Capítulo 3.
– Pensé que te habías olvidado de mí.
Riko miraba a Mei enfadada, llevaba toda la semana esperando una llamada o un mensaje, pero nada. La peliazul parecía haberse olvidado completamente de ella, y ahora esperaba que hubiese preparado una buena excusa. La peliazul caminó hacia ella y la abrazó, antes de entrar en el gimnasio sin decir nada más. La castaña suspiró, era mejor no decir nada más, no quería que la peliazul, encima, se enfadase y acabasen ambas discutiendo.
Mei se quedó parada en medio de la puerta al entrar, ahí estaba, el chico de pelo rojo de aquella tarde. Kagami Taiga, si la peliazul no recordaba mal. Pero, ¿qué hacía él allí? La chica se dio cuenta de que algunas de las personas que estaban allí comenzaban a mirarla raro, por lo que caminó hasta una bicicleta estática sin perder de vista al pelirrojo. Parecía que él no la había visto a ella.
– ¿Debería preocuparme porque mires tanto a uno de mis jugadores, Mei-chan? – preguntó Riko cuando la hubo alcanzado.
– ¿Eh? Me parecía conocerle de algo, pero creo que no... – murmuró ella en respuesta - ¿Está en el equipo de Seirin?
– Es de primero, y tiene mucho potencial, aunque dudo que lo mires por eso – la castaña se rió, mientras su amiga la miraba confusa – Es guapo, ¿verdad?
– Sí... – contestó casi sin darse cuenta - ¡Esto, no! ¡No es para nada guapo! Riko-chan, deja de reírte así de mí... ¡Riko!
El escándalo que ambas estaban formando hizo que todos los presentes se girasen hacia ellas, sí, Kagami incluido. La peliazul quería que la tierra la tragase, tenía la esperanza de pasar desapercibida para el pelirrojo. La ponía nerviosa, y eso era raro, normalmente no se ponía nerviosa con las personas. Ese chico tenía algo extraño, estaba claro.
– Agg – tan ensimismada estaba en sus pensamientos que Mei no notó como Riko sacaba el móvil para mirar un mensaje – Tengo que irme ya... Promete no tardar tanto en volver.
– No tardaré, prometido. Y tú, llámame si hay novedades respecto al sujeto X.
La castaña enrojeció y golpeó suavemente a su amiga en el brazo antes de irse. La peliazul sonrió: sabía como cambiar de tema o acabar una conversación. La chica cogió el reproductor de música y lo puso en modo aleatorio, quería relajarse, pero algo no la dejaba. Continuamente se sentía observada y, cada vez que se giraba, no veía a nadie. Hasta que, media hora más tarde y ya exasperada, vio que el chico pelirrojo no le quitaba la mirada de encima. Desconocía la razón, pero ese detalle la hizo sonreír, lo que consiguió que se enfadará consigo misma. ¿Por qué que un chico cualquiera (y además idiota) la mirase la hacía sonreír? Carecía de lógica, de sentido. Ese chico estaba consiguiendo que se pusiese nerviosa, y no le gustaba, en absoluto. No tardó mucho más en irse del gimnasio, no podía pensar. Se suponía que ese era "su santuario", el lugar en el que se relajaba y repasaba mentalmente los detalles importantes, y entonces tuvo que llegar un idiota a... a hacer lo que sea que estaba haciendo.
– Hola.
Mei casi se cayó hacia atrás al sentir la voz hablándole a la salida del gimnasio. ¡¿Es que la estaba siguiendo o qué?! Respiró hondo, intentando tranquilizarse. Al parecer él esperaba una respuesta, tendría que ser educada. Amable no lo sería, pero su padre la mataría si se enteraba que iba por ahí ignorando a la gente.
– Hola – fue lo más fría y seca que pudo, ocultando bien sus pensamientos. Era una de las cosas que más le gustaban de su carácter: no era fácil saber si le pasaba algo o no, sus pensamientos eran secretos, una tumba.
– Eres Mei, ¿verdad? Yo soy el chico de la cancha de baloncesto del otro día, Ka...
– Kagami Taiga, sí, lo sé. No tengo tan mala memoria, ¿sabes? Aún puedo recordar las cosas que hago. En fin, seamos breves. ¿Querías algo?
– ¿Siempre eres así? - ¿a qué venía una pregunta tan directa? ¿Quién se creía que era para preguntarle algo así? El pelirrojo debió notar que estaba molesta, porque se apresuro a añadir – Me refiero a que si no puedes dejar que nadie se te acerque si sus intenciones no son malas.
– Hacerme perder el tiempo es una mala intención, no sé si lo sabías – la peliazul comenzó a caminar hacia su casa, pero parecía que él no iba a darse por vencido tan fácilmente. Era tenaz - ¿Cuáles son tus intenciones, si dices que no son malas?
– Saber quién eres. Y no me refiero a que eres la hija de Abukara y eso, me refiero a algo más profundo. Detrás de esa fachada de chica-fría-y-sin-sentimientos hay algo, quiero saber qué es.
– ¿Y por qué te importa tanto? Solo soy una más, puedes encontrar muchas chicas de esas que estén dispuestas a divertirte, créeme.
– Ya, pero ellas no son tú - ¿cómo podía ser tan directo? Bueno, no lo era tanto, puesto que al poco de escucharse comenzó a sonrojarse, haciendo que Mei sonriera un poco, aunque se apresuró a volver a su expresión seria. Al parecer Kagami solo era un chico que hablaba sin pensar – Me llamaste la atención el otro día. Juegas bien y me gustaría conocerte. P-podríamos ir a comer algo... ¿Qué te parece?
Mei le miró, pensativa. No perdía nada por aceptar, tampoco ganaba nada, aunque al menos no estaría aburrida. No tenía nada que hacer, era viernes y no había quedado con nadie, y no se le apetecía demasiado acurrucarse en el sofá para ver una película. Era un plan un poco triste para la noche de un viernes, la verdad.
– Está bien. Te daré una oportunidad, Kagami. Aprovéchala.
El chico sonrió, cosa que inquietó un poco a Mei. No le gustaba que la gente sonriese así, le hacía pensar que había hecho algo para que sonriesen, bueno, eso le gustaba, pero el no saber qué había hecho exactamente la ponía nerviosa. Solo había decidido darle una oportunidad, dependía de él aprovecharla o no. No debería alegrarse tanto.
– ¿A dónde vamos? – preguntó cuando llevaban un rato caminando. Ella simplemente le seguía, estaba empezando a sentir curiosidad.
– A comer algo. Tengo hambre, ¿tú no?
Sus tripas respondieron por ella, sí que tenía hambre, aunque hasta ese momento había estado tan ensimismada en sus pensamientos que no se había dado cuenta. Esperaba que al menos Kagami no hubiese dicho nada puesto que, si lo había hecho, no lo había escuchado. Volvió a sumergirse en sus pensamientos, básicamente porque tampoco sabía que decir para iniciar una conversación con el chico, hasta que algo la sacó de ellos, bueno, más bien hizo que cambiaran de rumbo. Una chica de pelo blanco y ojos color verde pálido que leía tranquilamente un libro mientras esperaba el autobús, podía verla perfectamente mientras esperaba a que el semáforo cambiase de color para cruzar. No levantó la mirada del libro, pero a Mei tampoco le hubiese molestado que lo hubiese hecho, dudaba que ella la conociera de algo.
Dos años antes, Mei había ido al parque de atracciones acompañada por Midorima. La chica estaba mirando un puesto de artesanía mientras esperaba al peliverde, el cual estaba tardando. Ella se giró y le vio con una chica de pelo blanco, hablando. Era una chica preciosa, la verdad. Volvió a girarse para seguir mirando las diferentes artesanías, hasta que vio una pulsera con un colgante de madera que le llamó la atención.
–¡Shin, ven a ver esto! – gritó ella llamando a su amigo, dándose cuenta inmediatamente de su error. Midorima no pensaría que lo había hecho porque estaba celosa, ¿verdad? ¿O tal vez lo pensase? Era Midorima, él nunca pensaría eso de ella.
– ¿Qué pasa? – preguntó al acercarse – Es muy bonita, ¿vas a comprarla?
Asintió con la cabeza y se acercó al dependiente para pagarla. El chico la esperó pacientemente, sin decir ni una palabra de la chica con la que había hablado. Mei se moría de curiosidad, sabía que, a no ser que le preguntase directamente, él no diría nada.
– ¿Quién era esa chica? – preguntó distraídamente, como si solo intentase iniciar una conversación.
– Hakuren Ryûna, una compañera de Teiko – respondió sin darle muchas vueltas.
– Ahm... Nunca te había visto quedarte tanto rato con alguien de tu instituto, que no sea del equipo de baloncesto. Normalmente solo saludas y no te paras más de medio minuto..
– Ella es especial.
Desde aquel día nunca habían vuelto a hablar de ella, y la peliazul no la había vuelto a ver. No sabía porqué, pero el pensar en ella hacía que se pusiera terriblemente celosa, a pesar de que sabía que ella era la Emperatriz, la novia del capitán de la Generación de los Milagros, Akashi Seijûrô. El semáforo cambió de color y la gente comenzó a cruzar, no fue hasta que sintió la mano fuerte de Kagami en su brazo que se dio cuenta.
– ¿La conoces? – preguntó él dirigiendo la mirada a la parada de autobús cuando hubieron cruzado.
– No en persona, digamos que he oído hablar de ella – respondió secamente y con frialdad, no quería hablar más del tema y parecía que el pelirrojo lo había captado a la primera, porque no añadió nada más.
Solo tuvieron que caminar hasta el final de la calle para alcanzar su objetivo: la hamburguesería. Mei se sorprendió, no esperaba que la llevase hasta allí, pero bueno, era un lugar agradable en el que comer algo y tener una conversación tranquila. El pelirrojo pidió por ella al ver que no respondía cuando la camarera le preguntó, la peliazul meditaba sobre si Ryûna habría ido a ver a Midorima o le evitaba... Siguió al pelirrojo hasta una mesa después de pagar y se sentó enfrente suyo, dispuesta a deshacerse de todos sus pensamientos utilizando a Kagami.
– Tú querías venir hasta aquí así que supongo que algo querrás saber – comentó ella cuando dejó de mirar impresionada la montaña de hamburguesas que pensaba comer el chico – Así que, venga, di.
– ¿Cómo te lesionaste?
– ¿Por qué sabes lo de mi lesión? – su seriedad había aumentado, no era un tema del que le gustase hablar especialmente.
– Me informé. Antes jugabas al baloncesto en un equipo femenino pero te lesionaste en la final del Torneo de Verano y no volviste a jugar.
– ¿Si tanto sabes para qué preguntas? – el pelirrojo no respondió. Ella suspiró, tal vez era hora de contarlo – Era la final, como bien has dicho. En el anterior partido había tenido molestias en el tobillo derecho pero no le di importancia. En el final del segundo tiempo, intentando conseguir un rebote, me caí y agravé las molestias, pero no dije nada, quería jugar hasta el final. Al acabar el partido tenía una rotura de ligamentos. No es una lesión especialmente grave, en ocho semanas debía estar bien, pero la cosa se complicó y al final tuve que operarme e ir a rehabilitación, además de dejar el baloncesto, al menos de forma "profesional".
Ella suspiró, no le gustaba para nada ese tema de conversación. Además, Kagami ya no sabía muy bien que decir. Precisamente por eso, sonrió con un poco de confianza, sorprendiéndole.
– Ahora me toca preguntar a mí. ¿Por qué empezaste a jugar al baloncesto? ¿Y con qué objetivo?
– Empecé por un amigo... – no parecía muy cómodo con ese tema, por lo que la chica apuntó mentalmente no tocarlo más. Cuando lo pensó se dio cuenta de algo: ¿estaba barajando la posibilidad de quedar más veces con él? – Y lo que pretendo es ser el número 1 de Japón, pero para ello tendré que derrotar a la Generación de los Milagros.
– Un proyecto ambicioso... Pero eso está bien, siempre y cuando tengas claro que deberás esforzarte para conseguirlo.
No sabía por qué, pero no le parecía bien comentar que ella conocía a uno de los miembros de la Generación de los Milagros en persona, y mucho menos decir que era uno de sus mejores amigos. Tenía la impresión de que eso podría cambiar el ambiente y, la verdad, estaba pasándoselo bien. No le gustaba conocer gente nueva, pero tal vez el hecho de que le conociese jugando cambiaba un poco su actitud hacia él. Estaba siendo mucho menos borde y arisca de lo que acostumbraba, sorprendiéndose incluso a ella misma. Estuvieron hablando hasta que terminaron de comer y salieron de la hamburguesería, cada vez abandonaba un poco más su antipatía y se dejaba llevar por la conversación.
– Ha estado bien – comentó ella cuando estaban en el parque en el que sus caminos se separaban para irse cada uno a su casa - ¿No crees?
– Lo creo pero... – la chica se preocupó, ¿un pero? – No estoy muy seguro de haber descubierto qué hay detrás de esa frialdad. Al menos, no del todo.
– En ese caso tendrás que seguir intentando descubrirlo – comentó divertida – Tal vez nos volvamos a ver... Chao, Kagami-kun.
El pelirrojo la observó irse. No le había dado dos besos ni nada, pero le había llamado "Kagami-kun", eso ya era un gran paso, al menos si se tenía en cuenta como se había comportado hasta ese momento. Sonrió mientras caminaba hacia su piso, esa chica era verdaderamente extraña...
[...]
Al llegar a casa vio una nota de su padre. Ese fin de semana Hanae no estaba en casa, se había ido a visitar unos familiares, y al parecer a su padre le había surgido algo, había tenido que ir hasta Osaka por algo de los partidos, y ni siquiera había tenido la decencia de llamarla para avisarla. Bueno, ya la llamaría al día siguiente por la mañana para ver cómo estaba, no merecía la pena dedicarle más pensamientos. Se acercó al teléfono y miró las llamadas pérdidas: tenía una de Midorima, a las seis de la tarde. Pensó en llamarle pero era tarde, por lo que era mejor dejarlo para el día siguiente. Se fue a su habitación y sacó sus dibujos, no tenía sueño y, quitando sus paranoias estúpidas, había sido un buen día, y eso daba como resultado una noche perfecta para dibujar.
(Continuará...)
Muchas gracias a todos por los reviews, y siento muchísimo la espera. Al menos espero que haya merecido la pena. Besos y gracias por leerme :)
