Muy buenas noches a todos, ¿Saben? He estado pensando en cambiar mi nombre de usuario xD pero no estoy segura de eso.

Ya no actualizo tan seguido porque estoy estudiando para un examen muy importante, así que no tengo mucho tiempo para ir editando los capítulos. No estoy segura de qué tan seguido pueda subir un capítulo nuevo...

Por cierto, recomendaría a quienes siguen la historia releerla pronto, pues tenía errores que debo corregir (supongo que los habrán notado). Sin más, espero les guste el capítulo y me dejen un review.


Rini no sabía qué iba a hacer, estaba aterrada.

¿Y si era cierto lo que sospechaba? ¿Qué iban a decir sus padres? Probablemente le dirían que informase a Helios para que hablaran de ello, pero ¿Cómo si acababa de abandonarla?

No tuvo más remedio que conseguir un test de embarazo, rogando que su madre o las chicas no se enteraran.

Cuando regresó de la farmacia, decidió verificar sus sospechas.

Esperó un rato, y luego miró si el test ya marcaba el resultado, su rostro se puso pálido, aunque no sabía exactamente que significaban aquellas dos rayas.

Leyó las instrucciones nuevamente y su rostro palideció aún más, realmente estaba embarazada.

No supo que pensar en ese momento. Sintió una rabia enorme, pero no hacia su futuro hijo, si no hacia Helios y hacia sí misma. Sintió vergüenza, dolor, tristeza, y no podía negar que definitivamente quería tener a ese bebé.

La joven suspiró nerviosa y llevó sus manos temblorosas a su vientre, con extremo cuidado.

—N-No te preocupes... Yo... Y-Yo voy a estar siempre contigo... — Habló con voz entrecortada, tratando de calmarse, pero no pudo más, se derrumbó ahí mismo, entre sollozos.

¿Debía tratar de contactar a Helios para decírselo? No le importaba, tomó su celular y trato de hacer una llamada, pero solo pudo dejar un mensaje.

—He-Helios... S-Sé que me dijiste que ya no querías saber nada más de mi... P-Pero... ¡Esto es un asunto importante! N-Necesito que lo hablemos... —Dijo apretando el teléfono entre su mano.

Soltó un suspiro y se acostó en su cama acomodando su ropa, para luego tomar el portarretrato de su buró, miró una foto de ella y su amado, ella con su uniforme escolar de camiseta blanca con un pañuelo negro y él vestido de civil con una camisa de igual color a la de ella, corbata aguamarina y una chaqueta gris.

Le recordaba mucho a las fotos que Serena tenía con Darien en el siglo XX, y también que solía creer que tendría una historia de amor tan bella como la de ellos.

— ¿Por qué hiciste esto...? Yo pensé que me querías... Y ahora te fuiste, llevándote mi corazón y dejándome con un pobre bebé en mis entrañas... Pero, no te preocupes, que yo lo cuidaré y lo educaré muy bien, para que sea una buena persona... Y... No necesitaremos de ti... —Se enderezó para luego sentarse en la orilla de la cama— Yo no necesitaré de ti... ¡NUNCA MÁS...! —Gritó llena de ira, arrojando al suelo el marco con la fotografía, que al chocar contra el suelo se rompió.

Se recostó nuevamente mirando el techo, perdida en un mar de pensamientos...

—Rini ya se tardó mucho — Dijo Miranda, hija de Lady Mercury, una joven de cabello ondulado aguamarina que le llegaba a la cintura, de ojos azules y tez blanca.

—Es cierto — Agregó Atenea, la hija mayor de Lady Jupiter, era una chica idéntica a su madre, tenía el mismo color de cabello y ojos, además de que también era la más alta de todas.

—Y el trabajo final que pidió nuestra profesora es para mañana — Dijo Nicole, hija de Lady Mars, una joven de cabellos rizados de color negro y ojos rojizos mientras enroscaba sus tirabuzones en un dedo.

—No importa —Dijo Mina, quien, obviamente, era hija de Lady Venus, una rubia de ojos azules cuyo cabello caía sobre sus hombros y el resto estaba adornado con un lazo naranja, muy al estilo de su madre—, nos graduaremos este año, así que ¿Qué más da?

—No —Le reprendieron las otras—. Tenemos que buscarla.

—Yo lo hago —Dijo Nicole.

—Voy contigo —Apoyó Miranda.

Ambas chicas fueron a buscar a Rini, en el camino se toparon con Lady Mercury.

—Muchachas, ¿Qué hacen? —Preguntó.

—Buscamos a Rini, mamá ¿Tú la has visto?

—No, pero me supongo que estará en su cuarto, vamos, yo las acompaño.

Las tres se aproximaron a la habitación de Rini y Miranda llamó a la puerta.

— ¿Q-Quién es?

—Nicole, Miranda y Amy —Dijo Lady Mercury.

—Rini, ¿Se te olvida que hay que acabar ese informe? —Le cuestionó la joven pelinegra, quien empujó la puerta y las tres pasaron al cuarto. Se encontraron con la joven cepillándose el cabello frente al tocador, con los ojos algo rojos e hinchados de tanto llorar.

— ¿Te sucede algo? —Curioseó Nicole.

—Estoy mareada…

—Ven, seguro que pronto se te pasa. Te ayudaremos a hacer tus tareas... —Le dijo Mirada.

—N-No me siento bien... —Dijo la pelirrosa levantándose de la silla, ni bien apoyó los pies en el suelo cayó desfallecida frente a las chicas.

Cuando abrió los ojos miró a sus dos amigas y a Amy a su lado.

— ¿Por qué se desmayó? —Preguntó Miranda.

—Ha de tener bichos en el estómago —Dijo Nicole.

— ¿Cómo crees? —Le preguntó Lady Mercury.

—O ha de estar embarazada —Agregó Miranda, a manera de broma.

—No lo creo —Replicó su madre.

—Tienes razón, mamá —Dijo Miranda.

—Yo digo que sí tiene bichos, los últimos días ha estado comiendo mucha comida chatarra —Gruñó Nicole—, además, ¿Cómo va a estar embarazada? Rini ni siquiera ha hecho nada indebido con Helios.

El rostro de la pelirrosa enrojeció de vergüenza.

— ¿¡O si!?

—Sí, ¡Sé que fue una tontería, una imprudencia y que no debimos hacerlo! Pero se supone que no debí quedar embarazada... ¡Tomé precauciones para que no ocurriera!

— ¿Y ya se lo dijiste a Helios? —Le preguntó Amy.

Rini negó con la cabeza.

—Terminamos...

— ¿¡Qué!?

—Ya no quiere saber nada de mí... Ni siquiera puedo decirle que seremos padres —Dijo sollozando.

—Pero, Rini —Dijo Nicole— ¿Cómo lo van a tomar tu mamá y tu papá?

—Me van a cortar en pedazos, cocinarme, comerme, quemar mis huesos y bailar sobre mi tumba —Respondió irónica.

—No lo creo —Dijo Amy, compasivamente— Serena se va a molestar mucho, Darien se va a sentir un poco mal, pero no te harán todo eso, son tus padres y solo quieren lo mejor para ti...

—Eso hasta que se enteren de mi embarazo, de que Helios me dejó y que he decidido tener al bebé.

—Se molestarán más por lo segundo, pero entenderán si les explicas como sucedieron las cosas, vamos, anímate...

—No les digan —Soltó Rini—, sólo ustedes lo van a saber; mamá y papá se enteraran después, cuando yo encuentre la manera de darles la noticia ¿Entendido?

Las chicas asintieron.

— ¿Y la tarea?

—No voy a ir a la universidad mañana —Espetó—. No me siento con ánimos de ir a ningún lado...

—Está bien —Dijo Nicole— Nosotras acabamos. Mañana le diré a la profesora que no te sientes bien.

—Gracias, Nicole —Le dijo Rini, bastante desanimada.

—Por nada —Respondió jugando con sus tirabuzones.

Las chicas salieron y Rini se volvió a quedar en soledad.

— ¿Sabes? Me gustaría mucho que algún día puedas entender que esto que está pasando es muy duro para mí... No quisiera que mi actitud negativa te haga daño... —Ella acarició suavemente su abdomen, con ese aire maternal que había despertado en ella— Es que... No creía que tendría un bebé tan joven y sin haberme casado... O estando sola —Soltó un suspiro—, bueno, no hay que pensar en eso...

La joven deliberó que aunque Helios se había ido de su lado, al menos le había dejado algo bueno, para siempre. Ese pequeño ser siempre iba a estar a su lado. Y había sido concebido con amor, aún si sólo fue ella quien tuvo ese sentimiento.

—Nunca pensé que se sentiría así —Agregó— ¿Puedes creerlo? Yo no, hace dos horas me enteré que vienes en camino y mírame, aquí estoy, hablándote, aunque en realidad dudo que puedas escucharme o entender lo que te digo... Aun así quiero que sepas que me hace feliz el que estés aquí... Todavía ni siquiera te conozco y no puedo evitar sentir un gran amor por ti. En realidad que ya quiero tenerte entre mis brazos...

Rini acarició suavemente su vientre.

—Un bebé de Helios... ¿No? —Preguntó apretando con algo de fuerza, mientras algo extraño sucedía en su cabeza. Sintió una sensación enorme de vacío, que la hacía sentir atrapada y hundida en aquel pensamiento que persistía, creciendo lentamente...


«Aunque no me puedes escuchar, siempre tú vas a estar en mis pensamientos y mi alma...»