Muchas gracias por leer.

K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.

Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.


Capítulo 12: Primer Amor.


Kusanagi observaba con satisfacción y orgullo la elegante decoración del bar que los chicos de los cuatro clanes llevaron a cabo en conjunto para su grata sorpresa. Dejando atrás los viejos rencores, la alianza mesa de café y los dos miembros restantes de JUNGLE tomaron la decisión de celebrar todos juntos la navidad. Aunque 'todos' era una exageración, Yata y Fushimi cenarán por su cuenta en el departamento del primero.

Y hablando de esos dos, y su no-romántica-cena-según Yata, debía intentar reprimir una risa junto a Kamamoto al ver al joven castaño caminando como león enjaulado por todo el bar. La ansiedad y los nervios sacaban lo peor del menor, pero para Kusanagi no dejaba de ser enternecedor verlo de aquella forma, después de todo el primer amor ocasiona ese tipo de desastres hasta en las personas más seguras de sí mismas.

—Yata-chan, harás un agujero en el piso de mi bar como sigas caminando de esa forma—comentó con sorna, encendiendo un cigarrillo ante la expresión consternada del menor.

—Lo-lo siento—murmuró apenado, acercándose a la barra del bar para tomar asiento ante la sonrisa afectuosa de aquel hombre que veía como un hermano mayor.

Tamborileó con sus dedos la mesa con inquietud. ¿Por qué demonios los minutos pasaban tan lento?

Misaki levantó la mirada y Kusanagi sólo volvió a sonreírle, provocando que se removiera incómodo de la silla, ante aquel nerviosismo bajó su gorra para ocultar su sonrojado rostro.

—No estés nervioso, Yata-san—repitió por décima vez el de mayor contextura.

—¿Cómo mierda me puedes pedir eso? —preguntó sorprendido, tomándolo del cuello de su sudadera sin delicadeza—.Le voy a decir a mi mejor amigo que me...que me gu-gu-gusta y… ¿Quieres que esté tranquilo? ¿¡Es una puta broma!? Quizás Saruhiko intente matarme...

Kusanagi, algo sorprendido por lo denso e histérico del castaño, palmeó su cabeza, con algo de fuerza, como si fuese un niño pequeño. Saruhiko lo quería de la misma forma, si es que no lo quería más. Por supuesto, sabía que existía la posibilidad que Fushimi rechazara a Yata, más que nada porque no sabría cómo responder ante el escenario de ser correspondido. Pero posiblemente el tercero al mando del clan azul entre en razón antes de que las cosas entre ellos empeoren… o eso esperaba, no tenía deseos de lidiar con un Misaki deprimido en estas fechas, no ahora que la teniente de Scepter4 finalmente aceptó salir con él para año nuevo.

—Dudo mucho que Fushimi intente matarte, al menos no de la forma en la que estás pensando—murmuró Kamamoto insinuante, obteniendo una muda reprimenda por parte del dueño del bar.

—¿Ah?

—Olvídalo Yata-chan— exclamó rápidamente Kusanagi, si bien apoyaba a ambos muchachos con su futura relación, ciertamente había cosas que jamás querría imaginar, entre ellas, la hora de intimidad de esos dos.

—¿Ya tienes todo preparado para la cena, Yata-san?

—Eso creo—murmuró dudoso.

—Estarás bien— añadió Kusanagi.

Misaki no sabía si sentirse aliviado con las palabras del mayor, después de todo, la sonrisa de Kusanagi se parecía a aquella que se dibujó en el rostro de Sachiko después de que ésta le entregara el pastel navideño, recordándole que lo adecuado es conversar y tenerse mucha confianza para llegar más lejos...aunque si lo hacían, no existían posibilidades de embarazo.

Después de aquellas palabras Misaki decidió huir del restaurante avergonzado y esconderse en el bar, lejos de aquella pervertida mujer.

Sólo esperaba que Kusanagi no saliera con ese tipo de cosas tan raras.


Cuando abrió la puerta del apartamento no pudo evitar estornudar.

La nieve cubría lentamente las calles de Shizume y, si bien pudo escapar de ella, no pudo hacerlo del frío que calaba hasta sus huesos. Quitándose sus botas en el vacío genkan -al parecer Misaki aún no llegaba a casa- se puso sus cómodas y simples zapatillas de estar, para encaminarse a la habitación del castaño- ¿O a la habitación de ambos? No sabría decirlo realmente, después de todo, la mitad de esa habitación estaba llena con sus pertenencias.

Con lentitud observaba los pasillos del lugar, hasta llegar a la habitación.

El pensamiento de quedarse en los cuarteles resguardado del frío pasó fugazmente por su cabeza, pero debió desecharlo inmediatamente. Misaki y él prometieron cenar juntos en navidad.

Aún le sorprendía no sólo haber tenido valor suficiente para hacerle ese pedido, sino que también haber sido bastante honesto aquella noche-quizás debido al cansancio- para decirle que realmente con quien más quería estar, en especial ese día, era con Misaki. Y su corazón no pudo evitar acelerarse cuando el castaño, con una hermosa sonrisa, le dijo que diera por seguro aquello, sellando aquella promesa con sus meñiques, como antaño, cuando no eran más que ellos dos en su pequeño mundo.

Fue una lástima que el maldito pájaro de Jungle saliera de quién sabe dónde y repitiera aquellas vergonzosas palabras hasta el cansancio, tergiversándolas de tal forma que acabó en la frase. 'Te quiero, Misaki', con el castaño riéndose de Saruhiko por su infructuoso intento de golpear con la almohada a la dichosa ave.

Recostándose sobre la cama boca abajo después de haberse quitado los anteojos y chaqueta, dejándolas descuidadamente a un lado de él, gimió al sentir como sus tensos músculos se relajaban. Suspirando, no pudo evitar pensar en que quizás era un error que Misaki y él celebraran este día. Él no era un optimista ni nada parecido- él siempre se preparaba para lo peor-pero que Misaki prefiera pasar ese día con él por sobre HOMRA le provocaba cierto cosquilleo en su cuerpo que no dejaba de ser del todo agradable, más había algo que le estaba molestando profundamente.

Misaki, fiel a la promesa, trajo el pastel navideño, el cual había sido un regalo por parte de Nanahara para ellos dos. 'Para que tomen el valor necesario y se digan la verdad de una buena vez. Pasen una feliz navidad', ambos se observaron con nerviosismo y Misaki, quien destruyera aquella tarjeta con sus pocos poderes, replicó que Sachiko estaba con tanto estrés y que salía con mierda así de extraña de vez en cuando.

El sólo pudo mirarlo. Mirarlo a conciencia, como si fuera la primera vez, desde la punta de los pies hasta el último de sus castaños cabellos. Sintiendo un frío extraño recorriendo todo su cuerpo.

Sachiko sabía.

No lograba entenderlo del todo, pero aquella molesta mujer lo sabía y Misaki no. Si podía darle vueltas a aquella revelación, no sería del todo extraño pensar que tal vez Misaki lo quería de aquella misma forma. Después de todo, esa mujer no se molestaría en hacer una tarjeta tan insinuante para ambos, más si el receptor directo de aquel presente era Misaki.

—¿Saruhiko? ¿Qué pasa, estás bien?—preguntó con un obvio tono preocupado.

El pelinegro, cayendo en cuenta que se había quedado dormido al sumirse en sus pensamientos, observó la borrosa figura de Yata que se encontraba en el resquicio de la puerta.

—¿Qué hora es?—preguntó en un murmullo, tanteando la cama en búsqueda de sus perdidos anteojos.

—Son casi las ocho—respondió tratando de evitar reírse, ante la divertida escena —.En cuanto logres encontrar tus escurridizos anteojos, cámbiate de ropa y ayúdame a adornar el árbol de navidad.

Saruhiko, aunque no pudiera verlo del todo, podía asegurar que Misaki sonreía muy pagado de sí mismo. Después de escuchar la puerta cerrarse, chasqueó la lengua.

Tal vez si era un error el que pasaran juntos aquella velada, ¿Por qué Misaki habría de quererlo después de todo lo que había pasado entre ellos? Un par de palabras venenosas eran posibles de olvidar, quizás. Pero las heridas físicas, como esa cicatriz en el brazo derecho que él había ocasionado y que muchas veces observaba con culpabilidad, era el eterno recordatorio de los sucesos dolorosos que les tocó vivir antes de llegar a aquella dulce normalidad.

—Quizás no debería volver más a este lugar—murmuró molesto consigo mismo por el hilo de sus pensamientos.

Definitivamente, no quería alejarse de Misaki. No ahora que tenía la esperanza de que el castaño sintiera lo mismo.


Tras ponerse una chaqueta deportiva de color negro lo suficiente abrigadora sobre su simple camisa blanca y unos jeans de un azul pálido, se encaminó hacia la sala de estar con bastante lentitud. No tenía deseos de adornar un árbol de navidad - difícilmente logró escaparse de aquel molesto asunto en Scepter4, Munakata realmente era una persona demasiado exagerada, más considerando que pasarían navidad en HOMRA.

—¿Qué demonios...?—murmuró con sorpresa Saruhiko, observando la leve decoración en el lugar.

Un pequeño árbol navideño, al lado izquierdo del televisor, que no debía sobrepasar los cien centímetros, adornado por enormes bolas de colores rojo, azul y violeta; y perezosa sobre la mesa, preparada con cubiertos y un mantel bastante fino, un arreglo con unas flores extrañas que en su vida había visto: de cinco pétalos de colores violáceo pálido con una forma parecida a un corazón y su centro de un amarillo oscuro irregular, como si alguien hubiese arrojado sobre ellas un bote de pintura.

—Oye, no te quedes parado ahí como idiota—reclamó Misaki, a espaldas de Saruhiko—.Si que te tomaste tu tiempo para cambiarte, sólo falta poner la estrella.

Saruhiko observó al castaño como si no lo reconociese para nada. Misaki se veía francamente bien con la sudadera rojo oscuro y aquellos pantalones cortos de color café. Toda su ropa iba conforme a su talla y parecía brillar como nunca. ¿Siempre había sido así?

—¿Y por qué no la pusiste tú?—Preguntó sin salir del todo de su estupor, sintiendo como lentamente sus mejillas se coloreaban. La decoración se veía demasiado íntima, como si fuese una pareja la que celebraría aquella noche, y más el encanto del ojiavellana, no sabía qué decir sin ponerse en evidencia. Moría por tenerlo entre sus brazos aunque sea sólo un momento.

—¿Uh? Bueno, dicen que si pones la estrella puedes pedir un deseo... —murmuró inseguro, acercándose al pequeño árbol navideño.

—Misaki—llamó, obteniendo la completa atención del castaño, quien se girara levemente—.Esa es una mentira que ni los mocosos creen.

Misaki no pudo evitar sonrojarse ante las palabras burlonas del pelinegro, quien, acercándose a él, acariciara sus cabellos como si fuera un niño pequeño.

—Aun si lo fuera... Toma la maldita estrella de una vez—refunfuñó avergonzado.

—Tsk... ¿Por qué demonios tengo que hacerlo?— murmuró para sí mismo.

—Porque prometiste que tendríamos un árbol de navidad y yo traje el dichoso pastel— explicó. Al escuchar como Saruhiko chasqueaba la lengua nuevamente, Misaki lo regañó con la mirada—.Que lo hagas, maldición.

—Ya entiendo, no llegas a la punta del árbol…

Saruhiko sonrió burlón.

—Voy a golpearte… — murmuró ofendido, sintiendo como Saruhiko arrancaba sin delicadeza la pequeña estrella navideña de sus manos. Con asombro, observó al pelinegro poner descuidadamente el adorno en la punta, logrando que todas las esferas se balancearan peligrosamente —.¿¡Qué demonios!? Ten cuidado con los malditos adornos, sino se quebrarán.

—¿Por qué demonios no compraste los típicos de plástico?

—¿Ah? Esos venían con demasiados colores, yo sólo quería estos tres-murmuró con nerviosismo, logrando evitar que una de las bolas de colores impactara en el suelo.

No es como si Saruhiko fuera tan denso como Misaki para no entender el significado de aquellos tres colores. Azul y Rojo por los colores de los clanes a los cuales pertenecían y Violeta para resaltar su nueva y mejorada amistad, uniendo ambos colores. Pero eso sería todo… Misaki había sido la primera persona que él permitía que ingresara a su vida y él sabía que había sido porque, en un principio, Yata tenía un 'no-sé-qué' que llamaba poderosamente su atención cuando no eran más que unos pre-adolescentes. Más ahora, con todo lo que había pasado entre ellos, volvió a permitirle entrar y sabía exactamente que la razón era porque lo quería.

Quería a Misaki de una forma que jamás habría esperado quererlo - él ni siquiera comprendía exactamente lo que significaba querer a una persona del todo, pero el único que provocaba reacciones molestas en su cuerpo por casi cualquier estupidez era Misaki- y decírselo era algo impensable. Misaki no se alejaría de él por algo como eso en caso de no corresponderle; aunque tampoco sería extraño pensar que Misaki si podría quererlo de aquella misma forma, después de todo, el comportamiento cariñoso de ambos en la playa fue la comidilla en Scepter4 todo un mes, y aquello no hizo más que alimentar sus vagas esperanzas.

¿Pero qué debía hacer? Él definitivamente no tenía deseos de cruzar por su cuenta el puente, como decía Munakata. Y presionar a Misaki era un arma de doble filo en donde nunca se podría asegurar que tan mal podría responder el castaño; su reacción podría no ser aquella que esperaba, y todo podría desmoronarse… pero debía arriesgarse.

—¿Realmente quieres estar acá conmigo?—preguntó Saruhiko, sobresaltándolo—.HOMRA se iba a reunir hoy ¿no? Quizás preferirías estar allá con ellos, o quizás con Nanahara-san...

Misaki, observando aquella bola navideña que cargaba en sus manos, trataba entender las palabras de Saruhiko sin éxito. Lo hacía porque, era más que obvio para quien lo conociera, que él no diría esa clase de cosas sin un segundo significado de por medio.

—¿De qué mierda estás hablando?— preguntó consternado después de unos cuantos minutos de silencio, sin entender del todo la pregunta por más que lo intentaba—.Prometimos el año pasado que cenaríamos sólo nosotros dos. ¿Te estás arrepintiendo ahora?

Saruhiko, molesto consigo mismo por borrarle la sonrisa a Misaki, se cruzó de brazos intentando apaciguar la ansiedad que sentía en la boca del estómago. No estaba llegando al punto que quería y aquello era frustrante.

—¿No entiendes qué día es hoy?

—¿Ah? Por supuesto que sé qué día es hoy… es navidad— respondió con sarcasmo, dejando la bola navideña descuidadamente sobre el televisor—.¿Qué es exactamente lo que quieres decir? Si no lo dices claramente no lo entenderé Saruhiko.

Misaki, cruzando los brazos, observaba con preocupación al pensativo pelinegro. No estaba entendiendo del todo el rumbo de la conversación; todo había estado relativamente bien entre ellos, si así se le podían decir a aquellas situaciones algo vergonzosas en las que el castaño tenía que huir rápidamente hasta el baño para calmarse o donde Saruhiko lo dejaba con las palabras a medio camino y se iba a encerrar a la habitación, con seguro - en serio, era su habitación y Saruhiko se iba a encerrar en ella como si fuese de su propiedad y él tenía que joderse-. No recordaba haber hecho algo que molestara la frágil susceptibilidad del menor en estos últimos días.

—Olvídalo…—respondió después de un instante de vacilación ante la descarnada acusación de los ojos avellanas—.Quizás sea buena idea ir a HOMRA con los demás…

Misaki, harto, se acercó hasta el moreno y lo jaló del cuello de su camisa, sacudiéndolo levemente.

—Maldición Saruhiko, ¿Qué mierda es lo que te pasa? tu...—recordando que aquella escena era demasiado similar a la de aquella tarde en que ambos separaron sus caminos, detuvo su arrebato, con sus manos temblorosas ante un asombrado Saruhiko—.¿Re-realmente tú quieres estar este día conmigo?

—No estaría aquí si no lo quisiera… —murmuró.

Saruhiko necesitaba que Misaki se diera cuenta sin necesidad de más palabras, que entendiera todo con sólo una mirada, pero sabía que aquello era imposible; no estaba en la naturaleza de Misaki, ni de nadie, comprender los sentimientos del resto de las personas sólo con un par de palabras inconexas o solicitudes simples. Las cosas no eran así de fáciles. A veces recordaba las palabras de Munakata, donde le decía que debía saber dónde presionar para obtener la respuesta que tanto anhelaba escuchar o reunir todo el valor para decir dos simples palabras. ¿Por qué era tan difícil decirle que lo quería?

—Saruhiko yo...

—¿No me odias?—interrumpió en un murmullo tranquilo, posando ambas manos sobre las mejillas de Misaki, impidiendo que éste apartara su mirada de alguna forma—.¿Por qué eres capaz de sonreírme como si nunca hubiese pasado nada?

—¿De qué demonios estás hablando?— preguntó extrañado, posando sus manos sobre las contrarias que aún se encontraban sobre sus mejillas. Intentando no abrumarse por lo mal que estaban saliendo las cosas.

—Si yo fuera tú, jamás me perdonaría—murmuró—.Es más, creo que sería capaz de fingir perdonarte y luego vengarme… ¿No sientes deseos de eso Misaki?

Temblando de impaciencia al oír cómo Saruhiko decía una estupidez tras otra, volvió a tomarlo del cuello de su camisa dejando un nulo espacio de distancia entre sus cuerpos.

—¿Me odias?— Preguntó con voz temblorosa, sintiendo como una amarga sensación subía por su garganta al ver los opacos ojos de Saruhiko—¡Yo jamás podría hacerlo imbécil, si eres la persona que me gusta!

Aquella bola navideña, que perezosa se encontraba sobre el televisor, lentamente se precipitó al suelo quebrándose; ocasionando que azul y avellana observarán aturdidos los pedazos de cristal. Misaki se golpeó mentalmente por su arrebato, alejándose lentamente del pelinegro.

Se suponía que su declaración tenía que ser calmada, serena y llena de afecto, demostrando el alcance de sus sentimientos y una madurez que dijera claramente que estaba preparado para cualquier tipo de respuesta de su parte después de la cena romántica que había calculado milimétricamente ¡Tenía que ser una declaración genial! Pero no estaba en sus planes que Saruhiko se comportara como un imbécil, mucho menos había pensado en gritarle sus sentimientos y, además, insultarlo al mismo tiempo.

«Esto apesta», pensó resignado, sin ser capaz de mirarlo a los ojos.

—¿Qué tú… qué? —preguntó Saruhiko, lentamente

—Lo oíste claramente la primera vez—respondió avergonzado, cruzándose de brazos—.Ni mierda que volveré a repetirlo.

—Creí que te gustaba Nanahara-san…

—¿¡Qué clase de mierda tienes en la cabeza!? La única persona que me gusta eres tú…—gritó conmocionado—.Ella… pensar eso con ella suena asqueroso.

—Ah, volviste a decirlo—añadió burlón, ocasionando que Misaki, con un puño en alto, le gruñera molesto—.Entonces ella no te gusta ¿uh?

Saruhiko, después de murmurar aquellas palabras, posó sus azulinos ojos sobre el árbol navideño. Eran estas clases de sensaciones que sabía que nadie más que Misaki podría provocar en él. Su pulso acelerado, la sensación de vértigo en su estómago y el maldito sonrojo en sus mejillas. Era desagradable sentirse así, más valía la pena sólo por ser el receptor de aquellas dulces palabras que salieron de los labios de Misaki, con insulto incluido.

—Claro que no, jamás podría gustarme— negó tajante, revolviéndose los cabellos con nerviosismo—.Iré a buscar la cena.

Un poco avergonzado ante sus deseos de abrazarlo y no soltarlo nunca más, Saruhiko lo aprisionó entre sus brazos impidiéndole la huida, y apoyó su frente en el hombro del más bajo.

—Dilo otra vez— murmuró Saruhiko, sintiendo como el moreno cuerpo se tensaba—.Por...favor...

Misaki suspiró resignado, sintiendo como su corazón latía apresuradamente gracias al calor de Saruhiko.

Por la ventana podía observarse la tormenta de nieve que se aproximaba a la ciudad. Misaki no quería decirlo de nuevo, aquello no era una broma, más el comportamiento tan extraño de Saruhiko lo confundía. Si fuese a rechazarlo entonces no lo estaría abrazando o no le pediría que repitiera su declaración con tal necesidad ¿No? ¿Qué importaba que repitiera correctamente esas dos palabras? Ya suficiente lastimado tenía su orgullo por ser quien se declarara - eso era algo que hacían las chicas, maldición- y aunando a eso, ser considerado el idiota más grande del mundo por declararse e insultar a la persona al mismo tiempo. ¿Habría alguien más en el mundo que hiciera esa estupidez?

—Me...gustas...—volvió a decir, con más calma, sintiendo como la poca distancia que separaba sus cuerpos disminuía por completo—.¿Sa-Saruhiko?

—También me gustas, Misaki—susurró cerca de su oído, sintiendo como el cuerpo del contrario se estremecía.

—Ah…-murmuró con tranquilidad, apoyándose levemente en el cálido cuerpo contrario—.¿¡Qué!?

Sintiendo como Misaki apoyaba sus manos para crear una leve distancia entre sus cuerpos, se perdió en los brillantes ojos avellanas que lo observaban con sorpresa y, con un calor ardiente en sus mejillas después de unos cuantos minutos en la misma posición, apartaron al mismo tiempo la vista con vergüenza.


Además de haber estado parados en el comedor como dos idiotas por bastante tiempo, cuando finalmente se separaron, Misaki había huido rápidamente a la cocina para traer la cena. Estar sentados frente a frente en un ambiente quizás demasiado romántico resultó bastante incómodo los primeros diez minutos. Eran incapaces de mantenerle la vista al otro; se parecía bastante a esa primera cena que compartieron después de su reconciliación, donde no había nada que decir. Saruhiko no sabía definirlo del todo pero era bastante diferente y quería preguntarle muchas cosas a Misaki, más su voz no respondía. Finalmente harto de tanto silencio, Saruhiko le pidió a Misaki que durmieran juntos en la cama, provocando que el castaño casi escupiera su bebida debido a la impresión y finalmente volviera todo a la normalidad.

Aparentemente.

Ahora acostados en la habitación matrimonial, Fushimi chasqueó la lengua debido a lo absurdo de la situación.

—¿Por qué demonios me estás dando la espalda?—preguntó molesto, posando una de sus manos sobre los suaves cabellos castaños.

—Maldición, ¿Qué no te da vergüenza esto?—dijo Misaki, escondiéndose entre las sábanas. Saruhiko, con aburrida expresión, puso uno de sus fríos y desnudos pies sobre los del contrario—.Que me dejes, joder…

—Voltéate—ordenó con un tono divertido, recibiendo a cambio un almohadazo en el rostro—.¿Cómo demonios voy a besarte si no me das la cara?

—¿Be-be-besar?

Saruhiko resopló exasperado.

—En serio, ¿Qué tan virgen puedes ser? las personas que se gustan hacen esas cosas, ¿O debo explicarte Mi-Sa-Ki?

No es que no quisiera besarlo, si tenía que ser honesto moría de deseos de finalmente dar su primer beso. Más la vergüenza y el nerviosismo le jugaban una muy mala pasada en estos momentos, después de todo estaba una fría noche de invierno compartiendo la cama con Saruhiko y el calor que emanaba su cuerpo era intoxicante.

—Déjame en paz…

—Virgen…—murmuró con burla, consiguiendo que el castaño, con su rostro adorablemente sonrojado, se volteara con enfado. Tras observar los castaños ojos por un par de minutos, suspiró—.¿Y bien?

—¿Ah? ¿Qué con eso? —preguntó confundido, ante el tono demandante del pelinegro—.No, olvídalo. Tú querías besarme, yo no lo haré…

—Tsk… Misaki no hagas más difícil esto.

—¿Yo lo estoy haciendo difícil?—repitió perplejo.

Saruhiko, comprendiendo que podían estar discutiendo toda la noche este pequeño asunto, tomó todo su valor y se acercó lentamente a Misaki.

—¿Por qué demonios te estás alejando?— masculló hastiado, sintiendo como las manos de Yata sobre su pecho trataban de mantener una distancia que le estaba empezando a molestar.

—¿¡Qué no te pones nervioso o algo!?—gritó en voz baja, sintiendo el borde de la cama—Mierda…

—No es que no esté nervioso, idiota, pero puedo ocultar eso mejor que tú…— murmuró para sí mismo, siendo consciente que Misaki podía oírle perfectamente—.A-Además, siempre he querido...estar así...contigo.

Al oír aquellas palabras dichas con un tono tan afectivo y nervioso por parte de Saruhiko, Misaki se sorprendió. No por lo que dijese el ojiazul, sino porque aquello realmente estaba sucediendo.

Saruhiko lo quería, de esa misma y necesitada forma que él.

—Yo… te… quiero—murmuró Misaki, escondiendo su cabeza en el pecho de Saruhiko quien, con sus mejillas completamente sonrojadas, no pudo evitar sonreír levemente y abrazar más fuerte aún al castaño.

—Dilo otra vez…—susurró.

Removiéndose lentamente dispuesto a replicar ante ese molesto pedido, observó de cerca los bonitos ojos azules que reflejaban cariño e inseguridad. Misaki no pudo evitar suspirar internamente, derribar todos los miedos de Saruhiko sería una tarea larga y difícil, pero bien valdría la pena; podría consentirlo de vez en cuando, como ahora. Decirle nuevamente esas dos palabras no debería ser complicado sabiendo que era correspondido. Porque lo era ¿Verdad?

—Te quiero—repitió con seguridad, acariciando el blanco rostro libre de los molestos y gruesos anteojos—.¿Y tú?

—Yo también te quiero, Misaki— respondió con cariño, acercando levemente su rostro al del mayor.

No pudo evitar cerrar los ojos ante el dulce calor de la respiración de Saruhiko, y debió usar todo su autocontrol para no suspirar ante las leves caricias en su espalda que sólo le provocaban un agradable cosquilleo en todo su cuerpo. Si debía ser honesto, él imaginaba su primer beso con una chica, con la incomodidad y falta de tacto como protagonistas, y donde lo haría más por demostrar algo ante sus amigos que por verdadero afecto… más esto era mucho mejor.

Sentir los finos labios de Saruhiko acariciando los suyos era indescriptible, sus labios cosquilleaban y sentía miles y millones de mariposas revoloteando por su estómago cada vez se separaban para tomar aire y volver a besarse con calma.

¿Así se sentía el primer amor correspondido?

Acarició a Saruhiko por sobre la camisa de algodón negra que utilizaba para dormir. No quería que lo soltara, no ahora que sabía que su lugar estaba entre aquellos brazos que se aferraban a su cintura.


NdA:

Lamento la demora, estuve enferma.

muchas gracias por leer~ nos vemos en el próximo capítulo.


0.0: Misaki es una olla a presión en realidad XD, muchas gracias, me alegro que te guste. Es que Sachiko sabía que no obtendría una respuesta sincera si no lo apretaba un poco XD. Gracias por leer y comentar~

Guest: bienvenida al maravilloso mundo del SaruMi uwu te doy la cordial bienvenida. Muchas gracias por tus lindas palabras, aun sigo peleando para mantenerlos IC pero me cuesta tanto que ugh, ya me he rendido con eso... Sip, lo de Sachiko y Misaki se aclarará en unos capítulos más. Muchas gracias por leer y comentar~

IFABWEFAB: pues...lo dejo al gusto del consumidor (mikototsu o mikorei, me gustan ambos y espero haber sido bastante ambigua XD) gracias, y nop, no lo dejaré, sólo estuve enferma y tuve que parar simplemente. Gracias por leer y comentar.