Los segundos pasaron mientras que yo no podía apartar la mirada de la suya. Sus ojos eran de un color gris, pero más oscuros que los de Sirius. Su pelo, negro como el carbón, estaban pulcramente peinados para atrás. Llevaba un unos pantalones negros, una camisa negra, chaqueta negra y zapatos negros. Todo negro.

El silencio se prologó lleno de tensión durante unos minutos que se me hicieron eternos.

—¿Estás bien?—preguntó con voz dura. Sin saber qué hacer y con el cuerpo paralizado, asentí. Algo cruzó por la mirada del chico que sin decir nada más, empezó a andar hacia mi. Inconscientemente me encogí esperando...¿qué?

¿Qué estaba esperando? ¿Qué me regañara? ¡Me había preguntado si estaba bien!

El chico (Zander Daewood) paró al ver cómo me encogía. Por el rabillo del ojo pude ver como sus ojos relucían por unos segundos. Tensó su mandíbula.

—¿Lily?—escuché, entonces, como preguntaba alguien. Rápidamente mi cabeza se giró y me encontré a Sirius y James al principio del pasillo. Me miraban con la mezcla entre confusión y extrañeza en sus miradas grises y marrones. Una extraña sensación se instaló en mi pecho.

Después de la sorpresa del principio, se acercaron a mí.

—Lily, ¿estás bién? ¿Qué te ha pasado?— preguntó Sirius agachado frente a mi. James me miraba de pie con preocupación. No respondí. Estaba muda. Inconscientemente mis ojos se trasladaron a donde estaba Zander, todavía en la habitación, mirándonos con el rostro serio.

James y Sirius siguieron mi mirada y ambos rostros se endurecieron al encontrarse con él. Sirius se levantó para colocarse delante mía mientras que James me cogía de una mano y me ayudaba a levantarme, poniéndome después en su espalda.

—Vaya, Daewood, hacía tiempo que no te veía, creía que tardarías más en volver— comentó Sirius irónico. Zander se le quedó mirando en silencio, pensativo por unos segundos, hasta que finalmente esbozó una sonrisa. Un estremecimiento me recorrió entera y casi sin darme cuenta, di un paso hacia delante para pegarme a James.

—Ya ves, Black. Yo también pensaba lo mismo que tú— contestó él con un encogimiento de hombros.

—¿Y se pude saber el motivo?— preguntó Sirius, tenso.

Zander cuadró sus hombros y frunció el ceño. Se había cabreado bastante.

—Eso no es de tu incumbencia, Black—contestó brusco.

—Hey, hey, baja esos aires gruñón— se metió James en la conversación en un tono pacifista, pero la tensión no se iba de su cuerpo.

Zander trasladó la mirada de Sirius y James por un momento en silencio hasta que soltando un suspiro, empezó a andar.

—Perdeos— masculló en voz baja justo cuando pasaba por nuestro lado y se perdía por la parte del pasillo por donde se había ido Jane.

Poco a poco, sentí como mi cuerpo se iba relajando a la vez que mi corazón iba relentizándose, llegando a estar a una velocidad normal.

—¿Estás bien?— preguntó James mirándome mientras se daba la vuelta.

Sentí como el rubor aparecía en mis mejillas.

—S-sí. Mu... muchas gracias...

Sirius, que estaba mirando por donde se iba Zander con el ceño un poco fruncido, me miró.

—¿Qué ha pasado? ¿Te ha hecho algo ese idiota?

Negué con la cabeza. Sin embargo, en ese momento apareció en mi mente una imagen: él y Jane.

¿Qué había pasado? Debía de hablar... con ella.

—Estaba regresando al salón cando escuché gritos en esta sala— expliqué. Me di cuenta de que la bandeja estaba tirada en el suelo, por lo que me agaché para cogerla mientras que ambos me miraban extrañados.

—¿Gritos?— inquirió James.

Me quedé callada, no sabiendo muy bien cómo seguir. ¿Debería de contarlo? No. Le había prometido a Jane que nada saldría de mi boca… Rápidamente empecé a darle vueltas en mi cabeza, intentando buscar una buena excusa. No me gustaba mentir. Ellos eran nobles, además de que uno de ellos era mi señor. Pero… se lo había prometido, no pensaba faltar a mi palabra. Era algo que todavía no me había podido quitar la señora Black.

Al no ocurrírseme nada, decidí salirme por la tangente.

—Debería irme. He tardado demasiado, como me pille la señora…— me apresuré a decir, echando un vistazo a mis alrededor. Sirius y James se miraron, sabiendo lo que quería hacer, sin embargo no se opusieron— Con su permiso.

Y haciendo una pequeña reverencia, reanudé mi marcha hacia el gran salón. Después de andar un trozo y escuchar el cuchicheo de ambos chicos a mi espalda, oí como James alzaba la voz.

—¡Ya hablaremos tú y yo, Lily!

No me di la vuelta. Pero en mis labios, una pequeña sonrisa se extendió y ante la perspectiva de volver a ver a ese joven, mi corazón se aceleró.

·

Un sonoro bostezo salió de mis labios. Incapaz de retenerlo, me coloqué una mano en la boca para, aunque sea, taparlo. La señora odiaba que hiciéramos eso, siendo severamente castigados. Cuando estábamos en las horas de servicio (que resultaba ser todo el día) tenías que estar perfectos y serviciales, dispuesto a cualquier cosa. Pero tras haberme dormido a las tantas de la mañana después de haber recogido las cosas de las fiestas y hoy haberme levantado en mi horario normal, sentía mis músculos el doble de pesados. Mis párpados también pugnaban por cerrarse, teniendo que usar toda mi fuerza de voluntad para que eso no ocurriera.

Era ya media mañana y la señora hacía poco que se había despertado. Jane era la encargada hoy de atenderla, cosa que estuve yo profundamente agradecida en mi interior. Después de una noche de fiesta, la señora Black estaba siempre más… irritable de lo normal y había que tener también mucho más cuidado al tratar con ella. Respecto a Jane todavía no había podido hablar con ella personalmente. No habíamos tenido ni un momento para relajarnos. Sin embargo, por lo que había podido ver, estaba demacrada. Apostaba lo que fuera que no había dormido nada esa noche. Deseé darle un fuerte abrazo y hacerle saber que estaba con ella, fuera lo que fuese.

En ese momento me encontraba terminando de arreglar el Gran Salón. Gracias a los cielos ya hasta dentro de dos meses no había programado otro baile como el de anoche. Con pequeñas reuniones de las mujeres de alta clase podía aguantar, no obstante, los bailes me chupaban la energía de una manera alarmante.

Limpiando el polvo de los muebles, de pronto, una melodía apareció en mi cabeza y cuando me quise dar cuenta estaba tarareándola. Era uno de los pocos recuerdos que tenía de mi madre: ella cantándome antes de irme a dormir.

—Bonita canción.

Del susto, pegué un salto, rápidamente mirando hacia la puerta, lugar donde había provenido la voz. Sentí mi corazón aumentar de velocidad cuando vi allí parado a James Potter.

—Señor, me habéis asustado— respondí llevándome una mano a donde tenía el corazón.

Las comisuras de sus labios se levantaron en una espontánea y arrebatadora sonrisa. Se cruzó de brazos y se dejó caer de costado contra el marco de la puerta.

—Sí, parecías muy metida en tus pensamientos— comentó y entonces, una fina línea cruzó su entrecejo— Por cierto, no me llam…

—Bien, vale— lo corté, riendo suavemente. No sabía por qué, pero ese chico me daba muchísima confianza. Parecía como si lo conociera…— Lo siento, gajes del oficio— bromeé. No sabía de donde estaba saliendo esta yo. Estaba realmente sorprendida.

James se rió, descruzando sus brazos y adentrándose en la habitación. En ese momento, caí en la cuenta. Su pelo estaba revuelto, demasiado revuelto, como si ni siquiera se hubiera mirado al espejo. Por arriba tenía una camisa blanca simple y como parte de abajo unos pantalones negros, también simple. Ambas cosas eran extremadamente caras, sí, pero no era algo que un hombre llevaría para una visita.

—Si no es muy indiscreto— me aventuré a decir enrollando el trapo en mis manos con nerviosismo—, ¿puedo preguntarte qué haces aquí?

—Pues iba caminando por el pasillo cuando escuché una hermosa voz— me explicó pasándose una mano por su pelo. Irremediablemente me ruboricé por el cumplido recibido.

—Gracias— sonreí feliz— Pero me refería a… aquí. A la Mansión de los Black.

—Oh— cayó en la cuenta— Bueno, déjame anunciarte de que esta será mi residencia durante una temporada.

Unas chispas aparecieron en mi pecho cuando me enteré de la noticia. Me sentía entusiasmada y emocionada por la idea. El poder verlo todos los días…

Casi sin poder contenerme, mi sonrisa se amplió y al parecer él se dio cuenta de lo que acontecía en mi interior, por la suficiencia y el orgullo de su curvatura. Maldiciéndome por ser tan… expresiva, me di la vuelta para seguir con mis tareas.

—Eso es genial— murmuré entre dientes para decirle algo.

Se carcajeó.

—¿Solo genial? — inquirió burlón. Yo seguía fija en quitar una mancha de comida de una de las esquinas, así que no me di cuenta cuando se acercó por detrás de mi. Su presencia y calor consiguió que mis vellos se pusieran de puntas— Por cierto, tú y yo tenemos una conversación pendiente. ¿Qué te parece si la tenemos esta tarde?

—Tengo unas obligaciones, ¿sabes? — le respondí con voz seria, aunque en mi interior estuviera saltando de alegría— No puedo saltarme solamente porque tú quieras charlar conmigo.

—¿Y quién te dice que no? — siguió insistiendo con voz sugerente. Dio un pequeño paso hacia mi y aunque no nos estuviéramos tocado podía sentirlo completamente. ¿Qué me estaba haciendo?

Ladeé la cabeza para poder mirarlo por el rabillo del ojo y la sonrisa de sus labios me dejó por un momento descolocada.

—No estoy aquí de vacaciones, James. Debo trabajar— le contesté intentando que la tristeza y la rabia de mi situación no se reflejara en mi voz. Pero él no me escuchó, o si lo hizo no prestó atención a mis palabras. Sus ojos marrones estaban clavados en los míos y me miraba como si fuera algo misteriosamente fascinante. Sentí mis piernas temblar.

—Dilo de nuevo— musitó casi ido.

A través de la neblina del empanamiento de mi mente, ladeé la cabeza confunda y me giré solo un poco para verlo mejor.

—¿Cómo?

—Me encanta como ha sonado de tus labios… Dilo de nuevo— dijo de nuevo— Di mi nombre.

Inconscientemente me mordí el labio inferior y un hormigueo se instaló en mi estómago. ¿Qué le encantaba?

—Yo no…— balbuceé nerviosa. Muy nerviosa.

—Pelirroja— pronunció, y algo en mi saltó— desde que te he visto, haces que sienta miles de cosas en mi interior. ¿Quién eres… y por qué me haces sentirme así?

El que él expresara mis pensamientos en voz alta, no hizo otra cosa que hacerme sentir mejor. ¡No era yo la única! Sin embargo… como bien decía… ¿quién era él?

—¡James!

Ante el llamado, rápidamente, como si nos hubiéramos quemado, nos separamos el uno del otro. Podía sentir mi corazón corriendo a mil por hora. Me di la vuelta y me centré en la tarea de la dichosa mancha, a pesar de que mi mente se encontraba a varios kilómetros de aquí. Por el rabillo del ojo creí ver a Sirius, el cual no estaba echando una suspicaz mirada a los dos. Me encogí.

—Sirius, amigo— expresó James acercándose a él.

—Eres un bestia y un bruto, Sirius. Deja que gritar por la casa. Así has terminado— escuché la voz de la señora Black y no pude evitar soltar un suspiro de alivio. Si nos llega a encontrar ella esa situación, de la paliza por acercarme tanto (a pesar de que no había sido mi culpa) no me libraba nadie. Agradecía en silencio al joven Sirius.

—¿No dicen que uno recoge lo que siembra, madre? — le dijo él irónico ante el comentario.

—Pero serás… — exclamó y de nuevo, empezó una larga y dura charla donde enumeraba todas y cada uno de los (supuestos) defectos de su hijo. Arriesgándome, miré hacia atrás y me encontré con Sirius poniendo los ojos en blanco y a James aguantando las ganas de reír apostado en la puerta. Esa imagen casi consiguió que soltara una carcajada. Casi. En ese momento, la señora apreció por la puerta y cuando me vio, se calló. Creí ver sus ojos relampaguear y mi cuerpo entero tembló— ¡¿Qué haces todavía aquí?! — me bramó.

Mi cuerpo se tensó y haciéndole una reverencia, clavé mis ojos en el suelo.

—Y-yo… estaba… t-terminando de l-limpiar, s-señora— respondí en un susurro.

¿Era impresión mía o los zapatos de James se habían acercado unos pasos?

—¡¿Aún no has terminado?! — siguió chillando— Maldita niña que no sabe hacer nada bien. ¡Eres un fracaso! ¡No vales para nada! ¡Corre a otra sala!

Sin apenas poder sostenerme mis piernas, asentí y haciendo otra reverencia me marché de allí. No levanté la mirada cuando pasé por al lado de James o Sirius. Con esas palabras de la señora había hecho que bajara de la nube que se me había formado en la cabeza.

Yo era una escoria, la nada… ¿Cómo había podido estar fantaseando con alguien como James Potter?

·

Durante lo que quedaba de día no volví a verlo. Bueno, y durante esa semana. No deseaba volver a cruzarme con él, volver a hablarle. Me daba vergüenza. ¿Qué hacia una chica como yo teniendo esas confianzas con un noble? Era estar con el joven Potter y parecía como si todo lo aprendido duramente en este mes por la señora Black se me olvidara. Yo solamente estaba aquí para servir. Esa era mi función. No podía mezclarme con ellos. Así que, evitando cualquier confrontación o conversación, lo evitaba lo mayor posible. Sin embargo, había veces en las que obligatoriamente debía estar en la misma sala que él, sirviendo. En esos momentos, podía sentir perfectamente sus penetrantes ojos en mi, siguiéndome allá donde vaya. Notaba como mi cuerpo se estremecía ante eso, pero mi rostro se mostraba impasible, como si no deseara ir a su lado, sentarme y charlar como si fuéramos grandes amigos… como si no deseara que me acogiera entre sus brazos, sentir su presencia, al igual que cuando me prestó su chaqueta esa noche en el jardín.

A pesar de sus miradas, él no había hecho el intento de acercarse a mi para hablar, cosa que agradecía profundamente pues me hacía todo más llevadero. No obstante, una pequeña parte se sentía triste y un poco decepcionada. ¿Y si se había dado cuenta de que no valía la pena? ¿Y si nuestra charla solo había sido algo… pasajero? No me gustaban las sensaciones contradictorias que me hacía sentir.

Respecto a Jane, esta vez, la que se encargaba de dar evasivas era ella. Cuando tuvimos nuestro primer tiempo a solas para que pudiera hablar tranquilamente sin que nos molestaran, no estaba muy segura si preguntárselo o no. Ella no se había dado cuenta de que yo había escuchado parte de la conversación tras la puerta, así que me entró un poco el nerviosismo. No era incumbencia mía. Ella no me había dicho nada, lo que podía considerarse que había espiado, a pesar de que escuchar gritos a través de paredes yo no lo consideraba espionaje. Eso era un tema muy personal y me daba muchísima cosa meterme. Sin embargo terminé por decidirme a hablarle cuando seguí viendo su mente ida y su rostro realmente decaído.

Cuando abordé el tema, teniendo especial atención en no hacerlo de forma abrupta, la primera reacción que tuve de ella fue la sorpresa y la incredulidad. Después eso pasó a temor y dolor. Rápidamente me cortó diciendo que no había sido nada, alegando que solamente estuvieron hablando unos segundos. Yo insistí, bastante preocupada, pero poco más pude sacar. Conforme iban pasando los días, podía ver a Jane estar más… relajada, pero cuando la miraba a los ojos, una sombra se podía apreciar en sus pupilas.

¿Quién me diría cuando llegué a la casa que estaría así?

A pesar de todo, no solamente había preocupaciones y malestares en mi vida. Otras personas, en estos momentos, se encontraban en unos de sus mejores momentos y yo me alegraba muchísimo por ellos.

—¡Ay, enserio, Lily! — exclamó Alice, suspirando soñadoramente— ¡Es el mejor hombre que he conocido!

Nos encontrábamos sentadas en unas de las mesas de la cocina, preparando los ingredientes para la cena de hoy. Había terminado mis tareas del día y había decidido ayudar a los de cocina, pues los señores se habían marchado durante todo el día a una velada en una casa, algo alejada, así que no requerirían mis servicios. De fondo podía el oír el murmullo de los demás sirvientes y el agradable olor de la olla puesta en el fuego. Se podía notar un ambiente distendido y relajado, como siempre pasaba cuando la señora se ausentaba de la casa.

—Me alegro muchísimo por ti, Alice. Espero que os vaya todo bien— le sonreí momentos antes de seguir pelando las patatas.

La joven correspondió mi sonrisa.

—Tengo que agradecerte lo que hiciste— me dijo por décima vez en la semana. En serio, daba igual que yo le respondiera que no había sido nada, ella no dejaba de decirme la misma frase— ¡Imagínate la cara que se me quedó cuando lo vi allí parado! — rió y se inclinó hacia mi mientras bajaba un poco el tono de voz— Los menos que esperé encontrarme en ese momento fue a Frank con un ramo de rosas.

—¡Qué dulce! — expresé y, en el fondo de mi corazón, sentí un poco de envidia. ¿Por qué no podían pasarme a mí esas cosas?

—Sí— corroboró, asintiendo, con una tímida sonrisa. Sus mejillas estaban ruborizadas— Él es un cielo… Y cuando me dijo que me quería…— suspiró soñadoramente.

—Cuenta, cuenta— la azucé intrigada— ¿Qué te dijo? ¿Cómo fue? ¿Cuáles fueron sus palabras?

Y ahí estábamos las dos. Cotilleando como dos jovenzuelas enamoradizas (cosa que éramos) que cuando me quise dar cuenta ya tenía casi todo el resto de patatas del saco peladas. Después de hablar sobre el señor Logbottom, Alice me estuvo contando como fue su vida. Su madre había entrado a trabajar en la casa cuando era un jovencita y ella ya desde pequeña había trabajado allí para ganarse el poco sustento que podía guardar, el cual, cada vez que podía, se lo enviaba a su madre, la cual, ya jubilada, tenía una tranquila vida en el campo junto a su padre. Suspiré con añoranza. Yo también deseaba una vida así… Con una madre, un padre, alguien que te quisiera… Alice era una chica con suerte, y a pesar de mis sanos celos, estaba muy feliz por ella.

Sin embargo, ese momento de paz no podía durar para siempre. En algún momento de la tarde, con el sol apenas escondido en el cielo, vi a Dave entrando con rapidez en las cocinas.

—¡Ashley, Pansy, poned rápidamente agua para calentar! ¡La señora quiere bañarse! — empezó a ordenar, cogiendo unas toallas. En ese momento, sus ojos se posaron en mi y con efusividad me hizo señas con las manos para que lo siguiera— ¡Lily, ven conmigo! Cuanta más ayuda mejor.

Lo más presto posible, me levanté y despidiéndome de Alice, fui en pos de Dave a lo largo de los pasillos. ¿Qué había pasado para que estuviera tan histérico? Llegamos hasta la entrada y fue entonces cuando lo supe.

Desde un tramo antes, ya había podido escuchar los chillidos y quejas de la señora retumbando en las paredes. Me había preguntado el motivo, a pesar de que la señora bramaba por nada, sin embargo, al verla, pude darme cuenta del estado. Se encontraba empapada de la cabeza a los pies. Su pelo goteaba junto con su elaborado vestido gris, que ahora tenía un tono bastante oscuro. Con un rápido vistazo pude ver a Sirius y James hablando entre ellos, mientras se pasaban las manos por sus cabelleras y ropas, también empapadas. Ellos, en cambio, estaban sonriendo y riendo. Regulus, un poco aislado, se encontraba refunfuñando para él con el rostro impasible, cosa que no me sorprendió.

En el momento en el que Dave y yo entramos en escena, como si hubiéramos sido atraído como imanes, mi mirada se cruzó por unos segundos con la mirada de James, el cual, esta vez, la mirada la acompañó con un guiño de ojo que consiguió ruborizarme.

—Toma— me tendió Dave tres toallas y él se quedó con otras dos— Dale esto a los señores.

Asentí sin oponer resistencia (aunque, segundos más tardes me daría cuenta que tendría que acercarme a James), pues la señora estaba demasiado ocupada chillándole a Jane y Sarah, justo antes de que Dave se acercara. Los compadecía y agradecía enormemente el no estar en su lugar.

Sin más demora me acerqué a darle una toalla para que pudiera secarse un poco a Regulus y posteriormente a Sirius y James.

—Gracias, querida Lily— me sonrió el joven Black y me guiñó un ojo coqueto.

Reí, sabiendo que sus encantos salían estuviera con quien estuviese.

—Agg— se quejó James cogiendo la tela y pasándosela por la cabeza para revolverse los pelos— Ya verás cuando me quite las botas. Ríos saldrán de ahí. Mis calcetines apenas los notos— me informó carcajeándose.

—¿Se puede saber que os ha pasado? — inquirí, acompañando débilmente risa. A pesar de todo, tenía que seguir aguardado las apariencias delante de todos.

Los ojos de James se conectaron a los míos y una sonrisa de complacencia apareció en su rostro, como si el mero hecho de hablarme le pusiera muy feliz. Intenté ignorar el cosquilleo de mi estómago.

—Resulta que cuando estábamos a poco de llegar, el carro tuvo que parar pues estaba diluviando— empezó a explicar Sirius. Parpadeé para salir de mi estupor y, nerviosa, lo observé. Mientras hablaba, Sirius me lanzó una mirada divertida: "Oh, sí, sé más que tú", parecía que decía— Una de las ruedas se quedó enganchada en un bache y tuvimos que bajarnos. Madre llevaba un paraguas, por supuesto— me aclaró después de ver como echaba un vistazo a la señora— Pero cuando intentaron sacar el carro, este se volcó. Mientras que esperábamos a que llegara otro, el tiempo empeoró y…— hizo una mueca divertida— un paraguas no ayudó mucho. Ya ves.

—Siempre dije que tu madre era un poco… quejica— suavizó riendo—, pero Sirius, tío, ¿no crees que esto ya es pasarse?— comentó James, levemente asombrado por los gritos que salían de la garganta de la señora, sin quedarse muda— Es solo un poco de agua. Parece como si la hubieran matado.

—Puedes meterte con su hijo mayor— le respondió Sirius bromeando, con tono indiferente ante sus palabras— Pero a su ropa de lujo, ni la toques. O arderás en la hoguera.

Incapaz de aguantar las carcajadas, estas salieron, eso sí, con un poco de moderación pues tampoco quería hacer un escándalo. Después de varios días huyendo de ellos, había olvidado lo fácil y agradable que era hablar con ellos. Con esta familiaridad…

Y James Potter… Podía parecer una locura, pero, a pesar de llevar poco tiempo conociéndonos, había algo dentro de mi que lo reconocía. Era extraño, sin embargo, era así. James Potter no era un desconocido. James Potter era… James.

—¡¿Dónde está mi baño?! — exclamó la señora con voz grave— ¡Quiero mi baño ya!

—A-ahora mismo… l-lo están p-preparando— respondió Sarah, haciendo una pequeña reverencia.

—Estoy rodeada de inútiles— gruñó— ¿Por qué demonios…? ¡Lily!

Como si hubiera sido tirada por un hilo invisible, mi cuerpo se tensó, mis hombros se alzaron y mi cabeza se inclinó hacia abajo, en señal de sumisión. Por el rabillo del ojos me pareció ver a James y Sirius fruncir sus, hasta ahora, divertidos semblantes. Me di la vuelta y mis ojos se clavaron en la punta de sus elegantes zapatos.

—¿S-sí? — murmuré. Odiaba que mi voz temblara. Odiaba sentirme así. Pero una sensación aún mayor, el miedo, me dominaba más que la rabia o el enfado. La señora Black era capaz de lo que fuera.

—¡¿Qué haces ahí parada como un tonta delante de los chicos?! — me reprochó con fuerza y no pude evitar estremecerme— ¡Deja de ser una mujerzuela buscona y haz algo de provecho en tu vida!

—¡Madre!

—¡Señora Black!

Dos voces se escucharon a voces después de las hirientes palabras de la señora. Sentía como mis ojos se humedecían, con las lágrimas a punto de salirse sin cuartel. Pero no podía llorar delante de todo el mundo. ¿Por qué tenía que tratarme así? ¿Por qué me llamaba… mujerzuela buscona? ¡Yo no lo era! ¡Yo simplemente estaba hablando con los señores! ¿Eso estaba tan mal visto?

Junto al miedo, un sentimiento nuevo iba apareciendo en mi pecho. No. No era nuevo. Ya estaba ahí antes… solamente que lo había estado conteniendo. Lo había estado reteniendo, encerrándolo en un pequeño lugar para que no saliera. Pero en estos momentos, creí imposible dicha misión. La rabia, la ira, la humillación, el odio… todo eso, todo ese cúmulo de sentimientos se retorcían en mi pecho.

Sentía como mis manos temblaban. Mi respiración se había hecho más rápida y los latidos de mi corazón aumentaron. Lo sentía. Notaba como una corriente viajaba a través de todo mi cuerpo, yendo desde las puntas de mis pies hasta el cuello. Todo esto era raro. Muy raro. Jamás me había pasado. ¿Qué era esa energía que me inundaba?

—Lily— escuché el murmullo de alguien lejano. Podía oírlo, podía percibir que había alguien a mi lado, pero era como si mi cuerpo no me respondiera. ¿Qué me estaba pasando? — Lily, mírame.

—Madre, será mejor que se vaya a cambiarse.

—¡¿Por qué demonios no me obedece esa estúpida?!

—Madre.

—¡No la escondas tras tu espalda! — seguía chillando esa voz horrible— ¡James, suéltala ahora mismo! ¡Dejádmela, yo le daré lo que es bueno por no acatar mis órdenes!

—¡Madre! ¡Por una vez déjame a mi tomar las decisiones! ¡Soy el mayor de la casa y tu heredero! ¡Déjame coger mi lugar! Siempre me reprochas lo mismo, pero cuando quiero hacerlo, siguen tus exigencias.

—¡Pero…!

—¡Madre!

El silencio se instaló a mi alrededor, en donde juro que podía oír el sonido de mi corazón bombear con fuerzas. Ahora no solo mis manos temblaban, sino que también mis piernas. Y todo era por esa energía. Todo a mi alrededor daba vueltas.

—Lily— me llamó de nuevo esa cálida voz. Quería ir a ella, de verdad, pero no podía— Lily, por favor, háblame. Dime algo. ¿Qué te pasa? ¡Lily!

—¿Cómo está, James?

—No lo sé. No contesta. No me mira, no hace nada. Solo está ahí, con la mirada desenfocada.

—Maldita sea… ¡Jane, rápido ven! ¡Deja a los demás con madre pero ayúdanos tú!

Fuego. Calor. Dolía. Algo estaba ardiendo en mi interior, en mi pecho. Jadeé. ¿Por qué no lo apagaban? ¿Por qué no hacían nada?

—¡Lily, cariño!

Incapaz de aguantar el dolor, terminé sumiéndome en la inconsciencia.

·

Dudo mucho que nadie en estos momentos se acuerde de esta historia pues cuando la subí, en ese tiempo, Dumbledore todavía era un jovencito lleno de purpurinas (?) Pero bueno, hoy cuando vi el documento con la historia no he podido evitar continuarla escribiéndola y esto es lo que ha salido.

¿Qué os parece? ¿Algún lector por ahí perdido?

Debo decir que las ideas de la continuación están bullendo en mi interior y a partir de ahora es cuando empieza todo lo bueno. ¿Qué decís? ¿Os animáis?

¿Qué os está pareciendo el James de esta historia?

Muchas ranas de chocolate y grajeas para todos.

¡Nos vemos!