Capítulo 3

Rated T

Esperaron a que dejara de llover y se fueron con el encargado de la estación de autobuses, quién se había presentado con ellos como Woof, a una posada cerca de ahí de la que era dueño junto con su esposa.

― Adelante, aquí tienen la mejor posada del distrito Once ― el hombre se quitó el sombrero y lo colgó en un perchero junto a la puerta.

El lugar se veía muy acogedor, parecía una casa más que una posada. Era una habitación cuadrada, del lado izquierdo estaba un pequeño comedor y del lado derecho una sala al lado de la chimenea, la cual estaba encendida. La pared que daba a la cocina estaba decorada con pequeños cuadros de aves de todo tipo y también de cerámica. Los pisos eran de madera y había varios jarrones con flores silvestres por la sala y comedor.

― Mira lo que trajo la lluvia ― le dijo a su mujer.

Una señora de cabello corto de color castaño, lleno de canas, salió de la cocina, limpiándose las manos en un secador.

― Pobrecitos ― exclamo la mujer al verlos completamente empapados por la lluvia ― Tienen suerte. Hace media hora, había dos mochileros en la puerta buscando una habitación. Pero no estaban casados ― dijo en tono serio y desvió la mirada a su marido ― Lo admitieron sin problema. Sin vergüenza.

Effie de inmediato reparó en la cruz que la mujer traía en el cuello en una cadena.

Haymitch comenzó a asentir con la cabeza y se acercó a la rubia, hasta quedar pegado a ella.

― Así que los eché. Lo correcto es lo correcto, con o sin lluvia ― continuó la mujer y su marido solo asintió con la cabeza ― Entonces, Sr. Y Sra…

―Trinket.

― Abernathy.

Contestaron los dos al mismo tiempo.

― Abernathy-Trinket ― corrigió de inmediato Effie con una sonrisa.

La mujer congeló su sonrisa y desvió la mirada de uno al otro.

― Nos casamos hace poco, y es como un trabalenguas para ella ― explicó Haymitch ― Vengo de una larga línea de los Abernathy – Trinket del distrito Doce ― la mujer frente a él comenzó a asentir ― Y esperamos que algún día, podamos tener un hijo para conservar el nombre.

La señora sonrió satisfecha.

― Effie y Haymitch, para usted ― sonrió ella y abrazó por la cintura a su compañero de viaje.

― Encantada. Yo soy la sra. Sae Doherty. Vamos a su habitación.

― Gracias ― dijo ella.

― Después de ti, bombón ― Haymitch sonrió de lado.

― Gracias, corazón ― pasó delante de él y lo golpeó con la maleta.

― ¿Quieres ayuda con esa maleta, tesoro?

Llegaron a la habitación. Era pequeña, aunque no tanto como la que él le había ofrecido en el Doce. Las paredes estaban forradas de un tapiz floral con fondo color menta, las cortinas también estaban tapizadas de pequeñas florecitas, color rosa. Tenía una cómoda, un armario y un baño.

El problema es que solo tenía una cama matrimonial. Ambos se colocaron las manos en la cadera frente a ésta.

― No dormirás en esa cama conmigo, Sr. Abernathy – Trinket.

― Quizás tú no dormirás en la cama conmigo, Princesa.

― ¡Qué caballeroso!

― ¿Caballeroso? ― sonrió él ― Bienvenida a la era de la igualdad. Ustedes querían votar. Así que tendrás que soportarlo, cariño ― rodeó la cama y de un saltó se acostó sobre ésta ― Mmm, es cómoda.

― Lo sortearemos, querido ― abrió su bolso para sacar una moneda.

― De acuerdo, lo justo es lo justo ― se puso de pie él frente a ella ― Cara gano yo, cruz tú pierdes.

Effie lanzó la moneda al aire, la atrapó y la giró sobre su mano ― Cara.

― Sí, es cara. Qué pena. Puedes dormir en la bañera ― volvió a acostarse en la cama.

La rubia tenía el ceño fruncido, estaba molesta por su mala suerte. Caminó hacia el baño que no tenía una puerta de madera, sino una cortina de plástico semitransparente con dibujos de peces y la abrió de un tirón.

― Es una ducha.

Él se enderezó en la cama ― Puedes dormir en la ducha.

― De acuerdo ― se metió a la ducha ― Mientras no tenga que dormir cerca de ti.

Haymitch escuchó el agua correr de la ducha y se sentó para quitarse las botas, y cuando se iba a acostar de nuevo, vio la silueta de Effie tras la cortina. Podía ver todas las líneas de su cuerpo, definitivamente era una mujer hermosa.

Effie comenzó a cantar y bailar ― Estoy en la ducha, sacándome todo el lodo, amo el agua caliente. Me salió un moretón aquí y otro acá.

No era afinada y la canción era ridícula, pero él disfrutó la vista y colocándose las manos tras la nuca, se recostó de nuevo para seguir observándola.

Después de un momento, ella salió envuelta en una toalla blanca ― Espera un minuto. Mentiroso, maldito estafador…

El rubio se hizo el dormido y ella fue hasta su lugar y comenzó a golpearlo en la pierna para que se levantara.

― Vamos, ya levántate.

― ¿Qué pasa? ― trato de hacerse el desentendido.

― Oh, "Cara yo gano, cruz tu pierdes".

― Mmm. Finalmente te diste cuenta, ¿no? ― se estiró y se puso de pie ― Bien por ti.

― ¡Arriba! Es mi cama. Los mentirosos pierden ― él estaba muy cerca de ella ― Y date una ducha, ¡apestas!

― No lo haré. Se puede ver a través de la cortina.

― Claro que no.

En respuesta, él solo asintió con la cabeza.

― ¿En verdad? ― preguntó molesta.

― Bien, ¡los mentirosos pierden! ― levantó las manos en señal de rendición y corrió al baño ― Nada de espiar, Princesa.

Effie aprovechó ese momento para vestirse y peinarse. Y después alguien tocó a la puerta de la habitación y ella la abrió para toparse con la dueña de la posada

― Hola de nuevo. Quería comentarles que tendremos "pancita" para cenar. Casero. Receta de familia.

― Pancita ― sonrió forzadamente Effie.

― Nada como un poco de estómago de vaca en un día de lluvia.

― Qué rico. ¿Escuchaste eso, querido? ¡Pancita! ― dijo en voz alta para que Haymitch la escuchara.

Él cerró la llave del agua ― Claro, pancita. Estaba pensando Sra. Doherty en agradecerle por alojarnos sin previo aviso, ¿Por qué no me deja cocinar?

― No querido, no podría.

― Oh, claro que sí ― Effie volteó a verla ― Es chef. Es muy bueno.

― ¡Es verdad! ― gritó él tras la cortina.

― ¿En serio? Bueno, eso es fabuloso. Tenemos a dos personas del distrito Uno también. ¿Estará bien?

― ¡No hay problema! ― contestó él.

― Muchísimas gracias ― y con esto la señora salió de la habitación y cerró la puerta.

― Buena idea ― se sentó en la cama Effie y volteó hacia el baño donde la cortina estaba entreabierta y podía ver a Haymitch con una toalla en la cintura, lavándose los dientes frente al lavabo. Trató de no mirar, pero el hombre tenía buen cuerpo, pecho firme y brazos fuertes, no se comparaba en nada al cuerpo de su novio, el cual era un poco flácido. Decidió salir para no continuar viéndolo y dejar volar su imaginación con pensamientos que no eran dignos de una mujer a punto de comprometerse.


...

Effie salió a la pequeña huerta que poseía la posada. Comenzó a arrancar del suelo zanahorias y comparando su tamaño antes de colocarlas dentro de una cesta.

― ¿Qué demonios haces? ― preguntó Haymitch mientras tomaba algunos puerros.

― La receta dice tres zanahorias medianas, y creo que ésta es un poco grande para ser mediana ― se la mostró ― en cambio estas dos de acá, son claramente medianas, mientras que ésta es un poco… ― juntó las tres tomándolas por las hojas.

― Mira esto ― le quitó las zanahorias el rubio y trozó con las manos la punta que sobresalía de la más larga ― Tres zanahorias medianas.

― ¿Sabes? ― volteó a verlo hacia arriba desde donde estaba sentada ― Creo que no tiene nada de malo en querer ser precisa.

― De acuerdo ― tomó la canasta con verduras que ella tenía a sus pies ― Entonces debes ser muy, muy precisa ― colocó la canasta en otro sitio ― Tengo una idea. ¿Por qué no dejas de intentar controlar todo el universo? ― se inclinó sobre ella para cerrar el libro de recetas que ella tenía sobre las piernas ― Es una cena. Ten un poco de fe. Saldrá bien.

Ella se sacudió la tierra de las manos ― Ya había escuchado eso antes.

― Bueno, quizá deberías haber escuchado.

― ¿En serio? ¿Eso crees? ― volteó a verlo, él se encontraba a su altura con una herramienta de jardinería en la mano, dispuesto a sacar una calabaza ― Todo saldrá bien. Mi papá era el rey de "todo saldrá bien". Tiempos compartidos en islas privadas del distrito Cuatro, tiendas de video móviles, todo era el gran futuro y nuestro dinero se invertía en eso ― ella se puso de pie y él la imitó ― Pero, no te preocupes, todo saldrá bien ― le sostuvo la mirada ― Tenía dos empleos de medio tiempo luego de la escuela y nos embargaron nuestra casa en Nochebuena. Jo jo jo. Años después recuperamos todo gracias a la herencia que nos dejó mi abuelo al morir, pero lo que pasó antes, casi destruyó a mi familia. Así que discúlpame si no escucho.

Él se cruzó de brazos, desvió la mirada y frunció el ceño ― Lo siento.

Ella se quedó en silencio, esperando su comentario sarcástico.

― No, lo siento ― la miró de nuevo ― Un padre es alguien en quien deberías poder confiar.

Effie permitió perderse por un momento en el gris de sus ojos, después reaccionó y se hizo para atrás el fleco que cayó en su frente ― Bueno, deberíamos comenzar a preparar la cena ― se colocó sobre la canasta ― Tenemos repollo, puerros, tres zanahorias medianas…

― No eres vegetariana, ¿verdad?

― No.

― Bien ― entró a un pequeño gallinero y tomó a una gallina antes de que escapara ― Haymitch 1, gallina 0.

La rubia sonrió cuando él se acercó sosteniendo al ave entre sus manos ― Que dulce ― bajó la vista a la gallina.

Haymitch hizo un gesto y le rompió el cuello, ante el horror de Effie ― Oh… ― tomó la canasta del suelo y se marchó de prisa.

― Dame fuerza ― rogó el rubio en voz baja, antes de seguirla a la cocina.

Effie ya había comenzado a lavar los vegetales.

― No me digas que nunca comiste guiso de pollo.

― Claro que sí.

― Me pregunto de dónde piensas que salen los pollos ― frunció el ceño.

Ella volteó a verlo ― De la sección de congelados ― y después rio ― Lo sé, lo sé ― comentó de prisa al ver que él levantaba las cejas ― Es solo que me sorprendiste. Y sigues haciéndolo.

Entre los dos cortaron todas las verduras, y después ella se las fue pasando, para que él las pusiera en la sartén.

Effie no era muy buena cocinera, por lo general hacia cosas sencillas o compraba comida para llevar, pero tuvo que admitir que pasó un grato muy agradable mientras Haymitch le enseñaba cómo hacer el guiso, mostrándole como hacer girar las verduras en la sartén sin la ayuda de una cuchara, y el tiempo de cocción de cada una de ellas.

Vaciaron el contenido de la sartén en un refractario de vidrio y antes de ponerle un poco de vino encima para el sabor, se turnaron la botella y bebieron directo de ella. ¡Si su madre la viera! Daría el grito en el cielo, por haber tirado por la borda todas las clases de etiqueta y modales que hizo que tomara desde pequeña.

Metieron el refractario al horno y cuando estuvo listo, ambos lo probaron con la misma cuchara para comprobar su sabor.

Después Effie se fue al comedor para montar la mesa, colocó manteles, platos y cubiertos en orden, todo a la misma distancia para que se viera uniforme. Encendió algunas velas y tomó un platón que la Sra. Doherty tenía en el trinchador, lo colocó en el centro de la mesa y colocó algunas flores de lavanda sobre él.

Haymitch llegó sosteniendo el refractario con dos guantes de cocina para no quemarse y se quedó observando todo lo que ella había hecho ― ¿A esto llamas preparar?

― Más o menos.

― No está mal ― le sonrió.

Y ella también lo hizo ante su cumplido ― Gracias.

― ¿Lo coloco sobre eso?

― Sí ― contestó de prisa y se volteó para que no viera que se había sonrojado un poco.

Pronto todos se sentaron a disfrutar de la cena, el sr. Woof y sra. Sae, y la pareja rubia del distrito Uno a quienes presentaron como Chashmere y Gloss Silver.

― Mmm… ¡impecable! ¡magnífico! ― comentó Gloss.

― El pollo estaba delicioso ― sonrió Chashmere.

― ¿Verdad que sí? Por lo general no soy muy buena cocinando pollo, Seneca siempre dice que me sale muy seco ― habló ella sin pensar.

Haymitch se colocó una mano sobre la boca y tosió.

― ¿Seneca? ― le preguntó la rubia frente a ella.

― Oh eh… Seneca. Nuestro… ― giró hacia Haymitch en busca de ayuda.

― Nuestro vecino de la casa de al lado.

― Que a veces viene a cenar. ¿Verdad Haymitch?

Él cruzó los brazos sobre la mesa ― Sí, es un alma solitaria. Y tiene algunas dificultades de aprendizaje ― Effie no podía quitarle los ojos de encima ante lo que estaba diciendo ― Les dice a todos que es cardiólogo. Es muy gracioso.

Todos en la mesa sonrieron y Effie no pudo más que forzar su sonrisa.

― Pero es un loco feliz ― continuó él ― Y creo que siente algo por ella.

Woof se paró para tomar una botella de brandy y le sirvió un poco a Haymitch.

― ¿Añejo?

― Sí, añejo. Como yo ― sonrió el hombre mayor ― Fue un regalo de bodas.

― ¡Solo 44 años, pícaro granuja! ― le apretó la mejilla su esposa.

´El hombre giró hacia su esposa, la tomó del rostro y le plantó un sonoro beso en los labios.

Todos en la mesa rieron y después Haymitch levantó su vaso para brindar ― ¡Salud!

― ¡Salud! ― respondieron todos.

― ¿Ven? ― dijo Gloss ― Eso es lo que se necesita para estar casados 44 años. El beso es la clave. Siempre besen como si fuera la primera y última vez. Es lo que siempre le digo a mi esposa Cashmere ― se giró hacia ella ― Ven acá preciosa ―Y la besó.

Effie abrió mucho los ojos sorprendida, habría jurado que eran hermanos, pues ambos tenían el cabello del mismo tono de rubio, bien parecidos y compartían algunos rasgos.

El beso no fue casto como el de Woof y su esposa. Este hombre tomó de la nuca a su esposa y profundizó en beso frente a todos, incluso pudieron ver las lenguas de ambos mientras las introducían en la boca del otro. Se separaron por un momento y volvieron a comenzar. Nadie en la mesa, podía quitarles los ojos de encima.

― Magnífico ― comentó la señora Doherty.

La pareja entonces se separó algo apenada y se limpiaron la boca con las servilletas de tela.

― Bueno, adelante hijo ― Woof se dirigió a Haymitch ― Muéstranos cómo lo hacen los recién casados.

― ¿Perdón? ― preguntó el rubio.

― He besado a mi esposa. Gloss con seguridad ha besado a su esposa ― se rieron.

―No, estamos bien ― dijo Effie ― Ya nos besamos.

― Sí, varias veces ― la respaldó Haymitch.

― Un poco de caballerosidad. ¿Entiendes lo que digo? ― le guiñó un ojo el viejo.

Haymitch se giró hacia Effie y le dio un rápido beso en la mejilla.

― Gracias. Es perfecto ― dijo la rubia y le acarició el brazo.

― Si ese fue el beso, me sorprende que sigas casada con él ― habló de prisa Sae.

Todos rieron.

― No, son tímidos, eso es todo ― los señaló Gloss.

― Sí, en verdad somos tímidos― dijo ella.

― Están entre amigos, ¡son jóvenes, están casados, enamorados! ― insistió Woof ― Todos pueden verlo. ¡Maldición hombre! ― golpeó con la palma la mesa ― ¡Besa a la chica!

Haymitch arrojó la servilleta a la mesa y se giró para tomarla del rostro y luego besarla. Effie se sorprendió un poco, pero respondió de inmediato al beso, subió las manos y lo tomó de la nuca para profundizarlo más, y cuando se separaron, ella aún tenía los ojos cerrados.

Después de eso siguió un breve silencio.

― Ahí tienen ― dijo él y le dio un trago al brandy.

― ¡Bravo! ¡Eso fue un beso!


...

Más tarde en su habitación, Effie estaba quitándose los aretes para colocarlos sobre el buró a un lado de la cama, cuando escuchó la cortina del baño correrse, de inmediato dio un salto a ésta y se cubrió con el edredón para que Haymitch no la viera en su corto camisón de seda.

― ¡Aquí está muy húmedo! Vamos Princesa. Muestra un poco de piedad, ¿sí? ― preguntó él, sosteniendo la almohada contra su pecho.

― De acuerdo ― contestó ella ― Pero un ronquido y vuelves a la ducha.

Ella se hizo a un lado para que él pudiera acostarse. Ambos se quedaron mirando hacia el techo por un momento.

― ¿Quién pensaría que me llevaría dos días llegar al distrito Diez?

― Tengo que cobrarte la noche, para que lo sepas ― colocó los brazos bajo su nuca.

― ¡Qué sorpresa!

― 100 dlls.

― Cincuenta.

― Setenta y cinto. Un total de 875 dlls ― cerró los ojos y sonrió complacido.

― Bien. Si para ti todo se trata de dinero, serán 875 ― le dio la espalda.

Él frunció el ceño ante su comentario.

― Buenas noches ― cerró los ojos Effie.

― Buenas noches ― se giró al lado contrario él y apagó la luz de la lámpara que estaba sobre el buró.

Ninguno de los dos podía dormir, y lentamente giraron para verse el uno al otro. La luz de la luna que entraba por la ventana, iluminaba lo suficiente para poder observarse. Sus rostros estaban demasiado cerca y sin saber cómo de un momento a otro, ambos se estaban besando.

Estaban acostados de lado, él bajó su mano y comenzó a acariciarla sobre el camisón, después metió la mano debajo de este y la subió hasta su seno, el cual apretó ligeramente.

Ella gimió, él tenía las manos callosas y no suaves y delicadas como Seneca, se dejó llevar por un momento, y cuando él comenzó a besarle y cuello y se colocó arriba de ella, Effie lo empujó con las manos ― ¡No! Esto no es correcto, voy a comprometerme. ¿Por qué me besaste?

― ¿Qué yo te besé? ¡Estás loca? Tú me besaste a mí.

― No es verdad.

― Mira Princesa, no estoy aquí para aprovecharme de ti, eso no va conmigo. Pensé que era algo que querías, además, independientemente de quien haya iniciado el beso, el punto aquí es que tú lo correspondiste.

Ella volvió a girarse molesta y se bajó el camisón― Ya cállate y déjame dormir.

― Cómo gustes ― él hizo lo mismo.

Haymitch fue el primero en despertarse a la mañana siguiente, y se sorprendió al darse cuenta que la tenía abrazada y habían dormido de cucharita. Lentamente levantó su brazo tratando de no despertarla y giró la cadera para no continuar presionando la erección matutina en su trasero.

La rubia abrió los ojos, pero de nuevo los cerró haciéndose la dormida.


...

― Siento no haber llegado aún. No te imaginas por lo que he pasado ― Effie estaba al teléfono hablando con Seneca.

― ¿Peor que cuando perdieron nuestras maletas cuando fuimos a las cabañas en el distrito Siete? ― le preguntó su novio al otro lado de la línea.

― Diez veces peor ― rio ― No puedo esperar más para verte.

― Bueno, quizá esto te alegre. Me llamaron de la comisión, ¡conseguimos el apartamento!

― ¿Qué?

― Sí. Acabo de hablar con Edith. Es nuestro.

Haymitch había preparado una charola con desayuno para Effie, se dirigía hacia arriba a la habitación, cuando la escuchó al teléfono y se detuvo.

― ¡Seneca! ― dijo emocionada ― Es exactamente lo que necesitaba oír esta mañana. Todo nos está saliendo muy bien. Estoy muy emocionada.

― Celebraremos juntos cuando llegues.

― Claro que sí.

― Apúrate. Te extraño.

― Yo también te extraño ― se despidió de él.

El rubio regresó a la cocina y colocó la charola sobre la mesa, hasta había hecho un esfuerzo por "prepararla" cómo sabía que a ella le gustaría. Una pequeña tetera con té de fresas y vainilla, un vaso con zumo de naranja, pan tostado con mantequilla y un pequeño tarro de mermelada casera, fruta picada, un huevo duro y un pequeño florero con un ramito de flores silvestres.

Él tomó una manzana y se sentó en una silla a un lado de la puerta.

― Buenos días ― saludo de buen humor ella en cuanto entró.

― Sí.

Ella vio la charola en la mesa ― ¿Esto es para mí?

Él solo se encogió de hombros ― Supongo.

― ¡Buenos días, tortolitos! ― entró Woof a la cocina con una bata de cuadros sobre el piyama ― ¿Durmieron bien? ― le guiñó un ojo al rubio.

― Sí, gracias ― contestó ella y no pudo evitar ruborizarse ante los recuerdos de la noche anterior, aunque había jurado que lo olvidaría.

El viejo se echó a reír, probablemente imaginando demás ― Entonces, ¿Qué piensan hacer hoy?

Effie estaba comiendo la fruta picada del plato ― Nos iremos al distrito Diez.

― No pueden hacerlo ahora.

― ¿Por qué no?

― Es domingo. Nunca debes empezar un viaje en domingo o con luna llena.

― Bueno, no creo en supersticiones ― le sonrió ella.

― ¿Y en los horarios de los autobuses? ¿Crees en ellos?

Effie frunció el ceño.

― Es domingo. No hay autobuses y siguen en huelga los del tren.

― ¿No hay autobuses? ― preguntó un poco más histérica.

― No.

― ¡Oh por Dios! Tengo que estar en el distrito Diez el 29. Eso es mañana.

― ¿Por qué era, querida? ― preguntó Haymitch que hasta ese momento había permanecido en silencio.

Ella le lanzó una severa mirada ― Bien ― giró hacia Woof ― Tiene un coche ¿verdad?

― Por supuesto.

― Bien ― exclamó ella y se acercó más a él ― Estaría dispuesta a pagarle una buena cantidad de dinero si me lleva.

Haymitch rodó los ojos y le dio otra mordida a su manzana.

― No ― negó con la cabeza el viejo ― No es por el dinero. Es Sae. Lo tiene ella y salió a misa. Y después ira a hacer las compras.

― Bueno, quizás no tarde tanto.

― Oh no. No volverá hasta muy tarde.

― ¿Por qué?

― Por qué es un largo camino hasta el distrito Diez.

El rubio se quedó con la boca abierta sobre la manzana y volteó a verlo.

― ¿Dónde dijo que está?

― En el distrito Diez.

Effie se dejó caer en la silla más cercana, no podía creer su mala suerte.


Hola!

Bueno aquí tienen el tercer capítulo, la suerte en esta ocasión no esta del lado de Effie, pero por otro lado eso le ha permitido conocer más a Haymitch.

Muchas gracias por leer la historia y por dejarme comentarios.

¿Qué les pareció el capítulo?

cuídense!

Marizpe