Donde encontraría agua?! Estaban en una cueva! A mil kilómetros del sol! La laguna más cercana estaba a...no tiene ni idea de si se encuentra una laguna cercana...
Maldijo por lo bajo mientras avanza rápidamente por los pasillos imponentes, llenos de decoraciones muy valiosas que para nosotros eran leyendas, escamas de sirenas, frascos con cuernos de minotauros entre más cosas que fascinarían a cualquier humano pero para él, eso era muy común pero ahora no le prestaba ni la más mínima atención. Siguió caminando, buscando la posibilidad de encontrar agua. Sigue avanzando por todo el lugar pero nada, ni una sola gota de agua. Frustrado, dice unas palabras muy comunes cuando uno está de mal humor pero se da cuenta de los sollozos que surgen cerca de él. Intrigado, busca de dónde viene, para toparse con que los ruidos de tristeza, venían de un almacén, un almacén importante, pues se encuentran todos los cadaveres recolectados, conservados con magia para que la sangre se conserve fresca.
No cualquiera podía entrar, solo el conde, sus hijos, la guardiana y un puñado de vampiros, entre ellos, las Dazzlings que misteriosamente no han salido de sus cuartos. Se mordió la mano, dejando que sangre para después escribir su nombre que es absorbido por la madera que hace uno extraños ruidos pero al final se abre, permitiendo que el vampiro entre con rapidez inhumana.
El almacén era enorme, tenían los cadaveres de sus últimos ataques y algunos de su antiguo hogar así que eran demasiados, pero el ruido del llanto aumentaba con cada paso que daba. Estuvo en el laberinto por unos minutos hasta que encontró un figura azul, tendida en el suelo que se retorcía. Se acercó desconfiado, con magia lista para atacar. Su corazón comenzó a latir con más fuerza, estaba nervioso pero no asustado. Sus sentidos se agudizaron para permitirle un sentimiento de seguridad, superioridad que le dio valor para dar los últimos pasos que lo separaban de aquella figura azul que era de dónde venía el llanto desgarrador de dolor.
-Que se detenga por favor!
Esa voz, ya la había escuchado antes, era chillona, perteneciendo a una chica peliazul...
Acercó su mano que temblaba un poco para tocar la superficie azulada y se dio cuenta de que era una delgada tela, subió la mano y tiro del borde, dejando ver una cabellera azulada, sudorosa y enmarañada, perteneciendo a la Dazzling azulada.
-Sonata?
Pregunto aparentemente confundido por encontrarla en ese estado frágil y vulnerable...mierda.
La sirena dio un quejido de dolor y presionó su pecho justo en el corazón, se estaban conectando, esto traería consecuencias muy graves. Heartblood cerró los ojos y reconoció el sentimiento que tendría hacia ella, y para su suerte, era amistad, se salvaron los dos.
-Q-que piensas d-de mi?
Pregunto débilmente, temblando tanto de miedo como dolor.
-Eso no importa ahora, lo hablaremos luego pero que te sucede?
-M-me duele mucho.
-Donde?
-M-mis p-piernas y mi c-cabeza.
-Que más?
-Hace m-mucho c-calor, no l-lo soporto. Ayúdame p-porfavor!
Estaba pasando lo mismo, eso significaba que Aria también sufría ? No podía averiguarlo ahora, necesitaba atender a estas dos sirenas sedientas de agua.
-Necesitas agua supongo.
-C-como..?
-Adagio también padece de lo mismo que tú, pero no sé cómo conseguir agua, estamos en una cueva bastante lejos de la salida se puede decir.
-N-necesito agua.
La sirena temblaba cada vez más mientras que gotas de sudor se deslizaban por su frente, sus ojos estaban cansados y sus labios resecos. Se acercó más a ella para ponerla en su regazo y enfriar el ambiente. La sirena dio un suspiro de alivio mientras la temperatura de su cuerpo se enfriaba pero aún conservaba cierto calor.
-Mejor?
-Mejor, muchas gracias Heartblood.
-Tranquila, encontrare agua.
-N-no me dejes por favor!
El vampiro la miro preocupado, debatiéndose entre dejarla, llevársela o quedarse, era tam difícil, no quería que la sirena sufriera más de lo que ya lo hace. La apego más a su cuerpo y la abraza.
-Me quedare contigo.
-G-gracias.
La peliazul se sonrojo y acurruca entre los fuertes brazos del vampiro que la abrazan con cariño. Podía escuchar sus latidos, eran tan calmados, no estaba nervioso o asustado, y de alguna forma, eso la tranquilizó hasta quedarse dormida. El ojirojo no se separó en ningún momento, sintiendo como su presencia ayudaba al estado en el que estaba la vampira en sus brazos. Comenzó con acariciar sus cabellos azules, tan raros para él que tenía un color muy común, castaño. Sus ojos estaban ocultos, su respiración ya estaba tranquila y los temblores pararon, su mente se estabilizó y el equilibrio volvió. Se sentía bien estar así, calmado, con Sonata en sus brazos, dormida. Tal vez se había equivocado, tal vez la otra chica no era para él, no lo sabía pero lo que tenía claro, era que no se alejaría de la peliazul en ningún momento, se quedaría con ella pase lo que pase. Poco a poco el se quedaba dormido, siendo acurrucado por el silencio.
La magia en el ambiente seguiría por varias horas, dando frescura y alivio.
Los vampiros seleccionados por el conde podían manipular el fuego, tierra y aire, los que adquirían poder en el tiempo solo controlaban los dos primeros y los recién nacidos, el fuego. Nadie podía controlar el agua, era su contrario pues los vampiros en su interior, son fuego, el deseo de poder y sed de sangre es el fuego que tomó forma, el nacimiento del vampiro.