Muchas gracias por leer.

K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.

Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.


Capítulo 11. Primeros Intentos.


Si era sincero, la sensación de despertar en su habitación en los cuarteles de Scepter4 fue bastante perturbadora, más aún el hecho de estar acostumbrado a un buen desayuno o a escuchar un 'buenos días' por parte de Misaki. Perder todo eso de un día para otro lo abrumó de tal forma que necesitó un par de horas para poder acostumbrarse no sólo a la frialdad de su cuarto, sino que también al ambiente ruidoso del comedor del cuartel y a las ideas absurdas de estrechar lazos de Munakata.

A él no le gustaba la playa, el molesto sol, la desagradable arena y el asqueroso calor. Estaba tan irritado que, por primera vez, ni siquiera Munakata se atrevía a acercársele del todo - hombre prudente que sabe mantener su distancia en los momentos adecuados.

Cuando llegaron al destino que ansiaba el Capitán, Fushimi simplemente se apartó de todos maldiciendo su suerte, hasta que un grito de Doumyouji, llamando a uno de los chicos de HOMRA, los alertó. Casi nadie del escuadrón se extrañó cuando Saruhiko comenzó a buscar con la mirada a Misaki; era una reacción normal, después de todo ninguno sabía que irían al mismo lugar ese día. Fue así como, tras saludos de cortesías que escondían leves palabras venenosas e insultos entre líneas, Munakata y Kusanagi decidieron que ambos clanes se mantuvieran juntos por ese día.

Bajo un enorme parasol en el centro del lugar, Nanahara Sachiko observaba con aburrimiento al mujeriego de Chitose, quien tomaba su mano y murmuraba palabras hermosas y ensayadas, gesticulando exageradamente ante la belleza de la mujer o lo bello y encantador que lucía aquel vestido veraniego de color rosa pálido en ella. Llevan así casi una hora y Saruhiko estaba a punto de arrojar unos de sus cuchillos al chico de HOMRA por ruidoso.

La mujer era más agradable de lo que pensaba, era educada y no era tan molesta según sus estándares, aunque era bastante curiosa y más de una vez decidió ignorar su preguntas debido a la incomodidad, a él no le gustaba hablar con los demás de Yata.

Misaki estaba durmiendo recostado bajo el parasol, tapando su rostro con una toalla, así que, como algo completamente normal, Saruhiko fue a sentarse muy cerca de él. El castaño pasó mala noche según la mujer, cuando ella llegó a su apartamento casi derribó la puerta tratando de despertarlo y aun así debió arrastrarlo para sacarlo del lugar para llegar a tiempo.

—He estado más de una hora intentando que despierte, pero es inútil—comentó la pelinegra observando su PDA de color verde, haciendo la vista gorda ante las caricias que Saruhiko estaba haciendo en el cabello de Misaki. Suspiró algo incómoda ante aquella situación-sentía que estorbaba- Chitose se había marchado después de comprender que ella no estaba interesada en él y no tenía nadie más con quien conversar—. Tiene el sueño bastante pesado.

—No, es sólo que está demasiado cansado—murmuró Saruhiko para sí mismo, recordando las noches en que Misaki se despertaba cuando él iba hacia la cocina por un vaso de agua, a veces realmente le sorprendía lo agudo de su oído.

—Bueno las cosas en el restaurante han estado un poco pesadas, sobre todo para él —murmuró pensativa, bajo el escrutinio del ojiazul—.¿No irás a bañarte al mar con tus amigos?

—No estoy interesado—respondió rápidamente sin mirarla.

Sachiko forzó una sonrisa, por algún motivo se sentía incómoda cerca de aquel muchacho- lo cual era extraño porque ella técnicamente no tenía problemas en tratar con gente difícil, debido a su trabajo había llevado adelante conversaciones más imposibles que éstas- pero debía mantenerse serena y evitar los deseos de arrojarse sobre él y ahorcarlo, después de todo ese chico de gruesos anteojos era el mejor amigo de Misaki.

Si tenía que ser sincera, por como Misaki hablaba de Saruhiko, se imaginaba que era un chico tranquilo, educado y divertido - había perdido la cuenta de las veces en que Misaki hablaba de lo genial que era su mejor amigo - y no podía dejar de pensar en que quizás Misaki le estaba tomando el pelo, como si hablara de forma sarcástica cuando lo describía.

Saruhiko se estaba aburriendo, la mujer ahora se encontraba conversando con la teniente y muchos de los chicos de ambos clanes revoloteaban alrededor de ellas, provocando mucho ruido y arrojándole algo de arena.

Misaki se removió quedando boca abajo, con una sonrisa malévola posó la fría botella de bebida sobre la morena espalda del durmiente muchacho, obteniendo un grito alarmado de éste.

—¡Mierda qué...!—gritó con puño en alto, rodeado de su aura roja, más al ver al tercero al mando de Scepter4, con una simple camisa blanca sin abrochar y con un bañador negro, se incorporó apresurado y sorprendido. —¿Saruhiko? no sabía que ibas a venir.

Saruhiko sonrió para sus adentros cuando vio a Misaki sentarse sobre la toalla con una expresión adorablemente desconcertada.

—Ya llevas bastante tiempo durmiendo. ¿De cuando tienes el sueño tan pesado?

Tras un leve instante de vacilación, su conversación fue interrumpida por la pelinegra, quien regañaba a Misaki por haberse dormido buena parte de la mañana, dejándola a merced del mujeriego de su amigo. Saruhiko frunció el ceño al ser ignorado; conocía el poder de sus celos para con Misaki cuando éste le prestaba toda su atención a aquella mujer .Molesto, decidió poner nuevamente sobre la espalda de Misaki la botella de bebida.

—¡Para ya con esa mierda, joder!—exclamó molesto, arrancándole la bebida de sus manos. Saruhiko sonrió, siendo correspondido segundos después por el castaño.

Misaki estaba contento, todas las personas que le importaban - sin incluir a sus familiares más cercanos- estaban presente en ese lugar. De haber sabido que se encontraría con Saruhiko, habría dormido más en la noche y podría haber disfrutado desde antes el compartir su día libre juntos.

Sachiko, asombrada, no dejaba de mirar a ambos muchachos interactuar, el cómo Misaki intentaba que el chico de anteojos lo acompañara a surfear o que hicieran algo divertido juntos, con el pelinegro respondiendo con bromas o palabras hirientes que el de menor estatura se tomaba con humor... Si ella era honesta, esa faceta de Misaki era bastante desconocida, pero le gustaba verlo comportándose como un niño de vez en cuando - más ahora que el éste había estado con un humor fluctuante- El pelinegro estaba sonriendo y aquello la tenía desconcertada.

—No sabía que Fushimi podía sonreír de esa forma tan cariñosa—mencionó Awashima con una sonrisa afectuosa.

—¿Por qué lo dice? —preguntó Sachiko, dudosa.

—Usualmente Fushimi-kun es bastante reacio al contacto con las personas; supongo que se debe a tantos años en que ellos se conocen que él permite que Yata-kun sea así de afectuoso con su persona— comentó Munakata segundos después de sentarse al lado de ambas mujeres.

Awashima y él sonrieron como padres orgullosos al ver a Misaki empujando a Fushimi, quien al parecer insistía en no entrar al agua.

«¿Qué mierda hay con esas miradas absurdamente cariñosas entre ustedes dos, Misaki?» pensó Sachiko, no sin cierta envidia ante la complicidad que compartían ambos chicos.


Le habían hecho un pequeño homenaje a Mikoto y a Totsuka cuando la playa estaba casi desierta, a eso de las siete de la tarde. Rodeados de los pocos poderes que aún quedaban en ellos enviaban pequeñas mariposas de fuego hacia el manto estrellado como ofrendas para su anterior Rey, deseando que ambos estuviesen orgullosos de sus logros grupales e individuales. Sentían tristeza pero hacer eso era algo necesario para finalmente cerrar aquel ciclo doloroso, después de todo ellos no volverían y la vida de cada uno continuaba con su rumbo.

Misaki sentía que jamás pudo entender a ninguno de ellos dos, incluso Kusanagi de vez en cuando sentía que no los conocía del todo. Por ello el castaño se quedó a solas reflexionando a la orilla del mar, después de que todo el mundo decidiera que era hora de ir a dormir para continuar con sus actividades en la playa al día siguiente. Tenía sus ojos algo enrojecidos y la mirada perdida en el basto mar.

Podía comprender ciertas cosas ahora, incluso si se ponía en aquel escenario que tuvo que enfrentar el antiguo Rey Rojo, también habría llegado hasta las últimas consecuencias por Saruhiko tal como Mikoto lo hizo por Totsuka... no es que el pensara que Mikoto estaba enamorado de Totsuka o algo parecido, sino porque era uno de sus preciosos camaradas y su persona más importante.

—¿No deberías estar durmiendo ya, Yata-kun?

Misaki, un poco sobresaltado por escuchar la voz de esa persona, volteó para encontrar a Munakata quien, vistiendo una yukata de color azul oscuro y cargando con una cajetilla de cigarros, le observa con un poco de curiosidad.

—¿Qué quieres?—preguntó groseramente, tomando una pose defensiva.

Aquel hombre le resultaba un enigma con el cual no sabía lidiar, menos en aquel momento donde su guardia estaba completamente baja y tenía los sentimientos a flor de piel.

—Venía a presentarle mis últimas despedidas a Souh Mikoto. No esperaba encontrarme con alguien a tan altas horas de la noche—comentó con seriedad, sacando un cigarro y encendiéndolo con parsimonia.

Las olas del mar producían una sensación de tranquilidad en la cual ambos hombres se perdieron con una tristeza inimaginable, el siempre luminosos y sonriente rostro del Rey Azul reflejaba más sentimientos de lo usual.

No entendía del todo las acciones de ese sujeto, pero de alguna manera, recordando cuando Kusanagi le pidió expresamente que no comentara nada al respecto de lo que viera la noche antes de la batalla en la isla academia, pensó que aquel hombre tenía todo su derecho de despedirse también.

—Como quieras...—murmuró incómodo, tras unos instantes de vacilación, observó nuevamente a su acompañante, cuya expresión no había variado en aquellos minutos de silencio—. Tú y Mikoto-san... ¿Eran... amigos?

Munakata sonrió con un tinte de melancolía.

—Me temo que aquella palabra no es del todo correcta para referirse a la relación que Suoh Mikoto y yo compartimos. Supongo que, para ponerle algún tipo de título formal, sería más adecuado decir que éramos dos personas que, debido a la Slate y a las circunstancias, nos entendíamos de alguna razonable manera—respondió tranquilo, dándole una calada a su cigarro. Observó el rostro de su acompañante y sonrió resignado—. Era un hombre complicado, aun cuando le pedí que dejara las cosas en nuestras manos, él simplemente decidió hacerlo a su usual manera violenta, sin importar las consecuencias para los demás, incluyéndolos a ustedes, HOMRA.

—Totsuka-san era la persona más importante para Mikoto-san y nosotros entendíamos los deseos de nuestro Rey...porque Totsuka-san también era así de importante para nosotros.

—Ah, sí... nadie podría discutir esas palabras, Yata-kun— murmuró con resignación, observando el amplio cielo estrellado.

—La gente de tu clan habría hecho lo mismo por ti ¿no? —preguntó con fastidio, jamás había visto tan triste a aquel hombre y, francamente, aquello lo tenía demasiado incómodo y no quería seguir el rumbo de aquella conversación.

—Eso me temo que podría ser un error. No soy una persona que actúe de una forma tan poco razonable y pusiera innecesariamente en peligro a todo Scepter4 o al país entero.

—Pusiste en peligro a Saruhiko en esa misión de mierda...—murmuró molesto, provocando una expresión de desconcierto del mayor—.Ah olvídalo, no quiero ponerme de mal humor ahora.

Misaki se cruzó de brazos y observó el tranquilo oleaje del mar; su naturaleza activa y sociable lograba incomodarlo en aquel silencio que se formó entre él y el Rey Azul. Si pudiera describirlo, los silencios en los que se veía inmerso junto a Saruhiko eran cómodos, como una forma más de entenderse; con otra gente, en cambio, se desesperaba porque se sentía fuera de lugar, como si no fuera bienvenido a compartir el espacio con esa persona.

—Mucho me temo que, a veces, uno debe tomar decisiones que, de alguna u otra manera, pueden significar perder algo preciado— comentó de pronto Munakata, logrando sobresaltar al muchacho—. Por ello confié aquella misión a Fushimi-kun, porque era el más apto para pensar en planes de contingencia en caso de que las cosas no hubiesen resultado bien.

Yata frunció el ceño, podía estar imaginando cosas en aquel momento, pero sintió que esas palabras dichas por aquel hombre tenían un significado demasiado amplio que le causaban ciertas molestias en su estómago. Si se ponía a imaginar un escenario donde Munakata estaba enamorado de Saruhiko terminaría más deprimido de lo que ya estaba, él jamás podría igualarse a ese sujeto.

—¿Ah? me importa una mierda. Lo pusiste en peligro y aún quiero golpearte por eso, bastardo—gritó molesto, obteniendo una brillante sonrisa por parte del hombre de enigmáticos ojos violetas— ¿Qué?

Yata se removió nervioso, rascándose sus cabellos.

—Nada, sólo me resulta curioso. Un hilo que se expande y contrae, más jamás puede cortarse por mucho que terceras personas lo intenten o por mucho que éste se enrede. Creo que suena perfecto para describir la relación entre ustedes dos.

Munakata sonrió para sí mismo. Puede ser que aquel grosero muchacho no fuera lo que esperaba para Fushimi, pero entendía que Yata Misaki era lo que necesitaba su subordinado favorito; después de todo uno no elige de quien se enamora, y él lo sabía muy bien.

Misaki trató de tranquilizarse, había escuchado sobre ese hilo, el hilo rojo del destino para los amantes. Su madre solía contarle aquella historia cuando sólo eran ellos dos contra el mundo y después, cuando se casó con su padrastro, solía decir que quería que él encontrará a la persona con el otro extremo de su hilo para que fuese tan feliz como ella.

—¿Ah? no entiendo de lo que estás hablando, iré a dormir— observó el siempre sonriente y tranquilo rostro del Rey Azul, con incomodidad.

Había muchas cosas que no comprendía del todo sobre la slate y la elección de los reyes, o del por qué éstos siempre eran atraídos entre sí, más recordaba las palabras de Anna antes de que ésta se marcharse a su habitación con Sachiko.

Ella, con el collar que utilizaba Mikoto en sus pequeñas y finas manos, decidió que sería una buena idea dárselo a Misaki para que entendiera algunas cosas. Podría simplemente ignorarlo, pero escuchando las palabras de aquel hombre que no le simpatizaba del todo, respecto a los lazos y demás cosas, entendía que Mikoto no sólo era importante para los miembros de su propio clan, sino también para el Rey Azul.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Yata-kun?—preguntó ante la mirada tan intensa del menor.

—Creo que...tu atesorarás más esto que yo—murmuró nervioso, sacando el collar que se encontraba guardado en el bolsillo de su bañador, sorprendiendo al peliazul—.Como sea me voy.

Con las manos dentro de sus vacíos bolsillos, se encaminó hasta la posada.

—Yata-kun—llamó al muchacho, quien no alcanzó a dar más de cinco pasos en dirección a la posada.

—¿Y ahora qué?— preguntó molesto, dándose la vuelta y observando de frente al mayor.

—Cuando tomes la decisión...—comentó con una sonrisa, acercándose y posando una mano sobre el hombro del castaño e inclinándose un poco para acercar sus rostros—.Tendrás que venir a hablar conmigo para dejar a Fushimi-kun a tu cuidado.

—¿Ah?

Lo único que pensó Misaki en aquel momento, después de alejarse completamente sonrojado bajo el atento escrutinio burlón de aquel hombre, fue una simple palabra:

"Mierda".


Desde hacía semanas que había estado dándole vueltas a aquel asunto entre Misaki y Fushimi; en un principio fue como si cada chico de HOMRA y Scepter4 pusieran a su disposición diversas piezas de un rompecabezas que ella debiese armar para tratar de descifrar la figura que lo componía y que daría como resultado las respuestas que tanto ansiaba.

Misaki era transparente, más no hablaba en profundidad con respecto a su amistad con Fushimi. Siempre cambiaba el tema de forma apresurada, o no tenía respuestas a sus preguntas o simple y sencillamente no quería responderle. Si bien lo encontraba extraño, también era hilarante ver tan molesto al castaño sólo por querer conocer más a su amigo-además debía asumir en parte la culpa por molestar tanto al castaño, su curiosidad no tenía límites - necesitaba entender qué era lo que encontraba tan interesante respecto de aquel muchacho educado y callado que la miraba con un poco de recelo.

¿Sería que Misaki le comentó sobre el turbulento pasado que compartían y por ello él no confiaba en ella?

Eso es algo que jamás podría borrarse y con Yata lo sabían bastante bien, lidiaban con las repercusiones como los adultos que eran. Gracias a cierto grado de madurez por parte de ambos, las cosas entre ellos salían de maravilla y no discutían tan a menudo; pero, si era sincera consigo misma, Misaki no gozaba de su usual chispa alegre en estos meses y ella era bastante insistente cuando estaba preocupada. Los roces entre ellos tocaron fondo cuando Misaki, harto, le dijo que lo dejara en paz y debió ignorar aquella parte de su corazón que le decía que no se detuviera.

Ahora la cena del ministro, con parte del gabinete del país, era demasiado importante como para preocuparse de asuntos personales. Ella necesitaría no sólo las manos expertas de todos sus subordinados, sino también la concentración y disposición de todos y cada uno de ellos para lograr su objetivo de complacer a ese desagradable sujeto.

Mientras atendía con la mejor de sus sonrisas a sus clientes más importantes del día, no podía dejar de pensar en que Misaki era un buen chico, algo temperamental y bobo en algunas ocasiones, pero que tenía buen corazón y se esforzaba en realizar su trabajo de la mejor manera posible; gracias a esas virtudes tan maravillosas en él es que decidió darle una oportunidad en su restaurante y conocerlo un poco más. Comenzar de nuevo, y olvidar todo el pasado que los unía y separaba a la vez, era una decisión de la cual, hasta el día de hoy, no se arrepentía. Crear nuevos lazos entre ellos siempre sería la mejor decisión que habían tomado.

Volviendo al tema de Misaki y Fushimi, mientras terminaba de lavar la vajilla, ya sabía que tenía las piezas que le faltaban a aquel rompecabezas que era la relación entre esos dos, sólo debía voltearlas y unirlas.

Misaki brillando como nunca cuando ese muchacho lo despertó. Si bien se molestó en un principio por la broma, después no dejó de sonreír en todo el día. O como Fushimi se molestó cuando unas chicas tenían pensado acercarse a Misaki después de que éste saliera del agua después de surfear. O el cómo se abrazaron a media noche y Misaki susurró con afecto 'Lo único que podía pensar en ese momento... era que tú estabas bien'.

Esa fue clave para entender el concepto del diseño del rompecabezas: amor.

La última pieza que faltaba, la cual le hacía dudar, tenía que ver con las palabras que escuchara aquella noche, después de que despidieran a esos antiguos miembros de HOMRA que fallecieron hace unos años.

'Ellos tienen un pasado hermoso y doloroso a la vez, son sus lazos y por ello son poderosos e indestructibles. Nunca se buscan, pero siempre se encuentran' fueron las palabras textuales de aquella bella adolescente que parecía una hermosa muñeca de porcelana. Kushina Anna, una strain como su bebé, una reina de color carmín, como el color del hilo del destino que unía a esos dos.

No pudo evitar suspirar con resignación ante sus pensamientos, con una sonrisa y dos finas copas de cristal con el más bello y elegante diseño posible se acercó a su despacho. Misaki estaba dentro, por pedido de ella, observando ensimismado el bello paisaje por el ventanal. Las luces de la ciudad le daban un aire mágico a aquella vista.

Su despacho era simple, ubicado en el tercer piso del lugar, contaba con dos sofás de cuero azul y una mesa de color tabaco en el centro, además de una estantería con miles de libros que jamás tendría tiempo para leer y una pequeña cuna para su bebé en caso de que debiera llevarla al trabajo porque la cuidadora no pudiera asistir.

—Muchas gracias por lo de hoy, Misaki— dijo después de cerrar la puerta con uno de sus pies, recibiendo una simple y normal sonrisa del castaño, pensando no sin cierto humor oscuro que si ella fuera Fushimi esa sonrisa sería distinta.

Acercándose a la pequeña mesa del centro dejó ambas copas y tomó asiento en el sofá desocupado, observando la curiosa expresión de Yata, ella sonrió— Este es mi soborno, es un licor que he estado elaborando, así que quiero tu opinión.

—Ah, ¿Licor?—murmuró con un leve sonrojo, rascándose sus cabellos con nerviosismo—no sé si sea buena idea, Sachiko, es tarde y le prometí a Kusanagi-san pasar por el bar.

—No es un licor muy fuerte, además, quiero hablar contigo de algo importante antes que te vayas donde Kusanagi-san— comentó con tranquilidad, aunque por dentro sentía un peso en el estómago debido al nerviosismo.

—¿Algo importante?—repitió con dudas, observando paciente como la mujer llenaba ambos vasos hasta la mitad.

—Primero que todo, brindemos por esta noche, Misaki. Hiciste un gran trabajo y estoy muy orgullosa de ti, haz mejorado tanto.

El castaño observó con dudas aquella copa extendida hacia su persona, Sachiko había estado extraña desde aquella salida a la playa y no sabía qué hacer ni decir en estos momentos, pero ella lucía bien, su hija estaba bien y las cosas habían salido muy bien en la estresante noche VIP con ese detestable sujeto.

—De acuerdo— dijo con una sonrisa forzada, chocando su copa con la de ella y exclamando un tenue 'salud' con la pelinegra.

Sachiko y Misaki bebieron lentamente de sus copas, saboreando el cítrico sabor de la piña y sintiendo el ardor del licor en sus gargantas. No era un trago fuerte ni desagradablemente dulce, era bastante refrescante para aquel día de finales de otoño.

—Escucha, estoy preocupada por ti. Tu comportamiento no ha sido normal en este último tiempo—comentó con suavidad, dejando la copa casi vacía sobre la mesa, mirando con seriedad al joven frente a ella, quien se removió algo incómodo de su lugar—. Si algo te preocupa o si tienes algún tipo de dificultad, no dudes en apoyarte en mí. A pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros, eres lo más cercano que tengo después de mi bebé.

—No es nada—desestimó con un movimiento de su mano libre, sintiéndose levemente culpable.

Sachiko sonrió. Misaki es transparente, al menos lo es para ella, porque ella en ese sentido era igual que él. No le gustaba molestar a los demás con sus problemas y cuando el objeto de su afecto estaba interesado en alguien más se molestaba de aquella misma manera.

—Saruhiko es un chico bastante guapo ¿no?—comentó de pronto, con una sonrisa soñadora.

—¿Ah?¿De qué demonios estás hablando? —Preguntó Misaki, sintiendo como un poco de su buen humor desaparecía, siendo reemplazado por una sensación fría en el estómago.

—Digo, cuando lo vi por primera vez realmente no me llamó mucho la atención, pero después...—suspiró con aire enamorado, observando de reojo el rostro enfurecido del castaño —. Oh, quita esa cara Misaki, soy una mujer después de todo y Saruhiko-kun es el hombre más guapo que he conocido en toda mi vida.

Misaki sentía deseos de golpear a aquella mujer que decía aquellas cosas de Saruhiko, incluso sentía como sus mejillas enrojecían debido a la rabia que sentía al imaginar a la persona que le gustaba con Sachiko... y se sentía mezquino.

—¿Qué demonios pasa contigo hoy? te estas comportando como una idiota—comentó molesto ante el rostro exageradamente enamorado de Sachiko al referirse a Saruhiko.

A su Saruhiko.

—¿Yo me estoy comportando como una idiota? ¿Por decir lo guapo y maravilloso que es tu mejor amigo?—murmuró con incredulidad, tocando su pecho, a la altura del corazón, como si hubiese sido herida ante sus palabras—. Misaki, ¿Por qué no me lo presentas formalmente? Los chicos guapos como él... ¿Está soltero no? Puede que yo cargue con un bebé pero...

—¡Vete a la mierda!—interrumpió aquella diatriba con más seriedad de la que pensaba, evitando mirar el rostro de la mujer.

—Hey, no te pongas celoso. Sigues siendo guapo pero...—guiñó un ojo coqueta, jugando con un mechón de sus cabellos.

— ¿¡Quién mierda está celoso!?

Sachiko frunció el ceño después de que Misaki golpeara su preciada mesa de centro. A veces el mal carácter de Yata salía a flote al igual que el suyo, pero debía serenarse, sino no podría llegar al punto de aquella conversación.

—Pues tú, deja de comportarte como un idiota celoso y preséntamelo como corresponde.

—¿¡Ah!? Ni en tus putos sueños...—negó tajante, cruzándose de brazos.

Avellana y ambar chocaron por una leve fracción de segundos y la pelinegra no pudo evitar sonreír internamente.

—Creo que los celos pueden sentirse hasta el otro lado del mundo... y eso reafirma mi teoría —comentó con seriedad, cruzándose de brazos

—¿¡Qué maldita teoría!? Y qué mierda, ¿Eres bipolar?

—A ti te gusta Fushimi—señaló con un dedo acusador y una expresión tranquila.

Misaki abrió los ojos con asombro y sintió su garganta cerrarse. La expresión tan indescifrable de la pelinegra le provocaba cierta desazón que no sabía clasificar.

—¿¡Qué!? Yo no... ¿De dónde sacas esa estupidez? —negó nervioso, despeinando sus cabellos.

—Misaki, tú realmente apestas para mentir al igual que yo. Además no negaste en ningún momento el hecho de que te dije que estabas celoso. Y no te lo estaba preguntando—comentó con aburrimiento.

—¿Y qué si me gusta?

—Pues nada, amor es amor, la sociedad ya ha avanzado en tantas cosas pero se siguen reprimiendo con tanta mierda inútil que me exaspera—comentó con mal humor, haciendo un leve gesto con sus manos para indicar que aquel era un detalle inútil e idiota del cual preocuparse. A ella, en sí, no le molestaba— ¿Cuándo se lo vas a decir?

—¿Uh?, nunca—murmuró con incredulidad. ¿Él? ¿Declararse? Tenía que ser una maldita broma—. Además, ¿Qué él no te gustaba?

—Mentí, sólo quería ver tu reacción— señaló con una sonrisa burlona, ante la mirada impactada de Misaki—.Ustedes dos técnicamente parecían un par de novios desesperados por tener un maldito tiempo a solas en la playa, lejos de los ojos curiosos. Piensen en los demás que no tienen un amor correspondido, maldición...

—¿¡Qu-qué!?

—¿No te diste cuenta de nada, Misaki? ¿Qué clase de imbéciles ciegos son ustedes dos?— murmuró con una sonrisa resignada, para negar levemente con la cabeza—.Bueno, eres mi idiota y está bien, después de todo yo estaré siempre aquí para apoyarte y guiarte en el oscuro mundo de las relaciones amorosas, después de todo soy una chica con experiencia.

—¿¡Ah!? ¿De qué demonios estás hablando? Realmente toda esa mierda que dices...Además, tu experiencia no es del todo buena— exclamó con un ligero sonrojo en sus mejillas.

Sachiko, a punto de golpearse la cabeza reiteradas veces con la mesa de centro, apretó el puente de su nariz, rogándole a cuanta divinidad existiera para que le diera paciencia ante la estupidez crónica de Yata con algunos asuntos. De verdad, adoraba a Misaki pero a veces los deseos de golpearlo para despertar su flojo cerebro era superior algunas veces.

—¿Y bien? ¿Cuándo se lo dirás? si me dejas darte un consejo, yo diría que sería una muy buena idea hacerlo pronto.

—Sachiko yo no voy a...

—Es decir—interrumpió subiendo el volumen de su voz, apuntándolo con su dedo—.Ustedes dos solos en tu apartamento, compartiendo una cena preparada por tus dos expertas manos...y después un delicioso y romántico postre preparado por mí, donde lo mirarás fijamente con tus bellos ojos avellanas y le dirás que lo quieres; y él te dirá 'Oh, yo también te quiero Misaki, seamos felices para siempre' y se darán un beso apasionado como en esas cursis películas... y lentamente, con la pasión del momento, llegarán al cuarto y pasará la magia...

Misaki frunció el ceño después de sentir un desagradable escalofrío por todo su cuerpo.

—¿Qué mierda...?—preguntó con asco, ante la repugnante idea de que Saruhiko dijera esas palabras. Si eso realmente sucediera, quizás golpearía a Fushimi para lograr que volviera en sí. ¿Saruhiko diciendo 'seamos felices para siempre'? Sachiko no lo conocía para nada si salía con ese tipo de cursilerías.

Mientras Sachiko seguía planeando una supuesta declaración de su parte, con trajes elegantes, finos licores y palabras cada vez más subidas de tonos que hacían que sus mejillas se colorearan de forma alarmante (cómo demonios llegó al tema de una noche de bodas, tres dedos y lubricante, todavía no lograba entenderlo); Misaki no pudo sino sonreír ante las ideas tan raras de Sachiko, pero estaba feliz de que ella lo apoyara en vez de darle la espalda y alarmarse ante sus sentimientos por su mejor amigo.

—Me alegra verte con mejor semblante—murmuró Sachiko de pronto, con una sonrisa enternecida, para asombro del castaño—. Demonios Misaki, realmente, no eres tú cuando estás desanimado. Y por supuesto que te ves más guapo con tu brillante y amable sonrisa. Y ya sabes, aunque te gustara cualquier otro chico, yo siempre estaré aquí para apoyarte.

Había muchas cosas que él podría responder en aquel momento, podría decirle que era una maldita bastarda por hacerle creer que estaba enamorada de Saruhiko en estos meses o que realmente sus palabras lograron tranquilizar una de sus mayores preocupaciones. Pero había otras cosas que pasaban por su cabeza en este momento y no lo dejaban tranquilo, y no estaba del todo seguro si era con ella con quien debía hablarlas.

—No me gustan otros chicos... sólo es Saruhiko—comentó con convicción, recibiendo a cambio una sonrisa sincera de la pelinegra.


Extra 8


Misaki, encerrado en la cocina de su apartamento, no dejaba de maldecir y golpearse mentalmente por su absurda idea de preparar un pastel casero para Saruhiko. Debía reconocer que, al darse ánimos de intentar declararse nuevamente al peligro, su nerviosismo sacaba lo peor de él y dejaba desastres por donde quiera que pasara, su cocina era prueba de ello. Tras un suspiro resignado, camino hacia la sala de estar para enviarle un mensaje a Saruhiko pidiéndole que llegara un poco más tarde al apartamento. Volvió lentamente a la cocina, y suspiró resignado ante la cantidad de ollas y platos que le tocaría lavar después.

Este sería el segundo intento que hacía para declararse a Saruhiko.

Intentó decírselo una tarde de septiembre después de pensar en cada una de las posibles respuestas, desde un simple '¿¡Qué!? ', dicho con incredulidad, hasta un 'Eres un maldito enfermo de mierda' expresado con esa mirada de odio por parte de los azulinos ojos.

No había entendido por qué esa tarde Saruhiko estaba extraño, incluso llamándolo por su apellido o comportándose torpe hasta para revisar su PDA, pero no le dio mayor importancia. Cuando aquellas palabras salieron de sus labios después de mucho esfuerzo- algo que sonó parecido a un 'me gustas' dicho con un tono de voz poco masculino para su disgusto - Saruhiko puso una apenada expresión y le confesó que era Enomoto en el cuerpo de Fushimi y que fue una orden de parte de su superior tratar de mantener las apariencias hasta el final.

La situación se volvió incómoda y casi sintió deseos de arrojarse por el balcón de su habitación debido a la vergüenza, o de arrojar a ambos cretinos por mantenerlo al margen del asunto. Más Enomoto le dijo que ya sabía de sus sentimientos por Fushimi y que le deseaba la mejor de las suertes cuando se le declarara.

A esa altura, no le sorprendería que el único que no supiera de sus sentimientos fuera Saruhiko, incluso podría apostar a que la pequeña hija de Sachiko lo sabía también... y el bebé ni siquiera hablaba.

Había tomado aquello como una señal de mantener sus labios firmemente cerrados con aquel asunto; debió cambiar de idea después de que Kusanagi, tras parar de reír ante la absurda situación, le aconsejó que lo siguiera intentando - finalmente Sachiko harta de su ensimismamiento le comentó a Kusanagi ese asunto para su total estupor 'Si no estoy yo, estará él para meterle sentido común a esa vacía cabeza tuya'. Eso dijo la mujer y Kusanagi, quien hasta ese entonces no simpatizaba mucho con ella, asintió descaradamente como si hubiesen sido amigos de toda la vida.

No llevaba ni la mitad de décimo intento de mezcla de merengue cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse. Maldijo para sus adentros a Saruhiko, después de que le pidió encarecidamente que llegara más tarde... molesto, quitándose el delantal de cocina por el camino, se acercó hasta el genkan y, con los brazos cruzados observó el rostro que intentaba aparentar inocencia - o algo por el estilo, si era sincero parecía igual de aburrido que siempre, pero tenía esa chispa de haber cometido una travesura de la cual sentirse orgulloso.

—Mierda... maldición Saruhiko, te dije que llegaras más tarde—reclamó con voz exasperada. Su fantástica idea de recibirlo con un pastel antes de la cena se acaba de ir al demonio gracias al idiota que tenía delante.

Saruhiko, después de despabilarse, se río en su cara. Misaki tenía el rostro y el cabello lleno de merengue.

—¿Te ha atacado la batidora, Misaki? —Preguntó con sorna, quitándose su abrigo de Scepter4. Las mejillas sonrojadas de Misaki eran una buena bienvenida en ese día tan molesto.

—Maldita sea, Saruhiko... se supone que tú eres el listo, sólo tenías que ver el jodido calendario para que te hicieras una maldita idea de por qué te pedí que llegarás más tarde...

Saruhiko frunció el ceño algo confundido. Cuando recibió aquel mensaje por parte de Misaki pidiéndole que llegara más tarde al apartamento, supuso que algo había pasado - su naturaleza negativa le repetía incansablemente que cualquier cosa que hubiese sucedido era algo malo y que era mejor quitarse de en medio para evitar salir perjudicado de alguna u otra forma- más después pensó, que si Misaki estuviese con alguien en el apartamento, sería mejor que se diera prisa y que sucediera lo que tenía que pasar, para finalmente darle término a sus inútiles sentimientos. No imaginaba encontrarlo lleno de merengue y sin compañía.


Sentados frente a frente, compartiendo la cena sobre el kotatsu, Saruhiko observaba al castaño con curiosidad. No esperaba que Misaki le reclamara, después de salir del relajante baño, por el hecho de haber olvidado su propio cumpleaños.

Siempre podría haber comprado un pastel, pero si era honesto consigo mismo, nada se comparaba a las cosas que preparaba Misaki, por más extrañas que éstas fueran.

La carne estaba deliciosa y no había rastros de verduras por ninguna parte. Tampoco había rastro de conversación entre ellos. Usualmente Saruhiko agradecía los silencios cuando las cosas en Scepter4 se ponían un poco pesadas, pero no le gustaba que Misaki estuviera tan distraído-mucho menos en aquel día que era su cumpleaños y en donde Misaki debería brillando y sonriéndole.

¿Quizás era culpa suya por pasar un dedo sobre su mejilla cubierta de merengue y probarla antes de ir a cambiarse de ropa?

—Misaki, es molesto que te comportes así, tu cerebro no está acostumbrado a pensar tanto y podría sobrecalentarse ¿sabes?—comentó burlón, ante la expresión llena de reproche del castaño—. ¿Qué demonios está pasando?

—¿¡Ah!?¿Po-Por qué habría de pasar algo? Te estás imaginando cosas—negó con nerviosismo—.¿Qué tal te fue con los azules hoy?

—Tsk, no cambies el maldito tema— murmuró molesto—.Si hay algo que quieras decirme, escucharé.

Misaki desvió su mirada, posándola sobre aquella fotografía que se tomaron en la noria la navidad del año pasado, donde ambos sonreían tranquilos y felices. Si le decía a Saruhiko sobre sus sentimientos ¿Qué seguiría después? Si era optimista, quizás le diría que no sentía lo mismo y las cosas continuarían de la misma forma que siempre; pero el pelinegro no era de los que olvidaba... y posiblemente se sentiría incómodo al estar cerca de alguien que estaba enamorado de él y que supuestamente era su mejor amigo.

'Yata-chan si quieres mi opinión, yo creo que deberías decirle'

'Vamos Misaki, si ocurre el peor de los casos que te imaginas, es porque él no valía la pena, además si llega a decirte toda esa mierda que piensas va a conocer el lado desagradable de Nanahara Sachiko'

'Todo saldrá bien, Misaki. Saruhiko y tú tienen un lazo inquebrantable'

'Yata-san, dudo que Fushimi se aleje de ti si se lo dices'

'No conozco del todo a Fushimi-san, pero sé que contigo es con el único que sonríe de esa manera'

Tomó aire y se perdió en aquella azulina mirada que tanto le gustaba, Saruhiko lucía algo preocupado y él se sentía culpable por hacer del cumpleaños de la persona que quería un total asco, Saruhiko debería estar sonriendo, no preguntándole qué demonios le pasaba.

Sólo tenía que decirle que lo quería, sólo eso. No sería la primera vez que le decía a alguien esas dos palabras, pero sí sería la primera vez que se lo diría a alguien con quien no compartía lazos sanguíneos... y de todas formas, sí sería la primera vez que estaba enamorado.

—Yo te...verás yo...

—¿Qué?—preguntó con impaciencia ante el tartamudeo absurdo del castaño.

—Te... te quiero agradecer por estar conmigo este día. ¡No sabes lo importante que es tenerte junto conmigo hoy!—comentó con una sonrisa forzada, poniéndose de pie de forma imprevista—.¡Iré por el pastel! no perdí toda la maldita tarde para que no lo pruebes. No tardo.

El ojiazul observó la figura de Yata desaparecer en la cocina

—¿No soy yo quien debería decir todo eso?—murmuró confundido, sintiendo que se había perdido de algo importante.


NdA:

¡Muchas gracias por leer!

¡Nos vemos en el próximo capítulo!


0.0: XD Sarumi es amor y se respira en el aire ains…que bueno que te guste como voy llevando las cosas xD sé que va lento pero… por suerte ya estoy mejor de mis manos. Me cuidaré, lo prometo; tú también cuídate. ¡Muchas gracias por leer y comentar!

Guest: ay tranquila, es entendible–yo no podría sobrevivir sin internet decente, te admiro D: - me alegra que digas eso, que a veces siento que ésta historia se me escapa de las manos algunas veces. Oh, no es que ame programar, pero pagan bien :P así aprovecho de darme mis gustos. Muchas gracias por leer y comentar~