Muchas gracias por leer.
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Los comentarios anónimos los he respondido al final del capítulo. ¡Muchas gracias!.
Capítulo 18: Oportunidades.
Misaki:
¿Estás ocupado?
Saruhiko:
¿Pasa algo?
Misaki:
No, estaba aburrido, pero
Olvidé la diferencia horaria...
Vuelve a dormir
Cuando Yata comprendió que Saruhiko no respondería, después estar más de cinco minutos absorto observando su reloj PDA, no pudo evitar suspirar algo resignado, pero más consigo mismo.
Había pasado una semana completa en América ya. Tres semanas desde la última vez que Saruhiko y él se habían visto las caras y, a pesar de que estaba con Eric en un hotel bastante bonito de dos habitaciones, a veces se sentía demasiado solo. Las cosas no eran tan terribles como podía haber pensado en un principio, se había imaginado discutiendo y casi asesinando a su ex compañero de clan con una almohada o cualquier objeto contundente a mano, pero todo estaba resultado de alguna retorcida forma y Yata creía que era mérito de Fujishima, así que había tomado la nota mental de llevarle un buen obsequio cuando volvieran a Japón.
Rápidamente se había sumido en una rutina en cuanto descendió del avión. Entrenaba por las mañanas y las tardes, concentrado en su objetivo principal que era devolverse al país del sol naciente con la copa entre sus manos; gracias a estar todo el tiempo en los gimnasios acondicionados por los organizadores del evento había conocido a sus futuros competidores y también a la gente que observó el campeonato navideño por internet. Cuando estos últimos lo felicitaron de forma sincera, comentándole lo genial que habían sido sus trucos, lo sorprendió de grata forma. Fue inesperado, no pensaba que personas de otra parte del mundo sintieran admiración por su forma de patinar.
Debería haberse puesto más contento por ello, pero recordar ese evento indudablemente traía a su mente la primera vez entre él y Saruhiko, cómo sus blancas y frías manos recorrieron con extraña dulzura su cuerpo, o cómo se había entregado a él, confiado en un cien por ciento de que, pasara lo que pasara entre ellos, serían el gran equipo que, con la cabeza en alto, afrontarían lo que les trajera la vida con ímpetu y valentía, cuidándose las espaldas, estando para el otro en las buenas y en las malas.
Viéndolo ahora, con tranquilidad, pensaba que fue un gran iluso en aquel entonces, la vida no funcionaba de esa forma. Los problemas existían y el que tenía ahora con el ojiazul se veía muy difícil de solucionar sin dejar atrás su orgullo.
Y era ahí cuando toda su concentración desaparecía y se encontraba a sí mismo perdido en sus pensamientos, recordando aquella conversación que mantuvieron en el festival. Lo bueno es que la desagradable melancolía volvía a él sólo en las noches, antes de dormir. Consideraba que preocuparse de algo que no podía arreglar ahora mismo era sólo perder las energías que necesitaba para cumplir de forma eficiente en el campeonato, así que se daba el pequeño permiso de pensar en Saruhiko sólo cuando no tenía nada que hacer, para después olvidar y reprimir todo el remolino de emociones negativas que lo envolvían cuando salía el sol.
Le estaba funcionando de algún modo, porque si no mantenía sus pensamientos en orden, posiblemente haría el ridículo delante de cientos de personas y todo el sacrificio que ha hecho hasta ahora sería en vano.
—Oye, chihuahua, llevas casi diez minutos observando tu reloj—comentó Eric, en el resquicio de la puerta, para sonreír con burla después de obtener la atención de un sobresaltado Yata—.¿Estás viendo porno?
Misaki sabía que Eric, dentro de todo lo bastardo que podía ser, respetaba mucho la intimidad del resto de las personas, así que posiblemente llevaba un buen par de minutos tocando a la puerta sin recibir respuesta.
—¡Que no me llames Chihuahua, maldito bastardo teñido!—regañó entre dientes, tratando de ignorar su mano izquierda, donde estaba su preciado reloj—.¿Qué demonios quieres?
Eric sonrió de forma socarrona.
—Entonces si estabas viendo porno, como no lo negaste—concluyó después de unos segundos, logrando que los colores subieran en el rostro de Yata.
—¿¡Por qué vería ese tipo de mierda!?—replicó avergonzado—.Yo estaba hablando con...
Yata chasqueó la lengua y procedió a ignorar a su acompañante, quien ladeó la cabeza con confusión, más después de unos segundos se acercó al entristecido moreno y le tocó el hombro de manera fraternal.
—Si lo extrañas, deberías decírselo—comentó el rubio, con una suavidad que difícilmente había oído anteriormente.
Yata lo observó con sorpresa y guardó silencio. Eric, dentro de todo, había sido un buen guía, además había conseguido que mantuviera su mente ocupada en otros asuntos y no en lo que era su nula y deprimente vida amorosa. Es cierto que la mayoría de las veces, en donde Yata se ponía melancólico, Eric solía molestarlo hasta el punto de los gritos, pero comprendía que ese era el estilo de su rubio amigo para ayudarlo.
Suspiró con una sonrisa agradecida, antes de levantar la mirada.
—Nah, así está bien...
—Como quieras—dijo Surt, encogiéndose de hombros—.Tienes una entrevista en una hora más, trata de estar presentable. Aunque bueno, para un chihuahua es difícil estar presentable, sólo trata de no ladrar tanto.
Yata asintió de forma automática, escuchando los pasos que se alejaban de forma gradual.
—Eres un idiota—respondió entre dientes luego de procesar sus palabras, arrojando una de las almohadas hacia la puerta para conseguir que el rubio lo dejara solo.
Se recostó en la confortable cama y observó su PDA con anhelo, quizás esperando algún tipo de respuesta. Después de semanas en que no había tenido mucho contacto con Saruhiko, finalmente hoy se atrevió a mandarle un mensaje, algo bastante simple pero que había sido difícil de realizar por su cuenta. Se le había olvidado la diferencia de horas entre América y Japón, pero agradeció que fuese así, porque no tenía idea de qué quería decirle exactamente.
Lo extrañaba, sí. Cuando volviera a Japón, la cama se sentiría demasiado fría incluso con las temperaturas exageradas del verano, los desayunos serían demasiado silenciosos a pesar de tener puesta la televisión y aquel departamento sería demasiado grande para una sola persona.
Lo extrañaba, demasiado. Y sólo hoy logró aceptar ese hecho que resultaba un poco doloroso. No sabía si aquello era suficiente como para dejar su orgullo atrás y decirle que podían volver a intentarlo, pero de alguna forma realmente lo quería de vuelta en su vida.
Saruhiko:
¿Cuándo es la competencia?
Misaki:
En dos semanas más, el viernes.
Saruhiko:
¿Nervioso?
Misaki:
Un poco
¿No deberías estar trabajando?
Saruhiko:
¿No deberías estar durmiendo?
Misaki:
No es tan tarde...
¿Has estado comiendo bien?
Saruhiko:
Si me defines qué es bien para ti...
Misaki:
¡No bromees con eso!
Saruhiko:
Enomoto y el otro idiota se encargan de los almuerzos...
Misaki:
Deberías preocuparte más por ti, ¿Sabes?
Iré a dormir, me toca entrenamiento en la mañana.
Descansa.
No había esperado que Misaki contestara su mensaje, tampoco que se despidiera de esa forma tan parca. Aunque debía mantenerse positivo, al menos esta vez le respondió inmediatamente.
Las cosas con su estabilidad mental y emocional empeoraron cuando Yata partió rumbo a América, despidiéndose con un escueto mensaje impersonal que presentía se lo había enviado a todo mundo que no era cercano a él. Munakata y Awashima decidieron que tenía que hacer algo al respecto con su mal humor y problemas de salud varios, pero no les hizo caso hasta que terminó hiperventilando delante del Capitán en una reunión privada.
Fue ahí que el Rey Azul, con extraña seriedad, le obligó a buscar ayuda profesional. Después de muchas evasivas y justificaciones que ya nadie le creía, estaba en la sala de espera de una discreta psicóloga, quien, para su completa extrañeza, había sido recomendada por parte de los mismos trabajadores de Scepter4. No es que ella fuese parte de la organización, pero estaba muy familiarizada con las palabras Slate, Reyes o Espada de Damocles, así que sería un problema menos del que preocuparse.
Salvo que no comprendía cómo el hablar con un desconocido sobre su infancia, y de esas horribles personas con las que vivió en esa etapa, podría ayudarlo de alguna forma. Incluso pensar en hablar de lo que sucedió entre Misaki y él ya lo ponía inmediatamente a la defensiva. Y si, estaba reacio a la idea de compartir cosas personales e íntimas con gente cercana a él, muchísimo más con alguien a quien no conocía de nada. Ni siquiera la tranquila y afable mirada de la mujer mayor, guiándolo hacia la pequeña sala, lograba hacerlo sentir cómodo, lo único que deseaba era que los minutos pasaran rápido y acabar con ese molesto asunto.
La psicóloga , quien se notaba a leguas era extranjera, tenía el cabello de un rubio claro que le llegaba arriba de los hombros, además de una expresión de seguridad que lo irritaba de cierta forma porque le recordaba a Munakata cuando escuchaba algún rumor interesante. La mujer, quien se llamaba Minagawa Claire, se sentó detrás de un escritorio de exquisita madera con un pequeño calendario y papeles sobre ella, y sus brillantes ojos verdes lo observaron de forma intensa por algunos segundos, antes de que el propio Saruhiko se sentara de mala gana frente a ella.
—No estás acá por propia voluntad ¿Verdad?— preguntó la profesional con amabilidad, estableciendo contacto visual nuevamente.
Saruhiko, pensó con cierto sarcasmo, que no, ni loco habría ido a ese lugar. Si estaba perdiendo su tiempo con esa mujer, en esa incómoda silla, era sólo porque Munakata le dio la orden de asistir, y como no quería quedarse sin trabajo debió morderse la lengua y bajar de la furgoneta con irritación, después de escuchar las palabras de aliento de Akiyama y Benzai.
Los odiaba a todos.
—No, pero él dijo que tenía que venir—masculló entre dientes, maldiciendo internamente al Capitán del clan azul.
—¿Tu padre?—preguntó seria.
—Mi jefe—corrigió de forma inmediata.
Quería decirle que su padre, por una bendición extraña del destino, estaba felizmente muerto; pero sabía cuándo callar, esa información esperaba nunca tener que contársela a nadie más.
—No puedo hacer nada por ti si tu no quieres, Saruhiko—dijo con confianza, en perfecto japonés y usando su nombre de pila, como intentando crear un ambiente de confianza—.El primer paso es que decidas por ti mismo el estar acá, para así encontrar el problema y trabajar en su solución. Si tú estás dispuesto, entonces yo haré mi mejor esfuerzo por ayudarte.
La observó por breves momentos, aturdido.
—No entiendo cómo hablar de mis problemas con un desconocido puede ayudarme—replicó inmediatamente—.No es como si usted pudiese hacer mucho.
Claire sonrió como si aquella queja la hubiese escuchado miles de veces.
—Una segunda opinión que no tenga conflictos de interés es muy útil de vez en cuando. Puedes empezar hablándome de lo que quieras, por más insignificante que eso sea para ti, hasta que te sientas cómodo y lleguemos al problema que te aqueja. Es mi trabajo escucharte y ayudarte, no te juzgaré.
No sabía de qué hablar, ciertamente, pero había prometido hacer todo su esfuerzo por dejar de ser el desastre que estaba siendo, como aquellos informes que era incapaz de completar sin errores o el tener que solicitarle a la Teniente o a Munakata que le repitieran la orden; era molesto recibir esas miradas de tristeza de sus subordinados y quería que terminara de una buena vez.
Observó el rostro pecoso y algo severo de la mujer, agradeciendo que no hubiese compasión en su mirada.
Era algo humillante, pero quizás sí podría resultar.
—Mis compañeros de trabajo—murmuró evitando la mirada, tras cruzarse de brazos—. Son todos unos ruidosos... y metomentodos.
Claire volvió a sonreír. Era un buen comienzo.
Misaki:
¿Estás ocupado?
Saruhiko:
No ¿Pasó algo?
Misaki:
No, sólo
Te extraño
¡Y es una mierda!
Saruhiko:
Estás ebrio
Misaki:
Un poco, quizás
Saruhiko:
Anda a dormir Misaki
Misaki:
¿No me extrañas?
Yo lo hago
cada maldito día
Saruhiko:
Yo también lo hago, Misaki
Siempre
Misaki:
¿Estás ebrio?
Saruhiko:
¿Quién sabe?
Oye, Misaki
Misaki:
¿Qué pasa?
Saruhiko:
Feliz cumpleaños
A veces se imaginaba que cuando Misaki regresara a Japón, lo primero que le diría sería que no quería volver a su lado, y ponerse en esa situación le provocaba un ataque de ansiedad, el cual ya estaba aprendiendo a controlar gracias a los consejos de su psicóloga.
Aunque el día de hoy sentía que había retrocedido varios pasos y la cara de inconformidad de Minagawa-sensei se lo confirmaban.
—Entonces, ¿Misaki se fue y comenzaron tus ataques de pánico?—preguntó con seriedad, anotando algo en una pequeña libreta.
Saruhiko chasqueó la lengua.
—Simplemente me vino una fatiga por no almorzar, al Capitán le gusta exagerar las cosas—contestó a la defensiva.
La sesión anterior, Minagawa le había solicitado que asistiera a la terapia acompañado con sus padres, así que tuvo que decirle que ese sujeto murió y que no mantenía contacto con la esposa de ese tipo, así que Claire dijo que cualquier adulto de su entera confianza podría ser una buena opción. Por supuesto, Saruhiko tenía pensado decirle a ella, ya en la consulta, que nadie pudo asistir debido a las obligaciones que conllevaba trabajar en el clan azul. Pero había olvidado que era difícil esconderle algo a Munakata Reisi.
Y aquel hombre desconsiderado, delante de él, le contó a la rubia mujer todos los ataques de ansiedad e ira que tuvo durante el mes y le dio el nombre del principal sospechoso. Y ahora lo estaban regañando por ello e indagando más en el asunto, para su completo desagrado.
—¿Cuál es el punto de negarlo?—mencionó en tono firme—.El cuerpo se resiente con todos los problemas a los cuales no les das solución y simplemente un día decide que no quiere más y reacciona de esa forma. Y si no te alimentas bien, entonces terminarás desmayándote como un debilucho.
Saruhiko chasqueó la lengua nuevamente ante aquel recordatorio que todas las sesiones le daba esa mujer. A veces se preguntaba por qué era fácil hablar con ella, pero suponía que el hecho de que Minagawa-sensei no conociese a nadie de su círculo cercano más que a Munakata y que, además, ese fuera su trabajo, y que le asegurara que había escuchado cosas peores, lo animaba de cierta forma.
Munakata realmente debería conseguirse una maldita vida y dejar de joder con la mía...
—Misaki se fue, enviándome un simple mensaje que decía 'El avión está a punto de partir, nos vemos'—confesó a regañadientes, con gran dificultad. El tema de su relación con Misaki era algo que aún le costaba comentar de manera tranquila y la mujer lo sabía, por ello concentraba todo en hacerle hablar de ello—.Supongo que esperaba que dijera que quería que fuera antes de que...y ni siquiera me quería ahí...
—¿Has hablado con Misaki últimamente?—observó el leve cabeceo afirmativo del ojiazul y sonrió levemente—.Entonces ¿Te ha dicho directamente que no quiere volver a estar contigo?
—No— respondió con ligera irritación, aceptando aquel hecho—.Anoche dijo que me extrañaba, pero no creo que sea verdad. Él es un idiota cuando bebe de más.
La profesional, con su rostro inexpresivo, para la total exasperación del pelinegro, comenzó a anotar nuevamente en su libreta sin hacer mayor comentario. No le había dicho que Misaki era un hombre, así que realmente quería que el rostro de esa mujer cambiara cuando se enterara de la verdad, pero la forma tan natural en que se tomó todo no hizo más que cabrearlo. Ella, al parecer, de verdad había escuchado de todo.
—¿Por qué no lo sería? —preguntó sin curiosidad, posando sus ojos verdes en los azulinos de su paciente, esperando que entendiera por sí mismo las cosas. Más, recibió un encogimiento de hombros como respuesta—.Con la distancia que hay entre ustedes, no tiene razones para mentirte. Y créeme, la gente desinhibida siempre dice la verdad—explicó después de unos segundos—.No puedes querer a alguien sin antes quererte y aceptarte a ti mismo, Saruhiko. Tampoco puedes pretender que lo sabes todo, los afectos y sentimientos de los demás es algo difícil de entender a simple vista. No te niegues a la gente que te quiere y que se preocupa por ti desinteresadamente.
—Siempre hay un interés de por medio—replicó de mala gana.
—Si es el poder estar junto a ti, entonces no es un mal propósito ni es egoísta ¿No crees?—sonrió—.Quiero que escribas una lista de todas las veces en que alguien te ha dicho algo lindo o ha hecho algo por ti y has pensado '¿Por qué te importa?', pregúntales y quiero que anotes las respuestas que te den y me las traigas en dos semanas más.
Saruhiko se tensó en su asiento.
—¿Tengo que hacerlo? —preguntó hastiado, recibiendo una mirada de regaño por parte de la mujer mayor—.Que molesto...
Saruhiko:
¿Qué tal te fue?
Misaki:
Bueno, no gané el primer lugar
Pero fue genial participar acá
Digo, el nivel de la competencia no se compara
con lo del torneo del año pasado.
Saruhiko:
¿Estás bien?
Misaki:
Si
Oh por cierto,
El avión parte a eso de las siete de la mañana
Saruhiko:
¿No deberías estar durmiendo?
Misaki:
Quizás...
Eric me comentó que las cosas se habían puesto difíciles en Scepter4
Quería hablar contigo
¿Estás bien?
Saruhiko:
¿Por qué te importa?
Había sido molesto hacer ese pedido, pero por supuesto que lo realizó tal cual aquella mujer le había solicitado. Aún no entendía cómo todo esto podía ayudarlo con el delicado tema de su forma de ser algo psicópata y fría, pero Minagawa-sensei era una mujer competente y había sido muy explícita al decirle que la mayor parte del trabajo se la llevaba el paciente y que ella sólo guiaba hacia el camino correcto.
Independiente que el tema de su familia era algo que prefería no tocar muy a menudo, ahora se sentía un poco menos reacio a ello... claro que todo eso fue después de tener una leve confrontación verbal con su psicóloga sobre las mil y un desventajas de no haberse tratado de antes. En serio, esa molesta mujer lo regañaba más que Misaki y la Teniente juntos.
Comprendes que nada de lo que ha pasado ha sido tu culpa, ¿No? ¿Has pensado en hablar con tu madre alguna vez?
No.
No le interesaba hablar con ella.
¿Qué tal si se lo cuentas a Reisi? Él es alguien cercano a ti, me da la impresión que lo ves como un amigo; es bueno que cuentes con apoyo fuera de la consulta.
—Fushimi-san es hora de cenar, y... ¡Pediremos comida china! —interrumpió Doumyouji con alegría, en la oficina—.¡Muero de hambre! No entiendo cómo usted puede estar tan despierto sin almuerzo, yo ciertamente no podría ni rendir la mitad del día sin mis tres comidas.
Observó como el despreocupado castaño hablaba, siendo incapaz de seguir su conversación. Más después que éste sobrepasara la distancia máxima permitida con su persona, gruñó irritado. Odiaba cuando él entraba de esa forma en la oficina sin anunciarse.
—Que molesto eres —murmuró con voz cansada, levantándose segundos después sólo para recibir una mirada de sorpresa del parlanchín Andy—.¿Qué?
Doumyouji reprimió una risa con esfuerzo.
—No, es que todos nos alegramos de que haya decidido ir con la psicóloga—comentó con una sonrisa sincera, dándole leves golpecitos en el hombro a su enojado superior—.Le ha hecho bastante bien, digo, ya no me arroja sus cuchillos cuando encuentra algunos errores en mis informes o cuando entro de esta forma a la oficina, asustándolo. Se ve muy divertido cuando se asusta, por cierto.
—Ella es una mujer sabia —comentó con un leve atisbo de sonrisa, más el brillo en su azulina mirada le advertía al menor que su cabeza pronto correría peligro si seguía colmando su paciencia—.Me dio una lista de los problemas y papeleos innecesarios y largos que me acarrearía tu muerte, así que es menos molesto escucharte.
—Eso fue cruel... —murmuró asustado, alejándose levemente de Fushimi.
—En cuanto termine la hora de almuerzo, tendrás que hacer el informe y no saldrás hasta que esté escrito de forma decente—comentó con tranquilidad, caminando hacia la puerta de la oficina.
Andy se quedó en silencio por unos breves momentos, no comprendiendo las palabras del mayor.
—¡Pero...! ¡Fushimi-san, es mi tarde libre!—gritó el castaño, observando como la espalda de su superior desaparecía de su campo de visión.
No sólo por tus habilidades, sino porque te considero un amigo, y espero puedas considerarme de igual modo, Fushimi-kun.
Porque no quiero que vuelvas a enfermar. Sé que eres alguien que aprecia su privacidad, pero no puedo evitar preocuparme por ti, Fushimi.
¿¡Cómo qué por qué!? Eres la persona más importante para mí, Saruhiko. Por eso quiero que estés bien.
Misaki:
Volvimos a Japón ya
¿Vendrás a la fiesta en HOMRA?
Saruhiko:
Imposible, mucho papeleo
Misaki:
Ya...
Bueno, iré ahora a casa a dejar mis cosas
Kusanagi-san dijo que nos invitaría un trago en honor a mi segundo lugar
Saruhiko:
Suena bien, diviértete
Misaki:
Lo haré
Estar de vuelta en casa, después de tanto tiempo huyendo de los malos recuerdos, se sentía bien de alguna manera. Era como una especie de capitulo finalizado con un desenlace agridulce que no lo dejaba del todo satisfecho, pero que aun así aceptaba con resignación.
Dejó su pesado bolso de viaje a un lado de la mesa, preguntándose con cierta duda si Sachiko fue quien limpió aquel lugar después del desastre. Recordó que cuando Saruhiko se marchó de su casa, se quedó sentado en el suelo por horas, sin creer en todo lo que había sucedido entre ellos. Y después, dejando los restos de la cena sobre la mesa y ollas sin lavar, se fue a refugiar en HOMRA sólo con su patineta y documentos personales en mano, tratando de que sus heridas escocieran menos de aquella forma.
No había pisado su hogar hasta ese día, lo que le significo comprar ropa y enseres personales en América y, francamente, esperaba encontrar un desastre. Fue una linda sorpresa encontrar el lugar como si aquella cena jamás hubiese pasado.
—Misaki ¿Estás bien?—preguntó Sachiko, con preocupación, al ver como Yata se quedaba sumido en sus pensamientos.
Yata observó a la morena, pensando para sí mismo que le gustaba mucho cuando ella se ponía ropa casual, como los gastados y oscuros jeans con la blusa sin mangas de color azul. Era más Sachiko de esa forma, sin usar esos vestidos exagerados y femeninos.
—Sí—respondió con seguridad, para después regalarle una sonrisa, —.Fuiste tú quien limpio este lugar ¿No?
—En parte. Kusanagi-san y Kamamoto-kun también me ayudaron—comentó en tono ligero, apoyando el peso de su cuerpo en la mesa mientras se cruzaba de brazos—.Queríamos que cuando volvieras todo este lugar estuviera reluciente. Realmente apestaba ¿Sabes?
Fue algo en sus duras palabras las que hicieron que bajara la cabeza ante aquel regaño.
—Lo siento.
Sachiko asintió levemente, dándose por satisfecha con la reacción avergonzada del menor. No pasó mucho hasta que Yata, algo aburrido se dirigiera a la habitación a paso lento y Sachiko no pudo evitar preocuparse nuevamente. Aquel lugar debía tener tantos o más recuerdos que la sala de estar y Misaki aún parecía un cachorro recién llegado a un nuevo hogar, completamente desadaptado al ambiente, husmeando todo a su alrededor. No quería verlo sufrir y dejarlo solo si es que volvía a quebrarse, por eso decidió incorporarse y seguirlo después.
El silencio en aquel lugar la abrumaba.
Encontrarlo estático en medio de la amplia habitación era algo que se esperaba, pero ver que en sus manos estaba una de las blancas prendas que Fushimi no se molestó en recuperar le provocaron cierta irritación con el subordinado de Munakata. Odiaba la forma en que trató a su hermano, pero comprendía que era un problema de pareja en el que ella no tenía permitido inmiscuirse y en el que sólo debía apoyar si así se requería. Si tenía que ser sincera, habría preferido que Saruhiko se hubiese llevado todas sus cosas personales para así ahorrarle el sufrimiento a Misaki.
—No me había percatado que Saruhiko tenía un montón de cosas acá—murmuró Yata de pronto, sin voltearse.
Sachiko suspiró audiblemente y, después de caminar con lentitud hacia la habitación, se sentó con comodidad en la cama matrimonial. Observó el rostro de Yata. No parecía deprimido o molesto, sino que estaba bastante sorprendido ante ese hecho y ella era incapaz de saber lo que estaba pensando en este momento. Extraña su explosiva risa, sus brillantes ojos cuando cocinaban. Incluso extraña escuchar sus reclamos y palabras vulgares cuando estaba en desacuerdo con ella.
Misaki siempre había sido alguien cuyas emociones eran fáciles de entender, y ahora no las expresaba en su rostro, y eso la aterraba.
—¿Quieres arrojarlas a la basura o algo?—preguntó con una seriedad no exenta de tono bromista, señalando con la cabeza las prendas en el armario que usaba el muchacho pelinegro—.Digo, conozco un buen lugar para...
—¿Qué? ¿Por qué habría de hacer esa mierda?—preguntó escandalizado ante la idea, interrumpiéndola.
—Pensé que seguías enojado con él—respondió a la defensiva ante la mirada de censura del castaño.
—Lo estoy—aceptó a regañadientes, quitándose la gorra negra con brusquedad para luego arrojársela a su hermana, quien la recibió de forma directa en el rostro—.Pero hacer eso suena mal, digo, no soy un mocoso para tener ese tipo de rabietas.
—Si tan adulto eres ¿Por qué no simplemente me dices que lo extrañas?—preguntó exasperada, arrojándole la gorra de vuelta—.No tienes que mentir, es cosa de ver como sujetas esa camisa con tantas ganas. Sea cual sea la decisión que tomes yo la voy a respetar; y si Fushimi sabe lo que le conviene también la aceptará.
Para Yata, ese era el gran problema. Antes de pisar Japón se había hecho a la idea de que Saruhiko si asistiría a la fiesta, incluso estaba emocionado ante el hecho de verlo después de tanto tiempo. Pero su negativa, más que deprimirlo o molestarlo, lo dejaba con una sensación extraña; como si una vocecita le repitiera constantemente que a Saruhiko ya no le importaba, que ya no lo quería.
—Aún no sé qué hacer—murmuró frustrado, sentándose a un lado de la morena, dejando la camisa sobre la cama—.A veces estoy tan enojado que realmente quiero romperle su maldita cara pero...
Sachiko observó como Yata jugaba con los botones de la prenda, con una suavidad extraña en él, como si tuviera miedo de destrozar algo precioso.
—Dijiste que él te había explicado lo que pasó ¿No? Y que tú, gracias a eso, pudiste entender ciertas cosas que no tenías idea—comentó Nanahara, con comprensión—.Si no quieres verlo ni hablar con él, entonces no lo hagas. Y si Fushimi insiste simplemente dile que no. No es algo tan difícil.
—Pero...
—Si quieres verlo entonces invítalo a comer a algún lado o qué sé yo—murmuró impaciente, golpeando la cabeza del moreno con suavidad, para luego apoyar su cabeza en su hombro, sabía que a su hermano se le dificultaba hablar de estas cosas si alguien lo miraba de frente y ella quería hacerle entender que estaría a su lado independiente de la decisión que tomara—.Si me dejas aconsejarte: no acá, necesitas tiempo para aclarar esa vacía cabeza tuya y eso es mejor hacerlo en un ambiente más neutro, sin recuerdos que te persigan y te hagan tomar decisiones apresuradas.
Yata se quedó largos segundos en silencio, recapacitando las palabras de su hermana.
Decidió ignorar aquellos pensamientos negativos respecto a Saruhiko, era lo mejor. No quería volver a deprimirse antes de ir a HOMRA y preocupar a todo el mundo, no cuando sentía que ya estaba mejor.
—Gracias...
—De nada—sonrió con ternura ante el sonrojo del skater—.Eres mi hermano, jamás te dejaré solo.
Estuvieron unos cuantos minutos en esa posición, hablando cosas intrascendentes hasta que el castaño pudo finalmente relajarse. Nanahara sonrió cuando cerraron la puerta del apartamento y se encaminaron al bar, sólo esperaba que Misaki pudiera disfrutar de su fiesta.
A Yata le alegraba que, pese a que ya no existía HOMRA como clan rojo, los chicos con los que convivió tanto tiempo hayan asistido de igual forma a aquella reunión y lo saludaran alegremente cuando puso un pie en aquel familiar lugar.
Fue divertido dar un discurso sobre lo emocionante que fue participar del campeonato fuera del país, o lo agradecido que estaba con Fujishima por lograr que no asesinara a Eric durante el mes que vivieron juntos. Con las risas y anécdotas de todos sus amigos olvidó el dolor y soledad que cargaba su corazón.
O creía haberlo logrado, su mente estaba a miles de kilómetros de distancia de la fiesta cuando no había nadie distrayéndolo con alguna conversación. No se percató de Chitose y su estúpido baile con Bandou, quienes estaban algo borrachos, o de como Akagi lloraba de la risa junto a Dewa y Kamamoto ante aquella peculiar escena.
Podría haberse olvidado de todo su dolor, de no ser porque realmente con quien más quería disfrutar esa pequeña victoria no estaba presente y se volvía todo amargo de alguna forma.
Porque si Saruhiko hubiese estado a su lado, tal como deseaba, no estaría pensando en que no pertenecía a ningún lugar.
Misaki:
¿Qué tal las cosas ahora?
Ya no hay poderes y esas mierdas
Saruhiko:
Mucho papeleo innecesario
El Capitán tampoco hace las cosas más fáciles
Misaki:
Vaya mierda
Saruhiko:
No es como que no estemos acostumbrados.
¿Tienes algo que hacer hoy?
Para ir a comer o algo
Si quieres, digo
Fushimi observó con creciente irritación al hombre sentado en el tatami, frente a él. La calma y sonrisa del Capitán de Scepter4, que había puesto en jaque a su subordinado favorito otra vez, lo hacía replantearse cada vez más seguido la idea de renunciar.
—Entonces ¿Su respuesta ha sido negativa?—preguntó en tono afable, preparando con lentitud dos tazas de té.
—Eso acabo de decirle—murmuró para sí mismo, cruzándose de brazos.
Invitó a Misaki a comer esa mañana, el día subsiguiente a su llegada como una especie de disculpa por no haber asistido a la dichosa fiesta en el bar del clan rojo, iba a llevarlo a donde quisiese, y Yata lo había rechazado, sin siquiera pensarlo mucho.
Lo había desconcertado su respuesta y su ánimo se fue por los suelos en cuestión de segundos; Munakata, al verlo tan mal y sabiendo el motivo, decidió encerrarlo durante todo el día en su oficina y mantenerlo ocupado con cientos de documentos de strains que aún no habían sido archivados y que requerían detalles adicionales para ser debidamente cerrados. Su mente agradecía el tener algo en lo que ocuparse, más pasadas unas horas el Rey Azul decidió traer de regreso el particular asunto que lo tenía de tan mal humor.
Realmente, odiaba que el capitán pudiese hacerlo hablar sin esfuerzos. Aunque la mayor parte de la culpa era suya, por permitirlo y sentirse en deuda con un hombre que veía como su familia - no que vaya nunca a admitir eso en voz alta.
—Bueno, Fushimi-kun, ciertamente es bastante lamentable que Yata-kun se comporte de esa inusual forma cobarde. Esperaba algo más de quien fuera la gloriosa y orgullosa vanguardia de HOMRA por aquellos días—comentó con su sonrisa brillante, entregándole la taza a su subordinado favorito.
—Gracias—murmuró después de recibir el té—.No tiene que ver con cobardía...Además, Misaki es un idiota que nunca entiende nada y que no sabe...mentir.
—¿Oya? Pensé que él realmente aceptaría asistir a una reunión contigo, Fushimi-kun. ¡Qué lástima!
Observó a Munakata y se ajustó sus gruesos anteojos. Aquel tono de voz tan insinuante lo terminó de descolocar.
En un principio, cuando aceptó ver a la psicóloga, fue más que nada porque aquel hombre frente a él se lo ordenó, y si bien seguía diciendo que era una pérdida de tiempo, a regañadientes tenía que admitir que, gracias a esa mujer, se pudo percatar que la gente se preocupaba por él de forma sincera.
Munakata, junto con Awashima, eran quienes más velaban por él en las sombras, y sentía cierta deferencia por ellos. Y algo de culpa también. No podía olvidarse de sus molestos subordinados, con los cuales compartía un poco más que antes. Viéndolo en retrospectiva, las cosas en su vida parecían mejorar, excepto su relación con Misaki que parecía completamente estancada y resultaba molesto.
—Tsk, dijo que estaba demasiado ocupado en el trabajo en estos días—confesó a la defensiva, jugando con la taza, revolviendo su contenido con aire ausente—.Y que podía la próxima semana... tal vez...
Munakata sonrió con serenidad, dándole un pequeño trago a su relajante y delicioso té blanco.
—Pienso que quizás es Yata-kun quien debe realizar el primer acercamiento entre ustedes dos—comentó el Rey Azul con voz teñida en diversión ante el chasqueo de lengua del más joven—.Es como un animal herido, cuando tome la debida confianza se acercará y, si todo sale bien, levantará sus defensas frente a ti una vez más. Ha sido muy considerado de su parte decirte que estaba ocupado laboralmente.
Saruhiko sabía eso, también sabía que la negativa de Misaki no era debido a su trabajo, sino que simple y llanamente no quería verlo; los últimos días habían hablado a través de mensajes de texto con normalidad, así que aquel cambio de actitud de Yata era demasiado extraño, no recordaba haber dicho algo hiriente. El castaño estaba molesto, no quería verlo y no sabía por qué.
Misaki:
Acabo de ver tu Rey diciendo que
Sería el próximo ministro de Japón
Tampoco te la esperabas ¿Eh?
Digo tu cara y la de esa mujer realmente daba risa
Saruhiko:
Es una molestia
Misaki:
Él es raro
Oye
¿Tienes algo que hacer mañana después del trabajo?
Saruhiko:
No
Misaki:
¿Qué tal si vamos a comer algo?
Se acabó mi turno extra de mierda
Así que...
Saruhiko:
Si tú invitas.
Misaki:
Hecho.
Cuando Kusanagi terminó de acomodar la última de sus copas fue que escuchó las campanillas de la entrada resonar por todo el lugar. Volteó con su usual sonrisa para saludar a su primer cliente de la noche, más el cigarrillo que era sujetado suavemente por sus labios se precipitó hacia el suelo debido a la sorpresa.
—Quita esa cara, Kusanagi-san—pidió Yata, desviando la mirada. Se sentía algo avergonzado por estar ahí y no podía ver la expresión del mayor sin sentirse peor.
—Te dije que no había sido una buena idea—gruñó Saruhiko en voz baja, cruzado de brazos.
—¡Podrías haber sugerido tú un lugar en vez de haber dicho que te daba igual!—replicó con rencor, sin mirar al pelinegro.
Saruhiko chasqueó la lengua, ante la mirada divertida del dueño de HOMRA, quien se apoyó cómodamente en su mesa de bar para observarlos con una sonrisa bastante cálida.
Fushimi estaba nervioso en esta primera salida y, a medida que pasaba tiempo con el castaño recorriendo las calles de manera ociosa, las cosas sólo empeoraban. Había amargura en las pocas palabras que compartían y no podían ponerse de acuerdo hacia donde ir a beber o a cenar; la última opción era el bar de Kusanagi; Misaki no lograba entender que realmente lo último que necesitaba era estar en el territorio del clan rojo, donde no sería bienvenido de forma sincera.
¿Por qué habría de serlo, después de lastimar a alguien que era preciado por todos los que compartían el símbolo de las flamas en sus cuerpos?
—Hey, boys, pueden sentarse donde gusten—interrumpió el mayor ante la evidente tensión entre ambos—.La casa invita la primera ronda de la noche, así que pidan lo que quieran.
Saruhiko y Yata se observaron por breves momentos después de oír aquellas palabras, para voltear hacia el lado contrario después de un gruñido de inconformidad sincronizado.
Izumo debió carraspear para no reírse.
—De ser así, Kusanagi-san, dame lo más fuerte que tengas... —murmuró Yata, molesto.
—Claro, Yata-chan—asintió con una sonrisa, para luego dirigir su mirada al miembro del clan azul—.Fushimi, ¿Qué vas a querer?
—Lo mismo, supongo—contestó en un susurro desganado.
Fushimi, después de chasquear la lengua por milésima vez ese día, y observar al castaño con rencor porque éste se esmeraba en ignorarlo, se acercó hacia los asientos más cercanos al acuario y se acomodó lentamente, perdiéndose en los llamativos colores de los peces. No pasó mucho tiempo para sentir la irritada presencia de Yata frente a él.
Ambos suspiraron desganados.
Kusanagi había estado preocupado por el futuro de esos dos, así que mientras preparaba su cóctel más poderoso, no dejaba de lanzar miradas curiosas hacia ellos para negar con la cabeza resignadamente después. El rubio mayor era un hombre práctico, no se metía en peleas ajenas ni discusiones de sordos como la de esos dos, quienes parecían un par de gatos enfurruñados que esperaban cualquier descuido del otro para lanzarse y atacar. No era algo inusual que Yata y Fushimi se comportaran de esa forma algo infantil cuando estaban peleados pero, si tenía que ser honesto aquel era un comportamiento bastante positivo, porque cualquier tipo de reacción era mejor que la fría y letal indiferencia con la que se trataron durante lo que quedó del festival.
Dejó las pequeñas copas frente a cada uno y se alejó para atender a sus otros clientes habituales después de observar a ambos menores con severidad. Kusanagi esperaba que lograran resolver sus diferencias. Después de todo era obvio lo mucho que se querían y extrañaban esos dos. Sólo que parecía que el par de cabezas huecas no se percataban de ello aún.
Saruhiko sabía que estaba siendo algo irracional, estar molesto con Yata por no haberse dado cuenta de que estar ahí era un error, rayaba en el límite de lo absurdo incluso para alguien como él, así que pretendía dejar el asunto de su propia incomodidad a parte y hablar con Misaki de manera normal.
Aunque no es como si después de diez minutos de profundo silencio, con ambos jugando con el borde de las copas, haya cambiado algo entre ellos.
—Tsk ¿Vas a hablar o vas a pasarte con esa expresión estúpida toda la noche?—dijo Saruhiko, observando a Yata de forma molesta.
—¿¡Por qué tengo que empezar yo!? Y el que está haciendo una expresión de imbécil eres tú...Estúpido mono—respondió dándole un golpe a la mesa, demostrando lo frustrado que se encontraba ante la situación.
Saruhiko rodó los ojos ante aquel exabrupto.
—Acabo de empezar yo ¿No?—murmuró nervioso, desviando la mirada segundos después.
Misaki le dio un trago a su copa, arrugando su nariz ante el sabor, y suspiró. Era una situación complicada, no saber cómo empezar a hablar del tema de su separación, seguir ignorando el asunto no les hacía nada bien.
Al menos a Yata no le hacía bien.
—No has hecho nada más que quejarte como un maldito mocoso de mierda durante todo el jodido camino—reclamó indignado.
—Tus ideas apestaban, no puedes ir a un cine a conversar...—explicó lentamente con un tono de burla, sonriendo con sorna cuando observó el avergonzado rostro del mayor—. Idiota, ¿Pensaste de verdad que era una buena idea?
Misaki estaba contando mentalmente hasta cien. Saruhiko lo único que conseguía era que su frustración y mal humor aumentara. Pero había aprendido a tranquilizarse... sin alcohol. Lo que sea que le haya dado Kusanagi era demasiado fuerte y presentía que si la paciencia de ambos seguía disminuyendo, habrían sillas voladoras involucradas en cualquier momento.
—¡Si tan inteligente eres podrías haber dado una maldita idea en vez de sólo rechazar todo!—expresó frustrado, bebiendo nuevamente.
Deberías ser más sincero. Él tiene razón cuando te dice que no es un adivino para saber lo que piensas en todo momento. Quizás para ti sea fácil leer sus expresiones o entender cada uno de sus cambios de humor de vez en cuando, pero él no es tú. No debes pedirle algo que tampoco puedes hacer con seguridad todo el tiempo.
Tras un leve chasquido de exasperación, observó al ojiavellana.
—Lo siento, estoy nervioso...—confesó en un bajo murmullo, sólo para recibir a cambio una expresión de temor por parte de Misaki, como si el mundo fuera a acabarse o algo parecido—.Tsk...¿Qué con esa cara?
—Es raro que tú te disculpes o que digas cómo te sientes...—respondió rápidamente, con suspicacia—.¿Quién demonios eres tú y qué hiciste con Saruhiko?
El ojiazul se sintió incómodo ante la desconfianza de Misaki, pero era entendible. Frunció el ceño algo molesto, pero más consigo mismo por sentirse avergonzado ante la situación que estaban viviendo en ese momento.
—Estoy...asistiendo a cita con el médico así que...—murmuró.
—¿Médico?—preguntó un poco alterado, interrumpiéndolo—.¿Estás bien?¿has estado enfermo? ¿Qué mierda pasó?
—Cállate, ruidoso. Estoy viendo a un psicólogo—respondió tratando de disimular la sorpresa que le causaba la preocupación tan notoria en el rostro de Misaki, pero aquel calorcito que creció en su pecho, sabiendo que él aún se interesaba en su bienestar, lo aliviaba de cierta manera—.El Capitán lo ordenó...
—Oh... ¿Y estás bien? Digo... ¿Estás bien con... Ir y hablar? Has estado bien ¿No?—preguntó a tropezones.
Sonrió ante el nerviosismo de Yata, no era desagradable verlo así, tan tembloroso y sonrojado.
—Sí, es una mujer competente... pide cosas molestas de vez en cuando pero... —comentó cansado. Más después de unos segundos en donde sólo se observaban en silencio, comenzó a sentir los nervios presionándolo—.Oye, Misaki tu...
Tú crees que sabes lo que él piensa o siente hacia ti. Puede que él haya dicho eso en ese momento en donde estaba mal, pero ¿Le has preguntado qué piensa ahora? Porque dudo que tu sigas pensando que él...
... pregúntale y sorpréndete con su respuesta.
—¿Saruhiko?—llamó preocupado ante el silencio del ojiazul, pasando su mano delante de los azulinos ojos, para llamar su atención.
—Una de las cosas que ella me dijo es que... te preguntara—se mordió los labios de pura frustración.
Era incapaz de encontrar las palabras que quería decirle al moreno, no deseaba romper la poca tranquilidad en la que estaban envueltos, pero era algo que sabía debía hacer.
—¿¡Ha!? ¿Por qué hablabas de mí? Espera, ¿Qué tienes que preguntarme?—dijo alarmado, esperando impaciente a que éste hablara, pero al ver como el menor se removía incómodo en su asiento, se tranquilizó—.Oye, está bien si...
Saruhiko negó rápidamente con la cabeza.
—Es... sobre la feria de Shizume...—interrumpió, intentando reprimir el ansia que pesaba sobre su estómago—.Yo... estaba buscándote ese día, Nanahara-san me lo dijo...—confesó con un leve rubor adornando sus mejillas—.Te encontré alejado con Kusanagi-san detrás de un árbol y te escuché diciendo que...ya no te bastaba con que yo te quisiera...
—¿Qué más escuchaste?—preguntó aterrorizado.
Sentía su garganta seca después de decirle eso al castaño, así que trató de eliminar aquella incomodidad bebiendo de aquel cóctel refrescante, más el ardor en su garganta lo hizo carraspear. Odiaba los tragos fuertes, y este era de los más poderosos que tenía a su haber el dueño de aquel lugar, al parecer.
—Estaba un poco aturdido... No oí más y me fui. El Capitán dijo que sería buena idea estar en el festival para estrechar vínculos entre todos... yo tenía pensado devolverme a los cuarteles pero el imbécil de Hidaka me llevó a rastras por todo el lugar a pedido de Munakata... es molesto, me hizo recorrer puesto por puesto en busca de basura—dijo con cansancio, apoyándose en el respaldo del sofá en pose derrotada—.¿Realmente piensas...que ya no te basta con que...?
—No, estaba enojado contigo y conmigo mismo... Antes de todo eso si era lo que pensaba, pero ya no... Tú no tienes la culpa de ser el desastre que eres, supongo—comentó lo último con un tono liviano.
Saruhiko procesó las palabras de Misaki. Sentir el ardor propio del alcohol pasar por su garganta otra vez no le dio la tranquilidad que buscaba. Tampoco podía poner en orden sus ideas, sentía como si todo fuera un sueño en donde no era dueño completo de sus actos y en donde todo se transformaba en una cruel pesadilla sin opción a despertar.
—Lamento no haberte dicho las cosas antes, quizás si yo...
—Ya te dije que la autocompasión no te queda para nada—espetó duramente, para después observar con intensidad aquellos ojos azules que tanto le gustaban. Yata pasó sus pequeños y gruesos dedos por el borde del pequeño vaso, con aire ausente—.¿Tú sigues pensando eso sobre mí?
Fushimi pestañeó confundido.
—¿Qué cosa?
—Sólo estás conmigo para olvidar que no perteneces a ningún lugar—repitió con dolor, ocasionando que Fushimi contuviera el aliento—.Eso fue lo que dijiste ese día... ¿Sigues pensándolo?
—No de esa forma...—respondió con culpa, evitando la mirada de Misaki, había olvidado aquellas duras palabras que utilizó en el castaño para alejarlo—.Siempre has buscado un lugar al cual pertenecer, Misaki. Cuando Mikoto-san se fue, estabas perdido. Después de que destruyeron la slate, HOMRA volvió a separarse y te deprimiste de la misma forma. Pensé que... que el único motivo por el cual estabas conmigo era para... Para tener un nuevo lugar al cual pertenecer o algo así. Si no hubiesen destruido la Slate yo no te habría importado.
En cuanto aquella palabras escaparon de sus labios, sintió como Misaki le dio una fuerte patada bajo la mesa. Estuvo a punto de brindarle palabras poco halagadoras, más la expresión sería del mayor lo silenció inmediatamente.
—Estas equivocado en eso. Con o sin poderes yo quería... volver a tenerte dentro de mi vida, y lo sabes, maldición. Incluso después de que te fuiste yo seguía intentándolo, eras tú el imbécil que se alejaba—comentó ofendido, aludiendo al asunto de la bodega, donde se escondía el strain conocido como 'el topo'—.Y si, cuando era un mocoso las cosas con eso de encontrar un lugar al cual pertenecer eran así... Digo, siempre me sentí un extraño en mi casa, no puedes culparme por ser así... pero...
—¿Pero?—preguntó suavemente.
Podía notar la duda del castaño y, armándose de un valor que no sabía que tenía, posó sus manos sobre contrarias. Fue un instante, sólo un segundo, en el cual vio aquel usual brillo afectivo en el rostro de Yata.
—El lugar al cual perteneces puede cambiar. Mientras las personas que te importan estén contigo de alguna forma, entonces se puede reconstruir. Si no estuviera más el bar, basta con que mis amigos estén ahí para mi.—dijo con seguridad, sonrojándose segundos después, mientras se rascaba la mejilla avergonzado, sin apartar en ningún momento su otra mano del espadachín—.Y si llegase a perder mi casa, basta con que... estés tu conmigo. Eso es lo que creo.
Saruhiko trago con dificultad, sintiendo ahora el ruido de la multitud del bar. Los sonidos de las copas chocando entre sí, las risas de las personas, fragmentos de conversaciones.
Y al centro de todo ello, Misaki.
Su Misaki.
—No sabía que pensabas así... —comentó sorprendido, para sonreír nervioso y cruzarse de brazos, rompiendo el cálido contacto—.¿Cuándo fue que maduraste tanto?
—Déjame en paz... —exigió con un tono de reproche que alivió la tensión entre ambos.
—Lamento todo lo que dije esa noche... yo...
—Te sientes culpable ¿Eh?—apoyó la barbilla en su mano, observándolo con curiosidad—.¿Quién lo diría?
Saruhiko iba a replicar ante sus palabras, pero fue incapaz de justificarse y decir algo coherente gracias a la imagen que tenía frente a él. La siempre refrescante y sincera sonrisa de Misaki se hizo presente por primera vez después de todo el rencor que compartieron en el festival.
Misaki:
¿Qué tal una cena?
Saruhiko:
¿Sin verduras?
Misaki:
Y con helado de vainilla
además de una película de acción
Saruhiko:
Si cambias la película por un videojuego
Puede que tenga tiempo para ir...
Misaki:
Está bien
cena sorpresa sin verduras, helado y videojuegos
Te espero en casa.
Saruhiko:
Hecho.
Durante todo el trayecto hacia la casa de Yata, no podía evitar sentirse más y más nervioso a medida que se acercaba a su destino. No se había cambiado de ropa debido a que su trabajo se alargó innecesariamente, aunque fue más debido a sus dispersos y negativos pensamientos sobre cómo saldría aquella cena, que porque hubiese mucho papeleo pendiente en los cuarteles.
No podían culparlo por prepararse para lo peor, las últimas salidas con Yata fueron al arcade a jugar y difícilmente hablaban de su relación cuando comían algo en los puestos cercanos. Yata siempre cambiaba de tema cuando Saruhiko se acercaba a aquellos tópicos, por ende después de la tercera vez, simplemente decidió dejar de insistir. Si Yata no quería hablar, entonces él tampoco.
O eso le gustaba pensar para sentirse mejor.
La realidad de que Misaki no quería retomar la relación era demasiado dolorosa, tanto, que prefería resguardarse en la presunta indiferencia, como si todo lo que vivió con el castaño no hubiese significado nada. Aunque por las noches lo soñara y reviviera cada uno de los hermosos momentos que pasaron juntos, sólo para despertar a la mañana siguiente en completa soledad.
A veces se sentía un cobarde por no enfrentarlo y aclarar la situación de forma insistente; y otras, como ahora frente a aquella familiar puerta que podía abrir con su propia llave, se sentía la persona más valiente del mundo por no huir a último minuto. Se quedó congelado en su lugar, no quería pensar en cómo sería recibido si utilizaba la llave que anteriormente le había sido entregada con afecto y confianza, trató demasiado mal al castaño hace unos meses atrás entre esas cuatro paredes e ingresar pretendiendo que nada sucedió sonaba demasiado cínico, incluso para alguien como él.
Suspirando y dándole al mal tiempo buena cara, presionó el timbre del apartamento, tratando de apaciguar los nervios que crecían lentamente en su interior. Se sobresaltó cuando escuchó el seguro de la puerta al ser quitado para que, segundos después, el confundido rostro de Misaki apareciera frente a él.
—Pensé que era uno de mis vecinos—murmuró con cierta preocupación dibujada en sus facciones—.¿Qué pasó con la llave?
Saruhiko tragó con dificultad, pidiéndole, casi rogándole a su cuerpo que dejara de temblar ante aquella escrutadora mirada por parte del mayor. Estaba vestido con su ropa usual, sin esa enorme sudadera blanca y sin su estorbosa gorra negra. Sólo ahora se daba cuenta que el cabello de Misaki estaba descuidadamente largo, como cuando ocurrió lo de JUNGLE.
—Se me quedó—mintió, sin mantenerle la mirada al castaño.
Yata abrió su boca sin emitir sonido alguno, con claras intenciones de reclamarle, más, después de unos segundos de consideración, decidió mantenerse en silencio y entrar, dejándole plena libertad al espadachín para ingresar si así lo deseaba.
—Todavía no termino de preparar la cena—comentó titubeante, quedándose en el recibidor de brazos cruzados.
Podía sentir los penetrantes ojos avellanas siguiendo cada uno de sus movimientos. Era una escena usual, donde se sentaba con desgano en el genkan para quitarse sus molestas botas y ponerse sus cómodas zapatillas de descanso, y Yata lo observaba con una sonrisa para después darle la bienvenida y compartir un dulce y tímido beso.
Por obvias razones, todo era diferente ahora. Y no iba a terminar con un beso en el recibidor.
No era la distancia, ni el nerviosismo; era lo defensivo que estaban con el otro, mucho más que cuando se juntaron por primera vez después de todo lo que había sucedido entre ellos. Pero eso era normal ¿No? La primera vez eran simples amigos que se apartaron por no hablar nunca de los temas importantes y si bien ahora el motivo no era muy diferente, el quiebre en su relación fue más doloroso y eso se dejaba notar en sus acciones.
—Está bien, no tengo prisa—respondió de igual modo, ingresando con lentitud a la morada del castaño. Observó a su alrededor, sintiendo algo diferente, como una especie de frialdad que estaba molestándolo—.Pintaste
Misaki se había confundido por esa aseveración, sin entender de qué estaba hablando, hasta que un movimiento de cabeza por parte del menor le indicó a que se refería.
—Ah, las paredes—comentó en voz alta, comenzando a caminar una vez Saruhiko llegó a su lado—.Mi sobrina se encontraba aburrida y no encontró nada mejor que usar la pared para dibujar sus cosas...
Tras unos instantes de inseguridad, Saruhiko observó la pequeña espalda de Yata que se alejaba cada vez más hacia la sala de estar. Chasqueó la lengua con irritación, no pensaba que sería tan difícil mantener una conversación trivial.
—Debió haber sido una mierda...
—Sí, bastante—volteó para darle la razón, con una expresión de seriedad que se fue suavizando mediante pasaban los segundos—.Pero pintar fue divertido, Kamamoto y Anna me ayudaron, sino no habría terminado nunca.
Hizo un ruidito de asentimiento.
Agotado tanto física como mentalmente, se apoyó en la mesa con sus brazos cruzados una vez llegaron al comedor. Todo se veía igual. Las mesas y sillas no habían sido cambiadas de posición, tampoco habían desaparecido los objetos que el propio Saruhiko compró para la casa. Incluso Misaki estaba ubicado frente a él de la misma forma que cuando llegaba a casa hace unos meses atrás.
A veces sentía que Yata no era reacio a la idea de volver a estar juntos, se sentía así debido a los pequeños detalles, como el que sus cosas siguieran donde siempre. Otras veces construía una barrera y lo alejaba, como cuando deseaba retomar el tema de su relación. Se sentía demasiado perdido cuando Yata se comportaba así. Siendo cariñoso y esquivo a la vez, lo dejaba en una especie de limbo donde no sabía cómo comportarse y lo odiaba. Odiaba no saber a qué atenerse y tener que calcular milimétricamente cada palabra que salían de sus labios para no herir al castaño otra vez.
—Pensé que Nanahara-san también iba a ayudarte—rompió el extraño silencio en el cual sólo observaban al otro de forma insistente.
—Compró la pintura y me dio una semana libre—se encogió de hombros, minimizando aquel asunto—.Aún me queda un poco para terminar la cena, ¿Tomarás un baño?
Ambos se sobresaltaron ante aquellas palabras.
No pasó desapercibido para ninguno la forma en que la antigua cotidianidad los envolvió de forma imprevista. El siempre se daba un baño al llegar a casa y Misaki preparaba la cena mientras tanto, luego conversaban estupideces y de su día a día para que, finalmente, lavaran juntos la vajilla y se sentaran en el antiguo sofá azul frente al televisor, y ver lo que sea que a Misaki le haya llamado la atención... casi siempre terminaban siendo estúpidos programas de variedades que lo aburrían bastante, pero adoraba oír la risa de Misaki en esos momentos, en los cuales terminaba besándolo con necesidad y pasión para terminar enredados entre las sábanas, sintiendo el cálido cuerpo desnudo del otro sin importar las extremas temperaturas del exterior.
—¿Necesitas que... te ayude o algo?—preguntó incómodo ante la atmósfera que se generó debido a la inocente invitación.
—Bueno, entre más ayuda más rápido terminaré, pero...—murmuró para sí mismo, observando la expectante expresión del otro—.No es necesario, ve a lavarte las manos... O a darte un baño... Como quieras... Todo está donde siempre.
Saruhiko asintió, encaminándose hacia el cuarto de aseo.
Cerró la puerta con lentitud antes de encender la luz y observar por incontables segundos su reflejo. Se sintió patético por la expresión tan estúpida de desesperado anhelo que estaba dibujada en su rostro; la intentó borrar con el agua sin resultados. Estaba absurdamente nervioso, casi al borde de un nuevo ataque de pánico, sintiendo un frío desagradable en su estómago mientras su cuerpo comenzaba a transpirar, acalorado.
Calor y frío a la vez, y su respiración completamente agitada como si hubiese corrido una maratón. Recordando lo que su psicóloga le dijo, aguantó la respiración por unos segundos, logrando que poco a poco su intranquilo corazón dejaba de latir apresurado.
Él no era débil, Misaki tampoco lo era. Debería estar agradecido que las puertas de ese lugar hayan sido abiertas una vez más para él.
Logrando al fin volver a su usual expresión de aburrimiento, después de una serie de reflexiones acerca de lo valiente que estaba siendo, se acercó nuevamente hacia el comedor y sintió que el tiempo se detenía una vez más.
Ver a Misaki con su blanco delantal de cocina le traía a la memoria todos aquellos recuerdos que construyeron no sólo en su noviazgo, sino en su adolescencia; estaban aquellos momentos tranquilos donde Yata intentaba cuidar de él de la mejor forma posible o cuando ambos, con temor, decidieron tomar la mano que Mikoto les ofrecía. También los momentos difíciles, donde crueles intercambios verbales explotaban cada vez que se encontraban o lo incómodo de la primera vez que se juntaron a cenar.
Tenerlo cerca y a la vez tan lejos era doloroso. Sus temblorosas manos sólo querían abrazarlo y no volver a soltarlo.
Se quedó ahí de pie, con expresión aturdida.
—A-ayúdame a poner las cosas en la mesa—exigió Yata de forma nerviosa.
Saruhiko frunció el ceño.
—Creí que la cena no estaba lista—murmuró suspicaz.
—Sólo faltaban unos minutos de cocción...sabía que ibas a llegar temprano. No te quedes ahí como idiota...
Ni bien Yata terminó de decir aquello, se dio media vuelta para huir a la cocina con sus orejas completamente sonrojadas. Saruhiko se apretó el puente de la nariz, rogando paciencia. Pero una leve sonrisa brotó de sus labios, no era el único nervioso, al parecer.
Todo era como antes. Ambos en la cocina, con Misaki sirviendo las porciones en los platos y Saruhiko sacando los utensilios para comer. Siempre había dado por sentado que aquella escena cotidiana jamás volvería a tomarlo desprevenido, pero los deseos de olvidarse de la cena y encarar al castaño se hacían cada vez más fuerte.
Sostuvo el gran cuchillo que usaba Yata para cortar verduras con algo de fuerza, perdiéndose en sus pensamientos.
—¿Saruhiko? ¿Qué demonios estás... ?—preguntó algo alarmado.
Observó a Yata, comprendiendo de pronto porqué estaba tan asustado. Sostenía el cuchillo como si deseara utilizarlo como un arma debido al peso en el estómago que no se tranquilizaba.
—No es nada...
Se mordió la parte interna de su mejilla hasta hacerla sangrar. No podía ser que Misaki pensara que lo atacaría. ¿O si?
¿Por qué debería volver a depositar su entera confianza ti otra vez? Sólo sabes lastimarlo.
¿Por qué aún...?
Fue tu mecanismo de defensa, Saruhiko. No te justifica. Comportarte y verte lo más parecido posible a él era tu forma decirte a ti mismo que ahora eras tú el victimario y no la víctima. Pero Fushimi Saruhiko no es nada parecido a Fushimi Niki y tienes que tener eso claro. Tú sientes remordimientos por las palabras que usaste con Misaki. Y eso es bueno, porque tienes empatía.
—Oye, Saruhiko ¿De verdad te sientes bien?—preguntó preocupado, tocando suavemente su hombro mientras le quitaba el cuchillo, como si fuera un niño pequeño.
—Sólo... Estoy agotado...—respondió en un susurro, sin apartar la cálida mano de Yata, para voltearse y encontrarse con la contrariada expresión en su lindo rostro.
—Debiste haberme dicho que...
—Quería... estar acá...—lo interrumpió, desesperado por la cantidad de emociones que no podía seguir controlando.
Ambos apartaron la mirada al mismo tiempo, con vergüenza, para continuar con lo que estaban haciendo en completo silencio. Como si aquello no hubiese pasado.
Frente a frente, en aquella mesa en la que compartieron la cena de navidad que cambió todo entre ellos, las emociones inundaban su mente con recuerdos felices que anhelaba tener de vuelta en su presente. Pero Yata no se encontraba bien, podía notarlo en su expresión aturdida mientras revolvía la comida que preparó momentos antes. Y Saruhiko, con su garganta apretada, decidió rendirse.
Ya no había vuelta atrás, sólo había que saber leer entre líneas.
A pesar de todo, no cambiaría nada, ninguna de sus vivencias con Misaki fueron en vano; todo, de alguna u otra manera, era su pequeño mundo y formaban parte de recuerdos preciosos que atesoraría por siempre. Y si el ojiavellana ya no lo quería a su lado, tendría que saber respetar su decisión aunque le doliera.
—Si estás muy incómodo puedo irme Misaki—comentó con cansancio, poniéndose de pie a base de voluntad, porque sabía que una vez saliera del apartamento no volvería otra vez—.No es necesario que te fuerces de esta manera.
Tocó con suavidad los cabellos del cabizbajo moreno antes de retirarse del comedor. Tenía deseos de llorar como un niño pequeño, más no lo haría en ese lugar. No quería que Misaki se sintiese mal por su culpa. Ya suficiente daño le había hecho, y era hora de afrontar las consecuencias de sus actos como el adulto que era.
Estaba a punto de ponerse sus oscuras botas cuando sintió los temblorosos y fuertes brazos de Yata aferrados a su cintura. Su cuerpo, agradeciendo aquella calidez que tanto había anhelado en las noches, se relajó inmediatamente. Era su Misaki después de todo, jamás podría rechazarlo.
—No quiero que vayas... Nunca te dije que te fueras—murmuró desesperado, abrazándolo más fuerte.
Saruhiko se giró rápidamente, logrando que Misaki diera un paso hacia atrás, y lo observó con completa sorpresa, con su corazón lentamente acelerándose nervioso y ansioso a medida que oía la agitada respiración del castaño.
Misaki, al igual que él, tragó con fuerzas después de lograr tranquilizar su alborotada mente.
Habían extrañado tanto poderse tocar de alguna forma.
—Todos... Todos tienen sus peleas y esas cosas ¿No?—preguntó Misaki nervioso, rascándose su mejilla—.Quiero decir, en realidad llevo pensando esto por bastante tiempo. Después de toda la mierda que pasó entre nosotros, bueno, puedo comprender que actuaras de esa forma... Y yo... En realidad me dolió bastante lo que pasó con mi mamá, pero pretendí que no importaba y fue más fácil ignorar todo eso y... dejar que tu también te alejaras y hacer que todo recayera en ti. Lo siento.
Saruhiko, algo impresionado ante eso, negó con su cabeza de forma vehemente.
—Tú no me alejaste, fui yo quien se comportó de forma... idiota... era normal que hicieras eso, Misaki.
—Si te alejé, las palabras de mi mamá acerca de que algún día te aburrirías de mí... No pude con eso y... No sé Saruhiko, afuera hay gente mejor que yo que...
Saruhiko toco ambas mejillas del moreno, para que éste le mantuviera su mirada. Sentía su corazón a punto de estallar, pero esta vez no era esa sensación asfixiante de desasosiego, sino que, al contrario, era de esa forma bastante agradable que venía a él cuando Misaki decía su usual respuesta de cien puntos.
—Si ella dijo eso fue porque no quería que tú sufrieras innecesariamente por mi culpa... Y ella tenía razón en que yo podría volver a lastimarte, eso fue lo que hice.
Misaki, respirando de manera profunda, tomó sus frías manos, apretándolas con algo de fuerza.
—Eres genial ¿Sabes?—dijo con voz temblorosa, al borde de las lágrimas—.Saruhiko siempre ha sido genial y yo... Nunca he pensado de otra forma, aunque seas un bastardo quisquilloso todo el tiempo.
Saruhiko sonrió.
—Tú eres la persona más importante para mí, Misaki, nada va a cambiar eso—murmuró para sí mismo con suavidad. Sintiendo como sus mejillas comenzaban a enrojecerse en sincronía con las del skater, más no quiso apartar su mirada de los brillantes y cálidos ojos avellanas.
Misaki miró hacia el suelo con una sonrisa avergonzada, rascando nerviosamente su nuca. Había extrañado verlo de esa forma, tan cálido y alegre, confiando plenamente en que no lo lastimaría. Todo era como antes y Saruhiko no sabía si sentirse aliviado o ansioso, pero todo temor se había desvanecido con las palabras de Misaki hace unos momentos y se sentía feliz.
Porque aunque Yata le dijese ahora mismo que no quería volver con él, logró percatarse que sus sentimientos no habían cambiado en lo absoluto y significaba que tenía una oportunidad para intentarlo de nuevo.
—Hemos vivido muchas cosas, buenas y malas... No hay forma de cambiar lo que nos hicimos pero yo creo que... Después de toda esta mierda... Nos merecemos una segunda oportunidad ¿Qué dices?
La forma tan tímida en la cual Misaki pronunció su propuesta, como si pensara que sería rechazado, lo hizo sonreír de manera sincera. Asintió inmediatamente ante sus palabras, mientras Misaki correspondía su sonrisa segundos después, con sus mejillas deliciosamente sonrojadas.
—Quiero estar contigo y esta vez... Enfrentar todo lo que venga juntos—respondió a su propuesta con seguridad, ignorando el ardor en sus mejillas.
—¿Es una promesa?—preguntó suavemente, feliz, extendiendo su meñique hacia él.
—Lo es—dijo con seguridad, uniendo su dedo con el del mayor.
—No sabes cuánto te extrañé todo este tiempo y... —murmuró Yata con la voz quebrada, escondiendo su rostro en el pecho del más alto mientras daba rienda suelta a su llanto—.¡Maldición no es genial llorar de esta maldita manera, eres un imbécil de mierda!
Saruhiko acarició con cariño sus cabellos esperando que se tranquilizara, para después separarlo levemente y observar sus irritados ojos castaños. Con lentitud acercó sus labios a los contrarios, provocando corrientes eléctricas que recorrieron por completo su cuerpo al sentir el tibio aliento que tanto había extrañado.
Fue un beso suave, donde se transmitían todo aquel amor que sentían por el otro y que no podía ser explicado con simples palabras, donde sus traviesas lenguas buscaban acariciar más que incitar, donde sus manos acariciaban el cuerpo del otro con afecto y no con lujuria.
Saruhiko, tras unos gratos y deliciosos minutos de disfrutar del sabor de su pareja, se apartó levemente para poder acariciar las húmedas mejillas del castaño con suavidad mientras apoyaba su frente con la del más bajo. Sonrieron brevemente, y no pudo evitar perderse en aquella mirada llena de amor y envolverse en su masculina esencia.
Lo había extrañado demasiado. Estaban juntos otra vez y ahora reían por ello, por aquella indescriptible felicidad que sentían al estar finalmente en los brazos de su persona amada, como siempre debió haber sido.
Había pasado un mes.
Treinta días exactos en donde Saruhiko llegaba a casa después del trabajo, cenaban y conversaban de lo pesado del día, para después irse a dormir en habitaciones separadas; unas noches Saruhiko en el sofá y otras en la cama. Todo había comenzado de forma gradual entre ellos, primero fue una caricia desesperada sobre el sofá, luego un beso que les robó el aliento dejándolos con ganas de más, hasta que la noche anterior terminaron enredados entre las sábanas, dando rienda suelta a todos aquellos anhelos reprimidos debido a su separación.
Por eso cuando Yata despertó en su habitación, sintiendo un cuerpo desnudo a su lado, se sobresaltó por unos segundos y perdió el equilibrio, dándose un gran golpe en el suelo.
—Vuelve a dormir—gruñó Saruhiko, girándose hacia el otro lado de la cama—.Es temprano...
—Hey, trabajador del gobierno y futura mano derecha del ministro, son casi las siete y si no quieres llegar tarde, más vale que muevas tu trasero.
El azabache gruñó algo inteligible antes de sentarse sobre la cama y bostezar. Le brindó una mirada extrañada cuando, al parecer, vio una figura borrosa en el suelo y sonrió con malicia.
—¿Qué demonios haces en el suelo?—preguntó antes de volver a acomodarse entre las sábanas.
Se sentía demasiado a gusto durmiendo otra vez ahí, no quería que se terminara.
—Nada, es el mejor sitio para dormir... —comentó con sarcasmo antes de incorporarse. Más al hacerlo, emitió un pequeño grito de dolor que logró espabilar al ojiazul—.Eres un...
—¿Misaki? —llamó preocupado, más al ver su rostro sonrojado y frustrado, comprendió de pronto a qué se debió aquel gruñido—.Oh...
—¡Eres un bruto idiota de mierda!—se quejó molesto, sosteniéndose en el borde de la cama para poder equilibrar su tembloroso y adolorido cuerpo—.Deja de mirar, bastardo...¡Ayúdame!
Se incorporó lentamente para ponerse sus anteojos y observar a su pareja con una sonrisa de completa satisfacción.
—Volví a robarte tu virginidad—murmuró divertido, mientras se levantaba y se acercaba al arrodillado castaño. Acarició su espalda baja mientras se maravillaba con su desnudo cuerpo y con las marcas que dejó en lugares estratégicos que sólo él tenía permitido ver—.¿Lo siento?
—¡No lo sientes en absoluto, estúpido mono!—gritó enojado, logrando que la sonrisa maliciosa de Fushimi se hiciera más grande. Ignorándolo y soportando el dolor, decidió incorporarse mientras se apoyaba en el hombro de su pareja. Suspiró con resignación cuando se sentó en la cama y sintió la horrible incomodidad en su trasero, pero no se arrepentía de nada—.Oye, Saruhiko...
—¿Hm?— preguntó antes de incorporarse y sentarse al lado del desnudo moreno, para suspirar con cansancio de forma exagerada.
—Yo... ya cumplí con eso de comprar la cama, para cuando te pongas imbécil...—mencionó avergonzado, sintiendo como momentos después Fushimi lo empujaba hacia la cama y se recostaba sobre él. No podía ver su expresión, porque tenía escondida su cara entre el hueco de su cuello; no fue hasta que sintió una humedad en su cuello que entendió de qué iba el asunto, y no dejó de sorprenderse —. No me digas que estás llorando...
—Cállate...—murmuró suave, abrazando más al castaño.
—Vaya—exclamó Yata, girando un poco su rostro para acariciar su mejilla con la del pálido muchacho con cariño—.¿No estamos un poco sensibles?
Yata se sentía contento de poder molestar a Saruhiko de aquella forma. No era común que algo hiciera llorar a su muy impasible novio, así que tendría que aprovechar la ocasión.
Tras un breve carraspeo, Fushimi se recostó sobre Yata con una sonrisa depredadora, logrando que el mayor evadiera su mirada de forma adorable. No importaba cuantas veces sus manos acariciaran su morena piel, Misaki seguía poniéndose nervioso como la primera vez.
—¿Es esa una propuesta, Misaki?— preguntó de manera insinuante, mientras se recostaba sobre Yata, dejando sus labios muy cerca para añadir con sensual suavidad—.Eres un desastre. Voy a tener que cuidarte, pobre de mí...
—Ya quisieras, quien tiene que cuidar de tu pequeño trasero soy yo — murmuró enfurruñado, acariciando con suavidad sus brazos—.Oye, si quieres que alcancemos a desayunar deberías ir a bañarte.
—¿Qué tal juntos?—susurró en su oído, mordiéndolo levemente.
—¿No nos tardaríamos más? —preguntó entre suspiro, más al sentir como las caricias se detenían de forma abrupta, se incorporó para ver al ojiazul, quien tenía una sonrisa bastante pagada de sí misma—.¿Qué?
—Pensé que ibas a estar en contra de la idea —comentó con diversión—.¿Quién demonios eres t...?
Pero Yata no lo dejó terminar. Se fundieron en un apasionado beso que sólo dejó al ojiazul con deseos de más, pero la alarma de su PDA, así como el itinerario laboral de Misaki, impidieron que cumplieran con aquella fantasía de bañarse juntos.
Fue por eso que Yata preparó el desayuno y se despidieron con un beso apasionado en el genkan.
La realidad de vivir juntos nuevamente se hizo presente la noche anterior. Y hoy Yata le confirmó que aquello lo había dicho en sus cinco sentidos y no a raíz del alcohol que habían ingerido en la cena.
Misaki estaba contento y por eso Sachiko sonreía al ver feliz su hermano mientras cocinaban juntos en el restaurante. Yata había vuelto a la normalidad conforme pasaban los días. No fue un cambio rápido, tampoco quería decir que todos los días estaba bien. Pero lentamente recobraba la confianza en sí mismo y todos se daban por satisfechos con ello.
Había sido una tarde bastante ocupada. Por eso cuando Yata le pidió tímidamente si podían conversar de manera privada ella se sorprendió un poco, sin hacerlo notar. Observó a su hermano con curiosidad mientras éste dejaba diversos tentempiés sobre la mesa en la que ella se había acomodado minutos antes.
—Me estas asustando, Misaki—comentó con preocupación ante el esmero de Yata para adornar la mesa.
—N-no es nada malo...—respondió a la defensiva—.Falta que ellos lleguen y ya...
Sachiko ladeó la cabeza con curiosidad, sonriendo ante la avergonzada expresión del castaño. Había sido un pedido de la nada, así que Yata aún seguía con su ropa de trabajo que consistía en unos pantalones y camisa blanca, además de una pañoleta que mantenía sus alborotados cabellos en su lugar. A ella no le gustaba que utilizaran la ropa de trabajo para cuestiones personales, pero esta vez haría la vista gorda porque seguían en su restaurante.
—Bueno mientras tus invitados llegan, tengo algo que contarte —dijo con seriedad, mientras robaba un canapé y lo observaba con curiosidad antes de comérselo—.Este restaurante va a cerrar.
—¿¡Eh!? ¿¡Vas a cerrar Blue Moon!? —exclamó alarmado, intentando que la pequeña bandeja con cuatro tazas no se cayeran—.Pero ¿Y tu...?
—No tranquilo—dijo rápidamente, con un movimiento de manos para quitarle seriedad al asunto—.Nos mudaremos al frente, una vez el edificio esté construido. Será un hermoso hotel con un bello restaurante, como siempre deseé.
—Eso... no me lo esperaba—murmuró sorprendido.
Sachiko sonrió de buena gana.
—Bueno, no iba a contarte sobre el asunto cuando estabas tan mal ¿Las cosas ya están mejor entre Fushimi y tú?
—Eh sí, de hecho...
Un par de toques en la puerta interrumpió la explicación que iba a entregarle Misaki. Pero al ver a sus invitados, sólo era cosa de sumar dos más dos. Y era obvio que el hombre imponente que entró seguido de Fushimi ya debería haberse dado una idea del asunto que iban a tratar al verla también.
—¿Oya? Pensé que era una charla privada con Fushimi-kun en el restaurante de Nanahara-kun—comentó Munakata de forma liviana, sin perder su brillante sonrisa y haciendo un leve gesto con su cabeza para saludar a la dueña del lugar.
—Ah, esto me sorprende tanto como a usted, Munakata-san—comentó Sachiko, con una sonrisa—.Esto explica los aperitivos...
—Bueno, aprendí de la mejor ¿No?— murmuró Yata, logrando que su hermana se sintiera orgullosa consigo misma.
No pasó mucho para que Yata, gracias a su práctica como mesero, trajera todas las cosas para beber un delicioso té verde, acompañado de diversos canapés y galletas dulces que había preparado con anterioridad.
Sachiko estaba algo sorprendida con la tranquilidad que mostraban esos dos al estar juntos. Sabía que su relación había mejorado en parte, pero no esperaba que las cosas estuvieran realmente bien. Y en parte era un alivio no tener que preocuparse de vajillas rotas o sillas voladoras, así que consideró que Kusanagi simplemente estaba exagerando.
—¿Y bien? ¿Qué necesitan decirnos?—preguntó la pelinegra en cuanto su hermano tomó asiento frente a ella—.Me causa curiosidad
—Concuerdo con Nanahara-kun. Es anormal que Fushimi-kun haga pedidos personales como éstos después del trabajo—añadió con una sonrisa, sirviéndose un poco de té.
Yata y Fushimi comenzaron a golpearse con los pies, tratando de persuadir al otro para que comenzara la charla. No fue hasta que un carraspeo de Nanahara finalizó la silenciosa discusión.
—Estamos otra vez juntos y...—observó a Saruhiko, quien estaba a su lado con usual expresión aburrida, ignorando todo el asunto con sus brazos cruzados. Harto, le dio un codazo en sus costillas con exagerada fuerza y lo observó con molestia—.Di algo, maldición...
El ojiazul, frunciendo el ceño mientras se frotaba la zona adolorida, chasqueó su lengua, más luego de unos segundos sonrió burlón, dirigiendo su mirada hacia los dos mayores de la mesa.
—Misaki me suplicó que fuera a vivir con él—comentó con sorna, mientras se encogía de hombros.
—¡Oye, yo jamás te supliqué maldito mono mentiroso!—gritó Yata avergonzado, tomándolo del cuello de su camisa.
—Si lo hiciste.
—¿¡Ha!? Eres tu quien se puso a llorar después de lo de la cama...
Saruhiko, algo sonrojado porque el mayor dejara salir esos detalles tan privados, frunció el ceño molesto, apretando una de las mejillas de Yata con rencor.
—¿¡Ha!? ¿En qué universo vives? Eso nunca pasó.
Munakata y Sachiko, con tranquilidad bebieron un poco del té verde y comieron un par de las dulces galletas que se había preparado con anterioridad, ignorando los gruñidos y alegatos de quienes fueran los terceros al mando de los clanes rojo y azul.
Fue cuando una galleta voló hacia ellos que Munakata carraspeó, logrando que todo volviera al apacible silencio.
—Entiendo que me cuenten eso a mí, después de todo soy tu media hermana —comentó Sachiko con diversión, ante la pose tan tensa de los dos chicos frente a ella—.Pero ¿por qué a Munakata-san?
Misaki, con una expresión de inconformidad, se cruzó de brazos, observando al líder del clan azul con más resignación que otra cosa.
—Es lo más cercano que éste tipo tiene a una familia—comentó entre dientes apuntando a Saruhiko.
—Yo nunca he dicho eso—murmuró inmediatamente entre dientes.
—Que ya no recuerdes no significa que no lo hayas dicho.
—Oya, me siento halagado, Fushimi-kun—dijo Munakata con una sonrisa brillante, que daba a entender que más le valía que dejarán de discutir—.Espero que cuentes con completa confianza para preguntarme o decirme lo que desees, otra cosa será inadmisible.
—Ah, pero si Saruhiko se está avergonzando—comentó la única mujer de la habitación ante el sonrojo de Saruhiko, con voz empalagosamente dulce.
—Déjame en paz.
—¿Cuándo planean comenzar con los preparativos de la mudanza, Misaki?
—En un par de meses—contestó con una sonrisa tranquila, tomando una galleta.
—Tenemos algunos asuntos que arreglar todavía—agregó Saruhiko ante las expresiones preocupadas de aquellas dos personas que consideraban su familia.
Reisi sonrió de forma paternal ante el renovado brillo en los ojos de Fushimi. Era más que obvio que, con todo lo que había sucedido entre esos dos, no sería un asunto sencillo volver a vivir juntos, y era bueno que se lo tomaran con calma y decidieran arreglar todo antes de dar un paso tan importante.
Se sentía orgulloso de cuánto había mejorado Fushimi en este último tiempo. Las sesiones con la psicóloga, así como el amor y comprensión de Yata, eran el mejor remedio para curar sus viejas heridas.
Y Munakata Reisi, como Capitán de Scepter4 y amigo de Fushimi, no podía ser menos.
—Mis felicitaciones a ustedes dos— dijo después de unos segundos. Sonrió con leve esperanza, observando directamente a su subordinado—.Quizás en Scepter4 podríamos...
—No—cortó de forma inmediata el espadachín.
—Pero es una buena oportunidad para que...
—No, me niego... —volvió a interrumpir.
Misaki observó con diversión la forma de discutir de esos dos. No se acostumbraba del todo, pero estaba contento que Saruhiko contara con gente que se preocupaba de forma sincera por él.
—Pobre Munakata-san—murmuró Sachiko con pena ante aquel rechazo tan tajante que mantenía al rey azul con una sonrisa forzada, aparentando que aquel rechazo no le dolió—.¿Qué tal cuando se abra el nuevo restaurante? Así pode...
—Sachiko, no—la interrumpió su hermano, con desesperación.
—Pero, Misaki, hay que fomentar...
—No—dijeron al mismo tiempo Yata y Fushimi, con la misma expresión de disgusto.
Los más jóvenes de aquella mesa simplemente estaban hartos de las reuniones entre ambos clanes que siempre terminaban con ellos dos siendo el centro de atención y el blanco de apuestas.
No necesitaban fomentar el lazo entre clanes. Sólo bastaba con ellos dos solos en aquel apartamento.
Y eso era más que suficiente.
NdA:
Este viene siendo el penúltimo capítulo (por cierto, el sigueinte posee el MiSaru que había dicho que escribiría, así que...) Bueno, mi intención siempre fue terminar este fic en el 2016, lamentablemente por temas de salud no pude hacerlo, pero no quería finalizar este año sin antes actualizar :D asi que aqui estoy.
Nos leemos en el próximo.
0.0: Lamento haber tardado, la salud me juega muy en contra, pero hago lo que puedo ;w; espero que te haya gustado este capítulo. Muchas gracias por leer y comentar.
IFABWEFAB: ains, lamento haberte hecho llorar, pero de verdad me alegra un montón que te haya gustado el capitulo anterior. Muchas gracias por leer y comentar~
