Hola otra vez, muchas gracias por leer el cuarto capítulo~

Disclaimer: K project y sus derivados le pertenecen a GoRa Project y a GoHands...y a una serie de personas más que humildemente desconozco.


4. Incomodidad


Los poderes inestables de los strains provocaron complicaciones en los deberes de Scepter4 acarreando una cantidad impronunciable de informes, patrullajes y reuniones. Fushimi era el encargado de corregir la cantidad indiscriminada de reportes recibidos hasta muy entrada la noche. Debido a ello sus precarias horas de sueño disminuyeron a casi cero, su almuerzo se redujo a sólo un sándwich con una bebida energética y su cena a un café acompañado de un par de barritas de cereales. No fue de extrañar que tanto Munakata como Awashima le obligaron a tomar días libres cuando colapsó.

El primer día no pudo desconectarse en lo absoluto del trabajo, tenía un informe pendiente que no podía encargárselo a nadie del escuadrón. Awashima terminó requisándole su computadora cuando se percató que se encontraba en su puesto de trabajo.

El segundo día Hidaka y Enomoto debieron realizar sus labores. No dejó de recibir llamadas de ambos solicitando ayuda en ciertos temas que sólo él conocía. Akiyama, quien quedó a cargo de su puesto, los reprendió de tal forma que no volvieron a llamarlo en lo que restó de tarde.

El tercer día no hizo absolutamente nada, salvo denegar las ofertas de Munakata de acompañarlo a armar sus rompecabezas.

Cuarto día y ya tenía deseos de asesinar a todo Scepter4, incluyendo a Munakata. Saruhiko no sabía qué demonios hacer en sus días libres y estar sin la mente ocupada tenía consecuencias nefastas para su persona.

Acostado y aburrido en su cama, observaba el reloj de pared que marcaba las nueve de la madrugada. No tenía intenciones de moverse de su posición. No habría nada que hacer de todas formas. Sólo tendría que bañarse y vestirse para la reunión-almuerzo a la cual Munakata le obligaba asistir desde aquel fatídico día en que su cuerpo no respondió.

Ahora el reloj marcaba las nueve y un minuto de la madrugada de un molesto y monótono día de septiembre.

«Ahora que recuerdo, ha pasado un poco más de tres meses de que Misaki y yo hablamos en la fiesta del Rey Plata. Espera… ¿no estaba de cumpleaños en julio?», trató de rememorar la fecha exacta. Después de unos momentos de reflexión se sentó abruptamente en su cama ante la idea de haber olvidado algo tan importante.

Gracias a tanto trabajo acumulado se percató que no sólo olvidó que Yata y él habían solucionado ciertas diferencias, sino que olvidó felicitarlo por su cumpleaños también.

Después de aquella fiesta, Misaki le enviaba todos los días un mensaje recordándole que debía desayunar, almorzar y cenar de forma decente para que su salud no empeorara. Mensajes cuya frecuencia comenzaron a disminuir poco a poco y que desde el mes pasado ha dejado de recibir.

Saruhiko era incapaz de responderlos por miedo a romper la frágil paz que habían conseguido, cuando intentaba escribir una especie de respuesta se decía a sí mismo que lo enviaría más tarde y finalmente terminaba borrándolo.

« ¿Posiblemente lo ha tomado como un rechazo de mi parte?... Excelente forma de estropearlo», chasqueó la lengua ante aquel pensamiento, se sentía patético por preocuparse de cosas tan banales como esas. Y se sentía aún más molesto por esa maldita vocecita interna que le decía claramente que era un mentiroso de mierda y que ese día era uno que no debía olvidar por nada del mundo. El sonido de su PDA, advirtiendo de un mensaje entrante, evitó que siguiera reprendiéndose por imbécil… odiaba la autocompasión.

—¿Qué demonios hicieron ahora estos inútiles?—masculló molesto. Tomó desganado el aparato y lo desbloqueó con expresión aburrida, pensado que eran algunos de los chicos del escuadrón con más problemas para resolver. Más se sorprendió, porque el remitente no era otro que el desaparecido de Misaki.

Misaki:
¡Hey! Me enteré que tienes libre hoy
¿Quieres venir a cenar a mi departamento?

Saruhiko:
Ya que insistes.

Misaki:
¿Quién demonios está insistiendo?
Te enviaré un mapa con la dirección,
te espero a eso de las 7

Saruhiko:
Ok.
No prepares nada con vegetales.

Misaki:
Por supuesto que no.
No quiero desperdiciar comida.


Cercano a la secundaria Ashinaka, y después de más de una hora de viaje, llegó hasta la parada del metro cercana a la residencia de Misaki. Durante su recorrido pudo percatarse de las amplias plazas rodeadas de árboles, zonas de recreación y puestos de ventas que conformaban el lugar; parecía una especie de 'barrio universitario' con tantas cosas útiles cerca.

¿De dónde demonios había sacado Doumyouji que Misaki se había ido de Shizume?

Caminaba tranquilo por las calles preguntándose si sería conveniente comprar alguna especie de postre para la cena. Con el calor de septiembre se le antojaba comer algo refrescante y un helado de vainilla, el favorito de ambos, podría ser una muy buena idea.

Observó por fuera la edificación, que no debía contar con más de diez pisos, en el cual vivía Misaki. No le sorprendería que su departamento fuese aquel que poseía cortinas rojas en el balcón, Misaki no era Misaki si el color rojo no estaba, de alguna forma, involucrado en su vida.

Luego de darle sus datos al encargado de administración del complejo, tomó el elevador hasta llegar al sexto piso. Titubeó un momento antes de presionar el timbre de la puerta del apartamento 061. Se sentía nervioso por alguna estúpida razón y era desagradable, sobretodo sentir el sudor en sus manos.

«Es sólo una estúpida cena con Misaki… no es nada nuevo, solíamos cenar todas las noches antes», se intentó convencer. Observando su PDA por mera costumbre, el dichoso dispositivo marcaba que había llegado quince minutos antes de la hora acordada.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus cavilaciones. Misaki vestía su ropa usual, sin la enorme sudadera blanca, porque sería un suicidio usarla de todas formas, el calor de septiembre era abrasador.

—Te ves como la mierda—saludó, después de un momento de incómodo silencio.

—Tsk, ¿Qué clase de recibimiento es ese?—murmuró molesto cruzándose de brazos, tratando de no mover tanto la bolsa con su compra.

Yata suspiró resignado, con su mano aun apoyada en el pomo de la puerta. Saruhiko tenía razón, pero al verlo tan pálido y con enormes ojeras lo habían preocupado. Quizás se debía a la ropa tan oscura que estaba utilizando.

—¿No has comido decentemente estos días? Pareces acabado.

Su voz tenía un leve tono de reproche. Saruhiko chasqueó la lengua perdiendo parte de su buen humor.

— ¿Quién te ha ido con el chisme de todos modos?

—Nadie—murmuró después de un instante de vacilación, no quería meter en problemas al compañero de Saruhiko, así que mejor se abstendría de responder—.Oh, adelante, ya casi termino de preparar la cena.

Yata se alejó de la puerta y, sonriendo tenuemente, le hizo un gesto con las manos para que Fushimi ingresara a su hogar. Al parecer no era el único que se encontraba nervioso por aquella cena, aunque aquello no era un gran consuelo.

—¿Y entonces cómo te enteraste de que tenía día libre hoy?—preguntó mientras se quitaba sus zapatos en el recibidor y se ponía las zapatillas de estar para visitas.

—Tengo mis contactos—expresó divertido, evitando mirarlo a la cara.

Saruhiko lo observó con desconfianza. ¿Habrá sido la teniente a través de Kusanagi-san? Le molestaba que, de alguna u otra forma, Misaki haya tenido que ser empujado para invitarlo a cenar. Se sentía un poco miserable por ello.

«Cero puntos»

—Toma—Saruhiko le extendió la bolsa que cargaba—.Traje helado.

Misaki se desconcertó por un breve momento al tener aquello tan cerca de su cara, con un poco de nerviosismo lo recibió.

—¡Genial!, también compré un poco—sonrió revisando el contenido—.Ve a lavarte las manos y ponte cómodo, terminaré en un momento.

Saruhiko observó la figura de Misaki hasta que ésta desapareció en la que debería ser la cocina. ¿Cómo demonios sabría dónde estaba el dichoso cuarto de aseo en aquel departamento?

Husmeó en todas las habitaciones intentando encontrarlo, se percató que, a diferencia de donde vivían antes cuando eran adolescentes, aquel lugar era bastante amplio, con cocina y comedor separados, una habitación principal -en donde tuvo que refutar su teoría, la habitación con las cortinas rojas extrañamente no era de Misaki- un cuarto de estudio del mismo tamaño de la otra habitación y el cuarto de aseo espacioso, en donde se lavó sus manos.

Volvió a la sala de estar con cierta molestia dando vueltas por su cabeza. Misaki se había mudado hace un buen tiempo según tenía entendido. ¿Por qué demonios había tantas cajas apiladas en los rincones de todas las habitaciones? ¿Pretendía mudarse nuevamente? ¿Compartiría el piso con alguien más y esa persona se estaba mudando? ¿Cómo podía pagar un lugar tan ostentoso como éste?

Saruhiko pensó que, de no ser porque Misaki se encontraba en la cocina, definitivamente aquel departamento podría pasar como uno de exhibición, sólo con cosas básicas y nada más; como si nadie viviera allí.

El comedor, que funcionaba como sala de estar también, contaba con una pequeña mesa de madera con tres sillas a juego, un pequeño televisor y el sofá de ese extraño color azulado en el que solían comer pizzas antaño.

Se quedó congelado en su sitio al rememorar todas las cosas que vivieron juntos sentados en aquel sofá: las charlas absurdas, las siestas en donde su cabeza terminaba sobre el hombro del castaño, las caricias en su cabello por parte de Misaki, las veces en donde tomaba todo su valor y fingía dormir sobre su regazo...

—¿Es en serio? ¿Por qué demonios has conservado aquel maldito sofá?—se preguntó en voz baja, conmocionado; de todas las cosas que Misaki podía haber 'reciclado' de su anterior vida, jamás se le pasó por la cabeza que mantuviera ese objeto de una vida que se le hacía más lejana que nunca.

—¿Qué haces parado ahí?—preguntó cargando con dos tazones blancos en sus manos, sacando a Saruhiko de sus pensamientos.

—¿Aún no terminas de desempacar?— preguntó señalando las cajas que había visto anteriormente, tratando de enfriar su cabeza, no podría lidiar con sus emociones de seguir así.

—¿Ah? Sólo he sacado las cosas importantes por ahora ¿Por qué?— respondió con extrañeza, dejando los tazones en la pequeña mesa de madera.

—Creí que te habías mudado hace un buen tiempo ya— la expresión sorprendida de Misaki lo puso incómodo. Se supone que él no debería saber ese tipo de cosas ¿no?—. Tsk, la Teniente Awashima lo comentó en un momento y me causó extrañeza no ver las fotos de tu clan por aquí.

Corrigió en un tono extraño, cruzándose de brazos y evitando el contacto visual con el skater, Saruhiko rogaba internamente que Misaki no se percatara de su aturdimiento, habían sido muchas emociones en el día y ya no podía controlarse delante de él.

—Deben estar empacadas aún, no he tenido tiempo para ordenar—comentó tranquilo y despreocupado—. Ponte cómodo, iré a buscar los cubiertos.

Eso fue extraño, usualmente Misaki atesora cada cosa relacionada con HOMRA. Suponía que lo primero que aparecería en un nuevo departamento serían aquellas dichosas fotografías.

Pero lo que le llamaba la atención era que, hace dos días, había escuchado a Enomoto comentar que HOMRA haría una reunión en el bar esta noche.

¿Por qué Misaki no fue?

¿A caso la relación entre HOMRA y Misaki estaba tan mal? ¿A caso la pelea de hace tiempo ha quebrado finalmente el lazo tan fuerte que unía a Misaki con el clan rojo?

«Bueno, si es así mejor, Misaki no necesita estar rodeado de esos inútiles buenos para nada», pensó molesto; pero en el fondo seguía preocupado por el bienestar del castaño.


Dos tazones blancos con fideos fritos mezclado con trozos de pollo, sin verduras por supuesto, dos vasos de jugo natural de piña y una fuente con ensalada surtida, era la cena preparada con esfuerzo por el dueño de casa.

—Buen provecho—exclamaron al mismo tiempo.

Misaki observaba al muchacho sentado frente a él que comía apacible, era incapaz de comenzar una charla intrascendente como las de antes; había sido tan fácil en la fiesta del rey plata. Harto de tanto silencio encendió el televisor y lo dejó en un canal de variedades. Yata no sabe lidiar con ambientes tan incómodos y silenciosos; más bien no sabía lidiar con aquel Saruhiko que tenía delante.

—¿Qué tal quedó?—preguntó un tanto nervioso después de unos minutos, observando expectante al hombre frente a él—.Es la primera vez que hago yakisoba(1), en donde trabajo lo probé y lo encontré delicioso… claro que el que yo hice no ha quedado tan bueno como ese pero...

—¿Me estás usando de conejillo de indias?— interrumpió fingiendo molestia.

—Sí —respondió sin un ápice de vergüenza—¿Y bien?

—No está mal para ser tú…supongo— murmuró, sin poder sonreír.

Misaki si pudo hacerlo, pero era una sonrisa reservada, como si no encontrara las palabras necesarias para comentar algo más al respecto, como si Saruhiko fuese un extraño al que conociese poco tiempo.

Era incómodo tanto mutismo, ni siquiera podían hacer contacto visual. Saruhiko agradece poder probar los platillos preparados por Misaki una vez más, era una comida diferente con un sabor inigualable. Lo había extrañado tanto, el yakisoba estaba delicioso y el jugo natural de frutas también.

Ambos terminaron la cena en pesado silencio y Misaki, escapando de aquel incómodo ambiente, fue a buscar el postre caminando con mayor velocidad de lo debido.

Saruhiko suspiró, las cosas no podían volver a la normalidad de la noche a la mañana como pretendían ingenuamente. Era doloroso, porque jamás esperó desear terminar rápido la cena y volver a los cuarteles de Scepter4, olvidando que ésta cena alguna vez ocurrió. Tomó su PDA para intentar tranquilizarse pero fue en vano.

Debería sentirse agradecido, después de todo esta era la primera vez que visitaba el departamento de Misaki, cenaban juntos y no peleaban ni se insultaban.

Pero también es la primera vez que pensó que quizás las cosas entre ellos estaban tan quebradas que nunca podrían volver a ser amigos, porque eran incapaces sentirse cómodos el uno con el otro.

¿Misaki pensaría lo mismo? ¿Pensaría que todo es un caso perdido ya?

Tanto Misaki como Saruhiko, separados por unos metros de distancia, evitaban los deseos de llorar.


Extra 3:

De: Doumyouji.
Fushimi-san tiene el día libre y está muy aburrido,
lo cual no es muy conveniente para nosotros,
¿Podrías sacarlo de aquí y que haga algo divertido?
¡Gracias!
7 horas atrás.

De: Enomoto
Supongo que la salida a los videojuegos
se suspende hasta nuevo aviso ¿no?
¡Cuida de Fushimi-san por favor!
7 horas atrás.

De: Kusanagi-san
Así que cenarás con Fushimi, no te preocupes todos entendemos
Recuerda descansar bien después,
esas ojeras tuyas me tienen muy preocupado.
7 horas atrás.

De: Kamamoto
Yata-San, te envío la receta del yakisoba que me pediste,
¡Espero que me dejes probarlo alguna vez!
6 horas atrás.

De: Nanahara Sachiko
Yata, muchas gracias por tu ayuda el otro día.
Me alegra que te haya gustado mi yakisoba,
lo hice con mucho cariño para ti.
Nos vemos mañana.
5 horas atrás.


(1) Yakisoba: tallarines delgados salteados en aceite que puede ser acompañado por cualquier tipo de carne (pollo, cerdo, ternera) y de diversas verduras.


N.A:

Muchas gracias, de corazón, a todo aquel que lee esta historia, la comenta y que me tiene en sus favoritos~ ¡De verdad que me hacen muy feliz!

No puedo hacer los capítulos más cortos, y eso que elimine un montón de escenas del borrador principal. Fueron aproximadamente 5 hojas eliminadas y podría haber continuado (esto es lo peor de no tener a alguien que te diga 'plis staph' ains…) me costó horrores, pero finalmente pude terminar este capítulo y subirlo antes de fin de año.

Selfbeta, ¡me disculpo por cualquier error!

No tengo mucho que comentar al respecto, el Extra2 no aparece y es intencional.

Espero que pasen unas excelentes fiestas, se despojen de lo malo del 2015 y le den la bienvenida al 2016 con toda la energía para conseguir completar nuevos desafíos~


Mini Adelanto:

[...]

—Se siente bien volver a estar así, ¿No crees?—murmuró nostálgico, volviendo a acariciar sus alborotados cabellos, con un leve sonrojo en sus mejillas.

Su toque lleno de afecto no había cambiado en lo absoluto y Saruhiko lo agradece en el fondo de su ser.

[...]