicos? Es decir, no me quejaba (¡por supuesto que no!), pero era muy raro que dos nobles dejaran esas familiaridades a una simple sangre sucia como yo. De todos los únicos nobles que había conocido solo ellos eran así de cercanos. Algunos o nos trataban como escorias o simplemente nos ignoraban, haciendo como si fuéramos parte del mobiliario.

Sin saber muy bien que hacer, qué pensar o cómo sentirme, asentí.

Un silencio se instaló en nosotros donde podía oír perfectamente el latido de mi corazón, retumbando en mi pecho siendo estimulado por las chispas que saltaban en él.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?— me preguntó contando el silencio. Como si fuera lo más normal del mundo, cogió una ramita pequeña que había en el suelo y empezó a darle vueltas en su mano de forma despreocupada.

—Llevo... un mes. Hace un mes llegué a la mansión Black— respondí mirando con algo de fascinación como era capaz de hacer girar el palo con una sola mano con maestría.

Una gran sonrisa se extendió por sus labios al seguir mi mirada.

—Es por eso que no te recordaba— musitó, entonces.

Aparté mi vista de su mano para subirla a sus ojos avellanas que me miraban fijamente.

—¿Eh?— pregunté sin saber a qué se refería exactamente.

—Hace tres meses que no venía a esta casa. Podía decirse que la mitad de mi infancia y adolescencia ha sido en esta casa, junto con Sirius... Prácticamente somos como hermanos— me explicó mientras miraba con una sonrisa la fachada de la casa. Por un momento me llegó a la mente la imagen de un chico con el pelo moreno alborotado mientras reía junto a un chico moreno de pelo rizado. Mi corazón saltó en mi pecho y rápidamente alejé esa imagen de mi cabeza.

¿Qué me estaba pasando?

—Mi abuelo materno murió hace tres meses y tuvimos que ausentarnos una temporada para ir a Francia. Debíamos hacernos cargos de sus terrenos y teníamos que coordinarlos... Oh, perdón — exclamó de pronto, cortándose mientras me miraba.

—Oh, no. No tiene que preocup... no tienes que preocuparte—cambié cuando vi su mirada soltando una pequeña risita. ¡No había nada que hacer! Por mucho que una quisiera hacer bien su trabajo... pues bien, fueron ellos lo que lo dijeron, después que no reprochen— No tienes que callarte por mi, lo sé.

Una sonrisa ladeada se formó en sus labios y, de pronto, sentí como el calor se acumulaba en mis mejillas.

Fue entonces cuando la realidad volvió a mi. ¡Tenía que entrar ya! Como tardara mucho y la señora me llamara... estaría perdida.

—Ahora... tengo que disculparme—exclamé echando un vistazo al camino por el cual se iba a las cocinas. Me saqué su chaqueta, tendiéndosela. El frío me rodeó, pero intenté ignorarlo.

El rostro de James se contrajo un poco, pero no me dijo nada más. Y una parte de mí, que no sabía que tenía, se decepcionó de que no me parara. ¿Qué esperaba, en realidad? Por muy bien que me tratara, seguía siendo un noble, no había nada más que hacer.

Apretando firmemente mis labios, rápidamente me marché de allí después de murmurar una disculpa.

¿Qué me está pasando?

¿Quién es esta chica? ¿Desde cuándo me comportaba así? Por dios, lo acababa de conocer, ¿por qué estaba así? Sí, bueno, podía decirse que James era guapo pero me había encontrado con varios chicos guapo entre los señores o, incluso, trabajando en la casa, y no me ponía así. ¿Por qué con él sí? ¿Qué tenía de especial? ¿Y esas chispas que saltaban en mi pecho con solo verlo? Era igual... que con Sirius. Aunque... exactamente tampoco era tan parecido. Con Sirius era más... tipo una relación cercana de amistad... Pero con este chico, James Potter...

¡Ya no sabía que pensar!

Solté un gruñido y cerré los ojos por un segundo.

Lily, tranquila. Ahora, toca el trabajo.

Cogí aire antes de entrar en la cocina. El aire cálido me rodeó y una sentí una sensación agradable. Cuando pasé por una de las mesas, cogí una bandeja de plata que había allí.

De nuevo subí las escaleras que daban al pasillo principal para dirigirme hacia la fiesta.

Pero algo me paró cuando pasé por delante de unas de las puertas de unas de las salas de reunión. Alguien estaba gritando.

Intentando no hacer mucho ruido, me acerqué a la puerta y coloqué una oreja en la fría madera para oír algo.

—¡¿Qué haces?! ¡Déjame!—exclamó una voz aguda. Rápidamente la reconocí. Jane.

Iba a abrir la otra puerta para saber que pasaba cuando otra voz me paró.

—Janie, por favor, quiero hablar contigo—pidió la voz grave de forma calmada. Esta vez, en cambio, no la reconocí. ¿Quién sería? Del servicio no era... ¿alguno de la fiesta?

—¡No me llames así, ¿me oyes?!—chilló Jane y noté como su voz temblaba— ¡¿Cómo puedes siquiera hablarme después de lo que me hiciste?!

El chico gruñó algo que no logré escuchar bien y sonaron unos pasos.

—Jane, tengo que decirte algo muy importante. Tienes que escucharme—espetó firme.

Hubo un instante de silencio y después un manotazo, no sé muy bien si a la cara o alguna parte del cuerpo.

—¡¿Qué es lo que no entiendes por "déjame"?! ¡No quiero escucharte! ¡No quiero verte! ¡No quiero hablarte! ¡No quiero nada que tenga que ver contigo, Zander Daewood!

Y, de pronto, sin darme tiempo a moverme, la puerta se abrió causando que saltara de la impresión. Mi trasero dio contra el suelo en un ruido sordo mientras veía como mi amiga se alejaba del pasillo sin haber reparado en mí.

Cuando desapareció por una esquina, giré mi rostro y fue en ese momento en el que me di cuenta que el chico me estaba mirando fijamente con el rostro tenso.


*Sale con una pancarta* ¡TEAM JAMES! ¡TEAM JAMES!

Jejejejejej ¡ya apareció! ¿Qué tal? ¿Qué pensáis de este nuevo James? ¿Y su primer encuentro?

¡Muchísimas gracias por tu comentario, RubiSwartz! ¡Este capítulo es para ti! Sí, al principio también pensé en eso... pero... ewww, Lily es de James y para mi, es como si la pelirroja y Canuto fueran hermanos así que no pude poner nada de eso XD

Muchas ranas de chocolates y grajeas para todos.

¡No vemos!