¡Muchas gracias por leer el capítulo 5!
Disclaimer: Los personajes de K le pertenecen a GoRa, GoHands y a un montón de personas más que humildemente desconosco.
Rating T (esa boquita de Yata, ains).
La respuesta a los comentarios anónimos se encuentran al final de la historia.
5. Optimismo
Desde que la Slate fue destruida, los Yakuzas en Shizume han intentado vengarse de todas las formas posibles. Aquellos ilusos, creían que con sus poderes reducidos serían una presa fácil. HOMRA se encargó de darles la paliza de su vida; y habrían continuado de no ser porque Scepter4 decidió ponerles un alto y hacerse cargo de la seguridad de Shizume en contra de la voluntad del clan Rojo, provocando cierta fricción entre algunos miembros de ambos clanes.
Kusanagi suspiró luego de ponerle fin a la limpieza diaria de sus finas copas de cristal. A veces los chicos de HOMRA y Scepter4 se comportaban como unos verdaderos mocosos, y tanto él como Seri debían apaciguar los ánimos.
Procedía a encender un cigarro hasta que escuchó la campanilla de entrada. Dirigió su vista hasta el visitante quien no era otro que Yata cargando con su fiel patineta, su semblante de cansancio y hastío le llamó la atención tanto como su visita temprana al bar.
—¡Yo!, Kusanagi-san— saludó en mitad de un bostezo.
Misaki dejó su patineta apoyada en uno de los sofás y se acercó a la barra del bar, su mal humor parecía haber aumentado por alguna desconocida razón para el mayor.
—Yata-chan, ¿Qué tal la cena con Fushimi?—interrogó con una sonrisa, obteniendo unos segundos de pesado silencio por parte de Yatagarasu.
—Horrible—Kusanagi lo observó sorprendido—. Ha sido la situación más estresante e incómoda del mundo. Lo único que deseaba era que pasara rápido el tiempo y se marchara de mi casa.
Yata se sentó frente a Kusanagi con una expresión de tristeza. Apoyó su cabeza en la barra del bar, evitando el contacto visual con el mayor, la autocompasión no le serviría para nada pero necesitaba desahogarse de alguna forma.
—Vaya, cualquiera diría que habría salido todo bien—comentó apenado, ver el semblante tan desanimado del siempre alegre muchacho era un poco desconcertante.
—Ha pasado mucho tiempo ya. Es como si no lo conociera de nada—se incorporó y acomodó su gorra para evitar mostrar su rostro con tan patético aspecto.
Kusanagi lamentaba de verdad que las cosas entre ellos no hubiesen salido bien.
—Quiero decir—continuó. La mirada atenta del mayor le infundía ánimos—.Aquella noche que hablamos parecía como si todo se hubiese solucionado, pero resultó que cuando estábamos en mi apartamento todo se volvió mierda y no había nada que decir.
—Bueno, al menos ya no se quieren matar cada vez que se ven, eso es algo bueno— respondió cauto, dándole una calada a su cigarrillo.
—¡Pero eso no es suficiente!—frunció el ceño incorporándose molesto del asiento. Kusanagi suspiró exasperado y golpeó la cabeza del menor, obteniendo una mirada sorprendida y enfurruñada del castaño.
—Yata-chan, ninguno puede olvidar tan fácil todo lo que se han hecho ¿no? Debes dejar que las cosas vayan lentamente—Sonrió. Yata a veces era demasiado impaciente para su propio bien.
—Supongo que sí… —replicó inseguro, volviendo a sentarse. Realmente dudaba que hubiese otra ocasión para conversar con Saruhiko.
—Tienes que olvidar al viejo Fushimi. Quizás con eso las cosas sean un poco menos extrañas cuando vuelvan a juntarse, después de todo ahora ambos son adultos ya—revolvió el cabello del menor y procedió a prepararle un delicioso refresco de frutas. Quizás así podría animarlo un poco.
Tampoco es que pudiera hacer mucho más que escuchar y aconsejar, el tiempo calmaría los ánimos entre Yata y Fushimi. Sólo era cuestión de que ambos dejaran el pasado atrás y quisieran conocerse nuevamente… y que dejaran de comportarse como verdaderos mocosos.
Saruhiko se encontraba en una incómoda y molesta cama de hospital utilizando una absurda bata celeste. Su pie izquierdo fracturado y su mano derecha dislocada fueron los resultados de aquella peligrosa caída en un edificio comercial; por suerte pudieron atrapar al strain que estaba ocasionando explosiones en el recinto sin que civiles salieran heridos.
Gracias a la consideración de Munakata disfrutaba de una habitación privada, en donde sólo debía tolerar a las molestas enfermeras que venían a monitorearlo de vez en cuando.
La habitación era amplia y blanca con un enorme ventanal con cortinas de un suave celeste, donde se encontraban dos sofás color crema y una mesa de centro con un adorno floral entregado por la teniente y los demás. A la izquierda de su cama había una cómoda silla de cuero negro, donde horas antes Munakata le había hecho compañía, y a su derecha había mesa rectangular donde se encontraba una bandeja con lo que se hacía llamar su almuerzo.
No podía evitar fruncir el ceño y mirar con asco la comida que le fue entregada: verduras y más verduras, una especie de jugo de zanahoria tibio y un par de calmantes para el dolor.
Había dejado el desayuno intacto, el que básicamente consistió en un sándwich con una especie de papilla de verduras con un jugo de verduras. Su excusa fue que su estómago estaba revuelto por los medicamentos, pero ahora no tenía pretextos para dejar esa cosa, podría botarlo por el excusado pero con su pie enyesado era tarea imposible llegar hasta el baño sin ayuda, lo cual era denigrante.
—Tsk, maldición—reclamó molesto. Munakata le ha requisado su PDA por alguna estúpida razón y además solicitó que quitaran el televisor de aquel cuarto. Estaba francamente aburrido.
Unos leves toques en la puerta impidieron que siguiera mirando con odio sus insípidos alimentos. Después de permitir el ingreso del indeseado visitante, pudo ver a Misaki asomar lentamente su cabeza por la puerta, casi podía asegurar que, por un instante, pudo ver la preocupación reflejada en todo su rostro.
Saruhiko se sorprendió. Las vendas y el yeso de su pie izquierdo le recordaron que, en estos momentos, moverse o pararse de la cama estaba fuera de discusión.
—Te ves bien a pesar de todo—suspiró aliviado, ingresando a la habitación y cerrando suavemente la puerta, obtuvo una mirada recelosa del ojiazul; suspirando internamente dejó el bolso que trajo cerca de la puerta.
—Tsk, si viniste a burlarte puedes irte por donde viniste—espetó molesto. Lo último que faltaba era volver al ambiente incómodo de la cena de hace dos noches; ya tenía suficiente con aguantar a Munakata y sus largos sermones; y al maldito desgraciado que le ha enviado verduras de almuerzo, encontraría al culpable de aquello y lo haría sufrir.
—Alguien está de mal humor ¿eh?—preguntó burlón, sacando un contenido de su mochila, consistente en una bolsa negra—. Tu almuerzo ciertamente se ve encantador; suerte que Yatagarasu-sama está aquí para salvarte.
Misaki le acercó la bolsa que cargaba, cuyo contenido consistía en dos sándwiches, que se veían francamente deliciosos, y un jugo natural de piña. Saruhiko chasqueó la lengua, a veces realmente odiaba lo mucho que Misaki lo conocía.
—¿Cómo te enteraste que estaba acá?—cuestionó, dándole un bocado a los panecillos después de que Misaki les quitará el plástico que los cubría, cualquier cosa era mejor que esa basura de hospital.
—Uno de los chicos me lo comentó, ¿Qué fue lo que pasó?—Misaki se sentó al costado de la cama, con la vista fija en la bandeja con comida, evitando responder la pregunta.
—Un strain—murmuró a regañadientes.
Misaki observó incrédulo al pelinegro, tener que averiguar cada detalle para obtener una respuesta mínimamente decente se le hacía irrisorio, tanto como para tomarlo de los hombros y ahorcarlo; podía casi escuchar a Kusanagi diciéndole que tuviera paciencia. Suspiró con una mueca resignada.
—Ajá… ¿Y? —insistió, al oír a Fushimi chasquear la lengua, rodó los ojos con impaciencia—.Saruhiko, no soy adivino ¿sabes? tienes que decirme.
Fushimi, con un semblante aburrido, vio como Misaki robaba parte de aquel insípido almuerzo con una expresión de disgusto al saborearlos.
—Nuestros poderes son inestables, el mío desapareció en un momento inoportuno y volvió a los segundos después, cuando ya había pasado todo— explicó después de unos segundos de silencio.
—¿¡Ah!? ¿Y tus compañeros? No me digas que ese maldito Rey tuyo te ha mandado solo a esa misión— bramó molesto, acercando su cara a la del menor.
—No grites—alejó la cara del castaño con su mano izquierda, ocasionando leves gruñidos de desaprobación—.En un momento el equipo simplemente se separó, según los médicos tuve suerte de protegerme la cabeza o no estaríamos hablando ahora.
—Demonios, ¡No vuelvas a preocuparme así! — expresó más tranquilo, quitándose la gorra y dejándola al lado de la bandeja de comida—.Cuando Enomoto me avisó que saliste herido en una misión me imaginé lo peor y vine corriendo, ¡Idiota!
Misaki estaba avergonzado, admitir aquello en voz alta delante del mismo culpable hacía que sus mejillas ardieran.
—¿Eh? ¿Te has preocupado por mí? Que adorable eres, Mi-Sa-Ki— se burló.
Misaki lo contempló hastiado, realmente Saruhiko podía ser un verdadero imbécil la mayor parte del tiempo. A veces realmente se preguntaba si valía la pena insistir con alguien que demostraba no quererlo de regreso en su vida.
—Claro que sí, independiente de lo mierda que haya ido la cena de la otra noche y de lo bastardo que eres a veces, somos amigos ¿no? —dijo con un tono de voz y actitud un tanto insegura.
—Es de ingenuos creer que las cosas serían fáciles… idiota—murmuró.
—¿A quién le dices idiota?, imbécil—gritó molesto—.Bueno, si antes pudimos ser amigos no veo por qué ahora no.
—Tú sí que no entiendes las cosas, Misaki— su tono de voz demostraba sorpresa.
Se quedaron en silencio. El castaño contaba mentalmente hasta cien mil. Aguantar a Saruhiko cuando se ponía en modo Fushimi-porque no había otra manera de describirlo- realmente acababa con su poca paciencia. Notó cómo terminaba su 'almuerzo' y bebía aquel jugo preparado por Kusanagi en la mañana.
—¿¡Cómo quieres que entienda si no me dices ni mierda!?—dijo exasperado, luego de unos minutos le quitó con brusquedad los envoltorios vacíos de los sándwiches y volvió a la puerta de la habitación, donde se encontraba su olvidada mochila, trató de serenarse pero era tal su malestar que dicha tarea le parecía imposible—.Si realmente… si realmente no quieres nada de esta mierda entonces dímelo y te dejaré en paz.
—Nunca he dicho algo como eso—respondió observando al iracundo muchacho, no se esperaba aquel tono tan herido en su voz ni mucho menos aquel ultimátum.
—Oye, estoy haciendo mi mejor esfuerzo, eres tú quien no pone nada de su parte, ¡maldición!—dijo sin mirarlo, ocupado revolviendo las cosas de su bolso.
A Saruhiko se le hacían muy familiares aquellas palabras. Munakata se las ha repetido muchísimas veces después de aquella cena, cuando llegó en un estado miserable al cuartel. Si realmente quería volver a tener a Yata en su vida tendría que demostrarlo claramente, sino el skater no entendería.
—Creí haber dicho que tenía que encontrar la forma de decírtelo—murmuró.
Misaki se acercó a él después de esconder la evidencia del almuerzo que trajo de contrabando y le sonrió un tanto forzado, aun sin poder tranquilizarse.
—Tu eres genial en ese sentido ¿no?, Así que posiblemente no te tome tanto tiempo encontrar las palabras para que yo entienda—exclamó alborotando sus cabellos con un poco más de brusquedad de la que esperaba, pero aquella acción provocó que las pálidas mejillas se ruborizaran debido a lo inesperado de la situación—.¿Eh? Oye… ¿Te estás sonrojando?
El tono burlón de Yata era una especie de venganza al parecer.
—Te mataré—amenazó avergonzado. La vanguardia de HOMRA se sentó nuevamente en su cama con una sonrisa pícara y revolvió sus oscuros cabellos.
—Heh pero si tu pelo ya es todo un desastre, ¡un poco más no se notará!
—¡Mi-sa-ki!—dijo lentamente las sílabas, el culpable simplemente río.
Saruhiko observó fascinado la expresión relajada y contenta del castaño.
Trataba de evitar que cierta incomodidad de antaño, cuando lo tenía tan cerca, volviera a aparecer.
Lo cual fue en vano, porque Misaki lo abrazó y aquella maldita vocecita despertó para burlarse de él y de las malditas reacciones innecesarias de su cuerpo al sentir aquel calor y aroma rodeándolo.
Saruhiko se había quedado dormido debido a los calmantes que debió tomar después de consumir alimentos-el almuerzo entregado por el hospital fue botado por el excusado, sin que Saruhiko tuviera que pedirlo expresamente, realmente esa comida apestaba.
Para no incomodar su descanso decidió sentarse en la silla y hacerle compañía hasta que fuera su hora de trabajo.
Estaba tan absorto mirando su tranquilo y apacible rostro.
Ese muchacho era Saruhiko.
El sujeto desagradable que lo ha herido mental y físicamente, aquel con el que ya no tenía nada más que un pasado en común que a veces resultaba demasiado doloroso recordar.
Pero también era con quien compartió casi toda su adolescencia, un hogar, sus miedos, y sus sueños; su único mejor amigo y aquella persona a la que confiaría su vida sin dudarlo más veces de las que estaba dispuesto a admitir para sí mismo.
Si ponía las cosas en una balanza imaginaria, por desgracia las pocas cosas malas pesaban más que las buenas. Pero hoy, luego de haber compartido una charla intrascendente durante la mayor parte de la tarde, esa balanza se ha equilibrado de alguna manera.
No habían empezado bien en esa cena, Yata intentaba encontrar al viejo Saruhiko con el que vivió. Tendría que aceptar que aquel pasado ya no volvería y que debía comenzar lentamente tal como lo hiciera en la escuela media; claro que ahora contaba con un poco más de ventaja, porque sabía cuáles eran los límites con el pelinegro.
Sonrió y, sin percatarse cuándo, cómo ni porqué, acarició los negros cabellos con el mismo cariño de aquellos años, porque algunas cosas eran inevitables, tal como su afecto infinito hacia aquel hombre.
¿Cuánto tiempo había pasado haciendo aquello? Le daba vergüenza admitir que estuvo horas contemplando su rostro y pensando en lo guapo que se había puesto con los años; no es como si aquello nunca hubiera pasado por su cabeza de todos modos, solía pensarlo mucho cuando vivían juntos, incluso desde antes.
—Oh, te desperté, lo siento—susurró después de que Saruhiko abriera sus ojos y éste lo mirara desorientado.
Misaki se levantó y le acercó los anteojos que había dejado en la mesa auxiliar. Verlo con el cabello tan despeinado con aquella expresión de recién despertado le traía viejos y hermosos recuerdos.
—Se siente bien volver a estar así, ¿No crees?—murmuró nostálgico, acariciando de nueva cuenta sus alborotados cabellos, con un leve sonrojo en sus mejillas.
—Deja de despeinarme—contestó en un murmullo desganado, sujetando aquella traviesa mano.
Tras unos instantes de vacilación, Fushimi, sin soltarlo, lo observó intensamente. Yata se perdió en aquellos hermosos ojos azules, a veces le desconcertaba lo mucho que conocía el significado de las acciones del pelinegro.
—Aquí estoy, Saru. No me iré a ningún lado, lo prometo—susurró con afecto, entrelazando sus dedos.
Aquella era una respuesta de cien puntos.
Su toque lleno de afecto no había cambiado en lo absoluto y Saruhiko lo agradece en el fondo de su ser.
—Yo también prometo no marcharme, Misaki—sonrió, acariciando la morena mejilla con suavidad.
Paso a paso, aun había muchas heridas que sanar, pero tenían todo el tiempo del mundo para ello. Nadie los apresuraba.
Saruhiko pensó para sí, por primera vez, que quizá todo podría resultar muy bien con ésta reconciliación.
—Yata-kun, qué sorpresa—saludó Munakata desde la puerta de la habitación con una expresión llena de curiosidad, impresionando a ambos jóvenes quienes separaron sus manos como si quemaran—. ¿Ho ya? ¿He interrumpido algo?
—¿¡Desde hace cuánto tiempo estás acá!?— preguntó Fushimi avergonzado, no había escuchado el ruido de la puerta abrirse.
—Acabo de llegar—respondió con una sonrisa burlona entrando lentamente a la habitación, cerrando la puerta tras él—.Traje unos cuantos juegos de mesa para que nos divirtamos esta noche, ¿nos acompañarás, Yata-kun?
Munakata se acercó a la mesa frente al ventanal y dejó un pequeño bolso azul sobre ella, cercano al arreglo floral que sus compañeros le habían enviado para desearle una pronta recuperación.
—¿Eh? M-me gustaría, p-pero tengo que ir a trabajar. Ya estoy bastante atrasado y posiblemente mi jefa esté molesta por no avisarle—respondió nervioso, alejándose de la cama, evitando mirar a cualquiera de los presentes—.¡Saru! espero que cuando te mejores cenemos juntos otra vez.
—Claro, te enviaré un mensaje—sonrió, las reacciones de Misaki eran divertidas. Lamentablemente las peores consecuencias de aquella escena no se las llevaría el castaño.
Los dos miembros de Scepter4 observaron partir a la vanguardia de HOMRA quien, tomando rápidamente sus cosas y haciendo una ligera y torpe reverencia, se alejó tan rápido como pudo de aquella habitación, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.
Después de unos cuantos minutos de silencio, Saruhiko pudo relajarse un poco. Munakata, observando el lenguaje corporal de su subordinado, sonrió para sí. Lentamente se acercó al ventanal y cerró las cortinas.
—Fushimi-kun—llamó el Rey Azul, con un ligero tono de diversión, dándole la espalda.
—¿Qué?—preguntó desconfiado, la sensación de relajo desapareció completamente de su cuerpo. Munakata se sentó en el sofá, como si tratara de encontrar las mejores palabras para fastidiarlo.
—Me preguntaba—habló después de unos segundos de pesado silencio, sin perder su brillante sonrisa—. ¿Estaban tomados de las manos ustedes dos?
Sus mejillas nunca habían estado tan acaloradas como en éste preciso momento. Porque sabía exactamente a lo que se estaba refiriendo ese sujeto.
—¿En dónde puedo presentar mi renuncia?—preguntó resignado, escuchando la leve risa de su superior.
—Estoy tan orgulloso de ti, Fushimi-kun—expresó con una sonrisa—.Haz avanzado tanto en muy poco tiempo.
Gimoteó resignado cuando lo vio sacar, nuevamente, el mazo de cartas de aquel bolso. Esta sería la partida número veinte; sospechaba que los motivos del mayor para quitarle su PDA era sólo para que no objetara sus ofrecimientos de entretención.
Lamentaba haberle contado ciertos secretos de su vida privada aquella fatídica noche de la cena en el departamento de Yata, pero se encontraba tan vulnerable y cansado que Munakata encontró la manera de hacerlo hablar; con ello es como si le hubiese dado un pase libre al Rey Azul para inmiscuirse en sus asuntos y el permiso para que aquella vocecita molesta aparezca más seguido también.
Munakata revolvió las cartas, al parecer jugarían póker… otra vez. Le esperaba una larga noche por delante.
—Capitán… —llamó con un tono de voz indiferente.
—¿Si, Fushimi-kun?
—Por lo de la otra noche…—murmuró, observando la puerta como si ésta fuera lo más interesante del mundo —.Gracias… o algo así.
Munakata sonrió orgulloso, Fushimi había avanzado muchísimo más de lo que esperaba.
Extra 4:
(3 semanas después)
Saruhiko:
Quiero cenar pizza casera mañana.
Misaki:
Oye, ¿me viste cara de cocinero o algo?
¿eh? Espera ¿Ya te quitaron el yeso?
Saruhiko:
Si, ayer.
Y tú ofreciste en el hospital hacerme una
deliciosa cena en cuanto me dieran el alta,
Mi~
Sa~
Ki~
Misaki:
Oye, jamás dije que haría una
cena para ti.
Al menos trae los ingredientes, bastardo.
Saruhiko:
De acuerdo.
(1 hora atrás)
Espera por mí~
Misaki:
¿¡Qué demonios ha sido eso!?
Saruhiko:
Es una cita ¿no?
Tú y yo. Juntos. Solos. Una fría noche de octubre.
Sin que nadie nos moleste~
Misaki:
¿¡De qué mierda estás hablando, Saruhiko!?
(15 minutos atrás)
Saruhiko:
Lamento eso, Doumyouji ha tomado sin permiso mi PDA.
Llegaré a eso de las 7.
Misaki:
¡Dile a ese maldito bastardo
de mierda que es hombre muerto!
Saruhiko:
Ya me hice cargo de él.
Por cierto
¿Ha herido tu virginal sensibilidad?
Mi~
Sa~
Ki~
Misaki:
¿Por qué demonios escucho el tono
Repugnante con el que dices mi nombre?
Saruhiko:
Quien sabe
¿Será porque eres idiota?
Misaki:
Te mataré en cuanto te vea.
Bastardo.
NdA:
¡Feliz 2016! ¡Muchas gracias por todo su apoyo~ me han puesto muy contenta!
¡Lamento la demora! Entre unos asuntos por ahí me ha costado encontrar tiempo para editar el borrador.
Me disculpo por el OOC… se me escaparon todos esta vez y al parecer no van a regresar. Quizás algún día los encuentre… TwT
Si consideran los capítulos muy cortos es que no han visto lo que hice con el capítulo 6 y 7, tienen tres hojas cada uno. Si, leyeron bien, tres hojas miserables. Solían tener casi 15 pero… eh creo que debería dejar de borrar tantas escenas, pero es que una vez empiezo a editar los borradores ya no puedo parar.
SelfBeta, ¡así que me disculpo por cualquier error extraño!
Mini Adelanto:
—Tenme un poco más de confianza ¿Quieres? — Rascó su cabeza con impaciencia, tratando que el rubor de sus mejillas no se percibiera, estaba a punto de decir algo sumamente vergonzoso—.Si volvías alguna vez y hubiésemos tenido que pelear contra Mikoto-san o todo HOMRA para que te aceptaran de nuevo, de ser así ¡Definitivamente yo habría luchado contra el mundo entero junto a ti!
0.0: ay , muchas gracias *Bacchie corre a esconderse completamente sonrojada* ¡me alegra que te guste, de verdad! Ains, lo bueno de tener cuenta es que puedes responder por mp o mantenerte en contacto con las no, ¡muchas gracias a ti por comentar!
SaruminoMisaru: ¡Dicho y hecho! Bueno, Misaki en algún momento tendría que madurar…eh si, en algún momento. Ains, espero que no se me hayan escapado tanto los personajes en éste capítulo. En los próximos capítulos se sabrá lo que sucede con Misaki y HOMRA lo prometo. ¡Muchas gracias por comentar!
