Quedó boquiabierto ante la visión de su huésped entrando en la cocina. Sus ojos se abrieron en expectación y casi se caen las tazas en sus manos.

Madara estaba frente a él vestida con una blusa purpura de mangas largas (Hashirama la había elegido para que ocultara los moretones en su brazos), pero notó enseguida que no estaba abotonada del todo, podía verse su cuello de porcelana y el principio de su escote... Tampoco pudo evitar contemplar la falda de tubo que se ajustaba a su figura y a los tacones que estilizaban sus largas y afiladas piernas.

Ella caminó con elegancia sobre sus tacones, ágil como un felino, haciendo que su cabello sujeto en una coleta se tambaleara detrás de ella con cada imponente paso que daba. Cuando el castaño alzó la mirada hacia su rostro, vio que sus labios estaban pintados de rojo y tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para dejar de mirarlos y ofrecerle café.

Sus ojeras parecían haber desaparecido, o quizás esa era la magia del maquillaje, no lo sabía con exactitud, pero sus ojos se veían diferentes aquella mañana, brillaban con determinación, y su postura firme le daba la apariencia de alguien imponente y fuerte.

Hasta con una simple camisa se había visto Imponente y fuerte… Ahora era como una diosa guerrera en su atuendo de secretaria.

Hashirama se dio mentalmente palmaditas en la espalda, felicitándose por su buen gusto a la hora de comprarle ropa a su huésped.

Ayer le había preguntado sus medidas, y ella a regañadientes le había espetado la información en la cara y lo echó a patadas de su habitación. Pero cuando regresó con un millón de bolsa colgando de sus brazos, pudo notar que la mujer parecía feliz, o al menos… no estaba descontenta. Por otro lado, Tobirama sí estaba descontento por todo lo que había gastado, pero luego se distrajo con la nueva cortina para el baño, que ahora no tenía flores, pero sí lindos patitos amarillos.

Con una sonrisa, Hashirama sirvió el desayuno, secretamente ansioso por ver cómo le iba a Madara en su primer día como su secretaria.

(…)

Su hermano definitivamente tenía la edad mental de un niño de siete años.

Como un niño, Hashirama había suplicado y hecho berrinches para convencer a Tobirama de quedarse con el perrito abandonado que el castaño había encontrado en la calle.

El alvino pensó que quizás con un poco de suerte, el cerebro desinflado de su hermano por fin maduraría un poco, después de todo, los niños aprendían a ser responsables al cuidar una mascota ¿Verdad? Hay que bañarlo, alimentarlo, llevarlo al parque, limpiar sus desastres…

¡Pero Doffy era inútil hasta para eso!

Porque por alguna extraña y estúpida razón, la bola de pelos solo hizo evolucionar la parte paternal en el cerebro de Hashirama. Este ni siquiera lo disciplinaba, ni lo educaba, sólo lo malcriaba en todos los sentidos, lo dejaba dormir en su cama, le daba comida por debajo de la mesa, le compraba shampoo especial para cachorritos con cabello enrulado…

A esas alturas, Tobirama ya creía incurable la estupidez de su hermano, daba por hecho que jamás lograría aprender lo que era el sentido de la responsabilidad. Doffy no lo cambió en nada, seguía exactamente igual… llegando tarde, atrasaba el papeleo, olvidaba cosas importantes como los malditos boletos de avión

Pero repentinamente y como una bofetada, la "solución" los había golpeado en la cara.

Madara.

Sí, la bruja.

Como un niño pequeño, otra vez Hashirama había suplicado y pataleado para convencer a Tobirama de quedarse con el perrito abandonado que había encontrado. Muy en el fondo, para el castaño Madara era como un cachorrito indefenso a quien debía cuidar y proteger…

No fue una mascota, tuvo que ser una mujer para que sucediera el milagro…

Lástima que fuera esa mujer.

Esa mañana de lunes, su hermano, el idiota número uno–olvidadizo–holgazán–irresponsable que no podía ni siquiera respirar sin que una secretaria se lo recordara… por primera vez en la historia de toda su existencia… el hombre se había levantado temprano… se había vestido como lo haría una persona normal… y hasta había preparado el desayuno cuidadosamente puntual ¡porque no quería que Madara llegara tarde a su maldito primer día de trabajo!

Miriam se estaría revolcando en su tumba.

Era un maldito sueño hecho realidad. Su hermano había hecho una acción responsable. Él solito, sin ayuda…

¿Qué mierda había hecho Madara?

Su hermano haría su deber cuando el infierno se congelara y los cerdos volasem. Aunque pensándolo bien… la mirada de esa mujer era como la de medusa, no estaría sorprendido si a parte de convertir en piedra a la gente, pudiera también congelar las llamas de un amaterasu.

No entendía cómo esa bruja con complejo de superioridad pudo lograr en un día lo que Tobirama había estado intentando por años. No lo entendía. Esa mujer era igual a un líder dictador. Igual de autoritario, igual de bélico, igual de odioso…

Era obvio que no fue su personalidad, demasiado áspera para causar ningún cambio positivo en su hermano, en ningún ser viviente mejor dicho, nunca, jamás.

Lo más lógico sería pensar que su hermano se sentía culpable por todo lo que había pasado: por atropellarla, por no darle su bolso a tiempo, por intentar saber más sobre ella pero parece ser que eso la irritó y terminó desangrándose sobre su sofá

Sin embargo, la culpa no parecía ser suficiente como para mover el trasero de Hashirama fuera de su cama tan temprano. Era demasiado esfuerzo solo para compensar a Madara por algo que ya había enmendado, más específicamente, le salvó la vida, le dio una cama dónde dormir y le dio un empleo. Si eso no era suficiente para satisfacerla, entonces la mujer, aparte de bruja, era una maldita sanguijuela.

Luego otra posivilidad pasó por su mente.

Por más que odiara admitirlo, y lo odiaba… Madara era muy atractiva.

Si ignoraba su nefasta personalidad, lo cual era una tarea imposible, su exterior era muy agradable a la vista… no como lo interior. Sus ojos, a pesar de dar la sensación de estar mirando dos pozos oscuros hacia el infierno, eran grandes y profundos, enmarcados por gruesas y largas pestañas. Su rostro, el cual no expresaba nada más que disgusto, era de rasgos afilados y elegantes. Su cuerpo era igual, curvas marcadas, piernas largas y piel blanca sin imperfecciones más que las que Hashirama le había hecho con su auto.

La mujer sólo tenía que agitar sus largas pestañas para conseguir lo que quería. Y su hermano, tonto e inocente como un niño, no dudaría en complacerla con todos sus caprichos. Estaba seguro de que la bruja sabía perfectamente cómo jugar sus cartas, sabía quién podría ser su nueva víctima… aquel que fuera fácil de manipular. Sin embargo, no dudaba en que tuvo que usar todo su arsenal, sacar sus mejores armas y atacar estratégicamente para lograr que Hashirama hiciera el inmenso esfuerzo de cocinar.

Pero toda su teoría se fue a la basura en el momento que la bruja entró en la cocina y posó su mirada de hielo sobre ellos. Hashirama se quedó mirándola como idiota pero luego seapresuró en saludarla, ofreciéndole una taza de café.

- Te preparé el desayuno – había dicho el castaño, saludándola con una sonrisa tan brillante como el sol a pesar de ser las siete de la mañana.

- ¿A mí? – Tobirama se había quedado estático en su lugar al ver su frívola expresión cambiar por un mili segundo. Su rostro mostró sorpresa y sus ojos negros se suavizaron con calidez, algo que nunca esperó ver en ella. Se veía… Agradecida.

Luego Hashirama dejó un plato enfrente de ella y esperó con ojos alegres a que le diera el primer bocado, como si fuese un niño mostrándole su dibujo a su padre, emocionado por oír la respuesta.

- No está mal – contestó quedamente, protegiendo su maldito orgullo de ser asesinado si admitía que estaba delicioso.

Pero sólo bastó ese tosco comentario para que su hermano sonriera como idiota y…Y SE SONROJARA.

¿Qué?

Ay no, no podía ser.

No, definitivamente no podía ser.

Tobirama se llevó una mano a la boca, como si se hubiera dado cuenta de algo asquerosamente terrible.

No era podía ser posible.

Madara no lo hacía sentir culpable, tampoco era sólo una cara bonita…

Su hermano…

¿Estaba… enamorado… de esa bruja?

¿Por qué alguien se enamoraría de esa mujer?

¿Y por qué tenía que ser su hermano el primer estúpido?

Iba a vomitar.

Aunque pensándolo bien… Hashirama tenía un corazón demasiado grande y demasiado empalagosamente sensible… y ciego, aparentemente.

Su hermano era una persona compasiva y excesivamente amorosa con los demás, pero Tobirama sabía cuándo lo hacía con cariño y cuándo había algo más involucrado. Era muy atento con ella, hasta el punto de ponerse una alarma para despertarse temprano y cocinarle. Eso ya lo decía todo.

Tobirama quería morir allí mismo. La bruja podría ser una asesina (su rostro ya trasmitía su odio hacia la humanidad) o podría ser una criminal, la conversación telefónica que había escuchado apuntaba a eso… Pero lo peor quizás era que esa mujer sólo lo manipulaba, lo usaba y abusaba de su sentido de nobleza… y Hashirama, ciego como un topo, ya se había precipitado en darle un espacio dorado en su corazón de niño inocente.

Tenía que evitar que esa mujer lo lastimara…

Frunció el ceño.

A veces se preguntaba quién era el hermano mayor de los dos.

(…)

Caminó por el pasillo a paso firme, suspirando mentalmente al comenzar a escuchar el alboroto ya desde esa distancia. A medida que se acercaba a la habitación, los gritos y risas se hacían cada vez más escandalosos y no pudo evitar abrir la puerta con excesiva fuerza, en un gesto inconsciente de autoridad.

El grupo entero se sobresaltó, callando al instante. Se quedaron estáticos ante la mirada severa del líder.

- Tobi, bájate de la mesa. – ordenó, sintiéndose el único adulto entre niños de tres años – Deidara, baja esa escoba.

- ¡La bajaré luego de golpear a Hidan! ¡Nadie se burla de mi arte! ¡Hmn!

- ¿Le llamas a eso arte? –dijo de pronto el alvino. Su sonrisa burlona se amplió aún más al ver la indignación del rubio.

- Eso es una pila de porquería blanca con forma de pájaro – comentó Sasori.

- ¡La haré explotar y verás que el arte es efímero como tu vida!

- Deidara, baja la escoba – el tono de Pain sonó más autoritario de lo normal, alarmando de pronto a todos los presentes.

El líder volteó con impaciencia hacia el resto de los miembros de la organización y los atravesó con la mirada, dejando claro que no toleraría más estupideces.

- Reporten.

Un escalofrío bajó por sus espaldas y no esperaron otro segundo para obedecer.

- Nada, hmn.

- Ni rastro de ella.

- Cero.

- Nada.

- Es como si se hubiera evaporado.

- Nada de nada.

- Fue una pérdida de dinero.

- ¿No querrás decir de tiempo? – preguntó Deidara – Hmn.

Y volvían a empezar…

- "El tiempo es dinero" ¿No es lo que siempre repite? – comentó Kizame, alzando una ceja con obviedad.

- Para él todo es sobre dinero. Maldito avaro…

- Tú cállate Hidan – espetó el hombre de rosto cubierto, extrañamente sereno aunque sus palabras dijeran lo contrario – Te has quejado como un bebé todo el camino, no quiero escuchar ni una palabra más de tu sucia boca.

- ¡Me hiciste subir por las escaleras hasta el último piso del maldito edificio! ¡Te irás al infierno por idiota desconsiderado Kakuzu!

- Ser tu compañero es el infierno.

- ¡Ouch! – exclamó el rubio, riendo – Eso sí que fue una bomba, hmn.

- ¡Me las pagarás Kakuzu! Te convertiré en un sacrificio para Jashin y me quedaré con todo tu dinero.

- Toca mi dinero y te mataré.

- Como si pudieras…

- Oi oi… - una gota de sudor apareció en la frente de Kizame al sentir los penetrantes ojos de su jefe sobre ellos.

- Esto no va a terminar bien – comentó Zetsu sonriendo burlonamente.

- Tobi no quiere que peleeeeeen – el enmascarado se arrojó sobre Deidara y comenzó a sacudirlo sin piedad – ¡Diles que paren senpai!

- ¡Quítate de encima tobi! ¡Hmn!

- Ya cállense – ordenó Sasori pero su voz quedó opacada debajo de las maldiciones de Hidan.

- ¿Cómo es que alguien tan retrasado está aquí? ¡Será un buen sacrificio para Jashin-sama!

Tobi se escondió detrás de Deidara, usándolo de escudo entre él y el alvino.

- ¡No dejes que le haga daño a Tobi, senpai!

- ¡Que te quites!

- ¡Eres un niño rata y por eso serás sacrificado!

El resto de los miembros observaban la escena desde lejos, sin inmutarse.

- ¿Qué edad mental creen que tenga? – preguntó Kizame mientras miraba cómo Hidan perseguía al enmascarado alrededor de la mesa.

- 10 – dijo Itachi.

- 5 como máximo – dijo Sasori.

- Haría mucho dinero si esto fuera un circo – comentó Kakuzu – Los llamaría: "El niño retrasado, el masoquista religioso y el artista mediocre"

- ¡Escuché eso! ¡Hmn!

La mujer del grupo suspiró, cansada de las discusiones absurdas, y volteó hacia su líder. Pero se sorprendió al verlo con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Generalmente él era una persona inexpresiva y seria. Siempre se mostraba indiferente, acostumbrado completamente al escándalo constante que creaban sus subordinados. Sin embargo ahora se encontraba impaciente, seguramente irritado por escuchar tanta estupidez junta, pero aún así, era inusual.

- ¿Hay nuevas órdenes, líder? – la dulce y calmada voz de Konan de alguna forma logró escucharse por sobre el alboroto.

Todos voltearon repentinamente al escuchar la pregunta. Incluso Tobi, quien estaba escalando a Deidara como una torre, al instante dejó de patalear y se quedó estático a mitad de camino, observando al líder.

El líder se dio vuelta, dándoles la espalda.

- No. Sólo dejen de ser inútiles y encuéntrenla – habló sin una pizca de tolerancia en su profunda voz – No me importa cómo. Encuéntrenla y tráiganla ante mí.

Luego se fue sin perder un segundo más, dejando atrás una habitación silenciosa.

Los miembros intercambiaron miradas entre sí, desconcertados.

- Eso sí fue una explosión ¡Hmn!

No era muy común que su líder perdiera los estribos. Es más, Konan estaba casi segura que jamás lo había visto enojado. Por lo general, el líder toleraba pacientemente sus estupideces hasta que alguno de ellos acabara golpeado o inconsciente, o, si se volvían demasiado insoportables, los hacía callar. Pero nunca había usado algo parecido a ese tono hostil y autoritario con ellos, y eso era preocupante.

- ¿Soy yo o está algo desesperado? – preguntó Kizame.

- Pues claro imbécil – espetó Hidan – No hay nadie igual a ella.

- Solo la quiere por el dinero.

- Tobi la extraña – el enmascarado dejó escapar un sollozo y se aferró empalagosamente a Deidara.

- ¡Tobi! – le advirtió con un tic nervioso en el ojo - ¡Suéltame! ¡Hmn! – dijo mientras tomaba la escoba otra vez y la agitaba en el aire como amenaza.

Konan suspiró y cerró los ojos por un instante, ignorando el circo que volvía a empezar a su alrededor.

Pain no estaba desesperado.

Él no toleraba traiciones.

(…)

¿Hashirama enamorado? ¿Akatsukis en acción? ¿Tobirama odia los patitos en la cortina? ¿Hidan quiere sacrificar a Tobi?

Ya veremos…

Los comentarios siempre son bien recibidos n_n