"El primer capítulo, como podéis leer, nos muestra a Bill Weasley desde sus ojos. Ojalá os guste. Iré intercalando entre ambos personajes en los siguientes capítulos."
Anne, gracias por tu opinión.
Didi, espero la tuya.
Capítulo I
Bill se levantó; Errol había caído medio muerto en la mesita del bar.
No entendía como su madre seguía usando a la vieja lechuza y mucho menos cuando había escrito que se pasaría esa misma tarde por la Madriguera.
"Bill, cariño,
¿Cómo estás?, ¿ya te volviste a dejar crecer el cabello? Supongo que sí. Nunca entenderé como un alumno brillante puede lucir un aspecto tan desaliñado. Esta tarde verás como tu madre te deja guapo, ya estás en edad de buscarte una relación seria y estable..."
-Madre, si no pudiste cambiar a Charlie... Y seguir creyendo que asisto aun a Hogwarts- Suspiró y se saltó a la parte más importante, para ella.
"¿Es cierto lo que me contó tu tía Muriel?, ¿sales con esa chica que trabaja en ese sitio de mala muerte?
Cariño, tú necesitas y mereces algo mejor. Me niego a creer lo que ese viejo adefecio anda contando; cómo desearía que no fuéramos familia o la pondría en su lugar, pero Arthur es tan amable, tan paciente y comprensivo.
Mi gran orgullo;
tu madre que te quiere,
Molly."
-Errol, te envían a morir por un chisme de tía Muriel. - tomó a la lechuza y le echó agua en el pico con delicadeza.
-Bill. - levantó la vista y vio a Annabelle acercándose con snacks de lechuza - Toma, no sabía que Errol aun viviese. - la acarició con sumo cuidado.
-Gracias, Ann - bajando la voz y evitando mirar sin disimulo a la gente que le rodeaba, susurró - Lo siento, pero mi padre no sabe nada del paradero del tuyo. Intentó hablar con gente de confianza, pero...
Annabelle tomó su mano para detenerlo.
-Gracias, Bill, no sabía en quien confiar; hace un tiempo que llegaban amenazas para mi padre. Pero el... El que no debe ser nombrado no volverá, ¿verdad? No puede... Y mi padre sólo tenía este bar, la orden ya no sigue... - Errol depositó su cabeza en la mano de la chica y ese sencillo gesto provocó que ella dejara de hablar.
-Sé cautelosa, Ann y no comentes con nadie más lo que sucede. Di que tu padre se ha ido de vacaciones, si hace falta, donde unos parientes muggles.
-Hablando de eso, Bill. - arrugó la nariz y compuso un gesto de dolor. - Tu tía Muriel me envió una carta. - el chico se hundió en la silla, visiblemente incómodo - "Cómo si no bastase con la deshonra que Arthur nos hizo padecer, - recitó con tono de desdén - mi sobrino nieto debía fijarse en una hija de mestizos, ¿a dónde ha ido a parar nuestro antiguo prestigio?"
-Siento eso, Ann, - musitó - ya sabes como es de fastidiosa; la edad, me temo.
La chica soltó una estruendosa carcajada.
-El día en que esa mujer nació el cielo se oscureció y el aire olió a azufre y podredumbre. Bill, no me importa lo que diga, pero me tendrás que disculpar, porque le respondí.
El pelirrojo sonrió de forma nerviosa.
-Nunca vas a cambiar, Ann, te encanta provocar. Gracias a ti no me podré librar del corte de cabello. - Fingió sentirse muy miserable, mientras tomaba a la lechuza de la familia. - Cualquier novedad, te avisaré. - Abrazándola, susurró, - Tómate unas vacaciones, por prevención. ¡Errol agradece los snacks! - Agitó la mano a modo de despedida.
Salió del lugar, sin dejar de notar que la mujer que no le había quitado la mirada de encima todo el tiempo que estuvo ahí, también se había levantado.
Afortunadamente, él ya se había ido para cuando ella salió.
Annabelle y él fueron amigos en Hogwarts, siempre lo quería meter en líos; sobresalía en clase, era una chica muy popular, que vivía detrás suyo como una segunda sombra. Y no lo hacía porque sintiera algo por él, como su madre suponía, simplemente no podía dejar de soñar con que un día lo convertiría en un indisciplinado.
Ella fue la primera en sentirse orgullosa por su decisión laboral y la primera en ir a visitarlo a Egipto.
Y su madre pensando que ahí había amor.
Bill quería otra cosa, no sabía qué, pero deseaba encontrar una chica que no ansiara cambiar lo que era, que lo aceptara con pelo largo, aretes y ropa de cuero ceñida.
Que lograra acallar a su madre, ciertamente, era el primer requisito. Y que respetara a su sencilla familia; recordó, de pronto, esa ocasión en que había llevado a su primera novia a casa.
Su padre había sacado sus artefactos muggles y sólo bastó eso para que ella alzara la vista con petulancia y olfateara como si estuviera oliendo excremento de Doxy.
Antes que se marchara, Bill cortó con ella, y ya ni recordaba su nombre.
Para él era importante eso, porque su padre era un hombre muy sensible y bueno, no se había ganado padecer de esos disgustos.
Se alejó de sus pensamientos y vio la Madriguera a lo lejos y su corazón se regocijó por la felicidad de estar en su hogar.
Hasta que vio a Molly alzando unas tijeras a modo de saludo por la ventana de su cocina.
-Ay, madre, tu amor duele.
