Muchas gracias por leer.

K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.

Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.

¡Cuidado con la última escena del capítulo! (contenido algo...adulto)


Capítulo 13: (In)Seguridad.


El calor y aroma de Misaki siempre era agradable de sentir en cualquier momento y circunstancia, le brindaba una paz y seguridad que no sabía que le era tan necesaria. Abrió los ojos y lo primero que pudo distinguir fue el rostro algo borroso del castaño muy cerca del suyo. Los recuerdos de la noche anterior asaltaron su cabeza, confundiéndolo de tal forma que no sabría decir si aquello fue producto de su necesitada imaginación o un simple sueño como tantos otros; después de todo esa no era la primera vez en que veía ese rostro durmiente y tranquilo tan de cerca.

Misaki se removió y lentamente abrió sus transparentes ojos avellanas. Se observaron por un largo tiempo en silencio, sintiendo un leve calor en sus mejillas debido a la cercanía de sus cuerpos. Sólo ahora, después que Misaki se apoyara en el pecho de Saruhiko, como si aquello fuese lo más normal del mundo, se percató que sus pálidas manos seguían aferrándose a la cintura del moreno; no pudo más que suspirar internamente de alivio.

Aquello había pasado realmente; Misaki se le había declarado y estuvieron compartiendo besos, caricias y palabras de afecto durante toda la noche, una noche perfecta.

Saruhiko mantenía silencio sin saber cómo proceder de ahora en más. ¿Debería besarlo después de darle los buenos días? ¿Y cuándo se fuera a trabajar? ¿Y cuándo volviera? Si así se le antojaba, ¿Podría besarlo cuando quisiera? ¿Qué significa exactamente estar con alguien? Salió de sus pensamientos al sentir como una de sus mejillas era acariciada por el castaño, como si le preguntara de aquella sutil forma si todo iba bien.

—Oye—llamó de pronto, con un suave tono de voz—.¿Qué sigue ahora?

—¿De qué hablas? — Preguntó Misaki confundido, moviéndose de su cómoda posición para observar el bello rostro de Saruhiko, libre de los gruesos anteojos.

Podía estar horas así, reconfortado por el calor que provocaban ambos sobre la cama, reflejándose en aquellos pozos castaños que lo observaban con infinito afecto.

—¿Qué se supone que se hace ahora que… estamos juntos de alguna manera?

—¿Ahora que estamos… ? — repitió con un leve rubor. Escondió su cabeza en el pecho del ojiazul, sintiendo sus acelerados latidos. En parte le aliviaba el saber que no era el único nervioso en esa estrecha cama—.N-No lo sé. Ver películas, salir a lugares, comer juntos… apoyarnos y esas cosas… De-de eso se trata ¿No? Ser… cariñosos con el otro… to-tomarnos de las manos o esas mierdas.

Saruhiko se incorporó para ponerse sus anteojos y así observar claramente al castaño después de decir aquellas vergonzosas palabras.

—No es muy distinto a lo que hacíamos antes…quitando lo último —murmuró para sí mismo, cayendo en cuenta que quizás, con ese comportamiento tan cercano entre ellos, se pusieron en evidencia ante todo Scepter4, HOMRA y aquella molesta mujer—.Tsk, eso explica todo…

Saruhiko, recostado nuevamente, apretó el puente de su nariz ante aquella revelación; posiblemente a estas alturas los último en enterarse que estaban juntos eran ellos dos. No le molestaba que se supiera que Misaki y él ahora estaban juntos, es más, a pesar de que llevaban sólo unas cuantas horas como pareja, sentía deseos de gritar ante todo el mundo que Misaki era suyo; más sabía que a la vanguardia de HOMRA no le gustaría eso, después de todo tenía cierto complejo con su masculinidad y, admitiendo que salía con un hombre, perdería todo el respeto de la gente que le importaba.

—Saruhiko…—llamó. Ante la falta de respuesta del pelinegro, apretó una de sus mejillas con un poco de fuerza—.No me ignores maldición…

Saruhiko frunció el ceño ante la acción del castaño.

—Habla de una vez… —dijo con un leve hastío que desapareció ante la cercanía del rostro de Misaki.

—¿Pu -puedo… puedo besarte?—murmuró nervioso, evitando mirar los azulinos ojos del menor, quien apretó una de sus mejillas en venganza después de aquel pedido —. Para ya con eso, joder… estoy demasiado nervioso…

—¿Cómo demonios haces esas preguntas tan vergonzosas? —murmuró sorprendido, sintiendo como la temperatura de su rostro comenzaba a aumentar.

—¿Me vas a dejar o no? Sino iré a hacer el desayuno— dijo de mal humor, estirándose hacia la mesa auxiliar para revisar su PDA. Tras una mueca sorprendida, volvió a recostarse donde estaba aquel calor que estaba comenzando a ser una necesidad para él—. Preparar el almuerzo, mejor dicho…

Saruhiko, observando los castaños cabellos, se maldijo a sí mismo. No era que le molestara el peso de Misaki, pero si se le dificultaba respirar un poco- siendo sincero, al ser más alto que él debería poder soportar su peso, más debido a su delgada contextura no era de extrañar que Misaki tuviese más fuerza física que él, era un poco inconveniente para sus propósitos. Quizás debería comenzar a ejercitarse un poco para poder cargar al moreno entre sus brazos.

Con mucho esfuerzo, se removió de la cama y se incorporó, logrando que Misaki, ante el movimiento brusco, terminara sentado en su regazo tal como quería; frente a frente, con sus morenas mejillas irresistiblemente sonrojadas.

—¿Y bien? ¿No querías darme algo ahora? —preguntó con tono insinuante.

—N-no… no es una posición de-demasiado… —comentó con voz temblorosa, observando cómo sus piernas rodeaban la cintura del menor de forma instintiva.

—Deja de tartamudear—interrumpió con cansancio, escondiendo la leve vergüenza y ansiedad que le provocaba la nueva posición.

—¡Estoy sentado sobre ti!—exclamó con vergüenza.

Saruhiko chasqueó la lengua ante la boba observación de Misaki.

—¿Y?—murmuró sobre los suaves labios del castaño—.Deja de alarmarte por cada cosa, virgen…

—Deja de decirme v-virgen, maldición—reclamó dando pequeños golpes sobre los hombros del pelinegro.

Saruhiko sonrío satisfecho después de unos segundos, cuando Misaki se resignó y lo rodeó con sus brazos.

—¿No me vas a dar mi beso de buenos días, Misaki?

—N-no bromees con eso… —murmuró evitando mirar directamente el rostro del más alto.

—No estoy bromeando.

Saruhiko reprimió un suspiro exasperado cuando Misaki volvió a esconder su avergonzado rostro después de darle un simple beso en la mejilla. Aquello tomaría tiempo, pero tendría paciencia.

—Es… es genial estar así… contigo… —murmuró con timidez, sintiendo como Saruhiko lo obligaba a mantenerle la mirada al posar ambas manos sobre sus mejillas y alejarlo de aquel refugio, frunció el ceño segundos después—. Como digas alguna mierda para molestar en este maldito momento te haré dormir en la jodida bañera…

—No iba a decir nada— respondió con fingida inocencia, con una leve sonrisa.

—Seguro que no…

—Te quiero… —murmuró suavemente, en el oído del mayor, sintiendo como su cuerpo se estremecía—.No me irás a mandar a la bañera por eso ¿O sí?

Misaki frunció el ceño, mientras por dentro sentía un agradable cosquilleo al oír el tono de voz cariñoso con el que fueron susurradas esas palabras.

Jamás catalogaría a Saruhiko como alguien del tipo afectivo, y bien sabía que aquello lo decía sólo para probar su teoría de que sería incapaz molestarse, pero de vez en cuando era agradable oírlo y no ser él quien se declarara.

—Creo que haré un pastel vegetariano hoy—dijo con cansancio, sintiendo como las manos del pelinegro acariciaban lentamente su espalda.

—Sabes que no lo harás—dijo con seguridad, acercando sus labios a las mejillas del castaño.

—No me tientes—murmuró con impaciencia, evitando suspirar ante la acción del pelinegro.

—¿Tentarte?—Preguntó con curiosidad, sonriendo con satisfacción segundos después—.Oh ¿Te gusta esta posición Mi-sa-ki…?

—¡Cierra la maldita boca!—gritó completamente sonrojado, intentando alcanzar una de las almohadas y golpear a Saruhiko con ella.

Más no negó aquella acusación. Sentarse de aquella forma tan íntima se sentía genial, pero jamás lo admitiría delante de Saruhiko.


El nuevo año comenzó turbulento, pero se tranquilizó con el pasar de los días.

Todo partió con la visita obligada a la casa de los padres de Misaki el primer día de enero; los gritos por teléfono de la señora Yata no habían cambiado con el paso de los años y no les quedó más que asistir a regañadientes, o sino sufrir la ira de aquella mujer en cualquier momento.

A Saruhiko todavía le costaba entender por qué Misaki no los visitó antes; cuando presionaron el timbre de la humilde morada, la señora Yata salió a recibirlos y, muy fiel a su estilo, los regañó a ambos por insensatos y por olvidarse de ir a visitarlos de vez en cuando o contestar las llamadas- Saruhiko nada pudo hacer cuando la mujer jaló una de sus orejas y lo regañó por estar tan delgado, sermoneando a Misaki, después de darle un leve golpe en la cabeza, por no haber sabido cuidarlo en todos esos años y los abrazó a ambos para darles una cálida bienvenida.

Fue una situación bastante incómoda para él, más debió morderse la lengua en más de una ocasión ante sus preguntas; no podía olvidar que esa mujer, a fin de cuentas, es su suegra, aunque ella no fuera consciente de ese asunto aún.

Misaki y Saruhiko se trataron con mayor frialdad de la esperada durante toda la visita; no estaban peleados ni disgustados con el otro, como creyeran erróneamente los señores Yata, más no sabían cómo actuar sin ponerse en evidencia. Su reciente relación no era bien vista por la sociedad, y hablar de ello con la familia de Misaki sería un error en estos momentos; si bien las cosas eran estables entre ellos no significaba nada, por ahora.

Los hermanos de Misaki habían cambiado bastante, pero seguían igual de activos y ruidosos… y él sólo quería volver a la tranquilidad de la casa de Misaki, sin tener que lidiar con gritos, cosas cayendo o sermones varios; o sentir que la señora Yata lo observaba con algo de reproche por haberle robado a su hijo hace años, sintiéndose un tanto culpable porque aquello tenía algo de verdad; después de todo fue él quien le dijo a Misaki que dejara la escuela y Misaki, impulsado por eso, le dijo que vivieran juntos y él aceptó.

Tras una breve despedida, con la promesa de volver pronto, llegaron mentalmente exhaustos al apartamento. Él no tenía fuerzas para lidiar contra la vergüenza y nerviosismo de Misaki esa noche, suficiente tenía con la lucha interna contra sus inseguridades. Sabía que a Misaki no le interesaba lo que el resto de la gente pudiese opinar de su relación-que se jodan todos a los que no les guste, había dicho una de esas primeras noches que durmieron abrazados, cuando Saruhiko tuvo el valor necesario para preguntarle, pero su familia era otro asunto, porque sabía que si ellos, en especial ella, no aceptaba su relación todo acabaría, y lo haría bastante mal, en especial para él porque sabía que no podría estar sin el castaño ahora.

Misaki esa noche lo abrazó y él sólo pudo dejarse mimar a regañadientes, escuchando su suave voz diciéndole que sentía el no haber sabido comportarse delante de sus padres y que, a pesar que sólo llevaban una semana juntos, todo era tan genial que ni siquiera se le había pasado por la cabeza que tarde o temprano tendrían que contárselo, al menos, a su mamá. Saruhiko lo besó, cortando la perorata nerviosa del castaño, y dejaron olvidado aquel asunto entre arrumacos.

Pero muy en el fondo, Saruhiko sospechaba que Misaki también debía pensar lo mismo. No era bueno que los asuntos complicados no se discutieran y zanjaran, pero querían evitar cualquier clase de conflicto entre ellos que lograra desestabilizar su frágil nuevo mundo. Había algunos asuntos de los cuales todavía no eran capaces de hablar o de preguntar - aún no le contaba en detalle el asunto con ese sujeto, o por qué realmente hizo lo que hizo cuando se marchó de HOMRA y aquello creaba una barrera que, hasta hace poco, no sabía que existía entre ellos.

Las cosas iban lentamente, pero a paso seguro, y debía agradecérselo a sus tres semanas de vacaciones impuestas por Munakata, las que le permitieron compartir mayor tiempo con el castaño y así poner en orden algunas cosas de su nueva relación.

Principalmente, lograr que Misaki no se volviera una masa temblorosa cuando lo besaba y acariciaba de forma imprevista.

Logró su cometido esa misma mañana en donde sus vacaciones finalizaron, volviendo a la rutina de su trabajo en los cuarteles a finales de enero. Misaki, de puntillas, lo besó en los labios después de entregarle el obento-bako y murmurarle un tembloroso 'Que te vaya bien en el trabajo'.

Fue su turno de volverse una masa temblorosa tras cerrar la puerta del apartamento y apoyarse en ella para evitar perder por completo el equilibrio gracias al estúpido pensamiento de que parecían una pareja de recién casados. Odiaba esa sensación indescriptible en el estómago que, además, provocaba que sus mejillas ardieran de forma exagerada y molesta cuando Misaki era más cariñoso de lo habitual con él.

Molesto y desagradable, pero era contradictorio porque también le gustaba; todo lo relacionado con Yata Misaki le gustaba, ese lado tan tierno y desconocido que poseía y que sólo él tenía permitido disfrutarlo era lo mejor de todo.

Pudo calmarse después de ver la cara de culpabilidad de todo el escuadrón ante cantidad exorbitante de informes pendientes sobre su escritorio cuando llegó a Scepter4. Akiyama fue el único con el valor necesario para comentarle sobre la existencia de habí un informe prioritario que tendría que llevárselo al Capitán en cuanto estuviera listo y que se encontraba en la otra torre de papeles. Eran dos torres enormes, y su buen humor del día se esfumó por completo.

Su tarde pasó entre órdenes y gruñidos varios hacia Hidaka y Gouto, a los cuales les guardaba algo de rencor por no haber realizado sus deberes como correspondía; Doumyouji, por suerte, estaba haciendo rondas con Kamo y Fuse, por lo tanto se ahorró algunos gritos hacia el molesto castaño.

Tras varias horas sin parar de escribir en su puesto de trabajo, se dirigió hacia la oficina de Munakata maldiciendo internamente a los ineptos que, supuestamente, tendrían que haberlo suplido durante sus vacaciones-seis personas y los incompetentes no lograron hacer ni la mitad del trabajo- . Su espalda dolía horrores al igual que su estómago ante la cantidad de cafeína consumida; más el pensar en exagerar aquellas molestias cuando volviera al apartamento y dejarse mimar por Misaki era consuelo suficiente para soportar todo el día.

Munakata le sonreía de su forma usual, apoyado sobre su escritorio con un puzzle a medio terminar, - y él aún trataba de ignorar esa cierta incomodidad que le ocasiona ver el collar que usaba Mikoto adornando perezosamente el escritorio del Capitán. El hombre intentó explicarle, bastante mal, que aquello había sido un regalo y que no tenía ningún otro significado, simplemente estaba ahí; no era su problema, tampoco es que haya solicitado algún tipo de información al respecto, pero era más que obvio que aquello era una mentira y una muy mala; su rostro así se lo dejó entrever al Capitán de Scepter4, pero no emitió más comentarios y prefería evitar ese tipo de conversaciones con ese sujeto.

—Como esperaba de ti, Fushimi-kun, terminaste bastante rápido con tus deberes asignados —comentó con una sonrisa satisfecha, observando la pequeña torre de papeles que su subordinado favorito dejó sobre su escritorio.

Haciendo caso omiso a las palabras de Munakata, revisó palabra a palabra la hoja resumen que cargaba en sus manos. Dándole un último vistazo.

—Según el informe…

—¿Qué tal tu cena navideña con Yata-kun?—interrumpió, con un leve tono de preocupación—.Espero, además, que hayas aprovechado al completo esos días de descansos.

Saruhiko suspiró internamente.

—Bien, fue una cena tranquila—respondió rápidamente y carente de emociones, como si no hubiese pasado nada aquella noche. Volvió su vista al resumen que cargaba en sus manos—.Como le estaba diciendo, sobre los…

—¿Sucedió algo bueno entonces? Como no lo has negado, me preguntaba si Yata-kun finalmente pudo hablar contigo sobre cierto asunto importante—dijo con marcada curiosidad—.Después de todo, luces algo feliz y más relajado, lo cual, admito, me alegra de sobremanera.

—Tsk… ¿Me dejará continuar? Aún queda mucho papeleo pendiente— respondió hastiado, en un murmullo, cruzándose de brazos.

—Por favor, adelante, Fushimi-kun—concedió el mayor, con un brillo de diversión en su mirada.

Saruhiko frunció el ceño, alargarse innecesariamente en los reportes era algo que detestaba, y Munakata no le estaba haciendo fácil la tarea; sentía que tenía cierto deber en responder sus estúpidas preguntas personales con la verdad y no es como si se le pudiera mentir a Munakata, él lo sabía mejor que nadie.

—Los strains que provocaron la explosión del día de ayer…

—¿Están juntos ahora?—volvió a interrumpir, ladeando levemente su rostro con curiosidad.

—¿Los strains? —Preguntó con extrañeza, releyendo rápidamente el informe, no recordaba que esos strains trabajaran juntos.

—Me refería a Yata-kun y tú.

Observó a su superior como si a éste le hubiese salido otra cabeza, sus ojos brillaban como si supiese todo y se estuviera divirtiendo a costa de él, como siempre. Chasqueó la lengua con irritación, la montaña de papeles en su escritorio no hacía más que aumentar en cada minuto que perdía hablando con el peliazul. Evitando arrugar aún más el informe que estaba en sus manos, aclaró su garganta y tomó aire.

—Todo está escrito en el informe, si tiene alguna duda, Akiyama está más que capacitado para responderle…

—Fushimi-kun—llamó con un tono serio, más no perdía su sonrisa—.¿Están tomando todas las medidas necesarias para mantener una buena salud? Eres un hombre cauto, más no sabría decir lo mismo de Yata-kun, así que tomar ciertas precauciones no es del todo incorrecto, es sólo preocuparse el uno del otro.

Lo observó con estupor por largo tiempo, reprimiendo las imágenes mentales de Misaki y él compartiendo caricias más íntimas qué los simples roces de labios. Llevaban sólo un par de semanas juntos como para llevarlo a ese nivel. No es que no quisiera, pero quería tomarse las cosas con calma, considerando lo nervioso que se comportaba Misaki al ser besado suavemente en sus mejillas. Era técnicamente imposible que Misaki hubiese estado con alguien antes, pero la semilla de la duda fue implantada en su cabeza sin más consideración por culpa de ese sujeto que sonreía con orgullo.

—Con todo respeto, eso no es asunto suyo—murmuró molesto, evitando pensar siquiera que Misaki pudiese haber estado con alguien antes.

—Comprendo. Si bajo alguna circunstancia requieres algo de asistencia o, dicho de una manera más simple, algún tipo de consejo, me complacería mucho poder ayudarte. Tengo algunos conocimientos y experiencia práctica respecto al tema, por si quieres que los comparta contigo —ofreció seriamente.

Saruhiko frunció el ceño sin entender del todo aquellas palabras. ¿Experiencia con qué?, pensó en su fuero interno, mordiendo su lengua para evitar preguntarlo en voz alta.

Observó el collar del antiguo rey rojo y su vista recayó nuevamente en el relajado Capitán de Scepter4, quien lo observaba con una sonrisa paternal. Sintiéndose algo aturdido, se giró y caminó aprisa hacia la salida de la habitación. Presentía que aquella imagen mental entre los dos antiguos reyes jamás se le podría borrar de la cabeza.

—Con permiso—murmuró rápidamente, cerrando la puerta tras él.

Se las cobraría con Misaki después.


Fue a finales de abril, con las cálidas y agradables temperaturas de primavera que sintió que su nuevo mundo con Misaki comenzó a desmoronarse como un castillo de arena entre las grandes y furiosas olas del mar.

En Scepter4 las cosas estaban complicadas, lo que ocasionó que pasara las noches en los cuarteles como antes, sólo contactándose lo mínimo con Misaki y explicándole rápidamente que no podría ir al apartamento hasta quién sabe cuándo.

El mayor lo entendió y, salvo decirle que no olvidara comer, le deseó suerte. Misaki había madurado y si querían que su relación realmente funcionara tendrían que saber lidiar con el demandante trabajo del otro- no podía olvidarse de aquella noche solitaria en el apartamento, donde Misaki debió quedarse hasta la madrugada debido a la denominada noche VIP en Blue Moon.

Finalmente, después de arduas noches casi sin dormir, podía volver a la tranquilidad del apartamento y, aunque era bastante tarde, realmente quería estar con él; ese era su deseo hasta que lo encontró recostado en el suelo de la sala de estar, rodeado de unas cuantas latas de cervezas vacías, en compañía de un delgado Kamamoto. Se quedó congelado ante la particular escena, con la mente en blanco y una sensación fría en el cuerpo, observando la incorrecta cercanía en la que dormían esos dos y la complicidad que conllevaba el compartir una noche de copas y comida en la privacidad de cuatro paredes.

Podría haber despertado al castaño o echar a patadas al rubio de aquel lugar- aquel lugar que compartía sagradamente con Misaki, sólo ellos dos y nadie más- , pero quien sobraba era él; así que volvió a los cuarteles de Scepter4 y se levantó de pésimo humor al día siguiente, ignorando los mensajes y llamadas de Misaki, hasta que una tarde simplemente su paciencia acabó y lo recriminó por mensaje sin obtener respuesta.

Habría seguido así, ignorándolo, de no ser porque Munakata y Awashima lo arrastraron al bar HOMRA para un asunto muy urgente, aparentemente.

Estaba sentado lo más alejado de todos, releyendo en su PDA todos los mensajes que Misaki le había enviado desde su repentina desaparición; cada uno de ellos luciendo más desesperado que el anterior. No es que no le gustara aquella atención, pero habría esperado que el castaño, con su usual impulsividad, fuese a buscarlo a los cuarteles para exigirle una explicación o algo, lo que sea con tal de que le demostrara que es con él con quien quiere estar y con nadie más. Pero el castaño no se acercó y no era consuelo que éste le pidiera que terminara pronto su trabajo para que volviera al apartamento como último mensaje.

—Fushimi — titubeó Kamamoto, sacándolo de sus pensamientos—.Yata-san y tú…¿Están peleados?

Observó a su interlocutor por unos breves segundos, sintiendo una sensación amarga subir por su garganta. Se había dicho a sí mismo que no había nada que preocuparse con respecto a él, más no olvidaba un pequeño detalle: quien estuvo con Misaki, cuando se marchó de HOMRA, fue ese sujeto que tenía delante, cualquier cosa podría haber pasado en todo ese tiempo y no tendría derecho de recriminar al castaño si es que estuvo con Kamamoto o con Nanahara.

—No es tu asunto — respondió cortante, obteniendo una mueca de resignación por parte del delgado rubio.

—No sé cuál habrá sido el problema esta vez pero… —se detuvo rascándose su mejilla con nerviosismo ante la mirada llena de indignación del pelinegro. Suspiró resignado; realmente habría preferido que Yata estuviese enamorado de cualquier otra persona más fácil de tratar —.Yata-san estuvo...

—No me interesa—interrumpió cortante, posando su vista en el PDA, dándole a entender a Kamamoto que no hablaría más con él.

Cuando la campanilla del bar resonó, las palabras algo fuertes con las que Kamamoto pretendía increpar al miembro de Scepter4 fueron cortadas. Nanahara Sachiko ingresó al bar con semblante exasperado, empujando un coche de bebé completamente vacío seguida de un sonriente Yata.

—Has estado un poco inquieta hoy, señorita — murmuró Misaki, cargando a la pequeña infante entre sus brazos, con maestría y comodidad. La bebé emitió un ruidito de felicidad ante la caricia en su mejilla brindada por el moreno.

—Bribona consentida—murmuró la pelinegra con molestia, cruzándose de brazos—.No deberías cargarla tanto, Misaki; ella debe aprender a que en la vida no es todo como uno quiere y debe acostumbrarse a utilizar el coche.

Misaki, al igual que la bebé, arrugaron el ceño de igual forma.

—Los bebés comen, duermen, hacen sus cosas y nada más. No puedes ser tan tirana incluso con tu hija; si quiere ser cargada debes cargarla—comentó con reproche, entregándole a la niña con suavidad, la cual se removió Incómoda en los brazos de su madre, que pretendía volver a ponerla en el carrito.

Saruhiko sentía un frío en la boca del estómago. Algo como no notarlo e ignorarlo de esa forma después de tanto tiempo sin verse, ¿De verdad Misaki lo quería en su vida? El castaño ciertamente se veía demasiado cómodo cargando aquel bebé y lidiando de una forma demasiado íntima con esa mujer. Parecían una repugnante familia feliz.

Saruhiko golpeó la mesa, provocando que todas las miradas recayeran en su persona; no se percató en las expresiones consternadas de los adultos o del llanto del bebé cuando azotó la puerta del bar. Ese sentimiento de abandono ya lo había vivido con Misaki, antes de marcharse de HOMRA, sólo que ahora era mil veces peor. Sólo pudo realmente comprender el nivel de su estupidez cuando Misaki, en mitad de un semáforo que pretendía cruzar con luz roja, lo detuvo con fuerza monstruosa por el brazo.

—¡Saruhiko! —gritó desesperado, sin deseos de imaginar qué habría pasado si se hubiese tardado un sólo segundo más en llegar con el pelinegro—. Corriendo así, ¿¡En qué demonios estabas pensando!?

Saruhiko frunció el ceño y, con algo de brusquedad, se soltó del firme agarre.

—Tsk, ¿Qué demonios quieres? —Preguntó con amargura, en un susurro, continuando su marcha sin esperar respuesta del castaño.

Misaki, sorprendido ante el exabrupto del moreno, observó cómo su figura desaparecía entre la multitud. Había veces en donde Saruhiko construía muros entre ellos, en donde era incapaz de entenderlo y su mal carácter se hacía presente. Si fuese antes de que iniciaran su rara relación, para Yata sería fácil el gritarle y exigir respuesta, pero sentía que esas acciones sólo empeorarían el problema. Con un suspiro de completa resignación siguió a Fushimi, dejar que el asunto se resolviera por su cuenta no era una solución esta vez.

— Oye, no me dejes así maldición… —exclamó sin aire, tomando una de las manos de Saruhiko, quien volteó algo molesto ante esa acción—. ¿Qué está pasando? ¿Estás bien?

Quizás fue su marcada preocupación, o la forma insistente en que las pequeñas pero gruesas manos de Misaki se aferraban con la suya que Saruhiko, buscando un poco de privacidad, lo llevó hasta un pequeño callejón, ignorando las ansias que crecían lentamente con el pasar de los segundos, necesitaba respuestas y las necesitaba ya.

—¿Qué somos exactamente, Misaki?— Preguntó con recriminación, cruzándose de brazos y apoyando su espalda en la pared.

—¿Eh? por supuesto que somos pareja—contestó con seguridad, recibiendo silencio como respuesta—.Lo somos, ¿Verdad?

—Supongo—dijo con simpleza.

Saruhiko deliberadamente ignoró la acusación en la mirada de Misaki, quien parecía realmente herido ante el tono monótono de su respuesta.

—¿Cómo que lo supones?— Preguntó de mal humor, golpeando uno de los hombros de Saruhiko con mayor fuerza de la que esperaba. Suspiró, con cansancio—.¿Qué demonios pasa? Si no me dices nada no lo sabré, no soy un…

—Nanahara-san y el bebé… —interrumpió, evitando mirarlo a los ojos—. Luces demasiado cómodo haciendo el papel de padre con ellas dos…

Misaki revolvió sus cabellos con irritación, maldiciéndose internamente por causarle esas inseguridades a la persona que tanto quería.

—Supongo que debería decirte la verdad…—murmuró para sí mismo, obteniendo una mueca de curiosidad por parte del menor, quien no alcanzó a escuchar sus palabras—.Como sea, no me avergüenzo de lo que somos o… alguna mierda así si es lo que estás pensando, porque tienes la mala costumbre de pensar mierda sin siquiera preguntarme.

—¿Ha?—exclamó confundido el tercero al mando de Scepter4, ante la perorata del castaño.

—Sé que no te gusta que la gente se meta en tus asuntos, pero…—vaciló ante la frialdad de aquellos letales ojos azules, sintiendo como la culpabilidad crecía letal y certeramente dentro suyo—.N-no fue a propósito, sabes que me quedo callado sólo por ti, pero… fueron muchas cosas en la semana y simplemente se me salió ¿Si? Pero lo amenacé y mantendrá silencio…. No lo amenacé porque me diera vergüenza, sino para evitar esta situación...Así que si te estuvo molestando en estos días… pues lo golpeo y ya.

—¿De qué demonios estás hablando?— Preguntó preocupado, siendo consciente ahora del entorno en el que se encontraban. No era un callejón inmundo como otros en los que habían estado antes, pero ciertamente la gente que recorría las calles los observaban con curiosidad y apresuraban sus pasos; ver a alguien uniformado discutiendo con un civil era extraño y sinónimo de problemas.

—Que el único que sabe que estamos juntos es Doumyouji… y fue sin intención—respondió gesticulando exageradamente con sus manos. Saruhiko tenía una expresión de fastidio que le obligaba a confesarse, sabiendo de antemano que las consecuencias serían horribles después—.Quiero decir, estaba algo bebido y me sonsacó parte de la verdad…A-aunque Enomoto también estaba ahí, pero él es alguien realmente confiable ¿No? así que no pienses mierdas raras o...algo así

Saruhiko apretó el puente de su nariz, casi no había prestado atención a las palabras del moreno y a las consecuencias que su acción tan irresponsable acarreaban, ahora entendía la expresión curiosa de Enomoto y Doumyouji de hace unos días en los cuarteles.

Dentro de todas las estupideces que pensaba que Misaki podía hacer, aquella era la última que esperaba.

—Espera—añadió con cansancio, acomodando sus anteojos—. ¿Crees que estoy enfadado por eso? Ni siquiera he hablado con esos dos.

Misaki parpadeó extrañado, aunque algo más aliviado. La dura expresión en el rostro de Saruhiko se había suavizado un poco, lo que significaba que ahora podrían hablar con mayor tranquilidad y honestidad. A veces realmente le sorprendía notar esos pequeños detalles en Saruhiko y saber cuándo era el momento adecuado para hablar temas difíciles, podía sentirse algo orgulloso por ello, por conocerlo de aquella forma que sabía era única - el rey azul no contaba, ese sujeto era extraño.

—¿Eh? ¿Entonces por qué estuviste ignorando mis mensajes? —Preguntó consternado, perdiéndose un momento en el rostro del menor—.Quiero decir, lo único que dijiste fue alguna mierda de Kamamoto y que estabas ocupado, y que literalmente me fuera a la mierda por mentiroso después.

—Nunca dije eso —negó entre dientes, sintiendo un leve calor en sus mejillas, percatándose de la absurda escena de celos que le hizo al castaño a través de los mensajes de los últimos días—.Pensé que estabas con él, en otro sentido.

En cuanto aquellas palabras escaparon de sus labios, Misaki lo observó por un largo momento con la boca abierta, sin creer del todo que Saruhiko estuviera celoso de Kamamoto de entre todas las personas. Apoyó su cabeza en el pecho del ojiazul, dejando escapar un gruñido de exasperación, evitando los deseos de golpearlo; no entendía el porqué de su molestia por más que le daba vueltas al asunto, no sabía en qué momento entró Kamamoto al problema entre ellos.

—Eres un idiota, estuve demasiado preocupado por ti—explicó con suavidad—. Cuando quería ir a Scepter4 a la bruja de Sachiko se le ocurría pedirme más y más mierda en el restaurante…y tú no respondías mis malditos mensajes.

—Tsk… estabas acostado con él en el apartamento ¿Qué querías que pensara? —Preguntó en un murmullo, acariciando inconscientemente los revueltos cabellos del mayor, aliviado de que el mayor no pudiera ver su avergonzado rostro.

—Lo que pensaría cualquier persona normal. Ni que me fuera a gustar cualquier imbécil. Es decir, sólo me gustas tú… aunque seas un imbécil—explicó nervioso, con un leve sonrojo en sus mejillas—. Además él… sabe que me gustas, así que si te da vergüenza o algo…

—No me importan los demás—interrumpió con un murmullo que no escondía del todo su asombro, pensaba que Yata estaría reacio a comentar sobre su relación con los chicos de su clan, enterarse qué algunos ya sabían eso le provocaba una ansiedad no del todo desagradable—.Estoy contigo, el resto no me importa.

Misaki sonrió con afecto ante esas palabras tan seguras, sintiendo los acelerados latidos de Saruhiko, un ritmo constante que le transmitía calidez y paz.

—Si el resto no te importa, a mí tampoco. A-además, por como saliste del bar es probable que… piensen cosas raras o algo así.

—¿No que ya lo sabían?

—Saben que me gustas, no que estamos juntos—comentó livianamente, con sus mejillas algo sonrojadas por decir eso en voz alta. Después de unos minutos, se separó de los agradables brazos de Saruhiko y apretó una de sus pálidas mejillas con algo de fuerza—. Pensar que te engañaría con Kamamoto… ¿¡Qué demonios estabas pensando!? No, no estabas pensando…

Ah, ansiaba darle un beso, pero hacerlo en un callejón donde llamaban la atención de los transeúntes y más con su uniforme estaba fuera de discusión. Tendría que esperar a que llegaran al apartamento.

Sintiendo un jalón en sus manos, su cuerpo automáticamente comenzó a seguir al castaño camino al bar, quien seguía mascullando maldiciones y tratándolo de mal pensado.

—Misaki—llamó de pronto, viéndose reflejado en la mirada del mayor. No pudo evitar sonreír ante aquella aniñada cara que reflejaba curiosidad y que tenía sus mejillas algo sonrojadas—.El Capitán lo sabe, y dijo que quería hablar contigo de cierto asunto muy importante que dejaron pendiente en la playa.

Después de escuchar la breve maldición del castaño y recibir sus recriminaciones por ello en medio de la calle, entre risas y pullas se encaminaron al bar olvidándose del tonto malentendido, preparados para cualquier cosa que viniera en contra de su relación.


Al cerrar la puerta del apartamento y quitarse las botas, Saruhiko caminó derrotado hacia la habitación y se recostó sobre la cama, apretando el puente de su nariz. Tendría que soportar la migraña que lentamente comenzaba a hacer estragos en su cuerpo y no tenía deseos de cambiarse de ropa- sólo por pura fuerza de voluntad, considerando el horrible calor de mayo, decidió quitarse su chaqueta y quedarse en su camisa blanca. Odiaba ese maldito uniforme en el verano.

Cuando entraron al bar y todas las miradas recayeron en sus manos entrelazadas, las bromas no tardaron en llegar. No recordaba cómo fue que terminó en medio de Kusanagi y Nanahara, quienes se estaban comportando como un par de idiotas haciéndole preguntas del estilo '¿Cuáles son tus intenciones con Yata-chan?' y la peor de todas, dichas por esa mujer '¿Sabes usar condones no?, Recuerda que ante todo lubricante y tres dedos al final, de uno en uno, que sino después podría doler al sentarse'. Trató de ignorar cada palabra-incluso Kusanagi se alarmó con el pasar de los segundos y debió cubrir los oídos de lo que quedaba de la pobre inocencia de Anna- y Saruhiko sólo deseaba tomar a Misaki y salir de ese maldito lugar, pero éste había desaparecido de su lado de manera imprevista.

Minutos después, Misaki bajó del segundo piso pálido y tembloroso, incapaz siquiera de mirarlo. Entendió todo cuando Munakata apareció tras el castaño con una sonrisa satisfecha y orgullosa; y Awashima con una expresión consternada, mirando con resignación al capitán y negando con la cabeza de vez en cuando con cansancio.

Al parecer Munakata le dio la charla. Podría haberse burlado de él en esos momentos, pero entendía el sentimiento porque vivió lo mismo a manos de Kusanagi y Nanahara. Y fue lo más desagradable del mundo.

—Me niego a volver a estar con ese sujeto a solas otra vez… — exclamó Misaki con cansancio, acostándose junto a él, boca abajo, posando una de sus manos sobre el vientre de Saruhiko.

—No recuerdo haberle hecho nada a Kusanagi-san como para que me hiciera eso a mí… —replicó molesto, logrando que el castaño se girara hacia él.

—Fue por el bar—murmuró Yata sonriente, jugando con algunos botones de la impoluta camisa blanca de Scepter4—. Esa vez que Chitose y Kamamoto estaban haciendo el idiota ¿Recuerdas? Les arrojaste uno de tus cuchillos para que se callaran, el cual terminó incrustado en la barra… Kusanagi-san siempre pierde su sonrisa cuando la ve…

—Tsk… ¿Es un niño acaso? — se quejó con exagerada exasperación.

Aunque hacía un calor desagradable, sentir a Misaki a su lado, de esa manera tan íntima, era casi tan necesario como respirar para él, más considerando que casi no se habían visto por un mes.

—Oye, Saruhiko…—llamó de pronto, sentándose en la cama y recibiendo una mirada curiosa de parte del pelinegro—.Si hay algo de lo que no te sientas seguro o… alguna cosa así…

—Sí —interrumpió, recostando su cabeza en el regazo de Misaki, sintiendo como segundos después éste lo acariciaba con cariño—.Te lo diré.

—Somos… pareja ahora, confía en mí, así como yo confío en ti… — exclamó con convicción, apartando la vista con algo de vergüenza. Pasado unos cuantos minutos, donde Saruhiko no dejaba de esbozar una sonrisa completamente satisfecha sin moverse de su posición, Misaki hizo un ruidito de disconformidad—.Maldición, no me hagas volver a decir toda esta mierda cursi.

Saruhiko rió levemente, las acaloradas mejillas de Yata no dejaban de ser divertidas y éste, molesto, no lograba alcanzar una de las almohadas de la cama para golpearlo. Con algo de lentitud, el tercero al mando de Scepter4 se levantó de su cómoda posición y, sin darle un segundo para que se moviera, se sentó sobre él, observando sus bonitos ojos.

—¿Dónde quedó el chico seguro de sí mismo de hace unos momentos, Misaki? —preguntó con burla, debido a la expresión completamente consternada del mayor—.Ni que fuera la primera vez que estamos así; dijiste que confiabas en mí ¿No? No le haré nada a tu preciosa virginidad, por ahora…

—Cállate —respondió con vergüenza, sintiendo una leve ansiedad en su cuerpo ante aquellas palabras—.¿Quién sabe? Quizás yo le haga algo a… a la tuya algún día.

El ojiazul sonrió con seguridad y un sonrojo adornando sus, debido a aquella promesa algo difícil de cumplir en estos momentos. Había extrañado el aroma y calor del cuerpo de Misaki. A ambos les gustaba estar así; era una cercanía que jamás habían compartido cuando vivían juntos y aquello era lo que marcaba completamente la diferencia en su relación.

—Misaki, te extrañé— susurró, uniendo sus cuerpos en un necesitado abrazo.

El ojiavellana, con expresión exasperada, posó sus manos sobre la cintura del pelinegro.

—¿Y de quién crees que fue la culpa de eso?, soberano imbécil—murmuró con afecto, para acariciar con suavidad su blanca mejilla después de unos segundos—.No vuelvas a irte de esa forma. Si algo te molesta, dime; si hay algo que necesites saber, entonces pregunta. Maldición, eres como un mocoso algunas veces…

Le gustaba ese timbre de voz tan suave que tenía Misaki para hablarle ahora; era afectivo y seguro de sí mismo. Con algo de esfuerzo, intentó recostar infructuosamente a Misaki en la cama, quien, con una sonrisa algo petulante, evitaba su cometido gracias a la diferencia de fuerza física entre ambos. Saruhiko sabía que podía jugar sucio en aquella posición para lograr que Misaki se desestabilizara debido a la vergüenza, más con aire ofendido lo observó y sintió, momentos después, como el castaño cumplía con su capricho. Debió usar toda su fuerza de voluntad para evitar suspirar ante el agradable roce.

—Tengamos una cita, Ir a comer a algún lado o al cine… —murmuró algo inseguro, recorriendo con su vista todo el rostro de Misaki quien, con exagerada sorpresa, puso una de sus manos sobre blanca frente—.Olvídalo, idiota…

—No, me tomaste por sorpresa—comentó con una sonrisa—.No sabía que tenías ese lado romántico. Es extraño, no es que no me guste…

Algo molesto, se sentó nuevamente sobre las piernas de Misaki; una posición demasiado íntima, vergonzosa y algo peligrosa, pero estaba lo suficiente irritado como para preocuparse de detalles así de simples.

—Cállate — murmuró cansado, posando ambas manos sobre el pecho de Misaki.

—Donde tú quieras ir por mí está bien, al que no le gustan los ambientes ruidosos o esas cosas es a ti. Sé que es un poco tarde pero… —dudo unos segundos, apartando la vista con una sonrisa nerviosa—.Uhm, me gustas y ¿Quieres ser mi pareja?

—¿Después de cuatro meses preguntas eso? — Preguntó con sorpresa, evitando la risa que nacía desde lo más profundo de su interior. Quería a Misaki por muchos motivos, incluso esa parte idiota de él que aún no se percataba que ya eran una pareja oficial desde hace meses. Volviendo a su usual seriedad, se perdió en los ojos avellanas, que reflejaban algo de curiosidad—. Misaki, tú… no has estado con nadie antes ¿Verdad?

—No, y como salgas con que estuve con Kamamoto o alguna mierda así de extraña te golpearé—amenazó irritado, más después de unos segundos de vacilación, perdió toda su confianza y jugó con unos de los botones desabrochados de la camisa que dejaban ver parte del banco vientre del menor—.Tu si has estado con alguien ¿No? E-esa impresión me das. No es como si no lo esperara; tampoco me importa. B-bueno, si me importa pero… entiendes el punto ¿No?

Saruhiko a veces se preguntaba cómo sería Misaki celoso. Pero no era una sensación agradable sentirse así de inseguro y desconfiar del otro; además, Misaki era demasiado leal, preferiría morir antes que traicionar a alguien y eso Saruhiko lo sabía bastante bien, o al menos ahora lo sabía.

—La única persona para mí siempre ha sido Misaki —dijo, con seriedad, sonriendo levemente cuando acercó su rostro al contrario—.¿Qué harías para convencerme de salir contigo?

—Mientras no me pidas alguna mierda rara, supongo que... ¿Lo que sea?— dijo con algo de vacilación al final, rozando con la punta de sus dedos el blanco cuello del menor.

El pelinegro, algo avergonzado, percatándose del mal intento de coqueteo por parte de ambos, decidió besarlo en sus suaves labios de forma pausada; dejando caer todo su peso en él. Sentir la cálida respiración de su pareja mezclándose con la suya propia y las caricias gentiles en su espalda hacían que su corazón latiera nervioso, necesitando aún más contacto entre sus cuerpos.

Fue en una breve fracción de tiempo en que la dulzura inocente logró subir la temperatura entre ellos, la tibia lengua del castaño delineaba tímidamente su labio inferior solicitando algún tipo de permiso que él no tardó en entregar, degustando el sabor del otro de forma pausada por primera vez.

Se sentía extraño. Como una descarga eléctrica recorriendo su cuerpo por completo, desde sus labios que cosquilleaban de manera agradable hasta una sensación de calor abrasador en su zona íntima, que lentamente hacia que perdiera su poco autocontrol. Su lengua se enredaba deliciosamente con la de Misaki que, inquieta, le robaba el aliento a cada segundo y no podía evitar jadear ante las nuevas y maravillosas sensaciones provocadas por aquellas apasionadas caricias en su espalda.

Removiéndose algo incómodo sobre el castaño, debido a la presión en sus pantalones, no pudo evitar sentir como Yata se tensionaba ante el movimiento de sus durezas rozándose accidentalmente. Dejó escapar un ronroneo de puro gozo, rompiendo aquel beso, sólo para percatarse de que era observado con los castaños ojos nublados de completa pasión. Nunca nadie lo había observado con tanto deseo y amor como Misaki en ese momento, como si él fuese lo más preciado que tuviese en su vida.

—No te apartes—murmuró agitado, apoyando su cabeza en el desnudo hombro de Yata, con las mejillas igual de sonrojadas que su pareja. Entre tanto movimiento entre ellos, los tirantes de aquella camiseta negra qué tanto le gustaba utilizar a Misaki se deslizaron por sus morenos brazos, provocando en él deseos de marcar esa deliciosa piel.

—Mierda, perdón—murmuró avergonzado cubriendo con nerviosismo su rostro. Saruhiko sonrió triunfante cuando escuchó a Misaki jadear de placer debido a sus labios que recorrían con lentitud el moreno cuello, dejando leves marcas que sabría después serían difíciles de cubrir y que posiblemente le signifiquen una reprimenda, pero el estar compartiendo aquella cercanía se sentía maravilloso como para pensar en cualquier clase de consecuencia qué pudieran provocar sus actos.

—No me importa, es algo normal. Significa que a Misaki le gusta estar conmigo de esta forma ¿no?—preguntó entre susurros apasionados, moviendo sus caderas de forma torpe para rozar de nueva cuenta sus excitadas virilidades, provocando dulces gemidos que escapaban de los labios de Misaki y que él debía reprimir con su nulo autocontrol. La ansiedad crecía en él al sentir las temblorosas manos de Misaki desabrochar su camisa—.¿Hasta… dónde quieres llegar?

—Donde sea… —exclamó sin aire, recorriendo el blanco torso del menor, deleitándose con su suavidad.

Sintiendo un escalofrío ante aquella caricia, se acercó lentamente al rostro de Misaki; sus manos, con dificultad, intentaban deslizar los pantalones cortos por las morenas piernas; más al oír el timbre del apartamento los dejó estáticos a pocos centímetros de los labios del otro. Perdiéndose en los ojos contrarios, continuaron con lo que estaban haciendo sin importar nada más, ignorando a quien sea que los estuviera interrumpiendo.

Unos segundos después, tras haber logrado su cometido de quitarle los pantalones a Misaki y hacerlos desaparecer en alguna parte de la habitación, la burbuja en la que estaban inmersos estalló debido al sonido del PDA del mayor.

—Tsk, qué molesto—resopló con irritación, recostándose a un lado del castaño intentando regularizar su respiración—.Contesta…

Observando algo aturdido a su alrededor, con desgano cogió el reloj que se encontraba en el suelo, con algo de estupor observó a Saruhiko, quien le preguntaba con una mirada quién demonios era.

—Es mi mamá—dijo algo preocupado, contestando sin titubear segundos después—.¿Mamá? ¿Pasó algo?

—Misaki, con Sachiko-chan estamos afuera, ¿Qué estás haciendo qué no abres la puerta?— preguntó la mujer a través del altavoz del teléfono, con una voz que indicaba lo extrañada qué se encontraba por la situación.

—¿Es una broma?—Saruhiko murmuró para sí mismo sin pensar, sintiendo como toda la pasión de hace unos segundos se esfumaba por completo y era reemplazada por una sensación de vértigo desagradable.

Misaki no estaba mucho mejor que él, estaba pálido y completamente nervioso, sin saber qué responderle a la mujer. Ser pillados en ésta situación no era agradable, más con Misaki qué era incapaz de aparentar tranquilidad cuando realmente no la sentía.

—Oh, Saruhiko, hola y no, no es una broma. Vamos, vengan a abrir, hemos traído cosas deliciosas las tres para cenar—comentó alegre, mientras un poco más lejos de ella se podía oír a Sachiko discutiendo con su hija qué comenzaba a llorar.

—Dame unos minutos… tengo algo desordenado— dijo abatido, revolviéndose sus cabellos con exasperación.

Saruhiko lo observó con reproche por esa respuesta, Misaki le mantuvo la mirada desafiante, no podía negarle la entrada al departamento a su mamá; además el administrador del edificio les debe haber dicho que se encontraban en el lugar, sino no les habrían permitido la entrada y ya no había nada que pudieran hacer para escapar del problema.

— ¿Eh? No me sorprende en realidad—comentó con gracia la mujer, manteniendo silencio por unos segundos—.Esta bien, te esperamos. Sachiko-chan si haces eso ella no…

Tras oír el 'pip' qué finalizaba la llamada, ambos suspiraron. El ambiente se encontraba algo tenso, con Saruhiko intentando ignorar la notoria mancha de humedad de sus pantalones y Misaki tratando de no sonrojarse por estar sólo con su ropa interior.

—¿Qué le dirás a ella?—preguntó en medio de tanto mutismo e incomodidad, logrando que Yata finalmente le mantuviera la mirada—.Por la forma en que ignoramos el timbre…

—Ya veré que le digo— interrumpió avergonzado, arreglando el desastre que era su ropa mientras con la mirada buscaba sus perdidos pantalones—.Voy a matarla…

Se sentía un poco desilusionado por cómo acabaron las cosas entre ellos. Dirigió su mirada al castaño cuando éste encontró su ropa perdida, no podía negar que Misaki tenía buen cuerpo, bastante trabajado y, a pesar de todo, muy suave - sin mencionar que, gracias a su continua práctica con el skate, tenía piernas bastante firmes.

Lograr que Misaki y él volvieran a estar de esa forma completamente perdida sería difícil, presentía qué a Yata se le dificultaría mirarlo a la cara sin morir de vergüenza en las próximas semanas.

—Iré a darme un baño, estoy pegajoso—comentó con desgano, obteniendo por respuesta un ruidito de afirmación por parte de Misaki.

Poniéndose de pie y robándole un último beso, se encaminó al cuarto de aseo con incomodidad, no sin antes de haber sacado una toalla del armario. Sonrió un poco al imaginar cómo haría Misaki para explicarle a su madre sobre las marcas qué cada vez se iban oscureciendo más y más en su cuello.

Era una buena venganza después de haberlo pasado tan mal gracias a la forma de ser tan descuidada del ojiavellana.


Extra 10


Cuando oyeron la puerta cerrarse con fuerza, dejaron escapar un suspiro de alivio.

—Espero que a Yata se le pase pronto el enojo con Fushimi-San—murmuró Akiyama, observando preocupado la cantidad de envoltorios de barritas de cereal en el puesto del tercero al mando; era el tercer día consecutivo donde no hay obento-bako y aquello era para comenzar a preocuparse.

—¿Por qué dice eso?—Preguntó un consternado Hidaka, quitando su vista de la computadora, obteniendo extrañas miradas por parte de cada uno de sus compañeros presentes en esa habitación.

Akiyama se removió algo incómodo por la pregunta, ignorándola deliberadamente y volviendo a teclear el informe en el que estaba trabajando antes de que los gruñidos de frustración de Fushimi los desconcertara a todos.

—Bueno, desde que Fushimi-san comparte bastante tiempo con Yatagarasu, su humor mejoró bastante — comentó livianamente Gouto, dándole un sorbo a su taza de té, sonriendo relajadamente—.No es que esté insinuando algo, pero es extraña la relación de esos dos.

—Bueno, ahora que no duerme en los cuarteles la mayor parte del tiempo, siempre trae un almuerzo bastante sano. Incluso me atrevería a decir que ha subido algo de peso ¿No?— dijo Akiyama, casualmente, evitando volver su vista a la basura sobre el escritorio del tercero al mando.

—¿Esos dos no son pareja o algo? Digo, quizás Yata está molesto con él y Fushimi-san no sabe cómo disculparse—añadió Benzai, observando con curiosidad a Akiyama, quien después de aquellas palabras se aclaró la garganta y volvió a ignorar la conversación.

—¿Pareja? —pregunto Hidaka contrariado—.No inventen ese tipo de rumores tan absurdos, o Fushimi-san podría molestarse. Son sólo amigos desde hace mucho tiempo ¿No?

—¡Qué pena me das Hidaka!—se burló Andy, sonriendo seguro de sí mismo, para después cerrar el portátil con brusquedad—.Por intentar llamar la atención de Nanahara-san y la Teniente te perdiste de un buen chisme ese día en la playa.

El castaño, sintiéndose algo perdido, observó a todos los chicos del escuadrón que la brindaban una mirada de resignación.

—No sería sorpresa si Yata se aburre del comportamiento de mierda de Fushimi-san y lo corre de casa, sólo sabe chasquear la lengua—añadió Fuse, con tono algo irritado.

—Una pelea de pareja ¿Uh?—comentó el mayor del grupo, algo ensimismado en sus propios recuerdos—.No es muy agradable en realidad. Esperemos que logren solucionar sus diferencias

—¿¡U-usted también, Kamo-san!?—gritó alarmado Hidaka.

—Creo que tú fuiste el único que no se dio cuenta de nada en la playa—murmuró Enomoto con simpatía.


Cuando Fushimi volvió a su puesto, después de un par de minutos tratando de despejar su mente, no pudo evitar irritarse aún más ante las miradas de compasión por parte de todo el escuadrón.

—¿Qué?—preguntó molesto, sobresaltando a todos los chicos, los cuales volvieron a sus asuntos ignorando la pregunta—Tsk.

—Fushimi-san—llamó Hidaka, sin apartar la vista de su computadora—.Si es por su forma de ser, sólo debe decirle que lo siente y que tratará de mejorar.

—¿De qué demonios estás hablando?—preguntó el tercero al mando con completa confusión.

—Bu-bueno, Yata seguro tiene mal genio también, o esa impresión me dio esa vez en el apartamento… Y-y es obvio que acabará con su paciencia de vez en cuando, más que nada porque usted casi no tiene—dijo con una sonrisa nerviosa ante la mirada llena de molestia de su superior—.Pero...si se quieren de verdad entonces nada podría separarlos ¿No? Quiero decir… U-usted me entiende ¿No?

—Lo que Hidaka quiere decir— interrumpió Kamo, antes de que Fushimi explotara de impaciencia —.Es que… cuenta con nuestro más sincero apoyo en su relación con Yata.

—¿Mi relación con Misaki? ¿De qué demonios están hablando? —preguntó con expresión monótona, logrando que Enomoto, Doumyouji y Akiyama sonrieran un poco nerviosos.

—Es que usted en la playa… con él… —balbuceó Hidaka, gesticulando exageradamente con sus manos, como si estuviera tratando de salvarse de la inminente ira de Fushimi—.Ellos dijeron que… ¿Pero que no están juntos? ¿Y la cena romántica de navidad?

—Tsk…que molestos, vuelvan a trabajar—ordenó dando por finalizada la conversación.


—Me pregunto si lo está haciendo dormir en el sofá—susurró Gouto divertido.

—Yo diría que sí—comentó Andy, asintiendo enérgicamente con sus brazos cruzados—.Su mal humor lo delata.

—Espero que a Yata se le pase pronto—dijo Hidaka con actitud resignada ante la cantidad de papeles en su escritorio, cortesía de Fushimi.


NdA:

Lamento de verdad la tardanza, pasaron muchas cosas XD en fin.

Cambiaré a M proximamente y... soy partidaria de SaruMi y Misaru sin distinción, así que posiblemente tal vez hayan una escena de cada uno.

Muchas gracias por leer y de verdad, lamento muchísimo la tardanza.


0.0: lamento haberme tardado un mes (y ahora otro, duh XD) ains muchas gracias por tus palabras de verdad, me alegra que te haya gustado como quedó l escena entre ambos ;w;. Muchas gracias por leer y comentar.

Ace Angell: tardaron una eternidad, pero si, al fin lo hicieron. Por supuesto ;) el primer beso siempre es importante y especial, pero los demás son mejores aún. Muchas gracias por leer y comentar~

Emil K: Lamento la demora y sí, al fin lo están XD ya veremos que pasa con estos dos. Muchas gracias por leer y comentar!