Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.
9. Estableciendo Límites
Desde que aceptara para sí mismo que su cariño por Saruhiko estaba lejos de aquel sentimiento fraternal de la escuela media, no podía comportarse como siempre ante todas las muestras de afecto dirigidas hacia su persona por parte del ojiazul.
Su idiotez alcanzó el límite de lo absurdo cuando quebró el quinto vaso semanal la tarde en que Saruhiko le ayudó con la limpieza de la vajilla; cuando sus dedos accidentalmente se rozaron provocaron tal nerviosismo al dueño del apartamento que, al alejar su mano, el vaso se precipitó al suelo en cámara lenta.
El skater pensaba que la pulla no tardaría en llegar, pero Saruhiko sólo le preguntó si había algo mal, que lo notaba desanimado. Gracias a eso sus mejillas comenzaban a enrojecer de tal forma que tenía que huir como cobarde del campo visual del ojiazul o contestar con una broma. Lo último que necesitaba en la vida era que Fushimi se diera cuenta de sus sentimientos y lo rechazara, volviendo la situación bastante más incómoda que ahora.
Pensó que era buena idea marcar una línea imaginaria intraspasable, porque Saruhiko tarde o temprano encontrará una persona que cumplirá con sus altos estándares. Cuando eso ocurra, el castaño apoyará a su mejor amigo con la mejor de sus sonrisas y amenazará a su pareja con el típico discurso de una madre celosa; aunque después su corazón se quiebre en miles de pedazos, y no logre salir a flote de manera inmediata.
Un mes después del último vaso quebrado y Misaki sentía que no podía estar peor: ojeras profundamente marcadas -porque, embobado, se aferraba a las almohadas con el dulce aroma de Saruhiko hasta muy entrada la noche pensando idioteces, mal humor debido a la falta de sueño y mariposas en el estómago que terminaban siendo más poderosas que la adrenalina que sentía al realizar acrobacias en su patineta.
Esta noche Saruhiko no vendría, dejándolo solo con sus pensamientos en aquel amplio y silencioso departamento aferrado a aquella almohada que, hasta esta mañana, el ojiazul utilizó-se sentía como un verdadero acosador.
Aunque tratara de ser optimista no podía ignorar el hecho que sus sentimientos jamás serían correspondidos. Porque, aunque haya sido a causa de los poderes del strain, las palabras de Hidaka Akira-diciéndole que nunca sería lo suficientemente bueno para Fushimi-no eran más que la cruel verdad.
Y antes de caer en el abismo sin fondo del negativismo y la autocompasión llamó a Kamamoto, quien lo observaba preocupado después de la cuarta lata de cerveza dejada descuidadamente en el suelo.
Kamamoto entendía a Yata, y no necesitaba de sutilezas o palabras amables de parte del castaño, tampoco de un lugar cómodo para sentarse -el suelo era más que suficiente para ellos y su peculiar amistad- el rubio entendía que Yata necesita desahogarse de alguna u otra forma, así que trataba de complacerlo tanto como se lo permitían sus recursos. A veces se preguntaba qué tipo de carga tenía Yata sobre sus hombros para llegar a tal nivel de desesperación donde sus problemas se olvidaban bebiendo.
—Yata-san, deberías comer algo antes—dijo un delgado Kamamoto. Las temperaturas de primavera ya causaron los estragos correspondientes en su cuerpo. Y aun con su inapetencia, se obligó a comprar algunos pequeños refrigerios para compartir con el castaño—.Traje algunas cosas de la tienda de conveniencia, sino tu estómago sufrirá.
La voz de Kamamoto estaba impregnada en preocupación, pensando que quizás el motivo del desasosiego del castaño se deba a una nueva pelea con Fushimi- la primera que tuviesen desde que arreglaron sus diferencias. No era de extrañar , siempre que Yata estaba deprimido el culpable era el tercero al mando del clan Azul.
—Estoy malditamente bien, unas latas de cerveza no son nada para mí—respondió de mal humor, golpeando el suelo con frustración con uno de sus pies. La bolsa con los bocadillos que compró el rubio yacían olvidados a un lado. Suspirando con pena, apoyó la cabeza en sus rodillas.
—Yata-san—murmuró resignado—. Todos estamos preocupados por ti. Si no hablas conmigo al menos hazlo con Kusanagi-san.
Misaki lo observó de reojo. Kamamoto no tenía novia- porque aquella muchachita no la veía más que como una hermana menor, o eso decía él aunque nadie de HOMRA le creyera - pero cuando llegaban las buenas temperaturas se convertía en alguien bastante popular, por lo tanto algo de experiencia tendría en esos oscuros y molestos terrenos desconocidos.
—¿Qué se siente... estar enamorado? —sintió sonrojarse ante la expresión incrédula por parte del mayor—.Quiero decir... ¿Tan mierda es? Pensar todo el día en esa persona, que te suden las manos o... o esa estúpida sensación en el estómago cuando esa persona se ríe y piensas: 'mierda que bien se ve así'
Kamamoto, con expresión pensativa, evaluó las palabras del menor. Si su cambio emocional se debía a que estaba enamorado y apestaba para ello, quizás significaría que estaba hablando del primer amor. Negó internamente ante la imperiosa curiosidad por saber quién era esa persona. ¿Podría apostar por Fushimi? ¿O tal vez sería esa chica que le enviaba mensajes casi todos los días?
—Yo creo que, ¿Depende?—comentó , con una sonrisa en sus labios, la cual murió después de observar la expresión de disgusto de Yata, gesticulando desesperado, decidió explicarse—.Es decir, eso sucede siempre cuando te gusta alguien, pero con el paso del tiempo... aprendes a controlar esas reacciones... creo.
—¿¡Ah!? ¿¡Y cuánto maldito tiempo dura toda esta mierda!? - preguntó exaltado, agarrando al mayor de los hombros y sacudiéndolo ligeramente, derramando el contenido de la cerveza que anteriormente bebiera—.¡Llevo un maldito mes así ! Ya me estoy volviendo loco con la mierda que se mete en mi estómago cuando sus manos me... me tocan el pelo o esas mierdas...
—¿Un mes nada más?—preguntó decepcionado, alejándose sutilmente del castaño ante un nuevo arranque de furia—.Pe-pero Yata-san, ¿Nunca antes te había gustado una persona?
—¡Po-por supuesto que no!—negó, apartando la vista del rubio con vergüenza.
Kamamoto sonrió con condescendencia, era algo que se esperaba; sobre todo si Yata no estaba enamorado de Fushimi por aquel entonces, sería más que imposible que lo hiciera de alguna chica considerando el nerviosismo extremo con el que se comportaba delante de una. ¿Qué podría decirle?, pensaba que, en efecto, aquel asunto debería tratarlo con alguien más experimentado pero... no podía evitar sentir cierta alegría de que Yata confiara en él hasta ese punto de pedirle consejos amorosos, por más extraño que sonase.
—El primer amor ¿Eh? Bueno, es una sensación cálida ¿No? Las ilusiones de ser correspondido o tomar su mano o acariciar sus cabellos... —Se rascó la mejilla con nerviosismo. Ante la expresión abatida del castaño, pensando en lo peor, decidió salir de su gran y única duda—.Ya-Yata-san... ¿Es... Es Fushimi?
Kamamoto, quien cerrara sus ojos con fuerza esperando gritos, golpes, amenazas e incluso negaciones tajantes de parte del castaño, se sorprendió al ser rodeado por el más incómodo y pesados de los silencios.Y aquella escena que presenciaba, esperaba jamás volver a vivirla: Misaki con lágrimas cayendo de sus ojos avellanas, trataba inútilmente de tranquilizarse.
—¿Ya-Yata-san...? —intentó posar una mano sobre el hombro de Misaki, hasta que escucho su risa, la cual estaba impregnada de melancolía y desesperación.
—Soy un idiota ¿Verdad?—preguntó con sarcasmo y voz temblorosa, rehuyendo su mirada—.Que... que me guste mi mejor amigo es...es una estupidez.
—No tiene nada de malo Yata-san—lo contradijo, tratando de pensar desesperadamente en las mejores palabras para animarlo—. Fushimi no es mala persona...creo.
Aunque si Kamamoto tenía que ser sincero, habría preferido mil veces a otra persona para Yata.
El castaño gruñó inconforme, provocando que el rubio se preocupara. A pesar de no haber tomado tanto como el castaño, lo había hecho con el estómago vacío y las palabras que debería utilizar para tranquilizarlo estaban logrando todo lo contrario.
Yata se recostó en el suelo, utilizando las rodillas de Kamamoto como almohadas, le dio la espalda para tratar de controlar sus sollozos.
—No quiero perder su amistad gracias a estos sentimientos no correspondidos— murmuró.
—¿Cómo te diste cuenta?—Preguntó con curiosidad. Usualmente no haría este tipo de preguntas con Yata en sus cinco sentidos. Para empezar Rikio sabía que esta conversación no estaría ocurriendo de no ser por el factor alcohol, ¿Qué importaba si preguntaba un par de cosas?
Misaki tapándose aún más con su gorra negra, golpeó el suelo con uno de sus puños.
—¿Te acuerdas esa noche que hubo un apagón en Shizume?—el rubio asintió, recordando que Yata comenzó a comportarse más ausente desde esa vez—.Esa noche... compartimos la cama como solíamos hacerlo cuando vivíamos juntos... y pensé en...en lo lindo y tranquilo que se veía durmiendo... y... y pensé en besarlo...
Kamamoto observó la nuca del castaño. Decir que estaba impresionado por aquella revelación sería una mentira en cierta parte. Si esperaba que, tarde o temprano, Yata se percatara de sus sentimientos hacia el menor, más no se esperaba que fuese tan pronto y sin que notara algo bastante esencial con respecto a Fushimi. Tras unos leves minutos de silencio suspiró con ternura.
—Yata-san, Fushimi siente lo mismo por ti... ¿No te diste cuenta en la cena de navidad?—comentó resignado, sabía que no debía decirle eso a Yata, pero no le gustaba verlo así de mal, y si estar con el pelinegro era su felicidad, entonces haría lo que pudiera—.¿Yata-san?
Kamamoto se incorporó para sacarle la gorra al inamovible muchacho, sólo para percatarse que el moreno se había quedado dormido en sus rodillas; provocando que se rascara sus rubios cabellos debido a lo absurdo de aquella situación. Yata no era tan mal bebedor, pero había estado durmiendo poco en estos meses según le explicó y, al parecer, aquello le cobró factura justo en el peor momento.
Kamamoto tomó una de las pocas cervezas que quedaban en el suelo y la bebió, pensando para sí mismo que Fushimi era una persona muy afortunada por tener el amor puro de Yata quien, a pesar de todo, podía enamorarse de él olvidando todas las cosas horribles que le dijo la tarde en que se marchó de HOMRA.
Posiblemente Yata tendría que dar el primer paso si quería una relación de más de amistad con el tercero al mando de Scepter4, pero era poco probable que sucediera. Era una situación un tanto desesperante, pero no haría nada más que escuchar al castaño cuando lo necesitaba, tal como ahora.
Quitando suavemente a Yata de sus piernas, se acomodó un poco alejado de él para dormir también. Mañana sería un día para el olvido gracias a la resaca y por por lo incómodo del suelo, aunque no sería la primera vez que ambos hicieran ese tipo de locuras.
De: Nanahara Sachiko
Misaki-kun, la bebé viene en camino
Por favor, hazte cargo de la cocina desde las siete.
Después de despertar a las seis de la mañana con una fantástica y maravillosa migraña producida por el alcohol y las pocas horas de sueño, en medio de su trabajo comenzó a divagar.
Llevaba casi un año y medio trabajando para Sachiko en 'Blue Moon'. Aquel lugar era mágico, especializado en finos platillos tradicionales de Japón y del mundo, el que ha sido su trabajo más estable y mejor pagado de todos, el único problema era el turno de mañana al cual tuvo que acostumbrarse a base de esfuerzo y sacrificios- ya no más videojuegos nocturnos para él- aunque después de un tiempo se quedó con el turno de mediodía hasta las tardes lo cual era bastante conveniente.
Nanahara Sachiko supo transformar su pequeño sueño de una simple cafetería en un enorme y lujoso restaurante que era conocido, incluso, por gente de clase acomodada, como políticos, actores y toda clase de famosos que Misaki jamás soñó poder siquiera ver una sola vez de cerca.
'Blue Moon' no era conocido sólo por sus finos y deliciosos platillos, o por sus amables y gentiles trabajadores; Nanahara jugaba un papel fundamental. Con su nada despreciable metro sesenta y cinco de estatura sin tacones, una delantera que le causaría envidia a la mismísima Awashima Seri (1) y una personalidad encantadora y amable, más sus bellos y enigmáticos ojos ámbar con su largo cabello negro, le permitieron obtener no sólo la simpatía de todo el mundo, sino la fidelidad de sus clientes- la mayoría de ellos hombres, para tranquilidad del castaño.
Nanahara Sachiko, la adorable y amable mujer, no era más que una farsa que cuando entraba en la cocina se transformaba en un completo demonio escupe fuego, según la opinión de Misaki - ella sarcásticamente lo denomina 'estrategia de marketing'- aunque aquello le era más cómodo, porque sabía lidiar con gente con carácter fuerte como Sachiko, si hubiese sido la chica tierna y frágil como aparentaba delante de todo el mundo, posiblemente Misaki se hubiese ido de aquel lugar al segundo día debido a su falta de tacto para tratar a gente así.
'Blue Moon' se transforma durante el paso de las horas: en las mañanas ofrecían deliciosos y contundentes desayunos, para el almuerzo permitían la compra de diversos menús decorados con algún mensaje si así se deseaba, y para el resto del día cumplía su función de fino restaurante familiar o VIP.
El no sabía lidiar tan bien con los subordinados como Sachiko, pero ella confió lo suficiente en sus habilidades como para encargarle el turno de madrugada hasta que llegara el otro cocinero, así que cumpliría su misión tan bien como pudiese; después de todo y, a pesar de sus grandes diferencias de vez en cuando, quería que ella pudiera contar con él en los momentos más difíciles, más ahora que cargaría con la responsabilidad de cuidar de un bebé.
Cuando invitó a cenar a Saruhiko a su departamento, pensó en lo horrible que sería estar cocinando todo el día-en aquel entonces trabajaba tanto el turno de la mañana hasta el inicio del horario nocturno- Sachiko le estaba enseñando todo lo necesario por aquel entonces- ahora, después de mucho tiempo ya, estaba casi tan acostumbrado a cocinar todas las noches que era hasta divertido hacerlo, y se volvía mucho más divertido cuando Saruhiko intentaba ayudarlo y hacía pequeños desastres en la cocina - muy genio será, pero se requería más que teoría para utilizar un cuchillo como algo más que un arma.
Gracias a Sachiko aprendió nuevas recetas y técnicas, no fue un período fácil, ella apestaba para enseñar y más de alguna vez terminaron insultándose de tal forma que eran incapaces de hablarse hasta el otro día, ignorando sutilmente las fuertes palabras que intercambiaron. Después de casi medio año bajo su tutela, Yata logró aprender todo lo necesario para mantener a los clientes de 'Blue Moon' contentos y a una Sachiko orgullosa de sí misma por conseguir que alguien tan duro de cabeza como Yata aprendiera el arte de la cocina gourmet.
No podía evitar, ahora, sonrojarse como un idiota al recordar cómo Saruhiko se quedó sin palabras después de probar aquel pavo relleno que estuvo practicando casi un mes completo bajo las órdenes de Sachiko. El simple 'esta delicioso' lo hizo feliz, porque si Saruhiko pudo comer todas aquellas verduras sin darse cuenta, entonces su misión había sido completada de forma exitosa. Desde esa noche, Misaki suele colar algunas verduras en las comidas gracias a las ideas de aquella mujer, quien utilizaba esas técnicas para los menús infantiles que ofrecían a la hora de almuerzo.
Quizás era por eso que se dirigía al hospital a darle una visita a la nueva madre después de su agotador turno de trabajo. Sachiko era una mujer con recursos económicos, por lo tanto no era de extrañar que estuviera en el mejor hospital privado de la ciudad y en una habitación enorme, adornada fina y elegantemente con colores cálidos.
La mujer, quien tras un suave 'adelante', se encontraba semi-recostada en la cama de hospital, vestida con una simple bata celeste, le sonrió burlona.
—Luces como la mierda, ¿Sabes?— saludó la chica, con la voz algo ronca.
Misaki no esperaba otra cosa, después de todo, Sachiko no sería ella misma si no le criticaba por alguna pequeñez durante el día.
—¿Te has visto en un espejo?, luces horrible—respondió sarcástico el castaño, ante la palidez de la mujer.
—Acabo de ser mamá, idiota. Por supuesto que no puedo verme tan bien como siempre—explicó con una sonrisa, señalando la silla que se encontraba a su lado, invitándolo a sentarse.
—¿Qué tal todo?—Preguntó luego de cerrar la puerta.
—Bien, Sachiko-chan es una preciosidad, la traerán en unas horas más. Esa bribona se adelantó un par de días, estaba impaciente por conocer el mundo—comentó orgullosa, mientras Misaki dejaba el fino arreglo floral que compró en un vacío jarrón, el cual ella observó encantada—.Oh, gracias por aquel detalle.
Misaki le sonrió de vuelta. Sentándose tranquilo en aquella silla que anteriormente señalara la ojiámbar.
—Ese lugar será un caos sin ti en los próximos días—dijo refiriéndose al restaurante, observando el paisaje en el ventanal, la vista en aquella habitación era increíble.
La pelinegra arrugó su nariz.
—Bueno, ya sabes, si quieres que algo salga bien tienes que hacerlo tu mismo— murmuró inconforme, para después volver a sonreír—. Gracias por hacerte cargo del turno de la mañana. Por cierto ¿Por qué tu hermosa cara ha pasado por días mejores? Pareces un zombie, ¿Dormiste mal?
Misaki se sentía un poco avergonzado ante la franca preocupación de la mujer y más por aquellas palabras que solía utilizar para decirle que, de alguna u otra forma, era guapo. Cuando Sachiko estaba de buen humor generalmente siempre le decía que encontraba bonito sus ojos o su cara, que debería dejar de ocultar su rostro con aquella horrible gorra y, quizás, cortarse un poco el cabello y comportarse como el adulto que era. Ellos dos a veces eran cercanos, como ahora, y otras veces parecían unos simples desconocidos con un turbulento pasado en común que a veces les pesaba más de lo que les gustaría.
¿Debería decirle que anoche se emborrachó porque vivir con aquellos sentimientos se le está haciendo muy pesado? Tampoco quería hablar de ese tema con ella, a pesar de que ella no conocía a Saruhiko más que por nombre y por algunas cosas que de vez en cuando le comentaba, si dejaba salir más información de la debida sería probable que se percatara de todo y presentía que el rechazo de la ojiámbar sería bastante doloroso.
Los primeros días en que la verdad golpeó su cara, fue un verdadero tormento ¿Cómo pudo enamorarse de alguien que jamás le correspondería o que detestaba el contacto humano? No sabía si reír o llorar, incluso pensó en pedirle que no se acercara por el apartamento algunos días, pero después de reflexionar una noche completamente lejos de la presencia de Saruhiko llegó a la conclusión que, doloroso o no, necesitaba estar con él aun si sus sentimientos no eran correspondidos. Nadie se ha muerto por un corazón roto. Así que, llegando a un acuerdo consigo mismo, estaría al lado del pelinegro hasta que la bomba estallara en su cara y que fuera lo que el destino quisiera.
—Nada, sólo bebí anoche con un amigo—Comentó despreocupado, evitando mirarla a los ojos.
—Que idiota eres—espetó con un mohín de disgusto.
—Oye, era mi día libre hoy, deberías ser más agradecida. Podría haberme quedado en casa hoy—reclamó, dándole un leve golpe en su brazo.
—Lo sé, lo sé. Pero a mí no me engañas, Misaki-kun—murmuró tomando suavemente la mano del castaño, provocando un tierno sonrojo en sus mejillas—. Beber no soluciona los problemas ni te deja olvidarlos. Trata de ser más consciente de ello. Y si necesitas algo yo estoy aquí.
El sexto sentido de las mujeres era aterrador, pero no dejó de enternecerse ante la franca preocupación de ella.
—Sí—murmuró avergonzado, ocultando un poco su rostro con la gorra, para exasperación de la mujer—.¿A qué hora empezó todo?
Sachiko, negando internamente ante el cambio de tema tan obvio, se dijo a sí misma que algún día hablaría seriamente con el castaño, sus cambios de humor la tenían más que preocupada.
—A eso de las cuatro de la tarde de ayer— dijo, con una sonrisa maliciosa.
—¿¡Ta-tanto!?— exclamó a punto de caerse de la silla por la impresión.
—¿Qué esperabas? ¿Un par de minutos?—preguntó, con burla, obteniendo una sonrojada expresión del castaño—. Vamos Misaki, a estas alturas ya debes saber cómo se fabrican los bebés y el proceso por el cual salen de forma natural.
—No quiero más detalles de mierda, gracias...— murmuró con náuseas provocando una suave risa en la pelinegra.
—Oye—llamó después de un instante de vacilación, con sus mejillas coloradas la pálida chica apretó con un poco de fuerza la mano del menor—.Gracias... por no dejarme sola el día de hoy.
Misaki, sorprendido ante aquellas palabras, le sonrió tranquilamente.
—Estaba preocupado por ti—dijo con cariño—.Sabes que cuentas conmigo para lo que sea, ¿Verdad?
—Lo sé, gracias.
Su relación con aquella mujer no tuvo un buen comienzo, pero el roce hace el cariño.
A pesar de que suelen discutir todos los días o que existan cosas que jamás podrán perdonarle al otro, tenían un lazo importante que con el tiempo se haría más fuerte.
Se alegraba que todo saliera bien para Sachiko, quien había estado algo ansiosa y temerosa por el proceso de dar a luz a su primogénita, era algo inusual ver a aquella mujer tan independiente en una actitud tan frágil y desvalida, pero ya estaba bien y con ello Yata podía despreocuparse.
Quizás algún día hablaría de ella con Saruhiko o los demás, pero no ahora. Porque explicar el lazo que los une sería demasiado doloroso, así que sólo sería presentada como su jefa.
Al cerrarse las puertas automáticas del edificio, y con la suave brisa de primavera rozando su rostro al recorrer las calles en su patineta, pudo encontrar algo de paz mental. No lucharía en contra de sus sentimientos, pero los mantendrá guardados tanto como pudiese.
Por suerte era temprano y Saruhiko debería llegar en dos horas más a casa, así que le tendría un delicioso postre para después.
Cuando el Capitán salía con sus estupideces que en Scepter4 había que estrechar los lazos, no podía evitar pensar que era un alivio que ese hombre supiese de sus sentimientos por Misaki, eso le ahorraba reuniones estúpidas y cenas innecesarias la mayor parte del tiempo. El único gran problema era cuando Munakata intentaba dárselas de doctor corazón; el pelinegro aún no entendía cómo lo hacía ese hombre para enterarse de todo lo que no sucedía dentro de aquellas paredes del edificio gubernamental.
Cuando ocurrió el accidente con el strain, su única gran preocupación fue cómo reaccionaría Misaki. Si bien lució muy incómodo al principio, cuando aclararon el asunto de los mensajes-los cuales habían sido enviados por Hidaka para molestia de ambos-las cosas se calmaron y volvieron a su cauce normal. Más no pudo con la curiosidad y de sus labios escapó aquella única pregunta que le merodeaba por su mente: '¿Te molestaría si saliera con un hombre?'. Misaki lo observó ofendido más por el tono de broma de su voz que por la situación, reclamándole que eso no le interesaba en lo absoluto y que Saruhiko seguía siendo Saruhiko de todas formas, pero: 'Por todos los demonios, que no sea el extraño de tu Rey'.
Munakata le repetía casi todos los días que si no intentaba cruzar el puente la distancia nunca disminuiría. Así que, haciéndole caso por una vez a sus consejos, comenzó a invadir el espacio personal de Misaki. Primero eran leves toques en sus hombros para llamar su atención, después alborotaba sus cabellos para molestarlo o felicitarlo. Cuando comenzó con los abrazos y caricias más íntimas, Misaki no lo rechazó, con ello continuó hasta que el primer plato impactó el suelo. Decidió pensar que fue una estupidez de ambos, porque había acercado mucho sus manos a las del castaño. Con el quinto vaso no podía evitar pensar que quizás Misaki algo sospechaba de sus sentimientos y se sentía incómodo por ellos. Pero Misaki no es de los que se da cuenta de esas cosas ni aunque tuviese la verdad delante de su cara.
Cada día era una lucha constante contra sus deseos de cruzar definitivamente la delgada línea que separa la amistad del amor. Pero temía hacerlo, las probabilidades de que Misaki se viera sobrepasado sus sentimientos eran demasiado altas. Además, el factor Nanahara Sachiko impedía cualquier tipo de movimiento.
Definitivamente declararse estaba fuera de discusión. Se pondría ciertos límites para que Misaki no se aleje de su lado. Prefería vivir para siempre con esos silenciosos sentimientos antes de ser rechazado y alejado de su vida para siempre.
¿Qué haría cuando Misaki tuviese alguna pareja?
Posiblemente volvería a buscar el odio del castaño, para que sólo lo tuviese a él en su mente y no pensara en aquella persona con la que compartía su nueva vida.
Cuando aquellos pensamientos merodeaban por su cabeza los deseos de rascarse la quemadura volvían, y si tenía mala suerte, Yata lo regañaba por aquello.
La primera vez que Misaki observó fijamente aquel lugar fue incómodo para ambos, más después fue un momento bastante íntimo porque el castaño compró un ungüento cicatrizante y todos los días le obligaba a usarlo. A veces le gustaba hacerlo enfadar y era Misaki quien, avergonzado y reclamándole que se comportaba como un mocoso, le aplicaba el ungüento y no podía evitar sentirse a gusto con ello. Él era torpe y tosco, pero en esos momentos se sentía como una dulce caricia, porque intentaba pasar sus dedos tan suaves como pudiese en aquella lastimada zona.
Quería a Misaki de formas inexplicables, por ello no fue fácil volver a intentar reconstruir aquellos lazos, más las cosas se fueron dando naturalmente. Cuando la cena falló, trayendo consigo una innumerable cantidad de recriminaciones consigo mismo, fue que Munakata se desvió de su camino usual y decidió incordiarlo con sus conclusiones respecto al asunto.
El momento fue más que incómodo. Munakata ya lo sabía desde que cruzara por primera vez las rejas de Scepter4, cuando Saruhiko no era más que un miembro del clan rojo. Se sentía bastante molesto por tener que escuchar la diatriba del mayor, quien no dejó de hablar hasta que el ojiazul, rendido ante tantas emociones por un solo día, aceptó a regañadientes sus sentimientos por el castaño en voz alta por primera vez. Fue Munakata quien, a través de palabras certeras y consejos extraños, puso algo de tranquilidad a su agitada mente, diciéndole que era imposible dadas todas las circunstancias vividas recientemente, que tanto Saruhiko como Misaki fueran los mismos chiquillos de escuela media.
Le llevó años asumir sus sentimientos y sabía que en aquella cena de navidad la barrera que había creado para que nadie se percatara de ello, falló estrepitosamente. Misaki aquella noche lucía radiante y feliz, y Saruhiko no pudo evitar quedar prendado en su cálida luz-era hasta gracioso pensar que, quizás, hasta tenía un cartel que decía 'Me gusta Misaki'-. Se odió por aquella debilidad, el único consuelo es que Yata no se percató de nada.
Suspiró, siempre que llegaba a la puerta del apartamento del castaño, una sensación extraña hacía acto de presencia en su cuerpo. Tomando aire y, diciéndole internamente a esa molesta voz que nunca pasaría nada entre ellos, fue que tocó el timbre sin obtener resultados. Extrañado, esperó unos minutos a que Misaki abriera la puerta.
Observó la entrada del apartamento como si esta fuese la primera vez que la veía en su vida, con una expresión aturdida.
Estaba cerrada con llave.
Lo más lógico del mundo es cerrar la puerta cuando tienes cosas de valor dentro y no vas a estar por un período de tiempo en el lugar; Misaki le había dicho que la mantendría abierta para él por si no escuchaba el timbre cuando llegase.
Se sentó en el suelo jugando con su PDA intentando ignorar el hecho que, a pesar de que durmiera algunas noches ahí, tuviese un par de pertenecías en el armario y conociera la ubicación exacta de cada pequeña cosa que había dentro de ese lugar, no era completamente parte de la vida de Yata.
Cero puntos.
Aunque revisaba su correo, su mente no podía dejar de darle vueltas al asunto y comentaba a rascar inconsciente su cicatriz con la otra mano. No podía recriminar al castaño, más deseaba hacerlo. Seguía siendo aquel mismo idiota que nunca se percataba de nada.
Cuando las puertas del elevador se abrieron, y escuchó los pasos agitados de Misaki acercarse a él-porque reconocía el sonido particular de sus pisadas- debió morderse la lengua y disimular que no lo había visto llegar, estaba demasiado molesto.
—Mierda... ¿Llegaste hace mucho?—preguntó tratando de regular su respiración.
Saruhiko, incorporándose lentamente, le dio una breve mirada de hastío.
—Hace unos veinte minutos si es que no fueron más—murmuró, apretando inconscientemente la mano que sostenía su PDA—. ¿Dónde demonios estabas?
Tanto el castaño como el pelinegro se sorprendieron por el tono de reproche tan obvio. Saruhiko desvío la mirada, aún seguía demasiado molesto y si hablaba con Misaki podría echar todo a perder.
—Pasé a comprar helado— señaló una de las bolsas de compras, con cautela—. Debiste avisarme que saldrías temprano.
—Tsk... sólo terminé mi trabajo antes de lo esperado, por tu culpa me duele la espalda—reclamó observando la mirada apenada del mayor, quien intentaba abrir la puerta con ambas manos ocupadas—. ¿De qué es el helado?
—Vainilla... no te quedes ahí, ayúdame a abrir—Yata frunció el ceño ante el chasquido de lengua de Saruhiko.
Dejando su patineta en el genkan, espero a que Saruhiko se cambiara sus botas del uniforme, mirando disimuladamente su fino rostro - su fino rostro con ceño fruncido que, en parte, no dejaba de ser enternecedor para alguien enamorado por primera vez como él- Misaki frunció el ceño, quitándose la chamarra blanca, realmente sus pensamientos le parecían repugnantes a veces.
—Si te duele tanto la espalda deberías darte un baño. La cena tardará un poco—comentó no sin cierta preocupación, el pelinegro se veía más enojado de lo usual.
—Sí, no es mal plan. Supongo que sabes que hoy me quedaré con la cama ¿No?—expresó con sus manos en la cintura, con obvia molestia.
—¿Qué demonios? Hoy te toca el sofá— replicó con incredulidad.
—Veinte minutos en el incómodo suelo, no juegues conmigo Misaki.
—Debiste llamarme en cuanto saliste de allí—repitió con molestia.
Saruhiko apretó sus puños con rabia, veinte minutos luchando con aquella maldita voz interna que le repetía incansable que jamás sería importante para el castaño y que nadie nunca lo querría. Eso no sería del todo cierto, ¿Verdad? Fue Misaki quien se acercó a él en la fiesta de Yashiro y después en el hospital... ¿Misaki de verdad lo quería de alguna forma en su vida? Lo observó sombrío. ¿Qué pasaría si le dijese sus más profundos sentimientos? Ya se imaginaba su cara de espanto.
—Tsk... al menos hazme un masaje, Mi-Sa-Ki—exclamó burlón, incapaz de mirarlo a los ojos. Rodeado del más pulcro silencio, posó su azulina mirada en el castaño, quien tenía una expresión de asombro—. ¿Misaki?
—Ve a bañarte—contestó con rudeza, aventando su chamarra sobre la cara del ojiazul. Tras unos leves instantes de vacilación, se dio la vuelta para que Saruhiko no se percatara de su nerviosismo—.Quizás, después podría, tal vez... darte un masaje, sólo si te comes las verduras que prepararé.
—¿Ah?—exclamó asombrado.
—Estoy de oferta hoy... así que se agradecido— dijo perdiéndose en la cocina. Dejando a un impactado Saruhiko en la entrada del apartamento, quien no podía sino pensar en que sentir sus mejillas ardiendo era un verdadero incordio.
Al llegar a la cocina, Yata sintió como todo su cuerpo se estremecía. Acariciar de aquella forma a Saruhiko, con sus recientes sentimientos aceptados, sería poner a prueba un autocontrol que sabía no poseía. No era que no quisiera hacerlo - sus manos comenzaban a cosquillear ante la idea de Saruhiko dejándole total libertad para acariciarlo. Pensar en pasar sus manos por su cuello, su amplia espalda... ¿Podría incluso bajar más?
Misaki apoyó la cabeza en el mueble de la cocina y dejó escapar un lastimero gemido. Soñar despierto, cuando el objeto de sus deseos iba a tomar un tranquilo y relajante baño fue su perdición, y las consecuencias de aquello las demostraba su cuerpo en totalidad.
A veces le sorprendía su habilidad para pensar estupideces en poco tiempo, Saruhiko sólo dijo lo que dijo, que su mente pensara otra cosa se debía única y exclusivamente a su ansioso corazón que veía cosas que realmente no existían. Incluso, gracias a ello, se puso de 'oferta' como si fueran alguna clase de pareja que llegaban cansada del trabajo y decían aquellas frases para coquetear.
No es la primera vez que usan ese tipo de palabras con el otro. Antaño, cuando vivían juntos y Misaki acababa con la paciencia del ojiazul, para ganar su perdón se ponía de 'oferta'. Usualmente Saruhiko le pedía una comida normal o que hiciera su parte del aseo del lugar. Cuando era al revés, Misaki le pedía caricias en su cabello, porque sabía que aquello era difícil para el pelinegro, o jugar algún videojuego divertido toda la noche.
Pero es la primera vez que sentía que esas palabras eran demasiado sugerentes. ¿Cómo demonios habían vivido un par de años diciéndose ese tipo de cosas tan tranquilos?
Se golpeó las mejillas con sus manos para volver a tierra. Tenía una cena que preparar.
Le gustaba observar a Yata cocinar con aquel delantal, más al saber que el hecho de que se encontrara haciéndolo más temprano de lo usual se debía a que no podrían cenar juntos esta noche. Misaki quería prepararle un refrigerio, y aquello sólo ocasiona que sus sentimientos por el castaño aumenten cada vez más, si es que era posible.
La teniente Awashima organizó una cena preparada por ella misma, para consternación de todos, y Munakata no tuvo una mejor idea que solicitar la asistencia de todo el escuadrón, con Fushimi incluido. Cuando se lo comentó a Misaki, no se esperó su rostro tan desilusionado, y no fue capaz de detener las sinceras palabras que salieron de sus labios sin su permiso: 'también quiero estar contigo', y entonces Misaki, con un leve y hermoso sonrojo, decidió prepararle una comida ligera, porque sabía que no tocaría nada de aquella cena llena de judías rojas.
Poniéndose lentamente las botas de su uniforme, no dejaba de pensar en lo fastidioso que era tener que marcharse esa noche al cuartel - Misaki y él habían prometido una maratón de películas de terror esta noche y Saruhiko ansiaba burlarse de él y sus gritos- con un lastimero suspiro, sosteniendo aquel obento-bako que minutos antes Yata preparara con esmero para él, se despidió tenuemente del moreno.
—Saruhiko—llamó, antes que pusiera un pie fuera del apartamento.
—¿Qué?—Preguntó con curiosidad, girándose para ver su rostro.
—Yo...—tragó saliva ante el pelinegro, estaba demasiado nervioso—.Yo quería entregarte algo... desde hace unas semanas.
Misaki sacando algo de su bolsillo, evitó su mirada con sus mejillas sonrojadas y extendió su mano derecha para que el ojiazul lo recibiera. Cuando Saruhiko sintió el frío peso de un objeto diminuto, se sorprendió.
—¿Ésta es una propuesta , Misaki?— sonrió lentamente al caer en cuenta de qué era ese objeto.
Misaki le había regalado una llave, no una cualquiera, sino la llave de su casa.
—Bu-Bueno, técnicamente pasas más tiempo acá que en los cuarteles de los azules si te pones a pensarlo...—justificó nervioso, cruzándose de brazos ante la insistente mirada del pelinegro, quien no dejaba de sonreír, provocándole agradables escalofríos en el cuerpo—.No sólo... Bueno... Esta también es tu casa ahora. Si alguna vez quieres quedarte o escaparte del extraño Rey Azul... Sólo tendríamos que comprar otra cama... ¿No? O un futón... O siempre podemos dormir los dos en la mía como antes... Aunque no sé si permita que dos personas adultas duerman cómodamente todas las noches...
—Estás muy nervioso, Misaki—dijo burlón, tratando de esconder el leve temblor de su cuerpo.
Yata se estaba revolviendo los cabellos en desesperación, con su cara completamente sonrojada en vergüenza.
—Traeré mi cepillo de dientes entonces—murmuró el de anteojos para sí mismo.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir? Acá hay uno que usas ¿No?—preguntó confundido, obteniendo una mirada sorprendida por parte del pelinegro, quien olvidó por unos segundos que Yata tenía un oído excepcional.
Evitando responder, Fushimi se acercó al de menor estatura y revolvió suavemente sus castaños cabellos, recibiendo a cambio un tierno mohín de disgusto.
—Me voy ya, sino la Teniente se enojará— dijo, con aburrimiento.
—¿Vienes mañana a cenar?— preguntó con una sonrisa, a la vez que trataba de ordenar inútilmente sus cabellos.
El pelinegro asintió con una sonrisa, despidiéndose con un ademán de sus manos.
En medio de las tibias calles de la ciudad, no podía evitar pensar que todo ello no era más que un sueño.
Observó la llave.
Aún no se lo creía del todo, pero ese detalle lo había hecho enormemente feliz. Misaki se merecía más de cien puntos por ese inesperado regalo. Si bien no significaba que vivirían juntos a partir de ahora, Misaki le ha dado el permiso de ingresar a su hogar cuando quisiera, sin necesidad de invitaciones ni excusas. Algo que sólo compartirían ellos dos.
Por primera vez, desde que era consciente de sus sentimientos, se sentía esperanzado de que, tal vez, no era tan descabellado el pensar que Misaki podría quererlo un poquito.
Hace mucho, cuando vivían juntos, recordaba haber escuchado en la televisión respecto a que cuando uno marcaba territorio en la casa de su pareja, se debía comenzar con un cepillo de dientes, dejándolo al lado del de esa persona en una señal de muda intimidad.
Así sería.
Porque la reconstrucción de su pequeño nuevo mundo empezaba con un detalle tan básico como el tener un cepillo de dientes propio en aquel lugar.
Extra 7
Aquella tarde en que Yata le envió un mensaje pidiéndole que lo acompañara a comer en una cafetería, que quedaba cerca de Scepter4, pensó que se trataba de un nuevo truco de HOMRA para hacerle aumentar de peso. Más al ver al muchacho bebiendo un refresco cítrico acompañado de un trozo de pastel en soledad, quien lo invitó a comer lo que sea que quisiera, lo confundió y lo alegró en partes iguales. Siempre le ponía contento cuando Yata le invitaba algo por más pequeño y banal que fuese, más aquel silencio inusual en el castaño lo tenía preocupado.
—¿Yata-san?—llamó. El castaño llevaba aproximadamente cinco minutos jugueteando con un trozo de pastel, con su mirada ensimismada—.¿Pasó algo otra vez?
—No... sólo quería invitarte a comer como agradecimiento por lo del otro día—explicó con un poco de vergüenza.
Kamamoto sintió sus ojos arder ante aquel detalle por parte de Yata. Tratando de respirar profundo para evitar llorar de emoción, procedió a comer el delicioso pastel que pidieron para él. Era una lástima, lo disfrutaría mucho más si no estuviesen las temperaturas tan altas, seguro ésta debe ser unas de las primaveras más calurosas desde hace tiempo.
Mirando de refilón al castaño, no pudo evitar pensar que éste nunca volvería a su usual estado de ánimo-realmente apestaba al estar enamorado - gracias a sus cambios repentinos de humor había conseguido preocupar a todo HOMRA y logró que finalmente Kusanagi tuviera que intervenir preguntándole directamente al castaño cuál era el problema; Yata negó todo, diciéndoles que era algo que no tenía solución por el momento y que ya pasaría.
Kamamoto no había comentado ni media palabra lo sucedido esa noche en el apartamento. Pero estaba bastante en contra del cómo el castaño desestimó el problema que lo quejaba. Estar enamorado de Fushimi no era un asunto menor.
Yata y el llegaron al mudo acuerdo de no comentar nada de esa noche. Lo único de lo que hablaron, tal vez, fuera aquel leve reproche de su parte cuando el castaño terminó vaciando su estómago en el retrete por no comer algo antes de beber.
—Lamento el espectáculo del otro día— expresó con vergüenza, recordando cómo en medio de la noche despertó al rubio y lo utilizó de paño de lágrimas—.Pero... si te atreves a comentar algo...
—Tranquilo, Yata-san, mis labios están sellados—aseguró con una sonrisa ante la breve amenaza del castaño, verlo con sus usuales arranques mal humor era una buena señal —. ¿Cómo vas con ese... asunto?
—No pienso hacer nada—dijo con resignación, revolviendo con la pajilla su refresco. Intercambiando una mirada con el mayor, suspiró—.No quiero hablar de esta mierda.
—Ah, claro—aceptó con nerviosismo, buscando un nuevo tema de conversación—.Hidaka y Enomoto irán al bar esta noche, por si quieres ir.
—No quiero ver al bastardo de Hidaka, sino le romperé algo más que su maldita cara—aseguró con rabia, apuñalando el pastel como si éste fuera el castaño miembro de Scepter4.
—¿¡Ah!? Creí que no te llevabas mal con él, Yata-san.
—Tche... Ese fue el bastardo del strain...
—Espera... ¿Fue Hidaka quien intentó besar a Fushimi?—preguntó escandalizado.
—¿Quiéres dejar de recordarme toda esa mierda?— murmuró con impaciencia—.Entre eso y recordar claramente como me dijo que yo era poca cosa fue suficiente para mí. De verdad... si lo veo no sé cómo voy a reaccionar y prefiero evitar explicarle a Kusanagi-san el por qué ese bastardo azul está muerto en medio de todas sus botellas de licor.
Kamamoto tragó fuerte, aquella amenaza no era una broma.
—Pero eso fue bajo el influjo del strain, Yata-san, además tú vales mucho— aseguró nervioso.
—No cambiaré de opinión— dijo poniendo fin a la discusión, con sus brazos cruzados y un mohín de disgusto que Kamamoto no pudo dejar de encontrar enternecedor.
Rikio pensaba que Yata debería hablar con Kusanagi de forma urgente, después de todo el hombre era capaz de conseguir milagros extraños a largo plazo. Aún le sorprendía que con aquel ejemplo tan explícito Yata tardara un mes completo en descubrir la verdadera naturaleza de sus sentimientos.
Tampoco es que pudiera decirle sobre los sentimientos de Fushimi, no era un asunto que le correspondiera y pensaba, no sin cierto humor, que aunque se lo dijese, el castaño no entendería.
—¿¡Qué mierda es tan gracioso!?—reclamó impaciente, apuntándole con el tenedor.
—No, nada Yata-san— desestimó rápidamente con un gesto de sus manos.
Saruhiko apestaba para esconder sus sentimientos, pero la verdad era que podrían pasar mil años y Yata jamás se daría cuenta. Kamamoto no podía evitar sentir pena por Fushimi en algunos momentos, pero después se le pasaba.
(1) Es el universo de GoRa, las únicas mujeres sin una gran delantera fueron Aya y Yayoi (la chica de Scepter4 que le pone mayonesa a su bebida no alcohólica en HOMRA).
NdA:
Lamento la tardanza y el Ooc, Saruhiko y Misaki les mandan saludos desde donde quiera que estén, además Sachiko se escapó y no podrán matarla por ahora (?).
Bien, con este capítulo se termina un arco más, lo cual me tiene bastante contenta (/w\) así que de ahora en más entramos en las situaciones incómodas entre estos dos.
Para la próxima actualización cambiaré el resumen también.
SelfBeta, me disculpo por cualquier error.
Muchas gracias por leer y comentar
0.0: Que bueno que te guste, poco a poco avanzando esa es la idea xD espero que me tengan paciencia ains. ¿verdad que es tierno que Saru deje sus cosas en la casa de Misaki? Si me regalan eso en el canon seré más que feliz. Muchas gracias por leer y comentar~
SaruminoMisaru: oh no, tranquila. Entonces entendí algo bien la palabra xD que bueno que te haya gustado, Eric y la relación de amor-odio ains XD ~ ¡muchas gracias por leer y comentar!
