Se acomodó en las sábanas y cerró los ojos con una sonrisa en los labios, sintiendo ese cálido sentimiento de satisfacción que sólo aparecía cuando veía la felicidad brillando en los ojos de otra persona, especialmente cuando se trataba de alguien cercano a él.
Era el mismo sentimiento, estaba seguro.
Sentirse feliz por ver a alguien feliz.
Pero las cosas no fueron así en absoluto.
No vio felicidad en los ojos de Madara, ni alegría, ni alivio, ni emoción, nada parecido a eso. Esos dos orbes oscuros mostraron algo más… especial, más profundo. Algo que apareció y se fue tan rápido que ahora dudaba si lo había visto o no. Fue como ver un destello en lo más profundo de un océano.
Pero… Hashirama conocía muy bien ese destello como para pasarlo por alto.
No se parecía en nada a la felicidad.
Se trataba de un anhelo. Era algo tan significativo que a algunos incluso les daba miedo y que otros hasta lo consideraban peligroso. Era difícil de identificar, era difícil incluso de entender, pero no para él.
En el pasado muchas veces había visto ese destello en su hermano, y ahora también lo veía en Madara… era el deseo de poder confiar en alguien.
Mientras más lo pensaba, más similitudes encontraba entre él y Madara. Puede que no se llevaran bien y que se miraran como si quisieran matarse, pero en el fondo no eran tan diferentes… su personalidad cerrada, su frialdad y ahora su desconfianza hacia el resto.
Eso era bueno únicamente por una razón.
Haber vivido tantos años con una persona tan inexpresiva como lo era Tobirama, que ocultaba cada atisbo de tristeza y cada brillo de alegría, habían convertido a Hashirama en una persona muy observadora de pequeños detalles.
Para alguien que no lo conociera, era difícil saber lo que Tobirama estaba pensando. Su rostro era indescifrable, simplemente porque no dejaba entrever nada. A lo largo de su vida Hashirama tuvo que aprender a leer cada pequeño gesto y cada pequeño cambio en su expresión.
Gracias a ello, ahora era capaz de leer el rostro de Madara que era tan indiferente como el de su hermano, incluso peor, porque parecía que sólo reflejaba frialdad, o en su defecto, enojo.
Él podía ver más allá de esa máscara.
Y vio aquel familiar destello.
Cuando le dijo que podía quedarse en su hogar, ella lo había mirado con sorpresa, como si hubiera encontrado algo que por mucho tiempo había olvidado dentro de sí misma… su confianza en las personas.
Esto destrozó el corazón de Hashirama, porque lo mismo que alguna vez había visto en su hermano, ahora lo veía en Madara.
Parecía el tipo de persona que no les gustaba sentirse vulnerables. Del tipo que siempre intentaba ser fuerte a pesar de todo, pero que cuando se quebraban, lo hacían silenciosamente.
De las que nunca lloraban, de las que nunca mostraban sus sentimientos.
Siempre hay una razón por la que alguien termina de esa manera.
Tobirama se volvió una persona desconfiada por culpa de su propio padre. Desde el momento que el famoso empresario había dejado de seguir sus sueños y caído en la adicción por el dinero, comenzó a utilizar la gran inteligencia de su hijo menor como medio para ganarlo en cantidades masivas. Esto lo apartó de las personas, de sus amigos, de su familia, incluso de sí mismo. Trabajaba sin parar, obedeciendo cada orden de su padre, sabiendo que ir en su contra no era ni siquiera una opción, aun cuando lo que hacía no era honesto.
Hasta el día de hoy Tobirama no había podido dejar atrás viejos hábitos, como el trabajo excesivo o la mentalidad de empresario, eran dos factores que estaban muy aferrados a él, casi formaban parte de su personalidad de cada día. Sin embargo, había mejorado en un aspecto… Con el tiempo, su desconfianza hacia las personas se había diluido. Con ayuda de Hashirama, que ya en sí su personalidad era muy transparente, el menor pudo dejar atrás el opresor recelo que dominaba su vida, pero… no del todo. Seguía teniendo la costumbre de cuestionar las intensiones de la gente.
Hashirama creía que esas eran las secuelas de lo que su padre le había hecho a su hermano.
Eso sucedía cuando una persona hiere gravemente a otra. La piel desgarrada nunca vuelve a ser la misma, queda una cicatriz.
Con estas experiencias había aprendido a entender lo vulnerables que eran las personas y lo mucho que algunas cosas podían llegar a afectarles.
Debido a esto, él pudo ver el momento exacto en el que la máscara de Madara se agrietó, dejando ver su roto interior.
¿Cuál era su historia? ¿Cuál era su cicatriz? ¿Quién le había hecho tanto daño que tuvo que levantar muros a su alrededor y ocultarse tras una máscara de hielo?
Quería preguntarle tantas cosas… pero no quiso responder ninguna pregunta. La máscara no había tardado en cubrir sus ojos otra vez, ocultándolos tras una actitud fría y distante, quizás más blanda y agradecida, pero no volvió a mostrar su interior vulnerable.
Estaba decepcionado, pero no importaba, se sentía feliz porque sabía que Madara ahora dormía en paz en la habitación junto a la suya, sana y salva, seca y tranquila.
Había decidido confiar en él y por nada en el mundo iba a defraudarla.
(…)
Tobirama despertó temprano, acostumbrado a abrir los ojos puntualmente a esa hora de la mañana debido al trabajo. Era domingo, su reloj biológico no lo dejó dormir ni un minuto más, como si pensara que tendría un largo y tedioso día en la oficina. Pues no, tendría un largo y tedioso día con su hermano y la maldita bruja.
No dio ni dos pasos y su cuerpo ya sentía la necesidad de un café, como si no podría hacer nada si no tenía antes un café negro, sin crema ni azúcar, como les gustaba.
Bostezó con cansancio, sintiendo los ojos pesados e irritados por la falta descanso. Por lo menos su hermano no lo molestaría por unas horas… El muy maldito siempre se las empeñaba para dormir hasta tarde… incluso en días de trabajo. Especialmente el último mes en el que la pila de papeles en su escritorio crecía cada vez que llegaba tarde, exigía a gritos una secretaria.
De verdad no podía creer que deportaran a Mirian. Prácticamente era el cerebro que su hermano no tenía… Era un ángel ¡Hasta lo reprochaba si llegaba tarde! Hashirama había llegado tarde todos los días del maldito mes.
Mirian se estaría revolcando en su tumba.
Si estuviera muerta…
Sacudió la cabeza.
Definitivamente necesitaba un café.
Arrastró los pies hasta la cocina, ya saboreando el amargo sabor en su boca… pero de pronto algo lo detuvo.
Se frotó los ojos para verificar que no estaba soñando…
Y desgraciadamente no lo estaba…
Cada puerta y cajón de la maldita cocina estaba abierto, vacíos, desocupados, desiertos, sin comida… Nada.
Dio media vuelta y arrastró los pies furiosamente hasta su habitación mientras pensaba nuevamente en la mejor manera de asesinar a su hermano. El muy descerebrado seguro despertó en la madrugada, hambriento y en pijamas, y rebuscó en cada rincón en busca de alguna mísera miga, pero como siempre, no se le ocurrió dejar todo como estaba…
Y ahora él tenía que desperdiciar su tranquila mañana de domingo e ir a comprar comida porque ni siquiera había un maldito grano de café.
Y de verdad necesitaba café.
O un trago.
(…)
Corría. Estaba en una calle pero no había autos, no había negocios, no había personas. Estaba sola en la oscuridad que amenazaba con engullirla. Hacía frío. Tenía miedo. Dolía. Dolía correr. Dolía escuchar su voz detrás de ella, llamándola. Sus pasos se acercaban a cada segundo y ella no podía avanzar. Jadeaba. Corría. Dolía. Estaba llorando. La angustia cerraba su garganta. El dolor paralizaba su cuerpo. No podía gritar. No podía huir de él. Su voz sonaba cada vez más fuerte y sus pasos cada vez más cerca.
Jadeaba. Sollozaba.
Frío. Dolor. Pasos. Sólo estaban él y el vacío que se extendía infinitamente frente a ella.
Su voz. Sus brazos acercándose a ella.
Se estaba ahogando en desesperación. Nadie podía ayudarla.
Su sufrimiento no parecía tener fin y ella no podía gritar. Su ansiedad sólo creció cuando unas manos sujetaron sus hombros con fuerza y la arrastraron hacia la luz de una violenta sacudida.
(…)
Hashirama la soltó en el momento que los ojos de Madara se abrieron como platos, moviéndose desenfrenadamente por toda la habitación, desenfocados. Estaba aturdida, respiraba con esfuerzo y su frente estaba perlada de sudor.
Temblaba.
- Madara…
Intentó alcanzarla con una mano para tranquilizarla, como había hecho la noche anterior, pero la mujer se apartó con brusquedad, casi por instinto.
Su mirada finalmente se fijó en él. El miedo retorcía su expresión mientras se alejaba de su alcance, asustada, como si no lo reconociera.
- Soy yo, Hashirama.
Intentó que su voz sonara amable. Recordaba las dulces palabras de su madre cuando despertaba de una pesadilla, ella lo abrazaba y le susurraba cosas bonitas y le contaba cuentos para calmar su agitación. Al escucharla, todos sus miedos desaparecían.
Pero con el tiempo conoció lo que era despertar asustado en una habitación vacía. Cuando su madre falleció, la ausencia de sus palabras era como sentir un gran hueco en medio del pecho. En esos momentos era cuando más extrañaba a su madre. Su cálido cariño era lo que más lo reconfortaba.
Por eso al ver a la mujer frente a él tan asustada, tan perdida, tan sola, lo único que quería era transmitirle el alivio que su madre siempre lograba darle con tan solo unas lindas palabras.
- Tranquila – le susurró dulcemente – Estas a salvo, Madara. Todo está bien ahora. Yo estoy contigo.
La mujer se sujetó la cabeza con ambas manos, dejando que su largo cabello ocultara su rostro.
- Déjame en paz… – susurró, intentó que su voz sonara firme, pero falló cuando un sollozo escapó de sus labios.
Hashirama le dio algo de espacio y decidió esperar a que aclarara su mente. Con solo verla podía decir que necesitaba de la calma del silencio para recomponerse.
Mientras ella se calmaba, el castaño observó sus pálidos brazos, contrastaban con su oscuro cabello. Estaban amoratados y tenían pequeños cortes por el choque, temblaban con cada suspiro… Y él sintió regresar la urgencia de abrazarla y susurrarle cosas bonitas al oído.
Pensar en lo que había pasado aquella noche lo hacía sentir angustiado, especialmente al verla así, herida pero también rota por dentro. Sin embargo, eso no era lo único que apesadumbraba sus pensamientos, el hecho de que tuviera desde antes una herida de esas magnitudes, combinado con la confesión de que no tenía adónde ir… le preocupaba seriamente.
¿Qué le había sucedido?
La escuchó sorber por su nariz y volvió su atención otra vez a ella. Estaba secándose las lágrimas con el dorso de sus temblorosas manos y se veía intranquila y triste a pesar de tener la cabeza gacha y no ver su expresión. Su posición encogida era completamente lo opuesto a la postura firme y orgullosa que había mostrado en la cocina.
Aun que tratara de ocultarlo, Hashirama sabía que seguía asustada.
Y aún sabiendo eso, no pudo frenar su necesidad de saber más sobre ella.
- Parecía una pesadilla horrible – ella suspiró con cansancio, como si no quisiera hablar del tema - ¿Alguien te perseguía?
Ante esto, Madara levantó la vista con desagradable sorpresa. Sus ojos abiertos se entrecerraron con recelo al cabo de unos segundos.
- ¿Cómo lo sabes?
- Gritabas que parara de hacerlo – le explicó – que te dejara en paz…
La vio apartar la mirada, su ceño fruncido volvió a estar en su lugar de siempre, pero tenía un detalle nuevo esta vez. No intentaba ocultar miedo o tristeza, ni siquiera angustia. Eso sería lógico ya que acababa de despertar de una pesadilla, pero… ardía el enojo en su mirada. Estaba apretando los dientes y los puños y estos comenzaron a temblar por la fuerza.
La respuesta estaba allí, pero necesitaba preguntarlo de todos modos.
- Madara – tomó una bocanada de aire y la miró directamente a los ojos, intentando ver más allá de su capa hielo, ahora en llamas por su enojo – La persona que te perseguía en sueños… - dijo – ¿Es la misma que te hizo eso?
Hizo un ademán hacia su abdomen y ella estrujó con un puño la tela que lo cubría. Su rostro se contrajo con odio y sin previo aviso arrojó las mantas hacia Hashirama. Salió de la cama de un violento remolino de cabello y maldiciones mientras el castaño luchaba por quitar todo de su cara.
- ¡No te metas en mis malditos asunt…! – de pronto Madara gimió y su cuerpo se dobló hacia adelante. Sus manos fueron a sujetar su estómago mientras el aire amenazaba con escapar de sus pulmones con cada respiración.
Hashirama corrió hacia ella y la rodeó con un brazo para evitar que se desplomara contra el suelo.
- ¡Te llevaré al hospital ahora mismo!
La mujer se mordió los labios intentando no jadear por el dolor que se extendía por su cuerpo. Sintió los brazos del castaño alzándola mientras su visión se desvanecía.
- Nada de hospitales – dijo entre respiraciones forzadas.
- Te prometo que llegaremos rápido, no está muy lejos – comenzó a envolverla en una de las mantas que ella le había arrojado en el rostro y se apresuró en salir de la habitación.
- No – atinó a decir mientras se retorcía entre sus brazos – Detente…
- ¿Madara? – preguntó intranquilo mientras caminaba con nerviosismo hacia la puerta de salida.
Su mirada sorprendentemente nerviosa se enfocó en él, casi como una súplica silenciosa.
- ¿Recuerdas mi pesadilla? – dijo con voz temblorosa, como si le doliera pronunciar cada sílaba – Me persigue… él me persigue. Si me llevas a un hospital… – tragó aire, aún jadeando – Me encontrará.
Hashirama detuvo sus pasos, aturdido ante los ojos desesperados de la mujer.
- Tu trataste mi herida – su voz cada vez era más débil y comenzó a toser antes de poder decir algo más.
Necesitaba que Hashirama la escuchara y ella no podía seguir hablando. Se estaba desvaneciendo entre sus brazos.
- Me… atrapará…
El castaño intentó suprimir la opresión de horrible presentimiento que estrujaba su pecho. No esperó otro segundo más y la depositó suavemente sobre el sofá donde la había tratado la primera vez. Acercó su maletín de primeros auxilios y con manos enguantadas desnudó la herida que nuevamente estaba abierta. La sangre empapaba la camisa y caía hasta el sofá, empapando de rojo todo a su paso.
Por suerte sólo se soltaron algunos puntos de la sutura y ella solo estaba aturdida. Sus ojos estaban desenfocados y cristalinos. Hashirama se quitó los guantes blancos y le pasó una mano por su frente, corriendo el cabello para observar la pequeña venda en su sien.
- Gracias… - susurró la mujer, sintiendo el cálido tacto de sus dedos sobre la piel de su rostro.
- No abandonaré alguien que necesita ayuda. Te lo prometí.
(…)
- No
Hashirama lo miró con ojos de perrito mojado. Estaba sosteniendo a la bola de pelos y él también intentaba usar sus encantos para persuadirlo.
- Por favor Tobi.
- Que no.
- No notarás que está aquí.
- Su sangre esta por todo el piso, claro que noto que esa maldita bruja esta aquí.
- Pero Tobi…
- Y no creas que yo seré el que limpie todo este desastre.
- Me aseguraré de que…
- Es como ver la escena del crimen de un asqueroso homicidio.
- Yo limpiaré…
- Por supuesta que tú limpiarás.
- Sí, pero Tobi…
- Y no quiero nunca más que la bruja se desangre en mi sofá ¿Entendido? No me importa si está muriendo, no sobre mi sofá.
Hizo un ademán al mueble manchado con manchas oscuras. Doffy saltó de los brazos de su dueño y comenzó a saltar sobre los cojines felizmente.
- Tobi…
- No se quedará – dijo con un tic nervioso en el ojo.
- Pero…
- No me importa quién la esté persiguiendo. Seguro vende droga y quiere evadir a la policía.
- No creo que sea eso…
- Si no quiso decírtelo es porque es algo ilegal ¿No lo ves?
- Está desesperada.
Tobirama resopló, la imagen de aquella mujer de ojos viperinos vino a su mente y sus cejas se fruncieron con enojo.
- No se quedará aquí – espetó – No vivirá a costa nuestra.
Hashirama se quedó en silencio por unos segundos. Sus ojos parpadearon con ese molesto brillo que Tobirama comenzaba a detestar.
- Entonces la contrataré como mi nueva secretaria.
Y hasta aquí el capitulo cuatro.
Les quería decir que no voy a ser regular subiendo capítulos (no me maten D:) pero la verdad es que me doy presión a mi misma si prometo que será una vez por semana o cada mes, no soy una persona puntual... por algo me llamo "Lazy Lady" xD Pero por suerte no soy tan lazy como para dejarlos esperando tanto tiempo, tampoco pienso abandonarlo, al igual que Hashirama a Madara xD dejen sus comentarios.
Gracias a Anien, jbadillodavila y a Rebeca13 por sus comentarios, me hacen muy feliz n_n
