Tobirama terminó limpiando la escena del crimen con un monumental ceño fruncido.

Quitó pacientemente las manchas del sofá mientras maldecía cada segundo de su horrible domingo. La cubierta era de cuero y por suerte no habían quedado secuelas rojas, sin embargo, ahora tendría que salir a comprar nuevos almohadones, los otros no habían sobrevivido.

Los arrojó sin cuidado dentro de una bolsa negra de basura mientras arrugaba la nariz por el hartazgo. Ahora tocaba la peor parte.

Tomó el trapeador de mala gana y observó con el ceño fruncido el desastre que había causado la despreciable bola de pelos.

Por su culpa, ahora él tenía que ser la maldita mucama en lugar de "relajarse". Su hermano también había contribuido a su desgracia, solo tuvo que ser un idiota, como siempre, y dejar que el perro saltara como loco en el sofá y desparramara la sangre por todo el maldito piso mientras corría de un lugar a otro.

Tobirama odiaba a la bola de pelos.

Y "Doffy" odiaba a Tobirama también. Estaba seguro de ello.

Cuando él entraba al departamento, la bola de pelos ladraba como si se tratara de un asesino serial y siempre le gruñía y orinaba sus cosas. Lo detestaba. Tenía la firme idea de regalárselo a Mirian en cuanto tuviera la oportunidad… Con eso en mente, Hashirama fue inteligente por una vez en su vida y se llevó al perro lejos de su vista antes de que pudiera asesinarlo.

Comenzó a fregar con todas sus fuerzas, desquitándose con el suelo. Su furia era muy efectiva contra las manchas.

Estaba seguro que su ira también lo acompañaría durante todo el proceso. Lo había estado acompañando desde temprano…

Esa misma mañana cuando había regresado de comprar comida, empapado por la lluvia y con ganas de tomar finalmente su maldito café, se encontró con que no había luz en el departamento, ah… y que la bruja se había desangrado sobre su sofá, su sala estaba hecha una escena del crimen, y su hermano ahora quería contratar a esa mujer detestable como su nueva secretaria.

Era como si su hermano, la bruja y la bola de pelos se aliaran para fastidiarle la vida.

Sin embargo, la que ganaba todo su fastidio era ella y la idea de que Hashirama quería contratarla.

Desde el minuto cero, ella le había dado una pésima impresión (frívola, bélica, testaruda, orgullosa). No podía imaginársela en las oficinas, trabajando pacíficamente sin insultar a nadie. Tampoco podía imaginarla con una actitud amable y dispuesta a acatar las órdenes de sus superiores… No se veía como el tipo de persona que recibe órdenes, sino la que las da.

Lo que él buscaba en las personas a la hora de contratar personal, era exactamente lo opuesto a ella. No quería a alguien tan hostil. ¿Qué podía esperar de ella? ¿Discutiría con los empleados por cualquier estupidez, como por qué tenía que compartir sus notas adhesivas? ¿Amenazaría con apuñalarlos con su lapicera si alguien tocaba sus cosas? No estaba seguro qué era capaz de hacer esa mujer.

Una vez más, se arrepentía de no haberla dejado en el hospital, porque ahora no sólo iba a tener que contratarla (su hermano era incluso más testarudo que ella cuando algo se le metía en la cabeza) también viviría con ellos.

Había algo en ella que definitivamente no estaba bien, y no se refería a su insoportable actitud.

En primer lugar, le preocupaba que alguien la estuviera persiguiendo… ¿Qué significaba eso?

Ella no había dicho nada más y no lo hubiera mencionado de no ser porque se estaba desangrando y no quería ir a un hospital. Todo eso sonaba insoportablemente sospechoso. Ir a un hospital significaba que su nombre quedaría archivado en los registros y que cualquier autoridad administrativa… o policial podía tener acceso a su información.

Eso solo reafirmaba su idea de que no estaba en buenos términos con la ley.

Era peligroso tenerla allí, no solo por el hecho de que si la arrestaban allí, ellos serían sus cómplices, sino que también existía una posibilidad de que sus perseguidores no fuesen policías.

Si esas personas fueron responsables de su herida entonces no eran gente pacífica. Tobirama estaba muy intranquilo al respecto, porque era probable que estuvieran dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de obtener lo que quieren.

Eso lo llevaba a la siguiente pregunta… ¿Qué era lo que buscaban? ¿Por qué la perseguían? ¿Querían algo de ella? ¿Querían matarla por algo que había hecho?

Pero también existía la posibilidad de que ella mintiera.

De cualquier modo, con esa poca información ya podía decir que Madara no era una persona confiable y que todo lo que dijera era dudoso. Podría ser una asesina serial y Hashirama la había invitado abiertamente a vivir con ellos.

Ella sólo tuvo que agitar sus pestañas y Hashirama cayó rendido a sus pies.

Era estúpido. La situación en sí era estúpida.

Suspiró con cansancio y se secó el sudor de la frente en un gesto irritado.

Había otra cosa que lo molestaba.

Por mucho que su estructurada mente le gritase que echara a la mujer de su casa y se olvidaran del problema… había algo que le impedía hacerlo.

Y ese algo era su hermano.

Hashirama era una persona muy sensible para percibir los gestos inconscientes de las personas. Sin darse cuenta, analizaba a la gente a su alrededor. Tenía el poder de leer sus intenciones desde el punto de vista emocional, al contrario de Tobirama, quien las analizaba usando la lógica.

Y esa era su gran diferencia. Tobirama dudaba de Madara mientras que Hashirama la veía con ojos bondadosos y tenía la certeza de que hacían lo correcto.

Esa era la única razón de que la bruja aún estaba en su departamento, por la determinación de su hermano y por la confianza que él mismo tenía sobre el castaño.

La bruja tenía suerte de que fuera Hashirama quien la atropellarla.

(…)

Caminó de puntillas detrás de Tobirama. El alvino estaba demasiado ocupado trapeando agresivamente el suelo que no notó que su hermano salía del baño.

El castaño se encaminó por el pasillo con el animalito peludo dormido entre sus brazos. Lo llevaba envuelto en una toalla como si fuera un bebé recién salido de un baño burbujeante. Siempre caía rendido luego de intentar huir del secador mientras que Hashirama lo corría por todo el baño apuntándolo con el aire caliente. Doffy se secaba más rápido si corría como loco.

El castaño sonrió. El pequeño movía las patitas entre sueños.

Fue una suerte que logró escapar con él a tiempo, Tobirama lo hubiera incinerado con su mirada, si es que hubiera sobrevivido a sus gritos primero. Hizo una mueca ante la imagen de su pequeña mascota siendo regañada. Doffy se hubiera deprimido. El pobre era muy susceptible.

Pero no le duraba mucho, siempre lograba vengarse de Tobirama.

Entró a su habitación y dejó al perro sobre la cama, asegurándose de que estuviera calentito entre las almohadas antes de volver a salir.

Se dirigió al cuarto de huéspedes donde había dejado por segunda vez a una Madara inconsciente. La puerta no estaba del todo cerrada y asomó la cabeza por entre la abertura. Dentro vio su pequeña figura removerse entre las sábanas, su respiración era lenta y calmada, al contrario de cuando la encontró agitada por la pesadilla.

Hashirama entró y se acercó a ella, intrigado al ver su rostro relajado y sereno. Por una vez no tenía su máscara de frialdad o su ceño fruncido, sólo había marcas negras bajo sus ojos, delatando el estrés que había sufrido por el mal sueño de hace unas horas…

De pronto, ella volteó su cabeza hacia él en un lento movimiento, haciendo que su largo cabello callera como cascada sobre su rostro.

Su mano se acercó involuntariamente y no pudo evitar deslizar su mano sobre su piel mientras apartaba el cabello y lo colocaba detrás de su oreja.

Mala idea.

Un puño se acercó a toda velocidad a su rostro y lo arrojó hacia atrás, haciendo que aterrizara dolorosamente sobre su trasero.

La mujer se irguió en un segundo y lo observó desde arriba de la cama. Su expresión era la más puramente furiosa que había visto en ella. Gruñó mientras enseñaba los dientes, tal como lo haría un depredador intimidante.

- ¡¿Qué crees que haces?!

Hashirama se levantó rápidamente, colocando las manos en el aire en señal de paz. El ardor en su mejilla comenzaba a doler horriblemente.

De verdad que era más fuerte de lo que parecía…

- Y-yo… - no pudo evitar tartamudear, sus ojos hostiles fijos en él lo inquietaban.

- ¿Y bien? – dijo entre dientes, apuñalándolo con la mirada.

- Yo solo… quería ver si tu herida estaba bien – señaló la pequeña venda en su sien mientras agradecía al cielo por esa excusa tan perfecta que había llegado a su mente. Ni él mismo estaba seguro qué fue lo que quiso hacer. Si se lo intentaba explicar, sería él quien terminaría en un hospital.

Madara se apartó el cabello de un manotazo, sin apartar los ojos de él. El gesto fue impaciente pero más bien le pareció amenazante.

- No vuelvas a hacer eso – dijo fríamente - A no ser que quieras que tu hermano te visite en la morgue.

Hashirama parpadeó varias veces mientras la observaba en silencio, procesando.

Luego soltó una carcajada.

- Deja de reírte imbécil – espetó amenazándolo con un puño – Que me hayas salvado no te da derecho a hacer lo que te plazca conmigo.

- Me agrada tu sentido del humor.

- ¡No estaba bromeando!

Frunció las cejas al ver que el castaño seguía riendo como idiota, sin inmutarse en lo más mínimo por sus palabras.

Madara se cruzó de brazos y volteó hacia otro lado con una mueca en los labios, resignada. Por algún motivo sabía que no iba a poder hacerlo entrar en razón. Era inútil.

En ese momento el perrito marrón entraba por la puerta. Dio un salto hacia la cama y se acercó a la mujer con la nariz en alto. Intentó olfatearla juguetonamente pero una mano lo apartó con fastidio.

- Bájalo de la cama.

- ¿Eres alérgica a los perros?

- No – dijo – Odio a los perros.

- ¡¿Qué?! – Hashirama la miró exageradamente escandalizado – Pero si son tan lindos… - tomó entre sus brazos al cachorro y lo abrazó con ternura, reafirmando su argumento.

- Prefiero los gatos.

- Los gatos no son tan lindos.

Madara alzó una fina ceja ante el infantil comentario.

- ¿Qué tienes? ¿Tres años?

- ¿Por qué tú también dices eso?

La mujer lo vio desplomarse en el piso con una nube depresiva sobre él. Doffy mordía su oreja con intenciones de animarlo.

- ¿Te lo dicen muy seguido? – alzó una ceja nuevamente, sorprendida por lo estúpidamente sensible que era.

- Tobirama – contestó como única respuesta mientras sorbía su nariz – Pero Doffy se encarga de vengarse de él – de pronto soltó una carcajada, saliendo milagrosamente de su depresión.

Madara le dedicó una mirada curiosa.

- ¿Por eso lo escuché gritando a las cinco de la mañana que iba a matar a una tal "bola de pelos"?

- A Doffy le encanta sus zapatos – dijo entre risas.

Hashirama de pronto la miró atentamente y luego se tocó la barbilla con expresión pensativa.

- Olvidé preguntarte cómo te sentías.

- Em… Bien – respondió, tocándose el vientre.

- Me alegro mucho – dijo con una sonrisa – Te di analgésicos para que pudieras dormir tranquila. No dudes en decirme si vuelve a dolerte ¿De acuerdo?

Madara sólo se limitó a asentir, parecía algo desconcertada por su amabilidad. Era como si pensara que luego Hashirama le exigiría algo a cambio.

Eso lo hizo recordar otra cuestión.

- Madara – la llamó, sacándola de sus pensamientos – No sé cuánto tiempo planeas quedarte, - ante esto, la mujer se mordió el labio con inquietud – pero tengo una noticia que…

- No te preocupes por eso – lo miró a los ojos con seriedad – No pienso quedarme por mucho tiempo. Me iré cuando mi herida sane.

Hashirama se tornó serio de repente.

- Eso no es necesario – Madara alzó las cejas ante su tono determinante – Tengo una propuesta para ti.

La mujer mantuvo silencio mientras lo observaba con expectativa.

- Hay un puesto bacante en nuestra empresa. Necesito contratar con urgencia a una secretaria, – explicó, acariciaba la cabeza de Doffy - y se me ocurrió que podrías ser tú.

Madara se lo quedó mirando en silencio.

- Hashirama…

- Sé lo que dirás – dijo – Es arriesgado que salgas a la calle ¿Verdad? ya pensé en eso. Las oficinas solo está a cuatro calles de aquí e iremos en auto. Los estacionamientos, los de la empresa y también los de estos departamentos, están dentro de los edificios, así que en ningún momento estarás expuesta.

La mujer frunció las cejas, pensativa, mientras observaba la cálida sonrisa del hombre frente a ella.

Dejó escapar un largo suspiro antes de hablar.

- De alguna manera te devolveré este favor, Hashirama.

El castaño supuso que esa era su manera de dar las gracias, así que sólo sonrió ampliamente, reprimiendo la urgente necesidad de abrazarla… otra vez.

- Si fuese por mí, no dejaría que trabajes – comentó de pronto – Pero Tobirama es muy amargado, dice que mantener a Doffy ya es demasiada generosidad por una vida.

- Planeaba tener un empleo de todos modos, no me gusta depender de la gente.

- No me importaría que dependieras de mí.

- ¿Insinúas que soy una mujer débil? – volvió a amenazarlo con su puño y Hashirama rió nerviosamente para aliviar el ambiente.

- ¡Claro que no! – negó rotundamente.

Tenía la fuerza de un boxeador y lo había descubierto por las malas…

- Podrás empezarás cuando tus heridas…

- Empezaré el lunes – sentenció, indiferente ante su estrategia de cambiar de tema para no terminar con una nariz rota.

- ¿Qué? Pero necesitas reposo y…

- El tiempo es dinero – dijo simplemente – Cuanto antes empiece más rápido podré pagarte y más rápido saldré del país.

- Ya te dije que no quiero… ¿Quieres irte del país?

Madara se limitó en lanzarle una mirada significativa, dejando claro que no quería hablar sobre el tema, pero aún así era obvio lo que tenía en mente.

Quería huir.

(…)

Luego de gritarle a su hermano por ser un idiota, por ser irresponsable y por arruinar su domingo, Tobirama quería que lo dejara solo por un rato, así que le ordenó que se fuera a comprar una nueva cortina de baño (sin estúpidas flores), almohadones nuevos para el sofá y ropa formal para la bruja (si iba a trabajar en sus oficinas, iría con la vestimenta reglamentaria). Podía tener una actitud repulsiva todo lo que quisiera, pero las normas las cumpliría. Sin excepciones.

Una vez que Hashirama se fue, el alvino finalmente pudo tomar una taza de café. Lo había estado esperando por tantas horribles horas…

Se dirigió al pasillo en dirección a su habitación, pensando en todo el papeleo eterno que debía terminar, pero algo le llamó la atención.

Podía escuchar la voz amortiguada de la bruja, como si estuviera hablando con alguien dentro de su habitación.

Tobirama se acercó a su puerta, la cual no estaba cerrada del todo. Por la abertura pudo ver a la mujer sentada en el alfeizar de la ventana. Abrazaba su bolso contra ella y sostenía un teléfono en su oído.

- …estoy bien – decía – Estoy a salvo por ahora… No te preocupes por eso… Soy buena consiguiendo dinero ¿Recuerdas?... No quiero que por ningún motivo hagas eso… Lo más inteligente será esperar a que todo se calme… - la escuchó suspirar con pesadez mientras estrujaba su bolso aún más contra su pecho - Fue muy arriesgado que llamaras, no vuelvas a hacerlo a menos que creas que es seguro… Bien… Adiós.

Tobirama retrocedió de la puerta. Esa mujer cada vez era más sospechosa…

Escena del crimen, charla sobre mascotas y Tobirama quiere matarlos a todos... Me imagino que para Hashirama no hay nada nuevo, su hermano maldiciéndolo, la mujer que atropelló lo golpea y Doffy mancha el piso con patitas de sangre... lo típico. ¿Ustedes que dicen? xD