Disclamer: Los OC's de los países del continente americano son propiedad de la artista de deviantART .com, Nennisita1234.

— ¡¿Dónde estuviste todo este tiempo, aru?! —preguntó enojado y angustiado china a Taiwán— ¡¿tienes idea de lo mucho que me preocupe?! ¡¿Sabes qué horas son aru?!

— Lo siento, no lo volveré hacer -dijo enfadada la chica, por lo acostumbrada que estaba a los regaños de china— y sí, son las 7:30 de la mañana ¿puedo irme ya?

— ¡no! hasta que me digas con quien estuviste y que estuviste haciendo en todo este tiempo, aru.

— ¡oye, son mis asuntos, no los tuyos! —se paró de inmediato del sillón.

— Si son tus asuntos son también los míos, aru.

— ¡¿eh?! ¡Oye yo ya soy grande no necesito tu ayuda, además se cuidarme sola!

— Di eso cuando seas independiente, aru —dijo entre risas china.

De pronto china fue estampado contra la pared por una furiosa hermana que estaba detrás de él.

— ¡ya fue suficiente, China! —Exclamó Vietnam, irritada— ya te puedes ir. Taiwán —cambiando su lado furioso en tierno.

— Sí, gracias one-chan —dijo feliz su hermanita, dirigiéndose a su habitación.

— ¡Oye espera! No he termi… —fue interrumpido por Vietnam, que puso su mano en su hombro.

— ¿Qué ibas a decir, China? —cambiando su semblante de kawai a yandere.

Él sólo tragó saliva nervioso.

Taiwán iba subiendo alegre las escaleras hasta que escucha gritos y objetos romperse por partes de sus hermanos.

— ¿Otra vez Vietnam y China están peleando, daze? —apareció corea del sur, abriendo con sueño su puerta.

— Sí, otra vez —afirmando.

— ¿eh? Taiwán ya volviste ¿a qué horas llegaste? —pregunto Corea.

— Hace unos minutos.

— ¿Dónde estabas? —preguntó esta vez Hong Kong abriendo con rapidez la puerta de su habitación.

—Digamos que en el edificio donde tuvimos la reunión —respondió, dándose la vuelta para entrar a su habitación.

— ¿en ese lugar? ¿Por qué? —pregunto esta vez Corea.

— Conocí a alguien nuevo y empezamos a platicar.

— ¿a quién? -preguntaron los dos.

— A Islandia —volteó a verlos con una sonrisa en su rostro- buenas noches —se voltea y entra a su habitación.

Los dos sólo se quedaron sorprendidos.

— oye ¿le preguntamos para saber con más detalle o la dejamos descansar? –preguntó Corea.

— No, será mejor que la dejemos descansar, después le preguntaremos que más pasó —se mete a su recamara sin más que decir.

— "Sigh" yo quería saber que más —dijo con un tono triste en su voz, cerrando la puerta de su habitación.

Taiwán estando en su habitación, se acostó en su cama para darse una merecida siesta, el vuelo la había dejado agotada.

— Ah… me pregunto que pasara después.

Mientras tanto con Islandia.

— Que día… —dijo Islandia sentándose en unos de sus sofás que se encontraban en su casa- si no hubiera sido por Dinamarca, no hubiera llegado tarde a la reunión…

Flash back.

— Creo que vamos hacer muy buenos amigos —dijo Taiwán.

— ¿Uh? —la mira sorprendido.

Taiwán sólo cierra los ojos y le sonríe alegremente.

— Yo también —dijo después de un corto silencio.

Fin del Flash back.

—Pero… por una parte, si hubiera llegado temprano, no la hubiera conocido… —dijo el chico recordando a su nueva amiga.

De repente sonó el teléfono interrumpiéndolo de sus pensamientos, estiró el brazo, tomó el teléfono y contestó.

—Hola —dijo cansado.

— ¿Cómo te fue en la reunión? —preguntó entre risas la voz que provenía desde el teléfono.

—Espera… —guardó silencio— ¿¡Dinamarca!?

— ¡Así es, soy yo! ¿Qué te pareció mi broma? Muy graciosa ¿no? —pregunto todavía riéndose por la ironía.

— Juro que me voy a vengar de esto, Dinamarca.

— Y dices que no actuemos como niños —decía Dinamarca por el teléfono mientras bebía una lata de cerveza.

— ¡cállate, eso era otra cosa! —gritó hartado Islandia.

— Por cierto, ¿dónde estabas todo este tiempo? —Preguntó— te estuve ablando y no contéstate a ninguna de mis llamadas ¿Por qué? y sabes qué hora es, son las 10 de la noche.

— Eso no es de tu incumbencia —contestó.

— ¡Vamos! no seas así, dime por favor —insistió el rubio.

— C-conocí a —decía nervioso.

— ¿eh? no te escucho.

— "Sigh" conocí a una persona —dijo al fin.

— ¿Quién? —pregunto sorprendido.

— A Taiwán —se sonroja al instante.

—… ¡¿Qué?! ¡¿La hermanita pequeña de china?! ¡¿La chica que siempre usa flores color rosa en la cabeza?!

— Ella.

— ¡Dios! ¿Cómo pasó? ¡Cuéntame los detalles, Islandia! —dijo agarrando una libreta y un bolígrafo de inmediato.

— Claro que no, ya te conozco muy bien y sé lo que planeas ¡olvídalo!

— ¿Qué? me acusas de que yo haría algo así como eso —dijo indignado.

— No mientas, Dinamarca, ¿sabes qué? estoy cansado y molesto… —no pudo terminar la frase.

— ¡Sólo quiero saber algunas cosas! –dijo interrumpiéndolo.

— Voy a colgar el teléfono, Dinamarca.

— ¡No, espera! —decía desesperado.

— Adiós —colgó el teléfono sin más que decir.

— ¿Hola, hola? ¿Islandia, sigues allí? —al no oír respuesta alguna, decidió colgar el teléfono—diablos —estaba por irse a dormir, pero vio la libreta que traía consigo, se decidió a abrirla de nuevo, y ahí estaban todos los teléfonos de todas las representaciones icónicas del mundo, al principio se sorprendió, pero después recordó que un día les preguntó a todos los países su número, de repente salió una idea por su mente— esta llamada me va a costar mucho, pero valdrá la pena —dijo sosteniendo de nuevo el teléfono.

Con Taiwán:

El teléfono había empezado a sonar.

— Yo contesto —dijo Taiwán aun cansada por haber dormido sólo un poco— hola.

— ¿ah? ¿Eres tú, Taiwán? —pregunto Dinamarca haciéndose pasar por la voz de Islandia.

— Sí, soy yo ¿Quién habla? —preguntó.

— Soy yo Islandia.

— ¡ah! Hola, Islandia, que gusto oírte aunque sólo han pasado estas horas —dijo riéndose por la ironía.

— Sí, que cosas ¿no? —dijo riendo.

— Oye suenas diferente, ¿te encuentras bien? —pregunto confundida.

— Si es sólo que estoy un poco enfermo, ¡sí, eso, enfermo!

— ¡¿ah?! ¡Estás enfermo! ¿Te encuentras bien? ¿Ya fuiste con el doctor? —hacía muchas preguntas Taiwán que apenas Dinamarca las entendía.

— "Vaya, Taiwán sí que se preocupa por sus amigos" —pensaba con asombro Dinamarca—"¡que linda!" —se sonroja de repente.

— ¿Islandia sigues ahí? —preguntó Taiwán al oír que no le respondía a ninguna de sus preguntas.

— Claro, sólo me distraje, oye ¿no tienes nada que hacer el día de hoy verdad?

— No ¿por qué?

— Me preguntaba si querías ir a algún lado para… no sé… conocernos un poco mejor ¿te parece bien?

— ¡Claro! —dijo alegre— ¿en dónde nos reunimos? En mi casa no puedo porque el tonto de China nos estaría molestando –dijo eso ultimo con enojo.

— ¿te parece bien en mi país?

— Sí ¿Qué hora es allá? —pregunto.

— Las 12 de la noche ¿y allá?

— Aquí son las 10 de la mañana.

— ¡creo que deberías irte justo ahora! —propuso emocionado.

— Ahora ¿Estás seguro? –preguntó, impactada.

— Claro ¡no te preocupes!

— Okay… —dijo Taiwán no tan segura por la propuesta de su "amigo"— pero llegaré a eso de la madrugada… ¿no importa?

— No, no importa —contestó muy seguro.

— Bueno, te veré haya hasta entonces.

— Sí, yo te espero —colgó el teléfono— ¡bien! —gritó de alegría el rubio— sólo hay que esperar —decía maquiavélicamente entre risas.

— Vaya, eso fue extraño, pero si eso quiere Islandia… ¡lo haré por él!

— ¿Quién era con quien estabas hablando, Taiwán? —preguntó Vietnam apareciendo en la cocina.

— Con Islandia —contestó alegre.

— Ah, tu nuevo amigo ¿verdad?

— Sí, de hecho me invitó a su casa.

— Que bien, sirve que se conocen un poco —dijo su hermana con un tono de agrado en su voz.

— Pero hay un pequeño problema.

— ¿Cuál?

— China

— ¿ah? cierto, él —"cierto ¿cómo no olvidarlo? el tonto sigue enojado" pensó molesta Vietnam recordando el suceso de anoche— no te preocupes, tu ve, yo me encargo.

— ¿estás segura? —preguntó preocupada.

— Sí, déjamelo ami.

— ¡gracias! —la abraza de repente por la ayuda que le estaba dando su hermana.

— De nada —corresponde el abrazo— ahora ve y diviértete.

— ¡Sí! —afirma contenta.

Rápido Taiwán sube a su habitación, para buscar que podría ponerse, abrió cada cajón de su armario revisando cada prenda que tenía, agarraba diferentes camisas se las veía en el espejo y las tiraba por donde sea, revisó cada una de su ropa, pero ninguna le parecía.

— ¡¿Por qué es tan difícil elegir que ponerte?! —gritó con todas sus fuerzas desesperada por no haber encontrado nada que ponerse.

— ¿Por qué no elijes según el clima del lugar? —se escuchó de repente.

— ¿eh? —voltea para encontrarse con el dueño de la voz que provenía afuera de su habitación— Hong Kong…

— En Islandia casi todo el año hace frio —volvió hablar el susodicho.

— ¡Cierto! ¡Gracias Hong Kong! —gritó de alegría al saber que su problema de la ropa ya había sido arreglado.

Hong Kong sólo hiso el signo de rock-n-roll con su mano junto con una sonrisa, acto seguido cerrando la puerta de su habitación para poder permitirle que ella se cambiara. En otra parte del mundo, se encontraba Islandia durmiendo en su cama todo cansado por haber llegado tarde en su casa, estaba "muerto" por el cansancio, pero no esperó que su sueño fuera muy pronto interrumpido por alguien.

El tiempo siguió su curso, Taiwán había llegado a Islandia hace unas horas, estaba un poco desubicada por las casas y calles pero no perdida, si no fuera por Hong Kong se hubiera perdido en un dos por tres.

— Así que esta es la casa de Islandia… ¡que linda! —exclamo con alegría Taiwán, mientras caminada un poco apresurada a la puerta de la casa.

(Nota de la autora: para algunos que no tengan mucha imaginación, la ropa de Taiwán que estaba usando era una camisa de mangas largas con cuello de tortuga color rosa, una falda roja, sus mayas color negro, botas blancas, una chamarra color blanco, guantes negros y el borde de las orejeras color rosa)

De repente el sueño de Islandia fue interrumpido por el ruido del timbre sonando.

— um… "bostezo" ¿Quién será a esta hora de la mañana?... —dijo Islandia con pesadez en su voz— de seguro son los vendedores ambulantes.

Pero el timbre sonó otras dos veces.

— ¡tienen que estar bromeando! —exclamó, cubriéndose las orejas con su almohada.

— Oye ¿Qué tal si es alguien más? —dijo Sr. Pufffin (su ave) que ya se había despertado desde el primer timbrado.

—Sí claro, ¿Quién diablos toca el timbre a las 5:00 de la mañana?

—Voy a ir a asomarme —dijo el Sr. Puffin volando a la ventana del cuarto.

Con Taiwán.

—Tal vez no esté en casa... ¿pero que estoy diciendo? él me habló desde su casa, tiene que estar —dijo Taiwán que estaba afuera de su casa parada enfrente de la puerta- ¿Qué dijo "América" que hiciera si me pasaba esto? —se preguntó a sí misma, recordando que le había dicho Alfred aquella vez.

Flash Back:

— ¿Y qué pasa si no te responde de inmediato después de tocar el timbre? —le preguntaba Taiwán a U.S.A después de la junta que tuvieron aquella vez.

—Bueno si llevas mucho tiempo tocando el timbre, lo que tienes que hacer es fijarte a tu alrededor, después si vez una piedra la agarras, afinas tu puntería y la arrojas por la ventana y listo, eso es todo.

—Okay… —afirmó no muy convencida.

— ¡No te preocupes Taiwán-chan, el Hero de yo, ya lo ha hecho muchas veces antes… como con Arthur…! —exclamaba Alfred.

Inglaterra, quien estaba escuchando desde el principio de la plática se quedó atónito al oír eso.

— ¡Así que fuiste tú todo este tiempo, bloody hell! —se escuchó gritar Inglaterra.

— Y también con Francisco (México) —continuó el "Hero" ignorando la queja de Arthur.

— ¡¿Que tú hiciste qué!? —se escuchó decir ahora México apareciendo de repente, un joven de cabello castaño oscuro, ojos de un café más clara y un mechón de pelo que sobresalía de la parte izquierda de su cabeza.

— Vamos chicos, después de todo, eso fue en el pasado, no deberíamos…

— ¡Ahora sí, maldito gringo! —gritó muy enojado Francisco mientras le arrojaba una gran roca al despistado de Alfred.

—Ch-Chicos… n-no deberíamos resolver esto con violencia —decía Taiwán nerviosa, mientras miraba como el británico y el mexicano golpeaban al estadounidense con lo que tenían al alcance de las manos.

—Com'on guys… ¿no podríamos arreglar las cosas con una hamburguesa? —decía cubriéndose de los golpes.

—Vamos, chicos… dejen de pelear… —insistía la taiwanesa.

—Olvídalo, no tiene caso —dijo aquel joven de cabello mezcla entre color café y un poco de amarillo, poniendo una mano sobre su hombro.

—P-Pero Colombia, sí no los detenemos van a…

—No te preocupes, se cansaran en unos minutos —le aseguró—¿Quieres? —le preguntó ofreciéndole de su inseparable taza de café.

—Ehm, no gracias…

Fin del Flash Back.

—Y sigo preguntándome de donde habrá sacado México esa gran roca "Sigh"… me pregunto si Alfred tendrá razón —dijo la joven mientras buscaba una roca— que coincidencia, allí hay una roca, espero que no se rompa la ventana de Islandia.

Justo cuando el Sr. Puffin iba a quitar la cortina para ver afuera de la ventana lo único que pudo ver era una roca dirigiéndose hacia él.

— ¡Ah! —gritó el pájaro sorprendido mientras se quitaba de la ventana, acto seguido de Islandia abriera los ojos adormilado.

— ¿Qué fue eso? —preguntó el Islandés medio dormido.

—Creo que nos atacan… —dijo Sr. Puffin asustado e impactado ocultándose debajo de la cama.

— Creo que no funcionó como esperaba, ¿qué tal si lo intento otra vez? —decía mientras buscaba otra roca, aventó otras tres más haciendo que Islandia se desesperara.

—Así que quieres jugar con piedras ¿eh, Dinamarca? —gruñía después de haber abierto la ventana, mientras sacaba una enorme piedra que tenía debajo de su cama en caso de emergencia… o en caso de que Dinamarca llegara ebrio a su casa un día de estos- ¡Pues te voy a enseñar cómo se juega a las piedras aquí en Islandia! —gritó sacando medio cuerpo por la ventana, listo para arrojarle aquella roca al perturbador de su sueño.

— ¡Aaahhh! ¡No, espera, Islandia! –Gritaba la joven con esperanzas de detenerlo a tiempo antes de terminar con una hemorragia cerebral— ¡S-Soy yo, Taiwán!

— ¿Taiwán? ¿Qué haces aquí? —preguntó el joven atónito, dejando la piedra a un lado del marco de la ventana.

—Vine a visitarte ¿Qué otra cosa estaría haciendo?

—Oh, qué bien —dijo como si fuera una cosa muy normal—… ¡espera, que! —espetó "volviendo a la realidad"

—Tú me llamaste, me dijiste que viniera y aquí estoy —contestó muy alegre y confundida a la vez.

Islandia no sabía que decir, estaba desconcertado, no sabía que decir.

—Espera aquí —dijo mientras cerraba de nuevo su ventana.

—Okay, yo te espero.

Islandia no sabía qué hacer en ese momento estaba confundido y atónito, pero lo único que podía hacer ahora era vestirse y después de eso aclarar la situación que estaba ocurriendo.

—Oye Islandia ¿Quién era? —pregunto más relajado el Sr. Puffin, saliendo debajo de su cama.

—Al parecer no era el tonto de Dinamarca —decía mientras se quitaba la piyama— era Taiwán, por poco la hago ir a un hospital.

— Así que ella es Taiwán —se asoma el pájaro por la ventana viendo a la chica esperando afuera de su casa— parece buena persona.

—De hecho lo es —agregó Islandia terminando de vestirse.

—Hace frio, piensas salir con tu ropa de siempre —dijo el ave observando las mismas ropas que siempre traía casi todo el tiempo.

—Sí, no pasa nada ya sentí el frio al abrir la ventana —decía abriendo la puerta de su habitación— bienes o te quedas.

—Voy contigo —dijo volando hacia el hombro de Islandia— sirve que conozco a tu amiga.

Taiwán estaba esperando a Islandia afuera, pensando lo útil que era lo que le había recomendado Alfred aquella vez. Islandia por su parte se aseguró que toda su casa estuviera bien cerrada por si acaso un Dinamarca curioso pasara por ahí.

—Listo, todo está asegurado —decía Islandia terminando de verificar que su casa estuviera bien cerrada.

Agarró las llaves de su casa, abrió la puerta, levantó la vista encontrándose con Taiwán saludándolo muy contenta, se sonrojó un poco por el acto, cerró la puerta y se dirigió a donde se encontraba su amiga.

—Taiwán perdóname por poco haberte lanzado una roca —dijo nervioso Islandia.

—No importa, perdóname tu también por casi haber roto tu ventana —dijo igual de nerviosa, al decir eso empezaron a reírse.

— Ejem… —Carraspeó el llamando la atención de los dos— no me vas a presentar a tu amiga —dijo en voz baja a Islandia.

— Ah sí, cierto, Taiwán él es Sr. Puffin es mi amigo desde la infancia.

— Hola, mucho gusto en conocerte —le extendió si dedo índice para saludarlo, el ave hiso lo mismo pero con su pata completa— eres un ave Frailecillo ¿verdad? —preguntó dejando de saludar.

— Sí, así es joven dama —dijo contento el Sr. Puffin por saber que si reconocía su especie— también es un gusto conocerte.

—Gracias, bueno ya que estamos todos ¿Por qué no vamos a alguna parte? —propuso Taiwán emocionada.

—Claro, por eso viniste ¿eh?

—Sí —respondió.

— Veamos ¿adónde vamos a ir? —se preguntó el joven mientras comenzaba a caminar.

—Yo propongo que vayamos a un restaurante o aun parque —dijo el Sr. Puffin, apoyando a su amigo que no sabía ni que hacer en ese momento.

— Buena idea Puffin —agradeció por la ayuda que estaba recibiendo.

— ¿Qué es buena idea? —pregunto Taiwán curiosa, sorprendiendo a los dos, que se habían olvidado de ella.

— No, nada ¿verdad Puffin?

— Sí, nada —contestó nervioso.

— Okay ¿entonces adónde vamos a ir? —ignorando los comentarios de sus amigos.

— A un restaurante cerca de aquí, créeme, te va a encantar —decía entusiasmado Islandia.

— ¿De veras?

— Claro, el dueño del lugar es un amigo nuestro, no te preocupes —decía mientras le sonreía.

Taiwán por su parte nunca había visto a Islandia tan alegre y contento, si estaba tan emocionado eso significaba que el restaurante era muy bueno para ser cierto. El camino no era muy largo, de hecho se le hiso muy corto, iban caminando hasta que pararon.

— Aquí es —señaló Islandia al restaurante— el famoso restaurante "El rustico"

— ¿El rustico? —pregunto confusa.

— Sí, el rustico, es el más famoso en toda Islandia.

— ¿Por qué?

— Bromeas verdad, es el único restaurante con cupones para desayuno, comida y cena, también por su hospitalidad, la comida y la decoración, sobre todo por la comida.

— Ah —espetó la chica impresionada.

— Bueno, entremos —dicho esto abrió la puerta de la entrada para que ella pasara primero.

— ¡Sí! —contestó animada.

Ya estando a adentro del restaurante Taiwán pudo observar que todas las personas se la pasaban bien, el ambiente se sentía a un hogar y el decorado sí que era rustico.

— "Creo que ya entiendo porque le llama así" —pensaba Taiwán mientras aparecían gotitas de sudor en su cabeza.

— ¿Estás bien, Taiwán? —preguntó Islandia.

— Sí no te preocupes, sólo pensaba.

Justo cuando se iban a sentar, un tipo les llamó la atención, se le veía incomodo.

— Disculpen —dijo el señor que trabajaba en ese lugar— ¿No leyeron el letrero? —preguntó con un tono de voz muy mandón.

— ¿Cuál letrero? —preguntaron los tres al mismo tiempo.

— "Sigh"… el letrero de afuera —el señor apuntando afuera del restaurant— se prohíben mascotas dentro del establecimiento.

— ¡¿Qué?! —dijeron atónitos.

— Así es, así que si quieren seguir aquí será mejor que saquen su pajarraco de inmediato.

—Pajarraco… —musitaba Islandia pausadamente, si algo no podía tolerar era que llamaran a su amigo por pajarraco— para su información es…

— ¡Es un ave Frailecillo! —exclamo esta vez Taiwán completando la oración de Islandia—

¿Además quién demonios se cree usted para decirnos qué hacer? —espetó Taiwán, mientras se ponía delante del señor, picándolo en el pecho muchas veces.

— Espera, Taiwán —se interpuso Islandia en medio de los dos, no quería que hubiera más problemas—, deja que hable primero el caballero —continuó con un tono de furia en su voz.

— Al fin alguien cuerdo, soy el dueño del lugar —les aclaró mientras la gente del restaurante no paraba de mirar la escena.

— ¿Qué? pero el dueño del lugar era…

— Tom Peterson ¿verdad? —fue interrumpido por el señor—. Sí, lo recuerdo, se jubiló hace una semana.

—Imposible —contesto con un hilo en su voz.

—Islandia… —dijo Taiwán con tono bajo en su voz, mientras veía como se deprimía su amigo al instante— entonces usted el nuevo dueño ¿eh? —dijo al instante mientras veía la placa donde decía su nombre— así que se llama John Jhonson… hum… que nombre tan anticuado, ahora que lo pienso.

— Cómo se atreve… —dijo avergonzado mientras retrocedía unos 2 pasos hacia atrás.

— Así como escucho, señor —espetó dándole la espalda.

— ¿Taiwán que haces? —pregunto Islandia, confundido por lo que dijo la joven.

— No te preocupes Islandia, déjamelo a mí —giñó su ojo derecho en señal de seguridad, dio unos cuantos pasos y se subió a una de las mesas que había en el restaurante llamando mucho la atención de los presentes en ese lugar— ¡disculpen señoras y señores, me podrían prestar un momento de su atención! —gritó Taiwán animadamente mientras movía sus brazos por cualquier lugar.

— ¿Pero que está haciendo? —preguntó Puffin.

— No tengo idea —respondió Islandia.

— Bueno, se preguntaran porque les pedí su atención tan llamativamente ¿no es así? —Prosiguió mientras caminaba alrededor de la mesa— el punto de todo esto, es de mi nuevo mejor amigo —señaló al aludido que seguía atónito— Islan... —se interrumpió ella misma justo cuando iba a decir su nombre.

— ¿Cómo se llama tu amigo? —dijo un hombre presente a lado de su mesa.

— Eto…b-bueno pues…mi a-amigo —balbuceaba mientras le salían gotitas de sudor por todas partes de su rostro— eh… e-eto… mi amigo… ¡bueno eso es otro asunto! —exclamó toda sonrojada— de nuevo al punto de inicio, les pedí su atención porque estoy cansada de que en cada restaurante que voy no permitan mascotas.

— ¿Mascotas? —dijeron al unisonó todo el restaurante.

— ¡Sí, así es, mascotas! —aclaró más confiada— este tipo de aquí que ustedes ven —apuntó ahora a John— no nos quiso dejar pasar por nuestro amigo Sr. Puffin, antes de que digan algo como que es un ave y es de la especie frailecillo, les aclaro… ¡no es nuestra mascota es nuestro amigo! ¿Ustedes no están cansados de que en cada restaurante hagan eso? De que nuestros mejores amigos de la infancia se queden afuera de un lugar sólo porque se prohíben mascotas.

—Vaya, Islandia, me sorprende mucho tu amiga —habló el Sr. Puffin mientras veía hablar a Taiwán.

— ¿Por qué? —pregunto Islandia volteándolo a ver.

—Porque si no fuera tú verdadera amiga no estuviera ayudándonos en estos momentos.

—Entonces señores… ¡¿Quien está conmigo para defender a nuestros animales de los inhumanos y maliciosos restaurantes?!

20 segundos después:

Y allí estaban, afuera del restaurante, Islandia sentado en la acera del pavimento cubriendo su cara con sus manos junto a Sr. Puffin a un lado y Taiwán golpeando la puerta con sus brazos mientras gritaba.

— ¡No puedo creer que se hayan vendido por comida! ¡Juro que me voy a vengar! —exclamaba furiosa Taiwán mientras seguía golpeando la puerta.

—Taiwán —la interrumpió Puffin mientras señalaba con su pico a Islandia.

—Islandia… —dijo con un hilo de voz, recordando que los habían vetado del lugar— ¿estás bien? —dijo la joven, mientras se sentada a un lada de él.

— Um… —fue lo único que contestó.

—Vamos, no te sientas mal, ese señor tuvo la culpa —dicho esto puso su mano en su hombro para poder animarlo—. Además, eres Islandia tus jefes te pueden apoyar.

—No, no lo creo —levantó lentamente su cabeza—, pero gracias Taiwán por haberme apoyado —le sonríe amablemente.

—No hay porque, para eso es tan los amigos ¿no? —le corresponde la sonrisa haciendo que el islandés se sonrojara un poco.

—Sí, c-claro —respondió un poco nervioso— pero ahora no se a donde invitarte… —fue interrumpido por su ave mientras le extendía un especie de hoja con un dibujo de un parque— espera tengo una idea.

— ¿eh? —dijo confundida.

25 minutos después:

Esta vez, se encontraban en un parque no tan lejos de ahí, sentados en una banca del parque mientras veían a los autos pasar, acompañados de un capuchino caliente a excepción de el Sr. Puffin que comía una dona.

—Esto no será mejor que un restaurante pero es un lugar muy tranquilo para platicar —decía Islandia mientras bebía su capuchino.

—Daiyobu (no te preocupes) está bien, de hecho me gusta —dijo alegre Taiwán.

— ¿De veras? —pregunto sorprendido.

—Sí, además me gusta estar contigo.

— "nadie me había dicho eso…" —pensó para sus adentros, mientras observaba sorprendido a Taiwán.

—Oye Islandia, estas rojo ¿sigues enfermo? —inquirió preocupada, poniendo de repente su mano en su frente.

— ¿Qué? —dijo confuso, mientras veía lo que estaba ocurriendo— ah… n-no tranquila e-estoy bien.

— ¿estás seguro? —quitó al instante su mano.

—Si n-no te p-preocupes —decía tratando de no sonrojarse.

—Vaya par que son … —dijo el Sr. Puffin.

— ¿Sabes, Islandia…? —continúo Taiwán de hablar.

— ¿sí?

—Ya no eres mi amigo, ¡eres mi mejor amigo! —en un dos por tres abrazó a Islandia fuertemente.

— Taiwán... —dijo atónito, en esos momentos no lo podía creer, una chica lo estaba abrazando, de hecho era el primer abrazo que recibía de una chica— "gracias" —respondió el abrazo.

— ¿Y sabes otra cosa? —dijo nerviosa mientras le salían muchas gotitas de sudor.

— ¿uh?

— Se me perdió mi pasaporte —dijo con una sonrisa nervosa.

— Ah… ah… ah… —en ese momento no sabía que decir, estaba impactado por lo que había dicho su amiga, en ese momento tan "especial" había sido arruinado.

— ¿estás enojado? —pregunto todavía avergonzada y nerviosa.

— Un poco... —respondió siguiendo todavía impactado.

Nota de la autora: wow segundo capítulo X3 ¿Quién lo hubiera imaginado?... eto… los personajes son de la artista de Nennsita1234 aquí está el link a su galería, los personajes de los países latinoamericanos están en la carpeta de Hetamerica.

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