Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!
10. Entre victorias y derrotas.
Enomoto y Yata podrían decir que son buenos amigos, no tan cercanos e íntimos como el castaño y el tercero al mando de Scepter4, pero era ese nivel de amistad en donde te preocupas de apoyar al otro, sea cual sea el problema, o sales a beber algo de vez en cuando. Por eso a Izumo, Anna y Kamamoto no les sorprendió verlo un agradable día de mayo en aquel estadio de Shizume, el cual dispusieron para la competencia nacional de skateboard en la cual Yata participaría dentro de unos minutos.
El lugar había sido acondicionado con mucho cuidado y esmero por los organizadores del evento. Con cinco rampas y pirámides, cuatro escalinatas y barandales, más la amplia piscina o 'bowl' que contenía todos los elementos anteriormente descritos les asombró, jamás habían esperado tal nivel de trabajo para un deporte que consideraban sólo callejero. Ciertamente, era distinto el skateboard callejero con el profesional, aunque Yata comentaba que aquello sólo era a simple vista, si bien los trucos realizados en la patineta no variaban tanto, si eran mayores las exigencias y reglas que acatar en los concursos profesionales.
—Espera, ¿Yata tendrá que pasar por todas esas cosas en una patineta?—Preguntó un asombrado Enomoto observando cada detalle de la pista, cada uno luciendo más peligroso que el anterior.
—Yata-san siempre ha hecho ese tipo de saltos y cosas raras en las calles—comentó Kamamoto, rascándose la cabeza con nerviosismo, aquellas dos rampas con la enorme separación en el centro le causaba escalofríos.
Ninguno de los presentes entendía de skates ni de los campeonatos profesionales, pero querían apoyar a Yata, después de todo el castaño siempre estaba ahí para quien lo necesitara. Enomoto se ajustó los anteojos y observó en detalle las graderías: estaban bastante altas y separadas de la pista de skate -había leído por internet que antes estaban más cercanas a la pista, pero debido a un accidente donde un espectador resultó gravemente herido decidieron establecer una distancia mínima. Acercándose hacia el lugar establecido para el público, Enomoto tomó asiento al lado derecho del rubio mayor, dejando el asiento izquierdo reservado para Doumyouji quien, para variar, estaba retrasado.
—¿Saruhiko no vendrá?—Preguntó la reina roja con curiosidad, después de unos minutos de silencio.
—No lo creo. Cuando le pregunté si quería asistir dijo que tenía mucho trabajo que hacer y que no quería perder tiempo en un absurdo campeonato de patinetas—respondió con una sonrisa nerviosa.
—Ese Fushimi—suspiró Kusanagi, con una sonrisa resignada—.Apuesto que moría por venir a animar a Yata-chan.
Enomoto observó con curiosidad a Kusanagi, pensando para sí mismo que entonces no eran imaginaciones suyas. Después de todo, aun conociéndose desde hace mucho tiempo, había un número limitado de cosas que uno hacía por un amigo de la infancia - además, Yata no dejaba de hablar sobre lo asombroso que era Fushimi cuando se juntaban a beber-. Él no quería pensar mal de la relación de esos dos, pero las evidencias de que algo raro pasaba entre ellos le causaba más curiosidad que espanto; después de todo, el mal humor de Fushimi fue disminuyendo con el paso del tiempo y todos en el escuadrón le daban el crédito completo a Yata y al obento-bako que preparaba sagradamente cada día.
Si bien Enomoto nunca había compartido aquellos pensamientos de que esos dos se tenían un cariño demasiado grande para ser simplemente amigos, se sentía tranquilo al confirmar sus sospechas - preguntarle a cualquiera de los dos involucrados estaba fuera de cuestión, apreciaba muchísimo su vida y su trabajo - además, podía percatarse que, pasara lo que pasara entre ellos, aquel trío de HOMRA los apoyaría sin dudar, así que Fushimi podría contar con él y con el Capitán de Scepter4- porque Enomoto sospechaba que éste sabía todo lo que ocurría con su subordinado favorito.
Salió de sus pensamientos con la presentación de los comentaristas de la competencia, quienes además, explicaron las reglas. Por lo que pudo entender, constaba de dos fases: la primera eran dos oportunidades de recorrer la pista completa y realizar todos los trucos posibles en cuarenta y cinco segundos siguiendo el orden que se quisiera con todos los obstáculos. La segunda etapa constaba de cinco oportunidades para realizar un truco o salto sin límite de tiempo. Sin embargo, las puntuaciones poseían un criterio de evaluación algo extraño: ejecución correcta del truco donde no se puede tocar el suelo de ninguna forma, originalidad del truco, estilo del cual no entendió la explicación, nivel de dificultad del salto y el uso del camino para acercarse al obstáculo y volver al punto de inicio.
—No entiendo nada—murmuró Kamamoto obteniendo un asentimiento en general de todos, después de oír los criterios de evaluaciones.
Paseando su mirada sobre los competidores, era obvio que Yata era el más joven e inexperto de todos, además de ser el más pequeño de altura. Sabía que el castaño llevaba un mes completo preparándose para esta competencia, pero se preguntaba si aquello sería suficiente. El ganador no sólo tendría de premio una copa y una alta suma de dinero, sino que tendría la oportunidad de participar en el campeonato internacional realizado en Norteamérica en diciembre, por lo que sería una competencia más que reñida. Lo cual se hizo notar en los siguientes minutos a través de todas las acrobacias que realizaban.
En medio de la presentación de otros competidores llegó Andy quien, excusándose con un gesto y una leve sonrisa, se sentó a su lado para observar cual niño pequeño los alrededores y la competencia, asombrándose ante cada una de las acrobacias realizadas por los rivales de Yata. Aunque haya visto los saltos de los demás skaters no dejaba de ser algo que no entendiera del todo, a veces los skaters no lograban hacer el truco y sacaban altos puntajes de igual forma.
—Qué raro es ver a Yata tan serio—cuchicheó Andy—.Me pregunto si estará nervioso.
—Bueno, la competencia es dura. Los otros chicos son muy buenos también—respondió de igual forma.
Yata sería el siguiente. Era divertido ver en aquella pantalla la cara nerviosa de éste presentándose ante la audiencia; comparado con el resto, el castaño no dejaba de ser sólo un novato sin experiencia y el público así lo dejaba saber mediante comentarios sarcásticos, provocando molestia en Andy, quien gritando en medio de los aplausos, animaba a Yata.
—¿Enomoto-san?
El pelinegro, un poco sorprendido como Andy, volteó hacia los asientos traseros para encontrar la familiar cara curiosa de Nanahara Sachiko. Usualmente la joven vestía de manera muy formal y femenina. Verla con una simple playera blanca y unos jeans desgastados era una novedad para él.
—Oh, Nanahara-san, no esperaba verla aquí—comentó con una sonrisa extrañada.
—No podía perderme por nada del mundo la competencia de Misaki, así que adelanté mi trabajo y encargué a la bebé a una amiga—La joven observó a todos los chicos que la miraban con curiosidad y les sonrió—.Mucho gusto, soy Nanahara Sachiko, la jefa de Misaki en 'Blue Moon', es un placer.
Tras una leve reverencia con su cabeza y siendo correspondida por todos los presentes, escucharon la campanilla que daba inicio.
Misaki, quien sentía su corazón latir más rápido de lo normal, observó de reojo cierto punto del público y sonrió para sí mismo. No podía ni quería defraudarle, después de todo ha ido a verlo aún con su carga enorme trabajo y aquello lo hacía sumamente feliz. Tomó una bocanada de aire y, con una seriedad inusual en él, comenzó su rutina en su fiel Yatagarasu.
Tomó toda la velocidad posible y se acercó a la rampa cercana a la izquierda, logrando un salto bastante elevado dejó que su patineta girara en el aire a mucha velocidad, para finalmente detenerla con sus pies para tocar el suelo y continuar con su camino en la pista; no pudo percatarse de las exclamaciones de asombro de todo el público, su mente estaba centrada en lograr sus trucos y ganar.
—¡Wow, Yata es genial!—gritó un emocionado Andy—.¿Qué es eso que hizo?
—Se llama doble kickflip—contestó la pelinegra, siendo observada con curiosidad por todos los amigos del skater—.Usualmente se hace girar la patineta en trescientos sesenta grados, pero a Misaki le gusta exagerar, me sorprende que le salga ahora, los otros días mientras practicaba lo único que lograba era besar el suelo.
—¿Lo veías practicar?—preguntó Enomoto interesado.
—¡Que va!, ese idiota lo único que hacía en sus descansos era ir al skatepark y arrastrarme con él—dijo Sachiko, arrugando su nariz—.Pero era bastante divertido verlo, además el lucía genial haciendo todas esas acrobacias; tengo que admitir que estaba un poco celosa de ver tantas muchachas que revoloteaban a su alrededor.
—¿Anna?—susurró Kusanagi, con preocupación, la preadolescente estaba mirando hacia atrás como si estuviese buscando a alguien. Más fueron interrumpidos por las ovaciones del resto de los asistentes del evento. Al parecer todas las acrobacias realizadas por el castaño estaban causando furor.
—Ese último salto de Yata-san fue fantástico—comentó Kamamoto, mientras todos esperaban impacientes por los resultados.
—Yata es increíble con la… ¿¡Ah, Por qué obtuvo solo un 6.6!? ¡Los jueces están comprados!—exclamó un molesto Andy, quien era apaciguado por un nervioso Enomoto que miraba a su alrededor alarmado, aquel comentario de Doumyouji ciertamente era algo desafortunado.
—El jurado no es fácil de complacer ¿Eh?—comentó con molestia la pelinegra, cruzándose de brazos—.Eso mínimo merecía un 8.0.
—No entiendo—murmuró la albina—.Quien tiene el primer lugar cayó varias veces y obtuvo más puntaje que Misaki quien no tocó el suelo.
—Debe haber sido por la dificultad y originalidad de los saltos—explicó con suavidad la pelinegra—.En la primera ronda no importa tanto si caes, pero si tus acrobacias son muy complejas entonces equilibra las cosas.
—Usted sabe mucho de patinetas y campeonatos, al parecer—comentó Kusanagi casual, observado detalladamente a aquella atractiva mujer.
—Misaki no dejaba de hablar de ello, así que es lógico que yo me interese en sus cosas—respondió de igual forma, jugando con un mechón de sus largos cabellos.
Kusanagi estaba un poco extrañado con la confianza con la que esa mujer tenía con Yata, sobre todo porque el castaño no hablaba mucho de ella- excepto cuando despotricaba en contra de su 'actitud de bruja bastarda y explotadora'.
La competencia continuó con lo establecido, después de las rondas de recorrido del circuito venían las rondas de los saltos y trucos. Para gran consternación y frustración de todos, Yata había no había obtenido puntajes mayores a 7.0, siendo que sus acrobacias habían resultado perfectas. Ahora, con la vanguardia de HOMRA teniendo que realizar su último salto, Enomoto sentía un peso en el estómago de puro nerviosismo, como si fuese él y no Yata quien estuviera participando. El castaño necesitaba un 8.2 para obtener el primer lugar.
—Vamos Misaki, realiza un darkslide—murmuró Sachiko, rascándose sus rodillas de nerviosismo.
—¿Qué es un darkslide?—preguntó Doumyouji confundido.
La mujer tomó una pose pensativa, como si estuviera buscando las mejores palabras para explicarlo de forma simple.
—Digámoslo de esta forma, Misaki necesita tomar impulso y subirse a la baranda de una de las escalinatas, sobre ella debe saltar y lograr que su patineta de un giro de 180° para deslizarse en la parte trasera de ella y finalmente, antes de llegar al final de la barandilla volver a saltar y terminar su truco como corresponde—explicó con variados gestos en sus manos, obteniendo diversas expresiones de asombro de Doumyouji.
—¿Pero eso no es muy difícil?
Sachiko sonrió dulcemente ante la preocupación reflejada en el rostro de todos los amigos de Yata, ella realmente se alegraba saber que contaba con tanto apoyo y que era tan querido.
—Es el salto que mejor le sale, además él suele hacer girar mucho la patineta al realizar los saltos, así que posiblemente aquello valga muchísimo puntaje—comentó con una sonrisa orgullosa—.¿Quién sabe? incluso podría ganar siendo sólo un novato, sería algo digno de ver.
Misaki apretó sus puños y observó de reojo aquel preciado reloj que llevaba consigo en su muñeca izquierda. Con determinación, se deslizó sobre el bowl de la pista hasta acercarse a la escalera más alta por la derecha. Tomando impulso y haciendo girar su patineta hasta dejarla boca abajo, se deslizó por la barandilla a gran velocidad. Algunas veces, cuando hacía piruetas osadas como aquella, sentía que todo a su alrededor pasaba en cámara lenta, aquello permitía que pudiese ver el futuro de su salto, como una clase de 'vista hacia el futuro' bastante practica; por eso comprendió, en un sólo instante, que aquel truco no saldría bien de ninguna manera.
Intentando saltar antes de tiempo para evitar perder el control de su patineta, uno de sus pies se golpeó contra el duro metal de la barandilla, ocasionando que perdiera el equilibro y que amortiguara la caída de gran altura con su mano izquierda.
—Oh no, Yata-san—exclamó preocupado Kamamoto, parándose abruptamente.
—Vaya mierda—murmuró Sachiko.
Cabizbajo, Yata y se encaminó con patineta en mano hacia el área de salida de la pista, ya no tenía nada que hacer ahí.
Observando su muñeca izquierda con una expresión de completo dolor, no pudo sino pensar que habría sido genial ganar en su primera vez asistiendo en un evento profesional, pero ya tendría otra oportunidad de lograrlo, no se había acabado del todo.
—¡Misaki!—gritó Sachiko acercándose a él, sin aliento, dándole un abrazo apretado y lleno de afecto—.Lo hiciste muy bien, sólo tienes que seguir practicando más y más, ¿¡Me oyes!? ¡Nada de deprimirse por esto!
Misaki se sorprendió al ver a aquella mujer con los ojos tan brillantes, como si hubiese sido ella quien cayó de la patineta y perdió la oportunidad de estar entre los tres primeros lugares. Seriamente observó a todos los que fueron a brindarle apoyo, tratando de disculparse sin palabras por su mediocre actuación en el evento. Él no sabía lidiar con la frustración de perder y no quería llorar delante de los demás.
—Yata-chan, lo hiciste estupendo. El próximo año es más que probable que ganes—dijo con Kusanagi con afecto—.Ahora tienes experiencia y sabes a lo que enfrentarte.
No, no se había acabado para nada. Tenía a toda aquella gente maravillosa que se preocupaba por él y lo apoyaba en las buenas y en las malas, no podía pedir nada más. Sonrió enormemente, aceptando las felicitaciones de todos con muchísima gratitud.
—Anna, ¿Qué sucede?—preguntó Kamamoto preocupado, la albina había estado especialmente intranquila y con un semblante de tristeza.
—No, no es nada—murmuró dirigiendo sus carmines ojos hacia Misaki, quien era abrazado por la pelinegra de forma muy cariñosa—.Es sólo que pensé que vendría.
Susurrando para sí misma aquellas últimas palabras con un tinte decepción, se acercó hacia Misaki para felicitarlo y brindarle su más sincero apoyo con una sonrisa, después de todo la única persona que podría animar realmente al castaño no se encontraba presente en ese preciso momento.
Se había ido de los cuarteles de Scepter4 de mal humor gracias a Doumyouji quien no dejó de hablar sobre la competencia de Yata y el cómo aquella 'atractiva y despampanante' mujer fue a apoyarlo. Las cosas podrían haber terminado sin ningún tipo de contratiempo si a los demás no les hubiese causado curiosidad conocer la identidad de aquella mujer. El nombre de Nanahara Sachiko se escuchó más veces de las que estaba dispuesto a soportar por ese nefasto día y terminó azotando la puerta del despacho ante la mirada sorprendida de todo el escuadrón.
En la tranquilidad y calma de la biblioteca, donde finalmente decidió sentarse a intentar trabajar, se percató de un pequeño pero importante detalle: los documentos que necesitaba para hacer los reportes se quedaron en la computadora portátil en el apartamento de Misaki.
No tenía pensado regresar esa noche, no después de entender que no era indispensable en la vida del castaño. Incluso podía escuchar esa molesta voz, muy parecida a la de ese sujeto que lo molestaba cuando era niño, reiterándole que Misaki no lo necesitaba y que jamás podría lograr animarlo tal como lo hizo aquella mujer. Si hubiese sido él y no ella quien corriera a abrazarlo y felicitarlo ¿Misaki le habría sonreído con aquellos ojos tan brillantes?
No, por supuesto que no.
Por ello no quería verlo, porque sabía que debido a la irritación sería incapaz de controlarse y podría provocar cualquier tipo de quiebre en su estable relación con el castaño. Más era irónico encontrarse delante de la familiar puerta de entrada cerrada con llave; si fuese una persona normal podría pensar que el uso del cerrojo era una advertencia que no permitía el paso a nadie más que a Saruhiko o que simplemente no había nadie en casa, pero él no era de los que soñaban con absurdas fantasías en donde el castaño correspondía sus sentimientos- y aunque así lo hiciera ¿Qué seguiría después de ello?- así que, con molestia, ingresó con la llave que el castaño le entregara un mes atrás.
El lugar estaba en penumbras, la patineta y los zapatos del castaño abandonados descuidadamente en el recibidor eran una clara señal de que el muchacho se encontraba en alguna parte de la casa lamiéndose sus heridas. De no ser realmente necesario, Saruhiko se habría marchado en ese mismo instante, pero necesitaba esos documentos para mantener su mente trabajando y así olvidar esa desazón que sentía subir por su garganta.
Se quitó sus botas, ignorando aquellas zapatillas de estar que Misaki dejó en su lugar habitual, intentando hacer el menor ruido posible caminó por los oscuros pasillos y se acercó a la habitación principal, sorprendiéndose al encontrar a Misaki recostado boca abajo en la amplia cama. La habitación si bien estaba ordenada, la forma en la cual el castaño arrojó al suelo su sudadera y sus calcetines hizo que frunciera el ceño.
—Bienvenido, Saruhiko—murmuró desanimado, con un leve movimiento de una de sus manos—. Creo que quedó algo del almuerzo de ayer, por si quieres cenar.
Saruhiko ingresó a la habitación y cerró la puerta, para momentos después apoyarse en ella de brazos cruzados y suspirar con cansancio.
—Puedo pedir una pizza, si gustas—ofreció con cautela, tratando de aparentar normalidad.
Si tuviese que mencionar lo que más le gustaba de Misaki, definitivamente diría sin titubear que eran su sonrisa y sus brillantes ojos avellanas que, a la luz del sol, tomaban un color dorado que lo hacían lucir encantador. Para él, Misaki era sinónimo de sonrisas y fuego; por ende lidiar con un castaño deprimido era algo completamente desconocido. Había algo simplemente mal en ello y no sabía qué hacer ni cómo comportarse.
—No cenaré.
Saruhiko apretó los labios con irritación, maldiciendo internamente su incapacidad de lograr mantener una charla normal ante aquellas circunstancias. Su mirada recorrió la figura de Yata con parsimonia, deteniéndose en su brazo izquierdo, el cual tenía una enorme raspadura debido a la caída de su último salto. Usualmente el moreno lo regañaba cuando tenía algún tipo de herida sin desinfectar o tratar después de alguna misión, más no se sentía con los deseos de ofrecerse a curar sus heridas.
—Bien, si quieres estar absurdamente deprimido por estupideces que no puedes cambiar, entonces… tú mismo.
—No estoy para aguantar esta mierda hoy, si sólo vas a joder mejor lárgate de una maldita vez—exclamó con rabia luego de unos segundos de incómodo silencio.
Saruhiko se removió incómodo debido a la culpa de aquellas palabras sin tacto que salieron de sus labios. Se detuvo segundos antes de que su mano derecha pudiera rascar la quemadura de su clavícula y se acercó a la cama a pasos apresurados con deseos de zarandear al castaño para que entrara en razón, pero no pudo hacerlo. No podía culparle por aquellas palabras mordaces ni tampoco podían culparlo a él por no saber qué hacer ni qué decir en momentos tan delicados, jamás tuvo la necesidad de apoyar a alguien.
Con el corazón latiendo cada vez más rápido, apoyó sus piernas en el suelo y acercó su rostro al del ojiavellana.
—Siempre puedes intentarlo el año que viene—murmuró, rozando con suavidad de vez en cuando su cuello, obteniendo un asentimiento del moreno—. Además, era la primera vez que ibas a un campeonato profesional.
—Lo sé.
—Los participantes te llevaban más ventaja respecto a la experiencia en esos concursos.
—Lo sé—repitió con un poco de molestia, tratando de golpear la mano que lo acariciaba.
—Habría sido milagroso que ganaras en la primera vez.
—¡Mierda que lo sé!—gritó con reproche, haciendo contacto visual con aquellos orbes azules—.Apestas para animar a alguien.
Saruhiko lucía francamente preocupado, pero aquello no lograba animarlo. Perder el campeonato si bien fue doloroso, lo peor fue la consecuencia de aquella caída: su preciado reloj, aquel primer regalo que Saruhiko le hiciera años atrás, el cual atesoraba como objeto precioso, se destrozó completamente al impactar con las baldosas de la pista. No pudo hacer más que llegar a casa y dejar los pedazos del reloj sobre la mesa de su habitación y simplemente observarlos con remordimientos, hasta que cayó rendido sobre la cama y fue encontrado por Saruhiko en aquel lamentable estado.
—Misaki—llamó luego de incorporarse, sus piernas dolían después de estar mucho tiempo en aquella posición—.Te tengo una oferta.
—¿De qué demonios estás hablando?—preguntó con expresión curiosa, ante la sonrisa de superioridad del pelinegro.
—Por hoy te prestaré mis rodillas, así que deberás agradecérmelo después. Vamos, muévete y así acariciaré tu cabello—apresuró con un gesto de sus manos, intentando ignorar el molesto calor que sentía en sus mejillas.
Misaki lo observó unos segundos con incredulidad, como si le hubiese salido otra cabeza o hubiese dicho alguna idiotez, pero en el fondo sabía que Saruhiko no era una persona que entendiera cómo animar a alguien, por ello no le sorprendía que el tercero al mando de Scepter4 sólo lograra aumentar su molestia con cada palabra; pero el hecho de saber que estaba haciendo su mayor esfuerzo para que olvidara aquella dolorosa derrota de la mañana, lograba que de sus labios brotara una pequeña sonrisa.
—Supongo que no suena mal—murmuró—.Está bien, la tomaré.
Segundos después el castaño se desperezó y observó como el ojiazul se sentaba en la cama, a su lado. Con un poco de vergüenza, apoyó su cabeza en el regazo del pelinegro, dándole la espalda para evitar que lograra ver sus ardientes mejillas. Una de las manos de Saruhiko se apoyó en su cadera, ocasionándole corrientes eléctricas por todo su cuerpo. La batalla interna entre su consciente y su inconsciente estaba desatándose sin tregua, la parte consciente de su cerebro le gritaba que había sido una muy mala idea haberse quedado solo con su simple camiseta sin mangas pero, por otra parte...Era Saruhiko.
—Quizás es buena idea que entrenes todas las noches, así cuentas con más tiempo para el próximo campeonato—comentó repentinamente, con inusual franqueza, logrando que el castaño se girara hacia él para poder observar su rostro.
—Intentaste decir 'si yo no hubiese venido todas las noches habrías podido entrenar más' ¿No?—preguntó con molestia.
—¿Es mentira?—murmuró el de anteojos, sorprendido. No esperaba que Misaki pudiera leer entre líneas su inquietud.
—¿Por qué dices todo ese tipo de mierda? Si no te quisiera acá ya te lo habría dicho.
Saruhiko sonrió con malicia.
—¿No quieres que me aleje de tu lado, Mi-sa-ki?
Misaki tomó aquella mano que seguía en su cadera y entrelazó sus dedos con ella, con un sonrojo en sus mejillas apartó la vista.
—Eres un idiota ¿Por qué te fuiste?—exclamó de pronto, la expresión de Saruhiko expresaba confusión—.¡Por supuesto que te vi entre el público! Realmente me puse muy contento al saber que fuiste a apoyarme.
A veces Saruhiko se preguntaba cómo hacían ambos para encontrarse siempre; es decir, él jamás buscó conscientemente a Misaki cuando estaban peleados, sus encuentros siempre fueron una mera casualidad. Pero incluso ahora, el castaño fue capaz de descubrir que había asistido al evento de skateboard ¿Cómo demonios lo vio entre tanta gente?
—Tsk ¿Para qué? estaban los demás.
—Tu… no hay caso contigo cuando te pones de ese modo. Habría sido más fácil de sobrellevar si hubieses ido a decirme algo.
El ojiazul estaba más que incómodo con aquella franqueza del castaño, era como si éste fuese capaz de escuchar la voz de ese sujeto y decidiera luchar contra ella, derribando cada una de sus inseguridades sin necesidad de decírselo directamente. A veces era difícil olvidarse del tiempo que estuvieron separados y aunque el castaño no entendiera del todo su forma de ser, siempre y sin excepción, llegaba a las conclusiones correctas a las cosas de mayor importancia y le daba las respuestas sinceras que ansiaba escuchar.
—¿Ya tuviste suficiente o lo intentarás otra vez?—cambió de tema, apretando una de las mejillas del castaño, quien lo regañara con la mirada.
—Mierda, por supuesto que lo intentaré otra vez—exclamó con seguridad—.Esto no me detendrá, sólo espera, el próximo año esa maldita copa será mía.
—Supongo que si practicas más...—murmuró burlón.
—Lo haré, y la próxima vez tienes que ir a apoyarme y ser el primero en felicitarme, ¿Oíste?—exigió con una sonrisa presuntuosa, afianzando el agarre con aquella mano que no soltó en todo ese tiempo.
Escuchó la leve risa del ojiazul y sintió la otra mano revolver sus cabellos con simpatía. Después de todo lo sucedido en un sólo día, finalmente pudo dejar escapar el aire que retenían sus pulmones desde que saliera del complejo deportivo en compañía de sus amigos. Por supuesto, aún le dolía el hecho de haber roto el reloj, pero tenía a Saruhiko quien estaba animándolo de alguna forma y se sentía demasiado genial.
—Claro Misaki, si gustas también puedo ir con un ramo de 'hermosas flores'.
Yata se sentó en la cama después de considerar que ya era un tiempo prudente, para darle un breve golpe en el hombro al ojiazul quien se lo devolvió con una sonrisa. Estaba de buen humor, tanto como dejar pasar aquella bromita con respecto al significado de su nombre.
—Iré a preparar la cena—comentó después de unos segundos de cómodo silencio, apoyándose en el hombro del más alto—.Gracias, Saruhiko.
—Tsk, vete a cocinar ya—murmuró avergonzado ante el tono tan suave de la voz del castaño, manteniendo la vista fija en un punto distante de la habitación.
Misaki, observando disimuladamente el rostro de Saruhiko, pensó para sí mismo que, si cumplía aquello que tanto anhelaba en estos momento las cosas entre ellos podrían ponerse torcerse de forma irreversible. Pero ser mimado de alguna forma por la persona que le gustaba era una sensación agradable y no sabía cómo agradecerle.
Bien, siempre podría fingir demencia si se molestaba.
Acercándose un poco más al dueño de su afecto, susurró un tenue 'gracias' y besó su mejilla. Antes de que el ojiazul pudiera decir o hacer algo, el castaño huyó de la habitación.
Yata era el tipo de persona que le gustaba mantenerse activo durante todo el día, por ende no era de extrañar que odiara por completo la monotonía de recorrer siempre los mismos lugares o hacer exactamente las mismas cosas una y otra vez. Más ahora tenía una rutina que le gustaba gracias a Fushimi.
Saruhiko sólo le preguntó por el estado tan abandonado de su apartamento la primera vez que cenaron juntos, en ese entonces no quería decirle que el motivo principal era que ese lugar no lo sentía propio y usualmente pasaba en HOMRA o Blue Moon. Por Fushimi era que ahora tenía un motivo para llegar a casa.
Con un par de gotas recorriendo su desnudo cuerpo, Misaki salió de la bañera intentando secar sus alborotados cabellos con una simple y pequeña toalla. Había anhelado recostarse en el agua caliente desde que Sachiko tuviese la maravillosa idea de ponerle a decorar un pastel para un cliente VIP justo antes de terminar su jornada laboral, el único motivo por el cual aceptó ayudarla fue por la paga extra y porque no pudo resistirse a su mirada entristecida, como si fuese un pequeño cachorro abandonado. Le dolió la espalda horrores y aquella tiránica mujer terminó agotando su paciencia después de la quinta reprimenda por poner una cereza un par de centímetros más baja que las demás.
El entendía que su cabeza no estaba del todo brillante últimamente y aquello se debía a Saruhiko - A veces, con oscura sonrisa, pensaba que si Kusanagi estuviera presente lo miraría con esa expresión 'oh, vaya que novedad'-. El tercero al mando de Scepter4 se estaba comportando extraño desde hace algunos meses y Yata no podía recordar si es que hizo algo que molestara al de anteojos; podría pensar que fue aquel inocente beso en la mejilla, pero ya había pasado mucho tiempo y Saruhiko no se molestó en lo absoluto, para su gran sorpresa. Tampoco podría ser que se percatara de las verduras que colaba sagradamente en el obento todos los días, después de todo Saruhiko tiene tanto trabajo importante que un simple brócoli inofensivo que olvidó triturar no podría haberlo molestado ¿Verdad?
Observó su reflejo frente al pequeño espejo sobre el lavamanos con expresión indescifrable. Mañana cumpliría 24 años. No es que no quisiera celebrarlo, si era sincero consigo mismo se sentía como un mocoso anhelando porque el próximo día llegara lo más rápido posible y así celebrar con todo el mundo. Le asombraba recordar lo deprimido que estuvo el año pasado al no recibir ni siquiera un mensaje por parte de Fushimi, gracias a ello tampoco tuvo tantos deseos de celebrar, pero Kamamoto y Doumyouji lo arrastraron hasta HOMRA en una pequeña cena sorpresa preparada por Anna y Kusanagi quienes junto con Enomoto hicieron su mayor esfuerzo para animarlo- en ese entonces HOMRA y él seguían distanciados.
Ahora se encontraba más que ansioso, Saruhiko le dijo que había tomado el día libre para celebrar su cumpleaños de la forma que deseara y Misaki se encontraba frente al espejo para que aquella estúpida sonrisa boba se borrara de su cara y no levantara más sospechas; aquel regalo era simplemente el más genial del mundo.
No es la primera vez que intentaba recordar el cómo se fue enamorando de Saruhiko, no tenía una fecha exacta pero si sabía algo con absoluta certeza: sus sentimientos no eran del todo recientes. Saruhiko, con pequeños detalles tales como tomar un día libre para celebrar su cumpleaños, le hacían pensar: 'rayos, ¿puedo querer aún más a este sujeto?', aunque a veces se comportaba como el cretino de siempre y se preguntaba si era alguna especie de masoquista por quererlo tanto.
No renegaba de su enorme cariño hacia él, aunque trataba de ignorar aquel asunto de sus sentimientos delante todo el mundo Misaki sospechaba que Kusanagi y Anna lo sabían todo, pero ellos no podrían asegurarlo si él no lo confirmaba ¿Verdad?, además, no es como si esperara que un día Saruhiko se acercara y le dijera que estaba enamorado de él, definitivamente tener esperanzas estaba fuera de discusión, no era tan ingenuo.
Rebuscando entre cada cajón de aquel cuarto de aseo, maldijo entre dientes cuando se percató que sólo llevó su ropa interior; podría ser positivo y pensar que esta vez, al menos, no tendría que recorrer todo el pasillo desnudo hasta su habitación bajo la atenta mirada burlona de Saruhiko. Con sus mejillas enrojecidas, abrió lentamente la puerta, asegurándose que no estuviera el pelinegro por los alrededores. Con un suspiro resignado, caminó hacia su habitación.
—¿Qué demonios estás haciendo, Misaki?—preguntó burlón tras el muchacho, quien casi logra su cometido de pasar desapercibido.
—Mierda, Saruhiko no me asustes así—se giró hacia él, intentando empujarlo, pues su cercanía lo ponía demasiado nervioso—.¿No estabas en la maldita cocina?
—Te demoraste—explicó con simpleza, encogiéndose ligeramente de hombros—. ¿Otra vez se te quedó la ropa? Es un alivio que tengas la cabeza pegada al cuello.
Misaki, cruzándose de brazos ante aquella pulla, ingresó a su habitación siendo seguido momentos después por el pelinegro, quien se recostara tranquilamente sobre su cama. Buscó que ponerse- ahora se percataba que la mitad de aquel armario pertenecía a Saruhiko- tomó su usual camisa sin mangas de color negro y descartó su sudadera blanca, era julio y el calor era desagradable, por suerte su apartamento contaba con aire acondicionado y calefacción, aunque con las políticas energéticas del país no pudiera encenderla tan a menudo como quisiera. Se sentía un tanto incómodo vistiéndose delante de Saruhiko, quien no había dejado de observarlo fijamente; ambos eran hombres así que no era que importara demasiado, más Misaki debía reconocer para sí mismo que, cuando veía al ojiazul sin camisa, su mente se alborotaba de tal forma que tenía que huir del lugar para no levantar sospechas y encerrarse en el baño hasta calmarse.
—Mierda, deja de mirarme—reclamó un sonrojado Yata.
—¿Nervioso?—preguntó burlón—.No es que tu cuerpo haya cambiado mucho desde que viviéramos juntos, ¿Sabías que aún puede notarse tu virginidad?
Misaki se volteó con una mueca de aburrimiento cruzando su rostro, más decidió no contestar aquello. No es que no le interesara -moría de curiosidad por saber si Saruhiko había estado con alguien durante todo este tiempo- pero una respuesta afirmativa sería tan dolorosa de soportar. Saruhiko es apuesto, tiene un buen puesto de trabajo... ¡Por supuesto que él debía tener ese tipo de experiencia!, pero mientras nadie lo confirme él podría seguir respirando tranquilo.
Realmente estar enamorado y no ser correspondido apestaba.
Saruhiko frunció el ceño ante la falta de respuesta por parte de Misaki, ¿Sería aquella la confirmación a sus sospechas?
¿Realmente Misaki es el padre de la hija de esa mujer?
Sintió el peso del castaño cuando éste se sentó en la cama, observando su morena espalda no pudo evitar pensar que todo lo que dijo respecto al cuerpo de Misaki era una absoluta mentira, las diferencias entre el preadolescente y el Yata actual eran abismales, más su calor y aroma seguían intactos. Se irguió de la cama, tomando aquella caja que escondió bajo la almohada mientras Misaki se daba su baño, faltaban unos pocos segundos para medianoche y quería ser el primero en saludarlo por su cumpleaños.
—Misaki—llamó al castaño en un murmullo, apoyando su cabeza sobre el desnudo hombro del castaño, impidiendo que éste se moviera o alejara de su lado—.Feliz cumpleaños.
Misaki observó con curiosidad al menor, quien acercara una pequeña caja rectangular de colores anaranjados sobre sus rodillas.
—¿Es para mí?—el ojiazul sonrió ante aquella tonta pregunta y sólo asintió, contento de saber que aquella linda sonrisa del castaño era gracias a su persona—.¿De verdad?
—Tsk, que molesto eres—se quejó. Decidió acomodarse de tal forma de dejar a Misaki sentado entre sus piernas y abrió aquella caja, dejando la cubierta a un lado—.No es la gran cosa, aunque es mejor que tu antiguo PDA.
—Saruhiko—susurró observando aquel reloj diseñado por el pelinegro. Era del mismo tamaño y color, más se notaba que tenía muchas más opciones. Recordaba que su antiguo PDA fue un regalo simple, un reloj barato según Saruhiko pero para él valía más que cualquier objeto que fuera de su propiedad. El nuevo reloj se notaba a simple vista que no era el más barato del mercado ¿En qué momento Saruhiko trabajó en ello?
—No hay caso contigo—murmuró después de unos minutos de absoluto silencio por parte del castaño, con cuidado decidió ponerle aquel reloj en la muñeca izquierda—.¿No dirás nada?
Antes que Saruhiko pudiera agregar algo más, Misaki se levantó abruptamente de la cama y se arrojó a sus brazos, apoyando su rostro en su pecho. Lentamente el pelinegro se fue recostando en la cama, llevándose a Misaki con él y sonrió.
Podía sentir como el cuello de su camisa se humedecía, si bien debía admitir que estaba un tanto confundido ante la sobrerreacción de Misaki -era un simple reloj que hacía de PDA, ya no había hecho antes y no era la gran cosa, no entendía por qué se emocionaba con eso-, decidió abrazarlo con suavidad, acariciando su cintura y espalda. No desaprovecharía la oportunidad de estar tan cerca del moreno; esperaría hasta que pudiera calmarse, mientras disfrutaría de la deliciosa sensación de ese cálido cuerpo sobre el suyo.
Sonrió con ironía ante lo repugnante de sus pensamientos.
Era la primera vez que le pasaba por la cabeza que su cuerpo y el de Misaki encajaban perfectamente, como si uno hubiese sido creado para el otro.
«¿Está mal el desear que me quieras tan sólo un poco?»
«Si me quisieras aunque sea sólo un poco, haría hasta lo imposible por hacerte feliz»
Extra 7: Antes del cumpleaños de Misaki.
Podía recordar claramente aquellas palabras: "¡Por supuesto que ella se porta bien contigo! ¡Después de todo te adora porque eres un buen padre, Misaki!" una por una, como una maldición.
No tenía pensado encontrarse con aquella molesta mujer en una de sus rondas con Munakata- quien pensó que sería buena idea hacer rondas como un trabajador común y corriente de Scepter4, así que Akiyama y él debieron hacer de niñera bajo las órdenes de Awashima y guiarlo por la ciudad para cuidar su espalda en caso de que quedara libre algún strain hostil, gracias a ello se encontraron con Nanahara Sachiko a quien se le había roto un extremo de su cartera, por supuesto Akiyama y Munakata eran dos hombres gentiles y socorrieron a la mujer quien, en agradecimiento los dejó invitados a su restaurante. Después de aquel momento de obvia incomodidad por su parte, la mujer contestó la llamada de Misaki y soltó todas esas estupideces de que Misaki era un buen padre.
Cerrando la puerta de entrada, observó al castaño quitarse sus zapatillas con tranquilidad. Aún seguía un tanto irritado debido a toda la situación, Munakata al parecer sabía que algo así iba a pasar y por eso le dio lo que restaba de la tarde libre, gracias a ello Misaki y él se encontraron camino al apartamento.
—¿No te cambias de ropa en el trabajo?—Preguntó observando las ropas usuales del castaño, quien lo miró con extrañeza—.Si trabajas de cocinero en un lugar tan elegante no puedes estar haciendo tu trabajo con ropa contaminada ¿No?
—Ah, la dueña de ese lugar construyó un aseo especial para el personal. Uno llega a cambiarse, así las ropas no se ensucian ni nada por el estilo. Es bien quisquillosa a decir verdad—exclamó con cansancio, a veces las normas de higiene de esa mujer colapsaba a todo el personal. Pero era entendible, después de todo Blue Moon es el restaurante—.Creo que nunca te dije en donde trabajo.
—No, pero nos encontramos con la dueña de ese lugar haciendo rondas con el Capitán y hablaron de ti—escuchó la risa de Misaki—.¿Qué es tan gracioso?
—Creo que ella te confundió con el Rey Azul, ya se me hacía raro que dijera que 'Saruhiko es bastante sonriente'—observó al pelinegro con burla, más éste se encontraba nuevamente perdido en sus pensamientos. Durante todo el camino hacia casa, estuvo ensimismado y no intercambiaron casi palabras. Acercándose a él, posó una mano sobre su mejilla y se perdió en la azulina mirada que tanto le gustaba—Saruhiko, ¿Estás bien?
Saruhiko suspiró internamente ¿Qué podría decirle? obviamente no estaba bien, no quería perder al castaño de ninguna forma y hacerse un lado y desaparecer de su vida estaba fuera de cuestión porque sabía que no sería capaz de hacerlo, además que Misaki no lo permitiría sin una buena explicación, la cual no estaba dispuesto a dar bajo ningún motivo.
—Sólo estoy cansado, pensar en la cantidad de reportes que tendré que hacer mañana gracias al absurdo pedido del Capitán...—se quejó, apoyando su frente sobre el hombro del castaño, quien dándole unas palmaditas sobre su espalda trataba de reconfortarlo con palabras dulces.
¿Por qué Misaki nunca hablaba en detalle de aquella mujer?
NdA:
Creo que mejor ya ni pido disculpas ains, pero estuve con una tendinitis horrible y tuve que descansar (soy programadora y mis manos son mis herramientas de trabajo y fue todo un suplicio ains).
Si alguien es realmente conocedor del tema de las competencias de skateboard, le pido disculpas por cualquier error garrafal respecto al tema (vi muchísimos videos y leí muchísima teoría, pero fue algo denso para mi)
Bueno no tengo mucho más que decir la verdad, espero que les haya gustado el capítulo y el cambio de resumen.
0.0: bueno, la llave significó un gran paso, después de todo eso es técnicamente una bienvenida a su hogar y a su privacidad sin necesidad de anunciarse o avisar que iría :P por eso está tan esperanzado.
