Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.
8. Descubrimientos.
—Entonces, ¿Harás algo en especial para año nuevo?—Preguntó Enomoto arreglando su bufanda blanca, observando sonriente a la vanguardia de HOMRA que caminaba a su lado.
El frío de diciembre calaba hasta los huesos, pero aun así ellos dos salieron a su prometida cita a los videojuegos sin importarles la hermosa y blanca nieve que cubría la ciudad. ¿Quién iba a decir que el tímido y tranquilo Enomoto se llevaría tan bien con el explosivo e impulsivo Yata? Además, Enomoto necesitaba la asistencia de Yata para un delicado asunto de Scepter4.
—Bueno, Anna quería asistir a un festival. Supongo que iremos con Kusanagi-san y Kamamoto—dijo evitando mirar nuevamente aquella pareja feliz de la publicidad de esa tienda de pollo frito, como siguiese pensando en esas estupideces su cerebro explotaría—.¿Tienes algún regalo en mente entonces?
Enomoto sonrió resignado, encogiéndose de hombros.
—Nadie conoce tanto a Fushimi-san como tú. Por eso te pedí ayuda con su regalo—comentó con tranquilidad, arreglándose sus anteojos—. He estado dos semanas pensando en qué comprarle y no encuentro nada.
Yata entendía de qué iba el asunto porque Saruhiko no dejó de reclamar todas las noches sobre las absurdas ideas de celebrar el fin de año. En Scepter4, a pedido del Capitán Munakata Reisi y la Teniente Awashima Seri, harían un intercambio de regalos. El ojiverde le comentó que Andy se burló cuando vio que en su papel estaba escrito el nombre 'Fushimi Saruhiko'. Más Doumyouji debió tragarse sus palabras. El Capitán era aún más difícil de complacer con regalos que el tercero al mando. Aun así, para el fanático de las computadoras, Fushimi era un total enigma.
Misaki lo compadeció, Saruhiko de por sí era una persona complicada con sus gustos (aunque el ojiazul jamás rechazó sus regalos por muy idiotas que estos fueran a veces, suponía que lo hacía en el nombre de la amistad o algo así).
—Saruhiko puede comprar casi cualquier cosa ¿no?—preguntó con curiosidad, observando una tienda electrónica, un nuevo PDA no sería mala idea si Saruhiko no hubiese comprado uno nuevo recientemente. Enomoto era quien más conocía aquellos artilugios, así que su ayuda no sería necesaria en caso de que decidieran ingresar a aquella tienda.
—No me desmotives más por favor, Yata—dijo el ojiverde, dándole un pequeño empujón amistoso al más bajo—. ¿Qué le regalaste para navidad?
Misaki evitó el contacto visual con su acompañante. Pensándolo tranquilamente, aquel regalo era un tanto vergonzoso de admitir. Aunque no debería, después de todo cuando pasó por aquella tienda ese día y vio aquel objeto se dijo a sí mismo que podría gustarle a Fushimi y que se le vería muy bien.
—Ah, dudo mucho que te sirva, le regalé una pequeña cadena. Es algo simple, pero a él pareció gustarle—El castaño se rió ante la mueca de desesperación del mayor ante aquel regalo tan personal, palmeó su hombro derecho tratando de infundir ánimos, después de todo aún quedaban días para que encontrara algún regalo para el ojiazul—.Bueno, algo encontraremos.
A Enomoto le seguía sorprendiendo la forma de ser del castaño quien, a pesar de ser explosivo y violento tal como se le describía la mayor parte del tiempo, solía ser alguien bastante divertido también, con múltiples temas de conversación y muy leal a sus principios y a sus amigos. A veces solía pensar que la personalidad extrovertida de Yata no encajaba para nada con alguien tan deprimente y solitario como Fushimi. Pero quizás esas grandes diferencias eran lo que permitía que sus lazos, ya sea en forma de amor u odio, sean tan poderosos.
Yata y Enomoto no se hablaron hasta después de la partida de Fushimi de Scepter4. Fue en una misión donde el pelinegro debió encargarse de hackear la lista de invitados a la fiesta de Jungle, tarea que le tomó más tiempo del presupuestado pues él no era tan habilidoso como su ex-compañero para aquellas tareas ilegales. Debido a la frustración de no lograr buenos resultados bajó la guardia y fue rodeado por los miembros del clan verde, quienes no dudaron en atacarlo.
Gracias a Yata es que seguía con vida.
La vanguardia de HOMRA lo protegió con su patineta del ataque de las armas de fuego que cargaban los jugadores de Jungle. No recordaba nada más después de la explosión de la camioneta, pero fue Andy quien le contó, en el hospital, que Yatagarasu lo salvó de morir de las peores formas en manos del clan verde.
Desde ese entonces, tanto Andy como Enomoto comenzaron una relación más cordial con el skater; y con el paso del tiempo los tres parecían amigos de toda la vida que se reunían de vez en cuando a jugar videojuegos o compartir en algún puesto de comida en los días libres que coincidían; pero ahora Yata era más cercano a Enomoto que a Doumyouji, todo debido a la solicitud de Fushimi. Porque cuando fue a investigar sobre Nanahara Sachiko, descubrió sorprendido que Yata estaba metido en medio de aquello de una manera bastante extraña, en opinión del ojiverde.
Tras media hora de eterna caminata en las heladas calles de Tokio y debatir el perfecto regalo para el tercero al mando de Scepter4, sin llegar a un resultado satisfactorio, decidieron ingresar a una cafetería simple para obtener algo de calor.
La cafetería tenía su buena cantidad de clientes consumiendo, no tanto como para que fuese molesto mantener una conversación tranquila. Aquel lugar era famoso por sus deliciosos pasteles y sus cálidas y bellas meseras. Sentados en una de las mesas más alejadas de la multitud, esperaron que les atendieran. Enomoto debió resistir la tentación de reírse ante el nerviosismo de Yata cuando la chica de siempre los atendió. Eran clientes habituales de aquel lugar, así que aquella jovencita universitaria sabía exactamente que traerles: un chocolate caliente y una rebanada de pastel de chocolate con frutillas, pero siempre iba a saludarlos, más cuando Doumyouji estaba presente.
—Por cierto, ¿Cómo va tu investigación con el presunto strain?—preguntó Yata, tratando de enfriar sus mejillas ante la vergonzosa situación.
—Ya terminé de investigar—murmuró con seriedad, arreglando sus anteojos—.Aunque realmente me sorprendió el pedido de Fushimi-san… supongo que gracias a un poco de suerte su pedido no será visto de forma extraña por el Capitán.
—¿Qué tan extraño pudo haber sido su pedido? Además ¿No es el favorito o algo así del Rey Azul ? —preguntó con curiosidad.
Enomoto guardó silencio, sopesando los pros y contras de responder la primera pregunta. El no entendía mucho de la pasada relación de amistad entre el ojiazul y el castaño, tampoco entendía los términos en los cuales se encontraban ahora - pero sí recordaba lo mal que estaba Yata para su cumpleaños donde Fushimi se olvidó por completo de su existencia, o del nerviosismo en su voz cuando le avisó que Fushimi resultó herido en una misión. Entendía que Fushimi era una persona muy importante para Misaki y, debido a aquella carpeta que dejó sobre el pulcro escritorio de Saruhiko en la mañana, sabe que aquel sentimiento es recíproco, porque presentía que Saruhiko quería proteger a Yata de aquella mujer, muy a su manera.
La mesera interrumpió el hilo de sus pensamientos al traer sus pedidos y dejarlos con una sonrisa sobre la mesa. Aún no podía acostumbrarse a las sobrerreacciones del moreno cuando una mujer le dirigía la palabra.
—Él debe preocuparse realmente mucho por ti—dijo sonriente, una vez la chica se marchó, evitando mirar el rostro del castaño. Tampoco podría decir mucho más, después de todo Saruhiko pidió la mayor de las reservas sobre aquel asunto.
—¿Ah?—preguntó confundido, con un trozo de pastel a medio camino de su destino.
—No, nada—negó nervioso Enomoto, si Fushimi se enteraba sería su cabeza la que cortarían—. ¿Cómo te ha ido con Nanahara-san? ¿Las cosas van mejor entre ustedes ya?
Misaki le sonrió resignado, dando un sorbo a su chocolate caliente. El cambio de conversación era demasiado notorio incluso para alguien como Yata, pero tal vez era mejor así.
—A veces realmente no la entiendo. Unos días se comporta como una mocosa y otras te sorprende con las cosas tan profunda que dice… supongo que es admirable que haga todo lo que hace sin ayuda de nadie—comentó con asombro.
—Ella te tiene a ti, ¿No? —preguntó suavemente el ojiverde, saboreando el delicioso pastel de frutillas que pidió.
Misaki sonrió un poco avergonzado.
—Ella lo sabe, además de mi jefa es... Bueno, es alguien que poco a poco se vuelve importante para mí.
El mayor observó la tenue sonrisa de su acompañante. Nanahara Sachiko era la pieza que no sabía ensamblar en aquel rompecabezas que era la relación entre Yata y Fushimi. Pero esa mujer era técnicamente inofensiva para ambos, así que quizás no habría nada de qué preocuparse.
Excepto por el bebé.
Informe posible strain
Redactado por Enomoto Tatsuya.
Nanahara Sachiko, 27 años, Soltera, Chef profesional.
No se han encontrado resultados positivos sobre sus presuntos poderes de strain.
No hay mayor información relevante.
Sin embargo, al parecer la pequeña que se encuentra dentro de su vientre es un strain. (Según fuentes confiables la muchacha se encuentra en el octavo mes de embarazo).
Por lo tanto finaliza la investigación.
PD: Sé que no es mi asunto pero Fushimi-San, le aconsejo que si realmente quiere saber quién es esa mujer se lo pregunte directamente a Yata. La única relación que conozco entre ambos es la relación jefe-trabajador que me comentaron la otra vez.
—Tsk, estúpido Misaki— murmuró arrojando con impaciencia sobre la mesa el folder con los datos, provocando que una fotografía de una joven bonita y risueña, de cabellos largos y oscuros, sobresaliera de aquella carpeta.
Tratar de controlar aquellas estúpidas emociones era un incordio, él no sabía lidiar con esa basura de estar enamorado de su único amigo y no ser correspondido. Tuvo que abandonar el hilo de sus pensamientos ante la alarma de ataque a civiles por parte de un strain. Lo último que le faltaba a aquel maldito día era tener que soportar a esos inútiles desadaptados con poderes estúpidos y rellenar más papeles.
Al menos podría liberar algo de tensión peleando con esos idiotas strains.
HOMRA, a pesar de ser el lugar de encuentros de los bribones de sus compañeros de clan, era el único lugar que conocía para encontrar momentos de calma y un buen consejo - sin mencionar que el rubio dueño del bar a veces le preparaba deliciosos dulces que él jamás podría rechazar por muy mal que se encontrara. Tal vez por ello el mayor, dejando su habitual tarea de limpiar sus finas copas de cristal, y con la preocupación dibujada en todo su rostro, intentaba infructuosamente animar al skater, quien se encontrara semi recostado en la barra del bar.
Yata no había explicado el motivo de su actual depresión - como lo denominaba Kusanagi - todo era debido a que, hace unos días, Saruhiko le había enviado un mensaje carente de todo sentido. Más bien dos. El primero decía que estaría lleno de trabajo y que sería imposible juntarse incluso los fines de semana. Misaki entendía lo molesto que podía ser su trabajo y, a pesar de estar un tanto desilusionado por aquello, le respondió que no se preocupara y que ya se juntarian otro día.
Fue la respuesta, el segundo mensaje, el que lo dejó con una sensación amarga: 'no me llames más'.
Modo Fushimi activado, pensó irritado cuando leyó aquel mensaje- además de golpear cuanta pared de concreto tuviese a mano-. Estaba fuera de la naturaleza de Yata exigirle que cenara todas las noches en su casa-aunque así lo deseara-, pero tampoco era para que le respondiera de esa maldita forma.
Esperó que se hiciera un poco más tarde para pedir - exigir, mejor dicho - una buena y merecida explicación, la cual nunca llegó, porque no sabía quién demonios fue el imbécil que arrancó el PDA del ojiazul y le dijo textual: 'deja de molestar a mi novio'.
Desde ese día ha pasado una semana y media sin que el skater respondiera a cualquiera de las llamadas y mensajes del tercero al mando de Scepter4-el cual incluso se comunicó con Kusanagi preguntando si es que seguía vivo-porque el castaño no ha ido a dormir al apartamento, sino que se quedó en una de las habitaciones del bar, sin decir ni media palabra porque era incapaz de entender exactamente qué le molestaba de toda aquella situación.
—Yata-chan—llamó por quinta vez el barman—. No me molesta que no quieras hablar pero... Estás preocupando a Anna y eso no lo puedo tolerar.
—Lo siento —dijo automáticamente, con una sonrisa vacía—.No he dormido bien.
—Es por Fushimi, ¿no?—preguntó, con una sonrisa desganada. Si Kusanagi recibiera un yen por cada vez que a Misaki le afectaba algo, y ese algo estaba relacionado con Fushimi, ya tendría una buena cantidad ahorrada para irse de viaje a Inglaterra por más licor para el bar—.Por supuesto que es por él, que pregunta mas tonta de mi parte.
Misaki, con un mohín de disgusto ante la auto-respuesta del mayor, tamborileó los dedos en la barra del bar.
—¿Qué les hace pensar que todos mis problemas están relacionados con él?—Preguntó a la defensiva, obteniendo una expresión incrédula del barman.
—¿Nos equivocamos, Yata-chan? —preguntó con ironía, exhalando el humo del cigarrillo.
—Aun así...
—Yata-chan—cortó al castaño—.Sabes que yo no le contaré nada a nadie, ¿verdad?
El tono de su voz logró calmarlo. Misaki contempló apenado al hombre que se ha comportado como un hermano mayor para él. Pueden tener sus diferencias de vez en cuando, pero jamás podrían enojarse en serio con el otro. Kusanagi Izumo ha sido quien más lo ha apoyado en todas las decisiones que ha tomado, es quien le ha recomendado cómo lidiar con la aparición de Sachiko dentro de su vida y con los constantes problemas en su relación con Saruhiko.
Misaki apretó los puños con frustración, porque sabía que sus preocupaciones eran una estupidez y probablemente el mayor se burlaría. Si Saruhiko tenía pareja y no le había dicho nada… tendría sus motivos ¿no? Tampoco es que le hubiese contado sobre Sachiko.
Fue por ello que tomó la decisión de, finalmente, contarle la verdad a Kusanagi; el mensaje de Saruhiko, el hecho de que un hombre desconocido le dijera que dejara en paz a Saru porque era su novio. Si fueran otras las circunstancias, y él no fuese el involucrado directo, se habría reído de buena gana de la expresión de Kusanagi.
—¿Eso es en serio?—preguntó confundido.
—¿¡Ah!? ¿¡No dirás nada más!?
—¿Qué quieres que te diga Yata-chan?—se apoyó en la barra del bar, con una expresión extrañada—.Eso me ha sorprendido tanto como a ti.
—Ese bastardo azul…—murmuró con molestia, observando los azulejos del suelo, intentando serenarse.
—No deberías maldecir a Fushimi, Yata-chan—aconsejó, arrugando su nariz ante aquella actitud tan infantil.
—¡Me refería al otro bastardo azul!
—Oh—exclamó complacido, intentando mantener una cara de póker—.Es alguien de Scepter4 entonces.
—¿Qué?
—No, nada—sonrió internamente, ya tenía a Yata donde quería.
—Kusanagi-san, de verdad yo soy un idiota la mayor parte del tiempo—aceptó abatido, obteniendo un asentimiento del mayor ante sus palabras—. Si entiende algo de todo esto entonces...dígame por favor.
El mayor sonrió travieso. Un poco de celos no le vendría mal a Yata, tal vez así podría finalmente darse cuenta de los sentimientos de Fushimi, y de paso, de los suyos propios.
—¿Te molesta que Fushimi salga con un hombre?—preguntó tomando un nuevo vaso para limpiar.
—¿Qué demo...? Claro que no. Es Saru, podría molestarme por muchas cosas, pero si a él le gustan los hombres pues… no es problema para mí—comentó inseguro.
—¿Será porque no te dijo nada?
—No...Supongo que si sale con alguien o alguna mierda así significa que no pasaremos mucho tiempo juntos ¿no?
—¿Y eso te molesta?—presionó, dejando el brillante vaso sobre la barra del bar.
—Al demonio que sí, hace poco tiempo que el bastardo vuelve a dirigirme la palabra y sería una mierda que ahora él ya no esté.
—Hey Yata, no deberías ser tan mezquino—expresó con algo de burla, obteniendo un leve gruñido y un golpe a su preciada mesa de bar, Misaki seguro que era alguien muy energético incluso en las tardes, por suerte el precioso vaso no cayó al suelo, sino el menor lo pagaría con su sangre—. La felicidad de él también cuenta ¿no?
—Por supuesto—respondió sin dudar.
—Bien, te lo diré una vez. Deja de comportarte como la mejor amiga que se percata de sus sentimientos cuando el mejor amigo se consigue una pareja—reclamó, con los brazos cruzados, pensando para sí mismo que si el castaño no entendía aquello, nada lo haría entender.
—¿¡Que mierda de comparación es esa!?—gritó alarmado, logrando que la silla en la que momentos antes estaba sentado se tambaleara debido al abrupto movimiento.
—Tómalo como quieras, Yata-chan— suspiró cansado, revolviendo un poco los castaños cabellos del menor con frustración—.Más directo no puedo ser contigo.
Se quedaron unos segundos en completo silencio, hasta que Misaki, quien al parecer finalmente pudo procesar el ejemplo absurdo que le dio, gritó una maldición alarmado.
— ¡A mí no me gusta Saruhiko!—negó vehemente, con su cara completamente roja.
El rubio, de espaldas al menor, sonrió triunfante y apagó el cigarrillo tranquilamente.
—Yo no he dicho eso. ¿O sí?
Misaki, ante la burla acometida hacia su persona, no pudo sino sentirse más perdido que antes. Kusanagi no resultó de ayuda para nada, es más, podría decir que, incluso, empeoró todo.
Saruhiko:
¿Puedo ir a cenar hoy?
te explicaré todo
Misaki:
Sólo a cambio que traigas un pastel de frutas.
Ese que venden en la cafetería cercana a tu trabajo,
sino no te abriré la puerta
Fushimi:
¿De dónde demonios conoces esa cafetería?
Misaki:
El otro día fuimos con Enomoto y Doumyouji por un pastel.
Era increíble.
Debes probarlo alguna vez
Saruhiko:
De acuerdo, llevare tu dichoso pastel.
A Misaki en general le alegraba que Saruhiko contara con amigos y que no estuviera solo en aquel lugar que parecía tan frío socialmente a veces, con ese Rey un tanto extraño y sarcástico, con esa Teniente tan cruel y fría; sin embargo, el hecho que el castaño de apellido Hidaka estuviera en su departamento, literalmente colgado del brazo de Saruhiko, le molestaba y desconcertaba en partes iguales, hasta que el ojiazul le explicó la situación.
Un strain los había atacado en una misión y, por lo que pudo apreciar, Hidaka fue quien sacó el palillo más corto. A consecuencia del poder del strain, el castaño estaría aferrado emocionalmente a Saruhiko hasta quién sabe cuándo.
Misaki encontró divertida la expresión asqueada de Fushimi al tener que soportar a su compañero que intentaba acariciarlo cada segundo- Saruhiko era muy reacio al contacto físico con otras personas; sin embargo, las cosas comenzaron a ponerse un poco extrañas cuando Misaki apoyó una mano en el hombro del pelinegro en señal de apoyo y ánimo porque Hidaka, enfurecido, golpeó la morena mano del dueño del departamento y le gritó que se alejara de 'su Fushimi-san'. Provocando una situación bastante hilarante para el dueño de casa. Saruhiko, con cara de circunstancias, había recibido la orden de no llevarle tanto la contraria a su compañero, por lo tanto no podía alejar al castaño mayor de forma tajante.
La situación comenzó a ponerse desagradable cuando Saruhiko debió esquivar dos intentos de besos a la hora de la cena, lo cual provocó que el estómago de la vanguardia de HOMRA se retorciera de una manera extraña y su poca paciencia acabara.
—Oye imbécil—llamó al castaño del clan azul, quien lo observó con mirada de superioridad—.Si vas a hacer ese tipo de mierda, hazlo fuera de mi departamento.
—Quien debería irse eres tú, estás haciendo mal tercio—contestó con una sonrisa forzada.
—¿¡Ah!?, ¿Estás echándome de mi jodido departamento? — exclamó con marcada incredulidad.
—Y de la vida de Fushimi-san. Además, es patético de tu parte ponerte celoso ahora que Fushimi-san me tiene a mí.
—¿¡Qué dijiste maldito azul!?— exclamó furioso, sosteniendo el tenedor con tal fuerza que se dobló.
Fushimi, observando como lentamente caían parte de los adornos del pastel que compró para Yata, suspiró hastiado. Las cosas iban tan bien como podían con Misaki. Cuando Hidaka le quitó el PDA de las manos y dijo todas esas estupideces no pudo evitar los deseos de golpearlo y caer internamente en la desesperación, gracias a ello recibió una reprimenda de parte de Awashima y un 'no sabe lo que está haciendo, tendrás que tenerle paciencia'. Saruhiko masculló que ella sería incapaz de aguantar algo así si se tratara del dueño de cierto bar. Finalmente tuvo que resignarse ante la mirada furiosa de la mujer y seguir sus órdenes. Fue una semana del asco en donde tuvo que soportar cada broma al respecto por parte de todos, incluso del Capitán, y además lidiar con la preocupación de que Misaki, asqueado ante la idea de que su mejor amigo estuviese saliendo con un hombre, no quisiera hablarle nunca más.
—Ya basta, ustedes dos—dijo Fushimi, apretándose el puente de la nariz. Una de sus fabulosas y colosales migrañas estaba por hacer aparición.
—¡Pero es verdad!—exclamó furioso Hidaka, abrazando al pelinegro y mirando con desprecio al dueño del apartamento—Fushimi-san gustaba antes de Yata ¿no? y ahora que Fushimi-san me tiene a mi tú te pones celoso. Eso es patético y egoísta.
—El poder del strain le hace decir mierda—explicó rápido el ojiazul ante la estupefacta expresión de Yata. ¿Cómo demonios podía saber ese sujeto sobre sus sentimientos hacia el skater?
—Pero...Fushimi-san, mira su estúpida expresión, él es poca cosa para ti —señaló al más bajo de los tres.
No dejaría que aquel idiota lo siguiera insultando. Además, sentía que aquellas palabras ya las había escuchado en otra ocasión, provocando que el fuego recorriera todo su cuerpo, preparado para luchar.
—¡Qué mierda!—exclamó Yata con rabia, levantándose de la mesa y golpeándola con ambas manos, logrando que finalmente la hermosa torre de frutas del pastel colapsara—.O te vas o te saco a patadas de mi casa, imbécil.
Saruhiko suspiró. Entre la batalla de insultos que ambos castaños mantenían, se preguntaba si usar el cloroformo con Hidaka iría en contra de las órdenes de la Teniente.
Los primeros brotes de los cerezos estaban apareciendo, por lo tanto el crudo invierno lentamente daba paso a temperaturas más agradables. Saruhiko, cansado del ruido y el calor desagradable del cuartel debido a la calefacción en mal estado, fue a terminar sus informes en el apartamento de Misaki. El castaño, utilizando una pañoleta sobre su cabeza y unos pantalones antiguos que pertenecían a Saruhiko cuando se encontraba en la escuela media, estaba realizando limpieza.
No era la hora en la que Fushimi solía aparecer por el apartamento, usualmente llegaba más tarde, pero después de la sorpresa inicial dibujada en su bonito rostro, el castaño le dio la bienvenida y le sonrió avergonzado por lo descuidado de su apariencia.
Saruhiko ya se queda a dormir algunas noches en ese lugar, por ello se ha encargado de proveer de ciertos elementos básicos y esenciales, como el kotatsu que le regaló por navidad atrasada o el reloj de pared que adornaba las blancas y vacías paredes.
El kotatsu le significó una reprimenda por parte de Misaki que duró aproximadamente media hora, algo al respecto con no malgastar el dinero en esas cosas-tampoco le prestó mucha atención, porque su mente estaba concentrada en la fotografía de la noria, que se encontraba sobre el televisor- finalmente el kotatsu se convirtió en una necesidad para ambos y lo disfrutaron cada noche de invierno.
Tras darse un largo y relajante baño, y cambiarse su uniforme por sus jeans y su simple camisa blanca, se acomodó en el kotatsu para terminar el informe del strain que atacó a Hidaka. Después de aquella desastrosa cena en donde tuvo que poner a dormir al castaño mayor, con Misaki acordaron que no se juntarían hasta que la situación estuviera controlada. Fueron semanas terribles donde su paciencia fue puesta al límite de muchas maneras. Por fortuna ya todo acabó y el idiota de Hidaka se mantenía a una muy buena distancia de él. Y gracias a ello, a pesar de lo incómodo de la situación, pudo percatarse que a Misaki no le gustaba la idea de que el menor se alejara; aquello era un pequeño consuelo para el pelinegro, quien se alimentaba sólo con el cariño amistoso que el castaño le brindaba a diario.
En un momento la cálida mano de Misaki acariciaba sus cabellos y sus mejillas, intentando quitar sus anteojos sin incomodarlo. Saruhiko estaba tan cansado que, a pesar de sentir todo aquello- Misaki no era el ser humano más delicado del mundo, pero le daba cien puntos por el esfuerzo- era incapaz de abrir sus ojos. Sintió de pronto el rostro del chico que le gustaba muy cerca del suyo. Pero no comprendió qué hizo exactamente, porque se rindió ante el calor del kotatsu.
Su último pensamiento fue que tal vez el castaño quiso comprobar que no estuviera con fiebre.
¿Cuánto había pasado desde que se había dormido?
El lugar estaba completamente a oscuras y el aroma a estofado rodeaba la habitación. Saruhiko, poniéndose sus anteojos después de despabilarse, se acercó a la cocina, sólo para obtener la imagen de la espalda de Misaki quien, con un delantal de cocina, trataba de pelar algunas verduras con la pobre iluminación de su PDA.
—Misaki, ¿Olvidaste pagar la cuenta de la luz o algo?—Preguntó con burla ante la falta de luz, sobresaltando al mayor.
—¿¡Qué demonios!? ¡Por supuesto que no! —reclamó observando molesto a Saruhiko—. Maldición, me corté…
Misaki dejó el cuchillo y la verdura sobre la mesa, tratando de examinar la profundidad de la herida.
—Tsk… que molesto—masculló acercándose al moreno, apoyando su cabeza sobre el hombro del contrario, sintiendo el agradable aroma al champú que utilizaba— ¿No deberías limpiar la herida?
—¿Ah?—Pregunto nervioso al sentir la mejilla del ojiazul sobre la suya—. E-eso creo.
A pesar de las palabras compartidas por ambos, ninguno se movió de aquella posición. Incluso Saruhiko tuvo el descaro de abrazarlo. Observaban la olla que contenía el estofado recién cocinado, porque ver el rostro del otro era un tanto vergonzoso, sobre todo para el de ojos avellanas.
—Saru… ¿Podrías soltarme?— Preguntó con una sonrisa nerviosa—.Iré a vendarme la herida.
Saruhiko, vaciló unos segundos antes de quitar sus manos de la cintura del más bajo con renuencia.
—¿Llevo los platos a la mesa?—Preguntó obteniendo un leve asentimiento del moreno, con quien no ha logrado mantener contacto visual en todo el día—. Apresúrate.
Cuando Misaki se alejó de la cocina, haciendo un gesto con las manos, Saruhiko se preguntó si no estaba llevando muy lejos la invasión del espacio personal del castaño- Munakata y sus inútiles consejos que complicaban más las cosas.
Antaño, Misaki era quien le abrazara o acariciara, incluso sin mayores motivos más que porque así lo quería en ese entonces. Ahora esas caricias sólo ocurrían cuando Saruhiko estaba 'durmiendo', como si el mayor temiera molestarlo.
—Con lo agradable que estaba el clima hoy, no pensé que fuera necesario encender el kotatsu para mantenerlo caliente durante la noche, maldición—comentó Misaki, frustrado, iluminando el camino hacia la mesa con el PDA.
—Bueno, por esta vez dejaré que compartamos tu cama—sonrió sardónico.
—¿¡Ah!? Hoy te tocaba el sillón, ¡Tramposo!—lo acusó, señalándolo con un dedo y una expresión bastante graciosa a opinión del ojiazul.—.Tche… Como me patees mientras duermes la pagarás caro
—Eres tú quien más se mueve al dormir—masculló, obteniendo un tierno mohín de disgusto del castaño—. Gracias por la comida.
—Sí, sí, gracias por la comida, lo que sea—refunfuñó, logrando que el pelinegro se riera.
Misaki pensaba que no era mala idea dormir juntos en la fría noche con el apagón y la falta del kotatsu, tampoco es que fuese la primera vez que compartieran una misma cama. Con el pasar de las horas aquello se había transformado en un grave error, porque no podía dormir.
El calor proveniente del cuerpo de Saruhiko, quien técnicamente lo tenía apresado en su pecho impidiéndole cualquier tipo de movimiento, le provocaba un extraño nerviosismo en el estómago que lo mantenía alerta al más mínimo ruido proveniente desde el exterior del apartamento.
Dándole vueltas al asunto que le molestaba desde hace un tiempo ya, Saruhiko es su mejor amigo y su persona más importante; aquello nadie podría negarlo. Si el ojiazul llegase a salir con alguien, cualquiera pensaría que Misaki sería el primero en amenazar a esa persona diciéndole que si Saruhiko se quejaba una sola vez de cualquier cosa, sería persona muerta. Pero si era honesto consigo mismo, aquello difícilmente sucedería; Misaki sabía que no podría apoyar a Saruhiko si salía con alguien. No quería perderlo ahora que lo tenía de vuelta en su vida y eso lo hacía sentir egoísta, porque nadie más que su mejor amigo, quien ha sufrido bastante a lo largo de su vida, merecía ser feliz.
Apartándose un poco, observa el tranquilo rostro de Fushimi iluminado por la escasa luz proveniente desde la ventana. No sabía exactamente cuánto tiempo estuvo embobado mirándolo, pero fue el suficiente para que la verdad cayera como una enorme piedra sobre su cabeza.
Yata Misaki, alias Yatagarasu, acaba de comprender el ejemplo que Kusanagi le diera un mes atrás sobre la estúpida amiga que se da cuenta de sus sentimientos cuando su mejor amigo encuentra novia.
«Mierda», pensó después de intentar desesperada e infructuosamente de alejarse del cuerpo del menor, quien afirmó el agarre en su cintura gruñendo algo ininteligible.
Misaki tenía el papel de la amiga.
Misaki era el jodido amigo que estaba enamorado de su mejor amigo y que se daba cuenta de ello cuando su mejor amigo tenía novia...o novio… estaba completamente jodido.
EXTRA 6 (una noche a finales de noviembre)
Saruhiko se encontraba tecleando ávidamente en su computadora en la oficina de Scepter4 desde hace aproximadamente tres horas. Cualquiera de los chicos del escuadrón que lo viese pensaría que estaba todo en orden y que el ojiazul tenía toda su concentración en el informe que el capitán le solicitó en la mañana; más aquello no era del todo correcto.
Estaba preocupado por Misaki, debido al mensaje que recibió aquella mañana de su parte. Por ello estaba terminando todo su trabajo pendiente para ir en cuanto pudiera a su apartamento y ver qué estaba mal con el castaño. Odiaba redactar informes de molestos strains con sus estúpidos poderes cuando él no había sido el encargado de supervisar aquella misión; pero dejar que Doumyouji se hiciese cargo de aquel informe- después de todo fue quien lideró aquella misión- sería aún peor para su mal humor y una pérdida absurda de tiempo y energía.
Dos horas después, y cuarenta páginas completas de explicaciones y detalles técnicos que sólo Munakata podría comprender, se dirigió a paso rápido a su oficina para hacerle la entrega de dicho documento. Dos toques en la puerta, obteniendo un suave 'adelante', y ya se encontraba dentro en la amplia y agradable oficina de Munakata.
—¿Ho ya? Terminaste temprano ese informe hoy, Fushimi-kun— comentó sin dirigirle la mirada, armando un nuevo rompecabezas del tamaño de la mesa completa.
A veces Saruhiko se preguntaba si aquel hombre hacía algo más durante todo el día.
—Si no necesita algo más, debo hacer unas cosas fuera del cuartel hasta tarde—solicitó, aparentando una tranquilidad que no sentía.
—Claro, envíale mis más sinceros y calurosos saludos a Yata-kun—dijo con un tono burlesco, logrando su objetivo de incomodar a su subordinado favorito—. Por cierto, recuerda lo que te dije: para mantener un buen equilibrio en las relaciones interpersonales es necesario que compartas la mayor cantidad de espacio personal con Yata-kun. Ah, y otra cosa más, ¿Fushimi-kun?
Saruhiko, rodando los ojos con hastío, volteo a ver al Capitán, quien con una sonrisa, guardó silencio.
—¿Qué?—Preguntó con prisas, chasqueando la lengua.
—No es recomendable estar hasta altas horas de la noche merodeando por la ciudad. Quizás podrías quedarte a dormir allí con él— comentó, con una brillante sonrisa—.Sería muy amable de parte de Yata-kun compartir con su mejor amigo la misma ca…
Saruhiko, molesto ante aquella insinuación, se alejó de aquel lugar cerrando la puerta con más de fuerza de la necesaria.
—Ho ya, Ho ya, pero que susceptible— sonrió, volviendo su atención al divertido rompecabezas.
Tratando de regular su respiración y los deseos de ahorcar al menor, ingresó al conocido apartamento después de que dicho castaño le abriera.
—Buen trabajo hoy…—murmuró inseguro ante el enojo del menor—.¿Día pesado?
—Tsk...Algo así—masculló—.¿De quién crees que es la culpa? idiota.
Fushimi pensaba que el castaño le había jugado una pésima broma con aquel mensaje: 'El día de hoy no faltes por nada del mundo'; Misaki sabe que él iría todas las noches a cenar y, a menos que su carga laboral se lo impidiera, siempre le avisaría con antelación. Saruhiko creía que había peleado con algunos de los tarados de HOMRA y que necesitaba algo de apoyo moral o alguna estupidez así.
«Estúpido Misaki, ha hecho que estuviera preocupado todo el día para nada», pensó molesto observando la espalda del castaño, quien buscaba sus zapatillas de estar.
—Oh por cierto, te compré un par de palillos y un tazón propios—exclamó después de que Saruhiko se terminara de cambiar sus botas de trabajo.
—¿Para qué?— preguntó confundido, después de todo platos eran platos y sólo era cosa de lavarlos y ya.
—¿¡Como que para que!? Hace un buen tiempo ya que estas cenando acá, es lógico que deberías tener tus propias cosas ¿no?—dijo un tanto atónito, para Misaki era extraño que Saruhiko no entendiera cosas tan básicas e importantes como esas.
Aun así, el castaño sonrió tranquilamente, logrando que el pelinegro sintiera un leve calor en sus mejillas ante aquellas palabras.
Desde que cumplieron dos semanas exactas juntándose todas las noches a cenar, el departamento del castaño se ha llenado con cosas que eran de uso exclusivo para el ojiazul. Primero fueron aquellas zapatillas de estar que pasaron de ser las típicas blancas de visitas a las zapatillas de estar de color celeste de Saruhiko. El segundo objeto fue una taza de café, de color celeste también y con el logo de Scepter4 - 'No quise preguntar detalles, pero tu Rey me la entregó el otro día que estuvo en el bar con Kusanagi-san', o esa fue la explicación que Misaki le dio en aquel entonces cuando el menor observó extrañado aquel objeto. Ahora tenía, además, un par de palillos para la comida y un tazón sólo y exclusivamente para su uso exclusivo. Incluyendo parte de su ropa casual dentro del armario del dueño del apartamento.
—Cien puntos—murmuró a espaldas del castaño, el cual desapareció en la cocina.
Se sentía bien. Compartir su vida con Misaki a cierta distancia no era lo que deseaba, pero había aprendido a aceptar aquello. Habían días que era difícil y quería tenerlo sólo para él, pero el castaño tenía su vida y tendría que saber respetarlo. Por ello se negaba en rotundo a dormir en su casa, una vez que lo hiciera sería difícil alejarse. Saruhiko se conoce, sabe que todo volvería a empezar otra vez.
Misaki y él llegaron a un mudo acuerdo la quinta noche que se juntaron a comer. Las cenas serían el ritual que ambos compartirán a menos que el trabajo de uno de los dos no se los permitiera. Por ende, Saruhiko finaliza su trabajo antes de las seis de la tarde - las horas extras ya no existían en su vida- y Misaki, a cambio, cancelaba todas las salidas nocturnas con los vagos de HOMRA.
No le gustaba del todo, pero era lo que le permitía seguir dentro de la vida de Misaki; donde pueden hablar tantas tonterías como antes, ignorando sutilmente el tema de HOMRA, de la traición, del tatuaje quemado en su clavícula. Los mejores y más bellos recuerdos los estaba creando en ese lugar desde aquella segunda cena con pizza casera que el castaño y el cocinaron.
Aunque a veces esa molesta voz le recordaba que estaba enamorado de su mejor amigo y echaba todo a perder.
—¿Sabes?— interrumpió el castaño, observando la televisión como si ésta fuera lo más interesante del mundo—.Me alegro de que estés aquí esta noche.
Y, ante la brillante sonrisa de Misaki en medio de la cena, es que comprendió el motivo del mensaje de esta mañana.
Porque un día como hoy, hace un par de años atrás, fue cuando él se marchó de HOMRA.
Saruhiko podía entender a Misaki algunas veces, así como el castaño podía entenderlo a él y obtener la más alta puntuación. No diría nada, porque no quería reabrir viejas heridas ni ahondar más en aquellos sentimientos que poco a poco lo devoraban cuando compartía momentos tan íntimos con el castaño.
—Oye, Saru—llamó el castaño, sirviendo otra taza de café—.Se ha hecho bastante tarde ya, ¿Por qué no te quedas a dormir?
Saruhiko, extrañado, observó la hora en su PDA. Siempre que estaba con Misaki el tiempo parecía avanzar más rápido de lo usual. Era casi la una de la madrugada.
Una noche no le haría daño a nadie ¿no?
A la mañana siguiente, Saruhiko pensó por primera vez que sería agradable volver a decir un 'Me marcho' y obtener de respuesta un 'Que te vaya bien' como aquella mañana. Ya en el cuartel, dejando sobre su escritorio el obento-bako(1) en donde Misaki había preparado su almuerzo, se sentó a trabajar de buen humor ante la vista estupefacta de todos sus compañeros.
Era la primera vez que vivía tantas primeras veces juntas. Podía acostumbrarse y eso no sería bueno.
Pero también era culpa de Misaki, por prometerle un obento-bako exclusivo si es que se quedaba a dormir otra vez.
—Ni que fuera un mocoso para que me chantajees con eso, idiota—murmuró con afecto, sin ser escuchado por sus compañeros.
(1)Obento-bako: nombre del recipiente que contiene el famoso obento.
NdA:
¡Me disculpo por el OOC!
¡Y lamento la tardanza nuevamente!
Este mes ha sido algo complicado para mi, ¡pero ya logré estabilizarme XD! así que espero poder mejorar el tiempo de actualización.
Como siempre Selfbeta, así que ¡me disculpo por cualquier error!
Adelanto:
Porque la reconstrucción de su pequeño nuevo mundo empezaba con un detalle tan básico como el tener un cepillo de dientes propio en aquel lugar.
Ace Angell: aw que bueno que te gustara, dudé de ese capítulo hasta el final porque Misaki se comportaba como un niño pequeño. ¡Muchas gracias por comentar!
0.0: me alegra que te gustara eso de que Saru abrace a Misaki XD ains pobre Nanahara, ya pronto aparecerá en la historia, lo prometo.
