Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Los comentarios anónimos han sido respondidos al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.
Capítulo 14: Conexiones.
Estando frente a la puerta, debió reprimir el malestar en la boca de su estómago con todo el autocontrol posible. Su madre estaba fuera y él, hace tan sólo unos minutos atrás, estaba entre los brazos de Saruhiko con la intención de llegar hasta donde el pelinegro deseara. Estaba algo frustrado-tanto mental como sexualmente - y tener que aparentar calma delante de su madre era un desafío que sonaba casi imposible de realizar sin fallar de forma alarmante, lo único que deseaba era volver a estar a solas con su pareja, sobre la cama, olvidándose hasta de su propio nombre.
Suspirando con incomodidad, logrando que al fin ese bulto entre sus piernas le hiciera caso y se tranquilizara, quitó el seguro de la puerta y la abrió con lentitud, rogando que ambas mujeres no estuvieran en los pasillos, más debió forzar una sonrisa cuando vio a su madre cargando a la bebé junto con una enfurruñada Sachiko que se encontraba apoyada en una maleta enorme de color azul con el logotipo del restaurante.
—Hasta que te dignas a abrirle a las tres mujeres de tu vida—saludó la pelinegra con una sonrisa presuntuosa, sabiendo que no era un buen momento para visitas.
Misaki frunció el ceño, cruzándose de brazos en la entrada del apartamento. Era más que obvio, incluso para alguien tan denso como él en ese tipo de asuntos, que cuando una pareja peleaba y se reconciliaba, era necesaria la privacidad para poner todos los asuntos en orden - y para hacer otro tipo de cosas también, pero aquello no era el punto- por eso decidió ignorar las palabras de Nanahara. Rascando sus cabellos volteó hacia su madre, observando su amorosa sonrisa que no vacilaba ni un centímetro, a pesar de que él se consideraba a sí mismo un muy mal hijo.
—Mamá, no es que me moleste pero ¿Qué haces aquí?—preguntó extrañado, invitando a ambas mujeres a entrar al moverse de la puerta. Misaki se felicitaba mentalmente por haber preparado las zapatilla de estar blancas - más con el propósito de tranquilizar sus hormonas que porque realmente se preocupara por ser un buen anfitrión-así podía darle tiempo a Saruhiko para que terminara de arreglar la habitación, por si a su mamá le daban deseos de recorrer la casa.
—Vine a ver a mi hijo, si no lo hago yo pasarán otros años hasta que vuelva a verte—reclamó la mujer con una sonrisa, entregando con delicadeza al bebé a su primogénito, procediendo inmediatamente a quitarse los zapatos—.¿Y Saruhiko?
—Fue a darse un baño y ahora debe estar vistiéndose—respondió ante la curiosa mirada de su madre, quien le arrebató a la infante tan pronto terminó de cambiarse e ingresó a la sala de estar, para situar, momentos después, su castaña mirada en la figura de su hijo. Era como si le exigiera una explicación del porqué era necesaria esa ducha si hace unos instantes estaban ambos hablando con ella a través del teléfono. Se reprendió mentalmente, su madre no era así de curiosa, pero por algún motivo debía explicarle toda la situación sin siquiera necesitarlo—.Llegamos algo cansados hoy y nos quedamos dormidos cuando estábamos jugando videojuegos, tu llamada nos despertó y… Ya sabes cómo es él.
—¿Aún siguen con la mala costumbre de poner la televisión con mucho volumen? Se quedarán sordos un día de estos—regañó la castaña, quien ante la mirada enfurruñada de Misaki, suspiró con exagerada resignación.
Sachiko, quien se mantuvo en extraño mutismo tras ambos castaños, reprimió una leve risa. Misaki se veía contento ahora; realmente era increíble cómo cambiaba el humor de una persona cuando ésta estaba disgustada con su pareja de una u otra forma. Si ella tenía que ser sincera, Fushimi no era el tipo de persona que quería para Misaki, más que nada porque el carácter de ambos eran muy distintos, Fushimi era del tipo que callaba todo y Misaki era de los que no se daban cuenta de las cosas aun pasando frente a sus narices - aunque últimamente estaba mejorando, eso tenía que admitirlo.
Con la preocupación pintando su rostro al observar a la madre de Yata , a la cual le ha dicho mil veces que no cargara a su hija más de lo necesario, ingresó el coche de bebé completamente vacío y jaló la maleta que utilizaban para las entregas a domicilio; ciertamente ella odiaba usar sus cosas del trabajo en cuestiones personales, pero era imposible decirle que no a la señora Yata sin sentirse culpable. Ella estaba algo preocupada por su hijo quien, al parecer, había disminuido algo de peso y tenía unas ojeras enormes para el almuerzo de año nuevo y, como éste siempre le ponía pretextos para ir a visitarla, la mujer decidió ir con ella y usar su autoridad de madre para visitarlo.
—Ah, Saruhiko hola—saludó la animada mujer, tomando una de las pequeñas manos del bebé para que también saludara al amigo de su hijo—.Veo que has subido algo de peso últimamente ¿No? Eso es bueno, Misaki ha cuidado bien de ti, entonces.
La pelinegra, evitando que la señora Yata malcriara aún más a su hija, se acercó y tomó a la pequeña infante entre sus brazos, procediendo a sentarla inmediatamente en el carrito para la completa molestia de la niña, quien empezó a gimotear en disconformidad, intentando llamar la atención de cualquiera de los adultos presentes.
Estaba un poco sorprendida por la interacción tan natural entre Saruhiko y la mamá de Misaki. Sabía, por palabras de la misma señora Yata, que Fushimi frecuentaba su casa casi todos los días después de clases y que lo consideraba un hijo más. Era extraño que Saruhiko estuviera cómodo con alguien que no fuese Misaki y, si bien algo de tensión podía notarse en su cuerpo, era cosa de sumar dos y dos; después de todo aquellas marcas rojizas en el cuello de Misaki no se causaron solas.
—Señora Yata, ¿Por qué no va a sentarse con Fushimi-kun, mientras Misaki y yo preparamos esto?—ofreció la morena recibiendo una mirada de reproche por parte de Misaki, la cual ella no tardó en devolver con resolución, dándole a entender que debían hablar y de forma urgente. No dio ni cinco pasos hacia la pequeña cocina cuando sintió que el castaño había ignorado sus palabras de forma descarada. Girando su rostro levemente, con el ceño fruncido, decidió usar el tono de voz que empleaba en la cocina para regañarlo—.Vamos, acompáñame, no dejarás a una pobre mujer llevando todo esto ¿No? La maleta pesa una tonelada.
Misaki no quería dejar a su madre y a Saruhiko solos, por alguna extraña razón, pero las dos mujeres no habrían tardado en regañarlo por ser tan poco caballeroso.
Al ingresar a la cocina, arrastrando con molestia la maleta, observó a Nanahara abriendo cada una de las puertas de los muebles, intentando comprender la distribución de las cosas. Misaki aprendió a ser ordenado en la cocina gracias a la pelinegra mujer; por lo tanto, la sonrisa satisfecha cuando ella terminó de hurgar todo le confirmó que había hecho un buen trabajo.
—Voy a matarte—amenazó Yata en un susurro, una vez cerrada la puerta. Jamás olvidaría el buen oído de su madre, sabía que una puerta no era impedimento para que ella utilizara sus superpoderes, pero si Saruhiko la mantenía entretenida, entonces su discusión con la morena pasaría desapercibida por completo.
Dejó la pesada maleta al lado de Sachiko y se cruzó de brazos, con una cara de completa molestia, la cual ocasionó que Nanahara se riera suavemente y revolviera sus cabellos como si fuese un niño pequeño que estuviese haciendo berrinches para llamar la atención de sus padres.
—Vamos Misaki, ya sabes cómo es ella—contestó de igual modo, encogiéndose de hombros con resignación, ella conocía de antemano la habilidad innata de la mujer mayor para oír cosas casi imperceptibles, por eso no levantaba el tono de su voz. Abrió la maleta y procedió a sacar todos los platillos preparados que la señora Yata solicitó, ignorando la presencia de Misaki por unos breves instantes—.No pude decirle que no después de ver su cara de completa desilusión cuando supo que no ibas a trabajar. Eres un mal hijo, no visitandola y esas mierdas...
—¿No podías haber avisado antes? ¿Qué hubiese pasado si no estábamos en casa?—se removió algo incómodo ante la mirada tan intensa de los ambarinos ojos, hasta que sintió como uno de los finos dedos de la mujer recorría su cuello, la observó con enojo y procedió a apartar esa mano con brusquedad—.¿¡Qué mierda crees que haces!?
—No pensaba que Fushimi fuese alguien tan apasionado— murmuró para sí misma con sorpresa, evitando reírse ante el alegato tan poco masculino del castaño—.Deberías cubrir esas marcas, tu mamá podría sospechar.
Misaki tenía una expresión de no entender las palabras de Sachiko, para completa mortificación de la mayor. Por suerte ella era una mujer que siempre estaba preparada para todo, sacando de su bolsillo un pequeño espejo redondo, procedió a mostrarle los hechos al castaño. Su cara de bobo y asombro provocó que reprimiera una risa estridente, no quería llamar la atención de la madre de Yata y que ésta se acercara a la cocina, si bien Nanahara se describía a sí misma como alguien malvada la mayor parte del tiempo, tenía sus límites bien claros.
—Mierda—dijo con mortificación, poniéndose colorado tanto por la vergüenza como por la indignación. Iba a matar a Saruhiko por las marcas tan notorias en su cuello.
—Tengo algo de maquillaje en mi bolsillo, para taparlo—murmuró, sonriendo segundos después con algo de simpatía.
—¿Por qué andarías con esa mierda ahí?—preguntó con marcada curiosidad, sin poder calmar el furioso sonrojo de sus mejillas.
—Créeme, pensé que algo así podía pasar—declaró con honestidad, apoyándose en el fino mueble de cocina que hace uno año atrás le obsequió—.Tengo dos, uno para tu tipo de piel y otra para el tipo de piel de él… o lo más parecido posible…
—¡Maldición!—reclamó el castaño, tapando las marcas con su mano —.¿Por qué tengo que usar esas cosas de… de chicas?
—Eso o que tu mamá pregunte qué son esas marcas. No quiero imaginar su cara si le dices: 'Oh es que Saruhiko y yo estábamos a punto de hacer el amor antes de que llegarán ustedes a interrumpir'— exclamó con un tono de voz completamente empalagoso para molestar. Misaki la observaba con estupor, no esperaba que ella se diera cuenta de algo tan íntimo de forma tan fácil. Sachiko ladeó el rostro con algo de confusión ante la falta de contestación y sonrió —. Espera, ¿Todavía no..?
—¡Cállate, no pienso responderte a eso!—cortó la pregunta de la pelinegra completamente avergonzado, sacando algunos cubiertos y dejándolo sobre la mesa que utilizaba para cortar verduras de manera brusca.
—Simplemente wow, par de vírgenes—se burló.
—Qué te calles, joder.
Sachiko se río, avergonzar a Misaki era muy divertido.
Nunca se había sentido cómodo cerca de la señora Yata.
Ella siempre le sonreía de manera afectuosa y le daba la bienvenida a su hogar. Y él, que jamás entendió del todo lo que significaba el afecto familiar, no sabía cómo responder adecuadamente; no es como si le importara o algo ahora que ya era un adulto, pero era una tarea muy difícil mantenerle la mirada a su, ahora, suegra.
Saruhiko suspiró frustrado.
Difícil era que él y Misaki volvieran a perderse de aquella manera en los brazos del otro, y las ansias que tenía de volver a tocarlo de esa forma y marcarlo como suyo para siempre estaba haciendo estragos en su mente ociosa. Habrían llegado más lejos que nunca esta vez, pero sus planes se vieron frustrados gracias a las dos inoportunas mujeres y, a pesar de darse una ducha fría, no conseguía calmarse del todo.
—Me alegro que Misaki y tú hayan podido resolver sus diferencias—exclamó la mujer, sobresaltándolo, había olvidado que ella no sabía la verdad—.Sachiko me comentó que habían estado disgustados ustedes dos en estos días. Misaki nunca me cuenta nada, siempre intentando que no se preocupen por él…
Posó su azulina mirada en los castaños ojos, muy similares a los de Misaki, pero segundos después apartó la vista con incomodidad, para confusión de la mujer.
—Misaki es así…—respondió en un murmullo, ignorando el tono de reproche que había utilizado la mujer anteriormente.
—Tú tampoco hablas mucho, Saruhiko, pero de alguna manera tu forma de ser se complementa bien con la de Misaki. Me alegra mucho que él pueda contar con un amigo tan confiable como tú—la mujer sonrió después de dirigirle una mirada que no supo clasificar, como si ella supiera algo que el resto de las personas no.
Si algo aprendió en estos meses de estar con Misaki como pareja, es a sentir culpa cuando sabe que de sus labios escapan palabras hirientes o cortantes; Fushimi sentía culpa y ahora sabía que era debido a ello que no se sentía cómodo compartiendo el mismo espacio que la mamá de Misaki, porque quizás no debió darle la idea de dejar la escuela, o en aceptar irse a vivir juntos, o quizás debió insistir que fueran a visitar a la familia Yata de vez en cuando. Ella sólo había sido amable y le pagó arrebatándole a su hijo sin decir ni media palabra.
—Señora Yata, yo…
—No te atrevas a decir 'lo siento'— interrumpió la mujer con una sonrisa afectuosa y ojos cerrados, como si estuviera en paz consigo misma—.Misaki es y será siempre así, entregando el cien por ciento de sí mismo; él iba a marcharse de casa de igual forma y nada lo habría evitado. Pude quedarme tranquila sabiendo que no estaba solo.
Estaba algo sorprendido con esa confesión, no pensaba que ella conociera tan bien a Misaki - al menos no hasta el punto de saber que se sentía un extraño en esa nueva familia que construyó con el señor Yata - el sereno semblante de ella logró calmar esa hiriente ansiedad, sin necesidad de más palabras.
—¿Usted lo sabía?—preguntó de pronto, observando con cierto recelo hacia la cerrada puerta de la cocina; podía obtener algunas respuestas antes de que Misaki apareciera con Nanahara.
—Por supuesto—respondió con tristeza, manteniendo contacto visual con el pelinegro—.Su padre biológico fue una herida que jamás pudo sanar y por más que me esforcé, Misaki nunca pudo sentirse niño nuevamente. Pero eso cambió cuando tu apareciste y jamás podré reprocharte nada Saruhiko. Fue su decisión marcharse para cuidar de ti. Él te quiere mucho y me alegra saber que lo quieres de igual forma. Aunque ya que estamos en confianza, vengan a visitarnos más seguido, o me molestaré de verdad.
—No necesitaba que él cuidará de mí— murmuró para sí mismo, obteniendo una cantarina carcajada de la mujer ante su actitud tan esquiva. Sus palabras lograron intranquilizarlo de alguna forma, era obvio que Misaki y él se tenían afecto pero ¿Ella sabría que ese tipo de afecto incluía besos y caricias que sólo una pareja compartía?
—Sé que tenías problemas en casa, Misaki jamás dijo nada, pero pude hacerme una idea—dijo la señora Yata, mirando con especial afecto a la hija de Sachiko que jugaba con un sonajero dentro del coche frente a ellos—. A veces los padres cometen errores, así como el padre de Misaki o incluso los tuyos…
Podría decirle a la señora Yata que esos sujetos eran un error al completo y que no lamentó jamás la muerte de uno y el distanciamiento del otro, más no quería darle explicaciones de toda esa basura; con Misaki sólo logró comentar lo esencial del asunto y eso era más que suficiente para que él entendiera todo y zanjaran el asunto.
—¿Dónde está él?—preguntó después de un momento de silencio, cuando la mujer decidió sacar al bebé y cargarla antes de que ésta se pusiera a llorar de nueva cuenta. Misaki nunca hablaba de su padre biológico y tenía franca curiosidad por conocer algunas cosas que sabía el castaño no le comentaría en detalle.
—Falleció a mediados del año pasado a causa de las secuelas de un accidente—comentó la mujer con cierto pesar, dejando que la pequeña infante jugará con uno de sus dedos—.Sachiko se hizo cargo del funeral con su embarazo algo avanzado. Es una chica admirable, ciertamente. Es bueno que Misaki haya dejado de comportarse como un niño, la familia es lo primero.
—¿Misaki y Nanahara-san eran... ?
—Son medios hermanos, si—respondió con extrañeza, la cual aumentó aún más ante la expresión tan asombrada del pelinegro por sus palabras. Ella sabía que aquel período entre su hijo y Sachiko no había sido fácil y, si era cierto lo que la pelinegra le había comentado una tarde en el hospital, no había modo en que Saruhiko estuviera con Misaki en esos momentos cuando su padre biológico falleció. Un tanto culpable, miró al atónito ojiazul. Quizás haya metido a su hijo en problemas sin quererlo—.¿Nunca te lo dijo? ¿Qué pensabas que eran esos dos?
—Pensé que Nanahara-san era su… pareja o algo así… —respondió en un murmullo, sintiendo como hasta sus orejas se sonrojaban debido a la vergüenza que sentía ante la risa de la mujer.
No podían culparlo por pensar de esa forma, Misaki y Nanahara físicamente no tenían mucho en común, salvo los ojos, y el pequeño bebé podía pasar fácilmente como hija de ambos.
No sabía en qué momento Misaki y Nanahara aparecieron en la sala de estar, pero cuando su mirada chocó con la castaña de su pareja, suspiró internamente, era seguro ambos se burlarían de él, ya después se vengaría de Misaki.
—Hey, ¿De qué te estás riendo?—preguntó Yata a su madre con una sonrisa algo extrañada, cargando con dos platos que olían francamente bien.
—Misaki, Saruhiko pensaba que tu eras el padre de Sachiko-chan—respondió entre risas, cargando al bebé que balbuceó con alegría—.Vaya, no podría verte con una mujer como Sachiko, honestamente.
Tanto Yata como Nanahara pusieron la misma expresión de asco, consiguiendo que Saruhiko chasqueara la lengua con molestia ante las carcajadas de la señora Yata.
—Tengo mis estándares, jamás saldría con alguien que no fuese más alto que yo con tacones—comentó Nanahara con frialdad, observando a Misaki como si fuese un insulto hacia su persona.
El de menor estatura la observó unos segundos como si se hubiese resignado con ella, al parecer esa conversación la habían tenido antes. El castaño se acercó a la mesa y dejó los platos en ella. Cruzándose de brazos, en su rostro se formó un mohín de disgusto cuando observó la figura de Nanahara nuevamente.
—No eres tan linda como te hacen creer tus clientes, ellos sólo buscan un descuento— comentó con aburrimiento, logrando que incluso Saruhiko reprimiera una sonrisa ante esas palabras tan crueles hacia la mujer—Oye, Mamá deja de reírte…
—Perdón, pero es que ustedes tres son tan graciosos—contestó la mujer, volviendo a reír segundos después.
No sabía si era más molesto la cara de idiota perdido de Misaki, las carcajadas de su madre o la mirada de simpatía de Nanahara.
Su madre y Sachiko se marcharon hace tan sólo unos minutos, después de una agradable y tranquila cena - arruinada de vez en cuando por los gritos del bebé que pedía atención y que Nanahara se negaba a entregarle en demasía- Yata suspiró con cansancio observando, desde la puerta de la habitación, como Saruhiko se acostaba con tranquilidad en la cama (esa cama en la que horas antes estuvieron a punto de hacer algo, y el sólo hecho de recordarlo le provocaba un nerviosismo extraño en su bajo vientre).
Su madre le tenía cierto afecto a Saruhiko, como si fuese un hijo más para ella, y eso no era tranquilizador. Su madre esperaba que Saruhiko encontrara una mujer bonita, leal, que cocinara delicioso y que lo comprendiera en todas las circunstancias, entre muchas cosas más que ya olvidó. Cada una de esas palabras era como una puñalada directa hacia su persona y Sachiko intervino llevando a Saruhiko a la cocina por el postre. Debió ponerse un poco escueto con su madre para que dejara de ser chismosa, aludiendo que Fushimi y él aún no se sentían del todo cómodo juntos y que estaban en proceso de reconstruir su antigua amistad - odiaba mentirle a su madre, pero hablar de la relación que Saruhiko y él sostenían, no era adecuado por el momento, y seguir escuchando esa diatriba incansable acabaría con sus nervios y gritaría a los cuatro vientos que él era la persona que estaba con el tercero al mando de Scepter4 y no una mujer imaginaria.
—¿Te has puesto a pensar en lo que dijo tu mamá?— preguntó Saruhiko, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos con ese tenue murmullo que sólo sus oídos eran capaces de percibir.
Lo observó breves momentos, no sabiendo si golpearlo o besarlo-posiblemente lo segundo. Las palabras de su madre exigiéndole nietos de forma cauta debieron golpear a Saruhiko de alguna u otra forma, tal como esas otras palabras sobre la mujer perfecta para Fushimi lo hirieron a él; si bien le había reclamado en el callejón que no siguiera guardando sus inseguridades, no significaba que dejaría de sentirse de esa forma de la noche a la mañana, al menos ya era un gran avance que Saruhiko no se hubiese encerrado en sí mismo y le preguntara si quería niños en vez de darlo por hecho.
Realmente eso de las relaciones amorosas eran más complicadas de lo que uno pudiera creer.
—Si soy sincero ni siquiera sé lo que es un padre y menos ser uno, y jamás pude imaginarme de esa forma con alguien, a decir verdad... Además, te quiero—exclamó lo último sintiendo como sus mejillas ardían de vergüenza, pero si con eso lograba espantar las inseguridades de Saruhiko, lo haría una y otra vez de ser necesario. Se sentó con ansiedad sobre la cama, pegando un pequeño brinco cuando sintió al pelinegro tras él, abrazándolo de forma necesitada—.Y tú, ¿Quieres hijos? ¿O una chica que sea refinada y esas mierdas raras que dijo mi mamá?
Si Misaki tenía que ser sincero, le gustaba recostarse sobre el firme pecho de Saruhiko -alguna ventaja que existiera ser de menor estatura-se sentía cálido y era acogedor, además se llenaba de su embriagante aroma y el pelinegro no dudaba en abrazarlo más fuerte. Él era feliz así y no necesitaba de nada más.
—¿Qué demonios? Por supuesto que no— contestó con algo de molestia, pellizcando una mejilla de Misaki y sonriendo satisfecho cuando escuchó su quejido de dolor—.Excepto con lo refinado, Misaki cumple con todo lo demás…
—¿¡Ha!?—gritó con molestia, volteando y acostado de forma brusca al pelinegro en la cama. Forcejearon brevemente para invertir posiciones, más Misaki, quien poseía mayor fuerza física que Saruhiko, sonrió triunfante sentado en el regazo del miembro del clan azul—.¿Qué demonios tratas de decir? No soy una chica…
—Estás usando maquillaje—resaltó con burla sin moverse de su posición, acomodando sus anteojos con total calma.
—Eso es por tu maldita culpa, bastardo…—acusó, cruzándose de brazos con un mohín de exagerado disgusto—. Tch…¿Qué habrías hecho si mamá hubiese preguntado alguna mierda al respecto?
—Bueno… Habrías tenido tú qué responderle… — dijo con cautela, sonriendo conforme cuando sintió todo el peso del castaño sobre el suyo.
Las manos de Saruhiko acariciaron la estrecha cintura del mayor con lentitud. Tenía pensado molestarlo y continuar con lo que habían dejado pendiente horas atrás, pero Misaki detuvo todos sus planes con su mirada completa de afecto. Se encontró sin saber cómo responder.
—Eres la persona que quiero, por supuesto que mamá se enterará en algún momento, por si te lo preguntas. Aunque ahora no es el momento— dijo Yata con seguridad, para momentos después sonreír con arrogancia ante el rubor que adornaba las mejillas del pelinegro—.¿Oh? ¿Te dejé sin palabras?
—Cállate—exigió con molestia, arrojándole una de las almohadas que tenía cerca, sonriendo levemente ante el quejido de protesta del castaño—.¿Cómo te encontraste con Nanahara?
Misaki desvió la mirada y rascó sus cabellos con incomodidad.
—Una serie de eventos desafortunados—respondió después de unos breves segundos como si aquello explicara todo, logrando que en el hermoso rostro de su novio se dibujase una mueca de reproche. Suspiró resignado—. Ella me encontró en realidad. Ese sujeto tenía los días contados y antes de morir quería hablar con mi mamá. Sachiko tiene dinero, pero no se atrevió a ir personalmente a hablar con ella cuando los detectives le dieron toda la información que compró.
—¿Entonces decidió que sería más fácil contigo?—preguntó con una sonrisa burlona, acariciando el firme pecho de Misaki sobre la ropa—.Qué mala broma.
Misaki, encogiéndose de hombros con una actitud aburrida, se recostó a un lado del menor observando los adornos que había en el techo de la habitación como si fuese lo más interesante del mundo. Odiaba recordar las circunstancias en las que se reencontró con ese sujeto y el cómo la conoció a ella, pero Saruhiko tenía todo el derecho de saberlo, al menos lo esencial del asunto.
—Si... bueno, sólo sabíamos discutir cuando nos veíamos y más de una vez le dije que se fuera a la mierda, pero era una bruja insistente—comentó con irritación, recordando no sólo cómo esa mujer lo molestaba después de la muerte de Mikoto-san, sino que además decía cosas hirientes que él jamás podría repetirle a nadie. Sabía que si le contaba esas cosas a Saruhiko, éste no tardaría en detestarla y ser aún más arisco con ella; más negó rápidamente intentando alejar aquellos malos momentos, las cosas ahora estaban bien y eso es lo que contaba—.Cuando estuve harto de su maldita presencia, le di el número de mi mamá para que hablara con ella si tanto quería cumplir el capricho de su estúpido padre. Y aún no sé qué mierda pasaba por la mente de mi mamá, pero fue a visitarlo al maldito hospital después.
—¿Fue con… el señor Yata?—preguntó un tanto dudoso. Misaki lucía bastante incómodo ya.
—Ni idea—se encogió de hombros, como si aquel asunto no le atañera demasiado, como si no fuese de su padre biológico y de su padrastro de quienes estaban hablando. El ojiazul acercó su rostro a la morena mejilla de Misaki y la rozó con sus labios—.Tiempo después ese sujeto falleció y eso es todo. Ah, no. La maldita herencia fue un maldito problema también. Sachiko era como un jodido mosquito...
Saruhiko, un tanto confundido, se recostó sobre Yata y lo observó intensamente. Misaki no quería seguir hablando del tema y su tono de voz algo brusco lo delataba, más continuaba porque Saruhiko merecía conocer esa parte de su vida por sus propios labios y no por su madre o por Nanahara.
—No creo que haya sido porque querías algo, sino todo lo contrario ¿No?—preguntó el miembro del clan azul después de unos segundos de tenso silencio en donde sólo se miraban fijamente a los ojos.
Misaki negó, acariciando con suavidad los pelinegros cabellos de su pareja.
—Sachiko no entendía eso, me decía que porque seguía en esa pocilga en vez de aceptar este apartamento— respondió cansado.
—¿Aquí?¿Por qué lo aceptaste?—preguntó Saruhiko algo extrañado. Si bien sabía que la renta es difícil de pagar, Misaki se la podía arreglar perfectamente en el lugar donde vivía antes (no es que él haya buscado el domicilio de Misaki cuando estaban peleados, por supuesto que no, sólo quería cerciorarse de que no hubiese incidentes con los poderes de clan rojo). Yata apartó su vista de los bonitos ojos azules de su pareja sintiendo una enorme vergüenza. Pensándolo tranquilamente, la razón del por qué aceptó el departamento era bastante idiota, y debía patearse mentalmente por necesitar ayuda de Kusanagi para darse cuenta de sus sentimientos hacia el tercero al mando de Scepter4 cuando la evidencia era tan obvia ahora—.¿Misaki?
—Pensé que…—comenzó dubitativo, sin tener el coraje para mantenerle la mirada, sabía que lo que iba a decir ahora podría ser utilizado en su contra de múltiples formas por su pareja, pero lo afrontaría con entereza—.Pensé que quizás, si alguna noche querías quedarte a dormir conmigo… acá sería mejor que en donde vivía antes… o algo así.
Tras un breve e incómodo silencio, observó con algo de temor a Saruhiko quien se recostó rápidamente a su lado dándole la espalda en cuanto sus miradas hicieron contacto. Sus orejas completamente sonrojadas eran la clara señal de que se había avergonzado por esas palabras.
Nunca había pensado en su futuro ni en tener una pareja - porque la única persona que significaba su mundo y que quería dentro de su vida para siempre, estaba fuera de su alcance y era una pérdida de tiempo lamentarse por cosas que jamás podría cambiar. Pero al parecer la vida había decidido darle un poco de felicidad después de todo lo que tuvo que afrontar desde que era un niño.
Le costó parte de su orgullo, pero finalmente habló con Nanahara - su media cuñada, como a ella le gustaba recalcar con una sonrisa tan falsa que realmente le disgustaba - y reservó el salón VIP para celebrar el cumpleaños de Misaki. Ciertamente, aguantar a todo HOMRA y Scepter4 al mismo tiempo fue una completa tortura que no estaba del todo planificada, pero la sonrisa feliz y brillante de Misaki fue suficiente para aguantar todas las pullas cuando se enteraron que eran pareja.
Fue antes de soplar las velas del pastel- pastel que Munakata y Nanahara le obligaron a llevar en medio de todo el salón ante la mirada burlona de todo el mundo-, donde Anna le dijo a Misaki, con expresión anhelante, qué debía pedir un deseo para que éste se cumpliera. ¿Para qué?, pensó internamente, al final si uno quería algo tenía que luchar por ello, las cosas no caen del cielo o algo así.
Las cosas habrían continuado sin mayores incidentes de no ser porque uno de los tarados de HOMRA le dijo a Misaki que pidiera una novia con urgencia para dejar de ser virgen… y fue el acabose de la tranquilidad.
Munakata, con su usual sonrisa brillante, preguntó como si no supiese nada del asunto: '¿Ho ya? ¿Pero no que Fushimi-kun y Yata-kun tienen una relación formal de pareja?' El silencio que reinó después de aquellas palabras fue algo incómodo - sin mencionar que Misaki estaba completamente estupefacto como para decir algo al respecto, y se habría burlado de él si su propio rostro no hubiese estado con esa misma expresión de idiota perdido-pero lo peor fue cuando Nanahara agregó que, quizás, si debería pedir lo de dejar de ser virgen. Y Kusanagi detuvo lo que sea que iba a surgir de esa conversación con un carraspeo, después de todo Anna estaba presente.
Si debía ser sincero, ellos no habían tocado ese tema.
No es que no quisiera hacerlo con Misaki, pero comprendía ciertos aspectos de salir con alguien de su mismo sexo. Era un tema de orgullo, de dominación… Misaki era orgulloso, pero era poco delicado, y hacer ese tipo de cosas requería de una sutileza que ninguno de los dos poseía y él no se sentía del todo cómodo al pensar en su pálido y delgado cuerpo siendo observado en detalle por Misaki.
El pensaba que besar o tocar íntimamente a otra persona, sentir su sudor u otro cuerpo sobre el suyo sería asqueroso, pero sabía que Misaki sería la excepción a esa regla llegado el momento - Misaki siempre era la excepción a todas las cosas para él, excepto cuando de comer verduras se trataba.
No habían planificado nada para esa noche después de la celebración, pensar en ver películas hasta que les entrara sueño sonaba como un buen plan, más las miradas llenas de complicidad inhibidas gracias al alcohol, los llevó a terminar sobre la cama, enredando con suavidad sus lenguas y acariciando con necesidad el cuerpo del otro por sobre la ropa.
A veces le costaba comprender que cualquier tipo de caricia que quisiera hacerle no sería rechazada- después de todo Misaki no era reacio al contacto físico por su parte, pero siempre que el castaño quería acariciarle preguntaba antes si podía hacerlo y se ponía bastante nervioso. No dejaba de ser tierno de cierto modo, aunque también era frustrante porque Saruhiko sabía que no era bueno con las palabras ni Misaki era bueno para entender señales leves.
Él sólo deseaba llegar más lejos, tan lejos como pudiera; amar a Misaki de todas las formas posibles, como agradeciéndole el haber nacido y por estar con él cuando podría estar con cualquier otra persona que no fuera tan difícil de tratar y entender.
—¿Saruhiko?—llamó Misaki algo agitado bajo su cuerpo al no sentir más movimiento, por más que lo viviera todos los días, no podía acostumbrarse a que Misaki lo observara con tanto amor y deseo.
Misaki estaba con su ropa desarreglada y cabello revuelto, sin mencionar el irresistible sonrojo de sus mejillas y él sólo sentía que se iba a volver loco de seguir así.
—¿Qué?—preguntó con algo de molestia al no poder controlar su respiración. Se acercó al moreno cuello de Yata y repartió suaves besos que provocaban dulces suspiros del castaño. Sonrió con algo de burla, la gran vanguardia de HOMRA, Yatagarasu, ahora sólo era un manojo tembloroso bajo su cuerpo que difícilmente podía responder algo coherente. Pasó lentamente su lengua desde la clavícula izquierda hasta llegar al oído del mayor—.¿Qué pasa, Misaki? ¿No puedes hablar?
De reojo, pudo ver como Misaki apretaba las sábanas de la cama con sus puños hasta el punto de dejarlos blancos, quizás debido a la irritación de ser molestado incluso en momentos así de íntimos y no pudo evitar sonreír burlón.
—Quiero… más—susurró para su completa sorpresa, sintiendo como Misaki apoyaba sus cálidas manos sobre sus pálidas y frías mejillas. Sintió como su virilidad se apretaba dolorosamente en sus pantalones ante el tono tan necesitado de su pareja.
Tragó con dificultad.
Nunca, ni en sus más reprimidas fantasías, Misaki rogaba con tanto deseo. No le molestaba, sino todo lo contrario; descubrir nuevas facetas de Misaki - cosas que jamás habría podido saber en esos pasados años adolescentes- era increíble pero ese pensamiento lo enterraba en el fondo de su subconsciente, porque, aunado a eso, siempre venía esa voz oscura de sus pesadillas para decirle que quizás otra persona podría haber visto ese lado tan vulnerable del castaño si las cosas entre ellos no se hubiesen resuelto.
Fundiéndose en un nuevo y ardiente beso, sintió como Misaki, con manos temblorosas intentaba desabrochar su camisa con más o menos éxito. Saruhiko, con extraña seguridad en sí mismo e intentando reprimir una sonrisa satisfecha, retiró lentamente la sudadera blanca, acompañada de la musculosa que tanto le gustaba utilizar al de ojos avellanas, una vez que éste acabara con su difícil misión de quitarle la camisa.
Ni siquiera sabía qué estaba haciendo, pero el moreno cuerpo era irresistible y Saruhiko sólo quería besarlo y marcarlo como suyo, siendo los quedos suspiros de Misaki el aliciente necesario para continuar recorriendo su desnudo torso sin medir las posibles consecuencias.
El castaño se aferraba a las sábanas de nueva cuenta, intentando reprimir cualquier tipo de reacción extraña en su cuerpo y voz, y a Saruhiko aquello lo estaba molestando profundamente; quería que se deshiciera de todas sus inhibiciones y disfrutara, pero más parecía que estaba sufriendo con todas las atenciones que le estaba brindando. Con calma, tocó con sus labios uno de los suaves pezones del moreno y procedió a acariciarlo con su lengua después de escuchar sus gemidos y suspiros entrecortados por aquella simple acción- sus pantalones le estaban provocando dolor a esas alturas.
—Misaki—llamó con un tono de voz más ronco del que esperaba, deteniendo todas las caricias y roces con el moreno, más dejó sus frías manos sobre sus hombros, apoyándose en él.
El castaño abrió los ojos con algo de dificultad al extrañar el agradable calor del menor.
—¿Pasa algo?—logró preguntar después de unos momentos de confusión. Observando el desnudo torso del menor, sintió un calor delicioso en su parte íntima, más no se atrevió a hacerle algún tipo de caricia por más que sus manos así lo desearan; el pelinegro se veía algo molesto y no quería lidiar con algo tan doloroso como un rechazo, menos en aquellas circunstancias—.¿Saruhiko?
—No te quedes ahí quieto como un virgen idiota...—dijo con un tono de voz demandante y enojado, desviando la mirada con algo de vergüenza. Más después de unos segundos, se acercó a los suaves labios del castaño y con una leve sonrisa evitó que éste lo besara—.Tócame tú también...
Misaki sintió que podía terminar sólo al oír la necesitada voz de Saruhiko-nunca había escuchado un susurro tan excitante, si era honesto consigo mismo. Evitando suspirar ante la placentera fricción de sus cuerpos, acarició con lentitud la amplia espalda de Saruhiko mientras lo besaba con urgencia en los labios. Con poca delicadeza intercambió posiciones cuando notó que el menor había dejado de ejercer presión en su cuerpo. Necesitaba más de Fushimi, en tan sólo unos instantes se le hizo indispensable sentirlo por completo.
Entre los reprimidos suspiros del ojiazul, Misaki recorría con sus labios cada porción de la blanquecina piel que tanto anhelaba probar desde hace muchas noches. Besó con ternura la cicatriz en su clavícula mientras apretaba sutilmente el rosado pezón derecho del menor. Comenzó a bajar sus manos gradualmente por todo el abdomen y, dudando sólo unos leves instantes, desabrochó sin mayor dificultad los oscuros pantalones, deslizándolos con calma por las largas y esbeltas piernas de Saruhiko, separándose del pálido cuello que besaba con calma segundos antes. Se quedó sin palabras y completamente abrumado al verlo sólo en ropa interior con un notorio y húmedo bulto entre sus piernas, el cual era el resultado de sus torpes caricias. Saruhiko había dicho claramente que quería ser tocado por sus inexpertas manos, Yata tragó con dificultad sin saber exactamente si debía o no continuar; más salió de su aturdimiento gracias a las habilidosas manos del menor, quien viendo al perdido castaño sumido en sus pensamientos, procedió a desabrochar los pantalones cortos y empujarlo para lograr quitarlos, quedando bajo el pálido cuerpo una vez más.
El pelinegro sonrió al verse ambos en igualdad de condiciones, con sólo la ropa interior y una erección igual de dolorosa y necesitada, las cuales hicieron contacto entre sí cuando Misaki decidió envolverlo en un abrazo. Sus caderas se movían con lentitud y sincronía, saboreando la maravillosa sensación de tocarse de aquella manera tan íntima por primera vez; sus lenguas se acariciaban con urgencia, llenando el silencio de la habitación con los obscenos sonidos de sus necesitados besos. Dejarse llevar nunca había sonado tan tentador como en ese momento, donde una de las manos de Misaki acarició el borde de su bóxer, con algo de indecisión.
Un nerviosismo extraño se instaló en todo su cuerpo cuando, sin previo aviso, Misaki lo volteó nuevamente y, con una sonrisa algo victoriosa, deslizó su ropa interior. No pretendía ser el primero en ponerse nervioso en aquel arranque pasional y Misaki al parecer tampoco; ambos extrañamente se sentían tranquilos con lo que estaban haciendo, además que verse reflejado en aquellos pozos castaños como siempre anheló, con amor y deseo, evitaba que aquel lado tan pesimista en él saliera a flote - Misaki estaba excitado, y el causante de aquello era el propio Saruhiko y no podía pedir nada más.
Se incorporó levemente para deslizar el humedecido bóxer de Misaki, deleitándose con la maravillosa vista de su trabajado cuerpo completamente desnudo. Se sonrieron con afecto por unos instantes, uniendo sus labios en un nuevo y demandante beso, mientras se tomaban de las manos y Yata se recostaba sobre él.
Quería tatuar en su piel cada nueva sensación provocada por el moreno cuerpo sobre el suyo, embriagarse con su sabor a través de sus labios y culminar juntos en el remolino pasional que estaban generando en la habitación. Sólo existían ellos dos en ese momento.
Se sentó en la cama con lentitud, logrando que Misaki se apoyara en su regazo y lo observara con algo de curiosidad, sorpresa y un irresistible sonrojo adornando sus mejillas. Los suaves movimientos que compartían en esa nueva posición enviaban deliciosas corrientes eléctricas por todo su cuerpo, tentándolos no sólo a que sus besos fueran más demandantes y cortos, sino que también sus hinchados miembros se frotaran maravillosamente, incitándolos al abismo del pecado de lujuria.
Misaki, algo impaciente y excitado, enredó sus piernas en la espalda de Saruhiko, eliminando la mayoría de la distancia entre sus cuerpos perlados en sudor. El pelinegro, después de reprimir un fuerte gemido, se quitó sus anteojos y los dejó en alguna parte de la cama, procediendo segundos después a tomar con una de sus manos ambos miembros calientes y frotarlos entre sí con lentitud. Misaki lo imitó segundos después para imprimir un ritmo más rápido, con más presión y necesidad. Sintió a Misaki apoyarse en su hombro y besar su clavícula derecha con desesperación, quizás en un intento de evitar gemir de placer.
Sus respiraciones comenzaron a ser más irregulares a medida que el movimiento de sus manos se volvía frenético, estaban empapados gracias al líquido pre-seminal que brotaba de ambas erecciones. Podía sentir como Misaki se tensaba y su miembro comenzaba a palpitar reiteradamente, sin poder contener más los gemidos que escapaban de sus pecaminosos labios.
Misaki estaba completamente entregado ante las nuevas y sublimes sensaciones; jamás se había sentido tan bien al masturbarse - haciéndolo con Saruhiko se sentía mil veces mejor, sobre todo al sentir su calor y aroma que lo traía loco desde hace un tiempo- debió morderse los labios ante la abrasadora sensación que lo recorrió por completo al estar tan cerca de correrse, quería terminar junto con Saruhiko. Más, al incorporarse y observar a su pareja, con el rostro sonrojado y sus azules ojos llenos de deseo, fue su completa perdición.
Su blanca y caliente esperma se derramó entre sus vientres y dejó escapar el nombre de su amante con completo éxtasis, recibiendo a cambio una leve risa nerviosa por parte del menor, quien continuaba moviendo rítmicamente sus manos. Sólo por pura fuerza de voluntad, tratando de ignorar la satisfactoria sensación post-orgásmica, ayudó a Saruhiko a mover con mayor velocidad y presión sus manos sobre los humedecidos miembros - la hipersensibilidad que sentía en aquella parte de su anatomía, era opacada en gran parte con el deseo que tenía de llevar al pelinegro al más delicioso clímax posible.
Saruhiko respiró profundo, apoyando ambas manos sobre los morenos hombros y olvidando brindarse placer. Tras un breve momento en donde su mente quedó en blanco por completo, obligó a Misaki a besarlo de forma apasionada para poder controlar de alguna forma las extrañas reacciones en su cuerpo al sentir la pequeña y gruesa mano de Misaki envolviendo su erección y moverla de forma frenética gracias a lo lubricados que se encontraban; después de unas breves caricias más llegó al orgasmo de forma explosiva, enterrando sus uñas en la espalda del mayor debido al incontrolable placer.
Misaki removió lentamente su húmeda mano de ambos miembros para posarla en su blanca cintura, evitando que rompiera el beso en el cual estaban fundidos. Se separaron para observar el hermoso rostro del otro, más Misaki, después de sonreírle levemente y separar sus cuerpos, se recostó sobre la cama boca arriba tratando de regular su respiración infructuosamente.
Saruhiko sólo podía mirar la desnudez del moreno cuerpo con fascinación, encontrando algo molesto no poder hilar pensamientos y decir alguna cosa en estos momentos tan íntimos y agradables. Aún sentía como cada parte de su cuerpo latía descontrolado gracias al (orgasmo) de hace unos minutos.
—Feliz cumpleaños, Misaki —susurró el ojiazul casi sin aliento cuando su entumecimiento cabeza volvió a funcionar. Sonrió con algo de malicia al ver a Misaki agotado sobre la cama completamente desnudo, tembloroso y satisfecho. Se recostó sobre su cuerpo, apoyando la mitad de su peso en la cama, y acarició con ternura una de sus morenas mejillas completamente ruborizadas, Misaki era incapaz de abrir sus ojos y, así como estaban las cosas, posiblemente se dormiría si no hacía algo para evitarlo—. Ahora ya eres un poco menos virgen.
—Cá...—susurró con un hilo de voz, sin poder completar su queja debido al cansancio, aún con aquella provocación, era incapaz de desperezarse—. No me…ugh...
—Si, si, Misaki, lo que digas —susurró Saruhiko divertido, recorriendo con su vista toda la cama hasta dar con sus anteojos y ponérselos lentamente. Con cansancio, tomó su PDA que yacía olvidado sobre la mesa con la intención de sacarle una fotografía al moreno para molestarlo al día siguiente, pero al revisar la pantalla frunció el ceño con extrañeza; tenían sólo un par de horas para descansar y luego ir a trabajar.
No habían llegado tan tarde a casa después de la fiesta, así que realmente estaba sorprendido por lo rápido que se les pasó el tiempo.
Acomodándose a un lado del moreno, quien al parecer es de los que se dormían después de éste tipo de actividades, se dejó llevar por los brazos de Morfeo luego de guardar en su mente la inocente expresión de tranquilidad de Misaki.
NdA:
Primero que todo, una enorme disculpa por la tardanza (incluso por la tardanza en responder los comentarios, de verdad) mi tiempo está bastante limitado (estudio dos cosas, trabajo y el proyecto en el cual estoy metida está atrasado, lo que significa quedarme horas extras en el trabajo y llegar a trabajar a casa a veces).
Pero ya sólo quedan tres capítulos y el epílogo para que la historia termine :D espero no tardarme tanto para la siguiente actualización ains.
Gracias por leer y lamento cualquier error por ahí XD
0.0: pues... Ahora si me tardé una eternidad y lo siento XD. Con respecto a Saruhiko posesivo... Yo lo veo más como inseguro, y al ser de esa forma pensaría que Misaki preferiría estar con cualquier otra persona antes que con él - lo que hace la falta de comunicación - lo bueno es que Misaki fue bastante claro al respecto - el pequeño está madurando XD - en fin. Muchas gracias por leer y comentar.
