Muy buenas a todos, como siempre, aquí tienen el capítulo. Realmente esperaba que a mi regreso las cosas fueran como antes, pero, no importa, no voy a perder los ánimos, seguiré hasta el final. En fin, disfruten el capítulo.


Desde lo sucedido aquel día, Rini sentía mucho más deseo de ver a Helios, aunque, ella no sabía dónde encontrarlo. Es más, ni siquiera conocía a su familia.

Solo conocía de vista a su madre, una mujer con un largo y ondulado cabello azul y ojos anaranjados, que, según Helios, se llamaba Esmeralda y él siempre se refería respetuosamente a ella como "Madre"; en cambio Rini, sólo con llamar "Mamá" a la Neo Reina Serena, ya tenía suficiente para no ser irrespetuosa con ella.

La joven de los brillantes ojos rojos no sabía nada sobre el padre de Helios, ni siquiera sabía si tenía hermanos. Él le dijo que sí, aunque no cuántos, si mayores o menores.

A Helios no le gustaba mucho hablar sobre su misterioso linaje, y a lo mejor tenía razón.

Su padre era, según él, un dictador en el reino que regía con puño de hierro, además de que parecía despreciarle demasiado, pues ni siquiera le dio la libertad de elegir a qué parte del mundo onírico quería servir.

Su madre era bastante gentil y amaba a todos aquellos que poseían sueños y esperanzas. Ella creía que todo ser guarda amor y bondad en su interior, incluso si era el cruel Rey absolutista del mundo de las pesadillas, su esposo. Helios la quería demasiado, estaba dispuesto a servirla y a seguir sus órdenes en todo momento.

Un día a Rini se le cumpliría el deseo de conocer a la familia de Helios, aunque no exactamente como ella lo había ideado.

Ese día el joven iba por la ciudad de Tokio de Cristal a cumplir un encargo de su madre, sin darse cuenta de que era seguido por sus hermanos.

En ese momento se topó con su amada, algo que realmente era como dinamita en ese momento, estando rodeado por su novia y sus tres hermanos mayores, (Un hermano y dos hermanas, que por cierto eran ambas muy entrometidas y sobreprotectoras cuando se trataba de su hermano pequeño).

—Rini, mi Princesa —Dijo él, a manera de saludo.

— ¡Hola, Helios! ¡El día de hoy luces increíble! —Exclamó la pelirrosa, con un rubor leve en sus mejillas.

—Gracias por el cumplido, pero... —Trató de buscar con la mirada el sitio que su madre le había indicado, sintió que estaba desubicado.

— ¡Que gusto verte! ¡Oh! ¡Mira qué bonito se ve cuando la nieve está cayendo! Es extraño, pues es primavera y ya no debería hacer frío —Exclamó juntando sus manos para atrapar algunos copos— Por cierto, Diana, Nicole y yo vamos a ir al parque ¿Quieres venir con nosotras?

—Me encantaría, pero ahora no puedo... Quizá otro día.

— ¿Lo prometes?

—Lo prometo —Dijo con una sonrisa, para después tratar de reconocer el lugar en donde se encontraba.

Entonces, de la nada sus dos hermanas se abalanzaron sobre él derribándole sobre el césped cubierto de blanca y fría escarcha.

— ¡Oigan! —Exclamó.

— ¡Ya verás, Helios! —Exclamó una de ellas, era algo parecida a él, salvo que tenía los ojos verdes y el cabello bastante largo recogido en una coleta, lucía un vestido blanco, pulcro y hermoso atado de la cintura con un lazo negro, además de algunas cintas en sus muñecas a manera de pulseras.

— ¡Le diremos a Madre que estabas con una chica en vez de hacer lo que te ha ordenado! —Le amenazó la otra, una chica de cabello oscuro y ojos verdes, muy bonita, vestía exactamente igual que su hermana mayor.

— ¡Minerva! ¡Alice! ¡Dejen de importunarme de esa manera! ¡Ya no soy un niño...!

—En eso tienes razón —Dijo la de la larga coleta azul— Pero igualmente sigues siendo el hermano pequeño, Helios, y no podemos permitir que nuestro hermanito se distraiga de sus deberes por estar coqueteando con las señoritas.

—Cállate —Le dijo él bastante sonrojado, levantándose del suelo a la vez que se sacudía la nieve de la ropa.

Rini miraba a los tres sin entender nada de lo que estaba pasando, hasta que una profunda voz intervino.

—Minerva, Helios ya no es ese niño al que te gustaba perseguir por los jardines hace ya cientos de años —Dijo el dueño de esa voz tan seductora, un joven muy parecido a aquella chica de cabello oscuro y ojos verdes, alto, bien parecido. Su vestimenta era similar a la de Helios, a diferencia de que él usaba una capa larga y negra que sujetaba con un broche rojo a su hombro.

—Lowell, aun así él es nuestro hermanito ¿O no, Alice?

—Sí —Respondió la chica de cabello oscuro— y nos preocupamos por él.

Helios puso los ojos en blanco, si algo le contrariaba era que sus hermanos le trataran como un chiquillo descuidado y torpe, cuando claro estaba que no lo era.

—Así que el hijo menor... —Susurró Rini, recordándole a Helios que ella también estaba presente.

—En efecto, soy el menor de cuatro hijos —Dijo Helios.

—Pensaba que eras el mayor, cuando mucho el intermedio... No te veo como el hermano menor —Agregó la joven con una risita bastante sutil.

— ¿Ella es tu novia? ¿La famosa Princesa Dama Serena? —Preguntó Alice, entrecerrando los ojos.

—Sí.

—Pensaba que estaría en su hogar, Princesa —Dijo Minerva resaltando esa última palabra.

—Voy a ir con unas amigas —Se excusó Rini.

—Lástima que a Alice y Minerva se les ocurrió saltar sobre nuestro hermano —Dijo Lowell— Nosotros que pensábamos darles la sorpresa...

— ¿Sorpresa? —Preguntaron ambos, confundidos.

—Sí —El muchacho carraspeó un poco— Verán, nuestras familias acordaron reunirse hoy para celebrar su relación, pero al parecer Minerva y Alice tienen la idea de que nuestro hermano es un niño que no sabe cuidarse solo, y el resto ya lo saben.

— ¿¡De verdad nuestros padres hicieron tal cosa!? —Exclamó Rini bastante emocionada— ¡Ay, vaya! Mamá y papá ni siquiera tuvieron la sutileza de avisarme —Dicho eso tomó su teléfono celular para llamarle a Nicole y preguntarle si se podía posponer lo del parque para otro día.

— ¿De verdad…? ¿Piensan que nuestro padre tenga que estar aquí obligatoriamente? —Murmuró Helios mientras su novia hablaba por teléfono.

—No sé qué tienes en contra de Padre, Madre dice que sólo es cosa de tenerle paciencia... Ya sabes cómo es él... Es exigente y no es muy fácil conseguir su aprobación —Le dijo Lowell.

—Y menos si soy yo quien la solicita… —Replicó el joven peli azul en un susurro casi imperceptible.

Rini cortó la comunicación con Nicole y miró a Helios.

—Bien, permítanme llevarlos al palacio, aquí hace mucho frío... —Dijo ella, tratando de ser cortés.

Los muchachos caminaron guiados por la Princesa hacia su residencia.

Los hermanos iban conversando sobre algunas cosas, Helios llevaba una expresión de desgano en el rostro ¿Por qué ellos tuvieron que aparecer y armarle una escenita en frente de Rini?

Al llegar ahí, la joven contempló nuevamente a aquella hermosa mujer del cabello azulado, los ojos anaranjados y el vestido blanco con una secuencia lineal multicolor que empezaba en su pecho y terminaba en el suelo, a sus pies.

Tenía entendido que a pesar de ser también una reina, muy a diferencia de su madre, no le gustaba el término "majestad" para que se refirieran a ella ¿La razón? Simplemente no la sabía. Sus amigos más íntimos y su esposo le llamaban por su nombre, sus hijos "Madre".

—Lowell, Minerva, Alice, Helios, mis queridos hijos —Los saludó de mayor a menor, con tono suave y cordial.

—Madre —Respondieron los cuatro al unísono haciendo algún tipo de reverencia frente a ella.

La Neo Reina Serena se colocó al lado de Esmeralda y observó detenidamente a los cuatro muchachos.

Rini les miró sin entender lo que pasaba.

—Bueno, y, ¿Su esposo tardará aún en llegar? —Preguntó la Neo Reina.

—Eso creo... Es un hombre muy ocupado.

«Y un tirano también» Pensó Helios.

Su padre era Lord Deus, se sabía que ese no era su nombre real, si no que era el que él decidió utilizar al ser nombrado Amo de las Tinieblas y los Temores, regente absoluto del Imperio Pesadilla y Rey de las sombras.

Su madre Esmeralda, Reina de los bellos sueños, guardiana suprema de los anhelos y de las esperanzas de los seres humanos.

Su hermano mayor, Lowell, soberano y guardián de las Pesadillas, futuro Rey de las Tinieblas.

Sus hermanas, Minerva, guardiana de los sueños de amor, encargada de cuidar de todos los corazones que tienen el sueño de compartirse con una persona especial, y Alice, guardiana celestial de los bellos sueños, encargada de proteger a todos aquellos seres que tenían un buen corazón.

Y él, nuestro joven protagonista, era Helios, guardián de los sueños de las personas, soberano legítimo de Ilusión.

A pesar de que no le permitieron elegir a quién quería servir por ser el menor de los cuatro, a él no le disgustaba en lo más mínimo, porque le era muy agradable cuidar de los sueños de las personas, y mientras no dejaran de creer en sus anhelos, él siempre tendría ese deber, además de que fue gracias a ello que conoció a su Princesa.

Las madres de ambos estuvieron charlando un rato, hasta que se sintió esa atmósfera helada que a Helios le erizaba la piel, era nada más y nada menos que la presencia de su padre en la inmensa sala.

Se trataba de un hombre muy alto, de cabellos largos y oscuros. Era idéntico a Lowell, sólo que con rasgos más maduros en su rostro y una barba bastante rara, tenía una presencia poderosa, algo que hacía que todos le temieran y respetaran.

Helios lo presento ante los padres de Rini como el Amo de las Tinieblas y los Temores, y no menos importante que lo anterior, su padre.

A Rini le parecía intimidante, tenía una mirada con la que parecía que podría matar a alguien con sólo verle a los ojos, que se parecieran al frío y oscuro vacío; muy a diferencia de Helios, en cuyo mirar ella veía reflejadas las luces del infinito.

Esa tarde, los padres de la Princesa y la madre del joven guardián estuvieron conversando sobre sus hijos y lo felices que estaban con su relación. El padre de Helios permaneció callado, mientras sostenía la mano de su esposa y observaba a su hijo menor, quien estaba nervioso.

Concluida la reunión, al estar ya en el palacio de Ilusión, Helios se sintió un tanto más tranquilo, pero ni bien terminó de pensar que todo había salido bien, sintió un frío recorrerle el cuerpo, una presencia bastante inquietante y una gran mano tomarle el hombro, mientras esa voz fuerte y penetrante, aunque con tono sosegado, le decía:

—Tenemos que hablar, te esperaré en mi despacho después de la cena, no demores ni un minuto más.


Nota de la autora: «Algo ocurre ahí adentro, no se puede detener ya, lo que sientes no puedes controlar. Tu corazón ya no puede, es muy grande para ti, lo que sientes no puedes controlar»