Hemos llegado al final de esta historia omg!.
Muchas gracias a todos por su apoyo durante este tiempo :D! espero que nos encontremos pronto en una nueva historia!
K Project y sus personajes le pertenecen a GoRa y GoHands...y a mucha gente que desconozco.
Capítulo 20: Familia.
Yata
Reprimió un bostezo en el salón privado que Sachiko adecuó en el nuevo restaurante. Era pequeño, para sólo cuatro personas máximo, con finas mesas de oscura madera con suaves manteles de seda celeste y cómodas sillas estilo sofá del mismo color. Era agradable estar ahí entre esas paredes color crema, sin oír a los demás clientes, aunque por desgracia no podía evitar sentirse un poco nervioso debido a ello.
Habían vuelto a Japón no hace muchos días después de un nuevo campeonato, donde le tocó defender su título como bicampeón. Lentamente cumplía su sueño de ser un skater reconocido a nivel mundial y no podía estar más feliz. Contaba con el apoyo de su hermana, quien dejaba su puesto de cocinero disponible para cuando volviera y con Saruhiko, quien dejaba su ocupada agenda para partir junto a él y apoyarlo de esa forma en que sólo él sabía hacerlo.
No era fácil y lo sabía.
Dejar su puesto en el gobierno, ahora que el antiguo Rey Azul era el ministro, y al volver tener que llenar cientos y miles de papeles era tedioso, por eso siempre lo consentía un montón cuando volvían a casa. Se juntaban para almorzar y, luego, en la noche, preparaba una cena sin verduras cuyo postre sería ese helado de vainilla que tanto le gustaba y, usualmente, Saruhiko terminaría acurrucado entre sus brazos al dormir, con Yata dándole a entender de forma sutil lo valioso e importante que era en su vida.
Ahora no sería la excepción.
Salvo que aún tenía un pequeño asunto que resolver antes de ir a casa, con lo cual no podría almorzar con el azabache. Y ese asunto debía hacerlo antes de perder todo su valor, después de todo era algo que estaba haciendo a espaldas de su pareja, pero presentía que era lo mejor por el momento.
Fue cuando escuchó la puerta abrirse que terminó de despabilarse y volvió a sentir el típico peso en el estómago debido al pánico. Observó el familiar rostro que se asomaba por la puerta, y tragó fuerte.
—Me sorprendió cuando Sachiko dijo que querías hablar conmigo—comentó su madre con cierta vacilación, ingresando lentamente al lugar para sentarse frente a él, brindándole una sonrisa cauta—.¿Cómo… cómo han estado? Ha… Ha pasado algo de tiempo ya…
—He… hemos estado bien—evadió la mirada, algo incómodo—.Yo ocupado entre el restaurante y los campeonatos, él con las cosas en su trabajo ¿Ustedes están bien?
La castaña mujer, acomodándose un mechón de su cabello, observó a su hijo por largos instantes.
—Sí, te vimos por televisión. No me he perdido ningún evento. Estoy orgullosa de ti, Misaki—comentó con una sonrisa triste—.Y estamos todos bien, como siempre…
Se quedaron en silencio mientras eran atendidos por los meseros del lugar. El almuerzo simplemente se veía fantástico como todo lo que preparaban en Blue Moon, más no sentía apetito. La razón por la cual quería hablar con ella no estaba del todo clara en su mente, quizás era por eso que comenzaron a comer sin tener nada que decir por un momento. Atribuía ese desplante de valentía a la culpabilidad, después de todo los hijos el día de hoy celebraban a sus madres y él, desde que se marchó de casa, no había mantenido ninguna clase de contacto con ella en esas fechas.
Iniciar un acercamiento no estaba dentro de sus planes, aún le guardaba cierto rencor por todo lo que tuvieron que vivir dos años atrás; pero dar vuelta la página, como decían por ahí, sería lo mejor para Saruhiko y su relación… también por sus hermanos y padres.
—Pedí verte porque...—se mordió los labios, intranquilo, preparándose para cualquier tipo de reacción de parte de su mamá—.Saruhiko y yo… No vamos a ocultar nuestra relación si es que nos preguntan o algo así.
—Oh—murmuró dejando los cubiertos sobre la mesa, observando el rostro de su hijo.
—Te lo cuento sólo porque no quiero que te enteres de otra forma…—añadió con seguridad.
Aquellos cálidos ojos castaños de su madre, siempre llenos de afecto y comprensión y tan similares a los suyos propio, lo observaron insistentemente. Y luego ella sonrió para bajar la mirada y ver su plato medio vacío, de forma ausente.
—¿No vas a cambiar de opinión Misaki?—preguntó suavemente.
—No es una opinión, mamá—dijo de forma serena, para luego agregar con severidad—.La tuya lo es.
—Si, tienes un punto—declaró tras un suspiro resignado, más volvió a sonreír—.Me preocupas ¿Sabes? Con tu carrera en ascenso, no faltará quien quiera lastimarte, y definitivamente no quiero verte sufrir de ningún modo.
—Ya...no puedes decir eso después de todo lo que nos hiciste…—comentó con dureza.
Ella se removió con incomodidad en su asiento, mientras Misaki se reprendió mentalmente por el tono tan duro que empleó con ella. No era la manera en que quería que salieran las cosas, pero esta vez estaba dispuesto a defender su relación sin importar las consecuencias.
Aún si eso significaba que hacía sufrir a su madre, otra vez.
—Si yo, quién era cercana a ambos, lo hacía y ustedes dos se mantenían juntos y fuertes, entonces lo que el resto del mundo piense no importará ¿No crees?— cuestionó con suavidad.
Yata recordaba ese día. Era difícil olvidarlo. Las palabras tan duras de su madre que lo llevaron a dudar de sus propios sentimientos y que, a su vez, lograron quebrar la poca seguridad de Saruhiko. Al final de cuentas, quien resultó más herido con todo eso fue el propio Yata, y con esas palabras que dijo su mamá, hace unos momentos, no podía consolarse. Fue bueno en parte, Saruhiko finalmente era honesto con sus sentimientos y hablaba de forma clara, y Yata ahora insistía en obtener respuestas y en pensar dos veces las cosas antes de decirlas.
Pero si Saruhiko y él no hubiesen decidido conversar…
—¿Hiciste todo a propósito? —preguntó alterado, dándole un leve golpe a la mesa con ambas manos, recibiendo una mirada de regaño de parte de su madre que lo hizo avergonzar.
Habría cosas que jamás cambiarían, ciertamente.
—No es tan así, Misaki—suspiró—realmente habría querido que estuvieras con una linda chica, que pensaras en tener hijos… Pero no serías tú si hicieras eso ¿No?—sonrió triste, para luego mirarlo afectuosamente y añadir—.Sólo quiero tu felicidad, y si Saruhiko lo es, entonces yo prometo aceptarlo. Pero dame tiempo, tus hermanos…
—Ya lo saben—interrumpió, escondiendo la sonrisa de satisfacción que le provocó el rostro desencajado de su madre.
—¿Qué?
—Escucharon la conversación de ese día, llegaron antes a casa y querían darte una sorpresa, se escondieron tras el sofá… aunque los sorprendidos fueron ellos dos con todas las cosas que escucharon entre nosotros…
—Ese par… nunca me contaron que ya sabían—murmuró con una expresión de disconformidad, cruzándose de brazos, para después observarlo con marcada preocupación—.¿Qué fue lo que te dijeron?
Yata se encogió de hombros, resignado.
—Minoru se sorprendió, pero dijo que no era su asunto al fin y al cabo, aunque me amenazó y me dijo que más me valía tratar bien a Saru y llevarlo más seguido a casa. Y Megumi, bueno…
Se sintió sonrojar. Megumi los había visto besándose en la calle, en una de sus tantas salidas de chicas con Sachiko. Pero eso era algo que no quería decirle a su madre, no ahora al menos. Lo que menos deseaba era que se escandalizara porque su hijo mayor no tuvo decoro ese día y besó a Saruhiko en un desplante de ira.
Ya ni recordaba por qué había sido, pero al llegar al apartamento y que su hermana menor le dijese que estaba feliz de que sus dos personas favoritas estuvieran juntas...
—Bueno, Megumi te adora—comentó con una sonrisa algo nerviosa y forzada, como si estuviera tratando de animarlo—.Supongo que le conmocionó un poco que su hermano mayor...
—Ah, no, de hecho dijo que le parecía algo demasiado tierno que dos amigos de la infancia…—se detuvo un momento, pensando bien en lo que le diría a su madre—.No, olvídalo, no pienso repetir el resto de cosas vergonzosas que dijo…— dijo entre risas, rascándose sus cabellos algo abochornado.
—Vaya, al lado de mis hijos me siento una mujer bastante intolerante—mencionó con pena, luciendo claramente culpable cuando levantó su vista y lo miró fijamente—.Lo lamento mucho, Misaki. Algún día me gustaría hablar con Saru, con calma, para disculparme con él también…
Sería mentira decir que no estaba feliz por oír eso. Pero antes tendría que hablarlo con Saruhiko. Era decisión del menor si quería volver a verla, si la respuesta era negativa entonces el respetaría eso.
—Quizás algún día, mamá…
La ojiavellana sonrió, con cierta resignación en sus facciones. Pero ella aceptaría la decisión de su hijo. Eso es lo que llevaba haciendo desde siempre, después de todo.
—Oye, pero cuéntame ¿Qué tal es Brasil? Sé que tiene unas playas fenomenales—cambió de tema de forma abrupta, intentando disipar la melancolía que los rodeaba.
—Sí, las tiene—confirmó con una sonrisa brillante, logrando que sus rasgos aniñados se acrecentaran—.Algunos días llovía y hacía un calor tan horrible que lo único que querías era darte un buen chapuzón en la playa. Saruhiko sólo sabía quejarse todo el tiempo, fue horrible.
—¿¡Eh!? ¿Con todo y lluvia? Vaya, qué incómodo—mencionó sorprendida, para después reírse—.Saruhiko-kun siempre ha sido bastante quisquilloso, debe haber sido todo un suplicio para él los cambios abruptos en el clima.
—Hey, fue más para mí el tener que aguantarlo—se quejó de forma infantil, logrando que su mamá sonriera, mientras los meseros del lugar retiraban sus platos vacíos y les dejaban el postre de frutas—.Él a veces es un pequeño gran bebé…
—Oh, hablando de bebés…—canturreó alegremente, con algo de malicia—.Minoru tiene una novia… ¿Lo sabías?
—¿¡Que!? ¿¡De verdad!?
—Si, es una niña bastante bonita y bien educada—sonrió orgullosa—.Minoru es otro chico cuando está junto a ella, se comporta como todo un hombre maduro y centrado; para cuando vuelve a casa después de dejarla, se transforma en el mismo bebé de mamá de siempre. Es divertido ver su transformación.
Rió alegremente ante la escena que imaginó de su pequeño hermano, y observó la, al fin, relajada expresión de su mamá.
Puede que le tome tiempo perdonarla por completo, puede que Saruhiko jamás vuelva a confiar en ella y puede que su mamá siempre resintiera el hecho de que su primer hijo estuviera enamorado de otro hombre.
Pero todo eso estaba bien. Y sino, pronto lo estaría.
Fushimi
No fue sorpresa que Munakata ganara las elecciones.
Quizás todo se debía al carisma innato del ex Rey Azul o a que Awashima, de forma astuta y silenciosa, haya decidido dejar salir la información respecto al comportamiento inaceptable del primer ministro Samukawa durante la crisis de la Slate. Ciertamente, ahora su vida se había complicado un poco más con ese asunto debido a que era uno de los hombres de confianza de Munakata.
Lo bueno es que actuaba desde las sombras y podía caminar por las calles como un ser humano normal, habían llegado a ese acuerdo.
Y no se quejaba del todo. Su nuevo trabajo era pesado, sí, pero tenía horarios fijos y la paga era bastante aceptable, lo que le permitía apoyar a su pareja en sus diversos campeonatos de skateboard sin necesidad de depender de patrocinadores quisquillosos que lo querían posando en revistas con modelos de turno con poca ropa. Se sentía orgulloso de que el nombre de Yata Misaki fuese conocido a nivel internacional aunque, honestamente, aquella fama y atención que estaba ganando le preocupaban y abrumaban un poco, pero se le pasaba en cuanto llegaba a casa y Misaki lo recibía con aquella mirada de infinita adoración que jamás compartiría con alguien más.
Saberse tan amado por alguien que era tan importante en su vida era indescriptible.
Lo que si odiaba de su nuevo cargo, era la asistencia mandatoria a las estúpidas fiestas que Munakata se encargaba de organizar para fomentar los lazos con sus nuevos trabajadores- que seguían siendo los mismos de siempre, sólo que ahora no usaban el nombre de Scepter4. Era bastante molesto a decir verdad, una excusa tonta a su parecer. Si pudiera rescatar algo, es que esas reuniones aburridas siempre las realizaban en el nuevo restaurante de Nanahara y que Misaki siempre podía acompañarlo y hacer de su noche algo menos tediosa, sólo si el trabajo no le era tan pesado y Nanahara hacía la vista gorda.
Lo cual fue una gran excepción esa noche, donde se encontraba lo más apartado de todos sus compañeros con un pésimo humor. Nanahara se había llevado a Misaki a la cocina para hablar de cierto asunto importante y a él le tocaba joderse en ese aburrido y ruidoso restaurante, escuchando las risotadas de todo el mundo.
Misaki se las pagaría caro en cuanto llegaran a casa por haberlo dejado solo. Y sólo pensar en eso lo hizo sonreír con malicia mientras tomaba uno de los pequeños tenedores y lo observaba fijamente.
—Al parecer eres una copia de él ¿Uh?— comentó una mujer tras de él.
Saruhiko se sobresaltó por un breve momento, pero luego rodó los ojos poniéndose inmediatamente a la defensiva.
No esperaba que ella, de todas las personas, decidiera acercarse en la fiesta. La había visto, por supuesto, jamás podría olvidarse de aquella cara por más que pasara el tiempo. Pero contaba con que esa mujer no se percataría de su presencia o que simplemente lo ignoraría como siempre.
Lástima que se equivocó.
—¿Seguías viva? Pensé que estabas acompañando a ese sujeto en el infierno—respondió con aburrimiento, sin siquiera voltearse, mientras robaba algunos de los aperitivos que le parecían menos desagradables en la mesa.
Quizás era buena idea guardar algo para Misaki, después de todo se atrasaron en casa y no pudieron comer algo antes de salir. Así además el castaño estaría en deuda con él y podría ver su sonrisa agradecida para pasar el mal sabor que le estaba provocando aquella señora.
—Pensaba lo mismo de ti—murmuró la mujer, haciendo resonar sus tacones a medida que se ubicaba a su lado con sus brazos cruzados—.Pensé que estabas acompañando a tu padre en quién sabe dónde.
Saruhiko, dejando de lado absolutamente todos los bocadillos que había tomado sobre la mesa, observó a la mujer con molestia.
Viéndola de cerca, seguía igual. Fría, seria y sin un ápice de cariño hacia quien era sangre de su sangre. Venía a su mente esa fiesta tan glamorosa en la que ella era la principal protagonista, y después venía el villano a entorpecer todo. Y el propio Saruhiko, como siempre, entre las sombras intentando pasar desapercibido.
—¿Qué quieres, Fushimi Kisa?—espetó duramente, intentando reprimir los malos recuerdos.
—Nada. Sólo que viéndote ahora… pienso que te pareces más a mí que a él—susurró lentamente, con inusual suavidad, arreglándose el tirante de su largo y simple vestido negro, con algo parecido al nerviosismo.
El ojiazul, ignorando el sentir de esa mujer con un chasqueo de lengua, desvió la mirada hacia Munakata, que hablaba alegremente con Awashima, Douhan y Kusanagi de quién sabe qué cosas.
Definitivamente su velada era un asco. Y no había forma de que pudiera alejarse sin llamar la atención de los demás. Negó para sí mismo, una charla intrascendente con la mujer que lo trajo al mundo no significaba nada en comparación a todas las cosas terribles que había vivido. Además, Minagawa-sensei le dijo que algún día debería enfrentarse a Kisa si quería finalmente dejar su pasado atrás.
—Lo dudo—dijo con severidad, aflojando un poco su corbata negra.
Odiaba asistir a estas reuniones con traje, eran un incordio.
—¿Por qué?—preguntó con marcada curiosidad, manteniendo la distancia que los separaba.
—Carezco de esa habilidad innata tuya para ignorar todo lo que me rodea— respondió con una sonrisa sardónica hacia ella, encogiéndose de hombros, logrando que las finas facciones Kisa se contrajeran en una expresión ofendida.
—¡Tu...!
Antes de que pudiera terminar lo que sea que quisiese decir, la siempre brillante e intimidante presencia de Munakata la silenció de forma inmediata.
—Lamento mi inoportuna interrupción. Fushimi-kun, debo tratar unos asuntos de moderada gravedad en cuanto finalices tu importante charla—mencionó con una sonrisa tras él, tocando su hombro en una clara muestra de confianza.
Tomó un poco de aire para evitar gruñir debido al cansancio que estaba sintiendo ante la perspectiva de más trabajo.
—No es nada importante—comentó aburrido, volteando hacia el hombre mayor—.Ésta mujer me confundió con alguien más, sólo la estaba sacando de su error—se giró hacia Kisa sonriendo levemente, con algo de ironía, e hizo una pequeña reverencia—.Con su permiso.
Munakata lo imitó y juntos se encaminaron hacia el otro lado de la gran estancia. Por un momento se sentía ahogado en el lugar con sus luces cálidas, agradables colores pasteles y los elegantes muebles de banquete que habían sido ubicados de manera estratégica. Intentaba no recordar ni pensar en las paredes de la siempre fría mansión en la que vivía cuando era un niño pequeño.
A medida que se acercaban hacia la cocina, podía ver a Misaki a lo lejos discutiendo acaloradamente con Nanahara, tras la puerta de vidrio que su cuñada decidió instalar, aludiendo que se vería hermosa con el reflejo de las luces.
Sonrió. Quería ver la cara de idiota de Yata cuando se enterase que la mujer de ese sujeto estaba en la fiesta y que fue a hablarle. O quizás no. Misaki siempre le decía que si se encontraba con esa mujer se olvidaría de todo lo que le habían inculcado cuando niño y la golpearía.
No que aquello le importara por el lado de ella, pero si quería evitarle cualquier tipo de problema a Misaki, ese escándalo no sería bien visto en su carrera.
—Fushimi-kun ¿De casualidad aquella mujer es tu…?
—El que es abandonado, tiene todo derecho a abandonar sus orígenes…—interrumpió inmediatamente, antes de que aquella palabra que jamás podría definir a esa persona escapara de los labios de Munakata—.Eso fue lo que tú dijiste esa vez, y me parece correcto.
—Comprendo—murmuró el nuevo ministro, sonriendo orgulloso.
Fue así que se apoyó frente a la puerta, esperando que Misaki notara su presencia y se largaran de una buena vez del restaurante.
—¿Qué era ese asunto tan importante?—preguntó con cansancio, sintiendo como una nueva migraña hacía aparición.
Munakata le sonrió de manera divertida, antes darle una tenue palmadita en su hombro. Fue mientras el ministro se alejaba, después de que Fushimi lo observara desconcertado, que el hombre mayor detuvo sus pasos.
Volteando el rostro hacia el menor, acomodó sus anteojos y dejó escapar su breve risita característica.
—Mil disculpas, Fushimi-kun. Acabo de olvidarlo.
Yata-Fushimi
Sentía que caminaba como un robot hacia el sofá blanco.
Incluso los focos y reflectores estaban haciéndole dudar si aceptar aquella entrevista en televisión había sido una buena idea. Su corazón latía apresurado y sentía su garganta pesada. Demonios, hasta sus manos estaban completamente sudadas y, por si fuera poco, la amenaza de Saruhiko diciéndole que más le valía no decir nada estúpido o la pagaría caro en casa, no aliviaba sus nervios.
Estaban hablando de él después de todo. Era obvio que alguna estupidez haría o diría, más si le sumaba a una chica algo despampanante y ligera de ropa que se le acercaba más de lo necesario.
Si Saruhiko no lo asesinaba por decir alguna estupidez, lo haría por no haberse apartado de ella.
—Te noto algo tenso—mencionó la entrevistadora. Era una joven mujer de cabellos castaños y ojos negros, y Yata tuvo que mirar hacia cualquier lugar que no fuera su cara y pronunciado escote, a menos que quisiera ponerse aun más nervioso.
—Es que es mi primera vez en televisión y temo meter la pata o algo así—comentó entre risas.
La chica se rió de forma suave y coqueta.
—Tranquilo Yata-san, no serás el primero en quedar en ridículo en frente a las cámaras—desestimó la pelinegra en tono bromista.
La observó con estupor por un breve minuto, y logró al fin calmarse. Ciertamente esa mujer era de las buenas si lograba calmar a sus invitados con pocas palabras.
—¿Eh? ¿Eso debería ser un consuelo?—preguntó pasmado, ocasionando las risas del público.
Antes había estado tranquilo. Habían mostrado escenas suyas en las prácticas y en las competencias oficiales. E incluso le pidieron que mostrara algunas acrobacias simples a la audiencia. Pero ahora estaban en la entrevista misma y Yata se encontraba en una disyuntiva horrible, su vida no era del todo interesante y rellenar no era uno de sus fuertes ciertamente.
—Ciertamente lo que realizas en la patineta es asombroso ¿No?—exclamó la conductora, siendo vitoreada por todos los presentes mientras Yata sonreía avergonzado—.Sobre el hecho estar tanto tiempo entrenando para representar a Japón en los juegos olímpicos en una disciplina tan incomprendida como el skateboard, puedes decirnos ¿Qué tan difícil fue?
Misaki pestañeó con confusión intentando comprender la pregunta.
—Bueno, tuve que dejar de lado un montón de cosas importantes a nivel personal para traer la medalla de oro a casa. Fue difícil, pero conté el apoyo de todos mis amigos y familiares, así que eso lo hizo más llevadero—explicó con calma.
—La barrera del idioma es un tema complicado también, más en eventos que son esporádicos como estos ¿Cómo fue que lo sobrellevaste?
—Ah, eso—Yata se rascó la nuca con un poco de vergüenza—.Yo no soy muy bueno con el inglés, digo con suerte sé hablar japonés formal—mencionó alegre—.Pero asistía a los eventos con amigos que podían darme una mano, no habría llegado tan lejos si no fuera por ellos.
—Tengo entendido que te has dedicado al skateboard desde finales de la escuela media. Y que además no seguiste estudiando. ¿Qué opinó tu familia al respecto? ¿Dejaste tus estudios para dedicarte de lleno a la patineta?
Misaki se removió un poco incómodo en el asiento por aquella pregunta. No podía decir que se fue a vivir con quien era su actual pareja para cuidar de él. Además, la deserción escolar era bastante mal vista en Japón, los niños estudiaban arduamente para conseguir entrar a buenas y prestigiosas universidades y luego conseguir un buen empleo. Ciertamente, comparado con ellos, Yata Misaki no era un buen ejemplo.
—Yo… dejé la escuela por otros motivos más importantes, pero sí me dediqué a entrenar más durante ese tiempo. Mi mamá es una persona genial, ella comprendió sin enojarse… al menos no tanto, creo. La verdad es que deje de vivir en casa en ese tiempo, así que no sé realmente cuál fue su reacción… aunque prefiero no hablar de eso… —contestó abrumado. Deseando que la entrevista finalizara de una buena vez.
Había sido todo una pésima idea.
La muchacha, notando la incomodidad de su invitado, decidió bajarle el perfil al asunto asintiendo.
—Bueno, cambiando de tema, yo siempre he tenido esta inquietud, Yata-san—mencionó lentamente, con una sonrisa curiosa—.El chico que siempre te acompaña en las competencias, el que usa anteojos ¿Quién es exactamente? ¿Un familiar? Digo, hemos visto como él siempre está presente en cada una de tus actuaciones, así que la gente tiene muchísima inquietud por saber quién es tu traductor personal.
Se quedó en silencio por algunos segundos, recordando la conversación que mantuvo con Saruhiko en la mañana, en caso de que surgiera esa interrogante y cuál era la respuesta debería dar para contestarla. Aquello más de alguna vez apareció en las revistas de chismes, preguntando por el chico de anteojos que siempre viajaba con él.
—Ah, te refieres a Saruhiko...—comentó confundido sin saber qué más decir, pero luego, casi resignado, sonrió con orgullo y satisfacción, mientras su pequeño collar con gema azul brillaba gracias a la luz de los reflectores—.Él es mi pareja, desde hace varios años ya.
La oficina de Munakata había sido adecuada hace años atrás para todos sus trabajadores de confianza, quienes eran básicamente todo el antiguo escuadrón de fuerzas especiales de Scepter4. Era un día especial, por eso se habían sentado frente a la enorme televisión para observar a Yata - no todos los días se ganaba una primera medalla de oro en los juegos olímpicos, así que estaban expectante por la entrevista que le harían en un canal deportivo importante.
—¡Wow, Yata lo dijo!—dijo Doumyouji sorprendido, quebrando el incómodo mutismo en el que se sumieron.
—¡No puedo creerlo!—añadió Enomoto, tapando su boca en señal de estupefacción.
—Oya, oya, Yata-kun nunca deja de sorprenderme—comentó Munakata de forma serena, observando a Fushimi con diversión, mientras alejaba el plato de anko que una embarazada Awashima- o mejor dicho Kusanagi-cortésmente le entregaba.
Saruhiko, quien estaba en esa misma habitación haciendo básicamente lo mismo que sus compañeros y superiores, se quedó embobado observando el plano principal del rostro de Yata, quien sonreía brillantemente al hablar de su relación frente a las cámaras.
—Fushimi-san ¿Se encuentra bien?—Akiyama, quien estaba a su lado, le preguntó con un tono de voz bastante divertido.
Todos los chicos se giraron hacia él debido a aquella pregunta y sin poder evitarlo, se sonrojó ante las sonrisas de entendimiento y burla que cada uno le estaba brindando. Sin esperar ni medio segundo más, y sin responder a la pregunta de su subordinado, se encaminó apresurado hacia a la salida, cerrando con un fuerte portazo. Podía oír las risas de los demás amortiguadas por las paredes.
—¡Eres un idiota, Misaki!—murmuró para sí mismo, tapando su sonrojado y avergonzado rostro con su mano izquierda, mientras su diestra apretaba con suavidad el pequeño collar a juego, de color rojo.
Yata iba a retirarse del mundillo deportivo después de todo, por eso no importaba si se enteraban ahora si eran pareja. No esperaba que Misaki realmente dijese eso ante miles de espectadores. Fushimi, de hecho, estuvo molestándolo en el desayuno, diciéndole que un cobarde como él jamás se atrevería a hacer algo tan osado como admitir por televisión que estaban saliendo.
Finalmente debió tragarse sus palabras y sufrir el bochorno de su vida delante de todos sus compañeros de trabajo, incluyendo su jefe.
Se vengaría de Misaki por esto, estaba más que claro. Pero, por otro lado, a pesar de todo lo idiota y despreocupado que podía ser Misaki de vez en cuando, había una pequeña, pequeñísima parte de él, que se sentía sumamente feliz de que Yata Misaki hubiese gritado a los cuatro vientos que amaba a Fushimi Saruhiko.
Si el precio de escuchar esas palabras en todo lo alto era volverse el hazme reír de sus compañeros de trabajo, y próximamente de sus suegros y cuñados pequeños, estaba dispuesto a pagarlo una y mil veces.
Pero Misaki no tendría por qué enterarse.
Fin.
