El mundo se paralizó en las oficinas Senju.

El usual sonido de papeles, pasos y voces que siempre estaban presentes en el bullicioso ambiente, habían sido reemplazados por silencio absoluto en un abrir y cerrar de ojos. Cada una de las personas volteó a ver a los recién llegados, desconcertados al darse de cuenta de que había un detalle anormal en esa mañana.

Alvino gruñón.

Misteriosa mujer.

Y… ¿Hombre sonriente?

Nadie se atrevió a pronunciar palabra mientras sus ojos seguían atentamente a los tres, demasiado sorprendidos como para decir nada, pero ciertamente todos estaban pensando lo mismo:

Senju Hashirama… ¡¿Había llegado temprano?! ¿Eso era posible? y… ¿Esa era su nueva secretaria?

(…)

Madara caminó con el mentón en alto y mirada indiferente mientras escuchaba la profunda voz de su nuevo jefe. Se limitó en anotar mentalmente lo más importante que el castaño decía, ignorando todo el molesto escándalo a su alrededor.

Hashirama no parecía oírlos tampoco, solo gesticulaba animadamente mientras explicaba todo lo relacionado a sus funciones y tareas en la empresa.

Pero con cada palabra que oía, Madara confirmaba más su teoría de que había muy poco de secretaria en todo eso y que prácticamente ese "simple trabajo" que le había ofrecido era nada menos que facilitarle al fundador de la gran empresa Senju todo lo que él no sabía de su propio maldito negocio, que en resumidas cuentas era… todo.

Por lo general una secretaria organiza y administra las labores y tareas de su jefe… pero no para ella, el cretino alvino ya le había advertido de que ese no era un simple empleo como secretaria, más bien lo describió como ser niñera de un bebé gigante pero con el poder de regañar a tu propio jefe al mismo tiempo.

Aun que claro, el alvino se había asegurado en aclararle que ese poder debía usarse únicamente en situaciones especiales y que si ella abusaba de eso, no pensaría dos veces en arrojarla a la calle con Doffy incluido.

En serio ¿Quién odiaba tanto a un perro?

Pero dejando de lado las amenazas del hermano mandón y volviendo a enfocarse en Hashirama… Bueno, no sería una sorpresa escuchar que su antigua secretaria se había tirado por la ventana, el hombre prácticamente era un inútil cuando se trataba de negocios… su vida en general, hasta el punto de necesitar una niñera.

Lo único favorable era su originalidad y su excesivo entusiasmo que parecía ser contagioso a lo largo de las oficinas.

Puede que su amigable sonrisa y su desconcertante amabilidad lograran motivar a los pobres idiotas que trabajasen allí, hasta podía admitir mentalmente que ella misma se había sentido… bien escuchando sus desvaríos cuando tuvo su momento de vulnerabilidad frente a él. Dos veces…

El hombre tenía una desconcertante habilidad con las palabras. En aquellas dos desafortunadas ocasiones, el castaño había sabido exactamente qué decir para demoler sus defensas.

El sonido de su voz tenía un efecto sedante para su mente, era profunda y cálida y con solo unas simples palabras logró al instante adormecer su ira y ahuyentar la amargura que la consumía por dentro…

Apretó los puños a sus costados, impidiendo que su mente divagara por ese callejón oscuro y sin salida e intentó concentrarse nuevamente en el hombre frente a ella.

En resumidas cuentas, el muy maldito tenía el peligroso poder de la manipulación.

No obstante, dudaba de que Hashirama fuese consciente de lo que su sonrisa y sus palabras generaban en las personas.

Con esa misma sonrisa la había convencido de quedarse y vivir con él, de trabajar en su empresa a pesar de que era sumamente arriesgado y que además estaría retrasando indefinidamente su plan inicial… Honestamente, ni siquiera había pensado en la posibilidad de conseguir dinero limpiamente desde el principio.

Pero por alguna razón, no pudo negarse.

De alguna manera te devolveré este favor, Hashirama.

Con esa misma sonrisa había abierto una grieta en sus paredes…

No tengo a dónde ir.

Él me persigue.

Se prometió una y otra vez que no involucraría a nadie en su vida, en sus problemas. Pero luego tuvo que cambiar su mantra y en cambio comenzó a repetir en su mente la idea de que era peligroso vivir con ellos, de que estaba mejor sola, de que estaba expuesta si se quedaba por mucho tiempo… Y sin embargo, allí estaba ahora, viviendo bajo su techo, durmiendo con su perro, trabajando en su empresa… ¿Cómo es que una simple sonrisa la había hecho ceder y aceptar todo aquello?

Se mordió el labio para no sentir el nudo en su pecho.

¿Cómo es que se permitió ser tan débil?

Madara nunca daba su brazo a torcer, se negaba rotundamente a depender de alguien, no quería la ayuda de nadie más que de sí misma. La vida la había obligado a sobrevivir y a aprender a la fuerza que sólo podía confiar en ella misma.

Y aún así, no había sido capaz de negar su protección y sus cuidados…

No.

El muy maldito la había atropellado, era su deber protegerla y cuidarla. Maldición.

- Este será tu escritorio – lo escuchó decir de repente.

Madara asintió por instinto mientras su mente volvía a la realidad, dándole tiempo a su cerebro de concentrarse en lo que el castaño estaba señalando.

El hombre, ignorante de su tormenta interna, hizo un ademán hacia el lugar donde trabajaría. Ella parpadeó mientras observaba el espacio distraídamente. Se fijó en que su escritorio se encontraba paralelo a otro, ocupado por una mujer. Ambos estaban separados por el amplio pasillo que terminaba en dos oficinas, cuyas puertas tenían los nombres de los dos fundadores escritas en dorado.

- Esa de allí es Mito, es la secretaria de mi hermano. Si tienes alguna duda, ella te ayudará.

La mujer de largos cabellos rojos alzó la cabeza al escuchar su nombre. Madara recobró la compostura al notar el súbito cambio en el rostro de la mujer cuando sus ojos se enfocaron en Hashirama. Con una ceja alzada la vio caminar hacia ellos con pasos torpes. Parecía nerviosa y el rosa de sus mejillas sólo la hacía lucir más patética.

- ¡H-hashirama-sama! – lo saludó, su tono era irritantemente agudo – No es usual que lo vea por aquí tan temprano.

- Ho bueno, tenía que asegurarme de que mi nueva secretaria se adaptara bien – dijo con alegría mientras le daba palmaditas en la espalda a la morocha junto a él.

Ante esto, la tal Mito volteó hacia ella, su exageradamente deslumbrante sonrisa se tensó al verla. La analizó de arriba abajo con ojos recelosos y luego parpadeó con fingida cordialidad como si le interesara conocerla.

- Su nombre es Maddy

¿Qué?

- Maddy, ella es Mito.

Madara le lanzó una mirada furtiva al castaño, trasmitiéndole su disgusto por entre sus párpados entornados.

¿En serio? ¿Maddy?

- Un placer conocerte – dijo la secretaria del cretino –…Maddy.

La pelirroja pronunció su "nombre" con evidente recelo, soltando cada sílaba a través de dientes apretados, dejando claro con ojos llenos de odio que ese hombre era de su propiedad… aunque era más que obvio que Hashirama no pensaba en ella de esa manera. Hasta Doffy se daría cuenta.

La morocha casi deja escapar una carcajada burlona, pero se limitó en sonreír ladinamente, divertida al ver lo patética que era por intentar "amenazarla".

Nadie amenazaba a Uchiha Madara y salía ilesa. Golpearía donde más dolería: sus esperanzas de que Hashirama note su existencia.

Sería divertido humillarla.

- – Sé que nos llevaremos bien - dijo con fingida emoción.

Luego Madara se giró hacia el castaño, inclinándose hacia él, sin darse cuenta de que su escote estaba pegado contra el brazo del hombre.

El espanto en el rostro de Mito fue inmediatamente satisfactorio. La mujer lo miraba con expresión lastimera mientras el castaño reía nerviosamente con un sonrojo sobre sus mejillas, ignorante completamente la energía violenta que había entre las dos mujeres frente a él.

- Lástima que no podamos seguir hablando. Hashirama-sama me estaba a punto de dar un tour por su oficina – levantó el mentón para mirarlo, dándole accidentalmente una mejor perspectiva de su cuello y más allá - ¿Verdad que sí?

- M-me encantaría – exclamó – Te mostraré la hermosa vista que tiene… – balbuceó. Podía decir que su mirada se esforzaba por mantenerse en ella, pero sus ojos bajaban hasta su blusa desabotonada para luego volver a subir trabajosamente - Nos vemos luego Mito – balbuceó casi robóticamente.

Hashirama volteó rápidamente para dejar de mirar su hipnótico escote. Madara no pasó por alto el sonrojo visible en sus mejillas. El hombre comenzó a caminar y Madara lo siguió pero no sin antes dedicarle a la pelirroja una cínica sonrisa burlona.

El escote siempre ganaba contra una cara bonita.

(…)

Eso no era una mujer.

Era un demonio.

Solo habían pasado dos días desde que Hashirama la había golpeado con su auto. Dos días. Y ahora ella caminaba de un lado a otro como si no se hubiera estado a punto de morir sobre su sofá. Dos veces.

Dos malditas veces.

O era un espeluznante demonio que vino a hacer de su vida un infierno, o era una increíble actriz cuyo talento aplastaría a cualquier estrella de Hollywood.

Lo que sea que fuera… comenzaba a respetarla. No es que se lo fuera a decir en persona, ni loco haría crecer su insoportable ego colosal… pero podía admitir mentalmente que la mujer se esforzaba por mantener su orgullo en alto.

Demasiado alto.

No solamente enmascaraba el dolor que seguramente le estuviera provocando su herida, sino que también ocultaba su asquerosa personalidad con una expresión profesional, una actitud afable y unos modales elegantes y firmes.

La falsa Madara le agradaba más… Qué irónico.

Np se había esperado tal escenario positivo: la mujer no apuñaló a nadie, no discutió con nadie, no miró mal a nadie… hasta se llevaba bien con Mito.

Su lado bélico estaba encarcelado, con mil cadenas de acero y sumergido bajo mil metros en el océano turbulento que era su retorcida consciencia.

Sin embargo, había otra cosa sobre ella que le llamaba la atención de sobremanera y que por primera vez no tenía ninguna queja al respecto.

Era extraño, pero la bruja sabía perfectamente qué hacer, sabía perfectamente cómo comportarse, como si supiera de memoria cada norma y cada protocolo dentro de una oficina. No solo estaba familiarizada con conceptos administrativos sino que también hablaba con respeto y tenía una actitud neutra… ni fría, ni amenazante, ni odiosa… neutra.

Como una persona normal.

No solo era una actriz ejemplar, parecía ser que también conocía el funcionamiento de una organización y sabía jugar su rol de secretaria de manera sobresaliente… hasta mejor que Miriam, se arriesgaba a decir.

Era impactante. Nunca esperó que esa mujer supiera hacer algo más que no fuera ser despreciable.

Los milagros parecían pasar muy seguido últimamente. Eso era bueno, así no tendría que lidiar con su horrendo rostro de bruja amargada y tampoco tendría que gritarle a su hermano por olvidar cosas, por no hacer el papeleo, por dormir en las reuniones… la bruja demonio se había encargado de eso. Su hermano se comportaba como todo un empresario cuando Madara estaba cerca. Y no sabía si eso le alegraba o le daba náuseas.

El amor era asquerosamente ciego.

(…)

- ¿Por qué demonios me presentaste como Maddy? – preguntó Madara mientras estampaba la pila de papeles sobre su escritorio, haciendo saltar un portarretratos con una foto de Doffy.

Hashirama se sobresaltó por un instante, pero luego su sonrisa apareció otra vez y comenzó a rascarse la nuca con una risita nerviosa.

- Pensé que sería mejor que mantuvieras tu identidad oculta.

- Piensas en todo ¿Verdad cerebrito? – dijo la mujer de cabello negro con tono sarcástico, no del todo contenta con el nombre absurdo que había soltado sin pensar.

- Solo por seguridad.

La morocha resopló, rodando los ojos.

- Y tu hermano me dice a mi paranoica.

- No debería juzgarte – comentó – Una vez soñó que lo perseguía el papeleo.

De pronto Hashirama abrió muchos lo ojos al escuchar una carcajada salir de entre los labios rojos de Madara. Fue una risa cínica y malvada, pero por alguna razón, le pareció el sonido más hermoso que había escuchado nunca.

Su sonrisa ladina se mantenía en su rostro mientras ella se regocijaba de la miseria de su hermano.

- Obviamente el muy maldito tenía que ser un obseso del trabajo... No sé por qué no lo pensé antes – dijo pensativa, con un brillo oscuro en sus ojos, como si planeara usar ese dato para humillarlo más tarde – Con razón lo único que hizo el domingo fue quejarse y apilar papeles.

El castaño apoyó su mejilla sobre su palma, contemplando su expresión que por primera vez no reflejaba tristeza o enojo, o en su defecto… frialdad.

- Tienes una hermosa sonrisa, Maddy.

Madara borró su sonrisa al instante, saliendo de sus pensamientos bélicos con una súbita mueca de indignación. Sus cejas no tardaron en fruncirse drásticamente y sus ojos lo fulminaron acusatoriamente.

- Lástima que solo pase una vez cada mil años… - volteó su rostro con fingida decepción, ocultando una burlona comisura alzada.

- ¡Al menos no tengo un complejo bipolar! – la mujer se lanzó sobre el escritorio para señalarlo con un dedo que casi le apuñala la frente, pero se detuvo a mitad de camino al ver la enorme nube depresiva que comenzaba a engullirlo.

- ¿Por qué todos dicen que necesito un psiquiatra? – lloriqueó Hashirama.

- Yo nunca dije… ¿Quién te dice eso? – preguntó con cejas alzadas, reprimiendo otra carcajada.

- Tobirama – murmuró abrazando sus rodillas en una posición fetal de niño traumatizado.

- Empiezo a creer que tu hermano no te quiere mucho.

- Tobi me quiere mucho – Hashirama se irguió en su silla como todo un hombre de negocios. Ajustó su corbata y le dedicó una radiante sonrisa que no hacía más que reafirmar su necesidad de asistencia psiquiátrica.

- No lo creo.

- Yo sé que me quiere, sólo que… lo demuestra a su manera.

- Si, gritándole a tu perro.

- Él demuestra su amor así.

- ¿Gritando?

- …Sí.

- No me digas – Madara contuvo las ganas de correr a reírse en la cara del cretino, pero en su lugar se aclaró la garganta, ocultando su maliciosa sonrisa detrás de su puño – Como sea, tengo papeleo que hacer.

(…)

Abandonó la oficina con una sonrisa ladina trazada en sus labios.

Ya se divertiría luego con el cretino, ahora tenía una cita con el papeleo.

Se acomodó nuevamente tras su escritorio, antes reluciente y organizado, y ahora profanado por pilas de papeles… producto de la flojera de su nuevo jefe.

Se centró en su labor. Pasó hojas tras hoja casi sin parpadear, trabajando con manos ágiles y expertas lo más rápido que podía para acabar con eso de una vez y así poder empezar con la agenda de Hashirama.

La primera tarea sería: dejar de ser un asqueroso holgazán y ponerse a trabajar. El hombre verdaderamente odiaba el papeleo con todo su infantil ser. Hasta su mente lo olvidaba a propósito con tal de no hacerlo. Madara no entendía cómo es que esa gran empresa multinacional funcionaba si su fundador se pasaba la tarde jugando al tetris en su computadora.

En serio ¿Al tetris? ¿No había otro juego más endemoniadamente arcaico para matar el tiempo en el trabajo?

Pero luego estaba su hermano, el cretino. Tenía sentido que Tobirama fuera un maldito obseso del trabajo, si dejaba de hacer el papeleo infinito aunque sea un minuto, su empresa inmediatamente se caería en pedazos.

Su nuevo jefe tenía razón.

Era una forma extraña de demostrar cariño y…

De repente una sombra apareció sobre ella, tapándole la luz.

Ella ni siquiera alzó la vista. Ignoró olímpicamente al idiota molestándola y siguió escribiendo sobre los papeles desparramados en el escritorio.

Pero la persona era irritablemente persistente. La mujer frente a ella resopló audiblemente y, haciéndose notar de una manera amenazante, estampó una mano contra la madera, impaciente y enfadada por estar siendo ignorada.

Madara ni siquiera parpadeó.

- Mito está llorando en el baño – anunció la potente y furiosa voz de la mujer.

Ante esto, la morocha se mordió el labio para reprimir una sonrisa. Luego alzó la vista y simuló su mejor rostro de sorpresa.

- ¿Ho? ¿Eso hace?

- ¿Qué le has hecho? – exigió saber con voz autoritaria. Se inclinó sobre el escritorio, fulminándola con sus fieros ojos marrones.

- ¿Yo? – preguntó parpadeando con desconcierto – No sé de qué hablas.

La rubia la miró con seriedad por unos momentos, dejando claro que no se tragaba su actuación de niña inocente.

- Puede que hayas engañado a Hashirama-sama – dijo en un susurro amenazante – pero no a mí, veo claramente a través de ti y estoy segura de que hay algo muy oscuro detrás de esa cara bonita – la miró con intensidad con ojos entornados – Así que más te vale que te cuides de mí mocosa – le advirtió – Y no te atrevas a acercarte a Mito.

Madara se apoyó sobre sus codos en la mesa y colocó su mentón en sus puños, observando hacia arriba con una ceja alzada. Su cruel sonrisa de dientes afilados quedaba ensombrecida bajo la figura de la rubia en contra de las luces. Se veía siniestra.

- ¿Acaso intentas amenazarme?

El rostro de la mujer se contorsionó con desconcierto por un instante, como si le sorprendiera que sus palabras no causaran ningún efecto.

- Mito también lo intentó… y mira dónde está ahora.

Le dedicó una pequeña sonrisa de dientes afilados y volvió a concentrarse en los papeles.

- Soy Maddy, por cierto – comentó con odio luego de unos segundos al notar que la mujer aún seguía allí.

¿No planeaba irse nunca?

- Tsunade – contestó cortante, apretando los puños – Recuérdalo, porque seré tu nuevo dolor de cabeza a menos que te disculpes con Mito. No toleraré esa clase de actitud aquí.

Dejó escapar una carcajada sarcástica que dejó a la otra mujer chirriando los dientes de ira.

- Tengo cosas más importantes que hacer, no me interesa entrar en su grupo de drama-queens – tomó una pila de papeles de su escritorio y se levantó, esta vez quedando cara a cara con la rubia – Saluda a Mito de mi parte.

Le dio la espalda y se alejó con el mentón en alto, dejando atrás a una furiosa Tsunade que la maldecía entre dientes.

Sonrió de costado.

Su trabajo de pronto se había vuelto interesante… siempre y cuando Tsunade siguiera el ritmo de sus pasos.

(…)

Gracias por todo el amor que le dan a esta historia! Me encanta el apoyo que recibe… A cambio les dejaré un pequeño adelanto…

En el próximo capítulo será la charla entre Madara y tobirama… whisky, velas aromáticas, proposiciones, miradas de odio… ¿Qué podría salir mal?

P.D: perdón si tardo en actualizar, empecé otra vez la universidad y me siento como Tobirama ahora mismo, por suerte mi Doffy no orina mis zapatos, solo mi bolso y las patas de las sillas…

P.D.D: Por cierto, aclaro una pequeña cosita…en el anime Madara siempre usa la metáfora del baile para referirse al combate… Por eso la frase del final "siempre y cuando Tsunade siguiera el ritmo de sus pasos" Es un personaje tan bélico que hasta la vida en general la ve como una guerra que hay que ganar… xD

P.D.D.D: última cosa ¿Qué opinan de que los akatsuki aparezcan en paralelo a la trama romántica? Si quieren los puedo incluir más, quizás mientras "intentan" encontrar a Madara… No lo sé, qué me dicen?

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