Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Los comentarios anónimos los he respondido al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.
Capítulo 17: Promesas.
Había pasado un mes.
Treinta días exactos donde, entre gritos e insultos, logró soltar toda la rabia y pena que llevaba acumulando desde que la puerta de su apartamento se cerrará tras Saruhiko, después de que éste mencionara su intención de tomarse un tiempo en la relación que sostenían.
Sachiko había sido la primera en recibir sus insultos cuando logró llegar, al día siguiente, a trabajar. Entre gritos le acusó de traición tanto por contarle a su madre cosas que debía haber callado, por faltar a su confianza, por ser la indirecta responsable de la pelea con el ojiazul pero el hacerla llorar no logró satisfacerlo en nada, sólo lo hizo sentir como un ser abominable y despreciable que se desquitaba con quien tenía más cerca, con quien le brindó su apoyo desde siempre y terminó disculpándose con ella después de enfriar un poco su cabeza, era el único familiar que le quedaba, después de todo.
Lo bueno es que Sachiko no era rencorosa. No tanto, al menos. Agradecía el exceso de trabajo y las horas extras, así al menos mantenía su mente y manos ocupadas, y no gritaba de furia por los rincones, o hacía estupideces como antes.
Kusanagi debió hacerse cargo de él y de su mal humor, o la fase de enfado, como lo nombró cómicamente Bandou un día, recibiendo un golpe del resto de los chicos de HOMRA como escarmiento, después que empezó a explicar con mofa las etapas de un duelo. La mirada exasperada de Anna fue la única que logró callar al bromista de su amigo, quien no se daba cuenta que sólo estaba empeorando las cosas.
La fase de negación apareció al séptimo día al parecer, porque se dijo a sí mismo que no sería el primero que cedería en el asunto, además que quien empezó con todo fue el pelinegro.
¿Por qué tendría yo que ir a buscarlo? Se repetía de manera incansable.
Al décimo día, Kusanagi y Sachiko se turnaban para hacerlo entrar en razón, tratando de que recordara por qué se enamoró del tercero al mando del clan azul- no con mucho éxito las primeras veces, en verdad ¿Por qué se enamoró de él en primer lugar?
Finalmente, al décimo quinto día, entró a la etapa del dolor en donde lloró como un bebé y finalmente procesó todas las palabras de Saruhiko en brazos de su hermana. Después de tranquilizarse y estar algo más presentable, decidió ir a Scepter4 para intentar hablar con el espadachín, sólo para recibir nula respuesta de un Enomoto que lo miraba con una compasión que no deseaba en lo absoluto.
Saruhiko había salido del país con algunos de sus compañeros, con Hidaka entre ellos.
Volvió como autómata a HOMRA, estuvo ido por un buen rato hasta que Kusanagi le dio una cerveza y lo hizo hablar; gracias a ello pudo desahogarse. A veces no sabría qué sería de sí mismo si no contara con el rubio mayor.
Así como la ira y la tristeza eran pasajeras, había entrado, al fin, en la etapa de la aceptación.
Saruhiko necesitaba tiempo, y ahora el propio Yata lo necesitaba también. Porque por más que trataba de evocar los hermosos momentos que vivieron juntos durante ese maravilloso año, todo era opacado por las únicas palabras que rompieron su corazón, y no sabía si podría estar con alguien que lo lastimaba de esa manera para defenderse a sí mismo.
Además, estaba demasiado enojado sabiendo que el pelinegro estaba con Hidaka en quién sabe dónde, tampoco es como si se hubiese quedado a hablar con Enomoto más de lo necesario, no quería su compasión ni su apoyo ni nada que tuviera que ver con el clan azul nunca más.
Sachiko esa misma noche le dijo que al pedirle tiempo significaba un rompimiento de una u otra forma, y pensar en ello le provocaba un hueco en el estómago, porque si Saruhiko salía con alguien más o con su compañero de clan y después quería volver a estar con él, dudaba mucho poder aceptarlo
¡Él no era algo desechable!
Además tenía su orgullo, algo roto, pero su orgullo al fin y al cabo, lo único que le quedaba después de que Fushimi se fuera de su casa. Suspiró resignado consigo mismo, golpeando con fuerza su cabeza sobre la almohada de la cama. El aún esperaba una llamada, un mensaje o alguna señal de que el pelinegro quería saber algo de quien fuera su pareja por un año.
Pero no había nada, y él seguía esperando, aunque conforme pasaban los días su anhelo y esperanza iba disminuyendo, siendo reemplazado por la ira y decepción.
Se había hospedado en HOMRA después de que pudo volver a la realidad, había dejado su apartamento tal como quedó en el preciso momento en que entendió que Saruhiko no iba a volver por esa noche. Regresar a ese sitio sería revivir tanto la pelea que tuvieron como las horribles palabras que habían acabado con parte de su vajilla destruida en el suelo. Podría haberlas escuchado de cualquier otra persona, pero que eso lo dijera el propio Saruhiko era algo que sería muy difícil de perdonar, sonaba a real, porque para él Saruhiko siempre tenía razón en todo.
Y, gracias a eso, ahora él mismo estaba dudando de sus propios sentimientos por el menor, como si realmente se hubiese enamorado de él porque sabía que no había manera en que Saruhiko lo rechazara y de esa manera él no lo abandonaría otra vez.
Se removió renuente de la cama, observando el blanco y liso cielo del bar.
No tenía deseos de nada, sólo se levantaba para ir a trabajar y evitar los regaños de Nanahara que, aunque los recibía igual, era menos molesto que lo regañara por asuntos laborales que por el asunto de Saruhiko; y luego volvía a la habitación en el bar.
Kusanagi más de alguna vez le reprochó que si no intentaba salir de esa depresión terminaría siendo una carga incluso para sí mismo, pero aún estaba todo tan reciente que veía difícil volver a sonreír despreocupadamente como antaño.
Negó con la cabeza evitando los deseos de llorar otra vez, no podía permitir que sus amigos siguieran preocupándose así. No era justo para ellos, no tenían que cargar con sus errores y los de Saruhiko.
—Misaki—llamó Anna tras la puerta de la habitación, dando unos sutiles golpecitos cuando no obtuvo respuesta.
Se limpió la cara con la manga de su sudadera blanca y, tras ponerse su gorra negra, abrió la puerta intentando sonreírle a su Reina, había un festival al que asistir y, sólo a pedido de ella, había aceptado acompañarlos.
—Ya, estoy listo—exclamó con ánimos fingidos, tratando de no preocupar a la menor.
Anna ladeó la cabeza con algo de confusión.
—Misaki no tiene que mentir—dijo ella, con su suave voz, tomando su mano en un gentil apoyo para luego sonreírle con afecto—.Pero si tiene que usar una yukata.
—Anna—susurró enternecido. La albina había sido la única persona que no le reprochaba su tristeza, quien le decía con seriedad que todo estaría bien pronto. Y él le creía, con poderes o sin ellos siempre le creería a aquella adolescente que estaba frente a él—.Ya no soy un niño para usar una.
Lo había dicho con un tono de voz parecido al de meses atrás, rascándose sus cabellos con algo de vergüenza. Para Anna esa era una buena señal, por eso sonrió brevemente.
—Pero Izumo usará una también, y Rikio. Sachiko prometió usarla aunque no le gustan—dijo la muchacha con tristeza, provocándole remordimientos por hacer que su sutil sonrisa desapareciera—.Misaki tiene que ir con yukata, para que estemos todos iguales.
A veces odiaba esa parte de él en donde no podía decirle que no a ella, pero todos estaban acostumbrados ya que ni siquiera Mikoto podía negarle algo a la única chica del clan. Sonrió, quizás, por primera vez en ese difícil mes. Pero era una sonrisa real, que daba cuenta de que finalmente estaba mejorando, de alguna u otra forma.
Y Anna podía sentirse satisfecha con eso.
—De acuerdo—dijo resignado, sintiendo como sus mejillas enrojecían levemente—.Dame un momento para cambiarme.
La albina sonrió, para cerrar la puerta con delicadeza, diciéndole de cierta forma que estaría esperando a que terminara.
Shizume se conocía por tener muy pocos festivales. Incluso para año nuevo no se realizaba ninguna actividad masiva y, generalmente, las familias viajaban hacia otras localidades para divertirse. Sin embargo, el festival que conmemoraba un año más desde la fundación de la ciudad era una gran excepción.
La primera vez que asistió a esas fiestas, eran fue con su madre y su padre; tiempo después asistió con Saruhiko y HOMRA, y desde hace más de cinco años que no volvía a pisar un suelo en Shizume adornados para un festival. La idea de usar una yukata fue haciéndose más divertida a medida que olvidaba que tenía su corazón destrozado, y salió completamente orgulloso de su simple yukata gris oscura con rayas verticales negras ante la atenta mirada de los demás.
Anna, como siempre, se veía adorable con colores rojos y adornos de pétalos de cerezo en colores negros, con su largo y blanco cabello recogido en una coleta alta adornada por una llamativa trenza, cortesía de Sachiko, quien con el paso de los días comenzaba a volverse una verdadera madre. Kamamoto estaba usando su yukata usual veraniega, de color marrón sin ningún tipo de adorno y tanto Kusanagi como Sachiko, como si se hubiesen puesto de acuerdo, utilizaban una de color negro. Yata no podía evitar sonreírle de forma cómplice a Anna, porque era más que obvio que ambos adultos no querían asistir vestidos al festival, pero era difícil decirle que no a la Reina de HOMRA.
La tarde estaba agradable, con una brisa fría corriendo de vez en cuando y un sol que abrigaba lo suficiente sin ser sofocante. La ciudad estaba bellamente adornada con lámparas de papel de diversos colores y banderitas blancas, las cuales combinaban perfectamente con los puestos de comida y juegos típicos que conformaban el festival. Recordaba que la última vez que estuvo en este lugar fue antes de la partida de Totsuka y Mikoto, así que tenía sentimientos encontrados, pero era algo que siempre le pasaba cuando los recordaba.
Con caminar pausado, habiéndose apartado un poco de los demás, observaba con cierta envidia a las parejas jóvenes tomadas de las manos con las que se topaban en cada esquina; si era realista, era difícil que Saruhiko y él demostraran afecto en público, principalmente porque su relación no era bien vista en la sociedad y porque Saruhiko, en sí, no era alguien muy cariñoso.
Aunque ya no somos pareja, pensó con cierta amargura.
Él no solía fijarse en esas cosas antes, y ya estaba harto de estar deprimido y de sentirse poca cosa, pero lo peor era pensar que su mamá tenía razón cuando le dijo que no era difícil que Saruhiko volviera a dejarlo solo, o cuando se aburriera o encontrará a alguien mejor. Sabía que la autocompasión no lo iba a llevar a ningún lado, y cuando decidió ponerse la yukata, se había repetido miles de veces que debía salir adelante y olvidarse de Saruhiko, que ya había sido lastimado por él antes y no había sido el fin del mundo.
Sonaba bien, y era sensato pensar de esa forma.
¡Pero era demasiado difícil!
Antes no tenían una relación amorosa, y ahora extrañar su aroma y calor por las noches era desagradable ¡Él no era así, maldición! Podía vivir sin él, no le daría en el gusto de verlo destrozado y llorando por los rincones debido a su ausencia.
—Yata-chan—llamó Kusanagi con un tono preocupado, logrando que el castaño se percatara que había dejado de caminar y se había alejado del pequeño grupo que conformaban los cinco, seis si consideraba a su pequeña y habladora sobrina—.¿Estás seguro que quieres estar acá?
Asintió rápidamente con su cabeza, tratando de que el ardor en sus ojos, que no sabía que sentía, desapareciera. Ni siquiera pudo percatarse que sus pensamientos estaban llevándolo al borde de una crisis de ansiedad en medio de tanta gente y Kusanagi sólo pudo mirarlo con preocupación.
—Dije que iba a estar acá—comentó con voz temblorosa, carraspeando para mantener la calma—.Fue una promesa, y Yatagarasu…—apretó el puente de su nariz evitando que las lágrimas cayeran de forma patética por su rostro—.Yatagarasu le mantendrá la promesa a su Reina, cueste lo que cueste.
—No necesitas hacerte el duro con nosotros, Yata-chan—comentó con afecto y, tras darle unas breves palmaditas en la cabeza, tomó su oscuro PDA y marcó un número inmediatamente alejándose del menor. No pasó mucho hasta que el receptor le respondiera la llamada y el mayor sonriera con calma—.Sachiko-chan, encontrémonos en el punto de los fuegos artificiales ¿Quieres?... No te preocupes, yo me haré cargo de él.
—Kusanagi-san ¿Qué estás…?—le intentó preguntar algo al mayor, pero el cúmulo de sentimientos reprimidos que cargaba hacía tanto, simplemente no dejaban que las palabras fluyeran de forma normal.
—Vamos a que enfríes tu cabeza un poco—explicó con una sonrisa, ante el silencio de Yata—.Anna quería venir a este lugar para animarte y estaba entusiasmada con la idea de ver los fuegos artificiales, pero más le gustaba la idea de que disfrutaran como aquella vez que ganaste para ella ese enorme león de peluche. Además, estoy preocupado por ti, no quiero que vuelva a pasar lo de antes contigo, no tienes que olvidarte de que no estás solo.
El tono serio que empleó para referirse a lo último sólo logró incomodar al menor.
—Lo siento—susurró, apenado—.Lo estoy echando todo a perder, ¿No es así?
Kusanagi observó la sonrisa triste del menor y se encogió de hombros con algo de resignación, porque por más que le repetía a Yata que aquello era un proceso normal y que todos comprendían que estuviera triste, no dejaba de culparse y alejarse de todos para no preocuparlos. Y llegaba a ser algo cansador algunas veces, eran sus amigos y familia, era hasta entendible que se apoyara en ellos buscando consuelo, pero Yata mismo se negaba a ello y se enclaustraba en la habitación negándose a soltar todo su dolor.
—¿Por qué te estás disculpando? No es como si fuera tu culpa lo que ocurrió con Fushimi— aseguró el rubio por enésima vez, sacando un cigarrillo mientras caminaba hacia el lado contrario de la multitud—.Tragar mucho sin respirar no es bueno, o eso decía Totsuka.
Misaki observó a Kusanagi un poco confundido, más decidió seguir al hombre al cabo de unos segundos. El mayor tenía razón, necesitaba enfriar su cabeza para conseguir disfrutar de la salida que Anna tanto se esmeró en planificar y hablar de sus problemas no sonaba mal, sabía que Kusanagi quería ayudarlo y ya no se veía con las fuerzas para seguir soportando todo solo.
Cuando el rubio se dio por satisfecho con la tranquilidad y privacidad de un destino apartado para conversar, apoyó su espalda en un hermoso y viejo árbol con pétalos de cerezos florecidos, dándole a plena libertad y privacidad a Yata.
—Fui yo quien quiso hablar con mi mamá—comentó con honestidad antes de apoyarse en el lado contrario del mismo árbol, retomando la conversación. No tenía las fuerzas de hablar de esas cosas mirando a la cara al mayor, pero aquello a él no parecía importarle y Yata se daba por satisfecho—.Nunca esperé que Saruhiko reaccionara tan mal, no cuando era él quien decía que lo que opinara el resto del mundo de nuestra relación le daba igual.
—Fushimi siempre ha sido así ¿No? Pero eres tú quien más lo conoce — agregó después de unos segundos, en los cuales había encontrado su escurridizo encendedor en medio de las mangas de su yukata—.Quizás él…
—Sé por qué hizo toda esta mierda, Kusanagi-san—interrumpió un tanto alterado, dándole leves golpecitos, con su puño cerrado, al áspero tronco —.Estoy haciéndome conocido en el mundo del skateboard, enterarse que estoy saliendo con un hombre disminuiría de forma alarmante el patrocinio de mi carrera, pero no es como si a mí me importara...y eso debería haberle bastado a él también.
Kusanagi hizo un ruidito de estar pensando algo, más se mantuvo en silencio por largos segundos que se le hicieron eterno al de menor estatura. El cielo nocturno siempre le daba algo de paz a Yata, y las lámparas que adornaban sutilmente la ciudad creaban un ambiente relajante y sereno acompañado del agradable viento primaveral que removía sus cabellos como una dulce caricia.
Cerró los ojos, dejándose llevar por aquellas sensaciones tan necesarias para su, ahora, caótica vida.
Había veces en que despertaba con deseos de volver a dormir y no despertar hasta que la tormenta se hubiese apaciguado. Había otras en donde quería quemar todo a su paso y destruir el mundo. En las peores, pensaba que todo lo que vivió con Saruhiko fue un error y se lamentaba haberlo conocido. Y había otros días, donde la calma finalmente le daba un golpe a su estúpido cerebro, donde se decía que jamás se arrepentiría de todo lo que vivió con Saruhiko. Y después, al otro día, volvía todo a empezar como un círculo vicioso en el cual no encontraba la forma de escapar.
De la cual no quería escapar.
—¿Y no es una prueba de lo mucho que Fushimi te quiere? —dijo Kusanagi, con suavidad —.No justifico su actuar — replicó inmediatamente después de oír el gruñido de inconformidad del menor—.Pero para él también debe haber sido difícil terminar de esa forma contigo, Fushimi te quiere bastante después de todo.
—Ya lo sé — refunfuñó impaciente—.Pero eso ya no es suficiente.
Misaki no se sorprendió por el tono tan duro con el cual le replicó al barman. Pero si, por fin, después de muchas noches en las cuales sólo podía dar vueltas en su cama sin encontrar una respuesta, se percató de lo que realmente estaba sucediendo con sus contradictorios sentimientos.
—¿A qué te refieres Yata-chan? —preguntó con sorpresa, acercándose al castaño para verle el rostro, el cual lucía extrañamente calmado.
—No sé si podría estar con alguien que, al sentir sólo un poco de inseguridad, no le importe ni una mierda lastimarme. Pude soportar eso antes porque éramos amigos, pero esto es diferente, y realmente apesta; cuando está inseguro de algo prefiere no tener nada y alejarse, sin importarle lo que piensen los demás... —explicó con seriedad, mirándolo a los ojos para apartar cualquier duda que el mayor pudiera sentir ante sus palabras—.Como sea, ¿Por qué no vamos con los demás? Después de todo Anna se molestó en planificar esta salida y no podemos defraudarla por algo que no vale la pena ya…
—Yata-chan, dudo mucho que sea algo que no valga la pena —murmuró suavemente, observándolo con compasión—.Mentirse a uno mismo no hace bien, lo sabes ¿No?
—No me estoy mintiendo —replicó con leve disgusto, reflejándose inmediatamente en su rostro la inconformidad por oír esas palabras, más el mayor sonrió al ver la tierna expresión aniñada en sus facciones—.Además él…
Se quedó en silencio de forma abrupta.
Ellos estaban apartados del camino habilitado para el festival, así que estaban lejos de ojos fisgones, más ellos podían ver pasar a toda la gente animada que visitaba los diversos puestos de comida o escuchar partes de conversaciones interesantes.
Y Saruhiko estaba ahí, tan cerca y tan lejos a la vez.
Exactamente igual que siempre, apático, sin siquiera demostrar que le doliera la distancia entre ellos. Y lastimaba demasiado su presencia, más al percatarse que él se dejaba guiar por Hidaka sin rechistar, como si se hubiese acostumbrado a su toque en sólo ese mes.
Como si él hubiese sido un protagonista fugaz en su vida.
—Pésimo lugar para encontrarnos con ellos—murmuró Kusanagi con compresión, observando de manera severa la escena ante sus narices—.¿Todavía quieres que regresemos con los demás?
Misaki desvío la vista con una notoria expresión de molestia y asintió con la cabeza de forma automática. Kusanagi no pudo más que preocuparse por lo tenso que se encontraba el moreno, pero era algo normal al ver como Saruhiko, quien era reacio a todo tipo de cercanía con otras personas, actuaba de forma tan natural con alguien que apresaba su brazo de forma tan íntima.
Debieron esperar que ambos chicos del clan azul se alejaran por completo de su campo visual para poder ir con los demás. Yata ciertamente ya no quería estar en ese lugar, lo único que quería y necesitaba era estar solo, pero quedaba el espectáculo pirotécnico y podría cumplir con el deseo de Anna, el único deseo de Anna que podría cumplir ese día.
A medida que subían el pequeño cerro en el cual se encontrarían con Sachiko y los demás, su agitado corazón comenzaba a calmarse, más su cabeza seguía siendo un hervidero de rabia y amargura.
Trataba de pensar en otras cosas, como la linda vista que les esperaría en ese lugar que habían descubierto con Kamamoto hace un tiempo; el lugar tenía bellos árboles de cerezos y unas simples bancas de madera para sentarse, lo mejor de todo es que estaba apartado y podrían disfrutar sin la bulliciosa multitud del espectáculo nocturno para hacer feliz a Anna.
Había logrado calmarse levemente ante ello, pensando en la sonrisa de la pequeña Reina ante la tranquilidad y hermosura del paisaje, hasta que terminó chocando contra la amplia espalda de Kusanagi, sin entender del todo aquella detención tan brusca del mayor. De puntillas y sosteniéndose de los hombros del mayor, intentó ver qué fue lo que asombró tanto al rubio.
Y sentía como la bilis subía por su garganta como un mortífero veneno.
Al lado de Anna y Sachiko, estaba el Rey Azul, acompañado por Awashima.
Como si su maldita noche no pudiera empeorar más.
Intentaba aparentar una calma que no sentía y no sentirse traicionado por Anna, pero era difícil. Estaba siendo irracional de alguna forma y actuando a la defensiva ¡Pero no entendía como la noche se había vuelto una completa pesadilla!
Era más que obvio que al estar el Rey Azul ahí, los demás miembros de su clan no tardarían en aparecer y, después de que Kusanagi amablemente le pidiera a Munakata que les dejasen disfrutar de la velada con tranquilidad, como una sutil forma de decirle que era mejor que tanto Yata como Saruhiko no se encontraran, Munakata sonrió brevemente y antes de que diera algún tipo de respuesta, Anna se impuso pidiendo que por favor estuvieran todos juntos esa noche.
Si, Yata le prometió a su Reina disfrutar de la velada, pero nadie jamás le dijo que aquello incluía aguantar la presencia de Fushimi y los demás azules. Si bien asintió ante el ruego de Anna, sólo porque nadie le podía decir que no a la menor, no volvió a dirigirle la palabra y simplemente se sentó en una de las bancas más alejadas, con una notoria mueca de desagrado.
Que Kamamoto no se acercara a él debía significar algo. Claro que eso no impidió que Enomoto y Doumyouji sí lo hicieran cuando llegaron junto a sus otros compañeros, o tampoco impidió que el idiota de Hidaka se sentara, en esa misma banca, con Saruhiko. Teniendo tantas y decidiendo sentarse en la que él se encontraba… a veces pensaba que Hidaka realmente quería ser asesinado.
El ambiente estaba asqueroso, bullicioso, y él sólo miraba hacia un lado ignorando todo a su alrededor, cruzado de brazos. Las risas y gritos de todos no hacían más que agotar su ya nula paciencia, y estaba dispuesto a marcharse cuando los ruidos cesaron. Pensando que todos estaban ocupados viendo el espectáculo, se levantó sin dirigirle la mirada a nada en particular y comenzó a marcharse en silencio hasta que sintió un fuerte jalón en su yukata y se percató de un pequeño e insignificante detalle: sólo estaban él y Saruhiko en ese lugar.
¿Cuándo demonios habían desaparecido los demás?
—¿Qué quieres?—Escupió con rabia hacia el espadachín, sin siquiera voltearse a mirarlo.
Saruhiko chasqueó la lengua con irritación ante el comportamiento tan infantil de Yata.
—Hablar—respondió sin aflojar su agarre en la suave tela gris ni ponerse de pie, el menor consideraba que no era necesario—.He intentado hacerlo por los últimos cinco minutos, pero no respondías.
Saruhiko también estaba utilizando una yukata, una simple yukata azul sin patrones ni diseños... y se veía bastante apuesto. Pero Misaki ni siquiera quería pensar en ello y simplemente reprimía la imagen del menor.
Dolía y demasiado. Porque los deseos de abrazarlo y besarlo eran asfixiantes.
—Quieres hablar—repitió lentamente, de forma calma, como un volcán a punto de estallar golpeó la mano del menor para poder voltearse y observarlo con completo enojo—.¿No ha pasado por esa genial cabeza tuya que quizás ya no hay ninguna mierda de qué hablar ahora?
—Si me dejaras explicarte… —replicó entre dientes, mirándolo a los ojos.
—Sé porque hiciste toda esa mierda—espetó con notoria molestia, logrando sobresaltar al azabache—.Siempre ha sido igual contigo, no te importa herir a otros mientras no te hieran a ti. Pasó eso cuando traicionaste a HOMRA y ahora es lo mismo, sólo que ésta vez ¡Yo no estoy interesado en nada de lo que tengas que decirme!
Los gritos de Misaki resonaron por todo el lugar, logrando que las aves volarán despavoridas de los árboles, graznando con molestia.
Saruhiko frunció el ceño con notorio desagrado. Había pasado mucho tiempo desde que Misaki utilizará la palabra traidor con él. No es como si esperara que Yata le dijese con una sonrisa que todo estaba bien, sabía que estaba enojado y tenía que encontrar la forma de calmar la situación; aunque no sabía cómo, usualmente era Misaki quien iba tras él para reconciliarse después de una pelea estúpida y todo volvía a la normalidad en cuestión de horas.
Pero esto estaba lejos de ser una pelea estúpida, se dijo a sí mismo.
La forma de actuar de Yata, tanto su tono de voz como su postura defensiva cuando llegaron, así se lo hicieron notar.
Había extrañado el bullicio de Misaki en ese mes, su calor en la cama y que fuese lo primero que viese al despertar. Realmente la distancia le ayudó a aclarar algunas de sus más profundas dudas con respecto a la relación que sostenían, aunque no esperó que el enojo de Yata fuera directamente proporcional a ello; así que se sintió un poco desencantado con el pasar de los minutos en los que Misaki ignoraba a todo el mundo, incluyéndolo a él.
Si, había esperado que Misaki fuese quien se decidiera a hablar primero, en cuanto vio al castaño incorporarse y alejarse sin siquiera dirigirle una mirada, se decidió a actuar antes que las cosas se estropearan aún más.
Fue la primera vez en que realmente sintió miedo.
—Fueron muchas cosas—dijo a la defensiva, evitando su mirada.
—¡Si, y yo también pase por ellas y no me comporte como un maldito cretino!—le gritó irritado. Saruhiko conocía cuando el castaño no quería enfrentar una situación y fue por eso que se incorporó rápidamente de la incómoda banca para tomar a Misaki de su brazo de forma algo brusca, evitando que escapara—.¡Déjame en paz!
Saruhiko no pensaba ceder, no quería que Misaki se alejara de su lado, porque sabía que si ahora lo dejaba no habría vuelta atrás de ninguna forma.
Y esta vez la culpa no sería compartida.
—No quería que te vieras en la obligación de elegir entre ellos o yo, fueron pésimos días y me comporté como un idiota...tsk.
Misaki se arregló la yukata, evitando mostrar más piel de lo debido gracias al forcejeo con el que consiguió soltarse. Frunció el ceño, antes de poner cierta distancia entre ellos. No quería sentirlo cerca, sabía que de seguir las cosas de ese modo daría su brazo a torcer y no quería hacerlo, no después de todo lo mal que lo había pasado.
—Joder, Saruhiko, me fui a vivir contigo antes y todo me importó una mierda—dijo con desagrado—.¿¡Por qué iba a ser diferente ahora!?
—Lo...siento—murmuró con tristeza, observando el suelo. No había cariño en los ojos de Yata y se sentía mal por no saber cómo arreglarlo.
—¿Eso es todo lo que vas a decir?—preguntó, cruzándose de brazos.
—¿¡Qué más quieres que diga!? No quiero que esto acabe así, Misaki… —susurró lo último con notorio arrepentimiento.
Yata, tras perderse unos segundos en los vulnerables ojos azules del menor, pensó para sí mismo que habría dado todo por haber escuchado esas palabras un mes atrás.
Un mes atrás y habría mandado a la mierda su orgullo, todo con tal de volver a estar con el azabache.
Muchas veces escuchó de madre que unas disculpas sinceras eran el mejor remedio para una pelea; pero esta vez no lo era, fue mucho el tiempo y mucha la distancia de por medio que Saruhiko puso entre ellos y, aunque una parte de su ser estaba dispuesto a decirle: 'está bien, hablemos mañana con más calma', había otra parte, sádica consigo misma, que repetía una y mil veces la pelea en el apartamento.
Sólo estás conmigo para olvidar que no perteneces a ningún lugar.
Observó al arrepentido espadachín por segundos antes de suspirar fuertemente y negar con la cabeza para tomar asiento en la misma banca en la que estuvo segundos atrás. Aún sentía rabia contra ese hombre, y su cabeza estaba lejos de enfriarse, pero si Saruhiko quería hablar ahora, entonces hablarían.
Aunque nada de lo que el pelinegro le dijese cambiaría las cosas.
—Recuerdo esa vez en el bar, cuando discutí con los chicos… —comentó con seriedad, apoyando sus manos en aquella banca y observando el oscuro cielo estrellado—.Lo que dijiste esa vez… tenías razón, no puedo pretender que no ha pasado o que no pasó nada, el mundo real no funciona así…
Saruhiko parpadeó sorprendido al recibir aquellas severas palabras que anteriormente había utilizado para apartar a Misaki de su lado. ¡Qué gran ironía que estuviesen siendo usadas en su contra para el mismo propósito!
—¿Ya… no quieres estar conmigo ?—preguntó en un murmullo tembloroso que sabía Misaki podría escuchar.
No perteneces a ningún lugar.
Simplemente esas palabras ensuciaban todo lo que vivieron.
No podía ver al Saruhiko con el que hizo el amor en su primer aniversario, sino que veía al bastardo que luchaba contra su clan y decía cosas horribles, aquel que se quemó el símbolo que los unía como compañeros. El hombre que le rompió el corazón hace un mes atrás y al que aún le guardaba rencor en lo más profundo de su ser.
Yata volvió a suspirar, apretando sus puños con algo de enojo.
—No lo sé…—respondió con honestidad—.Si cada vez que te sientas inseguro terminarás haciendo esto… Yo no estoy dispuesto a pasar por esa mierda otra vez, no más.
Saruhiko tomó asiento con lentitud al lado del castaño, sintiendo como si todos sus movimientos lo hiciera alguien más. Parecía una pesadilla, una en donde no eras dueño de tus actos y todos tus peores temores pasaban unos tras otros sin dejarte respirar, donde volvías a cometer los mismos errores una y otra vez.
Una sensación indescriptible de constricción fue haciéndose presente en su garganta. Comprendía que Misaki estuviera enojado y sabía que la culpa era mayormente suya, pero las cosas no habían estado bien y no iban a mejorar si no ponían algo de distancia entre ellos; sabía que costaría volver a la apacible relación que sostenían y contaba con que tardarían un poco en perdonarse esas ásperas palabras.
Jamás esperó que ésta situación terminara quebrando de forma definitiva su lazo con Misaki.
Lo que no pudo conseguir antes lo estaba consiguiendo ahora, sin así quererlo.
Pero ya no importa, no hay nada que se pueda hacer.
—Me invitaron a participar en un evento de skateboard en América, es en un mes más—comentó Misaki de la nada, esperando romper el tenso silencio que los había envuelto. Saruhiko movió lentamente su cabeza para observarlo con extrañeza, esperando una explicación ante aquella información irrelevante que dejaba escapar el ojiavellana—.Es un mes completo allá, y les dije que sí iré.
—¿Irás con Surt?—preguntó más por seguir escuchando la voz de Yata que porque realmente sintiera curiosidad.
—Si…
—¿Estás…?—murmuró con voz rota, logrando que el castaño finalmente le dirigiera la mirada. Carraspeó para evitar que su voz sonara tan lamentable —.¿Estás terminando conmigo?
—Fuiste tú quien terminó conmigo—replicó molesto, levantándose para ponerse frente al ojiazul y dirigirle una gélida mirada de reproche—.¿Por qué demonios pones esa maldita expresión de tristeza? ¡Yo no ocasioné toda esta mierda!
Sabía que estaba perdiendo a Misaki con cada segundo que pasaba pero ¿Qué más podía hacer? Sabía arreglar cualquier objeto tecnológico de forma inmediata y solucionar problemas matemáticos imposibles en tan sólo unos segundos, pero Saruhiko jamás ha sabido cómo funciona una relación entre dos personas ¡Ni siquiera tuvo padres medianamente normales que se quisieran o que lo quisieran a él!
Lo único que aprendió de Niki fue que era mejor no aferrarse a nada, de Kisa aprendió a ser indiferente para que lo que le hicieran los demás no le afectaran. Misaki fue quien le enseñó a querer y preocuparse por alguien que no fuera el mismo.
Pero darse cuenta que aún después de tanto tiempo la sombra de ese sujeto seguía persiguiéndolo, era demasiado humillante.
¿Qué clase de persona seguía temiendo de alguien muerto?
—No sé qué más hacer cuando las cosas se salen de mis manos, Misaki—gritó desesperado, incorporándose para sujetar al castaño de sus brazos, para evitar que se alejara más—.No se me enseñó a nada más que a destruir lo que es preciado para mí, antes de que alguien más lo destruya. ¡Ese miserable sujeto me lo enseñó muy bien! Y aún después de muerto… él…él está...—comenzó a hiperventilar y tras observar los asustados ojos castaños, se volvió a sentar, sintiendo la bilis subir por su garganta—.Lo siento…
—¿De qué demonios estás hablando?—preguntó alarmado, posando sus morenas manos sobre los hombros de Saruhiko—.¿Qué mierda fue lo que hizo el bastardo de tu padre? Dijiste que te molestaba y que era un asco vivir con él… ¿Qué demonios es lo que me has estado ocultando?
—¡No me toques!— dijo con severidad, golpeando la mano de Misaki con más brusquedad de la esperada—.Estás terminando conmigo, no es tu asunto.
Misaki retrocedió unos pasos para después fruncir el ceño completamente enojado.
—¿Sabes? ¡Eso es lo que más me molesta de ti!—acusó con notable rabia—.No me tienes confianza ¿¡Cómo pretendes que esté contigo si no me cuentas qué mierda te pasa!?
—¡Tu tampoco me has contado ese secreto que tienes con Kusanagi-san!—respondió de igual modo—.No eres nadie para hablar al respecto ¡Tampoco confías en mí!
—¿¡Quieres saber la puta verdad!? Tu partida lo único que logró fue joderme la maldita vida. Tú y yo éramos la vanguardia de HOMRA, sabía que siempre estarías cuidando mi espalda, tal como yo cuidaba la tuya. ¿¡Cómo crees que resultó cuando, un día, simplemente no estabas!?—bramó el mayor con desesperación—. ¿¡Por qué demonios me dejaste solo!? Cuando desperté, Kusanagi-san estaba ahí, y todo era un mar de sangre…dijo que era un idiota por hacer eso y dejar que casi me mataran… ¡Y en la única mierda que pensaba era por qué demonios estaba Kusanagi-san y no estabas tú ahí conmigo!
—¿Qué?
—Anda, búrlate por creer que estarías como siempre cuidando de mí… Necesité de casi un año para dejar la maldita costumbre de preparar una cena para nosotros dos e irme de ese maldito lugar porque era más que obvio que ya no volverías…— dijo en baja voz, observando el suelo para evitar los deseos de romper a llorar en cualquier momento—.Puedes pensar lo que quieras, Saruhiko, no dejé que eso me hundiera y tu partida si bien me dolió ¡No significó que el mundo acababa para mí! Sólo logré percatarme de que nunca te entendí ¿Y qué? No es como si fueras alguien que hable de lo que realmente siente o piense. La mayor parte de las veces tuve que jugar al adivino contigo ¡Y no es justo! Cuando dijiste todas esas estupideces de que tu partida no me afectó… ¡No sabes ni mierda!
—¿Qué querías que pensara? Siempre que te veía estabas sonriendo, como si yo nunca te hubiese importado en lo más mínimo, sólo sabías decir una y otra vez que era un traidor y que Mikoto-San…—negó con la cabeza, apartando de su mente todos esos reproches innecesarios. Saber que Misaki, su Misaki, sufrió por su ausencia de alguna forma, era un leve consuelo para su roto corazón—.Tú fuiste la única persona que se preocupó por mí, antes de ti no había nada ¡No tenía nada! Intentaba no tener nada porque lo que era preciado para mí era destruido por ese maldito sujeto sólo por diversión—explicó en un murmullo, evitando la mirada del mayor—.En más de una ocasión él me dijo que le gustaría que fueras a casa otra vez para prenderte fuego y ver mi reacción, como con mi patético proyecto escolar… ¿¡Por qué crees que te dije muchísimas veces que no volvieras a esa casa!?
—¿Prenderme fuego?—preguntó Yata confundido, levantando su mirada para observar el bello y fino rostro de quien, hasta hace un mes, era su pareja y mejor amigo—.¿Qué…? ¿¡De qué demonios estás hablando!?
El tono de voz completamente desesperado de Misaki lo afectó de tal forma que se sentía incapaz de seguir guardándose para sí mismo aquel amargo paraje de su infancia.
—Tenía una granja de hormigas y un reporte en el que me desvivía trabajando. Ese sujeto no encontró nada más divertido que prenderle fuego a ambas y ver mi reacción; siempre hacía eso con todo lo que era mío—comentó con una sonrisa cruel—.Creo que tenía nueve años cuando hizo eso
—¿Y ella qué...?
—Ella nunca estaba en casa, en toda mi vida debo haberla visto unas cuatro o cinco veces—comentó antes que el castaño pudiera formular su pregunta—.Y entonces, un día, simplemente apareciste en mi vida volviendo todo de cabeza, por más que traté de alejarte, no te ibas…Y después de un tiempo no sabía qué hacer si no estabas. Tú... fuiste la única persona que realmente hizo algo por mí desinteresadamente.
—¿Por qué…?—preguntó con voz temblorosa, con una lágrima recorriendo lentamente su mejilla derecha—¿¡Por qué nunca me dijiste nada de eso!?
—Teníamos doce años, Misaki ¿Qué podrías haber hecho? ¿Decirle a tu mamá?— dijo con burla, sonriendo sarcásticamente ante aquella idea—.Me bastaba con que sólo tú estuvieras a mi lado, nadie más… pero yo no fui suficiente para ti ¿No?—rio con melancolía—.HOMRA y el fuego…
—¿Le temías a Mikoto-san?—preguntó con sorpresa, interrumpiéndolo.
—Algo así…
Misaki parpadeó reiteradas veces, intentando procesar todo lo que estaba en su cabeza, y más después de recordar aquella charla en la que supuestamente habían aclarado todos los asuntos pendientes entre ellos. Esa vez Saruhiko le había aclarado que uno de los grandes motivos de su partida era Mikoto, aludiendo a que no se sentía cómodo en su presencia y que, de alguna manera, le recordaba a la forma de ser de sus padres: fríos y desinteresados con el resto de la gente que los rodeaba. Misaki creyó que Saruhiko sólo había sido abandonado, y molestado por su padre por estupideces, pero aquella verdad estaba lejos de todo lo que imaginó.
—¡Maldición!, ¿Por qué…? ¡Si me hubieses dicho algo habríamos encontrado la manera de…! Incluso si me hubieses dicho la verdad habría entendido que te fueras, ¡Maldición! ¿¡Tan poco confiabas en mí que jamás quisiste decirme nada de esto!?
—No quería tu lástima—comentó con dureza—.Te habrías quedado conmigo sólo para evitar que el pobre y desdichado niño abandonado por sus padres...
—¡Por supuesto que no! Jamás habría sentido lástima por ti ¡Imbécil! Te habría dicho desde antes que te vinieras a vivir conmigo… ¡Habríamos buscado ayuda! No te habría dejado sufrir de esa forma…
Misaki lucía completamente seguro de aquellas palabras que escaparon de sus labios. Más Saruhiko no podía creerle, no después de que le dijese minutos atrás que ya no estaba seguro de querer volver a estar a su lado.
—Dejé de ser tu amigo, tu único mundo, para volverme sólo un camarada más Misaki, eso no era suficiente...
—Un camarada es más importante ¿No? A quién le confías tu vida y que protegerás anteponiendo todo… eso eres tú para mí—razonó con nerviosismo, acariciando su propio brazo con ansiedad, sin percatarse que estaba hablando en tiempo presente—.Kamamoto es mi amigo, pero no haría por él ni la mitad de las cosas que haría por ti...
—No era suficiente, Misaki —replicó dando un leve suspiro cansado. Negó con la cabeza y, después de mucho esfuerzo, observó los bonitos y enrojecidos ojos avellanas de Misaki, perdiéndose en ellos durante unos segundos—.Tú ya me gustabas en ese entonces ¿Qué habrías pensado si te hubiese dicho todo esto? Te habrías alejado de mí o te habría dado asco.
—¡Claro que no, soberano cretino! ¡No habría entendido nada de lo que me hubieses dicho! —gritó con honestidad. Misaki en ese entonces no entendía nada de relaciones amorosas y aún no comprendía bien del todo ese asunto. Incluso si Saruhiko le hubiese dado algún tipo de caricia amorosa, Yata no se habría apartado sólo porque eran mejores amigos, considerándolo algo normal, incluso—.Y...y si lo piensas bien, la...la forma en la cual te trataba antes...mierda, no creo haber hecho eso con nadie más y… ya te dije que creo que si no hubiésemos conocido a HOMRA ni nada de eso… yo creo que tú me habrías gustado igual, antes o después.
—No es necesario que mientas al respecto, Misaki, eso no habría sucedido—dijo con una sonrisa cansada.
Misaki, haciendo una mueca de completa inconformidad, observó severamente a Saruhiko, quien se cruzó de brazos algo incómodo.
—¿¡Qué mierda puedes saber tú!?—espetó con exasperación, odiando la forma en que Saruhiko creía saber todo con respecto a lo que sentía—.¡Era yo quien tenía esos sueños raros contigo y después tenía que…! ¡Olvida eso! ¡No es el maldito punto!
Ante el leve sonrojo del menor, Misaki no pudo evitar romper el contacto visual debido a la vergüenza.
No sabía qué más decirle al azabache, toda esta conversación no estaba dentro de sus planes; es decir, esperaba que Saruhiko terminara haciéndolo sentir como la mierda de otra forma, no contándole aquel pasado que tanto se preocupaba en reprimir y que explicaba aquella forma de ser tan especial del azabache.
¿Qué podía pensar ahora? No es como si aquello fuera culpa de Saruhiko, pero aun así estaba enfadado con él por ocultarle algo tan importante por tantos años. Claro, un mocoso de doce años no habría podido hacer nada, pero ya eran adultos y podría haberle brindado la seguridad y el cariño del que careció por tanto tiempo.
Y ahora se sentía como la mierda por no haberse percatado de todas las señales leves que le brindaba el menor.
Y no era justo, Yata necesitaba seguir enojado.
—Cuando llegaron los hermanos Minato a HOMRA, en donde vivíamos antes…—comentó de pronto, obteniendo la completa atención de Misaki—.Veía a ese sujeto, incluso escuchaba su voz y mis poderes no le hacían nada. Lo veía en todas partes.
—Pero él estaba muerto ¿No? ¿Fingió su muerte?—murmuró confundido.
—No—contestó tranquilo—.Fue Oogai, infectó mi PDA con un virus que le dio el rey verde para que me alejara de HOMRA… sólo que no contó con que Munakata se adelantara a sus planes.
—¿Oogai?—preguntó dudoso, hasta que finalmente logró entender de quien hablaba, de aquella muchacha castaña con la que habían intentado abordar el dirigible del Rey plata cuando no eran más que unos inocentes niños—.¿Qué otras mierdas más me estuviste ocultando todo este maldito tiempo, Saruhiko?
—Sólo eso... —murmuró a regañadientes, chasqueando la lengua segundos después.
Saruhiko se sentía expuesto completamente, más, sin embargo, una ligera parte de su ser se sentía tranquila al haberle contado a alguien aquella dolorosa verdad que cargaba desde hace muchísimo tiempo. Aun así, tenía los sentimientos a flor de piel, esperando en cualquier momento un rechazo por parte de Misaki.
Tampoco podría culparlo si lo hiciera.
Observó como el castaño volvía a apoyar su cabeza en el respaldo de la banca, apretándose el puente de la nariz.
—Nos habríamos ahorrado toda esta mierda si me hubieses dicho todo desde antes, maldición... Siempre dije que yo puedo ser tu apoyo, pero no puedo hacerme cargo si no me dices nada
—Tsk, ya lo sé y realmente… lo siento —murmuró en forma ininteligible.
Ambos suspiraron con cansancio al mismo tiempo, mientras los fuegos artificiales comenzaban a iluminar el oscuro firmamento. No había sido un buen sitio para conversar este tipo de cosas, pero no pudieron evitarlo; lo bueno del asunto es que ninguno de los chicos de HOMRA o de Scepter4 apareció por los alrededores. Misaki pensaba que habían planeado entre todos esa reunión, para que Saruhiko y él se quedaran solos en este lugar. Tamborileó los dedos sobre su rodilla con impaciencia.
—¿Sabes? Ya ni puedo estar enojado contigo y eso me molesta aún más… y creo que deberías ir a un médico o como se llamen esos tipos que escuchan a los demás, para que puedas mejorarte. No es sano que sigas así.
Saber que, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, Misaki seguía preocupándose sinceramente por él le provocaba un calorcito en su pecho que le daba leves esperanzas de poder volver a estar juntos.
—Dijiste que… Necesitabas hablar de algo importante conmigo esa noche antes de que yo… —dijo con culpabilidad, intentando ignorar el dolor que le provocaban los opacos ojos avellanas de Misaki—.¿Qué era?
—No importa ya… —murmuró con expresión herida, negando con la cabeza.
—Misaki—llamó con necesidad el ojiazul, logrando que Yata apartara su mirada con algo de arrepentimiento—.Tú mismo dijiste que...ya no me ocultes más cosas.
Yata sentía su garganta seca ante el escenario que se le presentaba, tan romántico y tan íntimo que le daban deseos de ponerse a llorar; porque por más que anhelaba volver con Saruhiko, cierta parte de su ser le pedía que fuese cauteloso y mantuviera la distancia para no seguir siendo lastimado innecesariamente.
—Sólo que iba…—dijo lentamente, con la culpa acompañando cada palabra que salía por sus labios —.Esa misma noche iba a pedirte que te vinieras a vivir conmigo, pero...no resultó...
Saruhiko se pasó su mano izquierda sobre su cabeza, jalando levemente sus cabellos debido a la desesperación y el arrepentimiento que estaba sintiendo en esos momentos. Misaki era quien más debería haber sufrido en esa situación, al haber sido rechazado por su madre, su familia. Y, aun así, no tenía dudas y quería estar con él pasara lo que pasara.
—Lo he echado todo a perder ¿No?—murmuró con voz quebrada, sintiendo como sus ojos ardían y su garganta se cerraba, impidiéndole respirar de forma normal—.Bueno, no me sorprende, es lo único en lo que soy…
—¿¡Quieres callarte!? Eso de la autocompasión no te queda para nada—gritó a la defensiva, evitando mirar hacia el pelinegro—.Ya… ya no se puede volver atrás…
No quería rendirse. No podía. Simplemente el pensar en ya no despertar con Misaki entre sus brazos o no sentir alguna patada mientras dormían en la cálida cama sonaban a un futuro demasiado desolador y angustioso. Le tomó años dejar de negar su inmenso cariño por el skater y otros más para finalmente aceptar que no tenía salvación y lo quería como nunca había querido nada en el mundo.
La gente no cambia, había escuchado, pero si aprende de sus errores tras perder algo importante que no se supo valorar cuando estuvo a su alcance. Sabía que no podía hacer del todo feliz a Misaki, demonios incluso cualquier otra persona sin mayor esfuerzo lo podría consentir más. Pero quería ser egoísta por una vez en su vida, y no dejar escapar su propia felicidad por una estupidez.
Con resolución, observó al entristecido castaño y tomó aliento.
—¿Y si...encontrara una forma de hacer que… me pidas eso de nuevo?—preguntó con dificultad, sintiéndose algo tonto por sus palabras—.Si lo lograra, ¿Qué dirías después?
Misaki lo observó confundido, sin entender del todo a lo que se refería.
—Que… podemos comprar una cama para la otra habitación, para cuando te pongas imbécil y yo te mande a la mierda—respondió lentamente aquellas palabras, sintiendo como su garganta se contraía de nervios y sus mejillas se sonrojaban—. A-Aunque eso depende si ambos queremos volver a estar con el otro… después de que… yo vuelva de América.
—Yo te molestaría con que es la peor propuesta de convivencia que he oído en mi vida…—dijo con una breve sonrisa burlona, tratando de controlar el temblor de su voz—.Pero te diría que sí, muy en el fondo…de esa manera en que sólo tú entiendes…
—Yo volvería a contestarte que esa ha sido la peor respuesta positiva que he escuchado—dijo con seriedad, cruzándose de brazos, para sonreír luego y mirar al azabache con afecto, tratando con todas sus fuerzas de ignorar la horrible necesidad de secar el rastro de lágrimas que recorrían las blancas mejillas del ojiazul—.Pero que viniendo de ti está bien.
—¿No habrán sueños de cohetes o viajes al espacio sólo con nosotros dos?—preguntó con algo de melancolía, observando los brillantes y acuosos ojos avellanas de quien era su persona más importante.
Misaki, algo apesadumbrado, rompió el contacto visual después de oír aquella pregunta.
—Quizás después…—murmuró con un hilo de voz, sabiendo que aquella no era la respuesta que Saruhiko ansiaba oír y tampoco la que el propio Yata deseaba decir.
Saruhiko respiró de forma profunda, tanto como se lo permitía su tapada nariz. Ambos se quedaron en incómodo y tenso silencio, sólo roto por el sonido de los fuegos artificiales que iluminaban el cielo y acompañados de la agradable brisa que acariciaba sus cabellos cada ciertos segundos.
—Entonces, cuando vuelvas nosotros…—comentó con leve tinte esperanzado en su voz.
—Tendremos una larga conversación respecto a todo—completó el castaño, rascándose el cuello nervioso, preguntándose por qué demonios sus supuestos amigos no volvían—.No más mentiras ni...ocultar cosas importantes; así que en ese entonces estaré preparado para escuchar toda la mierda que quieras decirme, así que también deberás prepararte, porque te soltaré toda mi mierda.
Saruhiko sonrió cauto, después de observar el amable y apacible rostro de Misaki, atrás quedó el rencor en sus facciones.
No hubo roce de manos, ni besos, ni abrazos; mucho menos estaba presente la llama de afecto y pasión que los envolvía cuando sus miradas se encontraban. No había seguridad en que todo saldría mejor, pero sí de intentarlo otra vez cuando las tempestades de las heridas causadas por el orgullo y la falta de confianza menguaran.
No era lo que Saruhiko esperaba.
Pero aquella promesa de que podría existir un 'nosotros' en un futuro cercano sería suficiente por el momento.
NdA:
Lamento la tardanza, tuve unos problemas personales que de verdad me mantuvieron un poco alejada de leer, corregir y escribir. Pero creo que ya volví, o algo así XD!
Intentaré hacer todo lo posible por traer el capítulo siguiente dentro de la próxima semana.
0.0: ¡muchas gracias por el apoyo :D!
