Sintió esas manos infernales encerrarse contra su delicada y fina piel, podía sentir el odio brillando en esos ojos, la sonrisa de victoria, pero de dos agiles movimientos, dejo al demonio estrellado completamente contra la pared.

— Quieres por lo menos escucharme – reclamo el castaño intentado serenarse.

— Vienes a mi casa, fingiendo ser mi amigo, y lo primero que me entero, es que te acostasteis con mi ex novia – grito el demonio mientras caminaba amenazante contra el mortal.

— Tu mismo lo has dicho EX novia – replico Marco, mientras se sentaba en una de las sillas – ahora si te tranquilizas quisiera hablar contigo, o acaso tengo que darte una lección – gruño mirando seriamente al demonio.

Miro a su hija y frunció levemente su seño, de todas las locuras y rebeldías que había hecho en toda su vida, suspiro pesadamente, no en definitiva no tenía que dejarse llevar por su enojo, debía hablar con ella, debía saber todo los pormenores de ese espinoso asunto.

— ¿Cómo? – fue lo único que logro articular, era difícil, hablar con su hija de ese tema, ella fue autodidacta, en realidad, era un tema por lo menos semi tabú en su cultura, suspiro frustradamente.

— Tan solo paso – respondió Star bajando la mirada – ninguno de los dos dijo nada, cuando nos dimos cuenta — sintió su corazón estrujarse — simplemente había pasado — su mirada se topo contra la de su progenitora — nunca fuimos más que amigos— saco un poco de aire de sus pulmones — si esa es tu pregunta — sintió el peso de la mirada de su madre sobre si misma — en cuanto al hecho de haberme acostado con Marco – la chica trono levemente sus dedos, se sentía tan frustrada, avances y retrocesos eran por demás frustrantes, no solo ella, no solo el, todo era tan confuso.

— Star – exclamo su madre

— ¿Que madre? —reto la rubia – que debía guardarme para el día de mi boda – se puso de pie enojada – guardar mi virginidad e inocencia, para el primer imbécil, que lograra cubrir tus requisitos – la señalo con un dedo – porque claro, soy una princesa no es así – sintió todo su enojo desbordarse contra su madre, todo, el rencor guardado, todo el resentimiento durante años exploto — después de todo para eso solo sirve una princesa, para parir hijos y ser montada por su marido y sonreír, hasta que seas una reina, o mejor dicho una puta glorific….. — la cachetada la aventó contra el piso.

—En primera no tolerare ese vocabulario jovencita – regaño la reina — en segunda, ¿eso es lo que crees que soy? – pregunto indignada — una puta glorificada — negó lentamente— no tocare más el tema, pero tienes que entender algo — camino hacia la puerta — así como Marco te rompió el corazón, tú se lo rompisteis a el — afirmo mientras salía de la habitación — no intervendré más, esto tienen que arreglarlo entre los dos — cerro la puerta detrás suyo — pero hagas lo que hagas tendrás mi bendición – fue lo último que escucho la rubia, mientras sentía que su mundo se volvía a ir a la mierda.

El demonio miro nerviosamente a su alrededor, como diablos había podido convencerlo, si era un castigo más sádico de que el pudiera ofrecer o darle en la eternidad, pero era tan increíble que incluso a él le parecía una locura.

El anciano miro ambos chicos entrar a sus aposentos, mientras se ponía de pie, acariciando su larga barba, y mostraba sus blancos dientes como una bestia sedienta de sangre y poder.

Tom miro todo con ojos de incredulidad, era un lugar que nunca imagino visitar, en si nunca pensó en llegar tan lejos en primer lugar.

— Mira lo que han traído las furias a mis aposentos — resonó la voz con autoridad — pero que haces hay acércate muchacho acércate un poco más —

El castaño camino indiferente, como si el lugar no representara nada para él, casi como si caminara por su propia dimensión.

— Marco Díaz — repuso el anciano tendiéndole su mano llena de anillos de oro.

— Poderoso y sublime rey Minos — se inclinó el chico besando levemente el anillo más grande, en señal de respeto y algo de sumisión.

El anciano halo hacia si al muchacho, y le abrazo efusivamente — hasta que te dignas a regresar, como esta todo en el mundo de los vivos — pregunto jocosamente — a un sigues tras la sirenita o esa dulce estrellita ya te dio el si— el ambiente se puso denso en segundos, mientras el chico mantenía la compostura.

— Déjeme presentarle a un amigo mío — sonrió el chico intentando parecer lo más naturalmente posible — Tom acércate — el chico demonio ni siquiera se había percatado de que estaba a unos simples pasos de la puerta observando toco como si fuera ajeno a ese momento, en especial.

— Un demonio de nivel dos — sonrió el anciano — algo enclenque diría yo — el joven demonio sintió sus mejillas sonrojarse ante la mirada escrutiñadora del poderoso juez de las puertas del infierno — Ahora Díaz — el anciano miro al chico seriamente — ¿desde cuando eres un fornicador?— sentencio con una lúgubre mirada, mientras la puerta se sellaba mágicamente, sería un largo, largo invierno en el tártaro.