Felicidades, mi querida tonta.
Ojalá supiera qué escribirte aquí, pero han sido ya tantas las dedicatorias que me he quedado sin palabras. No hay nada que no sepas, o eso espero. Muchas gracias por todo, y por tanto. Eres única, y doy gracias a internet y a fanfiction por existir y darme la oportunidad de conocer a alguien como tú. Sé que a temporadas hablamos menos, muchas veces por mi culpa, pero tú siempre estás ahí, dispuesta a inspirarme (y a distraerme, muchas veces a distraerme), a animarme y en general a aguantarme cuando nadie más puede. Tú no eres una amiga, ni siquiera una mejor amiga, tú eres mi hermana. Y espero que este año volvamos a vernos, porque no sé que haré si no voy a ver a la sirena de la playa de nuevo, y si no pruebo esos cupcakes que tienen una pinta deliciosa.
Te quiero, y siento que este año el regalo sea tan corto y desastroso. Pero lo que cuenta es la intención, ¿no?
Capítulo 9.
- Tienes que hablar con ella. Tiene que saberlo - le dijo Hanae amenazándole con un cucharón de madera que estaba utilizando en la cocina.
- Lo sé - respondió él con un suspiro mientras apoyaba la cabeza en la mesa - Es difícil. Tú mejor que nadie sabes cómo es Mei.
Rebelde, terca, gritona, muy dependiente de su padre... Esos eran algunos de los adjetivos que le venían a Hanae a la mente, y la hacían entender porqué el señor Abukara no quería hablar con ella. Pero eso no hacía que fuera correcto.
- Se lo tomará mal. Pero se lo tomará peor cuanto más tiempo pase.
- Lo sé - admitió él, pero la mirada de Hanae seguía siendo inquisidora - Se lo diré, cuando nos vayamos de viaje en las vacaciones de verano. Tenía pensado que se conocieran en cuanto volviéramos.
- ¿Volver de dónde?
Desde la entrada de la cocina Mei los observaba curiosa. Al menos hasta que vio las tostadas encima de la mesa, rápidamente se acercó a coger una. El señor Abukara la miraba fijamente, tal vez su entrada en el momento justo en que hablaban de ello era una señal del destino para que se lo contara. Pero, a decir verdad, temía su reacción. Y no estaba preparado para ello tan pronto.
- Había pensado que en verano podríamos ir a Nueva York, ¿qué te parece? Hace ya un par de años que nos vamos - respondió finalmente mientras ella se sentaba a desayunar, esperando ser convincente.
- Claro, suena bien - replicó ella, en realidad sin escucharle demasiado. Había quedado con Kagami esa mañana y ya llegaba tarde, así que tenía algo de prisa. Cogiendo una tostada más, se acercó para besar a su padre en la mejilla - Bueno, yo me voy ya, que tengo prisa. No sé si vendré a comer, ya os llamo.
Y sin más, la chica salió de la habitación. El señor Abukara no podía salir de su asombro, llevándose incluso la mano a la mejilla. No eran muchas las ocasiones en que la chica ofrecía muestras de cariño así, tan gratuitamente.
- Parece... feliz - comentó el hombre mientras terminaba de desayunar, revelando cierta sorpresa en su tono de voz Es extraño verla así.
Hanae no pudo evitar soltar una pequeña y dulce risa al oírle hablar así. Llevaba trabajando para él durante muchos años, incluso antes de que adoptase a Mei. Le había visto enfrentarse a la chica un millar de veces, preocuparse intentando hacer lo mejor para ella, darle todos los caprichos. Y ella era quien le había dirigido, en muchas ocasiones había tenido que ayudarle a seguir la dirección correcta. Ser padre no es tarea fácil, cuando te viene de sorpresa, sin ningún apoyo, como había sido el caso, y encima la chica es un tanto rebelde...
- Creo que le ha venido bien el cambio de aires - comentó la mayor mientras continuaba con sus quehaceres en la cocina, sin mirar a su jefe - Además, está ese chico...
- ¿Chico? - preguntó él arqueando una ceja. Mei no le había dicho nada de ningún chico. Y menos con ese tono cantarín y tontorrón que había utilizado Hanae - Si sabes algo es tu obligación decírmelo, Hanae-san.
La mayor comenzó a reír, paro mayor molestia del señor Abukara. No sabía nada de ningún chico, exceptuando a Midorima, claro, y no parecía que la relación de Mei con ese tal Kagami fuese del mismo estilo que la que tenía con el chico de pelo verde. Con un suspiro, dejó el café a un lado y apoyó el mentón en sus manos. Parecía que iba a tener una charla con Hanae y que el resultado no le iba a gustar mucho.
[...]
- ¡Hola! - saludó la chica al entrar en la cancha de baloncesto - Siento llegar tarde, me dormí.
Mei se acercó al banco y dejó la bolsa de deporte allí, junto con la sudadera. A pesar de que ya llevaban un par de semanas juntos, la vergüenza la invadía cuando le veía. Y para Kagami no era más fácil. El chico sonrió al escucharla e inmediatamente dejó el balón a un lado, pero tampoco sabía bien cómo debía actuar. Cada vez que la veía le ocurría lo mismo, no sabía si debía acercarse, dejar que ella lo hiciera o...
- ¿Jugamos? - preguntó la peliazul acercándose a él y dándole un ligero beso en la mejilla, sonrojándose al hacerlo. Esperaba que el pelirrojo dijera que sí, o se moriría de vergüenza al seguir pensando.
- ¿Eh? S-sí, ¡claro! - respondió Kagami también sonrojándose.
Mei no pudo evitar reírse ligeramente, al menos ella no tartamudeaba. A veces no podía evitar preguntarse si algún día dejarían de ser tan vergonzosos, aunque podía verse perfectamente con 60 años y asustada por tener que darle la mano al pelirrojo. Kagami comenzó a botar el balón, se vengaría de esa risita en la cancha.
Ambos jugaron durante una hora, siendo al final el resultado favorable para Kagami. Aunque no lo admitiría en voz alta, la peliazul comenzaba a ser consciente de la diferencia de fuerza entre ambos. Pero no le importaba. Bueno, puede que un poco sí. Pero no le molestaba el perder contra él, era feliz, no necesitaba más. Estaba en un punto de su vida en que todo era perfecto: tenía un novio espectacular, había arreglado las cosas con Midorima de nuevo, tenía amigos (aunque no sabía si a Takao le podía llamar así o simplemente era un pesado más en su vida), estaba bien con su familia y el pie no le estaba dando problemas. Todo era perfecto.
- Quiero que sea ya el próximo partido de las preliminares - comentó Kagami después de jugar, cuando ambos estaban sentados a un lado de la cancha bebiendo agua.
- Yo también tengo ganas, la verdad - respondió ella.
- Por fin jugaré contra la Generación de los Milagros... y ganaré - dijo él con una sonrisa, apretando el puño con confianza.
Mei no pudo evitar ponerse nerviosa. Sabía que ese era el objetivo principal del pelirrojo, quería convertirse en el número 1 de Japón, y para ello tenía que superar a la famosa Generación de los Milagros y, por tanto, ganar a Midorima y a Shutoku. La cuestión es que en Shutoku estaba ella, vale que como mánager, pero seguía siendo su equipo. Y ella no le había dicho nada. Pero no era algo importante, ¿verdad?
Mientras el pelirrojo seguía hablando de lo emocionado que estaba y de sus futuros rivales, ella no podía dejar de darle vueltas a eso. Tal vez debía decírselo, sobre todo antes de que lo descubriese de otra forma. Pero no quería hacerlo, no era el momento adecuado. Sería mejor esperar a otro momento, no el único día que ambos tendrían libre hasta terminar las preliminares del Interhigh. Sí, mejor se lo decía en otro momento.
- Tengo hambre - dijo ella poniéndose de pie con una sonrisa - ¿Vamos al Maji Burger?
Kagami recogió sus cosas y la siguió saliendo de la cancha, sin decir nada. Estaba dándole vueltas a algo, a varias cosas en realidad, entre ellas que de pronto la chica estaba muy callada. No había dicho nada en un buen rato, ni cuando estaban en la cancha ni ahora de camino al restaurante de comida rápida. Tal vez le había vuelto a pasar algo con ese amigo suyo, aunque la última vez le había dicho que volvían a estar bien. Le molestaba ese chico, no le gustaba nadie que le hiciese daño a Mei. Y, a decir verdad, estaba celoso. Pero si ella no le había dicho nada tal vez fuese que no pasaba nada, o que no quería hablar de ello. De todos modos tenía que hacer algo para sacarla de sus pensamientos.
Mei se sobresaltó al notar la cálida mano del pelirrojo buscando la suya propia y entrelazando los dedos. Era la primera vez que le daba la mano. Se sonrojó levemente y levantó la cabeza para mirarle, pero Kagami apartó la mirada. No quería que ella viera que él también se había sonrojado. La peliazul sonrió, cada vez le gustaba más.
[...]
- ¡Shutoku! ¡Shutoku! ¡Shutoku!
No quería decirlo en voz alta, pero Mei se sentía agobiada. Por suerte, el entrenador la había enviado a los vestuarios a por unos papeles que se le habían olvidado, por lo que tenía un poco de tiempo antes de entrar al campo para tranquilizarse. Shutoku era uno de los reyes, debería habérselo esperado cuando se unió: muchísima gente los apoyaba, era algo normal, y debía ser genial. Para los jugadores, claro. Respiró hondo y se apoyó en la pared cerrando los ojos, hora de entrar al campo de juego.
- El año pasado, los tres reyes destruyeron a Seirin triplicando su puntuación.
- Puedes decir lo que quieras, pero la diferencia de fuerzas es absoluta. Incluso si nos encontramos de nuevo en el campeonato, la historia se repetirá.
Al entrar, lo primero que vio fue a los jugadores mayores ya preparados en la zona del banquillo, esperando instrucciones para comenzar el calentamiento. Pero ninguno de los dos titulares de primero estaban allí, para sorpresa de la chica, que le había parecido oírles hablar. Por suerte, al menos el peliverde era sencillo de encontrar, una rápida mirada bastó para verle. Takao estaba con él, como no, pero había alguien más con ellos. Y cuando le vio, Mei no pudo evitar que un nudo se formase en su garganta.
-No, solamente puedes especular el pasado. No sabes que pasará hasta que juegues, Midorima-kun - en ese momento un chico de pelo azul claro se acercó a ellos, o tal vez había estado allí desde el principio pero simplemente no había notado su presencia.
- Kuroko, no me agradas - comentó el peliverde al verle - No puedo adivinar lo que estás pensando, especialmente por tu mirada. Hay muchas cosas que me gustaría decirte, pero no tendría sentido hacerlo ahora. Primero pasa a las finales.
- Hablas mucho - le dijo Takao a su compañero con aburrimiento, para después acercarse a Kuroko y pasarle un brazo por los hombros - Eres uno de ellos, fuiste a la escuela con Shin-chan, ¿verdad? No dejes que te moleste, es solo un tsundere. En realidad él está bastante intrigado contigo. Incluso fue a verte en tu primer juego de las preliminares.
- No deberías inventar tantas historias, Takao - se apresuró a contestarle Midorima.
- ¿Por cuánto tiempo piensan seguir hablando? ¡Prepárense! - les gritó el capitán desde el banquillo.
- Bien - respondió Takao comenzando a caminar hacia ellos, seguido por Midorima.
Mei no quería pasar por allí, quería salir corriendo antes de que Kagami le viera. Había sido una estúpida al pensar que el pelirrojo no la vería allí, una estúpida y una ignorante. Aún no la había visto, estaba concentrado en Midorima, tal vez podría salir de allí... y quedar como una cobarde. Se preocupaba por nada, el pelirrojo no le diría nada, ella lo sabía. Y no había hecho nada malo.
- Kuroko, te demostraré lo ingenua que es tu manera de pensar - dijo Midorima, parándose durante un instante antes de continuar su camino - Vamos, Mei.
La chica asintió y pasó entre los dos jugadores de Seirin. Entonces notó los ojos rojos del número 10 fijos en ella, e incluso le pareció escuchar una exclamación de sorpresa. Levantó la mirada para verle y saludarle, pero se le quitaron las ganas en cuanto vio su expresión. Sus ojos rojos no la miraban de la misma forma que habían hecho los días anteriores. Kagami estaba enfadado.
(Continuará...)
