Muy buenas a todos, aquí les dejo el siguiente capítulo de la historia, espero pronto poder subir la siguiente actualización. Sin más por el momento, disfruten del capítulo de hoy


Los días transcurrieron bastante rápido, hasta que se cumplió una semana para la princesa en su encierro. Había estado ahí, día tras día y noche tras noche, sin comer, dormir ni hablar con nadie, a pesar de lo insistentes que eran en ir a buscarla.

Sus ojos habían perdido su brillo, nublados por una profunda tristeza que cada vez crecía más. Su tez palideció considerablemente y había perdido su aspecto cuidado y saludable.

Si bien su estómago no paraba de gruñir, ella no le prestaba ninguna atención, estaba hecha un ovillo, echada sin más que una sábana que la envolvía sobre cama sin arreglar. No podía dejar de pensar en Helios, por algún extraño motivo seguía anhelando su calor, su presencia y más que nada, su voz.

—No lo entiendo... —Se decía la joven en voz baja, tratando de razonar una buena respuesta al por qué de ese sentimiento de angustia y tristeza.

Ella no quería creer lo que estaba pasando, quería mantener la esperanza de que Helios tarde o temprano iba a parecer y le explicaría que todo era un error, que le diría que en cuanto se vieran él iba a tomar su responsabilidad y hacerse cargo de su futuro hijo o hija...

Pero eso jamás pasó.

Ella se la pasaba hablando consigo misma, esperando que su bebé pudiese escucharla. Le decía que algún día iba a ir a buscar a Helios, aunque una parte de si le decía que no quería volver a verlo.

Estaba debatiendo consigo misma, sabía que necesitaba la ayuda de alguien a quien confiarle lo que pasaba... Pero ¿A quién? ¿A Diana? ¿A Setsuna? ¿A Hotaru? O quizá... ¿A su madre?

No lo sabía, dentro de su ser, sentía que la soledad era todo lo que necesitaba.

—Rini... —Le llamó la voz de Nicole— Todos en el colegio están muy preocupados por ti... La profesora dijo que si no te presentas vas a tener que recuperar...

—No me importa... —Interrumpió Rini— Ya no hay nada que me importe...

—Pero... Rini... ¿Ya has olvidado tus sueños? —Preguntó su amiga, del otro lado de la puerta.

Al oír eso ella se estremeció.

—Yo ya no tengo sueños... —Susurró Rini—, ya no tengo ninguna razón para seguir viviendo...

—No digas eso... —Dijo Nicole— Nos tienes a nosotras, tus amigas, a tus padres, a todos nosotros que tanto te queremos... No nos gusta que estés así.

—A nadie le importo, no sigas mintiendo… —Dijo en voz baja y rompió en llanto.

—Princesa... —Se escuchó una segunda voz tras la puerta de la habitación— No llore, nadie la quiere ver sufrir...

— ¡Por favor déjenme sola, Plu! ¡Ya no vengan aquí! ¡Díganle a todos, incluso a mi mamá, que ya no quiero ver a nadie! —Gimió entre sollozos— ¡Ya no lo soporto más...!

—Esa no es la Princesa que todos conocemos, no es la Pequeña Dama que el Rey Endymion y la Neo Reina Serena educaron —Dijo Setsuna, bastante seria.

—Cierto —Dijo Nicole— ¿Ya no te acuerdas? De niña siempre dijiste que nunca llorarías por un idiota que no supiera valorarte. Siempre dijiste que nunca te dejarías vencer… Si dices que ya no tienes razón para vivir... ¡Entonces ya no eres la Rini que todas admiramos, queremos y respetamos!

La dama permaneció en silencio. Sus amigas tenían razón, esa no era ella en realidad.

Se levantó de la cama, dejando caer la sabana en la que se había envuelto y abrió la puerta de su habitación, encontrándose con Setsuna y Nicole. Ambas se sorprendieron un poco por el aspecto descuidado que tenía la bella muchacha.

—Tienen razón... Está bien, ya no he vomitado tanto, así que... Volveré al colegio —Tras decir eso, Nicole la abrazó con fuerza, pero pronto se separó, feliz de ver a su amiga.

— ¿Se ha sentido mal? —Preguntó Setsuna.

—Un poco, Plu. No te preocupes, ya estoy mejor...

Setsuna asintió y Rini se fue con Nicole a estudiar con las otras chicas, sin darse cuenta de que alguien con un aura muy maligna las miraba y se introdujo sigilosamente en su habitación.

—Tus padres están en un viaje de negocios desde el martes y puede que no vuelvan hasta en la noche... —Dijo Nicole.

—Nicole... ¿Qué hice mal? ¿Por qué Helios me rompió el corazón de esa manera tan cruel? —Preguntó Rini con la mirada al suelo.

—Porque es un idiota y un... —Nicole meditó la palabra que estaba a punto de usar, pero pudo contenerse para no decir alguna vulgaridad— Bueno, el punto es que no eres la culpable... Él no tiene idea de la maravillosa mujer que dejó ir, tú eres una chica muy bella, de muy buen corazón y tienes mucho amor para ofrecer... No lo tomes de esa manera...

—Y... ¿Crees que soy una niña tonta...?

— ¡De ninguna manera! —La pelinegra estaba furiosa— ¿Él te lo dijo? ¡ARGH! ¡Es un completo...!

— ¡Nicole! —Le interrumpió la pelirrosa, para pacificarla

—Lo siento —Murmuró— Es que me da rabia lo que te hizo... Mira que no cualquiera finge amor tan bien como Helios... —Rini bajó la mirada, tras oír aquello— ¿Eh? ¡N-NO, NO, NO, NO, NO! ¡Discúlpame! ¡No quise decir eso...!

—Descuida... —Musitó, en tono muy bajo, casi como un susurro inaudible.

—Discúlpame Rini... No quería hacerte sentir mal... Oh, mira, ahí están las chicas.

Las jovencitas saludaron a la princesa, e igualmente, ésta les devolvió el saludo.

Estuvieron ayudándole a hacer las tareas atrasadas. Se dio cuenta de lo mejor que se sentía al estar ocupada en cualquier cosa que no la hiciera pensar en Helios ni en el problema que iba a explotarle en la cara si no hallaba manera de explicarle a sus padres que estaba esperando un hijo de él.

Estaba lista para volver a la universidad, no por ser la hija de los soberanos de Tokio de Cristal le iban a perdonar haber faltado tantos días a sus clases y a tan poco tiempo de graduarse.

Al día siguiente se levantó temprano, se duchó, se puso el uniforme y desayunó con todas las chicas en el comedor. Aunque eso de una forma u otra la hacía recordar esa peculiar tarde en la que habían invitado a Helios a cenar, cuando todo fue un incómodo silencio.

Todos sus compañeros la recibieron muy bien en el colegio, algo que le subió mucho los ánimos. Le comentó a la profesora que había estado un poco "enferma", pero que ya estaba mucho mejor.

Al final del día se reunió con sus amigas y fueron a comer algo de camino al palacio. Las jovencitas estaban muy felices, ya pronto iban a estar de vacaciones por dos meses y medio, eso significaba paseos, chicos lindos (algo que no era de extrañarse siendo ellas), nada de tareas, ni trabajos o profesores y descansar de sus obligaciones; aunque Rini solo tenía cabeza para pensar en qué iban a decir sus padres al recibir la noticia de que serían abuelos.

—El día de hoy el profesor preparó otro de sus extraños brebajes —Dijo Miranda— yo sólo esperaba el momento en que el laboratorio explotara.

—Eso te pasa por estudiar química —Dijo Mina— Yo prefiero estudiar literatura... Aunque mi profesor igual está loco... ¿Pueden creer que dijo que tenemos que acabar los tres libros que nos hizo comprar, antes de este viernes?

—Pues, a mí me gustaría ser una gran pintora —Dijo Atenea— Que bueno que en esa universidad nos dan clases de arte, aunque ser ingeniera también me encanta.

—Yo solo quiero aprender a hacer algo de provecho —Dijo Nicole, para luego darle un bocado a su hamburguesa—, a veces realmente las envidio, todas están decididas sobre lo que quieren hacer para vivir… Pero yo… Bueno, el diseño gráfico no es lo mío.

—Pero al parecer de Rini si —Dijo Atenea—, además de que es la mejor en la clase de artes… ¡Sus cuadros son tan hermosos que parecen sacados de un bello sueño!

—De igual forma, en el diseño no hay quien le gane a Rini ¿Verdad muchachas? —Preguntó Nicole.

La joven tenía una mirada taciturna sobre su hamburguesa, era obvio que no les estaba prestando atención por andar perdida en sus pensamientos.

—Rini… Tienes que comer —Le indicó Nicole.

—Necesitas nutrientes para el niño —Apuntó Miranda.

— ¿Qué? ¿De qué niño hablan? —Preguntaron Atenea y Mina al unísono.

—Eh... Estoy embarazada… —Explicó la pelirrosa Rini sin comer ni un bocado.

— ¿¡En serio!? ¿¡Por eso no te sentías bien!?

La chica asintió.

— ¿Es de Helios? —Preguntó Mina, mientras las otras tres la fulminaban con la mirada.

—Sí, es suyo —Dijo Rini con toda franqueza.

—Oh, pero que lindo —Suspiró Atenea—, nuestra Rini tendrá un bebé de Helios...

— ¡Ay, Rini! ¡Te dije que no tuvieras bebés antes que yo! -Bromeó Mina, inflando las mejillas.

—Pues, ¿Qué más da eso ya?, el bebé de Rini viene en camino y punto —Dijo Miranda.

—Oye… Pero, ¿No nos dijiste que Helios terminó contigo? —Preguntó Mina, desconcertada.

— ¡Ca-lla-te! —Gritaron las otras tres.

—Sí, Helios terminó conmigo, pero yo no lo necesito para nada —Dijo un tanto molesta.

Todo fue un gélido silencio durante unos minutos en que las cuatro amigas de Rini se lanzaron incómodas miradas de duda la una a la otra, hasta que finalmente decidieron volver a casa. Atenea pagó la cuenta y las cinco pasaron a retirarse para continuar el camino al palacio.

Al llegar, la pelirrosa fue directamente a su habitación y se encerró un buen rato a pensar si era cierto lo que había dicho a sus amigas, pero ella perfectamente sabía que no era así, su corazón todavía necesitaba de ese joven.

Al cabo de una hora escuchó a alguien llamar a la puerta de manera que pareció un tanto agresiva, por lo que se acercó a abrirla. Sin embargo, a unos cuantos pasos de la entrada de su habitación y a punto de tomar la perilla y girarla, escuchó una furiosa voz que le llamaba tras la puerta.

— ¡Serena, abre la puerta! —Se trataba de su padre, el cual por su tono de voz, no estaba nada contento.

— ¡Abre ahora mismo! —Se unió su madre, al cabo de unos minutos en que la joven se quedó helada en su lugar.

—Mamá, papá... ¿Qué pasa? —Preguntó con cierta desconfianza

— ¡Ya sabemos lo del bebé! ¡Tenemos que hablar! —La Neo Reina parecía estar incluso más molesta que el propio rey Endymion, cosa que aterrorizó a Rini, nunca oyó a sus padres tan enfadados; temblando, rodeo su vientre con sus brazos y retrocedió alejándose de la puerta.

— ¡N-No quiero! —Exclamó con todas las fuerzas que tuvo.

— ¡Abre ya! —La voz de su madre se oía cada vez más fuerte, cosa que ponía a Rini progresivamente más nerviosa.

— ¡N-No! ¡Déjenme en paz!

— ¡Serena Chiba Tsukino! ¡Abre la maldita puerta! —Vociferó Endymion, mientras Serena buscaba a la moza para que le diera la llave de la habitación de su hija.

Rini se ocultó en el fondo del enorme armario y escuchó a sus padres entrar al cuarto.

Al no verla, la neo reina Serena abrió las puertas del guardarropa y la sacó de ahí entre tropiezos.

— ¿¡C-Cómo pudiste ocultarnos algo así!? —Inquirió Serena, bastante enojada.

— ¿¡A caso no confías en nosotros!? —Preguntó Endymion.

—Mamá, papá, están equivocados... Cálmense y díganme cómo lo supieron.

La Reina le mostró a su hija aquel test de embarazo, el cual ella misma había ocultado muy bien en el interior de una gaveta después de enterarse que tendría el bebé.

— ¿De dónde lo...?

—Eso no importa —Dijo Serena— ¿Qué piensas hacer? ¿Ya le dijiste a Helios?

—N-No... Mamá... Helios rompió conmigo...

— ¿¡QUÉ!? —el rostro del Rey ardió de indignación— Infeliz... Confíe en él, le dije que te cuidara y ahora... ¡Ese miserable solamente se burló de todos nosotros y nuestra buena voluntad! ¡Si vuelvo a verlo por aquí…! —Serena puso su mano en uno de los hombros de su esposo, para brindarle un poco de calma.

—Pero aún no has respondido, hija, ¿Qué es lo que vas a hacer? —Le cuestionó su madre, sin dejar de verla con unos ojos llenos de severidad.

—Voy a tenerlo… —La joven bajó la mirada ante los rostros de enfado de sus padres, los cuales parecían un poco más relajados.

— ¿Estás segura? —Le preguntó su padre.

—Sí, es mío y lo quiero sin importar lo que Helios hizo… Mi hijo no es culpable de mis errores…

La Neo Reina suspiró, afligida.

—Mamá... Papá... Sé que no debí hacerlo… Pero… Lo amaba tanto que creía en él, creía en sus palabras… Me dijo que quería pasar el resto de nuestra vida juntos…

— ¡Ya basta, Serena! —Le interrumpió su madre bastante frustrada, Rini se asustó mucho, ya que la Neo Reina nunca la llamaba por ese nombre.

—M-Mamá... ¿P-Por qué? T-Tú nunca me has hablado así...

—Porque… Nunca hubiese querido que pasaras por esto… Pude proteger a mi hija de todos esos villanos… Peor no pude cuidarla de ese canalla... ¿Por qué…? Yo tengo la culpa… —Serena sollozó y caminó rumbo a la salida de la habitación.

—Mamá... Papá...

—Ahora no, Rini —El rey Endymion siguió a la neo reina Serena hasta la salida.

—Les prometo que...

—No más promesas —Le dijo Endymion— Hablaremos por la mañana, tu madre no se siente bien en este momento.

Rini trató de decir algo, pero no pudo, cuando al fin tuvo el valor, sus padres ya no estaban. De nuevo eran sólo ella y el silencio de muerte que invadía la habitación, acompañada con esos mortificantes recuerdos que su mente llevaba de un lado a otro dentro de su cabeza.

—Mamá... Papá... Tengo mucho miedo... —La pelirrosa soltó un ligero suspiro y cerró lentamente la puerta antes de que sus lágrimas comenzaran a caer descontroladamente por sus mejillas.

Si tan sólo tanto ella como Helios se hubieran dado cuenta de lo que estaba pasando en verdad, todo hubiese sido de una manera muy diferente…


Nota de la autora: «Siempre has ocupado un espacio en mi mente, del cual aún no puedo borrarte»