Capítulo 12.
- Voy a dejar de ser la mánager de Shutoku.
Los ojos de Riko se abrieron como órbitas ante tal declaración de Mei. La peliazul había ido a casa de la castaña para ver cómo estaba después de que su equipo fuese eliminado del Interhigh. Seirin había perdido los dos partidos siguientes, no pudieron recuperarse de la derrota contra Tôô, y además Kagami no había podido jugar. Riko se había mostrado animada, pensando ya en el siguiente torneo: la Winter Cup. Y cuando le había preguntado a su amiga por ese torneo, ella le había dado la gran noticia.
- ¿Pero por qué? Pensé que estabas a gusto allí - preguntó confundida la castaña.
- Y lo estoy, pero simplemente no es lo mío - explicó Mei. La respuesta no convenció a la mayor, por lo que Mei suspiró y miró al techo antes de continuar - Me gusta el baloncesto, muchísimo. Pero me gusta estar en la cancha y jugar, no estar en el banquillo. Yo juego por instinto. No sirvo como mánager.
Desde que lo había hablado con Midorima aquella tarde tras jugar un uno contra uno, había estado dándole muchas vueltas. Y en el partido de Tôô contra Seirin le quedó muy claro. Una mánager debía ser como Momoi Satsuki, capaz de serle de utilidad al equipo. La máxima utilidad que aportaba ella era volver al vestuario a por algo cuando se le olvidaba al entrenador, y muchas veces iba algún jugador del banquillo en su lugar. Lo había intentado, pero ser mánager no iba con ella.
- Bueno, supongo que si estás al cien por cien segura...
- Lo estoy - aseguró ella, y su mirada lo demostraba - Lo dejaré en las vacaciones de verano.
Riko suspiró, si había tomado una decisión no había nada que pudiera hacer para que cambiase de idea, no con lo terca que era la peliazul.
- ¿No será porque tu padre te ha ofrecido ir a algún sitio espectacular en vacaciones y no quieres que tu trabajo como mánager lo entorpezca? - preguntó la castaña en broma.
- Claro que no - respondió la peliazul riendo - Aunque nos vamos a Nueva York.
- Ahh, Nueva York - dijo Riko suspirando y mirando al techo - Yo también dejaría el equipo por un viaje así.
- No lo harías - rió Mei.
La chica de pelo azul no se quedó mucho más con la castaña, pronto estaba de camino a su casa. Tenía que pensar bien cómo le diría al entrenador Nakatani que dejaba su puesto de mánager, y también cómo decírselo a Midorima. Sabía que el peliverde no le diría nada, pero en cierto modo creía estar decepcionándole. Era una sensación extraña.
- Ya estoy en casa - dijo mientras colgaba su chaqueta en el armario de la entrada.
Su padre estaba sentado delante del ordenador de la sala, con los auriculares puestos, mientras que a Hanae no se la veía por ningún sitio. La chica se acercó para hablar con su padre, desde la cena con Yui había estado un poco molesto con ella. Pero sabía que no duraría mucho, ya casi no faltaba nada para las vacaciones de verano, las cuales pasarían los dos juntos en Nueva York. Además, su padre nunca aguantaba enfadado con ella demasiado tiempo.
- ¿Estás comprando los billetes de avión?
El señor Abukara dio un salto en la silla al ser sorprendido por la voz de Mei, quien miraba la página web de la compañía aérea para ver los datos del viaje. Saldrían el lunes por la noche y volverían el domingo, aunque aún no había seleccionado la hora del vuelo. Y entonces lo vio, el número de billetes. Su padre iba a comprar tres.
- ¿Por qué son tres billetes? - preguntó, entre confusa y enfadada.
- No quería que te enteraras así - dijo el hombre con un suspiro - Yui va a venir con nosotros a Nueva York.
Tenía que ser una broma, una broma de mal gusto. Pero por la expresión de su padre, Mei sabía que hablaba en serio. Frunció los labios y, sin decir ni una palabra más, subió las escaleras en dirección a su cuarto.
- ¡Mei!
A pesar de que había acabado de cerrar la puerta de su habitación con un portazo, la peliazul pudo oír claramente el grito de su padre. No podía creer que de verdad su padre estuviera haciéndole eso. Los viajes en las vacaciones de verano era algo de ellos dos, ¿por qué querría que la modelo fuese con ellos? Lo estropearía todo, estaba claro.
Se pasó la tarde encerrada en la habitación. Su padre había subido después de cenar para intentar hablar con ella, pero habían acabado discutiendo. Bueno, más bien su padre había gritado mientras ella suspiraba o ponía los ojos en blanco. Su aya estaba fuera y no había visto la discusión, pero el señor Abukara se lo había contado en cuanto hubo vuelto. También había subido a hablar con la peliazul, pero tampoco había conseguido ninguna reacción.
No podía creer que eso le estuviese pasando a ella, y más en ese momento. Tal vez debía hablar con Midorima para que el peliverde la llevase a ver a su adivina, puede que alguien la hubiese gafado. Primero tenía novio, rompía con él, y luego su padre decidía que era un buen momento para tener una relación seria. No es que Yui fuese la primera novia de su padre, pero nunca había durado con ninguna más de cuatro meses. Nunca había llevado a ninguna de viaje con ellos. Y, desde luego, nunca le había pedido a la peliazul que se llevase bien con ninguna.
Tal vez todo fuese una pesadilla. Sí, probablemente fuese una pesadilla. Tan solo tenía que dormir y al día siguiente todo estaría bien. Kagami y Yui solo eran parte de una pesadilla.
[...]
- Entonces déjame ver si lo he entendido... ¿Vienes al campamento tradicional de entrenamiento porque no quieres acompañar a tu padre a Nueva York ya que ha invitado a su novia, la cual te cae mal?
Takao, Midorima y Mei estaban en clase, en el descanso. El chico de pelo negro estaba de espaldas a su mesa mientras hablaban, con los brazos cruzados y cara de concentración. La chica de pelo azul asintió ante el resumen del chico, exactamente esa era su razón para irse al campamento. Takao comenzó a reír.
- Eres increíble, Mei-chan - comentó él sin parar de reír.
- No me parece una razón muy válida - dijo Midorima colocándose las gafas. Le parecía un motivo infantil, a decir verdad.
- No he dicho que sea válida - replicó ella encogiéndose de hombros.
No lo era, ella lo sabía. Se estaba comportando como una egoísta infantil, pero así era ella. Si su padre esperaba que fuera a pasar las vacaciones amargada por su culpa es que no la conocía en absoluto. Al día siguiente de discutir con él, la peliazul había ido a hablar con el entrenador Nakatani, para comunicarle que dejaba el equipo. Pero el entrenador la interrumpió antes de que pudiera hacerlo, hablándole del campamento y de cuáles serían sus funciones allí. No es que dichas funciones le encantasen - encargarse de la bebida, comida y de que todos los jugadores estuviesen al 100% mientras estuviesen allí -, pero Mei había visto la oportunidad de librarse del viaje a Nueva York. Pasar unos días más haciendo de mánager le parecía a la peliazul que merecía la pena, si con ello se libraba de tener que pasar más tiempo con Kitajimi Yui.
Los días siguientes en el equipo de baloncesto de Shutoku fueron un poco locura. Todos estaban de lo más nerviosos, por las vacaciones y por el campamento. Había muchas cosas que preparar, por lo que Mei se mantuvo ocupada. Aunque no lo decía en voz alta, agradecía tener algo con lo que ocupar su mente. Le había dicho a su padre que no iría a Nueva York y él no parecía habérselo tomado demasiado bien, pero tampoco le había dicho nada más. Hablaban poco desde su última discusión, y la peliazul prefería no estar demasiado tiempo en casa. Los preparativos para el campamento eran una excusa perfecta, y cierta además.
- Ten cuidado, recuerda mirar dos veces siempre antes de cruzar. Y si vas a la playa, ponte crema solar, ya la he puesto en tu maleta.
Mei sonrió mientras Hanae seguía dándole la charla. Estaba en la puerta de su casa, esperando a que la mujer terminase para poder irse a coger el autobús, donde la esperaría el resto del equipo. Su padre no había salido a despedirse, tan solo le había dicho adiós desde la cocina. La peliazul sabía que estaba enfadado, pero siempre acababa calmándose. Seguro que el viaje en Nueva York le daba la razón, su padre descubriría lo horrible que era esa modelo y le pediría disculpas a la chica por no haberla escuchado.
- Cuídate, mucho. Y pásalo bien - terminó de decir Hanae, dándole un abrazo a la chica.
- Nos vemos cuando vuelva.
Mei se despidió también de Masa, antes de salir de su casa para ir a Shutoku, donde estarían el resto del equipo y el autobús. Por suerte, no había mucha gente por la calle, por lo que pudo dar un tranquilo paseo para llegar. Fue la última, cosa poco extraña en ella, por lo que recibió una pequeña reprimenda del entrenador. Por suerte, hasta éste parecía de buen humor por las vacaciones, por lo que en seguida guardaron los equipajes y se subieron al autobús. Mei iba delante, leyendo los menús de entrenamiento que el entrenador Nakatani había preparado, y escuchando música para ignorar al mundo a su alrededor.
El viaje fue más corto de lo que a la peliazul le parecía que sería, probablemente porque se lo pasó entretenida leyendo y también durmió algo. El sitio no estaba mal, se esperaba algo peor. Es decir, el alojamiento tenía pinta de ser una porquería pero al menos la playa era bonita, y tenían un gimnasio en el que entrenar. Esperaba poder salir a correr por la playa, hacía mucho que no lo hacía.
Por ser la única chica tenía una habitación para ella sola. Bueno, si es que a eso se le podía llamar habitación. Era pequeña y no tenía ni un solo armario, pero había donde dormir y tampoco es que Mei fuese una persona muy organizada. Dejó la maleta a un lado y dio por finalizado su pequeña inspección. Justo a tiempo, pues al salir se encontró con Midorima y Takao con cara de pocos amigos. Especialmente el peliverde.
- ¿Qué le pasa? - le preguntó la peliazul al moreno, al ver que Midorima la ignoraba.
- Acabamos de encontrarnos con Kagami y Kuroko, de Seirin.
La cara de Mei palideció al escuchar las palabras de Takao. No podía ser cierto, tenía que ser una broma de mal gusto. ¿De verdad estaba Kagami en ese mismo lugar?
[...]
- ¿Se puede saber qué miras?
Mei se giró, mosqueada. Estaba en las afueras del alojamiento donde se quedaban para el campamento, jugando al baloncesto en una canasta callejera en el aparcamiento. Desde que había visto a Kagami en el gimnasio esa mañana, cuando los entrenadores de Shutoku y Seirin anunciaron que entrenaría juntos, no había podido mantenerse tranquila. Por suerte, Riko le había dicho al chico de pelo rojo que saliera a entrenar fuera, solo, por lo que solo le había visto durante unos minutos. Suficientes para ponerla de los nervios.
Desde hacía un rato, la chica notaba que alguien estaba observándola. Primero había intentando decirse a sí misma que solo serían imaginaciones suyas, pero tras un rato estando incómoda decidió girarse. Y allí estaba Takao, en uno de los lados de la improvisada cancha de baloncesto, mirándola divertido.
- Es la primera vez que te veo jugar - explicó él.
La chica de pelo azul apartó la mirada, pensativa. Verdaderamente, nunca había jugado con el moreno, ni siquiera delante de él. Cogió el balón de baloncesto y se lo lanzó a Takao, quien lo cogió perfectamente. Si bien sorprendido.
- ¿Tienes algo de energía aún? - preguntó la chica, con una sonrisa retadora - Venga, un partido. El primero que haga diez puntos gana.
Takao se rió antes de caminar hacia la chica, comenzando a botar el balón. Mei dobló ligeramente las rodillas, preparándose para defender.
- No creas que iré suave solo porque estés lesionada - informó el chico de pelo oscuro, sonriendo divertido.
- No esperaba que lo hicieras - respondió, también divertida, ella.
El "partido" no duró mucho, a pesar de que ambos estaban bastante igualados. Takao era rápido y tenía habilidad para regatear, pero cuando estaba cerca de la canasta e intentaba tirar, de alguna manera Mei aparecía para parar el tiro. Por otro lado, para la chica de pelo azul estaba resultando bastante difícil conseguir pasar a su amigo, tenía buenos reflejos y el ojo de halcón tampoco ayudaba a la chica.
- Me has ganado... - murmuró sorprendido Takao, mientras Mei se descolgaba de la canasta tras hacer un mate.
- Obviamente - respondió ella, comenzando a reír - Has estado entrenando, estás cansado. Estaba claro que yo ganaría.
- ¡No estoy tan cansado! - replicó el chico, que de pronto parecía molesto - Eres buena, Mei-chan. No lo entiendo, si puedes jugar así, ¿por qué dejaste el baloncesto?
La peliazul suspiró mientras se acercaba a buscar un botellín de agua, que había dejado fuera de la improvisada cancha de baloncesto. Se sentó en el suelo y cruzó las piernas, mientras Takao esperaba una respuesta. La chica le indicó que podía sentarse.
- Es... complicado - admitió ella, sin mirar al chico a la cara - El tobillo no me impide jugar continuamente, es más bien como... como una molestia. A veces se pone peor, claro, y entonces hasta ponerme en pie es doloroso.
- ¿Si jugases un partido te pasaría eso? - preguntó él. Una parte de su cabeza le decía que se estaba metiendo demasiado en un asunto que no era suyo, y conociendo a Mei temía un poco su reacción. Pero sentía muchísima curiosidad.
- No. Tal vez. No lo sé - Mei rió levemente, mientras buscaba las palabras - Creo que no. Podría jugar un partido en serio sin problemas. Tal vez dos, tres... Un campeonato. Pero si lo hiciera, llegaría un momento en que no podría más. Todo se acabaría.
- ¡Pero adoras el baloncesto! ¿No es mejor jugar un partido más que ninguno? - el chico de pelo negro comenzaba a exasperarse, las explicaciones de la chica le dejaban con más curiosidad que cuando no sabía nada.
- No lo es. Si juego y vuelvo a lesionarme, todo se acabará. Ni siquiera podré volver a jugar como acabo de hacer contigo. Por eso, precisamente porque adoro el baloncesto, no puedo arriesgarme. No podría pasarme toda la vida sin tocar un balón, sin saltar al aro. Prefiero no competir, pero poder seguir cerca del deporte que adoro, a competir un par de veces y tener que dejarlo definitivamente.
Incluso la misma Mei se sorprendió a sí misma, nunca se había sincerado tanto con nadie. Ni siquiera a su padre le había contado esto, el miedo que tenía. Quería jugar al baloncesto más que nada en el mundo, y esa era su razón para no jugar. Resultaba irónico.
Takao notó el cambio de actitud en la chica, de pronto parecía un tanto deprimida. Pero al mismo tiempo también parecía más relajada, como si hubiese soltado algo que llevaba mucho tiempo guardándose. El jugador de Shutoku quería hacer o decir algo, pero no sabía bien el qué. Con Mei nunca se sabía cómo podía reaccionar, seguramente se lo tomaría a mal si decía algo que pareciese compasión. Y estaba seguro de que le apartaría a golpes si intentaba darle un abrazo o algo por el estilo.
- No pongas esa cara, Takao-kun, nadie se ha muerto - dijo ella de repente, sorprendiéndole - Alégrate de que no tienes que jugar contra mí, porque está claro que en un partido oficial te daría una paliza.
- ¡Claro que no!
Ambos comenzaron a discutir entre risas, medio en broma, medio en serio. Estaban entretenidos en ganar su pequeña pelea que no notaron como alguien se acercaba a buscarlos. Midorima se quedó quieto de la sorpresa al verles tan animados. Era extraño que Mei estuviese hablando así con alguien, ¿tal vez comenzaba a abrirse? El chico de pelo verde sonrió, estaba preocupado porque Mei últimamente estaba deprimida, pero parecía que empezaba a recuperarse.
- El entrenador os está buscando - les informó, sorprendiéndoles. Takao fue el primero en levantarse y salió en la dirección de la que venía el peliverde, mientras que Mei fue más lenta.
La chica de pelo azul caminó en silencio junto a su mejor amigo en dirección al edificio donde dormía el equipo de Shutoku. Notaba la mirada de Midorima en ella y sabía que debía estar preguntándose a qué se debía la insólita amistad o buen rollo que había visto entre ella misma y Takao momentos antes. Pero no quería decírselo, le gustaba que estuviera intrigado, era algo inusual.
Cuando ambos entraban por el pequeño en el jardín que daba al edificio, se encontraron de frente con un jugador de Seirin que salía a dar una vuelta. Midorima llevó sus dedos vendados al puente de sus gafas, ¿de verdad tenía que encontrarse con él otra vez? Mei solo pudo abrir los ojos con sorpresa, antes de apartar la mirada a un lado mientras se mordía el labio.
Kagami intentó mantener la compostura al encontrarse con ellos de frente.
(Continuará...)
