Capítulo 10.

- ¿Ya en casa? - preguntó el señor Abukara al salir del salón y ver a su hija en la entrada, quitándose la chaqueta que estaba empapada - ¿Qué tal el partido?

- Perdimos - murmuró ella dejando la chaqueta en el perchero, sin girarse para mirar a su padre - Voy a cambiarme.

El hombre la miró irse, un poco preocupado porque estuviese tan fría y distante. Aunque era algo normal, Mei nunca había sabido cómo llevar bien las derrotas, aunque no es que hubiese sufrido pocas en su época de jugadora. Por suerte, era de esas personas que miraban siempre hacia delante y que, en lugar de hundirse, buscaban la manera de salir adelante. Volvió al salón, ahora que Shutoku había sido eliminado del Interhigh la chica tendría más tiempo libre, por lo que una idea estaba conformándose en su mente. Tal vez fuese el momento.

Por su parte, Mei había subido a su habitación y se había puesto directamente el pijama. Miró su teléfono, tenía un mensaje de Takao en que le explicaba que él y Midorima habían perdido al resto del equipo, con la tormenta que estaba cayendo... La peliazul ni siquiera se molestó en contestarle, después de todo, no tenía nada que ver con ella, si se habían quedado atrás era cosa de los dos chicos de primero. Como mánager debía preocuparse de ellos en la cancha, no fuera de ella.

Aunque una parte de ella se preguntaba cómo se sentiría Midorima, era la primera vez que perdía un partido así. Y contra Seirin. Aunque había sido un buen partido, el peliverde había jugado bien y había explotado todo lo posible sus triples. Pero finalmente su ex-compañero, Kuroko Tetsuya, había sido mejor. Y también el número 10 de Seirin, Kagami Taiga, su ahora ex-novio.

Sonaba raro, a pesar de que ya habían pasado varios días desde que lo habían dejado, tras que él descubriese que ella era la mánager de Shutoku y, además, amiga de uno de los chicos de la Generación de los Milagros. Incluso sonaba más raro que cuando pensaba en él como novio. Y, de alguna manera, le dolía. Desde que habían hablado sentía una extraña presión en el pecho, algo que no había sentido nunca. ¿Culpabilidad? Tal vez. Bueno, en unos días más se le acabaría pasando. Después de todo ella era Abukara Mei, había pasado cosas peores que un simple corazón roto. Y, desde luego, no iba a recurrir a películas ñoñas y helado de chocolate. No era su estilo.

Aunque claro, tampoco era su estilo salir corriendo detrás de alguien para arreglar las cosas como había hecho con el pelirrojo. Nunca en su vida se había arrastrado por nadie, nunca, ni siquiera con Midorima a pesar de la cantidad de veces que se habían peleado. Pero por Kagami lo había hecho. Al acabar el partido de Shutoku había salido corriendo, esperando que el chico aún estuviese allí. Había conseguido encontrarle y, aunque él dejó claro que no quería hablar con ella, con su terquedad habitual consiguió que le dijera algo. Claro que, pensándolo a posteriori, tal vez habría sido mejor no hablar.

- Claro, porque tal vez ahora me digas la verdad, ¿no?

El pelirrojo no había necesitado decir nada más, pero el tono sarcástico y la manera en que evitaba totalmente mirarla lo habían hecho por él. Si cerraba los ojos podía ver perfectamente la expresión del chico, su mandíbula marcada mientras intentaba no decir nada más borde, sus puños apretados intentando controlar su enfado, incluso le parecía que en sus ojos podía verse algo como dolor. Mei entonces se apartó y le dejó irse, porque no sabía qué decir, no entendía qué había hecho tan grave para hacerle tanto daño como para no querer ni mirarla.

- La cena ya está en la mesa - dijo su padre desde la puerta sacándola de sus pensamientos. Mei asintió y se levantó de la cama para bajar a la cocina - ¿Estás bien?

- Sí, un poco cansada por el partido. Venga, vamos a cenar.

Los días siguientes en Shutoku fueron bastante aburridos. Haber sido eliminados del Interhigh fue un duro golpe para el equipo, más del previsto. Sobre todo para Midorima, quien comenzaba a admitir que su manera de jugar tal vez no hubiese sido la más correcta.

- Mei, ¿qué haces hoy? - le preguntó un par de días más tarde durante la comida. Después de todo, el entrenador les había dado un pequeño descanso antes de comenzar a trabajar de cara a la Winter Cup.

- Nada, ¿por qué?

- ¿Quieres que vayamos a jugar un uno-contra-uno?

Hacía muchísimo tiempo desde la última vez que habían jugado juntos al baloncesto, tanto, que la pregunta pilló por sorpresa a la peliazul. Por supuesto, aceptó. No tenía nada mejor que hacer y se le apetecía jugar, no lo hacía desde la última vez que había salido con Kagami. Además, no quería pensar en el pelirrojo, necesitaba tener la mente ocupada. Y los partidos amistosos con el peliverde siempre eran entretenidos, aunque acabase mayormente en una derrota para ella.

- ¿Cómo es que has querido venir a jugar? - preguntó ella cuando se apartó para coger un botellín de agua y descansar un poco. El marcador iba 18-12 a favor del peliverde, que no había parado de encestar triples por mucho empeño que pusiera la peliazul en pararle.

- Lo necesitaba.

Mei asintió y volvió a la pista, preparada para seguir jugando. No necesitaba preguntarle nada más, entendía perfectamente cómo se sentía el peliverde. Quería jugar, quería ganar. Era algo que ella había sentido muchas veces, siempre tras una derrota. La mejor manera de superar algo así siempre es tener otro partido. Así que, mientras la oportunidad no llegase, cosa que no sucedería hasta la Winter Cup, ella jugaría con él, para que soltase la adrenalina.

Los movimientos de la chica no eran malos, pero poco - o nada - podía hacer contra el peliverde, por lo que la diferencia de puntos seguía aumentando a medida que jugaban. Aún así, seguía dando el 100%, mientras pensaba en lo diferente que era eso a ser la mánager del equipo. La verdad, solo había decidido serlo para estar cerca de la cancha, pero no era lo que ella se esperaba. Era poco más que la chica de las botellas y las toallas, si acaso, una analista para el equipo. Y los datos no se le daban bien, ella siempre jugaba por instinto.

- ¿Crees que me equivoqué al unirme como mánager? - habían decidido dar el partido por acabado, siendo el resultado final 42 a 31.

- ¿Por qué lo preguntas?

- No lo sé, la verdad. Es algo que simplemente me ha venido a la cabeza últimamente.

Lo sabía, aunque solo admitía la verdad a medias. Una parte de ella, una parte que intentaba callar de todas las maneras que se le ocurrían, sabía que una de las razones era Kagami. Cada vez que pensaba en sí misma como mánager, se le venía a la mente la imagen del pelirrojo al descubrirlo. Vale, lo habían dejado porque ella había mentido, no por el hecho de ser mánager. Pero su mente no lo razonaba así.

- Creo que solo tú puedes saberlo - explicó Midorima, viendo que ella no le iba a dar más explicaciones pero intuyendo que había algo más detrás de esa reflexión - Piénsalo bien, y decide luego qué hacer. Si te has equivocado, la solución es sencilla.

No era la respuesta que quería escuchar, pero sí que era lo que esperaba oír. Después de todo se trataba de Midorima, no le diría simples elogios para complacerla, sino que razonaría y utilizaría la lógica para contestar. Pero tenía razón, nadie podía decirlo por ella. Tendría que pensarlo bien antes de actuar, no quería volver a equivocarse por actuar por impulso. El entrenador Nakatani no parecía ser el tipo de persona que aguantaría sus irracionalidades.

Midorima decidió cambiar de tema y hablaron un rato más sobre las clases, le preguntó por Masa y otras trivialidades, aunque no tardaron en irse. El peliverde se ofreció a acompañarla a casa, pronto anochecería, pero ella se negó. Nunca había necesitado que alguien la acompañara y no empezaría ahora, aunque le prometió, a regañadientes, que le enviaría un mensaje al llegar a casa.

Por el camino pasó por el parque donde había conocido a Kagami por primera vez y los recuerdos la inundaron de nuevo. Evitar pensar en él estaba resultando más difícil de lo esperado. Las palabras de su última conversación volvieron a su cabeza y comenzaron a repetirse una y otra vez, a pesar de que intentaba tener otras cosas en la cabeza. Cuando quiso darse cuenta, había comenzado a correr en dirección a su casa, como si así pudiese dejar atrás a los recuerdos. Pero ellos eran más rápidos.

Llegó a casa casi sin aliento. Mientras se quitaba los zapatos comenzó a pensar una excusa para poder encerrarse en su habitación. A su padre podría engañarle y fingir que seguía afectada por el resultado del partido, pero no sería tan fácil hacerlo con Hanae. Ella parecía tener un sexto sentido para esas cosas y, a decir verdad, a la peliazul no se le apetecía hablar de ello. Solo quería olvidarlo.

- Mei, por fin estás en casa - le dijo su padre apareciendo en la entrada - Quiero presentarte a alguien.

Al levantar la cabeza la chica no pudo evitar que sus ojos se abrieran con sorpresa. Al lado de su padre había una mujer de unos treinta cinco años como mucho, muy guapa. Tenía el pelo rubio, largo y ondulado, además de llevar flequillo abierto, dejando ver unos ojos verdes y grandes que llamaban la atención. Estaba maquillada de manera natural, lápiz, rímel y probablemente algo de base, pero se notaba que incluso sin maquillaje era guapa. A Mei no le gustaba y estuvo a punto de hacer un comentario desagradable, pero su padre fue más rápido.

- Esta es Kitajimi Yui, - explicó su padre con una sonrisa, girándose para mirar a la mujer de pelo rubio y cogiendo una de sus manos entre las suyas - mi novia.

- ¿Novia? - preguntó ella con estupefacción. No podía creerlo, su padre no le había hablado de ninguna novia.

- Sí, así es. Llevamos juntos ya casi seis meses, así que pensé que era el momento de que os conocierais.

- La cena está lista, señor - Hanae apareció en ese momento, dándole algo de tiempo a la chica de pelo azul para asimilar lo que su padre acababa de decirle.

El ambiente en torno a la cena no era el más cómodo del mundo, por decirlo de manera suave. Hanae se había retirado tras servir la cena, dejando solos a Mei, su padre y la novia de éste. La peliazul miraba de reojo a Yui, cuando ella hablaba con su padre, y cada vez le gustaba menos. Estaba claro que era una snob, solo había que mirarla.

- ¿Sabes, Mei? Yui fue animadora de los Lakers hace un par de años - explicó su padre, intentando que la joven dijera algo y se llevara bien con su novia. Después de todo, él sabía que los Lakers eran el equipo americano favorito de Mei.

- Qué bien, entonces es bailarina - comentó con sarcasmo.

- En realidad soy modelo - intervino la rubia, con una sonrisa. No había notado el sarcasmo en el tono de Mei, aunque su padre sí - Ese trabajo solo fue pasajero, quería probar algo diferente.

La peliazul quiso echarse a reír, pero la mirada de su padre le decía que ni se le ocurriese. ¿Modelo? Si tenía alguna duda acerca de que esa mujer le caía mal, acababa de disiparlas. Lo que le faltaba, aguantar una charla incesable sobre ropa y complementos, o peor, sobre maquillaje. Solo podía preguntarse por qué su padre traería a alguien así a casa. La peliazul fijó la vista en su plato, pero parecía que estaban esperando a que dijese algo.

- Bueno, me parece normal que tu trabajo de modelo te aburriese.

Su padre dio un golpe a la mesa, molesto con la actitud de Mei. No solo no estaba siendo amable, ni siquiera educada, sino que además aderezaba la cena con comentarios bordes. La chica fijó sus ojos grises en los oscuros de su padre, desafiándole a decir algo. Ambos sabían lo que estaba pensando el otro. El señor Abukara estaba cansándose de los desplantes de la chica, mientras que Mei no pensaba cambiar solo para que una desconocida estuviera a gusto.

- Veo que ya están acabando con el plato principal, - comentó Hanae apareciendo de repente, como si hubiese intuido lo que estaba pasando - ¿quieren que traiga el postre?

- Yo no voy a tomar postre - replicó Mei levantándose de la silla - Me voy a mi habitación, estoy cansada. Un placer conocerte, Kitajimi Yui.

Su padre la dejó irse, tal vez fuese lo mejor. Suspiró mientras escuchaba los pasos de la chica subiendo la escalera, antes de mirar a su novia murmurando una disculpa. Yui le sonrió y le cogió la mano, comprensiva.

Mei cerró la puerta de golpe al entrar en la habitación, para después ir hacia la cama y comenzar a golpear la almohada para desahogarse. No podía creerse que su padre tuviese novia y no le dijese, y lo peor de todo, que la trajese a casa por sorpresa. ¿Acaso creía que se iban a llevar bien? Por favor, se notaba de lejos que esa mujer era una snob insoportable, justamente el tipo de personas que más odiaba la chica de pelo azul en el mundo. Tan solo le quedaba confiar en que su padre hubiese aprendido la lección y se diera cuenta de la realidad. Con un poco de suerte no tendría que volver a soportarla.

Pero la suerte no estaba de su lado.

(Continuará...)