Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Capítulo 16: Tiempo.
Cuando al fin pusieron fecha para hablar con la mamá de Yata, ya había comenzado la primavera en Japón. Año nuevo les pareció una muy mala idea para hablar con ella porque, si algo salía mal, los afectados no serían sólo ellos dos. Así que esa cena la pasaron con tranquilidad junto a los bulliciosos de Minoru y Megumi; para después celebrar en la privacidad del apartamento, como correspondía en una pareja joven como ellos.
Hacer ese camino, hasta la casa de sus padres, realmente le traía buenos recuerdos. Como cuando comían un helado después de clases o peleaban por el turno en el uso del abanico en los calurosos días de vacaciones. Esos momentos eran su pequeño tesoro, donde la ingenuidad y la soledad les permitió conocerse entre mucha gente equivocada, planificando el inicio de una nueva vida juntos y así él poder cuidar de su persona más importante, alejándolo de quienes lo lastimaban de forma espantosa.
Jamás se imaginó su futuro de esta forma. Si alguien, antes de que Saruhiko se fuese de HOMRA, le hubiese dicho que terminarían juntos como pareja le habría dado un buen golpe en el rostro porque él, en ese entonces, no sabía que sentía algo por el pelinegro.
—Llegamos— murmuró el espadachín, apartándolo de sus pensamientos casi de inmediato.
Se dirigieron una mirada algo nerviosa frente a la puerta y le sonrió, infundiendo ánimos, porque estaban juntos en esto. Nunca en su vida le había costado tanto apretar el timbre de una casa. Y se mantuvieron quietos por largos minutos antes de que el de menor estatura reuniera el valor suficiente para presionar el botón.
El peso en su estómago aumentó cuando la siempre eterna sonrisa de su madre apareció al abrirles. Ella no había cambiado en todos estos años, seguía con su mirada afable, cabellos pulcramente ordenados en una coleta castaña que tenía leves destellos cobrizos. Si su madre se había sorprendido o preocupado por su llamada no lo hizo notar de ningún modo, suponía que Saruhiko tenía razón: 'ella estará feliz de saber que eres tu quien quiere ir a visitarla'.
Claramente, Minoru, Megumi y él señor Yata no se encontraban en casa tan temprano un día miércoles, y así era como lo deseaban; por eso Saruhiko pidió permiso para salir antes del trabajo y poder realizar este asunto cuanto antes - Saruhiko no estaba tan entusiasmado con la idea después de pensarlo bien, pero comprendió que Misaki tenía razón al decirle que era mejor que se enterara por ellos que por alguien más - o que alguna vez en la calle ella los viera siendo cariñosos el uno con el otro y vivieran un incómodo momento ante miles de desconocidos. Su madre podría ser impredecible algunas veces.
El olor a galletas le recordaba que, gracias a los nervios, no había podido probar bocado al desayuno; su mamá, siempre tan servicial, los invitó a sentarse en la mesa y les sirvió refrescos para combatir el calor primaveral. Ella se sentó frente a ambos y los observó fijamente, ante la falta de palabras proveniente de cualquiera de los dos. Misaki bebió parte de su refresco antes de comenzar la incómoda charla que dejaron pendiente en el teléfono, más no lograba encontrar la forma de comenzar aquello sin dejarse en ridículo.
—¿Está todo bien?—preguntó la mujer, con una sonrisa que no lograba esconder del todo su preocupación—.Me sorprendió mucho cuando dijiste que era algo que ambos necesitaban hablar conmigo. No pude evitar preocuparme, realmente sonabas bastante mal por teléfono.
Recibió un pisotón de parte de su pareja, haciendo que realmente lamentara haberle dicho a su madre que el asunto que debían tratar era urgente, ¡Pero había estado demasiado nervioso! Y Saruhiko no ayudó con su burlona sonrisa formándose en su rostro a medida que las tropezadas palabras salían de sus labios.
—Verás, mamá, Saruhiko y yo necesitábamos...—tartamudeó nervioso, sintiéndose demasiado consciente de las consecuencias que podría acarrear esa conversación—.Queríamos decirte que nosotros... nosotros dos...
Resoplando molesto consigo mismo ante la poca cooperación de su lengua, que se trababa a cada palabra, observó la confundida expresión de su madre que, al percatarse que no obtendría respuestas con él, observó al pelinegro interrogante, quién encogiéndose de hombros respondió con actitud casi aburrida.
—Estamos saliendo juntos.
En cuanto aquellas palabras salieron de los labios de Saruhiko, en un murmullo que tenía leves atisbos de nervios y ansias para alguien que lo conocía tan bien como Misaki, un silencio pesado se instaló en el lugar y Yata sintió que su cabeza saldría volando ante la rapidez con la que observó al pelinegro por su falta de tacto. Estaba tenso, su madre no había variado su expresión hasta que, al parecer, procesó sus palabras y dejó su vaso sobre la mesa.
—Espera Misaki...—murmuró su madre, con sus ojos abiertos en franca sorpresa—.Ustedes... ¿Cómo pareja? ¿Están juntos como pareja?
—Sí—murmuró el castaño avergonzado, evitando la mirada de la mujer. Hablar de esos asuntos no era fácil para él, mucho menos si tenía que hacer algo peor como hablarlo con su propia madre.
Ahora que ella sabía, hablar debería ser más fácil, pensaba Saruhiko. Sólo tendrían que oír su opinión y todo acabaría y podrían volver a casa.
—¿Desde cuándo?
Bien, quizás no, pensó Saruhiko abatido.
—Ha-hace un año, o un poco más...—respondió confundido el castaño.
Los silenciosos minutos parecían horas y Saruhiko, a su lado, estaba algo incómodo en esa situación, podía sentirlo completamente tenso, moviendo su pierna con impaciencia. Las cosas no estaban saliendo tan mal, su madre más parecía como si sopesara algo y no había gritado escandalizada, al parecer había llegado a un acuerdo consigo misma después de un tiempo que se les hizo eterno.
Suspiró internamente antes de escuchar como la mujer mayor se aclaraba la garganta, llamando la atención de ambos.
—No es lo que yo esperaba para ti, Misaki—susurró un tanto apenada, perdiendo su sonrisa.
Tragó con dificultad ante el obvio tono decepcionado de su progenitora, quien era incapaz de mirar a los ojos a cualquiera de los dos. No sabía qué decir ni hacer en estos momentos, incluso Saruhiko se veía consternado sin saber cómo salir del problema en el que se habían envuelto. Compartieron una rápida mirada nerviosos, decidiendo mentalmente aplicar su segundo plan: huir de la casa de los padres de Misaki e ignorar por completo el asunto de volver a hablar de su relación con la familia Yata. O de volver a ese lugar. Es más, hasta era probable que la señora Yata dejara de insistir en que fueran a visitarlos.
—Mamá, nosotros sólo queríamos...
—No...—interrumpió la mujer, con la voz temblorosa—.Uno de sus...—se quedó en silencio inmediatamente, como si se hubiese arrepentido de lo que diría—.Yo quería me dieras nietos, cualquiera de los dos...
Se miraron algo confundidos antes de volver sus rostros hacia la mujer, quien murmuró aquello con cierto pesar.
—Hemos hablado de eso y ninguno de nosotros desea...
—Puede que ahora no, y la gente no hablará de esto ahora porque aún son jóvenes—cortó la mujer con severidad, logrando que ambos se pusieran a la defensiva al mismo tiempo, era casi hasta gracioso lo sincronizados que estaban—.Pero en unos años más...
—¿Y qué importa?—la increpó el castaño en un murmullo, con más tristeza que molestia, bajando la mirada después de una pausa un poco larga—.Pensé que querías que ambos fuéramos felices...
El tono herido con el que el castaño pronunció aquellas palabras al parecer calaron en su madre, quien desvió la mirada algo incómoda. Saruhiko no pudo evitar percatarse que la señora Yata jugaba nerviosa con sus manos bajo la mesa; no estaba saliendo como lo habían planeado y sólo quería irse de ahí. De todas las ideas del castaño, esta había sido la peor.
—Misaki—llamó Saruhiko, en voz baja, posando una de sus manos sobre su hombro, tratando de tranquilizarlo y de que entendiera que dejaran el asunto por el bien de todos.
Por desgracia no lo logró.
—Mira, mamá, no estamos pidiendo tu permiso. Saruhiko y yo somos pareja y nada va a cambiar eso—dijo con más calma, sintiendo el leve calor golpeando sus mejillas—.Sólo queríamos que lo supieras de nuestra parte y no por alguien más.
La mujer bajó la mirada unos segundos, hacia su regazo, Saruhiko habría jurado que se había formado un atisbo de sonrisa en su rostro cuando escuchó las palabras de su hijo, pero al parecer se equivocó, ella levantó la cara para observarlos con notorio desagrado.
—Escúchame, Misaki—comenzó la mujer, con sus ojos transformados en dos témpanos de hielo, dejando atrás la calidez con la que hace unos cuantos minutos les abrió la puerta—.No aceptaré esto—negó con la cabeza—.Ya suficiente contigo dejando la escuela antes y sin yo poder detenerte; no esta vez. No apruebo esto y jamás lo haré. Es una fase que se les pasara pronto y ambos van a arrepentirse después.
Sobresaltado por la forma en que Misaki se levantó de la silla, golpeando bruscamente la mesa en el proceso, no pudo evitar suspirar para sus adentros.
—¿¡Qué!? ¿¡De qué mierda...!?
—¡No me levantes el tono, Misaki!—interrumpió la mujer enojada, perdiendo su compostura.
—Tsk... cálmate...—susurró Saruhiko, en un vano intento por lograr que su pareja dejara de estar enojado,al menos logró que se sentara nuevamente tras jalarlo un poco por su holgada sudadera blanca.
—Todo... cuando lo conociste a él, todo cambió en ti Misaki—increpó la mujer, derramando lágrimas que incomodaron a ambos jóvenes delante de ella—.Dejaste la escuela, te uniste a una banda de...¡de mafiosos! y él te dejó solo después... ¡Es cosa de tiempo para que él encuentre a alguien mejor y te deje!
—¡Eso no es verdad!, yo no lo dejaría...— respondió Saruhiko, sintiendo un gran remordimiento llenando su cuerpo ante las duras palabras de la señora Yata.
—¡Ya lo dejaste solo una vez, como si fuese algo desechable!—puntualizó la mujer con dureza, sorprendiéndolos, que ella conociera aquellos oscuros detalles de su pelea de hace años no era algo que se esperaban—.¿¡Por qué no volverías a hacerlo!?
—¡No dejaré que digas toda esta mierda, no delante de Saruhiko!
Realmente quería largarse de la casa de la familia Yata. Sabía que se había marchado de mala forma de HOMRA, también que dejó a Misaki a sabiendas que en el clan rojo ponía en riesgo su vida de forma estúpida. Él ya tenía asumido todo eso y era algo que Misaki y él habían conversado y dejado atrás. Pero que la señora Yata puntualizara el detalle más escabroso en sólo una oración, removió sus sentimientos de culpa que creía había enterrado hace un tiempo. Y dolía.
—¡Son sólo un par de niños que juegan a ser adultos!—exclamó con desesperación la mujer, logrando que la aturdida mente del pelinegro volviera al presente—.¿De verdad amas a Saruhiko? ¿De verdad no es una excusa para sentir que perteneces a una familia?—increpó con dureza, logrando que su propio hijo la observara como si lo hubiese traicionado.
—¿¡De qué estás hablando!? ¡Eso jamás...!—se me había pasado por la cabeza, o eso quería decir antes de sentir como el pelinegro se levantaba apresurado del lugar y se acerca a la puerta, sin dirigirle una mirada siquiera—.¿¡Saruhiko!? ¡Oye, espera!
—Pon los pies sobre la tierra, Misaki...—murmuró la señora Yata,una vez oyó la puerta cerrarse con algo de fuerza.
—¡No, ponlos tú!—contestó irritado, incorporándose del asiento—¿¡Cómo te atreves a decir toda esa mierda delante de él!?
—¿Saruhiko confía en ti, hijo? ¿Y tú en él?—Pregunta con cautela—.¿Podrás decir orgulloso que lo amas, sin dudar, cuando seas un skater famoso? ¿No huirás cuando la gente los critique por ser pareja?
—Por supuesto que confío en él—susurró con más inseguridad de la que esperaba—.Y-y no me importa lo que la gente opine de la relación que tenemos...
Sus manos dolían de tanto que las apretaba para mantener a raya su malhumor. Su madre no entendía nada de ellos dos como para salir con todas esas cosas ilógicas.
—¿Estás realmente seguro?¿No estarás con él para evitar que se marche de tu lado otra vez?—Misaki la observó con asombro, dándose media vuelta de inmediato. Esa mujer era su madre, y aquello era algo que agradecía, sino ya la habría golpeado—.¿A dónde vas?—preguntó la castaña al ver como su hijo se alejaba apresurado del lugar.
—Lejos de ti—escupió con veneno—.Tú no eres mi madre...
Al estar finalmente fuera de esa casa en la que vivió casi toda su infancia, no pudo evitar tragar con fuerza ante la desazón y deseos de llorar que sentía, pero ni los leves sollozos de su madre, aquellos que escuchó tras la puerta y que lograron confundirlo por unos instantes, ni las duras palabras que utilizó en contra de ella consiguieron que sintiera algo de culpa. Había tomado su decisión y era Saruhiko
Bajó con lentitud del edificio en donde vivía su familia, si es que podía seguir llamándola así después de todo lo que pasó. Se encontró con Saruhiko apoyado en la blanca pared de la cafetería que estaba al lado del lugar. Estaba tenso y molesto, era más que notorio incluso para alguien tan denso como Yata que salir con una broma no sería lo adecuado. Habían pensado en todos los escenarios, menos en uno donde su madre sabía que Saruhiko se había marchado de HOMRA, y no precisamente de forma amistosa.
Suspiró para sus adentros, sintiendo un dolor en su estómago cuando su mirada se encontró con la azulina de su pareja. Estaba algo nervioso, si tenía que ser sincero, y la agria mueca del menor en nada ayudaba a aliviarlo.
—Bu-bueno, ambos sabíamos que esto podría pasar...—comenta el castaño a la defensiva, pasándose una mano por sus cabellos con algo de desesperación, observando como el menor se incorporaba y comenzaba a caminar sin esperarlo.
—Mejor guarda silencio—comentó irritado, con sus manos en los bolsillos.
Observó como aumentaba la distancia entre ellos y, sin pensarlo mucho, decidió adelantarlo para lograr que detuviera su marcha.
—Oye, Saruhiko— Tomó aire con seriedad, necesitaba que el pelinegro entendiera que pasara lo que pasara estaban juntos y que, aunque su mamá no aprobara su relación, aquello no era relevante—.No me importa lo que ella opine.
Con una mirada confusa, al sentir como Saruhiko lo tomaba de la mano y continuaba hacia su destino en silencio, pensó para sí mismo que, quizás, no había sido todo tan malo.
Viernes
Saruhiko:
Recibí una llamada urgente del
capitán. Debí partir
inmediatamente a los cuarteles
05:25 am
Misaki:
Vaya mierda
te espero a cenar entonces
08:06 am
Saruhiko:
No me esperes.
No iré.
13:56 pm
Misaki:
¿¡Qué!? ¿¡Cómo que no vendrás!?
13:56 pm
Misaki:
Oye, respóndeme bastardo.
18:19 pm
Saruhiko:
Reunión, te hablo más tarde
20:28 pm
Misaki:
Bien...
20:28 pm
Habían sido días horribles de puras discusiones sin sentidos en el apartamento de Yata, por eso Saruhiko dejó su PDA sobre el escritorio, silenciándolo gran parte de la tarde. Realmente no quería hablar ni ver al castaño por el día de hoy, y si pudiera librarse de aquella tensión por el fin de semana, no lo dudaría.
Se quedaría en los cuarteles, eso era lo mejor.
Lunes
Misaki:
¿Quieres cenar algo en especial hoy?
12:00 pm
Saruhiko:
Suena bien una pizza
12:30 pm
Misaki:
¡Ok! Te esperaré con ella, sin verduras como siempre
12:31 pm
Misaki:
¿Dónde estás?
21:45 pm
Saruhiko:
Aún en el trabajo... no podré ir
22:37 pm
Misaki:
Podrías haberme avisado antes, maldición
¿Vendrás a dormir al menos?
22:38 pm
Misaki:
¿Saruhiko?
00:25 am
Misaki:
Descansa...
03:26 am
Misaki había arrojado su reloj PDA sobre la mesa, apoyando su cabeza sobre la poco confortable superficie viendo como la hora y los minutos aumentaban poco a poco. A medida que iba quedándose dormido, soñando con días mejores, la cena que con tanto esmero había preparado comenzaba a enfriarse.
Martes
Misaki:
Sachiko se enfermó, así que la llevaremos al médico
Por si llegas y no estoy en casa...
14:05 pm
Observó aquel mensaje sin saber cómo responderlo, o quizás sin deseos de contestarlo en realidad.
—Fushimi-kun— llamó Munakata con una sonrisa algo extrañada al verlo a tan altas horas en los cuarteles —.¿Ha sucedido algo?
—No—negó en baja voz, dirigiendo su mirada al mayor, aparentando tranquilidad—.Está todo bien.
Dirigió nuevamente su vista a la computadora, sólo escuchando el eco de los pasos del capitán alejándose a través de los solitarios pasillos del cuartel.
Ya era casi medianoche. Quizás debería irse a dormir.
Miércoles
Misaki:
¿¡Qué demonios, me ignoraste un puto día completo!?
13:26 pm
Saruhiko:
Estoy trabajando
15:54 pm
Misaki:
Oh estás vivo entonces
16:08 pm
Saruhiko:
Escríbeme sólo si es importante.
22:52 pm
Sentía un frío en el estómago que nada tenía que ver con nerviosismo. Era otra cosa, algo que temía pensar, pensarlo lo haría real ¿no?
—¿Yata-chan?—llamó preocupado el dueño de HOMRA, ante la expresión sorprendida del castaño—.¿Está todo bien?
—Mejor que nunca—respondió automáticamente, tragándose los deseos de gritar y maldecir al pelinegro.
No volvería a hablarle, definitivamente no lo haría. Sentía deseos de ir a emborracharse a algún lugar, pero tendría que olvidarse de eso por ahora.
Jueves
Saruhiko:
¿Misaki?
11:06 am
Eran pasada las dos de la mañana. Y Yata nunca había sentido que su cama era tan grande y espaciosa como esos días, al parecer sería otra noche sin dormir.
Viernes
Misaki:
No tengo nada importante que decirte
16:21 pm
Frunció el ceño ante el escueto mensaje del castaño.
Bien, no cedería primero. Si Misaki estaba enojado, el propio Saruhiko podría estarlo aún más.
—Fushimi-san—llamó Hidaka, con una sonrisa nerviosa—.Iremos a comer fuera, ¿Viene?
Dirigiéndole una última mirada al mensaje, decidió acompañar a su subordinado con oscura satisfacción, pensando en lo mucho que le gustaría que Misaki se enterara de esa salida.
Sábado
Saruhiko:
¿Dónde demonios estás?
22:54 pm
Misaki:
En el apartamento de Chitose,
pasáaaaandola muy bien
no quiero hablarte
puedes irte a la mieeeerdaaaa
00:41 am
Misaki:
Lamento eso. Bebí mucho.
12.40pm
Domingo
Saruhiko:
¿No estás en casa aún?
13:36 pm
Saruhiko:
¿Misaki?
23:54 am
Las cosas entre ellos estaban tensas, y cuando Saruhiko pasaba tiempo en el apartamento se decían palabras un poco mordaces y volvían a la rutina de los mensajes de texto, donde podían estar días sin hablarle al otro, dibujando una línea imaginaria que cada vez los separaba más y más.
Pero Misaki se mantenía optimista al respecto, o tan optimista como se podía estar en una situación así; habían pasado por cosas peores y utilizado palabras más hirientes que las que usó su madre aquella fatídica tarde en la que todo comenzó. Dos meses de insoportable tensión podía soportarlas, había tolerado más de cuatro años la crueldad de Fushimi, un poco más no haría mayor diferencia.
Si Yata debía ser honesto, no sabía que le molestaba más de todo el asunto: si la forma en la que su madre trató a Saruhiko o como éste había creído en las horribles palabras de su progenitora. O quizás fuera el hecho de que, parte de lo que dijo su madre lo hiciera dudar a él también, más por el frío comportamiento de Fushimi que por otros motivos - además que haber escuchado de los propios labios del moreno que salió uno de esos días con Hidaka en nada ayudó.
Lo peor del asunto es que discutían más por cosas que sucedieron hace más de cuatro años que por cosas recientes. Fushimi ansiaba respuestas y Yata no quería entregárselas.
Era cierto que Saruhiko desconocía ciertos aspectos de lo que sucedió con él cuando se marchó de HOMRA; el único que sabía lo mal que lo había pasado juró mantener silencio, promesa que hasta el día de hoy mantenía y que esperaba que por nada del mundo debiese contarla.
No quería recordar lo perdido que estuvo o lo solo que se sentía cuando subía a la litera y no había nadie ahí; o lo desolador que era percatarse que había preparado una cena para dos y no tener a nadie con quien compartirla.
Se había vuelto más violento, como una forma de desahogo y de olvidar, para no sentirse solo y menospreciado por su clan y consigo mismo. Casi muere por ser tan impulsivo gracias a una trampa de unos yakuzas que ansiaban vengarse de HOMRA, por suerte Kusanagi mantuvo aquel penoso asunto a escondidas de todos, aludiendo que necesitaba unos cuantos días a solas para tranquilizar y enfriar su cabeza. A cambio de mantener silencio, Yata juró no volver a tocar fondo otra vez, y dejar de intentar ser un héroe sin ayuda de los demás- no que lo consiguiese del todo, pero trataba de mantener su mal humor a un nivel tolerable para el barman.
Los primeros días después de su regreso, cuando ya no quedaban señales de ataque alguno, sonreía sin sentirlo realmente, pero Totsuka y los demás se encargaban de ayudarlo a sanar, de hacerle comprender que sin Saruhiko seguía siendo la vanguardia de HOMRA de la que tan orgullosos se encontraban.
Fushimi lo rompía con sus palabras en cada encuentro, luego volvía a levantarse con la convicción de seguir mejorando y hacerse más fuerte para protegerlos a todos. Era cada vez más fácil darse la vuelta y caminar con sus compañeros de clan después de algún encuentro con Fushimi. Pero luego ocurrió el quiebre en HOMRA, aún así mantuvo su promesa de no tocar fondo después de entrar en razón y hacer algo al respecto; ayudar a Anna, mantener unido su clan. Cicatrizar sus heridas.
Todo con tal de no perder la cabeza.
Todo con tal de no volver a perderse.
No estaba orgulloso de lo que le sucedió, y no quería que Saruhiko se enterara de ese asunto tan penoso y he ahí sus discusiones. Saruhiko quería que le diera respuestas a cosas que ni él conocía. Por mucho que le haya hecho mal su partida, no podía decirle que su mundo se derrumbó por completo porque sería una mentira, pero si sintió que su mundo se derrumbaría ante el escenario que le presentó el rey de los azules, antes de la batalla final contra JUNGLE, donde Fushimi podría morir en una misión estúpida por abrirle paso a aquel hombre que no podía agradarle del todo.
Y sabía que eso no era lo que el ojiazul ansiaba escuchar.
Como tampoco lo eran las palabras que éste pronunció en la mesa, mirando a su rostro de forma desinteresada y seria. Tragó con dificultad, sintiendo como su garganta le impedía respirar. Había pensado que el mensaje que Saruhiko le mandó a primera hora del día, en donde le pedía que cenaran juntos, era una especie de ofrenda de paz.
No esperaba un escueto saludo y la forma tan fría en la cual corrió su rostro para evitar un beso.
No esperaba sentir su mundo tambalear de esa forma.
No otra vez.
—¿Ti-tiempo? ¿Qué...? ¿De qué...?¿Estás...?—murmuró nervioso, sin saber cómo continuar aquella dolorosa frase. Trató de respirar, sintiendo como lentamente las llamas de la rabia cobraban vida en su interior y nublaban su cabeza. Saruhiko estaba impasible, serio, seguro de sí mismo, y aquello sólo logró que su irritación aumentará, dándole la amarga sensación de que nunca fue importante para él —.¿¡Estás terminando conmigo!?
—Dije tiempo, ¿No me estas escuchando, acaso?—masculló con molestia, cruzándose de brazos con tranquilidad, como si le estuviera explicando un sencillo ejercicio de matemáticas al tarado de la clase—.Todo está mal, ¿Qué tan idiota puedes ser para no darte cuenta?
—¿¡Qué tan idiota eres tú para dejar que ésta mierda llegue así de lejos!?—gritó con furia, golpeando la mesa, logrando que los vasos que contenían jugo casero se voltearan sobre parte de la cena, aquella que se esmeró en preparar pensando en una reconciliación que se veía cada vez más lejana. No iba a dar el brazo a torcer esta vez, ya era suficiente que sólo él tuviese que hacer todo en la relación—.Eres tú quien no pone nada de su parte...—murmuró con rencor—.¿¡De cuándo te importa tanto lo que la maldita gente opine!?
—Ya somos adultos, debemos pensar en la consecuencia de nuestros actos—declaró con calma, ignorando el vaso que comenzaba a rodar hacia el borde de la mesa.
Misaki lo observó con marcada incredulidad, pero él se sentía tranquilo, algo extraño considerando lo mucho que había anhelado poder estar siempre con el castaño. Era un paso difícil, pero era desagradable estar con Yata últimamente y aquella sonaba como la mejor forma de cortar con esos problemas. Un poco de distancia y enfriar las cosas...
—¿¡Le vas a hacer caso a mi mamá ahora!?
—Ella tiene razón cuando dice que sólo somos unos mocosos pretendiendo jugar a ser adultos—afirmó, encogiéndose de hombros dibujando una sonrisa sarcástica. Se mantuvieron en el más absoluto de los silencios y Yata realmente prefería que siguieran así; ya veía hacia donde iba todo y no le gustaba. Saruhiko suspiró cansado y finalmente sus miradas chocan, pero ya no está esa calidez que siente al ver su bello y blanco rostro de porcelana, ahora solo quería golpearlo—.¿Realmente me quieres o estás conmigo para que no me marche de tu lado, otra vez?
Cuando escuchó aquel susurro del menor, se levantó inmediatamente de su asiento, como si éste quemara. Apoyando ambas manos en la mesa, trató de mantener en calma sus emociones y no explotar de rabia. Tembloroso, observó cómo sus nudillos se volvían blancos con la fuerza que estaba ejerciendo para no correr a Saruhiko de su casa y decirle que se fuera a la mierda, o de no romper y quemar algo.
Llevaban un año juntos, se había entregado a él, había decidido luchar por su relación hablando con su familia... y desconfiaba de él, así de fácil, olvidando todo lo que habían vivido juntos.
—¿De dónde has sacado toda esa mierda?—preguntó desesperado, revolviéndose los cabellos, rogando porque el ojiazul no hubiese escuchado las últimas palabras de su mamá. No entendía el punto de Saruhiko y no quería derramar las lágrimas que gritaban desesperadas desde lo más profundo de su interior—¿Te estás escuchando? Yo no habría...
—Misaki, ¿De verdad crees que estaríamos juntos si tu amado Mikoto no hubiese muerto?—preguntó con mofa, soltando una carcajada sarcástica después de observar el rostro completamente atónito de Yata, se levantó con parsimonia del asiento, sin perder en ningún momento aquella mirada cruel e hiriente. El castaño sólo pudo retroceder unos pasos hasta que su espalda chocó con la fría pared, sintiendo un horrible dejavu y como un calor recorría una de sus mejillas lentamente a medida que el menor lo dejaba sin escapatoria —.¿Siquiera te importó cuando me marché de HOMRA? Recuerdo que sonreías y movías la cola como un perro cuando tenías delante al inútil de tu rey.
—¡Imbécil, no hables así de Mikoto-san ni digas esas mierdas...!—gritó harto, interrumpiendo su perorata tomándolo del cuello de su camisa, acercándolo a su rostro con desesperación, buscando un atisbo del hombre con el que compartió más de un año de maravillosos momentos, sin resultados—.Ya hemos hablado de esto... además, ¡Mikoto-san...!
—Mikoto-san...—repitió con burla un par de veces, interrumpiendo entre risas irónicas y crueles lo que sea que el castaño quisiera decir—.Tu mamá tiene razón— Saruhiko posó una de sus frías manos sobre las siempre tibias del skater y las apartó sin cuidado. Su expresión era hielo puro—.Sólo estás conmigo para olvidarte que no perteneces a ningún lugar.
El vaso se quebró, logrando que Yata se sentara con lentitud en el frío suelo de su apartamento, con su mirada ida. Aquel lugar que estaba lleno de recuerdos que construyeron juntos, donde compartían agradables cenas y almuerzos no hacía más que lastimarlo ahora.
Quería gritar, insultarlo y decirle que jamás volviera a acercarse un sólo centímetro nuevamente. Pero su voz no quería salir por más que lo intentaba.
Siempre había pensado que la depresión que causó en él la muerte de Mikoto y Totsuka sería algo imposible de lo cual sobreponerse; que la horrible sensación de soledad de ver la espalda de Saruhiko alejarse de su vista después de palabras amargas diciéndole que se marchaba a Scepter4 jamás podrían ser superada.
Pensaba que la felicidad entre dos personas podía ser eterna y que bastaba sólo con amarse y confiar el uno en el otro...
Pero...
El simple sonido de la puerta al cerrarse era la prueba suficiente para determinar que se había equivocado en todo; no era tan doloroso ver la espalda de Saruhiko desaparecer por esa puerta, lo que lo hacía doloroso era que, quizás, esta vez sí era para siempre.
No perteneces a ningún lugar.
NdA:
Ha sido un mes complicado, y no pareciera que vaya a mejorar, así que puede que las actualizaciones tarden otra vez... Lo siento, intentaré traer el proximo capítulo tan pronto pueda.
