Capítulo 11.

- Oh, otra vez llego tarde y, de nuevo, están perdiendo.

El partido Seirin-Tôô no estaba siendo un camino de rosas para el primero, a pesar de que no estaba la estrella de Tôô, el antiguo as de la Generación de los Milagros: Aomine Daiki. Kise Ryota acababa de llegar a ver el partido y, a decir verdad, el resultado no era demasiado sorprendente. Tampoco era preocupante, el partido acababa de empezar. De pronto, vio una figura que le resultaba familiar. O, más bien, un pelo verde que lo hacía.

- ¿Midorimacchi? - dijo el rubio, llamando la atención de su ex-compañero, quien se giró sorprendido.

- ¿Kise? - la caja sorpresa de juguete que llevaba el peliverde se abrió con el movimiento - ¿Cómo supiste que era yo?

- ¿Acaso eres estúpido? Esas gafas de sol son embarazosas, quítatelas, por favor. ¿Y por qué la caja?

- Es el objeto de la suerte de hoy, por supuesto - explicó Midorima, algo más tranquilo, para estupefacción de Kise.

- ¿Es eso? Les dijiste a todos que no querías venir a ver el partido, - comenzó a decir el rubio, cambiando de tema y acercándose más al peliverde - pero estás aquí de todas formas.

- No digas eso - Midorima estaba un poco molesto por lo que había dicho el rubio, y rápidamente buscó una excusa - Es solo que estaba cerca.

- Mentiroso.

Solo entonces se dio cuenta Kise de que su antiguo compañero de secundaria no estaba solo. A su lado había una chica, que le resultaba conocida, la cual no había quitado la vista de la cancha desde que él había llegado. Tenía el pelo azul oscuro, corto, apenas le llegaba a los hombros. Vestía una sudadera negra muy típica, con capucha y cremallera, que llevaba abierta, y unos pantalones vaqueros. Nada especial, a decir verdad, aunque eso era mucho mejor que el creer que unas gafas de sol le harían irreconocible, como pensaba Midorima.

- Midorimacchi, ¿quién es ella?

Kise alzó un dedo para señalar a Mei, quien se giró sorprendida y algo molesta por esa actitud. Midorima se llevó la mano al puente de las gafas, tomándose un minuto antes de contestar. Le parecía una pérdida de tiempo tener que explicarle quién era ella y qué relación les unía. Además, sabía lo que estaba pensando el rubio, pero también sabía que no le dejaría tranquilo hasta que contestara. Por desgracia, Mei fue más rápida.

- ¿Y a ti qué te importa?

Fue el turno de Kise de sorprenderse, no se esperaba esa respuesta. Pero pronto sus labios esbozaron una pequeña sonrisa, ¿acaso ella pensaba que conseguiría intimidarle así? Nada más lejos de la realidad.

- Abukara Mei, una amiga de la infancia - se apresuró a decir Midorima. Sabía cómo eran ambos, no quería que comenzaran una discusión. Esperaba que ahí acabase todo.

- ¿Abukara? ¿Cómo el jugador de baloncesto? - Mei no pudo evitar poner los ojos en blanco, de verdad que odiaba conocer gente nueva precisamente por eso, porque siempre le preguntaban por su padre - Qué decepcionante.

No. El rubio no acababa de decir lo que ella había oído, era imposible. Pero la sonrisa burlona de él indicaba lo contrario. Mei tuvo que controlarse para no cogerle por el cuello de la camisa del uniforme de Kaijo y lanzarle contra la pared. ¿Hablaba de decepciones sin tan siquiera conocerla? ¿Quién se creía que era? Claro, estaba en la Generación de los Milagros y además era modelo, no podía esperar otra cosa que no fuera una prepotencia increíble, digna de otro mundo.

- A ver cómo demonios lo digo ahora sin dejarte a la altura del betún... - dijo la peliazul pensativa, pero lo suficientemente alto como para que él la oyese - No acepto opiniones, ni consejos, de idiotas que ni siquiera saben jugar por sí mismos al baloncesto, sino que necesitan copiar a otros.

Así que la hija de Abukara, el ex-jugador de baloncesto, sabía quién era él. Bueno, desde luego a Kise no debería sorprenderle, por dos motivos. En primer lugar, estaba viendo un partido de baloncesto, si le interesaba mínimamente el deporte sabría quienes eran la Generación de los Milagros. Y, por otro lado, era amiga de Midorima, claro que conocía a todos ellos.

- Si sabes quién soy y cómo juego no deberías hablar así. A menos que puedas vencerme en un partido, claro. Y, déjame adelantarte algo, no puedes.

Mei cerró los puños con fuerza, siendo consciente de que lo que decía Kise era cierto, no podía vencerle. Claro que no por lo que insinuaba él - una gran diferencia de nivel -, sino porque su tobillo no resistiría el enorme esfuerzo que supondría pararle por sí misma. Aún así, la sonrisa burlona del rubio la enfurecía. Daría lo que fuese por poder jugar contra él, y por borrar esa estúpida sonrisa de modelo de su cara. Y pensar que durante un tiempo opinaba que era el más guapo de la Generación de los Milagros... Guapo pero sin cerebro.

- No siento necesidad de dejarte mal tan pronto - la chica de pelo azul sonrió, como si estuviese segura de sus palabras, como si no fuesen mentira - Primero intenta mejorar y ganar algún partido, ¿o quieres volver a acabar llorando como tras el partido contra Seirin?

Vale, ese era un golpe bajo, pero de alguna manera tenía que responder. Midorima la miró confuso, que él supiera, ella no había visto ese partido. Aunque una idea acerca de cómo lo podía saber comenzaba a formarse en su mente, prefirió ignorarla por el momento.

- Ya basta - dijo con seriedad, adelantándose al rubio que iba a replicar - Parecéis niños de cuatro años discutiendo así, es vergonzoso.

Mei sintió el impulso de replicarle, pero sabía que era mejor no hacerlo. Además, probablemente tenía razón, se estaba comportando como una niña. Se cruzó de brazos y volvió a mirar la cancha, dándole la espalda a los dos ex-jugadores de Teiko.

- Entonces, ¿cómo va el partido? - preguntó Kise, haciendo caso al peliverde y cambiando de tema. Tampoco para él era agradable estar discutiendo de una manera tan tonta, a decir verdad.

Cuando se pusieron a hablar del partido, la chica dejó de escucharles. Hasta que oyó el nombre de Momoi, Momoi Satsuki, la ex-mánager del equipo de Teiko. Había oído hablar de ella, y no sólo de Midorima. Cuando ella jugaba, la chica de pelo rosa era conocida en la liga femenina por sus habilidades analíticas. Tenía una mente increíble para el baloncesto. Dentro de la liga, había dos tipos de opiniones: aquellas que creían que sería genial que la pelirrosa se hubiera decidido a jugar, y aquellas que creían que si estaba en un banquillo, aunque fuese como mánager, era porque no servía como jugadora. Mei siempre había sido de este último grupo.

Aún así, la respetaba. Mucho más ahora que había sido mánager de un equipo y conocía la dificultad de ese trabajo. Mei no había sido de ayuda para Shutoku, no sabía estar en el banquillo, al contrario de Momoi que parecía haber encontrado ahí su lugar. La miró durante unos instantes, mientras Midorima y Kise seguían hablando sobre ella, y se dio cuenta de algo. La mirada de Momoi era tan dura como la de cualquier oponente a los que ella se había enfrentado.

- ¡Un alley-oop de un hombre!

Las palabras la hicieron volver al partido. Kagami intentaba la misma jugada que había utilizado contra Shutoku, pero Tôô estaba preparado y supo bloquearle. A partir de ese momento, la defensa de Tôô parecía saber predecir que haría Seirin en todo momento, incluso cuando se trataba de jugadas que no habían utilizado antes. Midorima dio una explicación, pero Mei no se molestó en escucharle, el partido estaba demasiado interesante.

Al finalizar el primer cuarto, Tôô iba por delante, pero Seirin estaba resistiendo. No pudiendo evitarlo, los ojos de Mei se pararon en Kagami. Si alguien podía hacer algo contra Tôô era él. Sintió como sus manos se cerraban con más fuerza en torno a la barandilla que había frente a ella, sus nudillos estaban más pálidos e incluso su expresión había cambiado. Le molestaba verle, hacía que se sintiera una tonta. Además, todos los recuerdos volvían a ella, los buenos y los malos. En dos palabras, le dolía. Por una parte quería salir de allí, no volver a verle. Pero otra parte de ella, una parte mucho más masoquista, no podía apartar los ojos de él.

- Seirin lo tiene difícil - dijo Midorima mirando directamente a Mei, esperando que ella saliera de su trance y le respondiera. Pero Mei tan solo asintió.

El segundo cuarto comenzó bastante bien para Seirin, con un buen ataque de Kagami que acabó en canasta. Parecía que el pelirrojo estaba en plena forma. Pero, para sorpresa de todos los que estaban viendo el partido, Kagami fue sustituido por Koganei.

- ¿Por qué ella haría algo como eso ahora? - preguntó Kise confundido, refiriéndose a la entrenadora de Seirin.

- No es una mala entrenadora, - respondió Midorima, a quien también había sorprendido el cambio de jugadores pero que reconocía la labor de Riko - tiene que haber una razón.

- Las piernas de Kagami-kun no responden como deberían - murmuró Mei, atrayendo la atención de los dos jugadores.

Midorima la miró especialmente sorprendido, ¿cómo podía saberlo? A ella no se le daba bien acertar con ese tipo de cosas, no tenía esa habilidad de observación. ¿Tal vez hubiesen hablado y Kagami le hubiese comentado una molestia? Le resultaba difícil de creer, sobre todo después de haberle visto en el restaurante de okonomiyaki. El peliverde había notado como Kagami quería preguntarle algo, pero finalmente no lo había hecho. Y Midorima tampoco quiso decir nada, no delante de Kise y Kuroko. El peliverde también había notado las miradas que el pelirrojo lanzaba al banquillo de Shutoku durante el partido. Y eso, unido al cambio que había sufrido la actitud de Mei... No sabía qué tipo de relación había tenido Kagami con ella, pero desde luego había llegado a su fin. Y a ambos los había dejado tocados.

Mei no había estado segura de lo que pasaba hasta que Kagami se sentó en el banquillo, siendo reprendido por Riko nada más hacerlo. Durante el mate, a la chica le había dado la sensación de que la caída del salto había sido extraña, pero pensó que eran solo imaginaciones suyas. Cuando la castaña hizo el cambio, entonces lo entendió. Durante el partido contra Shutoku, Kagami había saltado mucho, muchísimo. Probablemente había llevado sus piernas al límite, de ahí las molestias.

No tardaron demasiado en volver a enviar a Kagami al partido, pero había sido tiempo suficiente para que Tôô aumentara la diferencia de puntos. Mei no quería que el pelirrojo volviera a jugar, pero entendía mejor que nadie que él quisiera hacerlo. Solo podía creer en Riko, en que si ella lo enviaba era porque podía jugar. No quería ni pensar en lo que pasaría si el pelirrojo se lesionaba en serio, sabiendo lo mucho que adoraba él el baloncesto.

- Ten cuidado, por favor - murmuró ella, sin saber muy bien a quién.

- Aominecchi ha llegado.

De nuevo, Mei se había perdido en sus propios pensamientos y no sabía que estaba pasando. Pero las palabras de Kise la hicieron volver a la realidad. En la cancha había un jugador con el uniforme de Tôô, al lado de Kagami. Aomine Daiki, la estrella de la Generación de los Milagros.

- ¿De verdad es tan bueno? - preguntó Mei. Solo le había visto jugar un par de veces, en Teiko, y había escuchado lo que decían de él.

- Ahora lo sabrás.

Los jugadores de ambos equipos se concentraron a un lado de la cancha, dejándoles el lado contrario a las dos estrellas.

- Aislamiento - comentó Kise reconociendo la estrategia.

- Para permitir que ciertos jugadores especiales se muevan libremente, los demás se reúnen de un solo lado. Hay varias razones para usar esa técnica, pero en esta situación parece exactamente lo que es. En otras palabras, es un uno a uno entre las estrellas del equipo - explicó Midorima.

Mei asintió, había visto esa técnica en alguna ocasión, aunque no demasiado a menudo. El balón finalmente llegó a Aomine, quien se libró de Kagami para después pasar a Hyuga. Pero no pudo marcar, puesto que el pelirrojo consiguió alcanzarle y pararle bajo la canasta, con un salto de tremenda altura. El contraataque de Seirin tampoco tuvo éxito, pues Aomine le devolvió el favor a Kagami, haciéndole un tapón a su vez. El segundo cuarto llego a su fin, con Tôô a la cabeza.

- Es rápido, pero eso no es todo, ¿verdad? - preguntó Mei girándose para mirar a los dos ex-compañeros del chico.

- No está jugando en serio - admitió Midorima.

Mei asintió y volvió la mirada a la cancha, a tiempo de ver como los dos equipos desaparecían en dirección a los vestuarios. Kise y Midorima se pusieron a comentar algunos detalles del partido, pero ella les ignoró deliberadamente. Estaba preocupada, si de verdad Aomine era tan bueno, forzaría a Kagami al límite, y si sentía molestias en la pierna... Le recordaba a ella misma, al partido en que todo había acabado para ella. Esperaba que lo del pelirrojo no fuera tan grave, ni Riko tan estúpida como para permitir que eso pasase.

Quería verle. Quería salir corriendo hacia el vestuario y pedirle que tuviera cuidado, quería oír de su boca que estaría bien, que todo iría bien. Quería verle sonreír, que le acariciase la cabeza mientras sonreía para tranquilizarla. Quería todo eso, y sabía que no podía tenerlo. Y era lo que más le dolía.

La bocina que indicaba el inicio del tercer cuarto por fin sonó. Kuroko estaba en el banquillo, lo cual eran malas noticias para Seirin, pues perdían a uno de sus pilares. Pero no podía seguir jugando, ya había jugado toda la primera mitad, y le necesitarían al final del partido. No tenían otra opción.

El balón llegó a Aomine, quien superó a los defensas con rapidez y agilidad. Y, aunque Seirin intentó un rápido contraataque, pasándole el balón a Kagami cuando Tôô aún no había vuelto a su campo, Aomine llegó a tiempo para detenerlo. De nuevo el balón llegó al chico de pelo azul, que por fin dejó ver su verdadera habilidad al enfrentarse a Kagami en un uno contra uno.

- ¡Baloncesto callejero y un tiro desde detrás de la canasta...!

Era alucinante, simplemente increíble. Todo lo que había escuchado Mei sobre Aomine Daiki era mentira, porque éste era incluso mejor que sus historias. Y cuánto más avanzaba el partido, más claro le quedaba a la chica que no era un jugador normal, era un monstruo. Sus tiros no se parecían a nada que había visto antes, su velocidad y agilidad parecían de otro mundo. No podía creerse que de verdad fuese un chico de preparatoria.

Ella conocía bien el baloncesto callejero, después de todo, era donde había comenzado a jugar. Su primer equipo se había formado en la calle, en una cancha al aire libre a las afueras, cuando aún estaba en primaria. Después, ella y sus compañeras se habían inscrito en la misma secundaria, formando de cero un equipo de baloncesto y pasando a participar en torneos oficiales. Pero era como si Aomine le sacase a ella, o a cualquiera de sus antiguas compañeras, una ventaja de cien años luz. O mil.

- En todos los deportes, incluido el baloncesto, los movimientos fundamentales y su forma ideal han sido pulidos a través de la historia del deporte. Como han sido refinados hasta la perfección, sus opciones son limitadas y pueden ser predichos. Esto da paso a la batalla estratégica entre ataque y defensa. Ese es el juego. Pero él... - explicaba Midorima, ante la atenta mirada de la peliazul - Aomine no tiene una forma de tirar o esquivar específica. No tiene límites, es imposible defenderse en su contra. Es un anotador imparable.

Por algo era la estrella de la Generación de los Milagros. Y no tardó mucho en demostrar que se merecía ese título. A pesar de que cada vez Kagami saltaba más alto, Aomine era capaz de marcar, colocando su cuerpo casi paralelo al suelo. Y también podía pararlo en ataque.

- Da igual lo alto que salte, Aomine es siempre capaz de superarle... - comentó Mei, pensando que si lo decía en voz alta tal vez pudiese creerlo, porque parecía algo imposible.

Su corazón iba a mil por hora. Estaba emocionada por el partido, era algo increíble. Casi se arrepentía de no haber visto nunca antes a la estrella de Tôô jugar. Y, por otro lado, estaba preocupada por Kagami. Seirin estaba poco a poco hundiéndose en una espirar de recibir canastas y no anotar, no era algo fácil de asimilar. Psicológicamente, no podrían aguantar mucho más. Solo podían hacer una cosa.

- ¡Seirin, cambio de jugador! - anunció la megafonía.

- Kurokocchi...

El flujo del partido cambió, incluso parecía que Seirin podría remontar a pesar de estar 20 puntos por detrás. Pero la alegría solo duró un instante. Aomine era invencible, incluso paró el ignite pass de Kuroko, y sus tiros eran de lo más extraños. Pero siempre encestaba, daba igual cuantos defensas se le pusieran delante. El único que podía hacerle un poco frente, aunque no podía superarle, era Kagami. Pero el partido acabó pronto para él, Riko le sustituyó, probablemente por la misma razón que al principio del partido, pensaba Mei.

Se acabó, pensó ella. Era imposible que nadie parase a Aomine, y si no le paraban no podría reducir la diferencia de puntos. Se sorprendió al notar el sabor de la sangre en su boca, inconscientemente había estado mordiéndose el labio, intranquila. Ahora solo quedaba esperar a ver cuánto tardaría la moral de Seirin en hundirse, rindiéndose entonces.

- No se rinden - murmuró, sorprendida. La diferencia de puntos seguía aumentando, Tôô ya había ganado el partido. Pero Seirin seguía luchando.

- Ese es Seirin para ti - dijo Kise, respondiendo por primera vez en todo el partido a un comentario de ella.

El resultado final fue de 112 a 55, Tôô había doblado la puntuación de Seirin.

- Deberíamos irnos, Mei - dijo el peliverde- Nos vemos luego, Kise.

- ¡Eso fue rápido! ¿No te sorprenden estos resultados?

- Deberías preocuparte por Kuroko y no por mí. El juego de Kuroko fue completamente inútil contra Aomine, debió ser bastante duro psicológicamente. Además, Seirin es aún un equipo joven, no les será fácil recuperarse de esto rápidamente. Solo podemos esperar que no afecte a sus próximos dos partidos.

Midorima alzó la mano para despedirse de Kise y se dirigió a la salida, seguido por Mei. La peliazul iba callada y con la mirada fija en el suelo, pensando en Kagami. ¿Estaría bien? Era una pregunta estúpida, claro que no. Aunque el pelirrojo tenía una toalla en la cabeza al sentarse en el banquillo y no podía vérsele la cara, Mei podía imaginarlla perfectamente.

- ¿Pasa algo? - preguntó Midorima cuando ya estaban fuera del estadio.

- ¿Eh? - la chica alzó sus ojos grises al peliverde, y se esforzó en esbozar una sonrisa para no preocuparle - Solo me ha sorprendido el resultado.

- ¿Estás preocupada por Kagami? - se decidió a decir el peliverde directamente, viendo que con rodeos no conseguiría la respuesta que buscaba. Mei se sorprendió, pero intentó ocultarlo.

- ¿Por qué iba a estarlo? - replicó ella con frialdad, apartando la mirada de su amigo y fijándola al frente. Él suspiró.

- Por nada, claro.

Ambos continuaron caminando en silencio. Mei podía notar como Midorima la miraba de reojo de vez en cuando, buscando alguna reacción. Pero ella no cambió su expresión ni un ápice. Tal vez estuviese preocupada por Kagami, pero no podía hacer nada por él. Además, era él quien decidió que no quería verla más, así que no tenía sentido. Apartaría esas ideas de su mente, sin más. Y para hacerlo lo mejor era que nadie más lo supiera, ni siquiera el peliverde.

(Continuará...)


No puedo creerme que de verdad esté subiendo otro capítulo tan pronto... Un capítulo largo y aburrido, pero necesario para entender a Mei. ¡Pero es un capítulo, y en menos de una semana!

Muchas gracias a Ryû-chan (#sinAominenohaycapifeliz) y a Maracas-senpai por sus reviews. Espero no tardar 84 años en terminarla, aunque prefiero no decir nada por si acaso jajaja.

Nos leemos pronto (espero).