Capítulo 2

...

Effie salió lista para emprender su viaje arrastrando la maleta tras de sí; tuvo que tener cuidado de no tropezar con un gato negro que se atravesó en su camino.

― En serio Princesa, ¿vestida así?

Ella bajó la mirada, traía unos altos zapatos de tacón color camello, una falda gris claro de tubo, una ajustada blusa de botones con pequeñas florecitas y un suéter color coral.

― No veo motivo alguno para vestir como un vagabundo ― lo señalo ligeramente con el brazo ― solo porque vamos a hacer un viaje de varias horas en coche.

― Fastidiosa ― murmuró Haymitch.

― ¿Dijo algo?

― Vamos Princesa, mueve tu trasero y súbete ― le dijo Haymitch desde la puerta abierta de un viejo y pequeño coche que en algún tiempo fue de color naranja, pero ahora incluía parches de pintura gris.

― Por favor dime que ese coche es el que nos llevara hasta el verdadero taxi ― rogó Effie.

― Te informo que es un Renault 4. ¡Es clásico!

La rubia hizo un gesto ― Me lo temía ― caminó hasta él.

― ¡Es muy sólido! ― le dio varios golpes con el puño cerrado al techo ― Hermoso. Vamos.

― Por supuesto, sin las innecesarias bolsas de aire que molesten en caso de un accidente ― se asomó por la ventana del copiloto.

― No escuches a esa mujer ―. le habló al auto ― No sabe lo que dice.

Effie se le quedó viendo ― ¿Le importa? ― estaba en la parte de atrás esperando que abriera la cajuela.

Haymitch bajó la vista a su maleta ― ¡Ah! Claro ― y se apresuró a abrirla.

― Gracias ― le entregó su equipaje y dio unos pasos hasta la puerta del copiloto.

El rubio trató de meter el mango metálico dentro de la maleta y comenzó a levantarla y golpearla contra el piso.

― ¿Puede tener más cuidado con eso? Fue un regalo de mi novio.

― ¿Te compró una maleta?

Ella rio ― Es una Vuitton.

― ¿Qué diablos es eso?

― ¡Lenguaje! ― comentó ante su forma de expresarse ― ¿Una Louis Vuitton?

― ¡Vamos! ― dijo él algo incrédulo, nunca había escuchado si quiera la marca.

La rubia movió la cabeza negativamente y se alejó.

― ¿Eres tú, Louis? ¿Puedo ayudarte a subir al auto, Louis? ― levantó la maleta cuando pudo por fin meter el mango y la arrojó al interior de la cajuela sin mucho cuidado ― Le puso nombre a su maleta, ¡está loca!

Cuando Effie estaba a punto de abrir la puerta del auto, se acercó el chico rubio de la noche anterior ― No puede irse ahora señorita.

― ¿Por qué?

― Un gato negro se le acaba de cruzar en el camino. No puede iniciar un viaje cuando ve a un gato negro. Eso significa diez años de mala suerte.

― No Peeta, no es un gato es una urraca. Igual, son 15 años de mala suerte ― dijo la chica de ojos grises.

― ¡Trece! ― comentó el borracho que se cayó frente a ella la noche anterior.

―Entonces es bueno que no crea en la suerte… ― se giró para subirse.

― Debería ― comentó la chica ― Si va a subirse a eso.

Haymitch encendió el coche y este dio una sacudida.

Todos rieron.

― Buen viaje ― Peeta la despidió con la mano.

― ¡Basta ya chicos! ― Haymitch estaba sonriendo ― Les encargo el negocio.

― Claro Haymitch, ¡Buena suerte! Adiós ― se asomó la castaña por la ventanilla.

El coche avanzó bruscamente y Effie tuvo que colocar las manos al frente para no golpearse con el parabrisas.

― Les digo algo ― les comentó Peeta a los otros dos al ver el coche alejándose ― Me temo que se matarán el uno al otro.

― Sí, lo creo ― se giró Katniss hacia el bar ― ¡Vamos Peeta!

...


...

― Bueno, ya vamos en camino ― dijo Effie mientras el coche recorría un largo camino sin pavimentar rodeado de piedras ― Es solo el 27 de febrero. Todavía tengo dos días para llegar…

― Um hum ― se limitó a responder Haymitch ante tanta palabrería.

Ella estaba revisando un mapa de caminos de los distritos ― ¿Dónde estamos?

Pero el rubio no contestó, en cambio le dio una mordida a un gran emparedado y después eructó ante la mirada molesta de ella.

― Uh ― se puso discretamente un dedo para cubrir su nariz ― Quizás pueda llegar antes de que cierren las tiendas. Podría hacer alguna compra.

― Para eso vas al distrito Diez, ¿para comprar?

― No yo… ― volteó hacia el estéreo del auto que estaba encendido con el volumen un poco alto y lo apagó.

Haymitch solo lanzó una mirada algo molesto a su estéreo.

― Si quiere saberlo, voy a proponerle matrimonio a mi novio. Está en una conferencia médica allí. Es cardiólogo ― dijo orgullosa, se hizo el cabello para atrás y miró por la ventana ― Esperamos mudarnos a un apartamento fabuloso. De hecho, esperaba que me propusiera matrimonio la otra noche, pero no lo hizo.

Él tenía una sonrisa burlona ― ¿En verdad?

― Sí, y ustedes tienen esta gran tradición en la que una mujer puede proponérsele a un hombre el 29 de febrero de un año bisiesto.

Él dio otra mordida a su emparedado y con a boca llena preguntó ― ¿Sí?

― Sí ― sonrió ella ― Entonces pensé, ¿por qué no?

― ¡Sí! ― respondió él con un falso entusiasmo.

― Sí ― ella frunció el ceño, pero continuó sonriendo.

Entonces él comenzó a reír y ella lo imitó creyendo que estaba emocionado por sus planes.

― ¡Es la cosa más estúpida que jamás haya escuchado! ― volteó a verla, todavía riendo.

Ella se puso seria ― No lo es.

― Sí, lo es ― y de nuevo dio otra mordida a su emparedado.

― No, es una tradición romántica.

― Es para que las mujeres desesperadas puedan atrapar a un hombre que claramente no quiere casarse ― comentó de nuevo con la boca llena ― Debe saber que, si su hombre quería proponérselo, ya lo habría hecho.

Effie estaba muy molesta por sus palabras y se giró para verlo, después desvió la mirada hacia el emparedado que él sostenía en la mano, se lo arrebató y lo arrojó por la ventana.

Haymitch volteó a verla con los ojos muy abiertos y ella solo imitó su risa, pero él estaba muy molesto en verdad, así que apretó el botón de encendido de su estéreo y subió el volumen.

Ella volteó a ver varias veces el estéreo tratando de decidir lo que quería hacer, finalmente lo apagó, pulsó otro botón para expulsar el cd de música y ante la mirada atónita de él lo arrojó también por la ventana.

― ¡Nadie toca la música! ― frenó el coche abruptamente y desabrochó su cinturón de seguridad.

― ¿Está loco? ¡No sabe nada de mí o de Seneca! ― ella también desabrochó su cinturón y salió el coche, y comenzó a caminar a su lado mientras él se apresuraba a recoger su cd ― ¿Sabe lo que es? Un cínico. Es un solitario y amargo cínico.

― Mejor eso, ¡que un idiota! "Año bisiesto, ¡woo hoo! ¿Quieres casarte conmigo, woo hoo? Mi maleta se llama Louis, ¡woo hoo!" ― comenzó a imitarla y a dar pequeños saltitos.

― ¿Qué es, el duende de los amuletos de la suerte? ¿Sabe qué? Se acabó. No hablaremos más. No le pago para hablar ni para que me dé su opinión. Le pago para que maneje, así que vuelva al auto y maneje.

― Me parece bien, Princesa ― se apresuró a regresar al coche.

― ¿Qué es eso de Princesa? Ayer le dije que mi nombre es Effie ― pero cuando volteó, no pudo creer su mala suerte, al frente del auto había como siete vacas atravesadas en el camino.

Haymitch tomó una manzana de su coche y se sentó en una piedra cercana.

― ¿No hará nada al respecto? ― preguntó ella incrédula.

― Estoy haciendo algo. Estoy esperando que se muevan.

― ¡Por Dios! ― exclamó y se acercó cuidadosamente a las vacas ― Hola vacas ― saludó ― Miren, pasé las últimas 24 horas en el mismísimo infierno, y no permitiré que sus traseros blanco y negro me atrasen aún más, así que, si saben lo que les conviene, se moverán.

Las vacas continuaron mugiendo sin moverse si quiera un poco.

― Me sorprende que hable fluido el idioma vacuno ― le dio una mordida a la manzana.

― ¡Ahora! ― gritó ella y aplaudió tratando de que las vacas se movieran ― Así es, lindas vacas. Muévanse. Vamos ― comenzó a acercarse a ellas agitando más las manos.

― ¿Por qué no le propone algo a ellas? ― sonrió burlón él.

― Son grandes, vamos muévanse ― comenzó a saltar y darles pequeños manotazos.

― Sí, ahora se mueven ― mordió la manzana de nuevo ― Debe ser su personalidad.

― La suya es un poco más repulsiva, así que si quiere intentar…― las vacas en efecto comenzaron a salir del camino ― Así es. Así se hacen las cosas. No te quedas sentado como un tosco y bruto pueblerino del Doce.

Ella caminó orgullosa de lo que había logrado ― De nada ― abrió los brazos.

― Quizás debería mirar por donde pisa ― comentó al tiempo que ella pisó un gran excremento de vaca y él soltó la carcajada.

― Uh ― hizo cara de asco ― Zapatos de 600 dlls.

― Póngalos en la lavadora, estarán bien.

― ¿En la lavadora? ― se rio y se recargó en el cofre del coche para poder sacudir mejor el excremento que todavía traía embarrado en la suela de su zapato, pero en ese momento el auto comenzó a ir en reversa, estaban parados en una pendiente ― ¡Oh no! ¡Para!

El rubio se puso de pie de inmediato ― ¡Detenlo! ― le gritó dado que ella estaba más cerca del coche.

― ¿Qué quiere que haga?

― ¡Suba al auto y ponga el freno!

Ella trató de abrir la puerta el piloto pero se quedó con la manija en la mano.

Haymitch se lanzó a abrazar el cofre de su coche ― ¡Te tengo, bebé! ― trató de detenerlo, pero el auto agarró más velocidad y él se quedó tirado en el camino ― ¡Bebé! ¡No te lastimes!

― ¡Deténgalo! ¡Mi bolsa está adentró! ― corrió ella tras de él.

El coche se salió del camino y cayó en una zanja llena de agua.

― ¡Oh querida! Por Dios ― le habló a su coche.

Ella llegó a su lado y abrió la boca de horror al ver dónde había ido a parar.

― ¡Mi Renault 4! ¡Mira lo que has hecho!

― ¿Lo que yo he hecho?

― ¡No podías esperar a que las vacas se movieran solas! ― volteó él enojado.

― ¿No podías ayudarme? ― le reclamó ella.

― Va a costar al menos 200 dlls sacarla de ahí. Y no saldrá de mi bolsillo, saldrá del suyo ― le gritó.

― Jamás. ¡Tendrás que matarme antes de que te pague un céntimo!

Él volteó a verla ― ¡Por fin una buena idea!

...


...

Después de sacar las cosas del auto, Effie se apresuró a continuar por el camino, andando deprisa.

― ¿A dónde crees que vas, Princesa?

― Al distrito Diez ― dijo sin voltear a verlo.

― Espera. Esto se soluciona rápido. Solo hay que llamar al taller, pedir una grúa, subir al auto y estaremos en el distrito Diez en poco tiempo.

Ella se detuvo y volteó a verlo molesta.

― Solo cálmate, ¿sí?

Ella apretó los labios y continuó su camino. Se colocó su gabardina para no tener que cargarla y solo traer arrastrando su maleta en una mano y cargado su bolsa en la otra.

Haymitch caminó tras ella unos pasos más atrás, con las manos metidas en el pantalón.

De pronto se acercó a ellos una Van azul y les tocó el claxon.

― ¡Espere por favor! ― levantó una mano ella.

― ¡No me subiría ahí si fuera tú!

Ella giró para verlo ― Y tu opinión me importa porque…

La camioneta Van se detuvo.

― Bien, haz lo que quieras.

Effie corrió al tiempo que un chico de cabello castaño bajaba ― ¿Estás bien, cariño?

― Hola ― lo saludó.

― ¿Quieres que te llevemos?

― Sí ― contestó sonriente ― Voy al distrito Diez.

― ¡Oh! Es la linda ciudad el distrito Diez, donde las chicas son tan bonitas.

― Sí.

― Qué coincidencia, porque justo vamos para allá. Déjame ayudarte con esa vieja maleta.

― Es muy amable de su parte.

― No es problema ―

Ella volteó ella a ver a Haymitch quién ya estaba a su lado ― Y ni si quiera tuve que pedirlo.

El chico abrió la puerta corrediza de un lado de a Van y Effie vio a un chico rubio sentado adentro.

― ¡Buen día para ti!

― Buen día ― contestó ella.

El castaño subió su equipaje ― Es una maleta elegante, sin duda. Es de calidad. Puedes darte cuenta con solo verla, ¿sabes?

― Um hum ― sonrió ella.

El chico cerró de golpe la puerta y se subió a la Van.

― Bueno, diría que fue un placer, pero creo que ambos sabemos que… ― comenzó ella a despedirse de Haymitch.

― ¡Arranca de prisa, Marvel! ― escuchó que le gritó el otro joven que estaba en el interior.

La Van se fue.

― Espera ― gritó ella ― ¡No! ¡Espera! ¡Vuelve aquí! No puedes… ― corrió tras ella, y pronto se detuvo cuando supo que no la alcanzaría.

Haymitch pasó a su lado chiflando una canción.

― Ellos… ― ella no podía creer lo que le había pasado.

Pero el rubio la ignoró y esta vez caminó por delante de ella.

...


...

Después de mucho caminar Effie se topó con un establecimiento que tenía un viejo letrero afuera que decía:

BIG TRESH

Música en vivo siempre.

No hay comida.

Cerveza fría.

Ella entró al lugar y de inmediato una voz familiar la saludó.

― Ahí estás, Princesa ― dijo Haymitch con un gran tarro de cerveza en la mano ― Tan pronto como termine esto ― levantó su vaso de cerveza ― nos pediré una grúa.

― ¿Nos? ― preguntó ella casi sin aire, estaba agotada de tanto caminar ― No hay un nosotros. Voy a llamar a un verdadero taxi. Déjame en paz ― giró y se acercó a la barra.

― De acuerdo, Princesa.

― Disculpe ― llamó al cantinero y leyó el nombre que traía impreso atrás la camiseta de futbol que vestía ― ¿Tresh?

Un tipo alto y moreno se giró para verla ― Diga.

― ¿Tiene un teléfono, por favor?

Él le hizo señaló con la cabeza hacia la izquierda.

Ella sonrió ― Gracias.

― ¡Buen viaje! ― le dijo Haymitch al tiempo que comía cacahuates que le habían ofrecido de botana.

Un tipo alto y canoso estaba utilizando el teléfono y no parecía tener intenciones de colgar pronto.

Mientras esperaba, Effie vio la puerta entre abierta de un salón adjunto y puso cara de horror al ver a los dos jóvenes que le habían robado su maleta hacía una hora. La tenían abierta y se reían mientras se colocaban en la cabeza su ropa interior de encaje.

Effie volteó por un momento hacia donde estaba Haymitch, pero este estaba muy entretenido bebiendo y no reparó en ella. Así que decidió entrar por su cuenta.

― Fueron muy amables al cuidar mi maleta, pero ahora me la llevaré. Gracias ― se acercó a la mesa de los chicos.

El rubio de inmediato se puso de pie ― ¿Eso cree, señorita?

― Llamaré a la policía ― dijo ella al sentirse amenazada por los dos jóvenes.

― Oh ¿esto es de ellos? ― el castaño al que habían llamado Marvel, levantó un sostén entre los dedos.

Ella se los arrebató de inmediato ― Bueno, yo solo … ― no sabía qué hacer, los dos estaban muy cerca de ella.

La puerta se abrió de pronto a su espalda.

― Se terminó la diversión, amigos ― escuchó la voz de Haymitch ― Devuélvanle sus cosas.

El joven rubio la empujó hacia un lado ― ¿Y quién demonios eres tú?

― Nadie. Solo pacifico las cosas.

― ¿Sí? ― preguntó el otro ― Pues puedes largarte afuera ― y le lanzó un puñetazo al rostro.

Haymitch cayó de espaldas sobre una mesa de billar, pero con una patada derribó al joven rubio.

Effie se apresuró a tomar un tarro de cerveza de la mesa y se la lanzó en el rostro a Marvel y después le dio un fuerte pisotón, pero Haymitch lo derribó de un golpe en la cara, después se abalanzó sobre el otro que se había puesto de pie y volvió a derribarlo. Ella estaba muy asustada, pero se veía que su compañero sabía pelear muy bien.

Después de derribar a los dos chicos y que éstos salieran huyendo del lugar. Ella recuperó su voz ― Eso fue… impresionante.

― Auch ― Haymitch se sentó sobre una silla y tomó un tarro de cerveza frío para pegárselo en el pómulo.

Las puertas se abrieron de nuevo y entro de cantinero ― ¡Fuera!

― Es lo justo ― salió el rubio.

Effie volvió a sonreír antes de acercarse a Tresh ― Hola. Yo solo…― pero al ver la postura defensiva de él, continuó ― Debería tomar mis cosas he irme.

...


...

En esta ocasión caminaron uno al lado del otro.

― Debe ser alguien especial ― comenzó Haymitch.

― ¿Quién?

― Tu tipo.

― Oh ― trató de sonreír ella ― Seneca, lo es. Él es… Es un cardiólogo. ´

Él hizo un gesto ― ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

― Cuatro años.

Él apretó los labios ― Mmm…

― Mmm ¿qué? ― preguntó ella a la defensiva.

― ¿Cuatro años y no te ha propuesto él matrimonio? O le importa más su carrera médica o no eres la única mujer en su vida.

― ¿Qué? ― se sentía indignada ante lo que había sugerido ― Usted no lo conoce, él es un hombre intachable que jamás…

― ¿Lo es? ― la interrumpió.

― Sí ― contestó en un susurro, tenía el ceño fruncido.

― Entonces, simplemente su carrera médica es más importante para él que tú.

― No voy a discutir más esto contigo ― de nuevo lo adelantó en el camino.

Estaba realmente molesta, pero ¿por qué?, ¿quizás porque Haymitch tenía razón?, no, eso jamás lo admitiría en voz alta, aunque había acertado en algo, su carrera médica siempre venía primero que ella, pero bueno ¿no es la labor de los médicos, salvar vidas? Por otro lado, en el último año casualmente había asistido a muchas conferencias, ya fuera como ponente o simplemente como asistente, y también era cierto que jamás la había invitado a acompañarlo, aunque varias de ellas fueron en el distrito Cuatro y pudieron haber aprovechado para tomar vacaciones juntos, no, cuando salía con ella todo tenía que estar programado con meses de antelación. También en varias ocasiones él había estado impregnado con perfume de mujer que ciertamente no era el suyo o manchas de labial en el cuello de la camisa, pero siempre alegaba que los parientes de los pacientes que operaba, eran muy entusiastas a la hora de agradecerle y solían abrazarlo.

Decidió dejar de pensar en el tema o se volvería loca. Confiaba en él, tenía que repetírselo como un mantra, ella confiaba en su novio.

Más tarde llegaron a una vieja estación de autobuses.

Un hombre mayor estaba recargado sobre el mostrador.

― Buenas tardes ― saludó ella ― ¿Cuándo sale el próximo autobús hacia el distrito Diez?

― Llega justo a tiempo. El próximo autobús sale en dos horas y 43 minutos.

― Genial ― se apresuró a sacar la cartera de su bolsa.

Después de comprar el pasaje, tomó asiento en la vieja banca que estaba afuera.

Haymitch se sentó a su lado ― Ballycarbery.

― Sí, lo mismo para ti ―contestó ella al creer que se trataba de alguna especie de insulto.

― Allí. El castillo de Ballycarbery. Dicen que es una de las 10 maravillas del Norte.

Effie volteó a ver las ruinas que se levantaban arriba de la verde colina frente a ellos.

― Deben ser como 15 minutos hasta arriba.

― No ― negó con la cabeza ― No quiero perder el autobús.

― Es un buen punto. No pierdas el autobús.

― No.

Él se cruzó de brazos ― Solo tienes que esperar dos horas y media. El tiempo pasa volando.

Ella volteo a verlo ― Me quedaré aquí.

― Como quieras ― se puso de pie él.

― Sí.

Se acercó a ella un perro blanco y negro que parecía amistoso.

― Hola ― lo saludó y trató de acariciarlo, pero el perro comenzó a gruñir mostrando sus colmillos y trató de morderla.

― ¿Haymitch? ― le gritó ― Espera. Me encantan los castillos.

Comenzaron a subir juntos por la colina.

― Lamento que no llegaras al distrito Diez antes de que cierren las tiendas ― dijo él.

― Tengo otros intereses aparte de las compras. Tengo una vida. Un trabajo.

― ¿A qué te dedicas?

― Preparo apartamentos.

― Preparar apartamentos, eso es… Eso es… ¿Qué es eso?

Ella sonrió ― Cuando alguien vende un apartamento o una casa, llevo cosas y hago que se vea tan hermoso como sea posible.

― ¿Y se quedan con todo cuando lo compran?

― No, me lo llevo. Solo les presento las posibilidades. Les doy ideas.

― Espera. Haces tu trabajo, ¿no?

― Sí.

― Compran la casa, ¿no?

― Sí.

― Y luego vienes y te llevas todo de nuevo, ¿no?

― Sí.

― Eres una artista de la estafa ― sonrió él.

― No, no soy una artista… Eso es típico de ti. Piensas lo peor de todos.

― No.

― ¿No? Me encantaría saber de quién tienes algo bueno para decir.

― Puedo pensar en algunas cosas buenas sobre ti ― caminó unos pasos más, antes de detenerse y voltear a verla ― Dime una cosa, si tu apartamento se prende fuego, tu bello apartamento, ¿qué te llevarías?

― ¿Qué? ― ella frunció el ceño.

― Si tu casa ardiera y tuvieras solo 60 segundos, ¿qué te llevarías? Vamos.

― Yo… ― ella no sabía que contestar, la pregunta la había tomado por sorpresa.

― Vamos. ¿Al chihuahua en el edredón?

― No jugaré a esto contigo ― continúo subiendo, pasándolo de largo.

― Ahí tienes.

― ¿Qué te llevarías tú?

Él volteó a verla.

― Vamos. ¿Qué te llevarías? Si tu hermosa posada se prendiera fuego. Imagínate las llamas subiendo por las escaleras. Tienes 60 segundos ― comenzó a mover las manos ― Las botellas del bar están explotando. ¿Qué vas a agarrar?

― Sé exactamente lo que agarraría.

― Sí, ¿Qué?

Él le sonrió ― No te lo voy a decir.

― Criticas, pero no puedes recibir críticas, ¿no?

Llegaron al castillo.

― Es realmente… ― le faltaba algo de aire por la subida, aparte de hacerlo en tacones ― ¡Es un castillo!

Pasaron un arco y observaron lo que parecía un antiguo cementerio, y un poco más arriba, los restos de una torre y lo que fue siglos atrás, una gran entrada al castillo.

― Te lo dije.

― ¿Cuál es su historia? ― preguntó ella emocionada.

― Hace cientos de años, había una hermosa chica llamada Grainne ― comenzó a relatar él y ella se colocó a su lado ― La prometieron en matrimonio a un tipo llamado Fionn, que era un viejo líder militar amargado, lo suficientemente grande para ser su padre, incluso su abuelo, y por lo tanto, ella no estaba enamorada de él. De todos modos la noche de su compromiso, conoció a un joven y apuesto guerrero, Diarmuid. Se enamoraron locamente a primera vista, ¿pero qué podía hacer ella? Bueno, ella echó una poción para dormir en las bebidas de todos, y los dos escaparon por el rio. Fionn se despierta y ve que Grainne se ha ido. Se vuelve loco. Agarra a su ejército y sale en su búsqueda. ― continua relatando mientras entran en lo que fue el interior del castillo ― Pero la gente de los pueblos cercanos, sintió pena por Diarmuid y Grainne. Los escondieron en los bosques y en sus graneros y castillos, donde dormían una noche y luego seguían huyendo ― salió por lo que debió ser una puerta que conducía a la torre ― Vamos.

― ¿Es seguro?

― Claro ― la tomó de la mano y luego continuó su relato ― Dormir era todo lo que hacían, porque Diarmuid era tan buen hombre, que sentía culpa por el engañoso Fionn, y por respeto a él, no fue más lejos.

― Entiendo ― dijo ella y comenzó a subir por las derruidas escaleras.

― Sí.

Llegaron a lo alto de la torre y Effie se quedó impresionada con la vista que tenía frente a ella.

― Y luego llegaron a este castillo ― dijo Haymitch ― Y a esta vista ― se metió las manos en sus bolsillos.

― Wow ― exclamó ella al ver los valles y lagos que se alcanzaban a observar desde ahí.

― Y dice que, al no poder resistir a tanta belleza, aquí, en este lugar, ellos ― giró para verla ― Ellos consumaron su amor.

Sostuvieron la mirada durante varios segundos, después ella volteó hacia al frente ― ¡Oh por Dios! Estás coqueteando conmigo.

― ¿Qué?

Ella rio incrédula ― ¿Soy la joven mujer a punto de comprometerse que no puede resistir al apuesto extraño? Por favor.

― ¿Soy qué? ― preguntó frunciendo el ceño.

― ¿No pensaste realmente que funcionaría, o sí?

― No te halagues, cariño ― volvió él la vista al frente, al tiempo que comenzaban a escucharse truenos y el cielo se tornaba gris ― La historia es real, pero con seguridad no se trata de ti.

― ¿No?

― No, arrogante…

― ¿Arrogante qué?

― Esa es difícil. ¿Capitolina?

Ella iba replicar cuando escuchó a lo lejos el claxon de un autobús.

― Oh, no. El autobús.

Comenzaron a bajar lo más rápido que podían la colina.

Ella traía sus zapatos en la mano ― ¡Esperen! ¡Tengo un pasaje! ― gritaba, pero estaba tan lejos, que era imposible que la fueran a escuchar, además la lluvia había comenzado a caer y los truenos se escuchaban cada vez más fuertes

― Tenías que llevarme allá arriba ¿no? ― le reclamo mientras continuaba bajando tratando de no caerse ― Una de las siete maravillas del Norte.

Ella resbaló con el pasto mojado y el barro y se fue rodando un tramo hasta caer en un gran charco de lodo.

― Oh no ― dijo Haymitch.

Ella levantó la cara completamente llena de lodo y pasto, y el cabello mojado pegado a su rostro.

―Bueno, eso aceleró un poco las cosas ― trató de sonar gracioso y le tendió una mano para ayudar a que se levantara.

Ella la alejó de un manotazo ― Te odio.

Continuó corriendo hasta la estación solo para ver como el autobús se perdía a lo lejos.

El hombre mayor que le vendió el pasaje estaba parado viendo su reloj ― Antes pude habérselo detenido, pero no ahora, ya sabe "el tiempo es dinero".

Ella comenzó a llorar y se llevó una mano a la boca.

― Vamos. No se preocupe ― le dijo el viejo ―La llevaremos a dónde quiere ir.

Pero Effie continuaba llorando y ahora estaba escupiendo la tierra que se había metido a su boca.

― El pronóstico dijo soleado ― se dirigió el señor a Haymitch.


Hola!

Aquí les traigo el segundo capítulo de esta adaptación, espero que les haya gustado.

Muchas gracias por leer la historia y dejarme sus comentarios.

Ya comencé a trabajar en una nueva historia Hayffie original, que voy a publicar cuando termine esta.

Los viernes publico una historia Everlark y Hayffie que se llama El circo de la esperanza, por si no la han leído para que le den una oportunidad.

saludos

Marizpe