¡Y llegamos a la recta semi-final!
Es la primera vez que escribo de algunos personaje que pudieron leer en el fanfic, pero vamos que fue super emocionante para mi así como tuve que pensar para que los mismos no quedaran con personalidades diferentes, fue bastante divertido. Como extra, el proximo capitulo sera algo... "Especial" No entra con los demás (así que este vendría siendo el ultimo), pero prometo que es muy bueno x3 ¿La pareja? ¡Quien sabe! :)
En fin. Espero que les guste mucho el capitulo y espero leer sus opiniones y reacciones si es que desean compartirlas conmigo x3
Pss Pss Rene, gracias por el review, siempre me matan de risa, porque son ese tipo de reacciones las que quiero lograr, aqui tienes la conti tan esperada~
¡Comenzamos!
San Valentín, el día del amor y desesperación por parte de los ingenuos que no compraron el regalo a tiempo, tan solo otro día más en la vida de la ajetreada ciudad, no era de extrañarse que este capítulo comenzaría bastante tranquilo y…
— ¡LeBlanc! —¿Apacible? Oh… Vaya— ¡¿Ya contacto con él agente Savage?! —grito alguien de identidad desconocida desde dentro de una oficina posicionada en lo más alto de los edificios Hiperion en Plaza Sahara.
— A-aun no le he llamado, arreglaba el informe que la central pidió sobre Tricolore —una zorra ártica bastante elegante de ojos azules quien vestía un pantalón de vestir negro, blusa blanca y lentes de armazón delgado respondió con cierto nerviosismo mientras presionaba una tecla en su teléfono de escritorio, su superior a veces resultaba bastante intimidante y por alguna razón el día de hoy se encontraba el doble de tenebroso.
— ¡En cuanto termines, subes el informe a la red y llamas a Savage! —la joven con tranquilidad aparente simplemente pudo responder con firmeza un "si" antes de cortar la llamada y dejar caer todo el peso de su cuerpo sobre el respaldo de la silla en la que se encontraba sentada, por una escasa cantidad de segundos se quedó observando hacía la ventana que daba al exterior del edificio, observando con detenimiento como la ciudad se extendía a lo lejos, dejo escapar un fugas suspiro, incorporando su cuerpo a una posición más erguida, paso ambas patas sobre su cabeza haciendo sus orejas hacía atrás por un momento hasta bajar a su cuello.
Acomodo sus lentes y volvió a su trabajo redactando los hechos de un caso que no hace mucho acababa de ocurrir, estaba ansiosa por terminar para que por fin su compañero y ella obtuvieran las vacaciones que tanto se merecían, simplemente faltaba ella de terminar su versión de los hechos y le resultaba bastante poco emocionante de hacer. Tenía muy poco tiempo trabajando para la supuesta ZIA, una organización secreta del gobierno, que de secreta solamente tenía su ubicación exacta y las operaciones que maneja día con día, pero de estas dos cosas rondaban muchas teorías sobre donde se encontraba la organización central y diversos casos en donde se involucraba.
La joven zorra, rondando cerca de los 22 años continuó su poco entretenido teclear mientras meneaba lentamente su cola de un lado a otro y tarareaba la tonada de una canción que había escuchado en su caminó al trabajo, no tenía idea de dónde venía, pero le era imposible sacarse el suave ritmo que las notas musicales habían provocado en su cabeza.
La puerta de su oficina sonó interrumpiendo las actividades que realizaba en conjunto, no hablo, simplemente espero a que volvieran a tocar, para confirmar que no habían sido ilusiones suyas.
— ¿Skye? Cariño soy yo, Emilio —apenas una voz masculina hablo la zorra reacciono con velocidad y se escondió debajo de su escritorio, en bastante buen momento, pues justo acababa por posicionarse debajo del mueble cuando un zorro entro cómodamente por la puerta con un ramo exageradamente grande de flores— Oh… Vaya, no te encuentras aquí —menciono tranquilo caminando hasta el escritorio y dejando las flores sobre el— Y yo que pensaba que hoy podría poseerla —bufo con egocentrismo mientras sacudía su traje elaborado con los mejores diseñadores extranjeros y sacaba un bolígrafo brillante hecho de oro, el cual usaría para dejar una nota llena de muchas falsedades románticas. Se encontraba a punto de salir cuando sus ojos se cruzaron con una foto, foto en la que la zorra y una liebre se encontraban recibiendo unas medallas bastante sonrientes, con notable frialdad el zorro tomo el retrató para estrellarlo con el piso y salir tan tranquilo como si no hubiera pasado nada.
Skye había dado un pequeño salto en el momento que escucho el cristal rompiéndose contra el piso y si no fuera por la paciencia que tenía hubiera ido a gritarle un par de palabras poco decentes al zorro.
Suspiro una vez que salió de su escondite para caminar hasta donde se encontraba su marco de fotos roto, con el máximo cuidado posible saco fotografía, deseando de corazón que esta no se hubiera estropeado.
— ¡Ay! —se quejó gritando en un hilito muy suave de voz, apenas perceptible para el oído más potente, de una de sus almohadillas había comenzado a brotar un poco de sangre, no había tenido el suficiente cuidado como para no lastimarse, pero había logrado sacar la fotografía con éxito. Tomó el ramo de flores, así como la nota y sin el más mínimo sentido de duda o compasión tiro las cosas a su bote de basura, no necesitaba absurdos regalos, menos cuando esos presentes venían de un ser tan arrogante y envidioso que solo pensaba en tenerla durante las noches en su cama y comprar su cariño con cosas caras.
Volvió hasta su escritorio y aun de pie, presiono el número 5 en su teléfono intercomunicador para redirigir su llamada al servicio de limpieza.
— ¿Susan? Soy Skye. ¿Podrías venir a mi oficina? —aunque sonara bastante raro, el servicio de limpieza de las oficinas desconocía por completo lo que se realizaba y había ocasiones en que los agentes fingían verdaderas juntas de negocios.
La joven zorra volvió a su actividad anterior, esperando que la limpieza no tardara demasiado. No le quedaba mucho para terminar su expediente y por seguridad lo había guardado al rededor de cuatro veces, no le gustaba rememorar el momento en que por un despiste suyo habia perdido el expediente más largo que había hecho en su vida o al menos hecho hasta ese momento de su carrera.
— ¡Listo! —suspiro al teclear sus últimas palabras y guardar de forma casi automática su escrito. Su puerta sono.
— Señorita LeBlanc —esta vez la voz fuera de la oficina era femenina, bastante suave y gentil, pero con un pequeño toque que madurez.
— Adelante —musito con seriedad de zorra acomodándose en su asiento mientras veía como una hurona entraba con escoba y recogedor entre sus patas, su pelaje era de un leve café claro, bastante tenue, color acompañado por el tono avellana de sus ojos, vestía al igual que la zorra un pantalón de vestir, así como una blusa blanca, solo que esta tenía alguna que otra mancha de tierra— ¿De nuevo el jefe te puso a cuidar su huerto? —cuestiono con una pequeña risita la zorra.
— Ya sabes lo mucho que le gusta su huerto —respondió esbozando una leve sonrisa hacia Skye.
— Pues yo creo que le gustas más tú —la zorra perdiendo el formalismo que tenían atrás, sonrió a su compañera de forma picara y giño uno de sus ojos. La reacción por parte de la hurona no se pudo hacer esperar, es más, sus orejas y cola se habían congelado en el momento en que escucho las cosas que la joven decía.
— P-por favor, como si un alto mando de la ZIA pudiera fijarse en la chica de limpieza. ¿Qué no ya está muy usado eso? —levanto una ceja, mientras que intentaba que su propio nerviosismo no la traicionara.
— Lo dice quien lo rescató sin querer en una operación contra una banda criminal y acabó siendo una agente encubierta —sonrió, mientras que se volvía a reacomodar en su silla y cruzaba sus brazos, observando de forma divertida a quien tenía frente suyo— Y por si fuera poco son de la misma especie…—susurro para finalizar sonriendo con bastante burla y feliz por ver el resultado de las insinuaciones que de vez en cuando le lanzaba a su compañera.
— ¡Oh por favor! ¿Y qué me dices de tú relación con Jack? —sonrió la hurona, feliz por devolverle el "golpe" a su amiga, quien en el momento en que escucho el nombre de su compañero bajo las orejas y movió con suavidad su cola, parecía cachorro regañado.
— Es diferente… —susurro haciendo un pequeño puchero y esquivando hacer contacto con los ojos de Susan— Además Ja… —aclaro su garganta— Él agente Savage y yo solo mantenemos una relación de compañeros —como pudo recupero la postura tan sería y respetable que siempre procuraba tener.
— La razón por la que aún no son nada es que ustedes dos son demasiado lentos, tienen dos años trabajando juntos y hasta un ciego notaría que sienten cierta atracción —menciono mirando fijamente a la zorra, elevando una de sus cejas.
— Una cosa es que… —Skye suspiro recargando su codo sobre el escritorio y apoyando su cabeza sobre su palma— Que a mí me atraiga, y otra es que él se fije en mi… —susurro tomando con su otra pata el mouse de su computadora para comenzar a enviar el archivo en el que estaba trabajando con anterioridad— Tú bien sabes que él solo vive para su trabajo —acabo por decir tomando una gran bocanada de aire para en el momento expulsarlo con velocidad.
— Pues deberías aprovechar que es San Valentín —recomendó distraída mientras que sus ojos viajaron curiosos por la habitación hasta toparse con un enorme ramo de flores sobresaliendo del bote de basura, la hurona no pudo evitar reírse entre dientes— ¿Emilio te volvió a casi lamerte los pies? —pregunto cambiando por completo el tema de conversación.
— Sabes que no voy a usar la excusa de San Valentín y si… ¡Arg! ¡Ese tipo no entiende un no por respuesta! —gruño por un momento y rodo los ojos mirando la notificación que llegaba a su computadora por subir su escrito a la red del gobierno— Puedes creer que tuve que esconderme debajo del escritorio para que no saliera con sus intentos por conquistarme y como no me vio con toda la tranquilidad del mundo rompió mi marco de fotos… —frunció el ceño al recordar las cosas que había hecho aquel zorro, más que nada por haber dañado su fotografía favorita, por no decir la única que tenía de Jack y ella, su compañero era un poco reservado en ciertas cosas e incluso el único momento en que podía hablar con él era en horarios de trabajo, nunca habían salido y de nuevo si lo hacían se trataba porque involucraba alguna misión.
— Vaya patán, no sé cómo has pasado tanto tiempo aguantando, yo ya lo hubiera hecho puré de zorro —molesta soltó escoba y trapeador e hizo un puño con su pata, para después golpearlo contra su palma.
— Solo estoy esperando a que baje la guardia y deje de actuar como algo que no es —aunque prefería no tener problemas con uno de sus compañeros el hecho de tener que aguantar sus coqueteos y conductas absurdas la cansaba.
— Pues cuando lo hagas prométeme contarme todo con lujo de detalles —sonrió tomando sus cosas hasta acercarse al montón de cristales rotos— Pero bueno, mucho bla bla bla, ahora quiero que mientras yo ordeno tu linda oficina, tú muevas esas patatitas y compres algo lindo para regalarle a tú amada liebre —sonrió guiñándole un ojo a su amiga y comenzó a barrer en la zona donde habían caído los cristales, el sonido de pequeños trozos de cristal resonaba en los oídos de ambas mamíferas.
— Esta bien… —susurro rendida, levantándose de su asiento y tomando simplemente su bolso, ya no iba a protestar por las cosas que decía Susan. No creía en que solo por ser San Valentín las proposiciones románticas fueran a ser un éxito, pero lo intentaría, aunque el miedo de no ser del agrado de la liebre la consumía, de romper la relación de compañeros que guardaban, pero como decía su amiga, si no se lo decía ahora jamás podría hacerlo y tendría que vivir con ese remordimiento.
Despidiéndose tranquila salió de la oficina, no sin antes recibir palabras de apoyo por parte de su compañera.
Saco su celular y colgó su bolso negro en su hombro. Con duda busco el número telefónico de alguien y en cuanto escucho que el mismo vibraba los nervios la invadieron, quería colgar, pero se vería demasiado estúpido.
"¿S-Skye? ¿Ocurre algo?" Titubeo el joven detrás de la línea, su voz sonaba nerviosa y algo agitada como si se encontrara corriendo.
La mente de la zorra se quedó en blanco en cuanto escucho a su enamorado decir su nombre y no era porque nunca la llamara así, sino porque había titubeado su nombre como si estuviera nervioso. Aclaro su voz.
— Hola Jack, el jefe me pregunto por ti, creo que quería saber si ibas a llegar pronto a la oficina —fingió su voz a una más firme y segura, era la forma en que siempre se expresaba con él, aunque tuviera dudas o nervios.
"Oh rayos…" Escucho un susurro perfectamente audible.
"Dile que tuve un problema con su automóvil, estoy en el departamento vehicular" Fue raro de escuchar por parte de la zorra. ¿Desde cuándo el jefe prestaba su auto? Y más aún. ¿Por qué estaba en el departamento vehicular?
— ¡Si claro, yo le digo! —respondió con firmeza como si se tratará de una información de vida o muerte, había ocasiones en que la zorra se tomaba las cosas muy en serio. Recibió un agradecimiento y por un instante estuvo a punto de cortar la llamada cuando recordó la verdadera razón por la cual había llamado— ¡Jack! —llamo la atención de su compañero detrás de la línea, quien se sorprendió al escuchar que la conversación aun no terminaba— Y-yo… Quería… Amm… Quería pre-preguntarte si… Si… Si tú deseas pasear un rato conmigo y… Por la noche ir a cenar algo… —era imposible, le era imposible el simple hecho de pensar lo que se encontraba proponiéndole a su compañero y se sentía aún más mal por no haber podido mantener su actitud tranquila.
"¿S-salir? Ah… Si, si cla-claro. ¿Te llamo cuando termine?" Skye sonrió levemente con alegría y nerviosismo, se sintió como una adolescente teniendo su primer amor.
— ¡Claro! Nos vemos más tarde entonces —se despidió escuchando como Jack igual se despedía y terminaba la llamada.
Si no fuera porque se encontraba en la oficina hubiera gritado y rodado por su cama emocionada o incluso pegar pequeños saltitos.
Con rapidez aviso a su jefe la situación que la liebre tenía, así como el hecho de que había terminado su informe, para marcharse camino a casa, saco las llaves de su automóvil, uno bastante simple para su gusto, pero era lo que se permitía pagar mirando la categoría de su departamento, del cual se debería decir que no era nada modesto, sino completamente lo contrario, era bastante elegante y costoso.
Una vez llego a su departamento el nivel de nerviosismo aumento.
— Tengo que bañarme… —susurro tomando de su habitación una toalla, así como ropa interior, se acercó a su baño y abrió la llave del agua caliente, adoraba ducharse con agua caliente, aunque fuera raro al recordar que ella es una zorra ártica y debería soportar más los climas helados.
Una vez salió comenzó su búsqueda por elegir que atuendo vestiría aquel día. La ropa comenzó a salir volando hacia afuera del ropero, vestidos, blusas, pantalones, faldas, pijamas… ¿Quién usaría eso último para ir de cita?
— ¡No tengo nada que ponerme! —se quejó la zorra volteando a ver hacia atrás, percatándose del desastre y de la montaña de ropa que tenía en el piso— Bueno… Retiro lo dicho, más bien sería no sé qué ponerme… —observo por segunda vez todo lo que tenía, usando su ropa interior como única prenda por el momento.
Tenía el conocimiento de que su compañero siempre iba de traje, aunque fuera medio raro, no había ni una sola vez que lo viera con alguna otra cosa, mientras que ella cuando debían hacer misiones encubiertos usaba toda la variación de ropa posible, él ya la había visto usando cada atuendo, lo que le quitaba lo emocionante.
— Aparte no tengo idea de a donde iré con él… —suspiro desanimada, era tan difícil, le gustaba demasiado esa liebre, pero no tenía idea de que cosas le gustaban a él— ¡Ahh! ¿Por qué eres tan poco expresivo? —grito jalando un poco sus orejas y tumbándose en la cama— Ojalá supiera leerte la mente… —susurro con tristeza acurrucándose— Jack… —con un pesado suspiro observo su celular y cerro sus ojos por un momento.
Mientras que en el otro extremo de la ciudad se encontraba cierta liebre esperando con impaciencia en la fila, todo con tal de pagar la multa que acababan de ponerle y la que su jefe no había venido a pagar en su tiempo, creyó que sería rápido, nunca se había visto en la necesidad de ir al departamento vehicular, pues la licencia de conducir se la había entregado la ZIA sin necesidad de tomar un examen y hacer todo el infinito tramite en las oficinas.
No había mucha gente en el lugar, unos 10 mamíferos en la fila, pero el hecho de que solo hubiera dos ventanillas abiertas y todos fueran perezosos hacía que ese tiempo de espera pareciera eterno, no faltaba demasiado para su turno, simplemente pasaba una cebra, un elefante y una jirafa para que él siguiera.
Observo su reloj tal vez por cuarta vez, su jefe lo mataría, pero en si había sido su culpa por no pagar su infracción cuando debía, si tan solo no hubiera aceptado el día anterior llevarle un ramo de flores para la chica que le gustaba y que nadie sospechara, en este momento estaría peleando con su subconsciente intentando decirle ciertas palabras a cierta zorra, pero no, se encontraba haciendo un fila que tal vez sería interminable y acabaría entregándole el regalo a su amada cerca de medio año después.
Una hora… Dos horas… Tres horas… Volvió a ver su reloj, dándose cuenta de que eran cerca de las 4 de la tarde, su teléfono vibró, se trataba de un mensaje por parte de su jefe, aunque se trataba de un mensaje era obvio que estaba molesto, lo necesitaba en la oficina en menos de una hora ¡Genial! Justo cuando estaba a punto de llegar, eso significaba que la fila de 4 horas que había hecho resulto inútil.
— Disculpe —hablo Jack a la leona que tenía detrás suyo— ¿Me podría hacer un favor? —vamos que no repetiría de nuevo una fila puede que el doble de larga para pagar una multa. La leona acepto escuchar su petición— La mujer a la que amo se ira de Zootopia para siempre y jamás podré volver a verla, necesito llegar antes de que su tren parta y ella se case con el mamífero equivocado… —relato fingiendo tristeza, sus orejas bajaron y veía con suplica a la leona que tenía frente suyo— ¿Podría ayudarme pagando la multa mientras yo voy a su búsqueda? —no era que le gustara mentir, pero de una forma u otra debía lograr su cometido y la alegría que sintió cuando la mamífera había aceptado fue tremenda, tanto que le había dado un poco de dinero extra para que se lo quedara ella y había tomado una flor del ramo que era para su jefe para igual regalársela.
Era hora de correr camino a la oficina.
— Espero llegar… —susurro mientras empujaba la puerta del departamento vehicular y salir corriendo a toda prisa a la parada del subterráneo más cercana.
Lo que Jack nunca recordó era que se encontraba en horarios de mucha congestión, mamíferos a montón entrando y saliendo del metro, casi un suicidio si tenías pensado entrar con un ramo de flores.
Espero el siguiente, no se arriesgaría a ser puré de liebre con esencia de rosas, pero aun así el tránsito de mamíferos no disminuía, había quedado justo donde la puerta de abriría y una vez freno el vagón se preparó para entrar lo más rápido que pudiera sin ser aplastado en el intento. Intento fallido, pues intentando no morir un par de flores habían sido sacrificadas y sus pétalos habían caído. Pero había entrado en el vagón, un par de pétalos caídos era lo de menos.
Su bajada se encontraba a 6 estaciones, las cuales pasaron con rapidez. El verdadero problema fue cuando recordó lo complicado que sería bajar, comenzó a caminar en dirección a la puerta una estación antes que la suya, siendo incómodamente aplastado por el trasero de un elefante que había decidido agacharse a levantar una moneda que se le había caído.
Poco más y la pobrecilla liebre perdía el oxígeno por completo, así como las flores que seguían estropeándose.
Una vez bajo pudo observar como desde otro vagón bajaban a dos chicas a la fuerza, una era una coneja mientras que la otra era una lince, más no se detuvo a pensar en los problemas de otros, él tenía los suyos.
Corrió con toda la rapidez que sus patas le permitían, esquivo un par de animales, intento no ser pisado o pisar a otros, le quedaban cerca de 20 minutos para llegar, así que una vez entro en el ascensor del edificio volvió a recuperar el aliento.
Lo había logrado. ¿No? Su vista que momento atrás había estado fija en el contador de los pisos del elevador se enfocó en las antes hermosas flores que había comprado. Una que otra flor aún se encontraba con vida, pero las demás eran un completo desastre.
El elevador llego al piso que él había indicado y temeroso comenzó a andar hacía la oficina principal, lo mataría, en su largo camino lo vio, un ramo de flores enorme tirado en la basura, como ya era algo tarde el servicio de limpieza comenzaba a sacar la basura de todas las oficinas y juntaban los botes para simplemente echarlo todo junto en una bolsa.
¡Vaya grandiosa idea se le había pasado por la cabeza!
Simplemente intercambiaría un par de flores y su jefe no terminaría ahorcándolo.
Vaya mala suerte había tenido quien había regalado ese enorme ramo, pero era lo de menos, había sido su salvación.
Toco la enorme puerta de caoba que se encontraba frente a él.
— Pase —fue lo único que escucho antes de abrir la puerta y toparse con su jefe leyendo algo de papelería.
— Lamento la tardanza —susurro el conejo temeroso adentrándose en la exageradamente elegante oficina, no sin antes cerrar la puerta detrás suyo. Su jefe lo miro con detenimiento, no veía nada que fuera motivo de regaño, al menos no sin contar lo mucho que había tardado. Pero en si también había sido su culpa.
— Pensé que nunca llegarías —suspiro con tranquilidad dejando los papeles encima del escritorio y levantándose a dar encuentro frente a frente con la liebre.
— Aquí tiene jefe —con seriedad y nerviosismo visible entrego el ramo de flores al hurón, se trataba de un sable negro con ojos color verde, quien andaba vestido de forma bastante elegante utilizando un esmoquin negro con un pañuelo rojo en el bolsillo del saco.
— Gracias Savage, perdona por los problemas que te cause —se disculpó con amabilidad, ya no tenía sentido regañarlo.
— De nada jefe, ahora si me disculpa debo llamar a alguien —sonrió un poco la liebre e intento no mostrar nerviosismo al mencionar que llamaría a alguien.
— Suerte con LeBlanc, yo tomare cartas en el asunto con Susan… Espero y no termine pateado por ella —rio, en un intento frustrado por disminuir sus nervios, aunque era obvio que ambos morían por los mismos.
— Descuide, no creo que lo rechace… Por mi parte… —suspiro metiendo su pata en su bolsillo derecho donde se encontraba una pequeña caja de regalo— Espero que salga bien todo, ahora con su permiso, me retiro —una pequeña sonrisa se formó en su boca, una sonrisa que expresaba nervios y temor, tomo una gran bocanada de aire y se dispuso a salir de la oficina. Una vez salió llamo al teléfono de la zorra.
"Deje su mensaje después del tono" escucho por cuarta vez después de llamar a su enamorada, no respondía. ¿Habría cambiado de opinión? Suspiro y agito con fuerza su cabeza de un lado a otro, seguro había otro motivo.
Iría a buscarla a su departamento, si recordaba bien una vez habían pasado la noche observando a través de cámaras a una banda criminal.
El trayecto no era largo, más aún porque había decidido ir corriendo hasta allí, tardaría talvez unos 15 minutos en llegar.
Toco la puerta un par de veces… No había respuesta, marco a su número de celular… Tampoco había respuesta, por último, opto por buscar el número de su departamento… El teléfono se escuchaba desde el exterior, más era el único ruido perceptible.
Un recuerdo llego a su mente:
"¿Guardas una llave de repuesto en la maceta?"
"Solo cuando voy a trabajar a la oficina, muchas veces olvido mis llaves, pero vamos que está muy bien escondida"
¿Sería buena idea entrar? No, no, seguiría intentando que ella respondiera… Aunque habría cierta probabilidad de que no estuviera en casa.
Un ruido bastante molesto la había despertado, su celular, su teléfono y la puerta de su departamento no la dejaban dormir, abrió los ojos y los tallo de inmediato con sus patas, observo a su alrededor un momento y volvió a fijar su mirada a su celular que vibraba sin parar, observo el nombre de quien llamaba…
— ¿Jack? —sus nervios la despertaron por completo, había quedado con él para salir a algún lado, pero en algún momento se había quedado dormida, respondió de inmediato— H-hola —titubeo, que vergüenza más grande.
— Skye. ¿Dónde estás? Te llame varias veces y no respondías —escucho la voz tranquila de su compañero, no sonaba molesto así que eso la tranquilizo.
— Estoy en mi departamento… —susurro percatándose de que quien se encontraba tocando a la puerta era él.
— Entonces… ¿Podrías abrirme? —pregunto, vamos que para Jack le resultaba curioso que no le hubiera abierto e incluso tenía una pequeña teoría de lo que había pasado.
— ¡Cla-claro! ¡Espera un momento! —bajo de su cama con velocidad y corrió hasta la puerta principal, cuando recordó algo importante, no se había vestido— ¡Espérame! —grito olvidando que aún lo tenía en llamada y dejo su celular en una pequeña mesa que tenía a un lado de la puerta.
La pobre zorra corrió gritando nerviosa lo tope que era hasta su habitación y tomo lo primero que encontró que combinara, aparte de que no necesitara plancharse.
Jack por su parte escuchaba curioso las quejas de ella y así fue hasta que la escucho abriendo la puerta del departamento.
— Ho-hola —sonrió con nerviosismo abriendo por completo la puerta y encontrándose frente a frente a su amado.
— Hola… —susurro él observándola, por como la había escuchado quejándose hace un momento sabía que no estaba arreglada para la ocasión, pero para él siempre se veía muy linda. La zorra vestía un pantalón pegado rosa pastel y una blusa aqua de manga corta y botones, se encontraba un poco arrugada, pero era poco perceptible.
— Perdón por hacerte esperar —susurro sin moverse de la puerta para invitarlo a pasar. Era curioso, pero Jack se veía bastante cansado e incluso su traje estaba hecho un pequeño desastre, su corbata estaba torcida, algunos botones de su camisa estaban abiertos y la misma se encontraba desfajada, su saco tenia uno que otro manchón y las mangas estaban remangadas, era la primera vez que lo veía así, pero le gustaba, debajo de su pelaje se sonrojo un poco.
— Descuida —había valido la pena, eso era lo que quería decir, pero sus nervios lo estaban matando.
— Oh, lo siento, puedes pasar —ella se percató de lo boba que debía de verse parada en la puerta sin invitarlo a pasar.
— Gracias… —sonrió él al percatarse de que sus miradas se cruzaban, estaba nervioso y seguramente si no fuera tan bueno actuando sus piernas estarían temblando cual gelatina.
Ambos entraron al departamento y se sentaron en el sofá, era un poco pesado intentar comenzar algún tipo de conversación, pues ambos se derretían por dentro, simplemente miraban fijamente sus reflejos en la pantalla del televisor.
"Puedes entrevistar criminales, disparar a sangre fría, saltar de aviones, hacer acrobacias extremas, defender a media Zootopia, pero… ¿No puedes decirle a la chica que amas lo que sientes por ella? ¡Vaya macho estas hecho!" Se quejaba mentalmente Jack mientras repentinamente veía el reflejo de su amada, el cual paraba de ver segundos después, era imposible, estaba demasiado nervioso para tan siquiera decir algo y aparte que ese algo no fuera referente al trabajo.
"Vamos… di algo" Por su parte la zorra igual se carcomía la mente pensando algo bueno para decir, pero no, estaba como idiota mirando a la nada pensando en lo bien que se veía su compañero.
— ¡Jack/Skye! —hablaron al mismo tiempo aumentando sus nervios y callándolos automáticamente para que el otro hablara, una sonrisa nerviosa se escapó de los labios de la depredadora.
— Sabes, cuando te llame pensé que no aceptarías —susurro tomando el valor suficiente para ser honesta con él, no le era fácil e incluso para controlar todos los nervios que la invadían había comenzado a jugar con la bastilla de su blusa, moviéndola sin parar suavemente.
— ¿Eh? ¿Por qué? —cuestiono el volteando a verla y notar como jugaba nerviosa. Le parecía extraña la pregunta pues después de todo eran compañeros y nunca le molestaría salir con ella.
— No lo sé… Es raro que salgamos fuera del trabajo —seguía hablando bajo sin despegar la mirada de sus patas, había comenzado a sincerarse mucho pero tampoco quería controlarlo— Creí que te podría molestar o algo así… —agrego al fin decidiéndose por voltear a ver a Jack, pero aquel cruce de miradas había sido tan fugas, después de todo le era imposible verlo a los ojos, más cuando en cuanto lo mirara perdería por completo la máscara que tenía siempre ante él.
— Nu-nunca me molestaría pasar tiempo contigo… —apenas termino de hablar Skye, el pequeño mamífero se acercó a ella y tomo su pata, la voz del chico temblaba, pero en el momento en que sus ojos se cruzaron pudo ver una expresión que desconocía de ella— Me… Gusta… Estar contigo… —titubeo apretando tan solo un poco más la pata de su compañera, quien tan solo se inmuto un poco al escuchar sus palabras, por un momento hubiera deseado que se trataran de una confesión de amor, pero descarto la opción, era imposible.
Jack no recibió respuesta y no lo haría, su compañera estaba demasiado sumida en sus pensamientos. Sin soltar su pata bajo del sillón hasta quedar al nivel de sus rodillas, donde intento volver a cruzar la mirada con la zorra.
— Skye… —susurro con ternura su nombre, sonriendo levemente. Apenas ella había escuchado su nombre volteo a verlo.
— ¿S-sí? —pregunto musito lentamente mirando a su amado, todo le parecía un sueño y de verdad temía seguir aun dormida.
— Amm yo… —comenzó a buscar algo en su bolsillo terminando por sacar una pequeña cajita dorada, los ojos de la chica se abrieron por completo y se mantuvo en un dilema por que ver, si a Jack o el regalo que tenía frente a ella— Yo… compre esto para ti… —titubeo soltando la pata de la depredadora para comenzar a abrir la pequeña caja, donde dentro descansaba un pequeño collar en forma de mariposa con pequeñas joyas de color celeste.
— ¿Pa-para mí? ¿Po-por qué? —estaba que no cabía en sus nervios, tanto que comenzó a soltar unas pequeñas lágrimas de alegría y nerviosismo— No es mi cumpleaños —dijo de forma estúpida, riéndose suavemente y volteando a ver a Jack.
— Lo se… —susurro el encarando una tierna sonrisa y sacando el collar de su caja, para segundos después colocárselo a la zorra en su cuello, para él, ella se veía hermosa, tal vez más que eso… Sin resistir a lo que vendría e implorando que no fuera a terminar golpeado.
Lentamente comenzó a acercarse a la zorra hasta estar tan cerca que acabo plantándole un suave y tierno beso, su compañera se sorprendió notablemente de lo que estaba pasando, pero no se resistió, cerro sus ojos y se dejó llevar por lo que estaba sucediendo… No era un sueño. ¿Verdad?
—Me gustas Skye… —dijo Jack una vez que se habían separado, susurrando lentamente sin despegar la mirada de su amada. Sus ojos brillaron y segundos después pequeños brotes de lágrimas comenzaron a emerger de los mismos, ella sonrió.
— ¡A mí también me gustas! —sin esperárselo la zorra se lanzó contra su amado ocasionando que ambos cayeran al piso de forma instantánea, para robarle un beso en cuanto se recuperaron de la caída.
Estaban un poco incrédulos de lo que acababa de suceder, tanto zorra como liebre sonreían momentáneamente cuando sus miradas se cruzaban, vamos que jamás en sus vidas habían pensado compartir una relación así entre ellos, todo lo que hacían ellos era simplemente profesional e incluso cuando habían formado equipo tuvieron demasiados pleitos por cosas insignificantes.
— ¡Espera, espera! ¿Estuviste horas haciendo fila en el DMV por qué el jefe no pago una multa? —comento Skye mirando entre incrédula y divertida a su compañero, quien después de un tiempo juntos había comenzado a contarle su increíble aventura siendo multado y pagando multas— ¡Por cierto! —exclamo emocionada recordando algo importante— ¿Qué se siente conducir el auto del jefe? ¡Debe ser genial! ¿No? —en el momento que la depredadora comenzó a hablar de coches, la liebre sonrió y rio un poco en su interior, su afición por los automóviles era bastante curiosa. Para él conducirlo había sido muy normal.
La conversación entre ellos no era nada del otro mundo, aunque acababan de declarar sus sentimientos el uno por el otro, tal vez en los primeros minutos parecían adolescentes teniendo su primer amor, pero tenían un par de años siendo compañeros, así que el momento estúpido no les había durado más de treinta minutos.
Optaron por hacer algo simple juntos, buscaron ingredientes en el refrigerador y decidieron alguna receta que cocinar los dos, aunque cierta liebre era mala hasta para cortar zanahorias y la zorra amablemente se había ofrecido a guiar su pata de la forma correcta para mostrarle como debería hacerse.
Ese había sido su muy importante San Valentín.
Un San Valentín que, aunque a muchos les pareciera inútil, había ocasiones donde era motivo para demostrar cariño por quien se aprecia y para otros más, día en el que se agarra el valor para decir cosas que jamás podrías hacer en situaciones normales. Independientemente de la especie, del tamaño y de la situación por la que se esté pasando, hay que disfrutar el amor, amor de pareja, amor de amigos, amor de familia, amor por uno mismo...
¿Qué por qué hablo de una festividad de febrero en pleno marzo?
Porque cualquier día es bueno para que se celebre el amor y disfrutes el día con quien amas, después de todo, la vida es pasajera...
¡Nos vemos en el capitulo extra!
